Hoy existen varios clamores en los diarios de pago de medio mundo. Por ejemplo, hay unanimidad en que los periódicos -que, vale la pena decirlo, han resistido bastante bien las embestidas de los nuevos medios-, van a seguir perdiendo compradores. Los diarios pierden y van a perder el rango de ser medios de "masa" (si es que alguna vez han sido medios de masa).

Hoy también parece que existe bastante acuerdo en que, si quieren mantenerse vivos, los diarios de pago ya no pueden ser órganos puramente noticiosos. Con sus matices, se puede decir que la "noticia" ha dejado de ser "propiedad" de los diarios, sobre todo de los de pago. El ciudadano ya tenía, tiene y tendrá medios más rápidos y más baratos para enterarse de las cosas que pasan. Por eso mismo, porque los diarios siguen apostando casi todo a la palabra noticia, hoy los diarios de pago están dejando de ser útiles.
Y cuando un diario deja de ser útil, y más
en unos tiempos en los que los ciudadanos tienen múltiples
posibilidades a la hora de emplear su tiempo libre,
ese diario tiene todas las de perder.
Por si fuera poco, a nadie escapa que existe otro problema
añadido a ese modo de informar cada vez más tan
poco útil. En expresión "made in USA", "la prensa se ha
metido en la cama con los políticos". Con ellos y con
más gente. El convertirse tantas veces en "voceros" de ese
pim-pam-pum de declaraciones ha tenido y tiene su consecuencia:
los diarios han ido perdiendo poco a poco otro de sus pilares: la
credibilidad.
Diarios poco útiles y diarios poco creíbles. Regresemos al hilo conductor. Hoy no sé si existe acuerdo o no en cómo abordar el asunto, pero en muchos diarios hay una palabra que se ve como apuesta de futuro. La palabra mágica para algunos es "participación" y para otros es "interactividad". Ambas, que aquí son sinónimos, tiene dos recorridos:
a) estamos en unos tiempos en los que
la tecnología permite que los ciudadanos se
puedan poner en contacto con el diario con enorme facilidad;
b) y vivimos unos tiempos en los que la
tecnología empieza a permitir a los diarios acceder a los
ciudadanos con mayor facilidad que antes.
Esta segunda posibilidad -acceder al ciudadano, al lector- es la que da esperanzas a muchas empresas de comunicación: el futuro pasa porque el ciudadano pueda recibir un diario a su medida en el móvil, pasa porque el ciudadano pueda comprar el diario o la revista con el móvil… Para unas cuantas grandes empresas de comunicación, la interactividad así entendida es lo que les ocupa porque es el futuro. Queda la otra posibilidad, la interactividad entendida como esa posibilidad que tiene una Redacción de establecer mayor contacto con los ciudadanos. Los diarios parece que quieren aprovechar esta facilidad.
De hecho, ya se ha convertido en una frase hecha en muchos periódicos a la hora de explicar los cambios que emprenden. Por ejemplo -la noticia es de 2005-: "Le Soir se apunta a la moda del color y el tamaño berlinés en busca de nuevos lectores". Así rezaba el título. En la letra pequeña: "también desea movilizar a la sociedad ofreciendo a los lectores la posibilidad de ser los protagonistas". Otro ejemplo. Convocados por la WAN – que representa a más de 18.000 periódicos-, editores y directores de todo el mundo analizaron en Moscú, en junio de 2006, las amenazas y oportunidades de la revolución digital para los diarios. Se estudiaron varios temas. El primero: Incorporar a los medios tradicionales el periodismo ciudadano. No era la primera vez que dueños y directores hablaban de este reto.
Todos quieren estar ahí en primera fila. José Antonio Martínez Soler, director del gratuito español 20 minutos, decía en una entrevista reciente que los diarios de pago eran fríos, distantes, desapegados de los ciudadanos. Señalaba que faltaba interactividad, complicidad. Posiblemente no se le pueda negar la mayor -excesiva distancia del medio con el ciudadano-, pero sí hacer unas cuantas enmiendas parciales. Porque cuando uno escucha a los gurús del "nuevo periodismo" a veces se tiene la impresión de que los diarios acaban de descubrir a los lectores. Y no es verdad. Incluso que los han descubierto gracias a los gratuitos. Y tampoco es verdad. Incluso da la impresión de que esa participación de los lectores ha nacido con la interactividad. Y tampoco es verdad.
Cierto que la tecnología facilita hoy más
que nunca a los diarios el contacto con los ciudadanos. Pero tan
cierto como que algunas de las mejores estrategias de
implicación ciudadana en el periodismo español
actual no dependen de la tecnología para sacarlas
adelante. En el fondo, el gran dilema es apostar o no por el
ciudadano.
Llegados a este punto, vale la pena mirar un poco hacia
atrás y ver qué ha pasado en esa relación
entre el diario y el ciudadano. Porque si volvemos la vista,
podremos descubrir estrategias pasadas -muchas, por no decir
todas, aún hoy presentes- y estrategias del presente que
también son de futuro, porque la inmensa mayoría
apenas ha empezado a rodar. El abanico -sin ánimo de
abrirlo más y más- de opciones que encontramos en
los diarios españoles puede ser éste si abrimos un
diario imaginario:
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