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Las fuentes escritas de Grecia (página 2)




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El Griego es una rama del indoeuropeo que consta de una única lengua, representada en muchos dialectos y con testimonios que datan aproximadamente del s.XIV ac Las pruebas más antiguas de su existencia se encuentran en las inscripciones descubiertas en Cnosos y otros lugares de Creta realizadas principalmente en tablas de arcilla en una escritura silábica conocida como Lineal B que sólo se identificó como griego en 1952. Se denomina a este periodo griego micénico, para distinguirlo del posterior, el clásico, que data del siglo VIII ac, época en la que comenzaron a escribirse textos en el alfabeto griego, en especial, los poemas épicos <Ilíada> y <Odisea>, junto a otros que no se han conservado. El gran periodo de teatro, la historia, la filosofía y la poesía clásicos finalizó en el s.IV ac. Una variedad posterior del griego, conocida como Koiné (o <común>), se habló en todo el Mediterraneo oriental durante casi mil años aproximadamente desde el s.IV ac El griego, en su forma escrita, es la lengua del Nuevo Testamento. Las variedades modernas, que se hablan en Grecia, Chipre, Turquía y otras localidades derivan de esta koiné.

El alfabeto más antiguo que se conoce es el semítico septentrional, que se desarrolló en Palestina y Siria alrededor del 1700 ac Estaba formado por 22 letras consonantes. Los alfabetos hebreo, árabe y fenicio se basaron en éste sistema. Luego, alrededor del año 1000 ac el mismo alfabeto fenicio sirvió de modelo a los griegos, que añadieron letras para las vocales. El griego se convirtió a su vez en modelo para el etrusco (aprox.800 ac) del que derivan las letras del antiguo alfabeto romano, y por último, todos los alfabetos occidentales.

El Griego, a pesar de su desarrollo en numerosos dialectos, era una lengua indoeuropea hablada en Grecia desde probablemente el 3º milenio ac 2000 años ac la cultura minoica desarrolló un sistema de escritura jeroglífica, que es sustituido hacia el s.XV ac por un tipo de escritura cursiva conocido como Lineal A, "en algún momento dentro del s.XV se adaptó al griego la técnica de la escritura, presumiblemente por obra de los escribas palaciegos de Cnosos" (Kirk, PH, p.26). Los micenios que ocuparon Creta en el s.XIV ac, introdujeron la escritura Lineal B, una escritura silabica que deriva de la Lineal A y que fue utilizada hasta la desaparición de ésta cultura hacia el 1200 ac Hacia el 1100 ac surge la escritura griega arcaica, época hasta la que se suele remontar la adopción del alfabeto fenicio por los griegos. (A su vez, los fenicios habían adoptado con anterioridad el alfabeto cananeo). A mediados del s.IV ac el alfabeto jónico desplazó a todos los demás alfabetos locales y se convirtió en el alfabeto griego general, que es el que ha dado orígen a todos los europeos.

LA RELIGIÓN INDOEUROPEA: LOS ORÍGENES DE LA MITOLOGÍA CLÁSICA.

Sobre las arcaicas civilizaciones mediterráneas poco se sabe, excepto que debíeron de ser florecientes antes de la llegada de los primeros invasores indoeuropeos. Se ha especulado mucho sobre la prioridad de una religiosidad matriarcal previa a la patriarcal, cuestión que enlaza con las ideas acerca de la matrilinealidad y el matriarcado. Como defensores de dicha hipótesis destacan Robert Graves y Marija Gimbutas, que enlazarían con las ideas de Bachofen acerca del matriarcado originario. Según Graves en Creta, antes de las invasiones del norte, como en otros muchos lugares, se rendiría un culto a la diosa o diosas, que sería barrido por la creencia en deidades masculinas. No hay apenas datos arqueológicos y mucho menos fuentes escritas que testimonien acerca de estas ideas, pero sea cual fuese la religiosidad de las civilizaciones mediterráneas parece claro que se les superpusieron las de los conquistadores. En Grecia la religión micénica proviene de dos fuentes directas, la mitología de raíz indoeuropea y la mitología preindoeuropea.

Los cretenses adoraban a divinidades terrestres y agrícolas, mientras que los invasores indoeuropeos de Micenas, conocidos con el nombre de aqueos, veneraban a divinidades celestes y pastoriles. Los primeros tenían un panteón fundamentalmente compuesto por diosas de la fertilidad; los micénicos habían traído a Grecia sobre todo dioses de la soberanía. De la síntesis de ambos surgió la religión micénica, que tomó también de Creta el culto de los héroes y la configuración del mundo infernal.

Yendonos a la Mitología Comparada podemos observar que el enfrentamiento entre culturas agrícolas y emigrantes nómadas ganaderos no es única en el territorio griego, sino que se ha repetido numerosas veces en la historia. Ya en el Génesis bíblico (Génesis., 4.1-16), bajo el relato de Caín y Abel, yace la misma duplicidad entre las ofrendas del primogénito Caín (fruta y verduras) y las del hermano menor Abel (carne y grasa) a Yahvé; el dios cananeo elegirá las de Abel, ejemplo de la sustitución de un culto agrícola por un culto nómada y pastoril. La lucha entre Caín y Abel remite al enfrentamiento entre los partidarios del culto agrario y el de los partidarios del culto ganadero, dentro de un mismo pueblo, la facción cainita debió luchar con encono, muerte de Abel, pero el triunfo sería de los ganaderos.

A finales del s.XIII y durante el s.XII ac invadieron de nuevo y asolaron los territorios de influencia micénica unas hordas de indoeuropeos, los dorios, con cuyo establecimiento se configura la definitiva población de Grecia. La síntesis que compone el sistema mitológico griego estaba muy desarrollada en la época en que se forman las composiciones Homéricas y Hesíodeas (s.IX-VII ac), que se erigirán como las principales fuentes de la mitología clásica.

INDOEUROPEOS CONTRA SEMITAS: UNA MISTIFICACIÓN IDEOLÓGICA. IMPROPIEDAD DE LA VOZ ANTISEMITISMO.

La palabra semita tiene una connotación teológica, geográfica y lingüística. La primera acepción proviene de la Biblia, donde aparece el nombre de Sem, hijo de Noé, que según el mito, junto a sus hermanos Cam y Jafet, poblarían después del diluvio toda la tierra (Génesis 9.18-20), y que habrían de hablar todos una misma lengua (Gen. 11.1) hasta el posterior episodio de la Torre de Babel. De Sem descendería, según el relato, Abraham (Gen.11.26).

De los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, se pretende hacer derivar a la humanidad entera, puesto que según el relato serían los únicos supervivientes del diluvio universal, quienes hablarían la misma lengua hasta el episodio de Babel y entre quienes se contarían todos los pueblos de una misma área geográfica, que luego se vendrían a denominar exclusivamente como semitas, atribuyendo arbitrariamente a Jafet y Cam la existencia de otros pueblos de los que en principio no se tenía conocimiento. De tal manera, los esclavistas ingleses del siglo XIX pretendieron interpretar el episodio de la maldición de Cam (Gen.9.25-27), adjudicándole la correspondencia con los pueblos del Africa negra para así justificar bíblicamente sus practicas esclavistas y racistas. Y los nombres de los descendientes de los tres hijos de Noé, en numerosas ocasiones, son topónimos de las regiones de la misma área geográfica, que responden a lo que se conoce como Oriente Próximo.

No hay que olvidar que el Génesis, el primer libro que nos aparece en la Biblia, debido a su temática primaria, dedicada a relatar la creación del universo y los orígenes o fundamentos de la humanidad, en dos versiones superpuestas, es un escrito a la vez mítico, poético y religioso, que contiene elementos culturales de Mesopotamia, Canaán (luego Palestina) y Egipto. Las culturas babilónica, judía y egipcia, no dejaron de influenciarse mútuamente dada su proximidad geográfica y sus contactos, tanto pacíficos como belicosos, a lo largo de sus dilatadas historias, (no ha de olvidarse que babilonio es Abraham, egipcio es José y cananeo es Jacob).

Tanto para la lingüística como para la teoría de la evolución, las ciencias han derivado hacia explicaciones de desarrollo multiregional, tanto lingüístico como biológico, que destruye el reduccionismo arcaico de las exposiciones míticas e incluso científico-decimonónicas que pretenden hacer proceder al ser humano y a todas sus capacidades de una única evolución lineal determinista, a causa de la cual, cada pueblo se creería míticamente el origen de todos los seres humanos (El Mito del Poema de Gilgamesh haría a los primeros hombres babilonios; el Bíblico cananeos; y el Mito de Prometeo de Hesíodo, griegos).

A partir de la vaga acepción bíblica se designará luego con la voz semitas a un conjunto de pueblos de Oriente Próximo (acadios, asírio-babilonios, amorritas, arameos, fenicios, árabes, hebreos y etíopes), pueblos de una misma y amplia región geográfica, que más adelante, en el siglo XIX, se descubriría que hablan o han hablado en la antigüedad, alguna de las lenguas semíticas.

Es, por tanto, a partir de una designación teológica que se deriva la clasificación de una agrupación geográfica, con afinidades por préstamos del lenguaje hablado, que el escritor del Génesis habría, quizá, de percibir. Una agrupación de pueblos cercanos, la cual, con la emergencia de la lingüística en el siglo XIX, se vendrían a clasificar de acuerdo con el grupo lingüístico del que procederían sus lenguas, designándolas como lenguas semíticas. Lenguas cuyas remotas raíces gramaticales se localizaban geográficamente en el Asia occidental y en el norte de Africa (árabe, hebreo, arameo, amarico), aunque sus hablantes se encontrasen ya diseminados por todo el planeta.

El que los pueblos semítas, aquellos que hablan lenguas semíticas, tengan las mismas caracteristicas raciales, no es sino un mito que se desarrolló por extrapolación de nociones lingüísticas y geográficas al terreno de la biología, al darwinismo que, tergiversado, alimentó el racismo moderno y contemporáneo. Afortunadamente, el concepto de raza ha desaparecido por completo de la biología seria y las tergiversaciones nazis de la lingüística indoeuropea y de la biología lamarckista no han dejado de ponerse al descubierto, mostrándose su carácter infundamentado, extracientífico e ideológico.

Los grupos lingüísticos célticos, románicos, germánicos, eslavos, bálticos, helénicos y el albanés, son todos ellos indoeuropeos, sin por ello poder decirse que los numerosos pueblos que hablan las lenguas provinientes de esos grupos tengan nada más en común que la lejanísima procedencia de sus respectivas lenguas. Algo tan sólo perceptible por un experto filólogo indoeuropeo y que en nada facilita que esos pueblos lleguen a un entendimiento y una relación mayor entre sí que con cualesquiera otros. Esto demuestra que la apelación a las raíces lingüísticas comunes no es sino un absurdo preludiado por las nociones políticas del romanticismo alemán, pero un absurdo muy peligroso cuando políticos demagógicos lo utilizan para embarcar a sus pueblos en la guerra y la destrucción de los otros. Biológicamente, los seres humanos nos parecemos en un 99% a los chimpancés, y en mayor porcentaje entre nosotros, de manera que las diferencias, no son en absoluto naturales sino exclusivamente culturales. Pero las afinidades culturales no tienen coherencia alguna y así, las afinidades religiosas (el monoteísmo por ejemplo, común a judíos, cristianos, islámicos o antiguos hindúes), no tienen relación ni correlación alguna con otras afinidades o diferencias culturales, como puedan ser las de la lejanísima procedencia, común o distinta, de sus lenguas; ya que ninguna religión se circunscribe, no ya a una sola rama de los grandes grupos lingüísticos, sino ni tan siquiera a una sola lengua moderna.

Todo lo antecedente, viene a confirmar, la improcedencia de emplear la palabra antisemitismo para calificar a las persecuciones que han sufrido a lo largo de la historia los hombres que han practicado la religión judía, y asimismo la inadecuación de la calificación como indoeuropeos, ya a partir de la rama aria que se extendió por Oriente hace miles de años o de cualquier otra, de ningún pueblo actual de la tierra. Las denominaciones de procedencia lingüística arcaica, comunes a muchas lenguas habladas por muchos pueblos actualmente, no deben confundirse con la designación de los pueblos y naciones en relación a la lengua que hablan. Es distinto hablar una lengua determinada que el que la lengua que se hable proceda de una lengua determinada, además, no puede ni debe identificarse a un pueblo por la lengua que habla (español = pueblo español) porque entonces los hispanohablantes de latinoamérica resultarían pueblo español. Los lamentables hechos históricos que conocemos con el impropio nombre de antisemitismo, se deberían denominar actos de antijudaísmo y situar entre los episodios de intolerancia religiosa que asolan la historia de la humanidad.

FORMACIÓN DE LA POESÍA HOMÉRICA.

La composición de los poemas homéricos se extiende a lo largo de un milenio, desde el último lapso de la Edad de Bronce comenzado hacia 1.600 ac hasta el final de la llamada Edad Media griega hacia el 600 ac Pero las fuentes de ese período son escasas, aparte de los poemas homéricos, contamos con los fragmentos de escritura lineal B y con algunas referencias egipcias e hititas, procediendo una mayor documentación ya del s.VII ac

Se utiliza el término heládico para las culturas de la Edad de Bronce en Grecia (2.800-1100), el término minoico refiere a las culturas de la Edad de Bronce en Creta y la palabra cicládico se refiere a las del Egeo central.

Aproximadamente: a) cultura heládica temprana (2800-2000 ac); b) heládico medio (2000-1850 ac); c) heládico reciente (1600-1100 ac)

Desde Europa central estuvo penetrando en Grecia, ya desde el heládico temprano, una tribu indoeuropea. Las innovaciones de ésta se impusieron con las invasiones del heládico medio: introducción del caballo, fortificación de las ciudades, cerámica <miniana>, un tipo especial de edificios y una nueva lengua: el griego.

LA CUESTIÓN HOMÉRICA: ANALÍTICOS Y UNITARIOS.

La sistematización arqueológica y la mejor comprensión del canto oral en la actualidad han transformado los estudios homéricos.

La tradición atribuía la Ilíada y la Odisea a un mismo autor, Homero, disputándose algunas ciudades de la Grecia clásica su lugar de nacimiento, Quíos (donde vivieron los homéridas, familia de rapsodos profesionales que decían descender de Homero) o Esmirna.

Es de señalar que también Museo y Orfeo fueron tenidos por personajes reales y tuvieron seguidores, los órficos, y textos que se le atribuían (los llamados Hímnos homéricos, por ejemplo, que son textos órficos), pero practicamente nadie serio defiende la existencia de Orfeo (o de Museo), personaje mitológico que con su canto conmovía a las piedras y a las plantas. Un grave error de la compilación de fragmentos de Diels-Kranz consiste en situar como primer autor a Orfeo, en lugar de denominar fragmentos órficos a la recopilación, pero si ese error lo cometen especialistas modernos, dando así la falsa impresión de la existencia de un autor o personalidad creativo-inventiva detrás de los escritos que se presentan, mucho más lo cometían los antiguos, aunque no del todo los más avispados: "Aristóteles habla, ciertamente, de algunos poemas órficos de asunto teogónico; pero no eran obra de Orfeo, como Aristóteles se cuida de explicar, sino del poeta Onomácrito... Esto puede recordarnos la forma en que se atribuyeron falsamente a los apóstoles algunos de los primeros escritos cristianos" (Jaeger, TPFG, cap.IV, p.64-65). Aristóteles sabía que había poemas que circulaban como siendo de Orfeo y que eran de Onomácrito (son obra suya los que conocemos como Oraculos de Museo), pero no ponía en duda la existencia histórica de Orfeo o la de Homero, a quienes atribuía los dogmas o ideas que aparecían en los textos que se les reputaban. Sirva esto de ejemplificación de la problemática que envuelve a la cuestión homérica.

La posición unitaria defiende la unidad de autoría de los dos grandes poemas homéricos al declarar que son demasiado perfectos y están tan calculadamente construidos que no pueden ser un refrito. La defensa del autor genial y original cobró auge desde el Romanticismo y debe recordarse que el propio Friedrich Nietzsche, al ser nombrado catedrático de filología clásica de la Universidad de Basilea, intentaría desde su Lección Inaugural sobre la Cuestión homérica (1874), defender la personalidad de Homero (al fin y al cabo identificada como el espíritu de Grecia), frente a los trabajos analíticos.

"La noción de un Homero monolítico, un supremo poeta genial cuyo trabajo era sacrílego analizar, indudablemente correspondía a determinadas tendencias de la época" (HCA-Dodds p.9). El idealismo antimaterialista lucharía a lo largo del siglo XIX contra las tendencias analíticas, también en el terreno más ideológicamente problemático del criticismo sobre el Nuevo Testamento, y la reacción sería una supersticiosa reverencia y defensa de la tradición, herida por la investigación. Pero nos equivocaríamos si dividieramos a los dos bandos entroncando a los analíticos con los progresistas y racionalistas modernos de tradición anglosajona y francesa, materialista y empirista, y a los unitarios con los reaccionarios y conservadores del Antiguo Régimen de tradición germánica, romántica e idealista; las posiciones ideológicas y filosóficas implicadas en la cuestión homérica son más complejas que la citada dicotomía, que es incorrecta pues supone una falsa simplificación. Por poner un ejemplo de la mayor complejidad del problema tenemos al marxismo, que surgido en la filosofía alemana a partir de la lectura de Hegel, entroncaría con las tendencias analíticas en sus análisis de las Escrituras, mientras que el empirismo derivado de Hume o de Hobbes no llegaría a aplicar el análisis a las Escrituras, manteniéndose fiel a la tradición antigua y canónica.

Desde que, precedido por los estudios del Abad d’Aubignac (s.XVII), F.A.Wolf publicó sus Prolegomena ad Homerum (1795) demostrando la imposibilidad de que las obras atribuidas a Homero fuesen realizaciones de un mismo autor, la posición analítica, que sostiene la inexistencia de Homero y la tesis de que los poemas no son sino compilaciones de escritos de diversa época y procedencia, no ha dejado de avanzar. Su posición planteaba los siguientes puntos: a) inexistencia de Homero; b) los dos poemas no son obra del mismo autor ni pertenecen a la misma época y c) los poemas no son obras de un autor personal y único, sino un conglomerado de cantos originariamente independientes que, a través de sucesivas refundiciones o compilaciones, dieron lugar a poemas más extensos.

Existe un intento de mediación salomónica entre los analíticos y los unitarios que sería la posición neoanalítica. Se cuentan entre los defensores de dicha tesis Page, Merkelbach, W.Schadewaldt o J.Kakridis, quienes sostienen la tesis de la existencia de un Homero compilador, gran poeta que, utilizando materiales diversos y sus propias adiciones daría unidad a la obra. T.S.Kirk se presenta como unitario moderado o neoanalítico al decir que los poemas de Homero, la Ilíada y la Odisea, son la creación de "dos grandes cantores del siglo VIII ac" (Kirk, PH, p.17), pero advirtiendo que "la poesía homérica es la culminación de una larga tradición" (Ibid.). Coincide con Schadewaldt en postular dos poetas a la base de los poemas, pero este último no los sitúa en la misma época sino que defiende la existencia de un Homero Cantor heredero de la tradición oral y de un Homero escritor posterior que adaptaría los cantos a un texto redactado. Como indica Dodds "que los dos poemas homéricos tienen en su forma actual un ciudadoso propósito y una básica unidad estructural es hoy reconocido tanto por los analistas como por los unitarios" (HCA-Dodds, p.3), por lo que dentro de la posición neoanalítica entrarían también estudiosos como Wilamowitz, Gottfried Hermann, Lachmann, Walter Leaf, Van der Mühll, C.M.Bowra, Miss Lorimer, Wade-Gery, Gilbert Murray, Martin Nilsson o Paul Mazon. El problema de la solución salomónica es que procura sintetizar a los unitarios y a los analíticos en una posición analítico-unitaria o neoanalítica que se basa en dos puntos de unanimidad muy generales y que dependiendo del modo en que los resuelven los investigadores citados reproducen, eso sí, con mayor sutileza, la dicotomía decimonónica entre unitarios y analíticos. Entre los neoanalíticos se pueden considerar algunos de ellos dentro de la posición analítica y otros dentro de la posición unitaria, de manera que, aunque se hayan acercado en un minimum, la controversia no ha podido ser zanjada. Entre los analíticos se pueden considerar, además de a los decimonónicos o clásicos como F.A.Wolf, Eduard Meyer, Sir Richard Jebb, Kirchhoff o Wilamowitz; a Van der Mühll, Gilbert Murray, Martin Nilsson o E.R.Dodds; mientras que entre los unitarios se pueden considerar, además de a los decimonónicos o clásicos como K.Reinhardt, R.Wood; a Andrew Lang, Carl Rothe, J.A.Scott, Drerup, Sheppard, T.W.Allen, Woodhouse, J.T.Kakridis, W.Schadewaldt, H.Pestalozzi, E.Howald, C.M.Bowra, Miss Lorimer o Wade-Gery; encontrándose otros investigadores en una posición que dificulta el incluirles en una tendencia u otra al admitir determinadas tesis de cada línea de interpretación, como sería el caso de G.S.Kirk.

Otro problema de la solución neoanalítica es que sería necesario postular la existencia de entre dos y cuatro Homeros-compiladores (si es que no más), dos para la Ilíada y dos para la Odisea en caso de que no fuesen obra de los mismos compiladores, el primero un Homero ciego cantor poético iletrado y genial, el segundo un Homero escriba genial que reuniese materiales orales y puestos por escrito por otros, dándoles una redacción unitaria que serviría de pieza nuclear. Hay cierta unanimidad respecto a la teoría nuclear pero desacuerdo en la posición de Homero respecto al momento de gestación de lo unitario (estrato primitivo oral, medio o reciente escritos).

Por eso hoy la cuestión homérica no reside tanto en la unidad artística y orgánica del conjunto de los poemas, admitida por todos, como en explicar en qué consiste esa unidad, qué cantidad de los poemas se puede considerar que formaba parte del núcleo unitario original (Canto épico sobre la Cólera de Aquiles para la Ilíada y Relato del retorno a Ítaca de Ulises para la Odisea) y cuantas son adiciones posteriores; en definitiva, cómo se llegaron a gestar los poemas y qué resulta de la separación entre lo unitario y lo diverso. Hay grandes desacuerdos en cuanto al problema de cómo se desarrolló la estratificación del poema y sin embargo hay acuerdo respecto a que se están manejando poemas con diversos estratos en su composición pero con cierta unidad básica de estilo y estructura en la forma en que los conservamos.

Hoy en día muchas de las diferencias entre los analíticos y los unitarios son meramente terminológicas "lo que los analistas llaman núcleos o prototipos, los unitarios denominan fuentes; lo que los analíticos llaman expansiones, los unitarios denominan interpolaciones" (HCA-Dodds p.12).

LA OBRA POÉTICA DE HESÍODO: LA ASTUCIA REEMPLAZA A LA FUERZA. EL MITO DE PROMETEO Y EL CICLO DE JACOB.

La astucia en los dos relatos del Mito de Prometeo en la Teogonía  (vv.537-570) y en los Trabajos y los Días (vv.43-106) de Hesíodo tiene un correlato en la mitología hebrea en el Ciclo de Jacob, pues en el Génesis se nos narra cómo el menor de los hijos de Isaac, Jacob, con ayuda de la esposa de éste, Rebeca, astuta como Eva y  Pandora: 1º) cambia la primogenitura al mayor por un plato de lentejas (Gén 25.27-34) y 2º) cubriéndose las manos de piel de cordero para parecerle velludo, como su hermano, a su padre ciego que lo palpa, se hace acreedor de la bendición paterna suplantando por segunda vez al primogénito (Gén 27.1-29). La condición de vencer con argucias le viene a Jacob, que tomará el nombre de Israel (Gén 32.28; 33.20 y 35.10) y a su madre Rebeca, de la herencia familiar, como demuestra el engaño que el propio engañador sufre por parte de Labán, hermano de su madre, al cambiarle de hija para el casamiento tras hacerle trabajar durante siete años sustituyéndo a Raquel por Lía, lo que le costaría otros siete años de esclavitud (Gén 29.15-30) para adquirir a la preferida como esposa.

La astucia de cubrirse con piel de cordero ayudó también a Odiseo, el de las muchas astucias (polymates) y a sus hombres, a escapar de las garras del Cíclope, cegado por una gran estaca y que palpaba los lomos de sus ovejas conforme salían de su cueva, sin percatarse de que había hombres adheridos a sus vientres (Odisea, IX, vv.405-465). El éxito en las empresas que aborda, logra Odiseo, haciendo uso de esa capacidad que comparte aquí con la diosa Atenea (Odisea XIII, vv.287-300) pero distinta del ingenio que comparte con Zeus en la Ilíada (II, vv.166-171; III, vv.199-202) y que le llevará a idear la treta del Caballo de madera (Odisea IV, vv.271-285; XI, vv.523-525; VIII, vv.485-495) para lograr vencer Troya y más cercana al engaño que le acabaría relacionando con el vergonzante Sísifo (Ilíada VI, 150-154).

El engaño prometeico en la Teogonía (vv.535-565) se expone como explicación etiológica de las prácticas sacrificiales relacionadas con el consumo de la carne del animal y la quema de la grasa, huesos y vísceras como ofrendas a los dioses: "Prometeo presentó un enorme buey que había dividido con aímo resuelto pensando en engañar la inteligencia de Zeus. Puso, de un lado, en la piel, la carne y ricas vísceras con la grasa, ocultándolas en el vientre del buey. De otro, recogiendo los blancos huesos del buey con falaz astucia, los disimuló cubriéndolos de brillante grasa" (vv.536-542). Hay en ello también una concomitancia con el Ciclo de Jacob, el cual, después de luchar con la divinidad (Gén 32.24; cfr.Oseas 12.3-4), ver su rostro en la oscuridad y quedar con vida (Gén 32.30; cfr.Gén 16.13; Isaías 6.5), quedaría herido en el muslo, lo que vendría a dar explicación de una práctica gastronómico-religiosa: "e iba cojeando del muslo. Por eso los israelitas no comen hasta el presente el nervio ciático que está en la articulación del muslo" (Gén 32.32). Los relatos en su parte de etiología del sacrificio y gastronomía son semejantes más no análogos, pues en el primero mencionado interviene la astucia, respecto a la cual rivalizan dos dioses, mientras que en el segundo la astucia y el engaño se ha reservado a las relaciones entre los hombres y resulta inconcebible en las relaciones entre los dioses o entre los hombres y la divinidad. El profeta lucha con la divinidad no como en la Teogonía luchan los dioses entre sí, sino que tendríamos que remontarnos a la Ilíada para encontrar el enfrentamiento entre hombres y dioses, en el campo de batalla, como cuando Diómedes hiere a Afrodita e incluso a Áres, el mismísimo dios de la guerra (cfr.Canto V); pero Jacob no lucha tampoco de esa manera, sino que el su agonía resulta no sólo física sino también mental, frente al ágon de la épica homérica; resulta un lucha a la vez guerrera y existencial, la primera se libra con los otros hombres y la segunda, con el Dios, se libra en la conciencia, entre las brumas del sueño y de la noche. Resulta destacable también como distinción fundamental que para Jacob la victoria frente a Dios supone la sumisión del vencedor al vencido, supone que se ha ganado la bendición haciéndose acreedor de ella, lo que le legitimará para desterrar a los demás dioses en su nombre: "retirad los dioses extranjeros" (Gén 35.2; cfr. Ibid. versículo 4); por el contrario, en el politeísmo homérico, el héroe que vence a un dios menor, nunca a Zeús, no por ello se somete a él ni comienza a rendirle culto, sino que en un acto de hybris se equipara por un instante a sus parientes, los dioses, llegando a ser su igual. No llega Jacob a una elevación semejante a la del hombre endiosado sino que lucha por no someterse y venciendo se somete. Semejante violencia respecto a la lógica nunca llegaría a ser aceptada por el mundo griego y ese será más adelante uno de los caballos de batalla entre los filósofos y los profetas (poetas).

LOS ESCRITOS DE PLATÓN

Para el estudio de la Grecia clásica, a los hallazgos arqueológicos hay que añadir las fuentes indirectas, como las literarias en todos sus géneros, y las plásticas, tanto en las artes mayores como en las menores. Consideramos la escritura como una fuente indirecta, ya que constituye en sí misma una primera mediación, la del autor o compilador, y además, ha llegado hasta nosotros con más o menos deformaciones, que resultan difíciles de determinar.

No obstante, en el caso del estudio de la obra de Platón, llamamos fuente primaria, al texto griego tal y como lo hemos recibido y fijado a partir de los códices manuscritos que han llegado hasta nosotros, del que suele utilizarse el texto establecido por J.Burnet (1900) y reeditado con ligeras correcciones hasta la actualidad, que sigue la paginación de la edición de Henricus Stephanus (1578) y del que, siendo indudablemente el de más valor, se han intentado, no obstante, algunas mejorías, ya que no se registran en su edición las lecciones de algunos manuscritos, estando la tradición indirecta escasamente reflejada.

Los códices del texto griego platónico se remontan a la edición realizada en la época de la Roma imperial, con el orden por tetralogías, según el modelo de la tragedia, que se le atribuye a Trásilo, astrólogo de la corte de Tiberio. Los más conocidos son el Clarkianus (o Bodleianus) del 896, designado con la letra B, que contiene las seis primeras tetralogías; el Parisinus de 1807, letra A, con las dos últimas tetralogías; el Venetus, letra T; el Vindobonensis 21, del s.XIV, letra Y; y el Vindobonensis 54, de alrededor del s.XII, siglado por la letra W.

Es al empezar el helenismo (s.III ac) cuando las obras se empiezan a cuidar en su edición. De ahí que medie un siglo entre la muerte de Platón y la primera edición más o menos rigurosa de su obra.

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(I-AC-2)                       -Vol.II:            Books 5-8 by G.S.Kirk

(I-AC-3)                       -Vol.III:            Books 9-12 by Bryan Hainsworth

(I-AC-4)                       -Vol.IV: Books 13-16 by Richard Janko

(I-AC-5)                       -Vol.V:            Books 17-20 by Mark W.Edwards

(I-AC-6)                       -Vol.VI:            Books 21-24 by Nicholas Richardson

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Werner Jaeger

(TPFG)  -La teología de los primeros filósofos griegos. F.C.E. Madrid 1993.

Luis García Iglesias Los orígenes del pueblo griego. Editorial Síntesis. Madrid 1997.

ESTUDIOS DE DIVULGACIÓN INTRODUCTORIA:

José Carlos Bermejo Barrera Grecia: El mito griego y sus interpretaciones. Editorial Akal : Historia del Mundo Antiguo, nº 16. Madrid 1988.

Cuadernos de Historia 16

Antonio Blanco Freijeiro La guerra de Troya (nº241). Madrid 1985.

Miguel Angel Molinero Así nació la escritura (nº209). Madrid 1985.

Jacqueline de Romilly Homère. Presses Universitaires de France (que sais-je?). Paris 1985.

Jesús V.Rodríguez-Adrados Dioses y héroes: mitos clásicos. (Colección Salvat Temas clave). Ed.Salvat. Barcelona 1985.

NOTAS

[1] En la Ilíada los dioses engañan pero la victoria por argucia no era bien considerada respecto a la areté guerrera. Por eso es una diosa, la celosa Hera, quien engaña a Afrodita y a Zeus (cfr.XIV, v.153ss).

 

Simón Royo Hernández


Partes: 1, 2


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