En este signo astrológico Hércules pasa victoriosamente
a través de su prueba más grande, de manera que de ahí
en adelante su problemática cambia sustancialmente, pues ha conseguido
controlar y vencer al deseo y ha demostrado su capacidad para enfrentarlo y
derrotarlo. En lo sucesivo su visión y su punto de vista están
estabilizados y equilibrados, y ya no puede ser engañado por la apariencia
de las formas, y siendo ya apto para caminar seguro en la Luz, se convierte
por fin en un trabajador al servicio del mundo.
En esa ardua tarea el aspirante en Escorpio está regido fundamentalmente
por dos planetas como son Marte y Mercurio (además de un tercero, Plutón).
Marte le proporcionará, para lo bueno y para lo malo, la fuerza del 6º
Rayo que conduce al idealismo, al fanatismo destructivo a veces, a la batalla
y a la guerra, al esfuerzo y a la aspiración y evolución. Por
medio de Mercurio el aspirante accederá al discernimiento y ponderación
indispensables para concienciar su problemática y su estrategia de liberación,
y a través de su influencia la mente será iluminada y se establecerá
relación y encuentro entre la personalidad y el alma.

El Gran Presidente, vestido de radiante calma, dijo solamente una palabra. El Maestro oyó la orden de oro, y convocó a Hércules, el hijo de Dios que era también el hijo del hombre.
"La luz brilla ahora en el octavo Portal", dijo el Maestro. "En el antiguo Argos hubo una sequía. Amimona suplicó la ayuda de Neptuno. Éste le ordenó que golpeara una roca, y cuando ella lo hizo, brotaron tres corrientes cristalinas; pero prontamente una hidra hizo allí su morada.
"Junto al Río Amimona, está el infesto pantano de Lerna. Dentro de esta fétida ciénaga yace la monstruosa hidra, una calamidad en la comarca. Esta criatura tiene nueve cabezas, y una de ellas es inmortal. Prepárate a combatir con esta repugnante bestia. No pienses que pueden servirte, medios ordinarios; destruyes una cabeza, dos crecen aceleradamente". Hércules esperaba con expectación.

"Yo
sólo puedo dar una palabra de consejo", dijo el Maestro. "Ascendemos
arrodillándonos; vencemos cediendo; ganamos renunciando. Ve. ¡Oh, hijo
de Dios e hijo del hombre, y vence!" Entonces, Hércules pasó a
través del octavo Portal.
El estancado pantano
de Lerna era una mancha que desalentaba a todos los que llegaban a sus confines.
Su hedor contaminaba toda la atmósfera en un espacio de siete millas.
Cuando Hércules se aproximó, tuvo que detenerse, pues sólo
el olor casi lo venció. La cenagosa arena movediza era un peligro, y
más de una vez Hércules rápidamente retiró su pie
temiendo que fuera succionado por la tierra floja.
Finalmente encontró
la guarida donde moraba la monstruosa bestia. Dentro de una caverna donde reinaba
perpetua noche, la hidra estaba oculta. De día y de noche Hércules
rondaba el traicionero pantano, esperando el momento propicio en que la bestia
saliera. Vigilaba en vano. El monstruo permanecía dentro de su fétida
ciénaga.
Recurriendo a una estratagema,
Hércules sumergió sus flechas en brea ardiendo y las hizo llover
directamente dentro de la bostezante caverna donde moraba la horrible bestia.
Una agitación y conmoción sobrevino al punto.
La hidra emergió,
con sus nueve encolerizadas cabezas exhalando llamaradas. Su escamosa cola azotaba
furiosamente el agua y el barro salpicando a Hércules. A tres brazas
de altura se levantó el monstruo, una cosa de tal fealdad que parecía
como si hubiera sido hecha con los más impuros pensamientos concebidos
desde que empezó el tiempo. La hidra se abalanzó sobre Hércules
y buscó enrollarse alrededor de sus pies. El se apartó y le asestó
un golpe tan demoledor que una de sus cabezas fue inmediatamente separada. Apenas
había esta horrible cabeza caído dentro del pantano, dos crecieron
en su lugar. Una y otra vez Hércules atacó al furioso monstruo,
pero con cada asalto se volvía más fuerte, no más débil.
Entonces Hércules
se acordó que su Maestro había dicho, "nos elevamos arrodillándonos".
Arrojando a un lado su garrote, Hércules se arrodilló, agarró
a la hidra con sus manos desnudas y la levantó en el aire. Suspendida
en medio del aire, su fuerza disminuyó. De rodillas entonces, él
sostuvo a la hidra alto por encima suyo para que el aire y la luz purificadoras
pudieran tener su esperado efecto. El monstruo, fuerte en la oscuridad y el
pantanoso barro, pronto perdió su poder cuando los rayos del sol y el
contacto del viento cayeron sobre él.
Se esforzó convulsivamente,
pasando un estremecimiento a través de su repugnante figura. Más
y más desfallecida se hizo su lucha hasta que fue vencida. Las nueve
cabezas se inclinaron, luego con jadeantes bocas y vidriosos ojos cayeron flojamente
hacia adelante. Pero sólo cuando ellas yacían sin vida, Hércules
percibió la mística cabeza que era inmortal.
Entonces Hércules
cortó la cabeza inmortal de la hidra y la enterró, silbando todavía
ferozmente, debajo de una roca.
Retornando, Hércules
se paró delante de su Maestro. "La victoria ha sido lograda", dijo
el Maestro. "La luz que brilla en el octavo Portal está ahora mezclada
con tu propia luz". 1
Se suele decir en los círculos esotéricos astrológicos que básicamente hay dos crisis mayores en la vida de todo aspirante: 1) cuando el hombre inteligente y maduro se vuelve hacia sí mismo y hacia las necesidades del Alma, lo cual termina conduciéndole a las pruebas de Escorpio, para convertir el deseo de Tauro en aspiración espiritual y la personalidad vigorosa y materialista de Virgo en muerte de la misma al servicio del alma. Y 2) cuando el iniciado de 3º grado –en una vuelta más de la espiral ascendente- se reorienta hacia la Mónada y pasa por pruebas más sutiles hacia reconocimientos espirituales superiores.
Miremos un poco más detalladamente a la
experiencia del hombre aprendiz de lo espiritual en Escorpio.
Tras el balance tranquilo y pensativo del aspirante en Libra, continúa
éste su curso evolutivo en la rueda de la vida, y en Virgo pasará
por experiencias de vida material que engrosarán y realimentarán
el fardo de su personalidad, hasta que finalmente, en el momento en que
ese ego personal sea firme, adulto y poderoso, tan brillante y autosatisfecho
de sus logros personales que haya cumplido y realizado todos sus fines y experiencias
prácticas, en Escorpio terminará atrayendo inevitable e inconscientemente
las pruebas y conflicto y batalla entre su alma y esa personalidad egóica,
siempre bajo la dirección y magisterio de su propio alma.
Podríamos simplificar ese curso evolutivo e iniciático de la secuencia
de vidas del aspirante ordenándolas, siempre de una manera prudencial
y en términos relativos pues las vías del alma no se adecuan en
todo caso a nuestro raciocinio cartesiano, en un sentido astrológico
de la forma siguiente: a) En Leo adquiriría la necesaria concentración,
individualización y autoconciencia. b) En Virgo se introduciría
en un período de gestación y materialización, de construcción
de una personalidad inteligente y práctica. c) En Libra pasaría
por una época de contemplación, balance y equilibrio entre el
alma y la personalidad en que aquélla se prepara para la batalla a través
del sendero de probación. d) En Escorpio podría entrar en un período
de iluminación creciente en que, tras pasar y trascender las pruebas
a las que se somete voluntariamente el aspirante, el alma triunfa sobre
el glamour y el espejismo de la personalidad y la luz del alma del ya discípulo
se vierte en el sendero del discipulado. e) En Sagitario el discípulo
se prepararía para la iniciación, el alma del ya iniciado se expresa
ya a través de la personalidad al servicio. f) En Capricornio advendría
esa Iniciación, la Transfiguración del alma. g) En Acuario total
servicio. h) En Piscis sobrevendría la liberación final, el deseo
es solo divino y espiritual, el Cristo Cósmico. En todo caso se debe
de leer cuidadosamente este posible mapa y distinguir entre gente que se halla
en la rueda ordinaria de sus encarnaciones y aquellos discípulos que
están ya en la rueda invertida, es decir en el sendero definitivo hacia
el alma y el espíritu, siendo éste el sentido estricto al que
nos referimos en toda esta lectura del signo astrológico que nos ocupa.

En Escorpio la personalidad ha de ser ineludiblemente humillada y derrotada, subyugada y literalmente asfixiada, y entonces es cuando resucitará al aire y a la luz, para desde ese momento convertirse en servidora del alma. Esto es bellamente expresado en la leyenda de Hércules que hemos transcrito, el Dios solar que vence a la Hidra de las 9 cabezas o serpiente del deseo, obligándose él mismo a ponerse de rodillas y desde esa posición de humildad levantar a la serpiente al aire de la consciencia, y entonces es cuando sobrevendría la liberación. Por todo ello se dice que en Escorpio el discípulo se convierte eventualmente en discípulo triunfante tras haber descendido a las profundidades infernales, y que es un signo de muerte al dar muerte esotérica a la personalidad, que queda enterrada, para en un momento posterior volver a las alturas cuando ascienda al pico de la montaña en Capricornio.
Es por ello que analógicamente la Tradición Esotérica nos dice que de los tres Hijos de Dios, Hércules, Buda y Cristo, en Escorpio Hércules se convirtió en discípulo triunfante, en Tauro Buda alcanzó la victoria final sobre el deseo y llegó a la iluminación, y en Piscis Cristo venció a la muerte convirtiéndose en salvador del mundo. Hércules en Escorpio está gobernado por la estrella Sirio, el Perro, y por eso Escorpio rige el sendero del discipulado, pues Sirio es la gran estrella de la Iniciación, porque nuestra Jerarquía (expresión del segundo aspecto de la divinidad) está bajo la supervisión y control magnético espiritual de la Jerarquía de Sirio. Por tanto es en el signo Escorpio donde el Hijo Pródigo se vuelve hacia sí mismo, y tras haber probado todas las mieles y cáscaras de la vida y haber agotado todas las fuentes del deseo y de la ambición mundanas, afirma ya conscientemente: "Yo ascenderé e iré a mi Padre".
De ahí que las palabras clave de Escorpio son "Decepción" y "Triunfo"; hartazgo e insatisfacción de los goces materiales y formales de la vida y desencadenamiento de la lucha en medio de la noche oscura a la búsqueda de la luz espiritual, y por ello se establece ese conflicto de los opuestos que son guerra y paz, en el paso del control de Maya al control del Alma, en los que el discípulo se identifica afirmando: "Yo soy un Guerrero, y salgo triunfante de la batalla". Es entonces cuando su dualidad esencial es puesta a prueba y es cuando el discípulo cae en ese miserable estado en que no es ni un alma ni una forma, pues está en un continuo estado de ardua y seca transición.
Si en Tauro el foco está puesto en el deseo que conduce a la muerte y a la derrota, y el hombre al ser prisionero del deseo termina concienciando su estado de encarcelamiento permanente, en Escorpio la fuerza que proceden del conflicto y de la batalla en que permanentemente se mueve constituyen una reserva de energía y poder que le permitirán eventualmente al aspirante enfrentar las pruebas finales propias de este signo. Tales pruebas se aplican para probar que la energía fluye libremente y sin impedimentos de obstrucción en los canales internos del aspirante, concretamente entre el chacra "Vishudi" de la garganta y el sacro o "svadistana", para demostrar que la creatividad va a fluir, bajo la inspiración de la aspiración y de la visión, a fin de que se exprese la belleza que vela la forma y que conducirá a la revelación, de manera que los 4 signos siguientes a Escorpio serán ya signos de discipulado e iniciación.
Hay dos factores ocultos en el trabajo del Hércules aspirante en su trabajo escorpiano inciático, que se entremezclan todo el tiempo y que coadyuvan positiva y negativamente a la decepción y a la victoria que caracterizan al signo que nos ocupa.

El primero es la Memoria, como poder creativo en
el que se unen intelecto e imaginación, que concibe y produce objetos
en forma de pensamientos aptos para el trabajo de purificación y limpieza
del pasado, y que además aglutina y rememora un inconsciente que es llamado
hasta sus raíces históricas más lejanas. Y en este sentido
sobrevienen, desde ese subconsciente racial e individual, las reservas de deseos
heredada de nuestras vidas pasadas como suma de todas las tendencias instintivas,
espejismos atávicos y todo un patrimonio pasado de actitudes mentales
erróneas, todo lo cual mezclado constituye esa figura o ente fantasmal
conocido como el Morador del Umbral, que no es sino la suma, energetizada y
vital, de todas las características de la personalidad que han permanecido
sin ser sometidas o vencidas, y que habrán de ser transcendidas finalmente
antes de que la iniciación tenga lugar.
Es sabido que en cada vida se hace un progreso y avance al ser corregidos los
defectos que se arrastraban o que habrían de ser enfrentados. Pero los
residuos de antiguas responsabilidades son numerosos y excesivamente potentes,
de manera que cuando se logra el contacto con el alma adecuadamente, llega una
vida en que la personalidad, altamente desarrollada, se convierte en ese Morador
del Umbral, que acabará por enfrentarse cara a cara con el Ángel
de la Presencia, y entonces ha de hacerse algo inevitablemente, pues la batalla
está irremisiblemente planteada. Sucede así una vez que la mente
ha alcanzado un nivel de desarrollo suficientemente alto y maduro, y entonces
el aspecto memoria es evocado de una forma consciente, que hará que toda
predisposición latente, todo instinto racial o nacional pendientes, cualquier
situación irresuelta y cualquier defecto dominante y controlador ascenderán
a la superficie de la consciencia y se trabará la lucha y el sufrimiento
correspondientes.
Finalmente la luz del ego personal termina desapareciendo ante la gloria del
Ángel, de forma que la grandeza y magnificencia superiores aniquilan
al poder inferior, lo cual solo ocurre cuando la personalidad entra en contacto
con el Ángel. Ha sido cuando el aspirante se ha reconocido como Morador
y como discípulo, y tras la batalla de los pares de opuestos que conforman
las pruebas de Escorpio. Tales pruebas y ordalías han sido autoiniciadas
por el propio aspirante: el discípulo se ha colocado él mismo
en la situación y entorno apropiados donde las pruebas y la disciplina
correspondiente son inevitables, y bajo la nota clave de Escorpio –el Triunfo-
finalmente prevalecerá el alma sobre la personalidad.
Alice Bailey, en el libro "Los trabajos de Hércules" cuya
referencia encabeza el presente estudio sobre el Escorpio esotérico e
iniciático, establece que dicho Discípulo en este sigo astrológico
hace tres cosas: "Se da cuenta de la existencia de la Hidra, la busca pacientemente,
y finalmente la destruye. Se necesita la discriminación para apercibirse
de su existencia; la paciencia para descubrir su guarida y la humildad para
sacar los viscosos fragmentos del subconsciente a la superficie y exponerlos
a la luz de la sabiduría.
Mientras Hércules luchó en el pantano, en medio del fango, el
cieno y la arena movediza, fue incapaz de vencer a la Hidra. Tuvo que levantar
al monstruo en el aire, esto es, trasladar su problema a otra dimensión,
para resolverlo. Con toda humildad, arrodillándose en el fango, tuvo
que examinar su dilema a la luz de la sabiduría y en la atmósfera
elevada del pensamiento escrutador.
Hay tres cualidades de carácter que Hércules tenía que
expresar, eran humildad, coraje y discernimiento. Humildad para ver su condición
objetivamente y reconocer sus defectos; coraje, para atacar al monstruo que
permanece enroscado a las raíces de su naturaleza; discernimiento, para
descubrir una técnica para habérselas con su mortal enemigo.
Tal es el logro de Hércules, psicológicamente hablando, en este
trabajo. Ha dado entrada a la Luz dentro del oscuro retiro del subconsciente,
ha luchado con las fuerzas monstruosas que se revuelcan en el fango subliminal,
y ha vencido a los enemigos de su propia casa. Un proceso purificador ha tenido
lugar, y ahora Hércules está listo para aventurarse en el próximo
trabajo, en el que tendrá que demostrar su habilidad para controlar los
poderes y potencias de la mente."
Las pruebas por las que ha de pasar el aspirante
en el momento culminante de su crisis en Escorpio afectan a los tres aspectos
básicos de la naturaleza inferior, tal y como los describe A. Bailey
en su mencionado libro.
En primer lugar estarían las pruebas u ordalías referidas al plano
y cuerpo físico, así como al chacra "muladhara". Son
las tendencias e inclinaciones inherentes a la naturaleza animal del ser humano,
manifestadas en sus correspondientes pares de opuestos, y que se concretan a
su vez en tres: a) El sexo, utilizado en forma estrictamente egoísta
y hedonista, sin la componente sagrada y divina que le sería propia.
b) Las comodidades y confort físicos, las posesiones, que densifican
y adormecen el espíritu. c) El dinero y la materialista acumulación
de riquezas, con las misma implicaciones egocéntricas.
En segundo lugar sobrevendrán al discípulo las pruebas referidas
al plano y cuerpo astral, así como al chacra correspondiente: "svadistana",
de índole más sutil que las anteriores en cuanto que no son inherentes
a la naturaleza animal sino que vienen impuestas por la naturaleza del deseo.
Y son también tres: a) El miedo al peligro de esa naturaleza inferior
a la que se identifica la personalidad (miedos psicológicos como al ridículo
o al fracaso o al abandono, o miedos físicos como a la enfermedad, a
la vejez, a la muerte, etc.). b) El odio, con sus implicaciones de rencor, resentimiento,
destrucción, etc. c) La ambición de poder y dominio sobre los
demás seres humanos.
Y en tercer lugar (aunque no por este orden específico, sino meramente
descriptivo) el aspirante habrá de afrontar y transcender las pruebas
que afectan al plano y cuerpo mental inferior, y al chacra consiguiente "manipura":
a) El orgullo o la satisfacción intelectual e identificación con
el ego personal que hace de la mente un obstáculo al alma, y la consiguiente
subestima y desprecio a los demás seres humanos. b) La separatividad,
o la actitud aislada que hace del mental analítico una barrera a las
correctas relaciones de grupo y a la hermandad básica de todos los hombres
y mujeres. c) La crueldad, o la satisfacción personal que hace de la
mente un instrumento de poder y manipulación, así como el placer
perverso de perjudicar e infringir sufrimiento a cualquier ser divino.
Cuando todos estos defectos son concienciados, purificados y transcendidos,
el discípulo en Escorpio será capaz finalmente de vivenciar una
relación fluida con el alma, con sus congéneres los seres humanos
y con el entorno, y estará listo para transcender el umbral inmediato
y asumir los efectos y facultades de la iniciación a la que nace, y en
definitiva para encaminarse en total servicio a sucesivas fases iniciáticas
consiguientes en el sendero imparable hacia más Luz, más Amor
y más Poder.
Dejando a un lado por el momento los planetas Mercurio
y Plutón que también rigen los destinos de Escorpio, vamos a centrarnos
en esta sección en la influencia y repercusiones de Marte y el 6º Rayo
de devoción en el signo.
En primer lugar ha de decirse que si bien el planeta Marte controla a la personalidad
en Escorpio, también es el planeta que condiciona el despliegue y desarrollo
del discípulo. Marte es el factor dominante en las pruebas y penas del
discípulo antes de la experiencia en Sagitario y de la iniciación
en Capricornio. Y todo ello es porque controla y dirige su vehículo físico:
el discípulo tiene que demostrar la fuerza, carácter y cualidad
que ha desarrollado dentro de él en su peregrinaje de vidas previas.
Empezó en Aries, gobernando Marte también, en que se encarnó
en el plano físico, y ahí empezó la gran guerra entre las
dualidades, que es lo que constituye y caracteriza al hombre: el par de opuestos
fueron puestos en relación. Y luego en Escorpio, con el mismo planeta
rigiendo su vida interior, la guerra estalla, y en este caso Marte rige no solo
el cuerpo físico sino la forma entera, lo que llamamos la personalidad
en los tres mundos; es decir, si Marte gobierna en Aries en el cuerpo externo,
en Escorpio lo hace esotéricamente: internamente. Y ya no vuelve a aparecer
hasta que en Sagitario, este planeta aparece como la 7ª Jerarquía Creadora,
los señores lunares de la forma, que eventualmente habrán de ser
sacrificados ante el control superior del Ángel Solar.

El efecto de Marte es masivo produciendo
las grandes batallas que finalmente conducirán a la gran revelación,
la visión de la liberación y del servicio a realizar en la vida.
Pero en todo caso ha de recordarse aquí que Marte es quien establece
las relaciones entre los opuestos y que al fin y a la postre constituye un factor
benéfico, y no maléfico como se supone a menudo, y en el mismo
orden hay que decir que Escorpio rige y gobierna la 4ª Jerarquía, la
humana, y que lo hace desde el ángulo del alma y no de la naturaleza
inferior.
La batalla final en Escorpio solo tiene lugar cuando el balance y equilibrio
entre el alma y el cuerpo se ha alcanzado en Libra, y es en Escorpio que la
preponderancia de la energía espiritual se impone a las fuerzas personales
de la naturaleza inferior. Escorpio gobierna a los "iniciados", que
es el nombre esotérico de los hombres, y, a través de la Jerarquía
planetaria regente, los Hijos de la Mente, los Mensajeros de la Divinidad, son
revelados, y es por medio de Marte y de la actividad marciana que esa revelación
tiene lugar.
En segundo lugar Marte está íntimamente relacionado
con el sexo, que es un aspecto de los pares de opuestos, y su efecto es vitalizar
el riego sanguíneo, así como purificar y estimular todos los órganos
y organismos del cuerpo a través de la sangre. El efecto de Marte es
lo suficientemente potente como para despertar o levantar toda la naturaleza
inferior, hasta que finalmente se rebele en esa lucha entre la personalidad
y el alma. Y por eso es Marte quien lleva a Arjuna a la batalla activa. Entonces
el hombre en su totalidad se compromete, y "la lucha entre los sexos"
es resuelta en su aspecto superior mediante la batalla entre su fuerte personalidad
y el alma, que busca ser el factor decisivo y dominante.
El color asignado a Marte es el rojo, como la sangre, y de ahí la asociación
de Marte con la pasión, con la ira y con el sentido general de oposición;
el sentido de dualidad es muy poderoso en esta fuerza marciana, de manera que
todo el hombre entra en lucha y conflicto, y ello traerá como consecuencia
la derrota de la "serpiente del mal" (la naturaleza de la forma con
sus demandas y exigencias), por medio de la "serpiente de sabiduría",
que es el nombre esotérico dado al alma.
Escorpio es el signo astrológico del sexo y de la regeneración. El Padre Espíritu y la Madre Materia, al unirse generan y producen al Hijo. Y por ello, al regir dicho signo al discipulado, los dolores y pruebas de esta Era son síntomas de la entrada y parto de una nueva civilización y cultura, que tendrá lugar cuando la energía de 6º Rayo marciano sea transmutada en 6º Rayo neptuniano, en que nuevas tendencias y más altas, sutiles y espirituales valores y principios empiecen a aparecer, más allá de las viejas identificaciones estrictamente marcianas de devoción fanática y dualidad guerrera y dolorosa que actualmente imperan en nuestro planeta y en la Humanidad.
Para el discípulo encarnado en Escorpio, cuando está listo para
presentarse y trasponer el umbral, el Bautismo por el agua (2ª iniciación),
necesita un período de preparación, de pruebas y de purificación,
y ésta es la experiencia individual que ha de darse en este Escorpio
iniciático. A partir de este momento Urano toma una posición de
poder e influencia, el conocimiento se convierte en sabiduría, que es
el entendimiento de las causas. El Hijo de la Mente, el Ángel Solar,
tiene ahora que manifestarse como Hijo de Dios, y estando ya al mando y control,
dejará su lugar eventualmente a la Presencia oculta y velada. Y así
Venus –la mente inteligente- a partir de ahora pierde fuerza y ha de someterse
al poder superior del alma, es decir, de la intuición espiritual. Y así
también la influencia de la luna desaparece, al haber sido derrotada
la personalidad y muerto el deseo, que eran los factores que inyectaban vida
a esa personalidad, la Hidra, que queda enterrada bajo una roca, según
el mito, al servicio ya del alma.
Analógicamente, y a un nivel global y planetario, la influencia de Escorpio
y Marte sigue siendo muy potente en el plano astral a la hora de que nuestra
Humanidad pase sus pruebas, y se manifiesta en forma de todos los integrismos,
fanatismos, guerras y terrorismo actuales. Y consiguientemente ésa es
la gran incógnita y tarea que tiene ante sí la Jerarquía
Planetaria y toda la Humanidad. *¿Podrá el mundo Hércules elevar
toda esta problemática al cielo y a los planos del alma y transcender
a la Hidra de la pasión, el fanatismo, el odio, el dolor y la agresividad,
del egoísmo y la ambición, y evolucionar a un estado de mayor
consciencia global y unificación inter-nacional en el próximo
futuro, o por el contrario se sumirá en un más profundo materialismo
y mayor separatividad, con el consiguiente corolario de desastres mundiales,
de guerra y muerte?. De todos y cada uno de nosotros depende.
Por
Emilio Sáinz Ortega
Director de Redacción de Revista BIOSOPHIA
emilio[arroba]revistabiosofia.com
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