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Sustitución de importaciones y fomento de exportaciones




Partes: 1, 2

  1. Colonia, ocupación y neo colonia
  2. Comienzos de la etapa revolucionaria
  3. Los años del CAME
  4. En el período especial
  5. Cambios a partir de 2004
  6. Los sucesos más recientes
  7. Medidas en MINCEX
  8. Surgimiento del ALBA
  9. Retos para el comercio exterior cubano
  10. Conclusiones

Hay quienes piensan que lo primero es exportar para obtener divisas frescas y otros piensan que lo primero debe ser sustituir importaciones para ahorrar recursos con que ya se cuenta. Aunque aparentemente esta disyuntiva es falsa, su planteamiento encierra un enfoque conceptual.

En realidad, para un país en desarrollo como el nuestro estas dos actividades son inseparables una de la otra y, si hubiera que elegir, sustituir importaciones debe ser lo primero, dado que economiza recursos con los que ya se cuenta, contribuye a ser menos dependiente el país del sector externo, a desarrollar la producción nacional, genera empleos y fomenta producciones que pueden convertirse en nuevos fondos exportables.

Colonia, ocupación y neo colonia

Aunque el esfuerzo por sustituir importaciones ha tomado un nuevo impulso en los últimos años, este propósito no es nuevo y ya desde los años coloniales de nuestra historia se enfocaba esta necesidad cuando mermaban los ingresos por las exportaciones de nuestros productos tradicionales, fundamentalmente el azúcar según los vaivenes del mercado internacional.

Obviamente, tanto España primero, como los Estados Unidos (EE UU) después, a través de todos los medios posibles, en el caso de España con el monopolio del comercio por parte de la metrópoli y después, igual que los EE.UU., a través de tratados comerciales, trataron de impedir el desarrollo de producciones nacionales que compitieran con las suministradas por ellos, a excepción de rubros como el azúcar, el tabaco, el ron, las maderas, las pieles y algunos productos de consumo local con poco peso económico.

Se registra por ejemplo el caso anecdótico de Domingo Goicuría, que allá por la década de los 90 del siglo XIX, abrió una fábrica de clavos en Casablanca para hacerle competencia a los clavos importados y tuvo que cerrar su fábrica por el boicot de los comerciantes minoristas habaneros.

Durante la república neocolonial, con fines muchas veces demagógicos, los gobiernos de turno lanzaban la consigna de la sustitución de importaciones, inclusive con el propósito de presionar y chantajear al gobierno de los EE UU para el logro de un fin inmediato con esta velada amenaza, partiendo de que era nuestro principal mercado.

En la década del 50 del siglo XX se llegó a la creación de instituciones como el Banco de Fomento Agrícola e Industrial (BANFAIC), el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BANDES) y el Banco para el Comercio Exterior (BANCEX), que tenían entre sus propósitos declarados propiciar el desarrollo y diversificación de la producción nacional, la sustitución de importaciones y la diversificación de las exportaciones aunque en realidad a lo que estaban fundamentalmente destinados era a enriquecer a los gobernantes de turno y sus partidarios con el financiamiento de proyectos propios.

Comienzos de la etapa revolucionaria

El primero de enero de 1959 fue testigo de la huida del tirano Fulgencio Batista y del inicio de la etapa revolucionaria en nuestro país.

A comienzos de la revolución se popularizó la consigna de Consuma Productos Cubanos y se organizó el tren que recorrió todo el país con una exposición de lo que en aquel momento se producía y que podía potenciarse para sustituir importaciones innecesarias.

Durante todo el año 1959, la organización del comercio exterior mantuvo un status legal semejante al existente en la etapa capitalista, dado que los medios de producción eran aún de propiedad privada. Sin embargo, se implantó un control de cambio en ese año, a través del Banco Nacional, lo que permitió un control indirecto de las importaciones de mercancías con carácter suntuario.

En esta primera etapa (1959 hasta inicios de 1960), se pusieron en vigor otras medidas, tales como:

  • La Ley 557 del 15 de septiembre de ese año, modificando el Arancel de Aduanas en cuanto a su estructura, nomenclatura, notas de aplicación y adeudos;

  • La Ley 566 del 23 de septiembre de 1959, estableciendo recargos aduanales de carácter temporal en mercancías de importación, para fortalecer las reservas monetarias de la nación;

  • La Resolución 94 del Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA), del 21 de noviembre de 1959, creando el Departamento de Industrialización al cual, entre otras funciones , se le otorgaron las de importación de maquinarias y equipos necesarios para el establecimiento de nuevas industrias;

  • La Resolución 124 del INRA, del 15 de enero de 1960, delegando en el Jefe del Departamento Legal la facultad de suscribir la escritura pública, para la adquisición de maquinarias e implementos agrícolas con una entidad determinada;

  • La Ley 757 del 11 de marzo de 1960, creando la Junta Central de Planificación, entre cuyas funciones estaba orientar la política exterior de Cuba, incluyendo la política arancelaria y cambiaria, los tratados comerciales, las negociaciones de empréstitos y la ayuda técnica extranjera y la participación del Estado y organismos paraestatales en el comercio exterior;

  • La Ley 793 del 25 de abril de 1960, creando el Banco para el Comercio Exterior de Cuba (BANCEC).

El BANCEC surgió como un organismo autónomo estatal de crédito para el comercio exterior, con personalidad jurídica y patrimonio propio y con un objetivo fundamental: garantizar las importaciones necesarias para la economía de Cuba y cooperar con la política que el Estado Revolucionario venía trazando en materia de comercio internacional.

Con la creación del BANCEC, se sustituyeron dos entidades vinculadas al comercio exterior que existían antes del triunfo de la Revolución: el Banco Cubano del Comercio Exterior establecido en 1954 por la Ley-Decreto No.1425 y la Empresa Transformadora de Productos Agropecuarios S.A., dependiente del BANFAIC.

A este último que en la etapa capitalista debía funcionar como organismo estabilizador de la producción agrícola, se le había otorgado en 1959 la facultad de importar frijoles, papas y manteca, como vía para garantizar la importación y distribución de productos alimenticios esenciales para su distribución a la población.

De inmediato comenzó la guerra económica de los Estados Unidos contra Cuba, con el objetivo reconocido de producir "el hambre, la desesperación y el derrocamiento del gobierno" revolucionario, según se señala en un documento oficial del Departamento de Estado fechado el 6 de abril de 1960. Comenzó así el conocido y genocida bloqueo económico que ya dura más de 50 años.

En consecuencia, nuestro país se vio obligado a reorientar su economía y su comercio exterior. El 23 de febrero de 1961 por la Ley No. 930 se declaro extinguido el BANCEC. En la misma fecha, el Consejo de Ministros dictó la Ley 934 creando el Ministerio del Comercio Exterior (MINCEX) con la finalidad de ampliar, sobre bases de mutuo respeto y beneficio, las relaciones de cooperación económica con todos los países y favorecer así la estabilidad y desarrollo de la economía nacional.

En abril de 1961 se declaró el carácter socialista de la revolución. En esta etapa comenzaron a desarrollarse las relaciones económicas y comerciales con los países socialistas europeos y asiáticos.

La década del sesenta y un poco más

La creación del MINCEX en febrero de 1961 fue una expresión del avance y profundización del proceso revolucionario y surgió como respuesta a una necesidad objetiva de la economía nacional, una vez nacionalizada la industria exportadora básica del país y asumidas por el Estado las funciones comerciales de importación y exportación. En aquellos momentos, el establecimiento del monopolio estatal del comercio exterior reflejaba el tránsito a la fase socialista de la Revolución Cubana.

En 1962 se elaboró el primer plan de comercio exterior. Uno de los propósitos fundamentales de este plan, teniendo en cuenta el bloqueo económico que venía aplicando el imperialismo norteamericano, fue instrumentar la reorientación geográfica del comercio exterior de Cuba y muy específicamente de las importaciones del área capitalista hacia los países socialistas, especialmente la Unión Soviética.

La URSS había brindado su apoyo al comprar el azúcar que hubo que desviar del mercado de los Estados Unidos, a causa de las medidas tomadas por ese gobierno, así como vender el petróleo y sus derivados que tampoco las empresas estadounidenses querían suministrar, respondiendo a las decisiones de su gobierno.

Ahora, ¿realmente se logró avanzar en el propósito de sustituir importaciones?

Indudablemente que sí, sobre todo porque el bloqueo norteamericano a partir de 1960 convirtió la sustitución de importaciones en una alternativa de vida o muerte para la independencia del país.

Sin embargo, como muchas otras cosas, careció de una implementación sistemática necesaria y perdió la prioridad que requería al encontrarse un mercado en los países socialistas europeos y asiáticos que proveía un amplio surtido de mercancías, si bien no siempre de muy buena calidad, en muchos casos si con facilidades de pago sumamente atractivas para nuestra situación. Al mismo tiempo eso significaba niveles de endeudamiento que aun pesan en el momento de adquirir nuevos compromisos de compra.

Así se llegó al hecho de que alrededor del 80-85 % del intercambio comercial se realizaba con países socialistas europeos y en particular con la Unión Soviética.

El 15% restante del intercambio externo se efectuaba en las condiciones del mercado mundial y en moneda convertible. Sin embargo este intercambio tenía un carácter complementario muy importante, pues amortiguaba limitaciones (ocasionales o permanentes) en la oferta del área socialista y también aportaba recursos.

Los años del CAME

La década del setenta se caracterizó por un cambio cualitativo en el comercio exterior debido a la incorporación de Cuba al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) a partir del XXVI período de sesiones celebrado en Moscú del 10 al 12 de julio de 1972. Con este paso, la colaboración económica entre Cuba y la comunidad socialista entró en una fase superior: la de la integración.

Los precios preferenciales que se obtenían en el comercio con los países socialistas para algunos de nuestros productos de exportación más los créditos blandos concedidos estimularon la importación a niveles sin precedentes y también la exportación de rubros tradicionales y no tradicionales.

A pesar de los esfuerzos realizados a partir de 1959, la estructura de las exportaciones era similar a la heredada de la época colonial con la preeminencia de productos básicos como el azúcar, el tabaco, el café, las mieles, el ron, el níquel y después una miscelánea de renglones en pequeños volúmenes que representaban menos del 20% del total. Al calor de la necesidad de sustituir importaciones y desarrollar el país surgieron o se potenciaron en las décadas de los 60 y los 70 ramas de la economía como la industria sideromecánica, la electrónica, la pesca en gran escala, la marina mercante, la industria química, la de derivados del azúcar, etc., que no solo lograron sustituir importaciones sino incrementaron nuestras exportaciones.

Se estabilizaron nuevas ramas de la economía nacional, se estimularon otras y, paralelamente, se diversificaron las importaciones con el crecimiento de renglones prácticamente inexistentes antes como las plantas completas o que ocupaban un lugar secundario como maquinarias y equipos.

Después se diversificaron en menor medida las exportaciones con el crecimiento importante de las ventas de cítricos y cemento y el surgimiento de exportaciones nuevas como ollas de presión, refrigeradores, ventiladores, cafeteras, cocinas de gas y keroseno, tableros de bagazo, otros derivados de la industria azucarera y maquinarias e implementos agrícolas. Se llegaron a incluir equipos industriales como las cosechadoras y alzadoras de caña, maquinarias y piezas para la industria azucarera y centrales azucareros completos, demostrando que si se puede.

Pero, ¿fue suficiente? Evidentemente no.

El comercio exterior de bienes del país, básicamente por las importaciones, dio un salto espectacular pasando de 579,9 millones de pesos en 1960 a 7 432,5 millones de pesos en 1990.

Fidel Castro, en el I Forum de Energía de 1984 señalaba:

"La mentalidad de los cuadros, de todo el mundo, es importadora. Hasta ahora, en general, la mentalidad de los cuadros, de todo el mundo es importadora; necesito esto, necesito lo otro, me hace falta esto, me hace falta lo otro. Todo el mundo. Quiero tal equipo, quiero tal máquina, quiero tal computadora, quiero tal materia prima. Nadie dice nunca: voy a dar esto; vamos a producir esto para exportar. Nos hemos acostumbrado realmente a solicitar importaciones. Cada vez que vemos un problema, lo queremos resolver con importaciones; cada vez que tenemos una necesidad, la queremos resolver con importaciones. A veces creamos necesidades que generan importaciones, y casi nunca se piensa en lo contrario: generar productos para exportar, generar exportaciones. Luego, es fundamental, y en eso se ha estado ya trabajando, y no se debe perder un minuto. Se venía haciendo este esfuerzo; pero ahora hay que hacerlo con mucha más conciencia, con mucha más eficiencia, con mucha más sabiduría. Y en el plan de inversiones, prioridad absoluta —repito— a las producciones que sustituyan importaciones o generen exportaciones."

En el período especial

De tal manera ha sido así que si bien en el periodo pre revolucionario en general la balanza comercial fue positiva, a partir de 1959 las importaciones de bienes y servicios comenzaron a separarse cada vez más de las exportaciones, creciendo el déficit comercial y de pagos, producto fundamentalmente de la fuerte política inversionista en medios de producción.

Sin embargo, a finales de los años 80 ya había señales del endurecimiento de las condiciones de intercambio de manera desfavorable para Cuba por parte del campo socialista europeo y de la URSS en proceso de derrumbe. Así se crearon mecanismos para una mayor priorización del trabajo económico, entre otros la existencia del llamado Grupo Central adscrito al Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros que contaba con un subgrupo orientado a impulsar las exportaciones y otro subgrupo que trabajaba en la búsqueda de la sustitución de importaciones.

La desaparición del modelo de relaciones con los países del CAME en junio de 1991 (su última reunión, celebrada en Budapest, Hungría) no sólo fue el factor desencadenante de la crisis de la economía cubana, sino que dio fin a un modelo de integración económica basado en la colaboración y no en intereses puramente comerciales. Con su desaparición, consecuencia de la desaparición del campo socialista europeo, se iniciaba un período de relaciones comerciales "salvajes", en las que sólo primaría el interés del más fuerte por obtener mayores ganancias.

Los acontecimientos en la esfera internacional llevaron a la economía cubana a una profunda crisis y marcaron el inicio, a partir del año 1991, del llamado Período Especial en Tiempo de Paz.

Surgió así la necesidad de realizar un conjunto de transformaciones en la esfera económica que permitieran resistir, frenar la caída de la economía nacional en todos los sectores y ramas, y comenzar un proceso de recuperación que hiciera que las empresas, basadas fundamentalmente en sus propios esfuerzos y condiciones de eficiencia y competitividad, lograran la reinserción en la economía mundial, manteniendo su esencia de economía socialista.

Por segunda vez en tres décadas, la economía cubana tuvo que enfrentar condiciones externas extremadamente adversas que en la práctica significaban un doble bloqueo.

Se perdieron los mercados seguros de exportación y los precios favorables que se habían alcanzado. En dos años el país perdió el 50% de su capacidad de compra y, consecuentemente, redujo sus importaciones anuales en un 75%, de más de 8 000 a unos 2 000 millones de pesos.

En 1993 el intercambio había tenido un decrecimiento estimado en un 11.1 % con relación a 1992 y de 72.7 % en comparación con 1989.

Producciones vinculadas a exportaciones tradicionales se redujeron, como el azúcar que pasó de 7,6 millones de toneladas en 1989 a 2,2 millones en 1992.

En 1990 la prensa nacional se hacía eco con bastante frecuencia a la necesidad de la sustitución de importaciones en condiciones del llamado "Periodo Especial".

En los lineamientos de la Resolución Económica del V Congreso del Partido Comunista de Cuba celebrado en 1997, el ahorro en el consumo material, la necesidad de mejorar los rendimientos en la producción de alimentos y los resultados de sectores como combustible y energía, alimentos y medicamentos, fueron priorizados en la consecución de estos objetivos de carácter estratégico.

En las transformaciones del régimen de importación que esta situación generó pudieran diferenciarse dos etapas de acuerdo al grado de centralización de la actividad. La primera se enmarcó desde 1990 hasta 2003 y se caracterizó por un proceso descentralizador.

Cambios a partir de 2004

La segunda etapa, iniciada en el año 2004, se ha caracterizado por el fortalecimiento de los mecanismos centralizadores en la gestión del comercio exterior.

Para el 2005 el comercio exterior de Cuba ya había crecido un 23%, y el intercambio comercial se acercó a los 10 000 millones de pesos, con lo cual se superó lo registrado en 1991. El crecimiento de las exportaciones de bienes y servicios en 2005 compensó los gastos de las importaciones.

Durante el 2006 el comercio exterior cubano continúo su ritmo de crecimiento, sobresaliendo entre los cambios ocurridos el aumento del peso de los servicios que ya alcanzaron 70% del total de las exportaciones del país.

El 2007 fue un año importante para el comercio exterior cubano. Nuestras exportaciones continuaron la dinámica ascendente desde el 2004 y en el 2007 hubo un incremento bastante significativo, ello fundamentalmente debido al incremento del precio del níquel y al aumento de las exportaciones de gasolina.

Ese año concluyó con un intercambio de bienes y servicios por un monto de más de 22 000 millones de pesos, de los cuales algo más de 8 000 correspondieron a servicios y 14 000 a bienes, aproximadamente. Esto significó un incremento del intercambio de bienes aproximadamente del 11% en comparación con las cifras alcanzadas en el 2006. Este aumento se reflejó tanto en las exportaciones como en las importaciones.

Las importaciones continuaron creciendo, esta vez un 6%, para un total de 10 000 millones de pesos, destacándose las compras de combustibles y lubricantes (24%), máquinas, equipos y partes (23%), alimentos (17%), metales y manufacturas (6%) y los vehículos y materiales de transporte (6%).

En la distribución por zonas geográficas América se consolida como el primer socio comercial, seguida de Europa, Asia y Medio Oriente, África y Oceanía.

Según el documento "Proyecto de Estrategia Nacional de las Exportaciones" elaborado por el Centro de Promoción del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera de Cuba (CEPEC) en abril del 2009, en el periodo 2001-2007 el valor de las exportaciones de bienes y servicios creció a un promedio anual del 16,1 %, lo cual significó un crecimiento de más de 7 000 millones de pesos.

Los bienes incrementaron sus exportaciones en el periodo 2001-2008 en 2 080 millones de pesos para un crecimiento anual de 11,2 %.

Este crecimiento en los bienes, sin embargo, no fue suficiente para alcanzar el valor logrado en 1990 (5 420 millones de pesos contra 3 664 en 2008), y su dinámica fue muy inferior al de las importaciones de bienes. Esto provocó una ampliación del déficit comercial de bienes, cuyo valor superó los 6 000 millones de pesos, y que fue financiado fundamentalmente por la exportación de servicios, las cuales revierten la tendencia hasta alcanzar un superávit a partir del 2004.

La balanza comercial ha continuado su tendencia positiva alcanzando un superávit de 3 900 millones de pesos en comparación con los 2 000 millones de pesos en el 2009.

En el caso de los servicios, continuó el crecimiento de la dinámica de los "otros servicios" siendo estos 2.5 veces superior a los ingresos reportados por el turismo en el 2007.

La actividad turística fue la principal fuente de ingresos hasta el 2003 pero con la puesta en práctica de los acuerdos de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) los ingresos por otros servicios tuvieron un crecimiento considerable y su valor se multiplicó por 7 en los años 2003-2007.

Entre estos se destacaron los servicios profesionales vinculados a la salud, telecomunicaciones, deportes, educación, agricultura, industria, construcción, cultura e informática, entre otros.

El sector de los servicios representa en Cuba más del 70% de los ingresos del comercio exterior.

Los sucesos más recientes

En los años 2008 y el 2009, como consecuencia de desastres naturales y la crisis económica a nivel internacional, la situación comenzó a cambiar y el comercio exterior decreció, limitándose nuevamente las importaciones e impulsándose la política de sustitución de importaciones y el fomento de las exportaciones.

Venezuela ha adquirido un peso considerable en las relaciones económicas de Cuba. Del intercambio total de bienes y servicios Venezuela abarca aproximadamente el 20 % del total y del total de la exportación de servicios casi un 70%.

Pareciera que la política de limitación de las importaciones, sustitución de las mismas é incremento de las exportaciones comienza a dar resultados aunque, en este último caso lo determinante ha sido el incremento en los precios en algunos renglones de nuestras exportaciones como el níquel y los combustibles.

Los esfuerzos más serios para la sustitución de importaciones se hicieron quizás a partir del 2007 cuando se elaboró, bajo la dirección del MINCEX, un balance de las posibilidades de producciones para sustituir importaciones con un saldo de más de 200 millones de pesos anuales y eventualmente un ahorro de más de mil millones de dólares en el corto plazo. Este balance sigue vigente y es lo que ha servido de base para este capítulo del Plan de la Economía Nacional 2011- 2015.

Sin embargo se mantiene una dependencia importante, inconveniente, de la importación de alimentos y de combustible. Las importaciones de alimentos que eran de alrededor de 1000 millones de dólares cada año, han crecido a 2000 millones de dólares debido a la tendencia al alza de los precios y es una importación insuficiente porque las necesidades son mayores en base a la distribución social e igualitaria que se hace de los mismos.

Se produce también una importación de combustibles que evidentemente va creciendo. En la medida que el país crece, crece la demanda de combustible. Ha crecido nuestra producción nacional, pero tenemos que importar más de 6 millones de toneladas al año.

Caso aparte ha sido el de las exportaciones.

En 1989 se concentraba en los países socialistas el 63% de las exportaciones de azúcar, el 73% del níquel, el 95% de los cítricos y el 100% de las piezas y componentes electrónicos. De esa área se importaba el 63% de los alimentos, el 86% de las materias primas, el 98% de los combustibles el 80% de las maquinarias y equipos y entre el 72 y 75% de las manufacturas.

Las exportaciones se redujeron de 5 392 millones de pesos en 1989 a 1 779 millones en 1992 mientras que las importaciones disminuyeron de 8 124 millones a 2 315 millones. Las exportaciones por tanto se redujeron un 67% y las importaciones un 72%.

En 1998 las importaciones crecieron en un 19,9 % y las exportaciones apenas un 0,6 %, tendencia insostenible para un país sin acceso estable a otras fuentes de financiamiento. El déficit comercial de bienes no se cerraba, incrementándose de manera alarmante hasta el año 2004, cuando esta tendencia comenzó a revertirse, como veremos más adelante, compensándose con las exportaciones de servicios.

A lo largo del período, las exportaciones reflejan un comportamiento errático con niveles muy por debajo de las importaciones, lo que provocó la presencia de déficits cada vez mayores en la balanza comercial.

Se aprecia aún una significativa preponderancia de los productos tradicionales que por su peso económico, resultan determinantes en los resultados globales en torno a la eficiencia y eficacia de este indicador.

No obstante dentro de las exportaciones no - tradicionales se destaca, por su peso e importancia económica, un conjunto de familias de productos que determinaron aproximadamente el 76% y 84% de las mismas en los años 2000 y 2001. Estas familias de productos en orden de importancia incluyen:

* Cítricos frescos e industrializados

* Productos de la industria siderúrgica

* Medicamentos genéricos y biotecnológicos

* Productos de la industria alimenticia

* Combustibles minerales y aceites

* Chatarra

* Piedras, metales preciosos y joyería

* Miel de abejas

* Máquinas, aparatos y artefactos mecánicos

* Productos varios de la metal-mecánica

* Alambres, cables eléctricos y telefónicos

* Productos de la industria textil y de confecciones.

En su dinámica de crecimiento comparativo correspondió a los medicamentos genéricos y biotecnológicos el mayor crecimiento, lo que constituye un gran desafío.

En el año 2007 las exportaciones registraron un incremento bastante significativo del 27%, alcanzando un total de unos 8 000 millones de pesos y manteniendo la dinámica de crecimiento iniciada en el 2004, cuando alcanzó un valor por encima de los 3000 millones.

En este crecimiento se destacó el níquel con un 56% debido al aumento favorable de los precios en el mercado internacional. Sin embargo, en este período decrecieron otros renglones tradicionales como el tabaco (6%) y el azúcar y sus derivados (8%), también influenciados por la disminución de sus precios.

Dentro del grupo de productos no tradicionales crecieron los combustibles, fundamentalmente con el aumento de las exportaciones de gasolina. Igualmente, la exportación de minerales, aceites y su destilación presentaron un saldo favorable. En su conjunto las exportaciones de estos productos crecieron en un 27%.

Los principales destinos de las exportaciones cubanas han sido Venezuela, China, Canadá, Holanda y España, seguidos por Rusia, Brasil y varios países del Caribe, Europa Occidental y Asia.

A partir del 2008, como ya se mencionó, el comercio de bienes y servicios disminuyó su tendencia creciente como consecuencia de las nuevas y serias afectaciones a la economía cubana producto de fenómenos naturales devastadores y la crisis económica internacional, que obligaron a congelar cuentas de suministradores extranjeros en Cuba y reducir drásticamente los recursos destinados al comercio exterior y las inversiones.

Sin embargo, las exportaciones han manifestado una tendencia al crecimiento y las importaciones se han reducido, fundamentalmente debido a precios crecientes en las exportaciones y políticas restrictivas en las importaciones, pero el volumen total se ha mantenido estable.

Como consecuencia de la actual situación económica de Cuba, la composición de las exportaciones ha sufrido variaciones muy importantes. Mientras en 1989 el 73% de las exportaciones estaba constituido por el azúcar y sus derivados, en 1998 el peso de estos productos solo alcanzó el 42%.

En este contexto el incremento de la exportación de servicios reviste una especial relevancia para el desarrollo estratégico de nuestra economía y en la política de diversificación de las exportaciones. Las exportaciones de servicios deben conducir a un equilibrio entre el total de las importaciones y las exportaciones cubanas.

Ciertas exportaciones de bienes pueden propiciar la exportación de los servicios relacionados y viceversa y constituyen una vía para el fomento de ambas modalidades.

Medidas en MINCEX

En 1977 el Ministerio del Comercio Exterior creó la Dirección de Promoción de Exportaciones, la cual, diez años después, tenía en cuenta más de 90 renglones con posibilidades de ser desarrollados para la exportación.

A finales de la década del 90, dándole un nuevo impulso al desarrollo de las exportaciones, el CEPEC inicio un Programa Nacional de Incentivos para el Fomento de las Exportaciones al calor del cual se instituyó el Premio Nacional al Exportador.

En abril del 2009 se propuso una Estrategia Nacional de Exportaciones y se elaboró un Programa de Fomento de las Exportaciones 2010-2015 que trabaja con más de 90 productos en su primera etapa.

Por su parte el MINCEX ha elaborado programas específicos de desarrollo de los fondos exportables. Estos programas son los relacionados con las frutas y los vegetales frescos, las conservas, los hemoderivados, los productos de la acuicultura y la camaronicultura así como la miel de abejas orgánica.

Aunque los programas integrales de desarrollo de las exportaciones de los cinco grupos de productos están concebidos para que se observen los logros en un plazo de 3 a 5 años, ya se palpan mejoras cualitativas tales como las coordinaciones entre los integrantes de las cadena de valor de los productos, un carácter más integral de los programas de acción y un mayor compromiso para la solución de los problemas.

Existe una comisión gubernamental presidida por el ministro de Economía y Planificación y con la participación de vicepresidentes, ministros y otros funcionarios del gobierno, y grupos de trabajo que se encargan de analizar la marcha de la sustitución de importaciones y el fomento de las exportaciones y adoptar las medidas que se requieran.

Igualmente, en sentido territorial, existen Comisiones de Sustitución de Importaciones y Fomento de las Exportaciones con la participación del Partido, el Gobierno, los delegados del MINCEX, de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores (ANEC) y los delegados territoriales de los organismos productores, exportadores e importadores.

El trabajo del MINCEX en el desarrollo y promoción de la oferta cubana de bienes y servicios ha estado dirigido fundamentalmente hacia:

  • La detección y solución de problemas internos que obstaculizan las exportaciones.

  • La identificación de oportunidades de negocios.

  • Facilitar a los empresarios el acceso a los mercados extranjeros.

En los próximos años y con el objetivo de alcanzar un más rápido desarrollo de las exportaciones, se requerirá del estudio, evaluación y puesta en práctica de un grupo de medidas adicionales, entre las que sobresalen:

  • Crear el servicio de seguro al crédito a la exportación.

  • Introducir nuevos incentivos a las exportaciones.

  • Priorizar y apoyar de manera efectiva la producción de renglones para la sustitución de importaciones y la exportación.

  • Dirigir la inversión extranjera a la creación de empresas mixtas o asociaciones económicas internacionales con proyectos cuyo objetivo sea la exportación.

  • Fomentar el uso del comercio electrónico para la comercialización de bienes y servicios de exportación.

Por otra parte, los lineamientos del VI Congreso del PCC establecen objetivos para la sustitución de importaciones y el fomento de las exportaciones, los que pueden apreciarse en otras páginas de esta publicación.

En el proceso de sustitución de importaciones se aprecian avances en los energéticos, con el uso creciente del petróleo crudo nacional en sustitución del fuel importado. También hay un discreto incremento de la presencia de productos cubanos en los abastecimientos al turismo.

Surgimiento del ALBA

Inspirada en las ideas del libertador Simón Bolívar, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) surgió oficialmente el 14 de diciembre de 2004, cuando los presidentes de Cuba y Venezuela suscribieron el acuerdo, en coincidencia con el décimo aniversario de la primera visita de Hugo Chávez a La Habana.

En diciembre de 2004, los mandatarios de Cuba y de Venezuela firmaron una Declaración Conjunta en apoyo al ALBA, nueva forma de integración económica entre los países de la región, sobre bases de cooperación, igualdad y respeto mutuo, propuesta por el Presidente Hugo Chávez en contraposición a los intentos de constituir el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), con su enfoque neoliberal, bajo el patrocinio de los Estados Unidos de América.

En abril de 2005 se firmaron 49 acuerdos para poner en vigor los principios del ALBA entre Cuba y Venezuela. Bajo este proyecto de integración, se han constituido Petrocaribe, Telesur y se sigue avanzando en los intentos de impulsar el desarrollo económico de la región con nuestros propios esfuerzos.

En el área económica se constituyeron varias empresas conjuntas, como la Constructora ALBA para edificar obras sociales y objetivos económicos en Venezuela y más tarde en Cuba y otros países.

El sector bancario también se favoreció. Se crearon el Banco de Exportación de Cuba en Venezuela, filial del Banco Exterior de la Isla, y el Banco Industrial Venezolano en Cuba.

Nuestro país se beneficia de la compra de petróleo a Venezuela sobre las bases del Pacto Energético de Caracas, cuyos fundamentos se aplicaron en la constitución de Petrocaribe, para el suministro a naciones caribeñas con precios y condiciones de pago preferenciales y también con importantes inversiones como las del Polo Industrial de Cienfuegos.

Durante la VI Reunión de la Comisión Mixta celebrada en Caracas en el 2005, se aprobó un presupuesto de 834 millones de dólares para ejecutar 209 proyectos en esferas clave del desarrollo económico y social bilateral.

A partir de 2006 se fueron incorporando al ALBA sucesivamente Bolivia, Nicaragua, Dominica, Ecuador, Antigua y Barbuda, y San Vicente y las Granadinas.

Uno de los planes más importantes del ALBA es garantizar el desarrollo energético de la región.

La creación de empresas regionales de petróleo, como Petroandina, Petrocaribe y Petrosur, con facilidades de pago, y el llamado Gran Gasoducto del Sur, con la incorporación de Venezuela, Argentina, Brasil y Bolivia, para lograr la liberación energética de América Latina, ejemplifican la expansión de las ideas contenidas en esta forma de integración.

Retos para el comercio exterior cubano

Sin embargo, lo anterior es aún insuficiente.

A pesar de los esfuerzos realizados después del triunfo de la Revolución de 1959, Cuba sigue siendo y parece que lo seguirá siendo durante bastante tiempo, un país dependiente de su comercio exterior, tanto de bienes como de servicios.

En este contexto, en que además, las importaciones tradicionalmente tienen un peso mayor que las exportaciones de bienes, ha sido, y sigue siendo un imperativo no logrado, reducir las importaciones a través de su ahorro, uso más eficiente, su sustitución y el incremento de las exportaciones.

Por esto, debe reiterarse que en la actual coyuntura económica internacional que caracterizará nuestro futuro inmediato, la producción de alimentos se ha convertido en un tema de seguridad nacional, y la sustitución de importaciones y la exportación en necesidades estratégicas.

No hay que olvidar que antes de 1959 Cuba exportaba no solo azúcar sino otros productos, aunque en pequeñas cantidades como minerales, calzado, manufacturas de cuero, cigarrillos, productos químicos y farmacéuticos, aceites y grasas, perfumería, aguas minerales, refrescos, cemento, sogas y productos agroindustriales como huevos, frutas frescas, carne, pescados, mariscos y productos lácteos, legumbres, cereales, tubérculos y granos, madera, flores frescas, dulces y confituras, alimentos en conserva.

Asimismo en la década del 80 del siglo pasado llegó a exportar productos industriales desde maquinaria agrícola como las combinadas cortadoras y alzadoras cañeras, cables eléctricos, tableros de bagazo y acumuladores hasta cafeteras, ollas de presión y refrigeradores.

Sabemos por experiencia que es más fácil decirlo que hacerlo pero hay que hacerlo si queremos mantener algún grado de independencia económica.

Obviamente la sustitución de importaciones tiene que estar basada en la competitividad y calidad de la producción nacional al igual que la destinada a las exportaciones por lo que, en primer lugar, el reto es productivo, o sea que la industria, la agricultura y toda la cadena productiva sean capaces de modernizarse y desarrollarse.

Esto lleva a su vez al concepto que no debe haber, como norma, ninguna gran inversión en Cuba que no esté orientada en alguna de sus etapas a la sustitución de importaciones y a la exportación de manera paralela, dada la escala de la economía de nuestro país. Esto conllevará la ventaja de que nuestro pueblo, tras largos años de espera, también disfrutara de productos de calidad para su consumo.

La posibilidad de lograr lo anterior se avizora en la venta de productos nacionales en la tiendas de comercio en divisas del mercado interno, la que todavía es insuficiente (menos del 60% el total) e inestable.

Aun con productos de diferentes niveles de calidad es posible sustituir algunas importaciones y exportar a partir de diferentes niveles de precios. El país tuvo experiencias positivas en la década de los años 80, donde fue capaz de vender un surtido bastante amplio de renglones exportables no tradicionales aplicando diferentes técnicas que incluyeron operaciones de trueque y pago de deuda e identificación de más de 90 nuevos renglones con posibilidades de desarrollo como fondos exportables o de sustitución de importaciones.

O sea, resumiendo, opino que el país es capaz de vender casi todo lo que produzca claro que sobre la indispensable base de la rentabilidad porque las posibilidades de subvenciones son muy limitadas e indeseables salvo por razones de interés nacional.

Desde luego que lo anterior implica el uso eficiente y el desarrollo de las capacidades productivas, la obtención de financiamiento para el desarrollo y la ejecución de proyectos y la adecuada retribución a los productores y proyectistas. Implica también el uso eficiente y el desarrollo de la infraestructura necesaria mas una política audaz y creadora que priorice a nivel nacional estos objetivos.

Paralelamente es necesario hacer más eficiente la gestión del comercio exterior donde la descentralización generalizada y la improvisación de cuadros y técnicos nos han conducido a costosas ineficiencias y deformaciones, viejas y nuevas.

Todo lo anterior no quiere decir que no se haya trabajado en estas direcciones y que no se hayan obtenido avances pero aun son insuficientes.

El Ministerio del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera por su parte tendrá que continuar perfeccionando sus estructuras, métodos y concepciones de trabajo para orientar el gigantesco esfuerzo.

Por tanto, nuestros objetivos más inmediatos y perspectivos son continuar el proceso de sustitución de importaciones, el incremento de las exportaciones de bienes tradicionales, no tradicionales y de servicios, persistir en la diversificación de la orientación geográfica de nuestro intercambio comercial y el establecimiento de relaciones comerciales crecientes con países y empresas comercializadoras extranjeras,

Es también necesario seguir incrementando la eficiencia de nuestras empresas y de todo el sistema del comercio exterior, entre otros medios, por la vía de la capacitación cada día más especializada de todos los trabajadores, y derrotar definitivamente el criminal bloqueo económico y comercial que el imperio norteamericano ejerce de manera cada vez más feroz contra nuestro pueblo.

El comercio de servicios es un tema con sus particularidades específicas. La experiencia cubana en este sentido puede ser válida, para muchos.

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