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Leonarda Martínez, la Carambada


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  1. Fuentes consultadas

La leyenda de Leonarda Martínez alias la Carambada es muy conocida en nuestro país, sobre todo porque corre el rumor popular de que la muerte de Benito Juárez se debió a una hierba conocida como la veintiunilla que ella le dio. Su historia se ha basado a partir de lo que cuenta en su libro La Carambada. Realidad Mexicana el escritor Joel Verdeja Soussa.

En dicho libro hay varios errores históricos. En el capítulo III, "Primeras correrías", dice que el Cucho Montes (sobrenombre debido a una deformidad que tenía en el labio) formaba parte de la gavilla a la que pertenecía la Carambada. Habla de un diálogo entre ambos en el que mencionan la pérdida de más del territorio mexicano después de la guerra con los norteamericanos. El error está en que el Cucho Montes murió ajusticiado el 17 de diciembre de 1840, en el patíbulo que se encontraba frente a la fuente llamada de los Ahorcados en el costado norte de la Alameda, según nos cuenta Manuel Septién y Septién. Este historiador nos presenta incluso el testamento de dicho delincuente. Como podemos observar cuando México perdió más de la mitad de su territorio el Cucho Montes ya había fallecido.

También se ha dicho que la Carambada era jefa de la gavilla a la que pertenecía. El mismo Verdeja Soussa menciona la forma en que ella llegó a ocupar ese puesto, y aunque no dice el año, sí menciona en ese episodio al Cucho Montes. Esto no puede ser tampoco cierto ya que, como mostraremos más adelante, para 1884 ella fue aprehendida en Querétaro junto con su amante Víctor Medina, José Romero o Morán y León Vázquez. En el interrogatorio confesó que el jefe de la banda era Guillermo Rodríguez alias el amito. Como podemos ver, cuando murió el Cucho Montes, la Carambada era probablemente una niña, o incluso aún no había nacido. ¿Cómo pudo haber sido la jefa entonces? Sabemos que sí llegó a ser la jefa de la gavilla. Eso lo podemos constatar en el corrido queretano que incluimos al final; pero al menos en 1884 el jefe era el tal amito.

Como en todas las leyendas, la de la Carambada ha llegado a formar parte de las versiones populares. El pueblo hace suyos a los personajes que van siendo parte de su historia local o regional. En Querétaro, no cabe duda, la Carimbada es una leyenda. Una que se ha tejido de generación en generación con datos cada vez más difusos. Por ello a continuación presentamos el informe que rindió el prefecto del distrito del centro C. Rómulo Alonzo al gobierno del estado en 1884. En él dice de la detención de la Carambada y de los otros tres bandoleros. Incluimos el informe completo pues creemos que bien vale la pena debido a que es un documento histórico, además de que muchas personas que leen esta revista son viajeros y muy difícilmente dedicarían tiempo a investigar en archivos acerca de este significativo personaje de Querétaro.

Al final del artículo presentamos un corrido, como se mencionó anteriormente, que era común a finales del siglo XIX en Querétaro. Es interesante observar que el año de la muerte de la Carambada que nos cuenta el corrido ocurrió en 1886; es decir, dos años después de que fue aprehendida en nuestra ciudad.

Estado de Querétaro.- Prefectura del distrito del Centro.- No. 148.- El Jefe de policía, C. Rómulo Alonzo, aprehendió a León Vázquez, a José Romero o Morán, a Leonarda Martínez, alias la Carambada, y a Víctor Medina amasio de ésta, complicados en el delito de plagio que pretendían cometer en la persona de uno de los hacendados de las inmediaciones de esta ciudad; parece que el jefe de esta banda de plagiarios es Guillermo Rodríguez, alias el amito, cuyas órdenes obedecían en el caso los indicados. Estando esta gavilla lo mismo que Rodríguez avecindados en jurisdicción de Celaya, desde cuyo punto organizaban sus asaltos.

Como León Vázquez y José Morán estaban en relaciones con Leonarda Martínez y Víctor Medina, y de noche venían a la casa de aquella a deshoras y a caballo, como lo observó el guarda-cuartel núm.8, habiendo la circunstancia de que la citada Leonarda por exhortos anteriores remitidos al juzgado de letras de esta ciudad, aparecía complicada en los plagios de San Román en Celaya, de Ramos, Barrera y Durán, Dr. Ortega, Ignacio Azanza y Pantaleón N., mayordomo del Puerto de Nieto, vecinos del estado de Guanajuato; y de D. José Cosío, D. Crescencio Mena, D. Domingo Vargas y D. Mariano Martínez en Apapátaro de este estado; y como León Vázquez, según los antecedentes que tenía la misma policía, parecía complicado también en muchos de los plagios referidos, hasta asegurarse que venía de Toluca prófugo a resultas de uno que había verificado allí, esta prefectura, previa opinión del C. gobernador del estado, y hecha como lo estaba la aprehensión, se dirigió al C. prefecto de Celaya preguntándole: si le remitía dichos presos, siempre que existieran datos de su complicidad en el plagio de San Román, y como la respuesta fue pidiendo la remisión, se determinó ésta, ocurriendo al efecto al C. gobernador del estado, pidiéndole una fuerza de rurales que escoltara los presos hasta Apaseo.

Por parte del mismo C. gobernador se puso también telegrama al de Guanajuato tratando de la misma remisión; y obteniendo por respuesta, que desde luego enviaba una fuerza del cuarto de caballería por dichos presos, la que se alojó en el mesón de la Luz el 4 del corriente en la tarde, pues llegó aquí por no haber encontrado en el camino ni a los presos ni a la escolta.

Establecidos los pormenores que precedieron a la remisión de los plagiarios, se ve que éstos estaban en relaciones y formaban parte de la gavilla del amito quien merodea en el partido de Celaya no obstante el empeño del gobierno de aprehenderlo, y que estaban complicados todos los presos en plagios cometidos en dicho estado, siendo los más notables en Celaya; y atentas estas consideraciones se pusieron los telegramas para que la autoridad competente, que en derecho criminal es la del lugar en que se comete el delito, juzgará a los presuntos reos.

Esto supuesto, en la mañana temprana del día cuatro la escolta del cuerpo de rurales, según informe de la alcaldía segunda, sacó a los presos de la detención conduciéndolos en dirección de Apaseo, ignorando el informante el número de individuos que compusieron dicha escolta.

Además, el día tres en la noche, entre las once y las doce, un grupo de hombres desconocidos armados y montados, se presentó en terrenos de la comunidad pasando antes según se dijo, por la arboleda de fresnos a la izquierda de la garita de esta ciudad que conduce para Celaya, y a poco dispararon sus armas oyéndose los tiros en toda la población, pero especialmente por los hacendados inmediatos, por el guardavía situado a la encrucijada de la comunidad, por los asistentes a un velorio que hubo esa noche en la casa inmediata a la misma garita, en el último fresno, sin que se pueda nombrar a las personas concurrentes por no conocerlas, y por último, que también los serenos número 11 y meritorio del 17 alarmados con los tiros fueron informados por la concurrencia del velorio, que los habían disparado los hombres de a caballo que habían pasado por los fresnos. Así me lo informó pocos momentos después el primer cabo de la policía nocturna; y yo mismo estando en la esquina de la Alameda a esa hora con mi familia en espera del tren oí esos disparos en número como de treinta, sin que pudiera saber a qué atribuirlos, sino a la función de la Cruz en las congregaciones de Santa María, Carrillo o contiguas; pues también al mismo tiempo se hacían disparos de cámaras y cohetes en la Cruz del Cerrito.

Respecto de los hechos que tuvieron lugar entre la escolta y los presos, que como llevo dicho salieron a las tres de la mañana, he remitido originales al C. juez de lo criminal las comunicaciones que los explican y en que aparece, que en terrenos de la misma comunidad una porción de hombres armados y montados atacó la escolta, la que tuvo que defenderse y que hacer fuego sobre los presos que huían, hechos cuya verdad averigua actualmente el mismo C. juez a quien inmediatamente los consigné, con los cadáveres de los presos, exceptuando a Leonarda Martínez que estaba herida, remitidos todos al hospital; enviando así mismo a dicho juez las comunicaciones cerradas que se remitían a Apaseo y un telegrama original; habiendo tenido órdenes terminantes el jefe de rurales, que recibió original el otro telegrama del gobernador de Guanajuato, de que dichos presos fueron puestos en poder de la autoridad política de Apaseo, o de la fuerza del 4º si se encontraba con ella antes.


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