Intuyó, genialmente, que la mejor manera de defender a su pueblo no
era peleando con las armas en los campos de batalla sino escribiendo. Tampoco
gestionando en palacios, audiencias o gobernaciones sino quejándose,
denunciando, conmoviendo. ¿Ante quién? Ante el rey de España.
¿Cómo? Mediante una carta que fue volviendo interminable mientras lo
escribía, que le consumió sus bienes, su hacienda, perdió
mujer, hijos, reputación, cargos y que él escribiría huraño,
delirante, loco y por la cual perdió en conclusión la vida sin
que la carta llegara jamás a su destino.
Esa carta apelaría sobre todo al sentimiento y al corazón del
monarca español en cuyos dominios no se ocultaba el sol. Entonces está
escrita con lágrimas, rabia, sollozos, despecho, sin dejar de construir
un sustento doctrinario e ideológico. Y sin dejar utopía posible
por avizorar y ponerla a la vuelta de la esquina. Puso todas sus esperanzas
en el platillo de esa escritura desvelada, entrecortada, de estertor con la
cual se ilusionaba que iba a redimir, redimiendo así la suerte de sus
hermanos al verlos sufrir y morir como sufrían y morían.
Y se hace escritor de manera compulsiva y violenta, para defender. Recurre a
la escritura como un garrote con el cual luchar. A la lengua y al idioma castellano
y su escritura para denunciar, quejarse y clamar por el dolor de su gente, convirtiéndose,
humillándose, exaltándose, provocando e insultando a medio mundo,
arrodillándose sin hacer caso a la coherencia de su discurso, o a la
sintaxis, o a la forma y a la ponderación de su alegato.
Pero antes tuvo que aprender ya adulto siquiera los esbozos de dichos lenguajes,
desde el castellano oral difícil para un quechua hablante, el código
de la escritura casi inalcanzable para un ágrafo de cuna, el manejo de
la pluma y la tinta increíble para un andino cósmico y con la
cual debía dibujar el castigo, las penas y el clamor de la gente, siendo
su aprendizaje arisco y brutal.
Tal fue su urgencia y compulsión que los rudimentos en el dominio del
código de la escritura lo aprendió de su hermano materno –este
sí mestizo, mucho menor y no indio puro como él– y que profesó
el sacerdocio quien a trompicones le enseñó a leer y escribir,
además de instruirle algo en latín y griego que él salvajemente
aplica en sus escritos.
Utilizó la escritura para inquietar, fustigar, conmover, enarbolar la
bandera de la redención de su pueblo, de su raza y de su identidad.
No escribió para estar y sentirse bien, para complacerse y tener éxito
o buena posición social. Más bien en este designio perdió
toda su riqueza dedicándose a escribir y previo a ello a investigar la
realidad.
Fueron tantas las dificultades que tuvo que superar, las barreras que tuvo que
vencer para escribir que es un mártir, un héroe, un gladiador,
y son tantas las intuiciones geniales a las que arribó, el adelanto de
ciencias ni siquiera antes avizoradas quizá gracias a su actitud ingenua
a tal punto que no falta quien, para explicar este fenómeno, le quiera
atribuir poderes sobrenaturales.
En realidad, los tuvo para darse cuenta que el mundo estaba al revés,
para empeñarse en enmendarlo y persistir hasta morir en el intento.
Guamán Poma era hombre de puna, llacuaz, un yaro, jalquino, de paja
brava, zorro de arriba, águila y puma. ‘Rey de las aves y de los animales
de tierra’, apuntaba él mismo socarronamente.
Fue indio noble y con tal de defender a su pueblo haciendo constar en un escrito
sus sufrimientos y vejámenes de parte de encomenderos y adoctrinadores–
llegó a ser mísero y hasta un mendigo. ¡Qué signo, determinista
y fatal se cierne a veces sobre la escritura!
Nació en San Cristóbal de Santunto, dependencia de Santiago de
Chipao, perteneciente al corregimiento de Lucanas y al obispado de Huamanga.
Su linaje y sus antepasados eran huanuqueños, de sangre Yarovilcas, pero
la tierra donde vino al mundo él fue en las alturas de Lucanas.
Debió nacer luego de la invasión española a las tierras
del Tahuantinsuyo, en 1535, o un poco después.
Su nombre es totémico: Guamán, que es águila y Poma, que
es puma, deidades adoradas en el antiguo Perú. Pudo haber nacido incluso
antes de la incursión europea a estas tierras pues no se precisa bien
la fecha de su nacimiento. Su denominación como Felipe Guamán
Poma de Ayala es una investidura prestada por él mismo quien en un momento
se autodenominó Felipe, por el Rey de España, y Ayala por un español
tutor y amigo a quién él tributa toda clase de reconocimientos.
Es indio, no mestizo; quien, así como se apropió de la escritura
para defender y combatir, se apropió de la genealogía y estructuró
su árbol genealógico de tal modo que sus ancestros pasan por los
soberanos incas y se remontan hasta descender de un origen divino.
La obra que escribió es un libro rudo, tembloroso y mesiánico
que tituló "Nueva Corónida o Buen Gobierno", "corónida"
por decir crónica en su mal lenguaje, siendo un alfabetizado compulsivo,
quien para continuar con su memorial lo escribía en lengua de Castilla
como también en quechua, a veces en aimara, sin obviar el latín
y hasta en griego.
Lo hizo sin saber escribir de modo seguro, pues en muchos pasajes hace un amontonamiento
de palabras sin ninguna sintaxis que ha motivado que se diga que pudo ser escrita
en estado de embriaguez
O, cuando las palabras ya no le alcanzaban o ya no podía describir ni
dar pábulo a sus experiencias, emociones e ideas, entonces dibuja. O
repetidas veces, manifestando que era imposible continuar algo, solía
llorar.
Su obra la escribió a lo largo de más de cuarenta años
(1567 a 1613), como él lo dice, hecho que ha sido cuestionado aduciendo
que en algunos períodos ofrece datos que ocurrieron en fecha posterior
que él dice vivirlas. A esto se refuta diciendo que el original pudo
actualizarse.
Más bien la escribió con el alma en vilo, o como si se estuviese
al borde de un abismo, o ante el morir, como él decía.
Tres siglos esta obra urgente y perentoria para aliviar los males de la gente,
permaneció oculta y sepultada. Pero ¿cómo es que fue a parar en
donde se la encontró sin sospechar nunca de ella? Su descubridor después
de aquellos tres siglos fue el director de la Biblioteca de Gottinga, Richard
Pietschmann, quien se dio de bruces con ella en la Real Biblioteca de Copenhague
en Dinamarca, encuadernada en pergamino, numerada como el manuscrito 2232 de
la colección real. Y la presentó con un informe en el Congreso
de Americanistas realizado en Londres en 1912.
Al dolor con el cual fue escrita se suma el dolor de su olvido y enclaustramiento.
Pero hay uno de esos tormentos significativos, cual es el dolor de las lenguas
con que fue escrita, de la escritura abrupta y retorcida de sus líneas
y las épocas en pugna, de los instrumentos, de los instrumentos con los
cuales él escribe, de los códigos, porque cuando ya es impotente
para escribir dibuja. Donde todo es asombro, estupor, confusión y debajo
dolor.
Pero a esa confusión de lenguas se agrega otra más. El manuscrito
se encontró en Copenhague, en una biblioteca y en un país de otro
idioma, bajo la cúpula de una biblioteca de una lengua extranjera que
a él le hubiera aturdido, el danés, idioma más extraño
todavía a aquellos en los cuales el legajo había sido escrito.¡Qué
desorden de lenguas para el buen gobierno para su pueblo, que era su cometido
y sigue siendo utopía y sigue siendo ilusión día tras día!
Para escribirla tuvo que realizar constantes viajes y en muchos casos dando
vueltas sobre una red de caminos como en una noria.
Estos signos mágicos, estos recovecos y pasos laberínticos de
su crónica por el mundo real y el otro por el mundo de la ilusión
de un buen gobierno y la esperanza de redención para que todos se hagan
buenos, explotados y explotadores, ¿no tienen acaso un signo trágico?¿Y
aquel otro viaje simbólico y laberíntico y por extramares, mágico
y atávico para ir a dar a la Real Biblioteca de Copenhague y permanecer
allí recluida durante tres siglos?¿Habráse terminado este sino?
Ahora, ¿se la comprende?, ¿se la conoce?, ¿se entiende lo que dice?, ¿se explica?
Guamán Poma para escribirla se impuso investigar la realidad, viajar
por los pueblos.
Él era cacique de su provincia y al ver la explotación despiadada
de sus hermanos de sangre y raza, y sabiendo que las leyes dadas por España
se dedicaban a protegerlos se propone escribir dicha obra y de ese modo podía
arremeter contra los malos funcionarios corrompidos.
En tal propósito consideró seriamente que lo mejor sería
informarse bien averiguar, investigar, hacer anotaciones siendo el primer periodistas
de estas tierras. Armó su equipo, donde consideró a su caballo
y a sus dos perros con los cuales se lanzaron a los caminos. A entrevistar a
los antiguos, a los viejos.
Se dedica a visitar pueblo por pueblo para conocer su vida y sus costumbres.
Él mismo se dibuja bajo la lluvia, con relámpagos y truenos; pone
el sol a un lado y a la luna en otro significando de ese modo transcurso, viaje
o devenir, dando lo mismo caminar con luz de sol o de luna.
El mismo se denomina "vagamundo" o "el autor que camina", de feria
en feria pueblerina, de valle en valle, de cuenca en cuenca, deambulando por
los mercados, por las fondas de mala muerte, con su castellano mal hablado,
pernoctando a veces en guaridas de bandidos.
¿Qué hace en todas estas circunstancias? Observa, conversa y anota. No
olvida mentalmente nada. Registra como una misión esencial en su vida,
haciendo cálculos y comparaciones, recogiendo información de toda
clase, sobre hechos históricos, sobre el origen de los antepasados, sobre
costumbres, medicinas, aspiraciones de los pobladores, pero sobre testimoniando
el dolor de la gente expoliada por mandones y mandoncillos.
Llegaba a un pueblo y buscaba a los ancianos de más de 100 años
y a los quipukamayos que leían los kipus en quienes lo primero que resalta
de sus relatos es la grandeza y el esplendor del imperio incaico.
En este trajinar andariego perdió su caballo, de nombre Guiado, murieron
sus perros Lautaro y Amigo, y se le escapó el hijo que llevaba: Francisco.
Cuarenta años caminó llevando en su alforja estas hojas de su
manifiesto con el cual redimiría a sus hermanos.
De lo primero que se dio cuenta es que el mundo no había sido así.
Los abuelos le informaron de la grandeza del imperio incaico, de la nobleza
insigne, de la justicia proba y de las leyes justas y benefactoras que imperaban,
de lo cual ahora por obra de las armas extranjeras solo quedaban ruinas y despojos
porque vino una cultura del saqueo, del egoísmo y del engaño.
Ocho décimas de la población de los antiguos peruanos habían
desaparecido. Es decir, de cien ochenta. Y su obra se torna denuncia de los
crímenes y atrocidades que se seguían cometiendo en contra de
los indios parias, míseros, tratados peor que bestias. "Peor que
los mismos perros". Y había que poder mirar al revés, vueltos
de cabeza para darse cuenta que otra era la condición que correspondía
a los indígenas.
Pero, ¿qué infierno y lugar de condenación es este que hasta los
virreyes en sus informes suplican piedad para los indígenas? Ellos ¿gobernaban
o no? ¿Qué lógica es esta? Lo concreto del poder ¿quiénes
lo tenían? Corregidores y encomenderos. Los virreyes hacían vida
social y de vez en cuando se condolían de la miseria de los hombres de
su reino, "los más pobres del planeta", según ellos
después de haber pertenecido a una sociedad en que no hubo un solo desprotegido
o que se quedara un día de hambre en el gran Tahuantinsuyo.
¿Cómo escribió su obra? Conversando con los pobres, trabajando en todos lados. Él mismo lo refiere:
"dexando mis casas y hijo y haciendas etravajado enrandome a medio de los pobres... prendiendo las lenguas y leer y escribir siruiendo a los dotores y a los q. sauen y alos q. no sauen y meecriado enpalacio en casa del buen gobiern en la audiencia y e servido a los sañores bisorreys oydores prisidentes y alcaldes de corte y a los muy yllustres Yn cristos Sa obispos y a los ilustres comisarios y etratado a los padres corregidores comenderos becitadores ceruiendo delengua- y counersndo y preguntando a los espanoles pobres ya Ynºs pobres y anegros pobres euisto becitador de la Sta. yglecia y becitador general de Ynºs tributarios y rreuicias y conparación de tierras y como pobre con ellos trato y anci me descubre su pobresas y a los padres sus soberbias lo tanto trauajo de la soberbia delos pe corregor comendero de caciques prencipales los q. percigue alos pobres dejesucristo aueces es de lorar aueces es de reyr...
La recopilación folclórica que hizo Guamán Poma incluso por sus propios detractores es reconocida como extraordinaria y valiosa. Recoge cantos, danzas, ritos agrícolas y religiosos, poemas, uno de ellos estremecedor: "El cráneo del traidor beberemos en él / llevaremos sus dientes como collar / de sus huesos haremos flautas / de su piel haremos un tambor / entonces bailaremos".
Pensó solo, sin tener grupo o un colectivo de personas que lo secundaran.
Su texto así es un soliloquio, un hablar a solas, una confesión
de parte consigo mismo.
Su defensa de los indígenas no era una corriente de pensamiento compartida,
porque era arriesgado hacerlo. No se conocen otros nombres de personas que formaran
con él un grupo de amigos, un cónclave o cofradía con los
cuales pudiera compartir, debatir, confrontar sus ideas. Rumiaba sus pensamientos,
mascullaba palabras, acunaba sentimientos pero solo y luego las escribía.
Y debió proteger y salvaguardar sus escritos como si fuera un tesoro.
Su informe al rey era su nave, su tabla de salvación, su asidero en el
abismo. Todo lo vivía para consignarlo en las páginas de su atestado,
sin dejar de ser una carta personal, solitaria y confidente que al final llegó
a constituir un legajo de 1179 páginas, con 400 dibujos de la vida cotidiana,
de las costumbres y de los hechos sociales e históricos de su época.
Escribir con las entrañas abiertas. Escribir como si estuviéramos
amarrados a un cepo y fuéramos a morir, amando y odiando fue su destino
de este apóstol indio.
Fue un idealista de solemnidad y en el fondo un alma candorosa y hasta ingenua.
Pensó en la magnanimidad del Rey de España y él en su brazo
para corregir los males del mundo de este quijote indiano Pensaba en que las
leyes son buenas y los que las aplican son malos, venales y abusivos.
Fue un recogedor fascinado de tradiciones, un documentalista íntegro,
un científico de la información y, a su manera, un innovador de
contenidos asombrosos en el campo de la educación y el desarrollo social.
Tal como lo dejara consignado el historiador Juan José Vega en su libro
"Guamán Poma, el precursor":
Fue visionario en una época en que sólo una mente delirante hubiera
concebido: la educación femenina, la educación por el arte, la
enseñanza bilingüe, la educación permanente, la educación
universal.
Avizoró disciplinas y profesiones, tales como: el folclore, la geografía,
la antropología, los estudios afroperuanos; aparte de tener intuiciones
geniales respecto al evolucionismo social, la teología de la liberación,
la jornada laboral limitada a las ocho horas.
Fue precursor también, en el año 1600, en que vivió, de
la independencia americana.
Por más de tres siglos solo existió un ejemplar de su obra, manuscrita
por él mismo. Absolutamente cerrada por tres siglos estuvo esa epístola
dirigida al rey que él abriera y volviera a abrir bajo las estrellas
de los cielos de todos los pueblos por los cuales anduvo. ¿Conocerla hubiera
cambiado en algo el destino de las poblaciones indígenas?.
Lo menos que podemos decir es que él fue un escritor valiente y no complaciente.
Vigoroso y no de la morbosidad, sincero y no medrero.
Traza siete escatologías de animales para parodiar y caricaturizar la
fauna que diezma y tortura a sus hermanos indígenas: El tigre (españoles
del tambo), serpiente (el corregidor), león (el encomendero), zorro (el
cura aldeano o padre de la doctrina), gato (el escribano), ratón (el
cacique principal).
"estos dichos animales que no temen a Dios, desuellan a los pobres indios
en este reino, y no hay remedio, pobre de Jesucristo".
En su crónica hay dolor y queja contra la desmesurada codicia de corregidores
y encomenderos.
Es apasionado, fanático, parcial. En ello se le va la vida. No es neutro
ni imparcial, ni sereno ni ponderado. ¿Cómo había de serlo teniendo
el abuso y la muerte por delante? Es luchador, vive apostrofando, divagando
si se quiere, pero defendiendo lo urgente. Toma partido por algo.
Su obra, como él lo dijo: "A unos arrancará lágrimas,
a otros maldiciones, a unos risas; otros lo encomendarán a Dios..."
A ratos riguroso a ratos alucinado. Por momentos cuerdo y por momentos desmesurado,
en instantes piadoso y en otros delirante y exacerbado.
A ratos creyente a ratos apóstata, reencarnación de la behetría
que subsiste en el fondo y en la inconciencia del alma de nuestra gente.
Sería difícil encontrar un explorador, recopilador, procesador
de información y sobre todo un defensor de su pueblo más vivo
y arriesgado que él. Fue también, por este motivo, el primer ambulante
del Perú, que andaba escribiendo en el libro que llevaba bajo el brazo
por los obrajes, las minas, los puertos, orillando el curso de los ríos,
o en las casuchas de los pastores y siempre acerca de la vida y el sufrimiento
de la gente.
En todo sitio –a veces a la luz de la luna– iba escribiendo, fue primero un
maravilloso lector oral, que no tenía casa y dormía en los zaguanes
de donde era arrojado porque su presencia y su modo de ser resultaban impertinentes.
Su genio y su lenguaje eran virulentos, constantemente procaces y quien tuvo
diversas denuncias como un indio "de mala inclinación". Se
conoce que quitó mujer y le quitaron también su mujer, que era
jaranero y andaba y bailaba hasta el amanecer.
Y es que nada más chocante para aquella época que un indio orgulloso.
Mucho más que tenía mucho de verbo y qué decir.
Porque se tiene el estereotipo de ubicar al indio sumiso, súbdito y servil.
De allí ¡qué sublevación debe haber causado entonces la
imagen de un indio rebelde, vigoroso, desenfadado! Con lengua fácil para
aducir, replicar, debatir, presto a la denuncia, a acusar, señalar entuertos
y malas acciones.
Un indio así debe haber sido inaguantable, juzgado desde su condición
de indio. Estas libertades hasta se podían permitir en cualquier otra
raza o clase pero no en un indio.
Fue un indio perennemente sublevado, pese a que se declara vasallo del rey y
cristiano fervoroso. En el fondo se pone las investiduras del rito occidental
para bufar, bramar, despotricar. Se atilda para lanzar su grito herido en nombre
incluso de los supuestos valores occidentales.
Le pusieron en la cárcel porque no era un indio sumiso. Era un indio
arrogante. Tenía él una fascinación por si mismo. Se dibujaba
armonioso, joven, seductor. Y consignaba por escrito ser príncipe.
De su obra le decía al Rey en su grueso legajo: "Escrivillo es llorar",
por el enorme sufrimiento de su gente y por los males que en su libro se cuentan.
Fue el primer "gestor de información", pero de aquel conocimiento para
cambiar urgentemente y redimir la vida y el mundo. Fue recogedor de la información
que nos interesa, porque está hecha para tomar decisiones de vida o muerte;
de aquella que representa al hombre, que nos dice de la realidad, que subleva
y postula una esperanza.
Sin embargo, su libro "Nueva corónica y buen gobierno" no llegó
a su destinatario. Fue vendida al peso en una carnicería de Lima cuando
su autor ya mendigaba y se había decepcionado del último intento
que hizo de remitírsela al Rey. Como hemos dicho, fue descubierta en
1908, se presentó un informe de ella en 1912 y recién dicha obra
fue publicada el año 1937.
Está no solo dedicada sino escrita y dirigida al Rey.
Pero llegó a su destinatario 350 años después cuando el
Rey Juan Carlos de Borbón visitó, en 1972, el Cuzco acompañado
de su esposa la Reina Sofía, circunstancia en la cual, el Alcalde de
la ciudad de ese entonces, don Daniel Estrada, le entregó un ejemplar
editado de aquella obra.¡Qué extraños laberintos siguen los pasos
de los seres y las cosas!
Guamán Poma quien recogió datos, informaciones, conocimientos
empapados en lágrimas, sudor y llanto del pueblo que amó y por
el cual se hizo mísero, por el hecho de ser indio ni en vida –ni tampoco
después de muerto– es tomado en cuenta en la galería de personajes
importantes del Perú.
Sigue siendo un marginado. No hay una sola calle, ni una plaza ni un solo monumento
en cualquier ciudad importante de nuestro país dedicado a su memoria.
No figura ni siquiera entre los retratos de hombres que se los erigen como aquellos
que culturalmente han ayudado a construir el Perú y que se presenta en
la galería de forjadores de la nacionalidad peruana, y que lucen, en
la galería de retratos en el hall de la Biblioteca Nacional.
Al contrario, se lo persigue para destruirlo. Se trata de hacerlo desaparecer.
En el último congreso de historiadores realizado en la Universidad Católica
se consintió que se presentara una ponencia, a cargo de la italiana Laura
Laurencich, en la cual se negaba incluso su existencia, atribuyéndole
su "Nueva corónida..." al sacerdote chachapoyano Blas Valera, como si
el sufrimiento, el dolor y la lucha feroz con el lenguaje pudieran simularse.
Cabe imaginar a Guamán Poma de Ayala, que cuando todo ya no le obedecía,
recurría a la oralidad, también para apostrofar, maldecir, gemir
y retorcerse de dolor por el Perú, expresiones que no han quedado registradas
pero que es posible imaginarlas la literatura y su ubicación en la realidad
en el sentido de cuánta relación tiene con nuestra identidad que
es lo mismo a decir en cuanto equivale y tiene correspondencia con nuestro destino
como individuos y como comunidad.
En él, César Vallejo, José Carlos Mariátegui y José
María Arguedas, encontramos la equivalencia del acto de escribir junto
y paralelo al de sufrir, anhelar el bien y luchar por la humanidad. Y, mientras
tanto el dolor permanece y hasta se expande, utilizar la pluma como un arma
de lucha y redención.
Ellos son los paradigmas de escritores porque en ellos como en ningunos otros
está latente y palpable el drama de nuestra identidad.
Fue el primer recolector de nuestras tradiciones orales, el primer folclorólogo
y documentalista en el Perú; precursor de muchas corrientes de pensamiento
en el Perú actual.
Constituyen el modelo de escritor no para vender, ni para tener éxito
ni para ganar premios, ya que se cree ahora que esa es la misión de un
escritor, una suerte de mono de vitrina. Él asume el escribir para defender,
amparar y proteger, para cumplir una alta misión social, vigilante y
redentora, como es la misión que se impuso cumplir.
Guamán Poma llegó a ser finalmente un hombre de letras –si se
podría llamarlo así– y constituye un paradigma de las letras ariscas
y conturbadas que alcanza a ser su escritura, urgido de escribir por el dolor
en el que se desangraba su pueblo.
Llegó a ser el escritor de una obra que quería cumplir la misión
de aliviar el sufrimiento de la gente, un cronista de su época elevado
a la picota de sus sentimientos y de su conciencia histórica.
Para quien era un imperativo moral sacudir la conciencia del gobernante de quien
se veía que depende la solución a los males que afligen a la gente,
reflexión candorosa que no resta mérito a su descomunal aventura.
Era un creyente en la función social y redentora de la palabra escrita
y eso lo salva y lo vuelve un referente en la historia humana. Era un indio
sensible, dolido, ofendido, indio de gran coraje que intuyó el poder
mágico y revelador de l palabra escrita.
"Monstruosa miscelánea" dice de su obra Raúl Porras
Barrenechea quien se burla, hace escarnio y hasta lo calumnia.
Pero Guamán Poma pulsa el lenguaje intentando arrancar condolencia, piedad,
purificación del alma para cambiar el trato con los indios.
Amar lo nuestro hundir las raíces en la heredad querida. Alentar nuestra
identidad.
Su obra es un monumental legado a nuestra identidad, a la reconstrucción
de nuestra historia, a formar pertenencia e identidad, personal y colectiva.
Este compromiso con el pueblo, con lo popular, lo humilde, lo pobre, sencillo
y mísero. Esta adhesión al hombre que sufre. Este vibrar con lo
telúrico.
Por solidarizarse y comprometer su vida fue deviniendo en tormentosa, angustiada
e infausta.
A eso llamo escribir para formarnos, querernos y amarnos.
La voz, la palabra y la letra de Guamán Poma que hasta ahora sangra cuando
clama por las condiciones de vida que sufren los indios en minas, obrajes y
haciendas, nos llena de coraje y esperanza.
Fuente: Instituto del Libro y la Lectura del Perú.
Danilo Sánchez Lihón
danilo_sanchezlihon1[arroba]hotmail.com
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