La literatura infantil tiene en la gran patria latinoamericana
que hacer un esfuerzo por esclarecer y plasmar una epistemología propia,
porque si postulamos que este quehacer está imbricado profundamente con
la historia y siendo estos dos factores únicos, inconfundibles y de especial
significación en América Latina, cabe entonces esperar bases y
propuestas propias en este espacio y orden de cosas.
Hace falta, pues, una concepción auténtica, propia de América
Latina en el campo de la literatura infantil, una teoría y una doctrina
peculiares, porque en este ámbito estamos aún subyugados a lo
foráneo y por tanto ajeno a nuestra cultura. Se repiten en los países
hermanos los mismos presupuesto doctrinarios y conceptuales de quienes nos avasallan
y hasta repetimos, sin recrearlos, los mismos cuentos de quienes nos sojuzgan
y con los cuales socialmente tenemos afinidades muy lejanas.
Asimismo, para el caso de América Latina, el acaecer literario en el
campo de la literatura infantil debe estar más vinculada al acontecimiento
de la cultura y la comunicación; comprometiendo aún más
la participación de padres y ciudadanos en la forja de un destino promisorio
para nuestros pueblos.
Todas estas vinculaciones las consideramos más urgentes que su fidelidad
a criterios y dogmas estéticos o a los cánones de la teoría
literaria, la misma que últimamente se somete al infundio de reclamarse
"ciencia", atosigada como está por unas premisas formalistas y artificiales
y, consecuentemente, falsas así como contrarias al espíritu de
infancia, libre, fresco y espontáneo que debe estar presente en el campo
de la estética de la literatura infantil si queremos ser coherentes entre
el sujeto, el objeto y los procesos que los unen.
Si tenemos que seguir llamando teoría literaria a los principios estéticos
aplicados a la literatura infantil, creemos que ella tiene que estar confrontada
en nuestro continente, más con la realidad, la ética y las condiciones
cotidianas del hombre y la sociedad en esta circunstancia, en el "aquí"
y "ahora".
Hay, en tal sentido, unas apreciaciones que consideramos
básicas y es la relación existente entre literatura infantil e
identidad cultural, pudiendo postular incluso que no hay campos con mayor afinidad
que éstos dos, puesto que aquélla actúa en la formación
de una concepción del mundo que tiene o tendrá el niño,
lo liga con su realidad y lo proyecta en su historia.
Es, entonces, lo primero que hay que cuidar y entender cuando nos imponemos
un programa de desarrollo de la literatura infantil en el ámbito de nuestras
sociedades, puesto que ella debe ser el proceso fundamental para la afirmación
de saber de dónde venimos, quiénes somos y hacia donde vamos o
nos dirigimos.
Estas consideraciones nos proyectan hacia algo que también tiene un carácter
primario, así queremos ubicarlo, cual es el lenguaje; cuyos alcances
tienen que ser por lo menos intuidos entre las personas pertenecientes a una
comunidad, como es el caso de los latinoamericanos, quienes no podemos eximirnos
a la obligación de estar de acuerdo en este aspecto, porque para unirnos
y entendernos necesitamos hablar un lenguaje que sepamos lo que verdaderamente
significa, hecho que no ocurre todavía actualmente.
Hay un ejemplo ilustrativo. Se cuenta que había un desgobierno y desorganización
total en un imperio a cuyo trono accedía un nuevo soberano. Le preguntaron
entonces al flamante rey cuál iba a ser su primera decisión y
qué es lo primero que haría al asumir su reinado. Muy claro respondió
que su primera medida iba a ser una campaña intensa y vasta para devolver
el verdadero significado de las palabras.
Porque no puede haber orden ni gobierno, explicó, si al huevo lo llamamos
pan y al pan huevo, que era igual llamar a la tiranía democracia y a
esta tiranía, a la corrupción indulto, al desfalco "pagos especiales",
a la coima "comisión". Dijo: al robo y a la estafa hay que llamarlo robo
y estafa. Y creo que mucho del buen gobierno depende de esta claridad semántica.
Todos estos elementos expuestos nos conducen a la cuestión de fondo,
cual es el de la identidad, que en el fondo es autenticidad, y a la reflexión
acerca del lenguaje con el cual a ella nos aproximamos, a fin de poder dilucidar
y precisar el signo histórico que ha seguido la literatura infantil y
juvenil en nuestra sociedad, hecho que intentaremos hacer en las páginas
que siguen.
Página siguiente ![]() |
Trabajos relacionados
Ver mas trabajos de Lengua y Literatura |
|
Nota al lector: es posible que esta página no contenga todos los componentes del trabajo original (pies de página, avanzadas formulas matemáticas, esquemas o tablas complejas, etc.). Recuerde que para ver el trabajo en su versión original completa, puede descargarlo desde el menú superior.