Siguiendo con el tratamiento de la información ecológica, ha habido desde los medios una tendencia a reducir las cuestiones ambientales únicamente a las noticias sobre denuncias y catástrofes. Como apunta el profesor Lozano Ascencio (1995),"todos sabemos que la información sobre el ambiente transmitida en los medios de comunicación, en muchas ocasiones, está en la estela de las catástrofes que acaparan las primeras páginas y sirve para que el ciudadano de la calle preste atención a los temas ambientales."
La reducción de las cuestiones ambientales a los acontecimientos catastrofistas encuentra también su justificación en la citada ausencia de especialización periodísitica. La falta de una formación específica impide a los periodistas poder conocer y manejar los elementos de la ciencias ambientales. Esta situación provoca que los comunicadores opten, mayoritariamente, por la selección de aquellos hechos sobre catástrofes y desastres naturales, dejando sin cubrir aconteceres de trascendencia ambiental menos llamativos pero más críticos.
Igualmente, este tratamiento alarmista, en muchas ocasiones, ha equiparado los riesgos contrastados con aquellos meramente hipotéticos o inexistentes. Y al mismo tiempo, esta visión negativa ha contribuido a que los medios aparezcan ante la opinión pública como los defensores de la naturaleza, una vez que el desastre ya se ha producido, llevando a cabo una labor de apaga fuegos.
La actividad informativa en general, y la ambiental en particular, debieran tener entre sus cometidos la formación de las audiencias en valores éticos y solidarios. Es lo que algunos autores conocen como "periodismo preventivo". Como afirma el profesor Vicente Romano (2003), "no sólo se les atribuye a los medios de comunicación la tarea de informar, de difundir conocimientos. También se les responsabiliza de la formación de los ciudadanos, de ampliar su voluntad democrática, y su conciencia crítica, diferenciadora. El cumplimiento de este noble cometido se puede inferir de los contenidos."
La comunicación pública está llamada a jugar un papel decisivo en la divulgación de aquellos aspectos acordes con un desarrollo equilibrado de los recursos, defendiendo aquellas políticas socioeconómicas basadas en procesos y tecnologías que respeten el ambiente; y denunciando y criticando las políticas estatales y empresariales cuyo desarrollo productivo ignora y degrada el entorno ambiental. Julen Rekondo (2003) define el periodismo ambiental como "un periodismo en el que se establecen complicidades con el ciudadano, un periodismo de apelación constante a las actitudes y comportamientos de las personas, que invita a la acción, a la modificación de las conductas."
Esta función preventiva requiere de una profesionalidad por parte de
los responsables de los medios, y especialmente de los periodistas encargados
de las cuestiones ambientales. El periodismo ambiental debe tender a formar
profesionales especializados en el tratamiento de estas cuestiones: adelantándose
a los acontecimientos, ofreciendo el mayor número de puntos de vista,
recurriendo a las fuentes, ofreciendo datos e información comprensible,
etc.
Los temas que conforman la agenda ambiental de los medios son de lo más
variados; sus objetos de referencia pueden ir desde la desaparición de
una especie animal o vegetal, hasta la contaminación, la desertización,
el aumento del agujero de la capa de ozono, o la pérdida de la biodiversidad.
Ante este panorama, el periodista debe seleccionar aquellos temas que considere
de especial interés para el conjunto de la comunidad.
El comunicador ambiental debe conocer y manejar los elementos de las ciencias
ambientales para conceder a los acontecimientos la trascendencia social adecuada,
y poder situarlos en su contexto político, económico, cultural
e histórico. Debe ofrecer una visión imparcial, objetiva y rigurosa
de los hechos, alejada del periodismo militante e interesado. En su labor debe
imperar una forma ética de actuar y por ende una forma ética de
informar.
Los asuntos ambientales, en la medida que afectan a la población en
su conjunto, no pueden explicarse aisladamente de las cuestiones políticas,
económicas, culturales, etc. por las que se ven afectados. Los medios
de comunicación deben valorar dichas relaciones, y realizar una tarea
de mediación entre las instituciones políticas y económicas,
los agentes sociales implicados en la defensa del ambiente y los públicos.
Para poder llevar a cabo esta labor mediadora es necesario que las relaciones
entre las distintas instancias estén basadas en la confianza y la necesidad
mutuas. Pero, desgraciadamente, la realidad en numerosas ocasiones ha sido bien
distinta: las relaciones entre las instituciones políticas y económicas
y el resto de agentes sociales implicados en los problemas ambientales se han
regido por un cierto oscurantismo y por una falta de fluidez. Aunque también
es cierto, que desde las instituciones políticas cada vez se concede
mayor importancia a las cuestiones comunicativas. Como se afirma desde la página
web del Instituto Nacional de Ecología de México, "es indispensable
tener mecanismos informativos eficientes de enlace con la sociedad, que permitan
transmitir lo que se está haciendo en la materia, lo que significan los
instrumentos de política, los programas, los planes y las decisiones
que se toman en relación con la materia. En ocasiones, los MCM, a la
hora de defender determinadas iniciativas sobre política ambiental se
han dejado llevar por sus adhesiones políticas (mayor o menor cercanía
a un determinado partido o gobierno), más que por una visión crítica
sobre la verdadera realidad de dichas iniciativas sobre el conjunto de la sociedad."
Un ejemplo claro de estas oscuras prácticas informativas lo encontramos
en la cobertura informativa que ofrecieron los medios de comunicación
españoles sobre el hundimiento del petrolero Prestige, frente a las costas
de Galicia en 2003. A juicio del Movimiento Ecologista "el tratamiento
de la información por las fuentes oficiales, los medios de comunicación
públicos y algunos medios privados ha sido vergonzosa, tergiversando,
manipulando y faltando a la verdad en numerosas ocasiones. Debido a esta situación,
se ha tenido que recurrir a fuentes de otros estados europeos. La ausencia de
información veraz y los intentos de minimizar mediáticamente la
catástrofe han contrastado, fuertemente, con la movilización ciudadana
en contra de la marea negra y de su deficiente gestión... Para esta y
otras catástrofes es preciso garantizar la veracidad de la información
proveniente de fuentes y organismos oficiales, así como su tratamiento
periodístico riguroso, abierto y plural, sobre todo en los medios de
comunicación públicos."
A pesar de estas prácticas informativas interesadas, las diferentes instituciones
encargadas de informar sobre el entorno ambiental parecen entender la necesidad
de independencia entre los periodistas y las fuentes, como se apunta desde el
citado instituto mexicano: "a las autoridades ambientales nos toca informar
más y mejor, mientras que a los medios les corresponde actuar con verdadera
conciencia de su función social."
El Libro Blanco de la Educación Ambiental en España (1999) sugería
promover pautas de comportamiento responsables, especialmente en los programas
de televisión (dibujos animados, comedias, teleseries, etc.). La introducción
de argumentos ambientales en los programas infantiles o de ficción pueden
contribuir a la popularización del ambiente en audiencias de diferentes
edades.
Otra de estas recomendaciones remitía a otro de los medios de comunicación
menos utilizados en la difusión ambiental: el cine. Al margen del cine
ecológico documental, que goza de poca aceptación, han sido pocas
las películas dedicadas a las cuestiones ambientales. Aunque a tenor
de la respuesta del público ante algunas de ellas, como Tras el corazón
verde (1984), Erin Brokovich (2000) o El día de mañana (2004),
parece un medio adecuado desde el que fomentar la concienciación ambiental.
Las nuevas tecnologías de la información, y especialmente Internet,
están suponiendo un cambio revolucionario en el panorama informativo
mundial. Aunque todavía deberá definirse el modelo de desarrollo
de estas tecnologías, lo que parece evidente es que están transformando
el tratamiento informativo ambiental. La utilización de estos nuevos
recursos expresivos favorecerá para que las audiencias más familiarizadas
con estos nuevos modelos de socialización (niños y jóvenes)
se sensibilicen ante los problemas ambientales.
Internet y las nuevas tecnologías amplían las fronteras de la
información ambiental, permitiendo visiones de lo local a lo global.
Las enormes posibilidades de difusión, así como sus capacidades
expresivas (multimedia) y participativas hacen de estos nuevos medios los escenarios
idóneos desde los cuales difundir estas cuestiones.
Las instancias implicadas en las cuestiones ambientales no han permanecido ajenas
a las posibilidades de difusión que les ofrece Internet. Tanto las instituciones
políticas (ejemplos: Instituto Nacional de Ecología de México
(http://www.ine.gob.mx/), Ministerio de Medio Ambiente de España.(http://www.mma.es/),
etc.), como las organizaciones ecologistas (ejemplos: Greenpeace (http://www.greenpeace.org/international_en/),
Alianza para protección de los bosques (http://www.rainforest-alliance.org),
Adena (http://www.wwf.es), etc), y los medios de comunicación (ejemplos:
Biodiversidad en América Latina (http://www.biodiversidadla.org/index.htm),
revista Econatura (http://www.econatura.org/), etc.), se han apresurado a posicionarse
en estos nuevos escaparates con la intención de contribuir a la concienciación
ambiental de la población.
José Antonio Alcoceba Hernando
Revista Chasqui
Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para
América Latina (CIESPAL)
chasqui[arroba]ciespal.net
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Weblog: www.revistachasqui.blogspot.com
Web: www.chasqui.comunica.org
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Quito - ECUADOR
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