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Ksawery Knotz y la banalización de la sexualidad

Enviado por gabriel villarruel



  1. Introducción
  2. ¿Una vuelta a la teología del cuerpo de Occidente?
  3. ¿La enseñanza del Magisterio o una opinión personal?
  4. Las ideologías del hedonismo y del pansexualismo
  5. Cuando la sexualidad se banaliza
  6. El santo amor esponsal
  7. ¿Sexo como Dios manda o como Dios no manda?
  8. Conclusión
  9. Bibliografía

Introducción

"Y le dijo una parábola: "¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en la fosa? (Lc 6, 39).

El llamado "kamasutra católico" es el apodo del libro del sacerdote polaco Ksawery Knotz OFM cap, que en realidad su nombre es "Sexo como Dios manda". Este libro está dedicado a los matrimonios con el fin de que puedan supuestamente puedan vivir una sexualidad libre de culpas y acorde a las normas de la Iglesia.

Ahora bien, a esta altura de los hechos muchos se habrán informado acerca de las opiniones que este sacerdote ha dado en su escrito acerca de los gestos de amor que serían "lícitos" por parte de los esposos. En este sentido, este sacerdote ha enseñado que actos tales como el sexo oral podrían ser admitidos y aceptados como legítimos siempre y cuando sean ejecutados en preparación para el acto conyugal.

Sin embargo, aún así esta no es una visión correcta de la sexualidad católica, como procederé a demostrarlo en este informe.

Y aunque este sacerdote esté respaldado por editoriales que se tienen por católicas, como Lumen, esto no quiere decir que sus propuestas morales estén acordes a una sexualidad católica. ¿Cuántos moralistas en la historia de la Iglesia han publicado (y lo seguirán haciendo) sus libros conteniendo graves errores en lo tocante a las sanas costumbres morales?

Se nos podrá objetar que el libro del padre Knotz no ha sido rechazado por la autoridad de la Iglesia (el Magisterio), pero aún así, esto no significa que la opinión que ha dado este sacerdote polaco sea moralmente correcta. El Magisterio de la Iglesia no puede controlar todas las publicaciones que realizan en el mundo cientos y cientos de sus sacerdotes. En este sentido, la autoridad competente de un obispo es la que debería responder ante el carácter de tales escritos. Y en el caso de este libro, como trata de un tema tan delicado como la vida sexual de los cónyuges, es evidente que no deba ser tratado públicamente, como si fuera cualquier otro tema. Lo que es sagrado debe ser tratado como tal. Es por esto que no hayamos escuchado ningún pronunciamiento por parte de las autoridades eclesiales correspondientes.

También se nos puede objetar que dicho libro fue un bet-seller en todo el mundo… ¿pero acaso no estamos viviendo en un mundo donde la mayoría de los matrimonios y de las parejas ya no les importa lo que es ser verdaderos cristianos? ¿Acaso no vivimos en un mundo cada vez más sobresaturado de sexo? ¡Entonces que no nos extrañe que el libro de este sacerdote sea el más comprado!

A continuación expondré, en los siguientes puntos, las razones por las cuales, las enseñanzas del padre Ksawery Knotz OFM cap no deben ser consideradas como propias de una visión católica de la sexualidad.

¿Una vuelta a la teología del cuerpo de Occidente?

"Queridísimos, no os fieis de todo espíritu, sino examinad los espíritus a ver si son de Dios" (1Jn 4, 1).

La teología del cuerpo de Occidente fue una corriente filosófica y moral dentro de la Iglesia Católica que surgió allá por los años 90, posteriormente al desarrollo del pensamiento del santo Padre Juan Pablo II sobre el amor humano.

Esta teología del cuerpo de Occidente –cuyo mayor representante fue Christopher West- pretendía hacer comprender de modo claro y accesible la serie de catequesis que el Santo Padre Juan Pablo II impartía los miércoles. Sin embargo, esta corriente de pensamiento filosófico de ningún modo ha reflejado fielmente las correctas interpretaciones de la teología desarrollada por el Papa. En este sentido, hubo quienes se esforzaron por reinterpretar sus enseñanzas sobre el amor humano, aunque no sin haber tergiversado su enfoque sexual, hasta el punto de colocar el sexo en el centro de la vida sexual de los esposos. Esta exaltación desmedida de la sexualidad les llevó a estos pensadores a olvidar la dimensión espiritual, concentrándose así en la esfera carnal del acto conyugal.

En efecto, tal postura concibe a la sexualidad desde una perspectiva de la persona humana ya redimida, exenta de caer en la concupiscencia carnal y por la tanto libre de ser esclava del placer carnal. A este respecto, según esta teología occidental, el hombre al estar revestido de la inocencia originaria, podía amar y manifestar ese amor mediante múltiples gestos de cariño sin sentirse culpable.

Esta corriente filosófica ignora que el hombre lleva en lo más interior de su ser la debilidad por la concupiscencia de la carne, de la cual no puede escapar, pues esta es nuestra condición actual, luego del pecado original.

Y son la gracia de Dios, junto a una vida penitente, ascética y sacramental, los medios necesarios para no caer en dicha concupiscencia. Pero, para la teología de occidente, sólo basta tener una inocente intensión, en lo referente al acto sexual conyugal, para que éste esté libre de ataduras y prejuicios puritanos. Es decir, esta corriente supone que el hombre puro puede manifestar amor, mediante gestos de ternura de todo tipo, sin preocuparse por sentir vergüenza, ya que este sentimiento sería perjudicial a nuestra naturaleza. Y como consecuencia de esto, es lógico que encontremos en estos autores declaraciones como las que ya conocemos, es decir que serán lícitas las manifestaciones de ternura eróticas como la estimulación oral-genital, mientras sea realizada con "respeto" y "pureza".

Luego, el error de estos pensadores liberales es querer superar o anular la concupiscencia carnal, con un sana e inocente pureza de intensión. Esto más bien es una postura muy ingenua, pues siempre estamos sometidos a esta atracción carnal, que es la concupiscencia y la mejor manera de combatirla es justamente huir o renunciar a todo aquello que la aviva o conduce directamente a ella.

Será preciso entonces que la entrega conyugal sea purificada, y esté libre de todas estas propuestas que hacen estos moralistas de realizar estos gestos de cariño, que en verdad, no son nada más ni nada menos que actos contra-natura, hechos de modo inacabado.

Es en esta misma línea en la que debemos ubicarnos para entender el mensaje del padre Knotz, aunque él no haga ningún tipo de alusión con respecto a la teología de occidente. En efecto, cualquiera puede comprender que el señor Knotz mantiene el estilo de esta desenfocada teología. Él mismo se tiene como un discípulo de Juan Pablo II, pero quien ha leído las catequesis sobre el amor humano del santo Padre sabrá diferenciar bien a qué línea de pensamiento responde el padre Knotz. Su teología moral sexual, no es ni se parece a la verdadera teología del Papa. Está muy, muy lejos de acercarse a su altura espiritual. Además el centro de la teología del amor humano del Papa tiene precisamente al amor de los esposos, pero es un amor santo que no se centra pura y exclusivamente en lo sexual, como han hecho estas últimas corrientes que se ha presentado como sucesoras del mensaje de la auténtica teología del santo Padre.

En este sentido la corriente occidental de la teología del cuerpo, se presenta como si fuera lo que se conoce en la expresión de "magisterio paralelo", puesto que se ha separado notablemente de la teología de Juan Pablo II, corriendo el riesgo de llegar a ser una herejía potencial, puesto que propone una concepción de la vida sexual conyugal impregnada de una "inocente lujuria".

¿La enseñanza del Magisterio o una opinión personal?

"Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestido de oveja, y por dentro son lobos rapaces" (Mt 7, 15).

Lo que debemos preguntarnos cuando surgen estos pensadores religiosos con sus nuevas teorías es si lo que proponen son verdaderamente las enseñanzas de la Iglesia o son simplemente sus puntos de vistas.

En este sentido podemos leer el siguiente fragmento del libro del padre Knotz:

"El Magisterio de la Iglesia no se pronuncia acerca de cuestiones tan específicas como el límite de las caricias durante el juego previo. Las declaraciones en las que ha sido involucrada la autoridad papal se refieren sólo indirectamente a este tema; por ejemplo, cuando se habla sobre el permiso para buscar el placer en virtud de la voluntad del Creador, pero sin definir de qué modo los esposos pueden realizar ese deseo. En esas situaciones, cuando no hay un pronunciamiento vinculante del Magisterio, las opiniones morales dependen en gran parte de la sensibilidad personal, el saber, las percepciones estéticas, la educación" (Knotz, K., 2009: 46).

Aquí, vemos cómo el sacerdote polaco nos explica que el Magisterio no se ha definido en materia tan específica como son estos actos que pertenecen a la intimidad conyugal y por tanto concluye que el juicio acerca de tales actos quedaría definido según la sensibilidad moral de cada persona. Y luego de este razonamiento que él hace, afirma lo siguiente:

"La excitación de los órganos sexuales exteriores con la ayuda de los labios o de la lengua como elemento del juego previo es moralmente admisible y no se debe buscar pecado en tales conductas" (Knotz, K., 2009: 47).

De este modo nos deja bien en claro que son sólo sus apreciaciones personales, acerca de la legitimidad moral de estos actos eróticos de estimulación oral-genital, y no las enseñanzas de la Iglesia. En este sentido, el padre Knotz hace él mismo un juicio subjetivo sobre la moralidad de tales actos y llega a la conclusión de que tales actos no constituyen pecado.

Ahora bien, si, según él, no hay una enseñanza concreta y definitiva acerca de tales actos eróticos, ¿no sería lo más prudente no emitir opiniones precipitadas acerca de estos gestos propios de la intimidad conyugal? Leamos lo que dice la Sagrada Congregación Para La Doctrina De La Fe, con respecto a las opiniones o juicios de los teólogos, cuando éstas aún no han sido confirmadas:

"Aunque la doctrina de la fe no esté en tela de juicio, el teólogo no debe presentar sus opiniones o sus hipótesis divergentes como si se tratara de conclusiones indiscutibles. Esta discreción está exigida por el respeto a la verdad, como también por el respeto al pueblo de Dios (cf. Rm 14, 1-15; 1 Co 8, 10. 23-33). Por esos mismos motivos ha de renunciar a una intempestiva expresión pública de ellas" (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción sobre la vocación eclesial del teólogo, n.27).

¿Cómo puede un sacerdote dar una opinión personal a cerca de cuestiones tan delicadas si ni siquiera las autoridades eclesiales las han aceptado?

Lo más prudente sería no hacer públicas sus declaraciones y escritos, no sea que se estén incurriendo en un escándalo de los fieles creyentes, haciendo a éstos receptores de falsas teorías u opiniones que a la larga terminarán viciando su vida sexual.

Lo que ha escrito este sacerdote polaco es algo grave, puesto que no es la enseñanza de la Iglesia, y además no son actos que incrementen el amor marital, ni mucho menos podemos considerarlos como manifestaciones de cariño castas y puras.

El sexo oral (como él lo ha llamado) como juego previo al acto sexual pleno, no deja de ser lo que es: sexo oral, es decir, un acto contrario a la naturaleza, y al honor y santidad del sacramento del matrimonio y, por tanto incompatible con la castidad esponsal.

Estas prácticas en realidad están más cerca de ser actos contra-natura, que gestos de cariño o ternura, y ningún ministro consejero prudente tendría que recomendarlos porque, aunque piense que está haciendo un bien a los esposos, en realidad les está preparando el camino que lleva al desenfreno sexual y a la lujuria.

Las ideologías del hedonismo y del pansexualismo

"Los que son, pues, de Cristo, crucificaron la carne con las pasiones y concupiscencias" (Ga 5, 24).

Todos estos autores que se nos presentan como "reformadores" de la vida conyugal, que proclaman a viva voz que estamos en tiempos donde los tabúes sexuales han quedado en épocas pretéritas, son los pensadores emergentes de la corriente actual de hedonismo sexual de la que todos somos víctimas. Este hedonismo sexual se manifiesta en una desordenada concepción de la vida sexual, que idolatra al sexo, poniéndolo en el centro más importante de nuestras vidas. Esta ideología se ha expandido tanto por el mundo y la sociedad –potenciada esta proliferación por los medos de comunicación- que ha tomado la forma de una gran invasión y deformación de los valores morales y cristianos. Es justamente a esta masiva proliferación y focalización de la sexualidad desenfrenada que llamamos con el nombre de "pansexualismo". Este pansexualismo surge como consecuencia de las tendencias hedonistas, que se preocupan solamente de la satisfacción en el mero plano sexual.

Y los matrimonios cristianos tampoco están libres de caer en estas ideologías, que los inducen a realizar actos lascivos impropios de los esposos católicos. A esto se refería el Pío XII, en su discurso de 1951:

"Sin embargo, olas incesantes de hedonismo invaden el mundo y amenazan sumergir en la marea de los pensamientos, de los deseos y de los actos toda la vida matrimonial, no sin serios peligros y grave perjuicio del oficio primario de los cónyuges.Este hedonismo anticristiano con frecuencia no se sonrojan de erigirlo en doctrina, inculcando el ansia de hacer cada vez más intenso el gozo en la preparación y la ejecución de la unión conyugal; como si en las relaciones matrimoniales toda la ley moral se redujese al regular cumplimiento del acto mismo, y como si todo el resto, hecho de cualquier manera que sea, quedara justificado con la efusión del recíproco afecto, santificado por el sacramento del matrimonio, merecedor de alabanza y de premio ante Dios y la conciencia" (Pio XII, Discurso del 29 de octubre de 1951).

Está por demás de claro que el Santo Padre está denunciando todas aquellas acciones eróticas que causan una excitación demasiado intensa en los actos preparatorios previos a la unión sexual conyugal. Y aunque no las nombra literalmente, no es difícil que nos demos cuenta que los actos realizados para producir placer utilizando el contacto buco-genital son acciones que caen dentro de aquellos actos a los que hace referencia Pio XII.

Vemos así cómo el Papa no vacila en utilizar un término bastante duro sobre esta concepción hedonista, al punto de llamarlo "hedonismo anticristiano". Y luego, nos dice cómo muchas mentalidades sensuales intentan de hacerlo pasar como una "sana doctrina conyugal".

Para estas mentalidades sensuales, todo vale, hecho de cualquier modo, con tal de que el acto conyugal termine de manera natural.

Pero esto no es así, pues debemos preguntarnos lo siguiente: ¿tales acciones eróticas promueven la santidad esponsal? ¿Aumentan la armonía y el amor de los cónyuges?

Creo que una respuesta afirmativa a las anteriores preguntas es un tanto dudosa.

Pues bien, esta proliferación hedonista es precisamente lo que estamos viviendo en nuestra actualidad, donde muchos teólogos y moralistas "católicos", consciente e inconscientemente, nos están sembrando esta vieja ideología sensualista, contaminando de este modo la sagrada unión marital, haciendo que los esposos vayan perdiendo con el tiempo el sano concepto de la castidad marital.

Cuando la sexualidad se banaliza

"No deis lo santo a los perros, ni arrojéis vuestras perlas ante los puercos, no sea que las pisoteen, y revolviéndose a vosotros os despedacen" (Mt 7, 6).

Sabemos que hay muchos "especialistas" que se preocupan por mejorar la vida matrimonial de los esposos, pero a veces, intervienen en asuntos de los que carecen de una certera y prudente formación humana y sexual. Y aún en el caso en que dichos formadores de la vida sexual se tengan por expertos en tal materia, dejan de lado casi siempre lo espiritual del matrimonio, porque claro, ahora vivimos en tiempos donde ya hemos dejado atrás los tabúes del sexo y lo que ahora está de moda es hablar de sexo en todas las esferas de la vida.

Algo tan sagrado como lo es el sacramento del matrimonio, requiere una intervención sutil y respetuosa, que sea poseedora de una sana formación en lo concerniente a los contenidos propios de la vida conyugal. Nos referimos a una educación sexual conyugal que sea seria y no trivialice a la sexualidad. Necesitamos una instrucción que contemple las dimensiones tanto orgánicas (fisiológicas y anatómicas) como espiritual, pero no al punto de hacer un fuerte énfasis en el aspecto carnal, en detrimento del aspecto espiritual, como hacen muchos pensadores.

"Esta saludable instrucción y educación religiosa sobre el matrimonio cristiano dista mucho de aquella exagerada educación fisiológica, por medio de la cual algunos reformadores de la vida conyugal pretenden hoy auxiliar a los esposos, hablándoles de aquellas materias fisiológicas con las cuales, sin embargo, aprenden más bien el arte de pecar con refinamiento que la virtud de vivir castamente" (Pío XI, Carta Encíclica Casti Connubii, n. 41).

En efecto, esto es lo que estamos viendo actualmente en tantos escritores que por querer educar y evangelizar en asuntos de la vida marital, se entrometen en cuestiones que más bien deberían quedar en el ámbito "intramatrimonial", pues son cuestiones pertinentes sólo a los esposos. Y esto se agrava aún más cuando estos reformadores de la vida sexual dan su propia opinión en materia de moral, la cual dista mucho de ser una postura acorde a una sana y casta sexualidad marital.

Y cuando esto sucede nos encontramos con que la sexualidad es colocada en un pedestal para supuestamente promoverla, pero lo único que se hace con ella es causar malestar en aquellos que la conciben como algo sagrado, porque justamente exponerla sin ningún tipo de reparo, también es ridiculizarla y bajarla a la una condición impropia del ser humano, como lo ha hecho el padre Ksawery Knotz.

Porque hay modos y modos para abordar temas tan delicados como la intimidad de los esposos, sin embargo esto parece que la mayoría de los sacerdotes especialistas en sexología no lo tienen en cuenta, sea por ignorancia o por estar influidos de la filosofía hedonista…

Entonces, cuando estos escritores se ponen a escribir para demostrar que ellos son innovadores y que han superado las barreras del tabú o la vergüenza, nos encontramos ante libro como el ya conocido "Sexo como Dios manda" de nuestro sacerdote polaco.

Este ministro de la Iglesia Católica ha ridiculizado la sexualidad humana, porque la ha tratado como si fuera algo profano, no sagrado, y esto lo vemos en el modo que él tiene de hablar sin tapujos de los actos eróticos de la vida conyugal… Es como si no fuera consciente de que hablar de tales acciones –más allá de que fueran pecaminosas- constituye algo "fuera de lugar", o para ser más claros algo "desubicado". Entonces por querer ser una ayuda para los esposos, no hace más que introducir la confusión y el engaño, pues los actos de estimulación oral que él propone como juego previo son en realidad acciones lujuriosas e inmorales.

Tratar la vida sexual desde la perspectiva en que lo ha hecho el padre Ksawery es banalizarla, es jugar con una cosa santa y sagrada, que no debería ser expuesta y presentada como él lo ha hecho. Lo sagrado requiere trato sagrado.

Una persona casta y pura, jamás se atrevería a hablar o divulgar públicamente de tales acciones propias de la intimidad conyugal y con mayor razón si esa persona carece de un fundamento certero con respecto a si son gestos pecaminosos o que predisponen a que los cónyuges se encaminen por el sendero de la depravación.

Nadie en su sano juicio podría aconsejar a los esposos a realizar actos que caen más en ser acciones contra-natura, que actos de "inocente ternura".

El santo amor esponsal

"Maridos, amad a vuestras esposas como Cristo amó a la Iglesia y se entregó El mismo por ella" (Ef 5, 25).

El verdadero amor entonces es aquel que lleva el reflejo del amor que tuvo Cristo para con su esposa la Iglesia. En efecto, Cristo ha dejado toda su vida en la Cruz por amor a nosotros, que somos su Iglesia. ¿Qué otra cosa podría significar el sacramento del matrimonio, sino el desposorio definitivo y eterno de Jesucristo con el nuevo pueblo de Dios?

Y este amor de Cristo debería ser el modelo de donación en la caridad que todos los esposos deben tener en su vida matrimonial y familiar. El hombre debe amar a su mujer del mismo modo en que Cristo amó a la Iglesia y la mujer debe corresponderle con un recíproco amor.

Sin embargo, no confundamos ese amor de caridad con el placer que produce la entrega marital, ni tampoco nos centremos en este aspecto del amor, es decir, en el amor sexual del acto conyugal. Si bien es importante en la vida conyugal, para lograr la plena consumación del amor de los esposos, no lo es todo.

En estos últimos tiempos estamos siendo partícipes de un mal entendimiento del amor esponsal, pues a éste se lo comprende la mayoría de las veces desde la dimensión carnal del acto sexual, restando importancia a la dimensión espiritual, que es la más importante.

"Algunos querrían alegar que la felicidad en el matrimonio está en razón directa del recíproco goce en las relaciones conyugales. No: la felicidad del matrimonio está en cambio en razón directa del mutuo respeto entre los cónyuges aun en sus íntimas relaciones; no como si ellos juzgaran inmoral y rechazaran lo que la naturaleza ofrece y el Creador ha dado, sino porque este respeto y la mutua estima que él engendra es uno de los más eficaces elementos de un amor puro, y por eso mismo tanto más tierno" (Pio XII, Discurso del 29 de octubre de 1951).

Centrarse en la esfera carnal, producirá a la larga hastío y roses en la relación de los cónyuges. ¿Cuántos matrimonios comenzaron a tener conflictos por haber introducido de su intimidad marital todas estas prácticas eróticas que lo único que hicieron fue que ambos cónyuges se vuelvan más lujuriosos?

Por tanto es necesario volver a recuperar la mística espiritual del sacramento del matrimonio, comprendiendo que son las actitudes de sacrificio, servicio y renuncia las que verdaderamente sostendrá e incrementarán el amor y la felicidad de los esposos, a través de los años.

¿Sexo como Dios manda o como Dios no manda?

Ya comáis, ya bebáis, ya hagáis algo, hacedlo todo para gloria de Dios" (1Co 10, 31).

Si somos sinceros con nosotros mismos y escuchamos la voz de nuestro sentido común, nos parecería más bien que en lugar de "Sexo como dios manda", lo más apropiado sería "Sexo como le parece a Ksawery Knotz", porque precisamente como lo plantea este sacerdote franciscano, no creemos que Dios Padre vea con buenos ojos los gestos carnales y eróticos de la estimulación oral, que vamos a llamar por su nombre correcto, son acciones de sexo oral, más allá de que se ponga el pretexto de que se hacen como "juego preparatorio" al acto conyugal y más allá de que haya quienes sutilmente las denominen como actos de "estimulación oral" para que suene más suave. Esta acción sensual no pierde por ello su carácter de impúdica, inmoral –por ser contra-natura- e incluso antihigiénica, por todas las infecciones a nivel de la faringe que estas prácticas producen.

Espero que nos demos cuenta de que el argumento al que estos moralistas apelan de la licitud de tales prácticas, es un engaño de ellos: "Todo vale, cualquier gesto de caricia, mientras el acto sexual se complete de modo natural y pleno".

Esta es una frase que pareciera ser correcta, y en cierto modo podría serlo, si dichas caricias y gestos de cariño se mantuvieran en el límite de una sana manifestación casta y pura de la ternura esponsal. Pero vemos que muchos teólogos y sacerdotes consejeros han introducido acciones de carácter malsano, ya que son partidarios o están influidos por las actuales ideologías del hedonismo y del pansexualismo. De esto resulta que el encuentro marital, que debería ser una donación purificada en el Espíritu Santo, se vuelve un mero acto carnal, donde lo que cuenta es la máxima obtención de placer venéreo, mediante gestos más obscenos, los cuales son realizados de cualquier modo porque supuestamente dicho acto sexual terminará de modo completo. Es como si tales acciones de sexo oral fueran lícitas mientras éstas conduzcan al acto sexual conyugal pleno. Recordemos que el empleo de un medio inmoral, para un fin bueno, no corresponde a una correcta concepción de la moral.

"Si los actos son intrínsecamente malos, una intención buena o determinadas circunstancias particulares pueden atenuar su malicia, pero no pueden suprimirla: son actos irremediablemente malos, por sí y en sí mismos no son ordenables a Dios y al bien de la persona (…). Por esto, las circunstancias o las intenciones nunca podrán transformar un acto intrínsecamente deshonesto por su objeto en un acto subjetivamente honesto o justificable como elección" (Juan Pablo II, Carta Encíclica Veritatis Splendor, n.81).

Por esto, el uso de las facultades sexuales dentro del matrimonio no da rienda suelta a la satisfacción desordenada de nuestro apetito carnal; es necesario que nos dejemos guiar por la castidad conyugal, virtud que mantendrá limpia la vida marital. Si los esposos son dóciles a esta virtud, empeñándose en llevar una casta vida marital, acompañada por una profunda vivencia de los sacramentos y la oración, su amor estará salvaguardado y realmente cosecharán frutos de felicidad.

"Los cónyuges, pues, al buscar y gozar este placer no hacen nada de malo. Aceptan lo que el Creador les ha destinado.Sin embargo, también aquí los cónyuges deben saber mantenerse en los límites de una justa moderación. Como en el gusto de los alimentos y de la bebidas, también en el sexual no deben abandonarse sin freno al impulso de los sentidos…" (Pio XII, Discurso del 29 de octubre de 1951).

Por eso me atrevo a decir que todos estos autores religiosos no están verdaderamente inspirados por Dios, creo que más bien nos enseñan sus puntos de vista personales, más que una sana instrucción moral católica, que debería hacer de la entrega conyugal un acto de santidad ante la presencia del Creador.

Conclusión

"Y no os adaptéis a este mundo; al contrario, reformaos por la renovación de vuestro entendimiento para que sepáis distinguir cual es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable a Él, lo perfecto" (Rm 12, 2).

Como cristianos debemos oponernos ante estos sacerdotes moralistas que intentan confundir a los fieles católicos con sus nuevos pensamientos en materia de moral.

No podemos permitir que ningún teólogo se dé el lujo de ensuciar el misterio del sacramento del matrimonio con sus pseudo-teorías que hacen pasar como si fueran enseñanzas del Magisterio de la Iglesia.

Quien verdaderamente desea vivir su matrimonio como un camino de santidad –que es lo que debería ser en realidad- sabrá comportarse santamente en su vida matrimonial, desechando todo aquello que lo aleje del camino de santificación que es justamente el matrimonio cristiano.

No debemos adherirnos al espíritu del mundo pagano y hedonista, sino que, al contrario, debemos buscar siempre todo aquello que sea lo mejor, lo más perfecto, es decir, todo aquello que nos acerca más a Dios.

El matrimonio es un camino de amor y libertad que debe ser vivido con abnegación, para amar con mayor pureza y respeto al cónyuge, porque este amor, no es otra cosa que el mismo amor donativo y sacrificado que Jesucristo tuvo por su santa Iglesia.

Bibliografía

  • Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Sobre La Vocación Eclesial Del Teólogo. Ediciones Paulnas. Buenos aires, Argentina. 1990.

  • Juan Pablo II, Carta Encíclica Veritatis Splendor. Ediciones Paulinas. Buenos aires, Argentina. 1993.

  • Knotz, Ksawery, (2009). "Sexo como Dios manda", Editorial Lumen, Buenos Aires, Argentina.

  • Pío XI, Carta Encíclica Casti Connubii. Ediciones Paulinas. Buenos Aires, Argentina. 1930.

  • Pío XII, Discurso dirigido al Congreso de Obstétricas Católicas, de la Unión Italiana de Obstétricas con la colaboración de la Federación Nacional de Colegios de Comadronas - 29/10/1951).

 

 

Autor:

Gabriel Jesús Villarruel,

Docente en Ciencias Naturales y Catequista.

 


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