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Violencia de género

Enviado por Carla Santaella



  1. Resumen
  2. Introducción
  3. Antecedentes
  4. Violencia de género
  5. Mitos sobre la violencia de género
  6. Autoestima baja y sus consecuencias
  7. Organismos que defienden los derechos de la mujer
  8. Conclusiones
  9. Referencias bibliográficas

Resumen

Se trata de explicar la violencia de género, para identificar, analizar y ayudar a actuar sobre las desigualdades que a menudo ponen en desventaja a las mujeres. En este intento de informar sobre el tema trataremos de ir desde lo más general a lo más concreto, y para ello comenzaremos por explicar sus antecedentes, pasando luego a definir, clarificar y diferenciar la violencia de género que ha su vez abarca diversas formas de violencia, se describirá también la incidencia de esto en la autoestima de la mujer, y las influencias sociales que conllevan a la realización de este fenómeno. Por último se mencionan las organizaciones que fueron creadas para proteger a la mujer de la violación de sus derechos humanos.

Palabras Claves: Autoestima, Desigualdad, Desventaja, Formas de Violencia, Influencias sociales, Violencia de Género.

Introducción

En ocasiones, las distintas denominaciones de los malos tratos lleva a confusión: Violencia de Género, Violencia Doméstica, de pareja, hacia las mujeres, masculina o sexista, etc.; García (2005), indica que la violencia doméstica hace referencia a aquella que se produce dentro del hogar, tanto del marido a su esposa, como de la madre a sus hijos, del nieto al abuelo, etc. Excluye aquellas relaciones de pareja en las que no hay convivencia. La violencia de género tiene que ver con "la violencia que se ejerce hacia las mujeres por el hecho de serlo", e incluye tanto malos tratos de la pareja, como agresiones físicas o sexuales de extraños, mutilación genital, atentados femeninos, etc.

A pesar de los innegables avances de los últimos años en la consideración social de las mujeres como seres valiosos, capaces de desarrollar todo tipo de iniciativas, actividades tareas, trabajos, habilidades, hasta hace poco bien atribuidos casi en exclusiva a los varones, lo cierto es que la socialización de mujeres y hombres sigue siendo diferente, aunque en la actualidad se compartan algunos asuntos. García y Carrasco (2003), señalan que la existencia de estereotipos de género sigue siendo vigente, por más que los estereotipos no sean tan marcadamente diferentes y opuestos. La violencia de género suele manifestarse en primer lugar cómo agresión verbal en sus formas más encubiertas. Es muy importante conocer sus mecanismos, porque las consecuencias psicológicas de los malos tratos psíquicos son iguales o más graves que las de los malos tratos físicos.

Esta investigación intenta llamar la atención sobre la necesidad de hacer cumplir medidas para prevenir y erradicar la violencia contra la mujer e informar acerca de la incidencia de este tema en nuestro país. Se presentan, por una parte los antecedentes que provocaron la evolución de este fenómeno, se da una síntesis del concepto que se tiene de violencia de género, especificando también los tipos de violencia, por otra parte se desarrolla un análisis de las influencias familiares y sociales que conducen a este problema, se pretende también informar acerca de los diferentes organismos a los cuales se puede recurrir en busca de ayuda.

La violencia de género cobra en la actualidad una enorme importancia, si nos atenemos al creciente número de casos que son recogidos por la prensa diaria, con resultados irreparables en una proporción dramáticamente alta. García y Carrasco (2003), consideran que nos encontramos ante una de los principales estigmas de nuestra sociedad. Cada día que una mujer sufre esta experiencia, estamos fracasando como sociedad, ya que esta, como cualquier otro tipo de maltrato, expresa una relación basada en el abuso de poder y en un sistema de desigualdad.

La violencia contra las mujeres no está determinada por el código genético, constituye una enfermedad de "transmisión social". Dada la enorme significación de la presencia de esta violencia en el contexto familiar, núcleo de la socialización de los individuos, se ve necesaria una reflexión, que contribuya a tener una visión de esta situación, que abarque las dimensiones, tanto sociológicas como psicológicas de este fenómeno, promoviendo la promoción de estrategias de carácter preventivo (García y Carrasco, 2003).

Antecedentes

La violencia de género en general y la violencia contra las mujeres en las relaciones de pareja en particular, es un fenómeno histórico presente en gran parte de las culturas humanas sin límite de edad, clase social, raza, ideologías o religión. Esta realidad tan dramática, pero muchas veces invisibilizada, tiene mucho que ver con el tipo de sociedades en las cuales se sitúa a las mujeres en una posición de inferioridad respecto a los hombres y por lo tanto en una posición de dependencia económica, social, cultural y emocional hacia los padres, esposos, novios, etc., (Bercaglione, Chejter, Cisneros, Fontenla, Kohan y Labrecque, 2005).

Todos los días y en todas partes las mujeres son asesinadas en crímenes ligados a la sexualidad y por el solo hecho de ser mujeres. En los últimos años los movimientos de mujeres de distintos países vienen denunciando los femicidios que se refieren al asesinato masivo de mujeres y representa una escala de la violencia de género o maltrato hacia ellas, un concepto que pretende dar cuenta de su especificidad y del hecho de ser crímenes sexistas. En referencia a esto Bercaglione (2005), opina lo siguiente:

"Al igual que el de violencia hacia las mujeres, se trata de un concepto acuñado como resultado de nuevos enfoques, de una nueva comprensión de prácticas que no resultan nuevas. Mientras que el concepto de violencia sexista tiene ya varias décadas, el de femicidio es más reciente: cuestiona los argumentos que tienden a disculpar y a representar a los agresores como 'locos' o a concebir estas muertes como 'crímenes pasionales', o bien, a atenuar su importancia en el caso de situaciones de conflicto o guerra, como si estos contextos justificasen por sí solos la transgresión a las más elementales normas sociales."

La violencia contra las mujeres está reconocida como una violación de los derechos humanos en muchos acuerdos y tratados internacionales, regionales, y compromisos nacionales, que deberían servir como herramientas y garantías reales para trabajar hacia la prevención de estos crímenes. Como ejemplo Bercaglione, Chejter, Cisneros, Fontenla, Kohan, y Labrecque (2005), señalan a la Convención sobre la Eliminación de todas formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW en inglés) y el Protocolo Opcional, 1979/1999, que llama a los Estados a llevar una política de eliminación de la violencia contra las mujeres y habilita a las mujeres a nivel nacional a reclamar y hacer que sus reclamos se tengan en cuenta; la Organización de Naciones Unidas (ONU) sobre la Eliminación de la Violencia contra las mujeres, 1993; el capítulo dedicado a la violencia contra las mujeres en la Plataforma de la Conferencia Mundial de la ONU sobre la Mujer, Beijing 1995; el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (ICC), 1998, incluye a la violencia sexual -la violación, la esclavitud sexual, la prostitución forzada y los embarazos forzados- en la definición de crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra; en la revisión de Beijing se llama a la criminalización de la violencia contra las mujeres y a contar con medidas para terminar con la violencia contra las mujeres por motivos de raza y se incluyeron por primera vez los crímenes de honor; la Declaración del Milenio de Naciones Unidas, 2000 plantea combatir todas formas de violencia contra la mujer, así como el apoyo de algunas de las convenciones mencionadas anteriormente.

Sin embargo, a varios años de firmados esos acuerdos, crímenes como los exterminios masivos de mujeres, las violaciones, abusos y acosos sexuales, la violencia doméstica, la trata de mujeres y niñas, la prostitución forzada, la esclavitud sexual, la violencia en situaciones de conflicto armado, el embarazo forzado, el infanticidio femenino y la selección prenatal del sexo del feto a favor de bebés varones, los asesinatos por cuestiones de honor, la violencia por causas de dote, la mutilación genital femenina y otras prácticas y abusos, siguen siendo practicados con impunidad (Bercaglione, Chejter, Cisneros, Fontenla, Kohan, y Labrecque, 2005).

Analizando los avances logrados en la legislación internacional y por las campañas y activismo de las organizaciones de mujeres, estos han conseguido dar visibilidad a la desigualdad existente entre los géneros y las estructuras de opresión que la perpetúan. Según Bercaglione, Chejter, Cisneros, Fontenla, Kohan, y Labrecque. (2005), se ha logrado el reconocimiento oficial de la violencia sufrida por las mujeres considerándola una violación de sus derechos humanos junto con el compromiso de los gobiernos de condenarla. Pero la implementación de estos compromisos queda en manos de la voluntad de los Estados. Ahí es donde muchas veces saltan a la vista las limitaciones de estos logros internacionales, que chocan con la falta de voluntad política para prevenir, investigar y sancionar estos crímenes.

Hay algunos casos paradigmáticos: desde 1993 hasta enero de 2006, más de 430 mujeres han sido asesinadas y más de 600 están desaparecidas (presumiblemente asesinadas también) en Ciudad Juárez, México, en un escenario donde se concentran la industrialización fronteriza de las maquilas, la marginación, inmigración, machismo exacerbado, narcotráfico, prostitución, impunidad y corrupción política y policial. En Guatemala, al igual que en Ciudad Juárez, cerca de dos mil mujeres fueron asesinadas entre 2001 y 2005. Las mayores víctimas tienen entre 12 y 25 años y viven en las regiones más pobres del país. Los métodos varían desde la utilización de armas de fuego, e incluyen torturas, violación y posterior asesinato. Junto al incremento de estos crímenes existe también un aumento de amenazas y hostigamiento hacia las distintas organizaciones que asumen la denuncia pública de las masacres. A estos alarmantes hechos recientes hay que sumar los feminicidios en las guerras, en muchas ocasiones asociados a violaciones masivas, como los ocurridos en la ex Yugoslavia, Rwanda, República Democrática del Congo, por citar sólo algunas situaciones de las últimas décadas. Actualmente estos crímenes aparecen sancionados severamente en el Estatuto de la Corte Penal Internacional (Bercaglione, Chejter, Cisneros, Fontenla, Kohan y Labrecque, 2005).

La violencia contra la mujer, tal como se manifiesta en estos casos, no sólo constituye una forma de discriminación sino que supone violaciones al derecho a la vida, a la integridad física, libertad, seguridad y protección judicial consagrados en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, entre otras. Según Bercaglione, Chejter, Cisneros, Fontenla, Kohan, y Labrecque. (2005), estas normas internacionales reafirman la obligación del Estado de esclarecer la verdad, hacer justicia y proporcionar reparación a las víctimas, aun cuando sus derechos han sido violados por particulares.

El tema de la violencia contra las mujeres sigue marcado por dos aspectos importantes: el tema de la impunidad y el de la implementación de los mecanismos, que en última instancia deberían ser parte de una nueva visión que incorpore, junto al marco de los derechos humanos, las conexiones con los temas y las organizaciones que trabajan por la paz, la justicia económica y la seguridad. El estatus de las mujeres de todas las regiones y las diversas violaciones a sus derechos humanos que antes estaban ocultas y silenciadas han salido a la luz, ligando los movimientos locales a un movimiento de mujeres global que sigue creciendo. Es momento de cerrar el ciclo de la victimización para abrir el del empoderamiento y permitir que las mujeres se sientan sujetas de derechos capaces de enfrentar un sistema de justicia altamente sexista, racista, clasista y homófobo (Bercaglione, Chejter, Cisneros, Fontenla, Kohan y Labrecque, 2005).

Violencia de género

Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública o privada (Aranda y Alguacil, 2005).

La publicación de Velázquez (2003) amplía la definición de violencia de género: Abarca todos los actos mediante los cuales se discrimina, ignora, somete y subordina a las mujeres en los diferentes aspectos de su existencia. Es todo ataque material y simbólico que afecta su libertad, dignidad, seguridad, intimidad e integridad moral y/o física.

3.1. Tipos de violencia.

  • Física. Esta puede ser percibida a través de las huellas que deja. Como ejemplo podemos mencionar empujones, mordiscos, patadas, puñetazos, etc., sean ocasionados con las manos o algún objeto. Por lo general hace más fácil que la victima tome conciencia pues es un tipo de violencia muy evidente, lo que hace que sea la más reconocida social y jurídicamente, comparada con la violencia psicología. (Velázquez, 2003).

  • Psicológica. Tiene que ver con amenazas, palabras ofensivas, trato humillante, y desprecio. Causa en la victima una visión de sí misma desvalorizada, en la que sus opiniones no cuentan, y se generan sentimientos de culpa e indefensión. Todo esto aumenta el control o dominación del agresor, siendo este el fin último de la violencia de género.

Dentro de esta clase de violencia Velázquez (2003), señala que podrían incluirse otros tipos de violencia que conllevan sufrimiento psicológico para la víctima, y se valen de chantajes, manipulaciones y amenazas para alcanzar sus objetivos.

Podemos mencionar la violencia "económica" y la violencia "social". En la primera, el agresor trata de controlar el poder adquisitivo de su víctima, dificultándole el acceso al dinero al impedirle trabajar remuneradamente u tomando posesión de sus ingresos. En muchos casos el agresor abandona su empleo y se dedica a gastar los ingresos de la víctima, lo que obliga a la misma a solicitar ayuda económica a familiares o servicios sociales. (Velázquez, 2003).

En la violencia "social", el agresor limita el contacto social de la victima aislándola de su entorno, familiares y amigos. Esto le impide a la victima tener un importante apoyo en estos casos (Velázquez, 2003).

  • Sexual "Se ejerce mediante presiones físicas o psíquicas que pretenden imponer una relación sexual no deseada mediante coacción, intimidación o indefensión" (Alberdi y Matas, 2002). Puede incluirse dentro de violencia física, pero la distinción principal se encuentra en torno a la libertad sexual de la mujer más que en su integridad física. Hasta hace poco, las leyes y autoridades, no consideraban este tipo de agresión como tal, si se producía dentro del matrimonio.

Otros tipos de violencia contra la mujer son:

  • Amenaza.

  • Acto carnal con víctima especialmente vulnerable.

  • Actos lascivos.

  • Acoso sexual.

  • Tráfico ilícito de mujeres, niñas, niños o adolescentes.

  • Trata de mujeres niñas y adolescentes.

  • Acoso u hostigamiento.

  • Prostitución forzada.

  • Esclavitud sexual.

  • Ofensa pública por razones de género.

  • Violencia institucional.

  • Violencia obstétrica.

  • Esterilización forzada.

  • Violencia laboral.

  • Violencia patrimonial y económica.

  • Obligación de aviso.

3.2. Ciclo de la violencia física.

Nieves (2007), explica que en sociología se ha llegado al acuerdo de una definición del Ciclo de la violencia a partir de su trabajo con mujeres, y actualmente es el modelo más utilizado por las/los profesionales:

  • El ciclo comienza con una primera fase de Acumulación de la Tensión, en la que la víctima percibe claramente cómo el agresor va volviéndose más susceptible, respondiendo con más agresividad y encontrando motivos de conflicto en cada situación.

  • La segunda fase supone el Estallido de la Tensión, en la que la violencia finalmente explota, dando lugar a la agresión.

  • En la tercera fase, denominada de "Luna de Miel" o Arrepentimiento, el agresor pide disculpas a la víctima, le hace regalos y trata de mostrar su arrepentimiento. Esta fase va reduciéndose con el tiempo, siendo cada vez más breve y llegando a desaparecer. Este ciclo, en el que al castigo (agresión) le sigue la expresión de arrepentimiento que mantiene la ilusión del cambio, puede ayudar a explicar la continuidad de la relación por parte de la mujer en los primeros momentos de la misma.

  • Este ciclo pretende explicar la situación en la que se da violencia física, ya que la violencia psicológica no aparece de manera puntual, sino a lo largo de un proceso que pretende el sometimiento y control de la pareja.

3.3. Consecuencias psicológicas para la mujer maltratada

El síndrome de la mujer maltratada Nieves (2007), lo define como una adaptación a la situación aversiva caracterizada por el incremento de la habilidad de la persona para afrontar los estímulos adversos y minimizar el dolor, además de presentar distorsiones cognitivas, como la minimización, negación o disociación; por el cambio en la forma de verse a sí mismas, a los demás y al mundo. También pueden desarrollar los síntomas del trastorno de estrés postraumático, sentimientos depresivos, de rabia,  baja autoestima, culpa y rencor; y suelen presentar problemas somáticos, disfunciones sexuales, conductas adictivas y dificultades en sus relaciones personales.

Estos efectos se pueden equiparar al trastorno de estrés postraumático, cuyos síntomas y características, según Nieves (2007), aparecen en algunas de estas mujeres: re-experimentación del suceso traumático, evitación de situaciones asociadas al maltrato y aumento de la activación. Estas mujeres tienen dificultades para dormir con pesadillas en las que reviven lo pasado, están continuamente alerta, hipervigilantes, irritables y con problemas de concentración. Además, el alto nivel de ansiedad genera problemas de salud y alteraciones psicosomáticas, y pueden aparecer problemas depresivos importantes.

3.4. Desarrollo del síndrome de la mujer maltratada.

Existe una diferencia entre dos fases en las consecuencias, Nieves (2007), señala que son las que se producen en la fase de dominio y a largo plazo:

  • En la primera fase, la mujer está confusa y desorientada, llegando a renunciar a su propia identidad y atribuyendo al agresor aspectos positivos que la ayudan a negar la realidad. Se encuentran agotadas por la falta de sentido que el agresor impone en su vida, sin poder comprender lo que sucede, solas y aisladas de su entorno familiar y social y en constante tensión ante cualquier respuesta agresiva de su pareja.

  • Se habla de consecuencias a largo plazo refiriéndose a las etapas por las que pasan las víctimas a partir del momento en que se dan cuenta del tipo de relación en la que están inmersas. Durante esta fase, las mujeres pasan un choque inicial en el que se sienten heridas, estafadas y avergonzadas, además de encontrarse apáticas, cansadas y sin interés por nada, muchas veces ni siquiera por su propia vida, generándose en ellas un deterioro progresivo de su autoestima.

Una baja autoestima lleva al individuo a sentirse desvalorado y, en razón de eso a estar siempre comparándose con los demás, subrayando las virtudes y las capacidades de los demás. Viéndolos como seres superiores, un claro signo de inferioridad personal. Esta postura le puede llevar a no tener objetivos, a no ver sentido en nada, y a convencerse de que es incapaz de lograr cualquier cosa que se proponga.

Mitos sobre la violencia de género

Habitualmente según Gairin (2007), se justifica y se trata de dar explicación a este tipo de violencia atendiendo a:

  • Características personales del agresor (trastorno mental, adicciones).

  • Características de la víctima (masoquismo, o la propia naturaleza de la mujer, que "lo busca, le provoca, es manipuladora…").

  • Circunstancias externas (estrés laboral, problemas económicos).

  • Los celos ("crimen pasional").

  • La incapacidad del agresor para controlar sus impulsos, etc.

Además Gairin (2007), menciona que existe la creencia generalizada de que estas víctimas y sus agresores son parejas mal avenidas ("siempre estaban peleando y discutiendo"), de bajo nivel sociocultural y económico, inmigrantes… Es decir, diferentes a "nosotros", por lo que "estamos a salvo".

Aquellos hombres que son alcohólicos y maltratan a sus mujeres, sin embargo no tienen, en su gran mayoría, problemas o peleas con otros hombres, con su jefe o su casero. Gairin (2007), afirma que el estrés laboral o de cualquier tipo afecta realmente a mucha gente, hombres y mujeres, y no todos se vuelven violentos con su pareja. En el fondo, estas justificaciones buscan reducir la responsabilidad y la culpa del agresor, además del compromiso que debería asumir toda la sociedad para prevenir y luchar contra este problema.

Autoestima baja y sus consecuencias

Constantemente la autoestima se ve afectada por las experiencias y exigencias que las personas reciben del mundo exterior. Según Blanco (2004), la sociedad exige seguir ciertas pautas de comportamiento, que de no cumplirse, se puede traducir una autoestima en deterioro. Por ende, la construcción de una autoestima positiva debe ser sólida desde la infancia. Solamente así, la persona no se sentirá inferior por si lleva un corte de cabello que le guste pero que no le agrade a los demás, ni cuando se encuentre, en este caso de violencia contra la mujer, frente a una persona que la agreda por el simple hecho de serlo sabiendo identificar la situación y respondiendo de la manera correcta que es defender su integridad y denunciar al agresor o agresores a los organismos competentes, que serán descritos más adelante en el presente trabajo.

Dentro de cada persona existen sentimientos ocultos que muchas veces no son percibidos. Los malos sentimientos, como el dolor, la tristeza, el rencor, que son los generados por una situación de violencia, entre otros, pueden llevar a una persona no sólo a sufrir depresiones continuas, sino también a tener complejos de culpabilidad, cambios repentinos de humor, crisis de ansiedad, de pánico, reacciones inexplicables, indecisiones, envidia excesiva, miedos, hipersensibilidad, pesimismo, impotencia, y otros malestares (Blanco, 2004).

Las personas con baja autoestima viven insatisfechas con ellas mismas, porque su autocrítica está exacerbada y tienen una actitud negativa con todo lo que para ellos pueda resultar enriquecedor. Blanco (2004), señala que no pueden ver las cosas buenas o las cosas valiosas que tienen y ponen todo en la misma bolsa. Este estado de constante insatisfacción influye en todos los aspectos de la vida del que no se quiere, quien termina experimentando una indecisión crónica; lo que produce la falta de valoración personal en la pareja, generando relaciones basadas en el dominio y la violencia. Como se puede observar, en este punto la relación entre violencia y baja autoestima se torna "recíproca" al presentarse en la agredida sentimientos de inferioridad que influyen en el desarrollo de un vínculo enfermizo que deja de ser amor, para convertirse en dependencia, que a su vez lleva a la violencia de género. La persona con baja autoestima suele permitir un mal trato o menosprecio de los demás, pues ellos mismos no creen merecer una actitud diferente.

Esta condición de inferioridad según Blanco (2004), también tiene repercusiones en el área laboral, la persona se descalifica y no aspira a lograr metas mayores en su vida. Por eso, existen seres insatisfechos con sus empleos que muchas veces a causa de esa minusvalidez personal, sucumben ante la delincuencia ya que son muy fácilmente influenciadas por personas malintencionadas que pasan de la discriminación de las mujeres, por ejemplo, y los oficios que realizan en su trabajo, con respecto de los realizados por los hombres, en cuanto a su efectividad y remuneración; a la violencia, mayormente a nivel psicológico, contra aquellas que consideran menos aptas sólo por ser mujeres. Cuando se tiene una imagen devaluada de sí mismo la persona incluso puede recurrir a la prostitución, a vender su cuerpo por la simple razón de no quererse o aceptarse lo suficiente y mucho menos tener respeto por su propio ser.

De igual forma, los desórdenes emocionales y alimenticios pueden aparecer en consecuencia de la poca valoración personal. Quien padece baja autoestima sele desarrollar un falso ser que lo protege ilusoriamente de la confusión y desorientación que le provoca la vergüenza internalizada. Al sentirse incapaz y desvalorizado empieza a encubrir lo que verdaderamente siente como estrategia (Blanco, 2004).

Organismos que defienden los derechos de la mujer

Con motivo de representar y apoyar a las mujeres en sus denuncias contra la violencia, tipificada en la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, se han creado diversos entes y organismos que ejercen la defensa sus derechos; Guevara (2007), nombra los siguientes:

  • 0-800-MUJERES (0800 685 37 37).

  • Defensoría Especial con Competencia Nacional sobre Derechos de la Mujer /Oficina de Atención a la Víctima de la Fiscalía General de la República.

  • Defensoría Nacional de los Derechos de la Mujer – INAMUJER.

  • División de Investigación y Protección en materia del Niño, Adolescente, Mujer y Familia/Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas-CICPC.

  • Centro de Estudios de la Mujer-Universidad Central de Venezuela.

  • AVESA.

  • CECODAP.

  • Federación Venezolana de Abogadas.

  • Centros de Salud PLAFAM.

Estos organismos tienen como objetivos, entre otros, representar a la mujer ante las instancias judiciales y extrajudiciales, investigar y elaborar anteproyectos de leyes que contribuyan a un pleno ejercicio de sus capacidades y de su ciudadanía y orientar a las mujeres para que reclamen sus derechos en las instancias respectivas (Guevara, 2007).

5.1. Organismos donde se puede denunciar.

Estas instituciones permiten una asistencia global e integral para las mujeres que sufren violencia de género. Según Guevara (2007), estos organismos propios del estado deben colaborar en el tratamiento y asistencia de las mujeres afectadas, entre ellos están:

  • Ambulatorios.

  • Cruz Roja.

  • Consejo estadal de los derechos del niño y el adolescente (CEDNA).

  • Defensoría del pueblo.

  • Círculos femeninos populares.

  • Centro de estudios de la mujer. Universidad Central De Venezuela (CEM-UCV).

  • Fondo de población de naciones unidas (UNFPA).

  • PLAFAM. Servicios Especializados y Programas Educativos en Salud Sexual y Reproductiva.

5.2. Las denuncias. Según lo estipulado en la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, una situación de violencia de género según Guevara (2007), puede ser denunciada por: ·La mujer agredida. ·Los parientes consanguíneos o afines. ·El personal de salud de instituciones públicas o privadas ·Las defensorías de los derechos de la mujer ·Los consejos comunales y otras organizaciones sociales. ·Las organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres ·Cualquier otra persona o institución que tuviese conocimiento de los hechos punibles previstos en esta ley.

Conclusiones

Afirmar que las mujeres son el sexo débil, representa una falsa creencia que se ha calado en el cerebro del hombre, e incluso también en la de algunas mujeres, de una manera tan profunda que ha hecho que el primero se sienta superior, ve a las féminas por debajo de su nivel, y cree que tiene el derecho y la libertad de someterla a su voluntad y desvalorizar el rol que representa dentro del hogar y en la sociedad. Lamentablemente el género femenino no ha hecho nada contundente para contrarrestar esta acción, por el contrario, la mujer que es víctima de maltrato se ve a sí misma, en la mayoría de los casos, como la causante de la agresión. En otras palabras, admite ser la culpable de su propia desgracia.

Una de las características más resaltantes de la violencia de género es el poder psicológico ejercido por el hombre o agresor, éste se encarga de disminuir la autoestima de su víctima, haciéndola sentir vulnerable. Debido a esto en la mujer se comienza a generar un cambio en su estado de ánimo; se siente triste, nerviosa y acepta como cierto todo lo que éste le dice. Por lo tanto, pierde su personalidad y el sentido de la realidad abocándose, muchas veces, a lo que el victimario quiere y desea.

La violencia en contra de la mujer constituye un grave problema de salud pública, a demás, de que es una violación sistemática de sus derechos humanos, causada por la discriminación y subordinación de la mujer por razones de género en la sociedad.

Es lamentable ver, aunque no sea directamente, como este problema se presenta a diario en nuestro país, Cada 10 días muere una mujer en Caracas como consecuencia de la violencia de género, y lo más alarmante es que sólo un 10% de los casos de violencia hacia la mujer son denunciados. Por lo general, la víctima no acude a las instancias pertinentes que pueden ayudarla porque cree amar a la persona que la maltrata y tiene la esperanza de que algún día cambie, o porque le tiene tanto miedo que es incapaz de comentárselo siquiera a alguno de sus familiares.

Es conveniente acotar que, si bien es cierto que la mujer es la víctima en una relación donde se manifiesta la violencia de género y que debe recibir ayuda aún cuando ella no la solicite ni la quiera o creo no necesitarla para salir o terminar con una dependencia tan destructiva; también es cierto que se deberían realizar estudios que ayuden a solucionar el principal problema "el agresor", para determinar el origen, el porqué, y el punto en el cual el victimario llega a convertirse en lo que es, y posteriormente ser también una víctima más de esa situación.

Referencias bibliográficas

Aranda, E. y Alguacil, J. (2005). Estudios sobre la ley integral contra la violencia de género. Madrid, España: Dykinson.

Blanco, P. (2004). La violencia contra las mujeres: prevención y detección, como promover desde los servicios sanitarios relaciones autónomas, solidarias y gozosas. Madrid, España: Diez de Santos.

Bercaglione, G., Chejter, S., Cisneros, S., Fontenla, M., Kohan, J. y Labrecque, M. (2005). Femicidios e impunidad. Buenos Aires, Argentina: Centro de encuentros Cultura y Mujer.

Gairin, J. (2007). Coeducación y prevención temprana de la violencia de género. México: Ministerio de Educación.

García, C. (2005).Violencia y Género. Recuperado el 3 de noviembre de 2010, del sitio Web de Psicoterapeutas:http://www.psicoterapeutas.com/paginaspersonales/concha/violenciadegenero.html.

García, A. y Carrasco, M. (2003). Violencia y Género. Madrid: Universidad Pontifica de Comillas.

Guevara, J. (2007). La violencia de género: Aspectos penales y procesales. Caracas, Venezuela: Universidad Católica Andrés Bello.

Nieves, M. (2007). La igualdad de la mujer y la violencia de género en la sociedad informada. Madrid, España: Dykinson.

Velázquez, J. (2003). Los diferentes rostros de la violencia de género. Madrid, España: Dykinson.

 

 

Autor:

Carla Santaella

Universidad Central de Venezuela

Facultad de humanidades

Escuela de Psicología

Taller de inducción

Caracas, 30 de noviembre de 2010


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