La Onda Digital, 25 de julio de 2006
El comunicador Esteban Valenti, sea en reportajes como en artículos, ha levantado la cuestión que entiendo central, respecto a la necesaria democratización de la comunicación.
Así se expresa, por ejemplo, en la nota-reportaje que le realizara la revista Caras y Caretas, en su número 256, del pasado 21 de julio de 2006.
Valenti, comunicador por excelencia, periodista de dilatada trayectoria, nacional e internacional, de notoria vinculación con el gobierno, bien como publicista y empresario, dejó abierto el camino para una necesaria como imprescindible discusión, con miras a buscar concreciones, en torno a la imperiosa democratización de los medios de comunicación. Del acceso a los mismos.
Así por ejemplo, y en tal nota, Valenti se plantea las siguientes cuestiones: "¿Existe una estrategia progresista? ¿Para quiénes estamos hablando? ¿Dónde comienza la comunicación y termina la política? ¿Desde dónde enfocamos este tema: desde el gobierno o desde la fuerza política?¿Cuánto tiene que ver una estrategia de comunicación progresista con la democracia, con la construcción de ciudadanía, con la gestión democrática del poder? ¿Cuáles son los grandes instrumentos para una estrategia de comunicación? ¿Son legales, son administrativos, son políticos, son culturales, son técnicos? ¿Cuáles son las prioridades? ¿A qué nos enfrentamos, a qué fuerzas, y con qué gama de alianzas e intereses se puede contar en una estrategia de este tipo? ¿Por qué hoy?
Bien, además de recomendarles, como es de orden hacer, y así lo hacemos, respecto de la necesaria lectura completa de la nota en cuestión, así también, digo, es bueno aclarar, por mi parte, y desde el principio que en tanto valoro el arrojo y la amplitud con que Valenti ha encarado este tema, o los temas comprendidos en el asunto, de por sí con un alcance tan vasto como vital para todos la ciudadanía, esta nota llevará por fin el recoger el guante lanzado por este comunicador y, en ese sentido, estará desprovista de cualquier intento de ironía o búsqueda de conflicto con quien ha tenido la osadía de mencionar algo hasta ahora motivo del más absoluto y escandaloso de los silencios: el totalitarismo mediático que vive el Uruguay desde larga data.
Si bien el periodista no lo expresa así, sino que tal caracterización del asunto corre bajo mi entera responsabilidad, de eso es de lo que se trata.
Convengamos, pues, que esta voz, antes que grito, dada a resonar en nuestro medio tendrá, en lo que a mí respecta, la caja de resonancia que, junto con otros aportes, hagan posible tanto la discusión franca del asunto, cuanto la aparición de medidas que, efectivamente, coadyuven al fin propuesto por Valenti y respaldado por todo comunicador: la democratización de la expresión ciudadana.
Al referirse a los dos retrasos democráticos importantes que, a su criterio, tiene o tenía el Uruguay –uno de los cuales, y destaca, es con la verdad y la justicia sobre la violación a los derechos humanos durante la dictadura y que, según entiende, se ha avanzado y se continúa avanzando, el periodista destaca el restante, con estas palabras: "(...) El otro retraso importante tiene que ver con un sistema de medios de comunicación, concentrado y oligopólico y cuya concentración creció en democracia. Y eso todavía no ha sido siquiera rozado."
Y añade: "Una tarea revolucionaria en materia de comunicación en Uruguay es ser auténticamente liberales, que haya competencia, que haya disputa cultural, intelectual, informativa, de producción y comercial. Lo otro es antidemocrático, es parte del Uruguay parasitario. Discutir estos temas en la prensa, fuera de los pasillos oscuros y llenos de mufa del poder, ya es un avance, hay que seguir por esa ruta", refiere el comunicador.
Casi al promediar la entrevista, Valenti declara algo, a mi criterio, fundamental: "El gran cambio revolucionario es que el protagonista sea el ciudadano", prosiguiendo el reportaje con expresiones que, vuelvo a decirlo, deben ser conocidas por todos, por ser de especial interés, sea por la experiencia del entrevistado, sea, por qué no, por su ubicación en la esfera misma de la determinación de las acciones de este Gobierno.
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