1 D.- Las 16 razas o "los 16 senderos de destrucción"
Hasta prácticamente la conclusión de Lemuria no hallamos, en
relación con el ser humano, un desarrollo equivalente a lo que hoy podemos
considerar como raza. En ese momento nos hallábamos tocando ya el nadir
de la materialidad, condición propicia para que las formas de los hombres
pudieran diferenciarse entre sí, por lo que una vez abiertos sus ojos
hacia el exterior y ausente aún el intelecto, además del rechazo
surgido hacia los no afines de forma espontánea, inevitablemente condujo
a la conformación de lo que con posterioridad hemos conocido y continuamos
conociendo como razas. Los requisitos que a lo largo de las edades han prevalecido
para su definición han sido constantemente similares: siempre se ha tratado
de grupos de fuerte base endogámica, dando lugar a caracteres que se
repiten ininterrumpidamente que propician la propia degeneración. Son
atraídos entre sí por la ley de afinidad y ley de asociación
dentro de la superestructura de Ley de Causa y Consecuencia, apegándose
intensamente, sagradamente incluso sobre el territorio y con gran aversión,
cuando no exclusión total (léase, por ejemplo, los vikingos) a
la mezcla de sangres extrañas, más un arraigadísimo sentimiento
de pertenencia colectiva en la que el Yo individual no tiene relevancia alguna;
en resumen, una simbiosis de ente colectivo y territorio sin distinción
práctica posible, etc.
Aún así, las razas tienen lugar únicamente durante uno
de los Grandes Períodos dentro de los siete días de creación
o plan de Dios para el mundo: el Período Terrestre. No las ha habido
en ninguno de los tres Grandes Períodos que han precedido al presente
– Períodos de Saturno, Solar y Lunar –. Tampoco las habrá en el
futuro. Su tránsito en el proceso del Gran Días de Manifestación
actual, apenas si representa un suspiro, un leve chispazo. Con todo, las razas
se van correspondiendo con distintas gradaciones que han de pasarse a lo largo
de la evolución, dado que, de no ser así, no podría haber
progreso para los espíritus que sucesivamente se encarnan en ellas. Aún
dentro de su misma fugacidad en el decurso evolutivo, el peligro que en sí
mismas entrañan las razas radica en que los espíritus se apeguen
demasiado a alguna de ellas, es decir, a las mismas formas, y por tanto, como
ya hemos señalado, no logren avanzar. Ello constituiría un gran
problema. De ahí que los Guías de la humanidad hayan convenido
en denominar a las razas "los dieciséis senderos de destrucción".
En cualquier caso, sí las ha habido a partir de Lemuria y concluirán
en la que en ocultismo se denomina: Sexta Época.
De todos modos, antes de la enunciación de cada una de las razas, debemos
hacer la anotación de que, si bien las Grandes Jerarquías Creadoras,
las cuales nos ayudaron a progresar emanando de sí mismas durante la
Involución los gérmenes precisos para la constitución de
los vehículos que hoy hemos llegado a poseer, los Guías de la
humanidad nos han suministrado asimismo ayudas de incalculable valor. Éstos
seres, enormemente más evolucionados que nosotros, y bajo un trabajo
amoroso, han estado aquí durante edades y edades (y aún lo están)
para tomar muy al principio la vara de mando, pues la incipiente humanidad no
poseía más que el germen de una mente sin posibilidad mínima
de orientación ni de propia dirección. Y estos Guías, grado
por grado, lo hicieron. Fueron ellos, los Señores de Venus y los Señores
de Mercurio, quienes, si no tan avanzados como los residentes en el sol – los
arcángeles – sí lo están muchísimo más que
el hombre. A los Señores de Venus se les llamó "mensajeros
de los dioses" aparecieron entre los hombres, motivo extraordinario por
demás para tal reconocimiento. Se les reverenció como a dioses
mismos y sus órdenes jamás fueron discutidas.
Una vez la humanidad hubo llegado a un grado de desenvolvimiento, de forma automática
quedó configurado dentro de ella un grupo de "avanzados", a
quienes se colocó bajo la égida de los Señores de Mercurio,
quienes poco a poco fueron introduciéndolo e iniciándolos en las
verdades para entonces más elevadas, cuyo conocimiento y puesta en práctica
constituían requisitos de primer orden para el avance y progreso del
hombre infante. Mediante la dignidad de reyes a la que fueron exaltados, estos
hombres instruidos o iniciados habrían de ser los primeros guías
propios de nuestra oleada de vida; y, por lo mismo, ellos habrían de
ser los fundadores de las dinastías de Legisladores Divinos, lo que equivale
a decir "por la gracia de Dios", o en otras palabras, por la gracia
de los Señores de Venus y Mercurio, al ser considerados auténticos
dioses por nuestra primera humanidad.
Obviamente, la instrucción recibida había sido dirigida a que
el gobierno que ejerciesen repercutiera única y exclusivamente en beneficio
del pueblo, por lo que cualquiera de tales Regentes de ese tiempo era tenido
como verdad sagrada cuando se entregaba a educar y ayudar a los suyos, ya propiciando
el bienestar o la equidad. Verdaderamente, mientras ejercieron sus reinados
tales reyes, bien puede afirmarse que tuvo lugar una indiscutible Edad de Oro.
Esto tuvo lugar fundamentalmente dentro de los Toltecas, la tercera raza de
la Época Atlante, cuando reinaron desde su famosísima "Ciudad
de las Puertas de Oro".
Los Señores de Mercurio aún se encuentran actualmente entre nosotros.
¿ Qué es lo que ellos hacen ? Lo que mismo que hicieron desde su principio
entre la humanidad: la preparación del ser humano para el control y dominio
de sí mismo, pues en idéntica proporción en la que el hombre
se autodomine, en esa misma proporción será en la que se encuentre
preparado para gobernar a los demás. Recientemente Goethe lo reconoció
y afirmó: "de todos los encadenamientos que sufre la humanidad,
solamente se libera el hombre cuando se libera a sí mismo". Por
tanto, si los actuales gobernantes de masas lograran dominarse a sí mismos,
sin duda alguna retornaría en poco tiempo, en su forma actualizada, la
tan adentrada y añorada Edad de Oro. Por tanto, sólo de forma
excepcional es que también preparan al hombre para el dominio o gobierno
de los demás. Por lo demás, puesto que esotéricamente son
los verdaderos iniciadores del hombre, es de esperar que, dado que las tres
revoluciones y media que aún quedan del actual Período Terrestre
vamos a estar bajo la influencia creciente de Mercurio, es de pensar que los
trabajos bajo su inspiración aumenten de manera altamente significativa
Dicho lo cual, es conveniente pasar a citar las denominaciones de cada raza
habida, así como a hacer algunas consideraciones acerca de aquellas otras
que aún están por aparecer.
Así, pues, el siguiente cuadro, nos ayudará a comprender su encaje
y aparición:
Época de Lemuria:
1ª.- Lemúrica (puede ser denominada raza con dificultad)
Época Atlante: Época Aria:
(cabello redondo)
1ª.- Rmoahals 1ª.- Aria, que se encaminó hacia el sur de la India.
2ª.- Tlavatlis 2ª.- Babilonio-Asirio-Caldea
3ª.- Toltecas 3ª.- Pero-Greco-Latina
4ª.- Turanios 4ª.- Céltica
5ª.- Semitas originales 5ª.- Teutónico-Anglo-Sajona
6ª.- Akadios
7ª.- Mogoles
Como dos elementos distintivos y fundamentales de la 5ª raza atlante, anotemos
lo siguiente: uno, que a diferencia de todas las demás de dicha época,
las cuales fueron de piel roja y amarilla, ésta raza, la 5ª, Semitas
originales, fue la primera de piel blanca; y dos, que en calidad de núcleo
primigenio, fue elegida como básica de todas las razas que habrían
de configurar la por entonces y aún lejana Época Aria, hecho que,
dentro de los talantes de entonces en general, la elevó a su condición
de más importante. Y ello no sólo por lo expuesto, sino porque
ella habría de ser también la portadora, la primera en la que,
en algún grado, hallamos el pensamiento reconocible en cuanto elaboración
de la razón, esa razón insustituible para poder refrenar y contener
el cuerpo de deseos y, por ende, la pasión y el egoísmo, tan exacerbados
en aquél tiempo bajo influencia luciferina a la vez que jehovística.
En consecuencia, fue raza elegida como simiente, para que desenvolviese el intelecto
hasta un grado suficiente que a posteriori permitiera a sus descendientes -
las futuras razas arias - una evolución basada ya más en la razón
que en el desenfreno incontrolado y sustentado por las bajas pasiones. Se ha
reconocido que semejante trabajo de dirección, gobierno y control por
los Guías, constituyó todo un reto, dado que la transmutación
de la astucia de que disponía esta raza en razonamiento, requirió
leyes contundentes y de aplicación instantánea, ya de recompensa,
ya de castigo. Es de entonces que nos ha llegado el dicho de que "el camino
del transgresor es muy duro", puesto que quien incumpliere debía
temer bien a Dios o al Guía por quien en aquel momento eran conducidos.
Los Semitas originales es la raza relacionada con los hechos de Noé y
el diluvio (versión acomodada o símil a la de Moisés en
el mar Rojo), la que fue conducida y guiada hacia el desierto de Gobi, en Asia
Central, por donde se dice que anduvo errante y esperó los cabalísticos
cuarenta años para tener acceso a la Tierra Prometida, en realidad no
otra cosa que la tierra seca y dura, tal cual hoy la conocemos. ¿ De dónde
venían y por qué fueron conducidos hacia Gobi ? En ese último
tercio atlante, aquella neblina ígnea que había presidido los
cielos tanto de Lemuria como de la Atlántida comenzó a aclarar,
motivo por el que se produjeron inmensas inundaciones hasta cubrir la casi totalidad
de la Tierra; de aquí que, el Guía, previendo los acontecimientos,
optó por ponerse en camino hacia Gobi al objeto de salvar la simiente
elegida.
En este importantísimo orden de cosas, los componentes de esta raza -
divididos en doce clases, cada cual con las características propias de
su correspondiente signo zodiacal - tuvieron un tratamiento especial en numerosos
órdenes, dado que se trataba de no mejorar sólo físicamente
la forma, sino por supuesto, y también, sus vehículos invisibles;
se procuraba habilitarla como germen de algo futuro y mejor para la evolución;
su experiencia debía constituir un valiosísimo aporte tanto para
los Guías en general como para la misma humanidad.
Pero, por lectura directa de la memoria de la Naturaleza, se tiene la certeza
de que la mayoría se rebeló y frustró por completo - bien
que temporalmente - las metas propuestas por el Guía, dado que "se
casaron con las hijas de los hombres" y hubieron de ser abandonados; se
quiere decir con ello que, habiéndose casado con individuos de otras
razas no elegidas para el propósito descrito, con razas menos avanzadas,
menos evolucionadas con las que mezclaron su depurada sangre, se convirtieron
en inútiles e inservibles para los planes del Guía tantas veces
mencionado. Los miembros de la minoría que se mantuvo fiel hasta el final,
murieron físicamente en el mismo Gobi, los mismo que al renacer cual
descendientes de sí mismos, heredaron la Tierra Prometida y generaron,
o dieron lugar a las distintas razas arias que actualmente intentan desarrollar
y llevar la razón a un alto grado dentro de la Humanidad de desarrollo
y eficiencia.
Los rebeldes abandonados fueron, a pesar de sentirse el pueblo por excelencia
"elegido", los actuales judíos. Su apego a la raza ha sido
siempre y aún es fortísimo, y puesto que ni en bloque ni dispersos
por el mundo dicho sentimiento había sido quebrantado a través
de tantos y tantos sufrimientos como han padecido, Cristo encarnó dentro
de su raza a fin de que se esforzaran y pudieran salir de esa maraña,
de ese encorsetamiento sentimental por la raza que no propicia ni permite de
ningún modo la evolución ni de las formas ni del espíritu
hacia nuevas alturas ni fronteras. La cuestión es que, al día
de hoy, y tal cual las cosas, únicamente a través de aquel crisol
americano a que arriba aludimos, cuando la mezcla de sangres – judía
y americana-cristiana – y alcancen una proporción suficiente, será
que este pueblo salga de tan enorme peligro, cual es el de la posibilidad de
propiciar su degeneración racial y hacerla extinguir por continuado y
voluntario enclaustramiento en idénticas formas. Si se perdieron por
lo mas bajo, se salvarán por lo más alto. Ése es el designio.
Dentro de la época en que nos encontramos, la Aria, pero adentrados que
estemos ya en el signo de Acuario, cuando el sol por precesión de los
equinoccios se encuentre en la cúspide de la casa de este signo astrológico
(aproximadamente dentro de 637 años) procedentes del pueblo ruso y demás
razas eslavas, aparecerán y se desarrollarán la 6ª y 7ª de las
razas, las cuales vendrán a completar el septenario ario. Su desarrollo
espiritual devendrá a través de la música, arte para la
que unos y otros se encuentran especialmente capacitados. Sin embargo, aunque
la 6ª será una raza de corta duración porque la evolución
de la espiritualidad para desarrollarse de forma equilibrada es preciso que
lo haga a través y a un tiempo del sentimiento y el intelecto, será
con todo una raza de altísima espiritualidad y muy feliz en su duración,
dado que, viniendo sus grupos de procedencia de terribles y cuantiosos padecimientos,
el péndulo de la Ley de Consecuencia les dará esta oportunidad
única, llena de elevación espiritual y éxito.
Y asimismo, procedente de los mismos eslavos, tendrá lugar la formación
de la 7ª o última raza de la Época Aria.
Como final, o colofón de este interin de razas, decir que al inicio de
la ya mencionada Sexta Época, o Nueva Galilea, y como amalgama mundial
de razas que ya se está llevando a cabo en ese crisol que es los Estados
Unidos de América, provendrá, decimos, no sólo la raza
última sino la única que ha de conocer aquella Sexta Época.
Será el momento de mayor fulgor tras tanto esfuerzo evolutivo habido
hasta entonces, pues al fin tendrá lugar la fraternidad universal.
X
La palabra clave del Cuerpo Vital - cuerpo que da asiento a la memoria a través
de uno de sus éteres, el más elevado, el reflector - la palabra
clave, decimos, es "repetición". Es característica no
sólo de este éter específico, sino de todo el cuerpo vital,
de sus cuatro éteres. En la vida práctica está más
que demostrado – básicamente en una labor de aprendizaje – que, en general,
a base de repetir y repetir la lectura, o visualizando esquemas, o razonando
lo que nos propongamos aprender, al final, y en el grado que fuere, logramos
retener aquello que nos hayamos propuesto. Y como es a través del éter
mencionado que el intelecto envía e impone al cuerpo de deseos lo que
aquél determine, existirá un sin duda momento de concordancia
entre todos los vehículos humanos en cuanto a la aceptación respecto
a un ""algo" concreto y determinado.
De esta forma, por tanto, no será menos cierto de que a medida que realicemos
algo en un sentido idéntico e insistiendo en ello, aquello de que se
trate llegará a instalarse en nuestra conciencia de tal manera, que pronto
pasará a constituir parte integrante y cuasi indestructible de nuestro
propio ser. La repetición forma, pues, en un primer estadio el hábito,
y en un segundo acaba por conformar la costumbre por medio de aquel hecho rutinario
y mecánico, tal vez inconscientemente efectuado y deseado, por lo que,
de insistir con nuevos actos durante el tiempo pertinente, la costumbre irá
modificando nuestro carácter en un determinado sentido mientras nos va
absorbiendo y marcando una delineación cada vez más cerrada, menos
permeable hacia los demás y más excluyente en suma. La costumbre
tendrá la virtualidad de conseguir diseñar sin duda un patrón
monolítico de muy difícil apertura de cara a una presunta y siempre
oportuna renovación.
Sin embargo, si tenemos en cuenta que no existe la "quietud" esencial
en el universo y que, similarmente a lo predicado ya hace mucho por Heráclito,
todo se encuentra sometido al cambio permanente para su renovación con
nuevas aportaciones originales y por tanto para el mejoramiento – en definitiva,
parta el desarrollo y progreso evolutivo – cualquiera puede darse cuenta y ser
consciente de lo que en sí, y realmente, entrañan ya las cerrazones
doctrinarias, ya meramente costumbristas, ya filosóficas, ya científicas,
etc, etc. Porque lo que hoy parece ser mañana no lo es. La vida en su
inapreciable caminar, al compás de los "lentísimos molinos
de Dios", no espera sin embargo por nada ni por nadie. No existe el estancamiento
en ella, pues todo lo que no progresa, retrograda, como asimismo tiende a la
desaparición todo órgano - humano o no - que cesa en la actividad
que una vez le fue propia. Quizá sea éste el lugar indicado para
señalar que cualquier cosa instrumental que exista en el universo, y
que haya cumplido la función específica y concreta para la que
fue concebida y venida a ser, y por propia economía de la Naturaleza,
tenderá a desaparecer de forma ineluctable. Parafraseando a Salomón,
podríamos decir que todo tiene su tiempo y su función, pero terminando
por desaparecer lenta y definitivamente. Sólo el espíritu se encuentra
a salvo y permanentemente libre de la muerte. La muerte, en cuanto tal, no es
sino un mero estado instrumental diseñado e incorporado para llevar a
cabo el progreso humano.
En resumen o síntesis de lo arriba indicado, diremos que vivir intentando
progresar inmersos en tradiciones o viejas costumbres, o usando vestidos, herramientas
o útiles cuyo desfase temporal y tecnológico es evidente, pero
aferrándose a ellos denodadamente como aliento insustituible de vida,
ello, retrasará sin duda alguna la evolución de quien o quienes
se encuentren en dicho estado o situación. No se trata de ninguna advertencia
interesada, lejos de ello. La verdad no admite devaneo alguno, ni siquiera con
la razón, pues que de sí misma extrae, construye y muestra la
cambiante realidad, por nosotros percibida a través de un proceso ilimitado
en el que el nuestro es de exigua duración. Y tampoco la verdad alberga
dogma alguno – lejos de ello – dado que la realidad transitoriamente observada
no es sino una cara, cara infinitesimal y mutante de la verdad por medio de
infinidad de realidades sucesivas durante una infinitesimal proporción
de tiempo, aquél en el que nosotros aparecemos y con suma rapidez nos
extinguimos.
De aquí que, al aludir a los "ropajes de las tradiciones",
no hagamos sino recordar, o poner en evidencia que, cual mujer de Lot, nadie
en el camino evolutivo puede desarrollarse positivamente mirando hacia atrás,
dado que la cristalización, "estatua de sal", está a
la orden del día en todos y cada uno de los ámbitos y estamentos
por que cruza el ser. Por tanto, desvistámonos pronto y tiremos lo viejo,
lo antiguo, lo inútil, lo desfasado, todo cuanto, aún sin percibirlo
ostensiblemente en un instante dado, con seguridad absoluta va aislándonos,
encerrándonos y retrasándonos, convirtiéndonos en débiles,
lejanos y diminutos, en verdaderos rezagados en el esquema de la evolución.
XI
La cruz, en realidad, muy lejos de ser dos maderos cruzados y clavados sin
más, supone en si no sólo una composición lógica
que responde al desarrollo espiritual habido por el hombre a través de
los tiempos, sino un símbolo para la devoción y el sacrificio.
Su arquitectura, su trazado, se encuentra diseñada en el firmamento por
medio de los signos cardinales del Zodíaco: Así, conformando el
madero vertical, Cáncer al norte y Capricornio al sur; mientras dando
obviamente respuesta con su madero horizontal, se encuentran Aries al Este y
Libra al Oeste; signos que, nuevamente, y dos a dos, comprenden ambos solsticios
(norte y sur) y los dos equinoccios (este y oeste) De este modo, el planeta
entero se encuentra presidido de manera forma permanente por la forma y bajo
el auspicio de la cruz.
La primera parte que evidentemente surgió y fue adorada por los hombres
fue una columna vertical, la cual representaba la fuerza masculina (el falo),
fuerza generadora positiva. Aparecería con posterioridad la forma horizontal
que, en natural correspondencia con la fuerza femenina tanto en la naturaleza
como en la mujer. En consecuencia, esta desigualdad, ya en la posición
de los componentes o partes crucificiales como por la propia naturaleza de las
fuerzas que en litigio se amalgaman para conformarla, ha venido a constituir
la causa de tanto dolor y sufrimiento en el mundo durante eones de tiempo, por
lo que hasta no relacionarse con Cristo, en verdad la cruz fue un símbolo
de dolor y castigo por excelencia. (Todavía suele decirse en la vida
diaria y circunstancial: ¡ … qué cruz, qué cruz !)
Sin embargo, en el futuro, y antes de que haya dado término la Edad de
Acuario, la próxima, antes del completo transcurso de 2700 años,
la cruz, tal como la conocemos, y cual símbolo universal, será
sustituida por dos columnas verticales, una al lado de la otra, nuevo formato
que nos dará a entender que las fuerzas intervinientes, masculina y femenina,
las dos polaridades que configuran la vida, han conseguido hallar entre ellas
la igualdad, quedando instaurado para siempre el tan anhelado equilibrio perfecto.
(hagamos notar que, si bien la cruz es utilizada dentro de la fraternidad masónica,
son sin embargo las dos columnas – con sus nombres respectivos Jachim y Boaz
- el símbolo más utilizado por ella en los ritos propios de la
logia.
De cualquier forma, la cruz se adoró ya en la más antigua historia
por la Humanidad. Así, por ej., la "serpiente sobre la cruz",
símbolo de sabiduría esotérica, se encuentra en la Gran
Pirámide de Gizéh, puesto que en aquel tiempo su empleo era corriente.
Era llamada "Cruz Ansata" o "llave de la vida", la cual
lleva un círculo en la parte superior, queriéndonos indicar con
ello que el espíritu ha conseguido liberarse de la materia. Solía
ser enterrada junto a sacerdotes, faraones y reinas.
En cambio, para los hebreos, el símbolo de la cruz fue la Tau, que quiere
decir "vida eterna". Constituyó costumbre estampar en la frente
de los prisioneros liberados este signo para dar testimonio de que eran libres
e inocentes. E incluso parece ser que fue la Tau pintada en sangre sobre los
umbrales de sus puertas, cuando la décima plaga egipcia, lo que hizo
que el Ángel de la Muerte librase a sus moradores de la muerte.
Generalmente ha sido un símbolo adorado en todas las partes del mundo;
los mismos templos de los druidas fueron construidos con planta cruciforme,
y el caduceo, en esencia, fue una cruz griega o de brazos iguales. Modernamente,
sobre todo en Occidente, el caduceo se le reconoce como más certero y
acabado por lo que hace a la iniciación.
Hubo un tiempo, también, en que la cruz era presentada, sobre todo en
pintura, con un corderillo echado junto a ella, composición que venía
a anunciar la venida del Cristo, pues El Cristo, El Cordero de Dios, no simboliza
sino a Aries, (en su grado 7) el signo en el que vino. Ya, posteriormente, en
el Nuevo Testamento, es llamado por ejemplo "el buen pastor", o surge
la parábola por él presentada de la "Oveja perdida",
alusiones una vez más a la correspondencia de Cristo con el signo de
Aries, sin perjuicio de la discusión habida en esos tiempos respecto
a que si el símbolo del Salvador debiera consistir en los peces (Piscis),
dado que había quien afirmaba que el equinoccio vernal de su nacimiento
se encontraba en Piscis y no en Aries. De ahí que aún la mitra
de los obispos, esté conformada en forma de cabeza de pez.
Sin embargo, lo que es el crucifijo, o sea, la cruz con Cristo crucificado sobre
él, tardaría tiempo en ser usado, exactamente comenzaría
en el siglo VI. Bien, ¿ y por qué tuvo lugar de esta manera y no de otra
? Simplemente por lo siguiente: El hombre sacrificó en los más
remotos tiempos a sus semejantes por motivos religiosos, y, posteriormente habría
de hacerlo con los animales (Altar de los Holocaustos del Tabernáculo
del Desierto), por lo que sólo cuando Cristo vino dándonos y haciéndonos
comprender el concepto del sacrificio propio, sucedió que la figura de
Cristo fue incorporada a la cruz anterior para convertirse en símbolo
de devoción universal. De todos modos, digamos que este símbolo
de la cruz con una figura humana sobre ella, si bien son muy pocos los conocedores
de su significado perfecto, ha sido el emblema de Iniciación desde los
tiempos más remotos.
Como últimas aportaciones, siempre transitorias, en este pequeño
tratado "crucíficial", queremos señalar que el madero
inferior representa al reino vegetal, pues del centro de la Tierra suben las
corrientes etéricas que envían los Espíritus Grupo de las
plantas para darles vida, fuerza y vigor.
El superior representa al hombre, puesto que las corrientes vitales que a él
le son dadas provienen de arriba, del sol, las cuales continúan hacia
abajo, pasando por la vertical columna vertebral y de tal suerte que, el hombre,
como bien es conocido en esoterismo, es realmente "una planta invertida".
Para terminar, decir que el madero del centro, el transversal, es el que representa
al reino animal con su médula horizontal, dado que las corrientes de
sus correspondientes espíritus colectivos (corrientes que discurren en
el al Mundo del Deseo), viajan alrededor de la tierra, viaje en el que necesariamente
han pasar a través de las médulas espinales, y por tanto horizontales,
de sus respectivos protegidos.
Añadir, si cabe, que el proyecto o sombra de la Cruz – como haremos saber
en el próximo apartado - ya se hallaba cincelado en el trayecto y forma
adoptada antiquísimamente por el Tabernáculo en el Desierto, comenzando
en el Altar de los Sacrificios u Ofrendas, en su inicio oriental, y terminando
en la parte más occidental o Sanctasanctórum, en cuyo extremo
mismo se hallaba el Arca de la Alianza y la Gloria del Shekinah.
XII
Fue el templo antiguo de misterios de los talantes y fue dado al pueblo elegido.
Cuando el hombre hubo llegado al fondo de la materialidad, cuando hubo luchado
entre ella y frente a ella y al fin le era dada la mente - especialísimo
instrumento que junto a la voluntad debía convertirlo en ser libre, al
usar del libre albedrío que a partir de ese momento le era entregado
- en ese mismo momento el hombre tomó sobre sus hombros el diseño
de su propio destino y, por tanto, una enormes responsabilidad, pues, justo,
a partir de semejante instante evolutivo, las Jerarquías Creadoras lo
pusieron frente a frente a su actos y a sus correspondientes consecuencias.
De cualquier modo, y a pesar de la escasa conciencia que poseía, nunca,
jamás abandonó el hombre la sensación que ha llevado siempre
en lo más profundo de su corazón, la de aquella pertenencia suya
por naturaleza al "Hogar del Padre", y el Padre, amantísimo
y en su cuidado, nunca ha permitido también que su noche fuera de absoluta
oscuridad, antes bien, le ha ido proporcionando diversos medios de comunicación
o contacto a través de los tiempos, medios que le fueran proporcionando
la certeza de que podía encauzar, cual hijo pródigo en este valle
de lágrimas, su regreso a aquel hogar. Por tanto, aquella voz sin palabras,
aquel pedido místico con que le implora el corazón, de forma sucesiva
y paulatina ha sido atendido de acuerdo con cada época y grado de desenvolvimiento
alcanzado por las tribus, los pueblos, las naciones, las familias e incluso
por los individuos de forma particular. Así, el hombre ha dispuesto de
templos, de profetas, mitos y símbolos diversos …, instrumentos que han
ido incidiendo a un tiempo en nuestros corazones e intelectos de tal modo que,
sin esta panorámica acerca del pasado y nuestro comportamiento en primer
plano, de ningún modo podríamos aventurar siquiera una vislumbre
de lo que podría acontecernos de cara al futuro.
En este orden de cosas de naturaleza evolutiva es por lo que resulta de enorme
interés que conozcamos qué fue y en qué consistió
el Tabernáculo en el Desierto o Templo de los Misterios Talantes, el
que enlaza con el Templo de Salomón y a su vez, éste, con el advenimiento
de Cristo y, por tanto, y ya prácticamente, con lo dado por los Guías
para los tiempos actuales.
Así, pues, este templo a que nos estamos refiriendo fue dado por Jehová
e incluía grandes verdades cósmicas, las cuales hablaban al ser
interno del hombre. A través de él, cada uno podía hallar
a su Señor una vez se hubiera calificado mediante el servicio y la correspondiente
subyugación de la personalidad al Yo Superior.
Se encontraba orientado dicho templo de Este a Oeste, de tal modo que con la
puerta abierta, y a su salida, el sol penetrase dentro, señalándonos
que el avance espiritual, al igual que la marcha del sol, también avanza
en semejante dirección. Dado el gran cuidado puesto para su construcción
y en los detalles complementarios, resulta obvio que dicho templo ocultaba en
sí mismo grandes verdades cósmicas para el hombre que estuviese
presto a la Iniciación. Por tanto, y en aras a la mejor comprensión
de su estructura, pasamos seguidamente a dar una explicación, siquiera
sucinta, de cada una de las partes de que el mismo constaba.
Patio o Atrio
Consistía en un gran espacio que lo rodeaba. Como es sabido, la longitud
de este espacio era doble que la anchura, estando situada la puerta de entrada,
como se ha hecho hincapié más arriba, en la fachada oriental,
la cual se encontraba tras una cortina de fibra de lino con los colores azul,
escarlata y púrpura, colores que vienen a hablarnos del estado relativo
del propio templo con relación al Cosmos.
Pues bien, si todo ocultista sabe que el azul representa al Padre, el amarillo
al Hijo y el rojo al Espíritu Santo, por descontado que también
sabrá que en dicho velo únicamente se hallaban representados el
Padre y el Espíritu Santo por medio del azul y el escarlata junto al
púrpura, el cual no es sino la resultante o mezcla de los anteriores.
Ello, por tanto y obviamente nos está indicando que El Tabernáculo
fue construido para un tiempo previo, anterior a la venida de Cristo. De todos
modos, puesto que el color blanco es una síntesis de toda la gama cromática,
el amarillo, el color de Cristo, se hallaba también representado en aquella
parte blanca del velo.
El color amarillo nunca aparece en el templo microcósmico – el hombre
– hasta que lo hace como color del cuerpo del alma o "dorado vestido de
bodas" mediante su previa preparación para el matrimonio místico,
el que tendrá lugar en el propio interior del individuo santo.
Altar de Bronce
Éste se encontraba ya propiamente dentro del recinto del Tabernáculo,
y era el lugar donde los "pecadores de la ley" depositaban los animales
que portaban para su sacrificio durante el servicio del templo. Respecto a esto,
aunque desde nuestra mentalidad resulte extravagante y acaso hasta de escasa
eficiencia, piénsese que en tales tiempos, dado que el egoísmo
había sido promovido a fin de que tuviéramos motivos para la acción,
para nosotros, cuando éramos talantes, los animales constituían
la riqueza primordial, por lo que el hecho de tener que darlos al sacrificio
por los pecados, debió afligir de forma lacerante y atroz nuestros corazones.
Es bien sabido, de otra parte, que ninguna religión que se encuentre
muy por encima de nuestro nivel moral e intelectual, puede conseguir en nosotros
avance o elevación alguna. Así, por ejemplo, para un ser de naturaleza
bárbara, sin duda sus dioses deben ostentar rasgos de esta índole,
de lo contrario les volvería la espalda de inmediato. De igual forma,
si aún no era posible instaurar una religión de amor en aquel
momento de que tratamos, sí hubo necesidad de darnos una ley que exigiera
de manera implacable "ojo por ojo y diente por diente". Esta ley de
entonces venía a consistir prácticamente en "si haces el
bien, de inmediato te voy a premiar", por lo que obrar rectamente incorporó
la esperanza de la recompensa prometida, así como obrar mal habría
de conllevar por consiguiente y por lo mismo un rápido castigo. Los Guías
tuvieron que usar estas medidas a fin de que el hombre evolucionante, grado
por grado, fuese adquiriendo mejores delineaciones, ya morales o espirituales.
Porque, hoy mismo podríamos preguntarnos ¿ cómo pedirle a alguien
que obrase por amor hacia su prójimo si la muerte de uno de sus animales
era mucho más importante que la vida o vidas de cualquiera de sus vecinos
? ¿ Y cómo pedirle que se ofrecieran ellos mismos como sacrificios vivientes,
tal cual Cristo obró posteriormente tras su venida ?
Que el pecado no estaba previsto en nosotros al principio de nuestra evolución,
lo encontramos en el hecho de que el bronce, mezcla de cobre y cinc del Altar
de los Holocaustos, no se encuentra en la Naturaleza en estado natural, prueba
de que tanto el pecado como también el sacrificio de los animales inmolados
constituyen una anomalía, al igual que el dolor y la muerte que un holocausto
entraña. El fuego que en el Altar ardía era de origen divino,
y jamás se permitió que fuese apagado ni nunca se utilizó
otro a tales fines.
Una vez que el candidato a la iniciación se acerca a la puerta oriental,
aquél se encuentra "pobre, desnudo y ciego", está necesitado
de ser conducido hasta la luz, pero desde este estado de desnudez hasta ser
revestido con el manto o "coraza de Dios", ha de transcurrir largo
tiempo, tiempo en el que habrá de recorrer un camino escabroso y difícil.
La primera lección recibida consistirá en hacerle ver que el hombre
únicamente avanza si no es mediante el sacrificio, y que, en todos los
reinos, el superior necesita sustentarse en el inferior, hecho que, a su vez,
hará contraer una deuda con los sacrificados, ya sean éstos hombres
o pertenezcan a los reinos inferiores. De este modo, si bien ante el Altar de
Bronce el hombre ha debido apreciar y darse cuenta de que el animal sacrificado
ha dado su cuerpo como alimento y su piel como vestido en beneficio de su amo
pecador, no puede apreciar en cambio y de la misma manera la tenue luz que se
eleva a los cielos rodeada y envuelta en humo, pues sus ojos espirituales aún
son débiles y todavía no pueden "ni ver ni comprender"
la luz de otras verdades de más alta espiritualidad. La idea fundamento
para el lector debe consistir en comprender que cuanto se está describiendo,
todo ello, debe encontrarse y acontecer en el interior del individuo que camina
y se dirige hacia la espiritualidad que anhela. De aquí que de ningún
modo sea a través del Cristo externo por el que nos salvamos, no y nunca,
sino por medio del Cristo interno, el Cristo que mientras andamos el camino
nacerá dentro de nosotros. Por ello lentamente, y poco a poco, todos
y cada uno de los ritos de servicio hayan de ser llevados a cabo y vividos en
el interior del Tabernáculo, el que sin golpes ni ruido de martillos
todos y cada uno hemos de levantar en el futuro en nuestro propio interior.
Deberemos convertirnos en Altar de Bronce, presentar en él nuestros actos,
diseccionarlos bajo el ojo imparcial de la conciencia y dolernos en ella (remordimiento
= fuego purgatorial) o en su caso alegrarnos para, tras pasar de inmediato al
Lavabo o Pila de Purificación, identificar el modo en que a partir de
aquel momento los errores examinados no habrán de volverse a cometer.
Este ejercicio diario de presentación de los actos propios tras acostarse,
ejerciendo su revisión de atrás hacia delante en la quietud y
tranquilidad del lecho, es un ejercicio altamente recomendado por los Hierofantes
de la Escuela de Misterios Occidentales. El porqué de s u recomendación
debemos encontrarlo en que este ejercicio viene a ser un calco al que, con posterioridad
a la muerte, cada uno debe realizar primero en el Purgatorio y posteriormente
en el Primer Cielo, aquél tocante a nuestras maldades y errores, y el
último respecto tanto al bien que hayamos hecho como a la alegría
sentida por el bien que otros nos hayan causado. Además del impulso y
elevación espiritual a que se va haciendo acreedor quien lo practique
en forma debida, es decir, limpiado de este modo su átomo simiente, no
tendrá consecuentemente que detenerse en el Purgatorio ni mayormente
en el Primer Cielo en aras de ganar conciencia en uno y virtud en otro, ganando
con ello un precioso tiempo que podrá dedicar tanto a ayudar a la humanidad
en calidad de Auxiliar Invisible, como a estudios u otras ayudas celestes, actividades
probablemente recompensadas con una elevación espiritual que tal vez
requiriese de ordinario varias vidas o renacimientos para conseguirla. De hecho,
un aspirante así pasaría casi directamente al Segundo Cielo, con
lo que dispondría de mucha ayuda y cooperación no sólo
para diseñar su propio y próximo cuerpo físico, sino su
arquetipo y el medio ambiente en el que deberá volver a renacer, sin
despreciar en absoluto, por supuesto, tal y como ha quedado reseñado,
la participación que pudiese ofrecer en funciones de sirviente de la
humanidad como Auxiliar Invisible y a tiempo total.
Pila de Bronce o Lavabo
En sí se trataba de un recipiente que se mantenía siempre lleno
de agua. En el libro sagrado se dice que tenía su asiento sobre los lomos
o partes traseras de doce bueyes y mismamente de bronce, si bien, y a la luz
de la Memoria de la Naturaleza, aparece que aquellos animales no eran bueyes
sino doce representaciones de los correspondientes signos del Zodíaco,
dado que en aquel tiempo la humanidad se encontraba dividida en doce grupos,
en concordancia con cada signo zodiacal. Una de las características del
agua de dicha Pila era que recogía las influencias de las Jerarquías
divinas por medio de cada uno de los símbolos animales que la sustentaban.
El agua bendita que hoy día se encuentra junto a las puertas de las iglesias,
no es sino un remedo semejante donde el agua es bendecida por un sacerdote del
que recoge al efluvio de su cuerpo vital, efluvio que deberá influir
en los fieles haciéndolos dóciles o más flexibles – según
sensibilidades – a las prédicas o normas del ministro de Dios en cuestión.
En forma idéntica, al recibir la multitud el agua de la Pila de Bronce,
la magnetización de las poderosísimas Jerarquías celestes
hacía que aquélla se sometiera con ardorosa perseverancia a los
dictados recibidos, los cuales eran administrados de forma práctica y
visible por la clase sacerdotal. Naturalmente, antes de penetrar en el Tabernáculo,
los sacerdotes - bajo pena inmediata de muerte en otro caso - debían
llevar a cabo un lavatorio de manos y pies. Por tanto, se observa claramente
que si ante el Altar de Bronce la nota-clave era la de "justificación",
ante la Pila de Bronce era por su parte la de "consagración".
Esta Pila o Lavabo que acabamos de describir era el símbolo de la consagración
y santificación" de la vida, la cual sería dedicada al servicio.
Y así como Cristo dio comienzo a su labor pública introduciéndose
bajo las aguas del Jordán, del mismo modo, el que aspiraba al servicio
en el Tabernáculo del Desierto, debía santificarse a sí
mismo bajo las aguas magnetizadas que fluían de aquella gran pila, denominada
muy a menudo también con el nombre de Mar Fundido. Y al igual que el
Espíritu Santo descendió sobre Cristo-Jesús en forma de
paloma una vez hubo salido Éste de debajo de las aguas, del igual modo
el sirviente consagrado, tras bañarse en las aguas del Mar Fundido, empezará
a oír débilmente la voz del Cristo en su corazón, enseñándole
y mostrándole los secretos del trabajo que ha de llevar a cabo exclusivamente
en favor de los demás.
Cuarto Oriental o Lugar Santo
Tras los primeros pasos dados por el aspirante, éste se encontrava frente
al velo que oculta la entrada del Templo propiamente dicho. Apartándolo,
penetraba en él. Era un cuarto sin abertura alguna para el acceso de
luz natural, pero que, sin embargo, por medio de luz artificial jamás
se hallaba oscuro.
El mobiliario interior, verdadero y exacto símbolo de los pasos que ha
de dar el aspirante a la Vida Superior, constaba fundamentalmente de lo siguiente:
Del Candelabro de Oro, de la Mesa de los Panes de proposición y del Altar
del Incienso. Nadie ordinario, sino los sacerdotes, podía acceder a este
cuarto, y tampoco se podía ver su contenido.
La disposición de estos elementos en el interior era la siguiente: según
se entraba, el Candelabro se hallaba al lado izquierdo, al Sur. Era de oro puro
y del brazo central, y a tres alturas diferentes, dos a dos, y a derecha e izquierda,
salían hasta un total de seis brazos, los cuales estaban curvados hacia
arriba en semicírculos de distinto diámetro, simbolizando los
tres Grandes Períodos habidos anteriores al actual, el Terrestre, el
cual se hallaba representado por el brazo vertical. Terminado cada uno en su
correspondiente lámpara, éstas se mantenían a base de aceite
de oliva purísimo, elaborado mediante un proceso específico. Todos
y cada uno de los días las lámparas eran examinadas, reparadas
y repuestas, a fin de que pudiesen arder brillante y permanentemente.
Abundando en otras significaciones, debemos indicar que los siete brazos simbolizan
a su vez a los siete dadores de luz o siete planetas, los cuales son los mensajeros
de luz para la humanidad, quienes la han guiado a lo largo del sendero evolutivo.
Y de modo similar a cuando la Luna se encuentra en la parte oriental y está
resplandeciente, alumbrando los cielos, de forma semejante el Cuarto Oriental
del Tabernáculo se halla lleno de Luz, indicador de la presencia en él
de Dios y sus siete ministros, los Siete Espíritus delante del Trono.
De este modo, pues, el que comenzaba a hollar el sendero adquiría aquí
ciertas nociones que le introducían, siquiera teóricamente, en
el acervo de los significados cósmicos. Ello constituía las primeras
enseñanzas recibidas.
Aunque únicamente se encontraba provisto de tres objetos primordiales,
en el Cuarto Oriental se halla todo lo estrictamente necesario para el progreso
y desarrollo del alma, no en vano cuanto allí se hallaba se corresponde
con los tres años del ministerio del Cristo. Por tanto, también
puede llamársele Vestíbulo de Servicio.
Comparativamente hablando, fácilmente podemos darnos cuenta de que si
luz que apenas asomaba entre el abundante humo que salía del Altar de
Bronce o Altar de las Ofrendas era débil, ahora, en cambio, la luz del
Candelabro de Oro es ya una luz clara, inodora y luminosa, hecho relevante por
cuanto viene a indicarnos que la luz interior del aspirante al servicio se va
agrandado y fortaleciendo mediante las enseñanzas y el servicio práctico,
la luz que proporcionan las obras.
Entrando en esta Sala orientan, la Mesa de los Panes de Proposición quedaba
a la derecha, al Norte según se miraba al segundo velo, el cual se encontraba
frente a la entrada. Sobre la Mesa, en dos montoncitos, uno junto al otro, se
encontraban siempre doce panes sin levadura, y, encima de cada montoncito, se
ponía una pequeña cantidad de incienso. Estos panes citados (hogazas)
son los denominados panes de proposición o de la faz, dado que eran puestos
encima de la mesa ante la presencia del Señor, pues moraba en la Gloria
del Shekinah, es decir, en el departamento siguiente y último, el que
se hallaba detrás del segundo velo.
Cada sábado, los panes en cuestión eran sustituidos por otros
nuevos y recientes por los sacerdotes, no debiendo ser comidos por nadie sino
por ellos, de igual modo que debían ser comidos no más allá
del Atrio o Patio, dada su pertenencia al recinto sagrado.
El momento en que eran cambiados los panes era el propicio para la quema del
incienso y ofrecimiento al Señor de su aroma, que no representaba otra
cosa que el aroma de los mismos panes, los que a su vez representaban y hacían
alusión a las experiencias cosechadas por el alma a través de
cada uno de las doce casas astrológicas y zodiacales a través
del año.
Por tanto, el Altar de Oro o altar del Incienso era el tercer objeto fundamental
que dentro del Lugar Santo se encontraba. Estaba situado en el mismo centro
del cuarto, a idéntica distancia tanto de la pared Norte como de la del
Sur, y justo enfrente del segundo velo. Excepto en ocasiones de extrema solemnidad,
nunca se quemaba carne en él ni se le tocaba con sangre de las víctimas,
por lo que únicamente en tales momentos era marcado con el estigma rojo
de la mácula o del pecado. El humo que se alzaba, pues, no era nunca
otro que el procedente del incienso, el cual se elevaba todas las mañanas
y todas las noches, llenando tanto el santuario como los alrededores de una
fragancia y olor refrescante que se expandían varios kilómetros
alrededor. Y dado que todos los días se quemaba, este incienso era llamado
"el incienso perpetuo delante del Señor". Tampoco era un incienso
de cualquiera y mera destilación, sino que respondía a una mezcla
de esta sustancia en la que se incluían ciertas especias dulces en proporciones
dadas por Jehová, motivo por el que jamás podía ser usado
otro distinto ni fuera de allí ni para otros menesteres.
Tras del velo, ante el que el sacerdote ofrecía el aroma del incienso
al Señor, en el Cuarto Occidental, en el Sanctasanctórum, se hallaba
la Silla de Misericordia, la cual por tanto, si bien el sacerdote no podía
verla por impedirlo aquél, sí debía mirar en cambio constantemente
en aquella dirección y orientarlo hacia ella.
Mientras el humo del incienso se elevaba al cielo, los fieles que se hallaran
en el Atrio del Santuario, de forma silenciosa, y cada cual para sí,
enviaba también sus preces u oraciones al Señor.
En igual sentido de ampliar explicaciones oportunas al respecto, queremos señalar
que, una vez que el aspirante recibía determinadas enseñanzas
cósmicas, éstas debían ser puestas en práctica,
es decir, emplearlas en el servicio concreto a favor de sus semejantes, lo cual
estaba representado por la Mesa de los Panes de Proposición.
Al igual que las enseñanzas provenían de Dios, del mismo modo
el grano de trigo con que habían sido elaborados los panes había
sido dado por Él. Sin embargo, una vez preparado debidamente el terreno,
el hombre había tenido que sembrarlo, que regarlo y segarlo, recolectarlo
y trillarlo, para después tener que molerlo, purificarlo y amasarlo,
para, por último, llevarlo a la presencia del Señor. Esto no quería
decir otra cosa que los hombres-sirvientes de Dios habían efectuado sus
correspondientes tareas y efectuado el servicio requerido. Dicho de otra manera:
el aspirante, genuino y auténtico constructor del templo interno, debía
aprovechar las oportunidades presentadas a lo largo del año, cultivarlas
bien y nutrir su alma con ellas, extrayendo de este modo el llamado Pan de Vida,
aquel que lentamente va construyendo el Dorado Vestido de Bodas o Cuerpo del
Alma.
Y de la misma manera que se quemaba el incienso, en calidad de aroma o quintaesencia
de los panes, o de las oportunidades habidas, así el aspirante a servidor
de la humanidad puede "provocar" por medio de la retrospección,
y bajo el veredicto imparcial de su conciencia, aquel fuego divino que es el
remordimiento y elevar a Dios el aroma extraído de su dolor y también
de su gratitud y su alegría.
Añadir, respecto del Pan de Proposición, que éste no era
en absoluto algo simbólico, sino tangible, concreto, fruto real de una
labor real, lo que nos viene a indicar que el futuro aspirante debe tener presente
que, únicamente, mediante un servicio voluntario de tal naturaleza a
la humanidad, es que podrá aspirar a crear el Dorado Vestido de Bodas,
sin el cual jamás podremos llegar a realizar la unión de ambas
polaridades o su unión con Cristo.
Cuarto Occidental o Sanctasanctórum:
Observaciones previas.- Si la nube de humo y fuego que salía del Altar
de Bronce debido a la cremación de los cadáveres de los animales
sacrificados, debía resultar de olor nauseabundo, por contraste, el aroma
procedente del incienso, cual dulce ofrenda derivada del servicio voluntario
y desinteresado prestado a la humanidad, debía presentar un olor de limpidez,
frescura y fragancia.
… los servicios que se pueden prestar no tienen por qué estar relacionados
con grandes causas o proyectos, pues no en pocas ocasiones será requerido
un heroísmo mayor para llevar a cabo cosas de entidad menor, cosas que,
por lo común, pasan o suelen pasar absolutamente desapercibidas al ojo
y conocimiento ajenos. A veces el heroísmo personal exigido y puesto
a prueba es grande, a veces en verdad es extraordinario.
El arca de la Alianza
Sólo y exclusivamente el Gran Sacerdote podía penetrar en el
Sanctasanctórum, y lo hacía una sola vez al año, el día
del Yom Kippur o Día de la Propiciación, y, ello, tras una concienzuda
dedicación y con exquisita reverencia, dado que en esta sala se hallaba
saturada de la solemnidad de otro mundo, a la vez que se percibía en
ella la grandeza de una presencia no terrena. Aquí, pues, era el excelentísimo
lugar donde se percibía y veía la imponente manifestación
de Dios, la excepcional morada de la Gloria del Shekinah, motivo que impelía
al temor del Gran Sacerdote ante el mero pensamiento de ponerse en "Su"
presencia.
En la parte más extrema, más occidental de este cuarto se hallaba,
mejor, descansaba, el Arca de la Alianza. Se trataba de un receptáculo
cóncavo, el cual, además del Pote de oro y la Vara de Aarón,
contenía las Tablas de la Ley, las entregadas a Moisés por Dios.
Es bien sabido que mientras esta Arca permaneció en el Tabernáculo
en el Desierto, llevaba puestas siempre dos balancines o estacas introducidas
por cuatro anillas, a fin de que, en cualquier momento pudiera ser cogida y
transportada. Sin embargo, una vez depositada en el Templo de Salomón,
tales estacas fueron quitadas definitivamente. A su significado esotérico
nos referiremos en lo que sigue.
Por encima del Arca, dos Querubines se erguían inclinados, morando entre
ellos la Gloria increada de Dios. " Allí – Él dijo a Moisés
– Yo estaré contigo y me comunicaré contigo por encima de la Silla
de Misericordia, entre medias de los dos Querubines que están sobre el
Arca del Testimonio". Vista por encima de la Silla de Misericordia, la
Gloria del Señor tenía la apariencia de una nube. El Señor
dijo después a Moisés: "Di a tu hermano Aarón que
no entre a cada instante en el Santo de los Santos, esto es, por dentro del
velo que hay delante de la Silla de Misericordia, la cual está sobre
el Arca, para que no muera, pues Yo apareceré en forma de nube sobre
la Silla de Misericordia". A esta manifestación de la grandiosa
y divina presencia fue llamada entre los judíos la Gloria del Shekinah.
La voz de Dios parecía salir de aquella nube con profunda solemnidad
al ser consultado acerca del bienestar, el interés o necesidad de Su
pueblo.
Calificado que ha sido el aspirante para entrar en este Cuarto Occidental, que
oculta el segundo velo, su ojo físico no percibe absolutamente nada,
por lo cual es preciso que tenga internamente luz, dentro de él. Pero
¿ cómo ha debido conseguirlo ?
… una vez llegó a la entrada oriental del Templo "pobre, desnudo
y ciego" ante el Altar de Bronce o de los Sacrificios; se le dijo que por
medio del remordimiento por sus errores podría avanzar; posteriormente,
ante la luz brillante procedente del Candelabro de Siete Brazos se le dio la
luz del conocimiento y la razón para que pudiera seguir su marcha, si
bien entonces se le exigió que, mediante el servicio voluntario a favor
de los demás, debía formar dentro de sí el "Dorado
vestido de Bodas", luz crística que expide el denominando "Cuerpo
del Alma", por lo que hasta que no desarrollase este instrumento de iluminación
espiritual, no podría penetrar en los recintos del Sanctasanctórum.
Sin embargo, cuando ha conseguido penetrar en él, su particular luz interior
vibra en armonía con la luz de la Gloria del Shekinah que se encuentra
entre ambos Querubines, comprendiendo entonces la fraternidad y amistad con
el propio Fuego del Padre, representando los Querubines y este Fuego a las divinas
Jerarquías que, durante su peregrinación por el desierto, guiaron
a la humanidad, del mismo modo que el Arca allí depositada representa
al hombre en su máximo estado de desarrollo; en consecuencia, dentro
de ella deben hallarse el Pote de Oro, la Vara florecida de Aarón y las
Tablas de la Ley.
Por tanto, al acercarse el aspirante al sendero a la entrada del templo, la
ley se encontraba fuera de él, y ella debería enseñarle
a dirigirse a Cristo. Era el momento del "ojo por ojo…", y toda transgresión
implicaba de inmediato un castigo justo y equitativo, y todo se hallaba regulado
por la ley, lo que debía y no debía hacer.
En cambio, una vez que mediante el sacrificio personal ha conseguido introducir
en su interior las Tablas de la Ley y llevarlas dentro (el Espíritu Consolador)
entonces, y sólo entonces, es que se habrá liberado y emancipado
de todas las coacciones e interferencias externas respecto a sus acciones, pues
se habrá convertido en una ley en sí mismo. Quien siente la necesidad
de guardar la ley y lo hace así por interna convicción, ya no
requerirá en adelante que nadie desde el exterior de indicaciones acerca
del sentido en que deberá obrar.
Explicaciones complementarias al tema propuesto:
Pote de Oro del Maná
Bien pronunciemos "manas", "mensch", "mens" o
"man", palabra ésta última que significa "hombre"
en inglés, se trata de vocablos que fácilmente podemos asociar
con el de "manna" o maná que caía del cielo, es decir,
- traducido a otros términos - el espíritu humano que descendió
del Padre para llevar a cabo su peregrinación a través de la materia,
simbolizando el Pote de Oro el aura dorada, la propia del cuerpo del alma.
Cristo explicó con lenguaje inequívoco en qué consistía
aquel "pan de vida" o "maná", es decir, el Ego. En
los versículos 33 y 35 del Capítulo sexto, puede leerse: "Pues
el pan de Dios es aquél que descendió del cielo y dio la luz al
mundo"… "Yo soy – ego sum – el pan de vida". Este es el Pote
de Oro del Maná, el cual se hallaba dentro del Arca. Este maná
es el Ego o Espíritu Humano, el que da vida a los hombres en el mundo
físico. El Ego, por tanto, se halla oculto dentro de todo ser humano,
encontrándose latente asimismo el Pote de Oro o cuerpo del alma, el cual
se adquiere y desarrolla – como tantas veces ha quedado indicado – mediante
una vida desinteresada y pura y de servicio a la humanidad. Es el Soma Psuchicon
de que San Pablo habla en los versículos 15-47 de su primera Epístola
a los Corintios.
Vara de Aarón
De acuerdo con la historia masónica, cuando Adán procedió
a salir del Edén, se llevó tres ramas del Árbol de la Vida,
las cuales, posteriormente, habría de plantar su hijo Seth. Seth, por
tanto, el segundo de sus hijos, - y no el tercero - sería el padre de
la jerarquía espiritual de los clérigos, quienes profesan el Catolicismo,
así como los hijos de Caín vendrían a ser aquellos que
tienen en sus vidas las artes, los oficios, la industria en general y trabajan
en la francmasonería promoviendo el progreso material del mundo cual
constructores del templo de Salomón, en realidad el universo. La Vara
de Aarón no sería, pues, sino una de las ramas plantadas por Seth.
En el decurso del tiempo, una vez hayamos aprendido a dominar la soberbia y
el orgullo de la vida, además de la lujuria de la carne, el acto de generación
dejará de consumir nuestra vitalidad. Por tanto, la vitalidad la usaremos
para la "regeneración", con lo que las fuerzas de naturaleza
espiritual, bajo el simbolismo de la Vara de Aarón, tendrán un
desarrollo extraordinario.
De cualquier modo, debemos decir que nadie que haya adquirido el grado evolutivo
que corresponde para acceder al Arca de la Alianza sita en la Sala occidental
del Tabernáculo, nadie, decimos, ha usado jamás dicha fuerza con
fines particulares y egoístas. Recordemos los hechos contenidos en la
obra Parsifal: cuando éste ha sufrido y superado la tentación
de Kundry, una vez que ha logrado superar la ocasión de la lujuria, entonces,
y sólo entonces, es que recupera la lanza sagrada que se encontraba en
poder del mago negro Klingsor, el cual se la había arrebatado a Anfortas,
Rey del Grial, pero no Rey un casto. Esta lanza, pues, esta Vara de Aarón
o fuerza espiritual de que al final podrá disponer el aspirante, es una
fuerza sagrada que nunca debe ser utilizada para herir y ni siquiera para defenderse,
sino exclusivamente para ayudar y curar. Y de tal modo ocurre así, que,
quien la posee, tal vez provea de pan a una multitud; sin embargo, ni siquiera
se le pasará por la mente transformar una piedra en pan para paliar su
propia hambre. Y si fuese clavado en una cruz hasta morir, pudiendo salvarse
a sí mismo con esta potentísima fuerza, tampoco ejercería
la menor rebelión con esta fuerza que tan sólo habrá usado
con anterioridad, como se ha dicho, para liberar al género humano del
mar de sus propias miserias. Y, en los mismos términos, jamás
osaría mostrar signo alguno o deducir un milagro a fin de que el mundo
pudiese reconocer, sin asomo de duda, que es un "regenerado o nacido del
cielo, del espíritu". Esta es la condición para seguir a
Cristo.
Gloria del Shekinah
El Cuarto o Sala occidental del Tabernáculo está tan oscura como
pueden estarlo los cielos cuando, al caer la tarde, la luna se encuentra en
su fase nueva, muy próxima al sol, que es cuando comienza un ciclo distinto
porque comienza un signo nuevo del Zodíaco. El Arca se encontraba en
la parte más occidental, con dos Querubines en situación de reverente
adoración sobre ella y, entre las alas de los Querubines (lo que en realidad
se toma como alas no son sino corrientes espirituales de fuerza) se mostraba
la ardiente Gloria del Shekinah, de la que emanaba la luz del Padre y se unía
con sus adoradores, Luz que, en todo caso, era absolutamente invisible a la
vista física y, por consiguiente, oscura, Luz Oscura. En verdad, las
Enseñanzas Occidentales afirman que nada existe en el mundo que no esté
animado y galvanizado por el fuego, y si no somos capaces de percibir tal detalle,
no proviene sino de que no somos lo suficientemente expertos o audaces en disociar
el fuego de la llama. Se podría decir que el fuego es a la llama lo que
el espíritu es al cuerpo, puesto que poseen el mismo tipo de relación:
sin el fuego y sin espíritu no tendrían manifestación alguna
tanto la llama como el cuerpo, dado que los primeros construyen y vivifican
a los últimos. Por tanto, aquéllos son poderosos, pero de hecho
invisibles. El fuego, sólo cuando consume materia física es que
se muestra al estar rodeado de la llama, pero antes subsistía ya, pues
nada que previamente subsistiese podría venir a ser. "Nihil ex nihilo".
Entre el Tabernáculo en el Desierto, el Templo de Salomón después
y el construido por Herodes, en un cierto sentido, éste último
recibió más gloria, dada la presencia corporal de Jesucristo,
en quien moraba la Deidad. Éste, mediante su autosacrificio, no sólo
abrogó el sacrificio de animales, sino que, al consumarse su Obra en
el mundo, rasgó el velo (limpió el Cuerpo de Deseos de la Tierra,
en el que vivía inmersa la humanidad) y abrió el camino hacia
el Sanctasanctórum para todos y no sólo para los sacerdotes y
levitas como hasta entonces, sino para todo aquél que quisiera ir y servir
a la Deidad que nosotros conocemos por El Padre. Cristo, por tanto, tras guardar
la ley y cumplir lo profetizado, dio fin a la época del santuario externo,
por lo que, de allí en adelante, el Altar de los Sacrificios debía
levantarse dentro del propio corazón de cada hombre a fin de depararse
a sí mismo el debido arrepentimiento, dar lugar a la restitución
posible, y de que pudiera tener inicio la reforma personal. Y si El Candelabro
de Oro debe ser asimilado al Cristo interno, e ilumine nuestro sendero, la inmensa
Gloria del Shekinah debe simbolizar al Padre, a Quien el mismo Cristo nos ha
de conducir.
La sombra de la Cruz
Si con los ojos de la imaginación fuésemos capaces de visualizar
la descripción que más arriba hemos efectuado del Tabernáculo,
sin lugar a dudas nos encontraríamos con el perfecto diseño de
la cruz.
Fijémonos en primer lugar en el Altar de los Sacrificios o de las Ofrendas,
pero también en que un poco más allá, justo en el camino
que el aspirante ha de seguir, hallamos el Lavabo, Pila de la Consagración
o Mar Fundido, donde se enjuagaban los sacerdotes. Este tramo constituiría
el madero inferior. Ya, en la Sala Oriental, la del Este, encontramos a la izquierda
el Candelabro de Oro y a la derecha la Mesa del Pan de Proposición, y
en el centro, frente al segundo velo, tenemos el altar del Incienso, conformando
así los tres utensilios el madero central, mientras que más allá
aún, siguiendo el sendero emprendido, queda el Arca de la Alianza, justo
en el extremo más occidental o vértice del madero superior de
la cruz, lo que configura y es el Sanctasanctórum..
Por tanto, al igual que el camino de progreso espiritual a seguir se hallaba
ya establecido en aquellos remotísimos tiempos, el ideal presente - cual
es el de interiorizar la ley dentro de nosotros, pues análogamente también
entonces las Tablas eran contenidas por el Arca - es el punto de referencia
esencial a conseguir para toda la humanidad. Así, únicamente será
conseguido cuando cada uno de nosotros seamos capaces de percibir la luz espiritual
que flota encima de la Silla de Misericordia, y no antes; cuando en realidad
podamos conocer el significado, el objeto y meta de la vida, es decir, sólo
cuando hayamos ganado el derecho a penetrar en dicha Sala Occidental, o Sala
de Liberación – como también se le denomina – será cuando
alcancemos a comprender por qué estamos en el mundo y de qué estamos
necesitados para, en forma apropiada, ser útiles al mundo. Aclaremos
sin embargo que, es a partir del primer acceso del aspirante cuando, tras los
primeros destellos de aquello que desea y necesita conocer, cuando debe salir
al mundo para servir desinteresadamente a la humanidad, trabajando eficientemente
y estableciendo las bases para limar y limar - pecar y sufrir por sus pecados
- la imperfección de que es objeto en sí mismo aún, y en
definitiva, ganar el derecho a la comprensión total a que aspira.
"Vosotros no podéis seguirme aún, pero me seguiréis
más tarde" dijo Cristo a los discípulos. Por tanto, hemos
de penetrar en el Sanctasantórum muchas veces antes de alcanzar el desarrollo
espiritual último para acceder al Gólgota, punto final de desarrollo
humano y comenzar a trabajar, ya sea desde este mundo o desde el otro, como
Auxiliares Invisibles en favor de la humanidad.
XIII
A qué gran confusión han inducido las palabras, frases o narraciones
de los alquimistas durante siglos cuando han sido examinadas por quienes únicamente
perseguían el interés del oro, su obtención a expensas
de reacciones o combinados químicos a partir de bajos metales.
Ya hemos mencionado más arriba que hubo en la evolución del hombre
un tiempo en que aquél era un ser hermafrodita, un detentador al mismo
tiempo de la fuerza masculina y femenina, en definitiva un creador, precisamente
cuando estaba pasando por una etapa en la que entre otros aspectos era similar
a una planta, pues su conciencia se encontraba como en estado de trance o de
sueño sin ensueños, toda su fuerza la empleaba en el crecimiento
y en la propagación, y no disponía de medio ni factor alguno que
promoviesen en él la acción en cualquier otra dirección,
al carecer en aquel entonces no sólo de mente sino también de
voluntad.
En consecuencia, a fin de que el hombre pudiera salir de semejante situación
transitoria, por las Jerarquías Creadoras se dispuso que - cual ellas
mismas - dispusiera de un cerebro con el que pudiera crear a través del
pensamiento y de una laringe con que poder expresar sus propios mandatos creadores.
Fue por medio de esta secuencia por la que el hombre dejó de ser hermafrodita
para convertirse en unisexual, lo que requiso que la fuerza creadora, conducida
por los ángeles, reascendiera con tal misión. A partir de ese
momento, evolutivamente hablando, el hombre quedó a medio camino entre
las plantas y los Elohim: no podía crear físicamente por sí
mismo como las plantas, pero tampoco podía hacerlo como lo hacían
los dioses, psíquicamente, como un verdadero hermafrodita, a cuya semejanza
fue concebido y venido a ser. Era por consiguiente una condición novísima,
desconocida, y habrían de ser sus guardianes entonces, los ángeles
de Jehová, quienes - como también ha sido indicado – bajo líneas
interplanetarias y propicias al efecto congregaban periódicamente a los
primeros pobladores a fin de que la especie ejerciera el apareamiento de forma
inconsciente, única solución posible para dar continuidad a la
humanidad en ciernes.
Otra disposición de las Jerarquías habría consistido en
que, una vez concluido el cerebro, y por los Señores de Mercurio, a quienes
también hemos hecho referencia, y de inteligencia inaudita, se procedería
a enseñar a la humanidad a utilizar y desarrollar una mente creadora,
al objeto de que en algún momento pudiera concluir la etapa de generación
meramente sexual. Ello abriría sin duda el camino para que al hombre
pudiera alcanzar la verdadera semejanza con sus creadores, los Elohim, es decir,
crear conjuntamente con las fuerzas que tienen semejante virtualidad, la voluntad
y la imaginación. Sin embargo, dicho plan habría de quedar interrumpido
por la intervención de los Luciferes, en sí ángeles rezagados,
quienes en su propio interés enseñaron que, mediante la cooperación
sexual, la humanidad tendría posibilidad de conformar nuevos cuerpos
en los que renacer, haciéndose inmortal. Y para que el hombre encontrase
motivación e incentivo suficiente a tal fin, fue que infundieron en el
hombre la capacidad pasional de que dispone hoy. Por consiguiente, y de este
modo, la humanidad entró en una etapa de desvío del plan diseñado,
etapa que más allá de generación, lo que en sí produce
es degeneración, puesto que el ayuntamiento ha pasado a tener lugar en
cualquier tiempo, bajo cualquier condición y mayormente por puro placer,
posesión, o dominio de un ser sobre otro ser.
Por tanto, una vez que cada ser humano haya comprenda su verdadero estado y
desee comenzar su camino de regeneración, será protegido por los
Señores de Mercurio, quienes ejercerán de guías hasta que
todos alcancemos aquella finalidad. Este camino, esotéricamente denominado
"sendero", no es otro que el de la iniciación, parte de la
cual no es otra que la construcción de la denominada "piedra filosofal"
por los antiguos alquimistas y "cuerpo del alma" por los rosacruces
del día. Decir respecto de los alquimistas que, teniendo sobre todo presente
la extrema y campante intolerancia religiosa habida en aquel tiempo, optaron
y convinieron en utilizar términos simbólicos apropiados, términos
que, sin mentir, sirvieran al menos entre los estudiantes avanzados y ellos
mismos para dar a conocer determinados grados, situaciones o estados de naturaleza
espiritual. De aquí parte el que determinaran relacionar a los ángeles
lunares, gobernantes de las mareas, con el elemento sal; que relacionaran a
los luciferes, espíritus de Marte, con el azufre, como asimismo y a tales
efectos a los Señores de Mercurio con el propio metal de este nombre.
Utilizaron no obstante una cuarta denominación, el ázoe, es decir,
el "alfa y omega", compendio y síntesis de los tres elementos
anteriormente citados. Actualmente se le denomina rayo espiritual de Neptuno
u octava de Mercurio, es decir, la más alta, la más sublimada
esencia espiritual.
Para llevar a cabo una labor tan larga, delicada y exquisita, los alquimistas
tuvieron siempre al cuerpo humano como recinto de experimentación o laboratorio
al uso, motivo por el que en sus precisiones descriptivas abundaba una conocida
y común terminología química. Su campo de observación
más importante radicaba en la espina dorsal, dado que mediaba entre el
cerebro, en el cual operaban los Señores de Mercurio, y los órganos
genitales, donde se hallaba ubicado su lugar de trabajo y ejercían su
dominio los pasionales y lujuriosos Luciferes. Considerando que la sede de la
conciencia se encontraba aquí, en la espina dorsal, donde sabían
que los ángeles lunares eran muy activos por medio del sistema nervioso
simpático, regidor de la conservación y bienestar del cuerpo,
designaron su correspondiente sección como "sal". Se daban
cuenta los alquimistas de que los Luciferes tenían bajo su dominio la
parte relacionada con los nervios motores, distribuidores de la energía
contenida en los alimentos, por lo que identificaron dicha sección con
el nombre "azufre"; y la tercera y última ubicación,
la que registra y administra las sensaciones llevadas a cabo por los nervios,
y que se encontraba regida por los seres de Mercurio, acordaron denominarla
como tal: "mercurio".
Y si herméticamente es conocido que el canal que forman las vértebras
no se encuentra lleno de un fluido sino de un gas, el cual, a semejanza con
el vapor de agua puede condensarse en su exposición al aire, del mismo
modo se conoce que por la acción vibratoria del espíritu dicho
gas puede sobrecalentarse y convertirse en el ascendente y esplendente fuego
que implica la regeneración. Éste sería, pues, el lugar
de acción de las Jerarquías de Neptuno, aquél al que los
alquimistas determinaron nombrar "ázoe".
Pues bien, lo que al estudiante se le hacía ver - tal y como ya hemos
advertido - era que efectivamente el hombre se encontraba en un status entre
la planta y los dioses. Se le hacía comprender que aquélla, inocente
y pura, libre de la desoladora pasión, dirigía toda su fuerza
hacia arriba, hacia la luz, y que culminaba en la excelencia de la flor, aunque
también se le hacía notar que la planta, además de obrar
exclusivamente en el mundo físico, carecía no obstante tanto de
inteligencia como, por consiguiente, de libre albedrío, por lo que su
proceder se hallaba determinado, cosa que no sucedía con los dioses,
quienes podían crear tanto en el plano físico como en el espiritual,
si bien eran puros como la planta, dado que su energía completa la dirigían
hacia arriba y era consumida como su inteligencia tuviera a bien disponer, o
sea, sin el peligro del mal uso dado que, conociendo perfectamente el mal y
el bien, en su libre albedrío obraban siempre con sabiduría, es
decir, en función del bien exclusivamente.
En consecuencia, y al hilo de estas enseñanzas absolutamente vigentes,
que el hombre se halla entre una y otros resulta absolutamente patente: dispone
de inteligencia, de libre albedrío y es un creador. Pero dado que actualmente
se encuentra dominado por las pasiones infundidas por los Luciferes - pues dirige
su fuerza hacia abajo y no hacia la luz - la mitad de su fuerza creadora, aparte
de la útil generación, es derrochada en aplacar los sentidos,
por lo que es preciso hacer variar esta condición de manera previa en
aras a que pueda dar comienzo la presunta regeneración espiritual propiamente
dicha.
En consecuencia, el hombre-aspirante a ser un dios, es decir, la un hombre evolucionado
hasta encontrarse en posesión de los poderes propios de un dios, tal
y como nos es dado considerarlo, y aún más, deberá aprender
a dirigir hacia arriba, hacia el cerebro, su energía creadora y usarla
de acuerdo a los mandatos de la inteligencia, o sea, construir con el poder
de la mente y exteriorizar la forma de su pensamiento a través de la
Palabra viva o Palabra Perdida, aquella que en realidad ha de equivaler y ser
un personal y eficiente Fiat Creador.
Así, pues, tal y como siempre ha ocurrido, todo el proceso alquímico
tiene lugar en la columna vertebral, pues en ella se encuentran la sal y el
azufre, el mercurio y el ázoe. Y si la meditación sobre altos
valores espirituales y los pensamientos nobles tienen, junto al altruismo cotidiano,
la virtualidad de poner incandescente la médula espinal, entonces, sin
duda, la energía creadora que ascenderá por los canales vertebrales
será la denominada "fuego espirito-espinal" o "serpiente
de sabiduría". Ésta, una vez que penetra en la glándula
pineal y el cuerpo pituitario, poniendo a ambos en vibración y en contacto,
abre a su vez los mundos espirituales, y capacita al ser humano poseedor para
ponerse en relación directa con las jerarquías espirituales de
los mundos invisibles. Este fuego tiene el poder de irradiar hacia fuera a través
del cuerpo y su aura, por lo que, cuando así ha sucedido, su dueño
se ha convertido en "Piedra Viva", cuyo esplendor supera – ya hijos
de Seth, ya hijos de Caín – al del diamante o rubí; dicho fuego
es en sí mismo la "Piedra filosofal", el "Cuerpo del alma",
el Soma Psuchicom de que habló San Pablo
Por tanto, es absolutamente conveniente recordar para este tiempo que, como
anunciara el propio Cristo cuando estuvo encarnado, quienquiera que pretenda
iluminación y esté dispuesto a ser valiente, desinteresado y servidor
abnegado de la humanidad, ése, podrá llamar porque se le abrirá
y nadie deberá dudarlo. El esfuerzo y la perseverancia en el bien señalado,
convertirá al aspirante decidido en la "Piedra filosofal",
en la "Piedra Viva", aquélla de que acabamos de hablar.
XIV
Primer Cielo
Si de las siete regiones de que compone el Mundo del Deseo, el Purgatorio se
encuentra en sus tres inferiores, el Primer Cielo tiene su ámbito en
las tres más elevadas. En medio queda la Región Fronteriza.
Pues bien, una vez que el Ego ha concluido su tramo purgatorial, donde, como
se dijo, habrá incorporado al átomo-simiente de su cuerpo de deseos
la experiencia de sus sufrimientos, la cual le hará adquirir o acrecentar
la cualidad de rectitud en futuros renacimientos, inmediatamente se eleva a
las tres regiones citadas, en las que nuevamente el panorama de la vida vuelve
a desarrollarse en sentido inverso, es decir, de los efectos a las causas, y
donde los actos buenos dejados atrás serán los que conformen la
base del sentimiento que el Ego va a recoger, pues en este ámbito el
espíritu va a percibir la alegría tanto por las buenas obras hechas
por él y la gratitud expresada por los ayudados, como la gratitud que
fue capaz de sentir al ser ayudado a su vez por otros. Y resaltemos que el sentimiento
de gratitud produce un nada despreciable crecimiento anímico. Por tanto,
la recolección que pueda llevarse a cabo en el Primer Cielo dependerá,
qué duda cabe, del bien que hayamos proporcionado a otros como de lo
útil que hayamos considerado la ayuda que a su vez nos hayan prestado.
Hagamos una pequeña inserción para decir que, aunque generalmente
solemos relacionar la ayuda o el dar con la capacidad patrimonial o económica
del que da, en realidad, y en muchas ocasiones, el mero hecho de "dar"
no va a proporcionar al que recibe aquello que en principio deseamos, por lo
que dar con discernimiento se convierte en una primera condición del
dar, si bien darse a sí mismo constituye una condición superior,
si bien, en la mayoría de los casos ordinarios, darse no consista más
que en una respuesta atenta o educada, en una leve sonrisa, en una mano con
la palma extendida, o simplemente en dejar pasar a alguien deferente y amablemente;
en definitiva, en expresiones de simpatía, solidaridad o confianza. Sin
embargo, dentro del campo ocultista, más alto que ayudar puntualmente
y en sí, es tratar de ayudar pero procurando que el ayudado pueda ayudarse
a sí mismo en adelante; es éste un instrumento o manera de ayudar
sumamente útil no sólo para el futuro sino a la vez compasivo,
pues la compasión tiene relación directa con el hecho de la emancipación
definitiva del ayudado en relación con la situación de indignidad
o afligimiento en que se encuentre.
Dicho lo anterior, prosigamos para señalar que la alegría sin
mancha pertenece al reino del Primer Cielo, dado que, al tiempo que recoge el
inefable fruto de sus buenas acciones pasadas, el Ego, lejos ahora de las condiciones
terrestres, se encuentra libre de toda angustia, ansiedad o temor alguno. Es
también el lugar adecuado para que, cualquier noble empresa a que el
Ego hubiese emprendido o aspirado en la vida, aquí pueda cumplirse en
todos su términos. Amén de alegría, es asimismo un lugar
de reposo y recuperación de fuerzas, por lo que entre más dura
haya sido la vida recientemente terminada, más hondo y amplio habrá
de ser el descanso alcanzado. Es en el Primer cielo es donde los devotos cristianos
han construido con sus pensamientos la Nueva Jerusalén, la cual durará
en función de cuán largo sea el tiempo y la intensidad de las
fuerzas mentales ejercidas por aquéllos. Y dado que a través del
pensamiento puede el hombre construir cuanto quiera con el cuerpo de deseos,
en este cielo podrá construirse de este modo casas, máquinas,
aviones, paisajes, hermosas flores, etc., y siendo para él estas cosas
tan tangibles como lo son para nosotros las cosas materiales de la vida antes
de la muerte. El Primer Cielo es el lugar de la satisfacción total y
perfecta.
En todo caso, si algo excelentemente hermoso hay que destacar en este trayecto
ascendente y concreto del espíritu a través del Primer Cielo,
son los niños. Los niños que mueren aproximadamente antes de los
catorce años no pasan por la experiencia purgatorial, puesto que no son
responsables de sus actos y nunca sobrepasan este cielo; por ello conservan
hasta el nuevo nacimiento su cuerpo de deseos y la mente, motivo por el que,
al volver a renacer, están muy facultados para el recuerdo su de su vida
inmediatamente anterior. Aquí, y hasta que acaece una oportunidad propicia
para el renacimiento, permanecen aprendiendo lecciones con las que tendrán
un gran progreso, en una preciosa forma y por un período de entre uno
y veinte años.
En el momento en que un niño muere, éste siempre tiene a alguien
de su familia que le está esperando, o será adoptado de inmediato
por personas que prohijaban niños en la Tierra. Por tanto, nunca estará
solo. Podrá pensar, determinar y construir sus golosinas, sus juguetes
preferidos y jugar a cuanto quiera. A los niños se les agrupa no por
edades, como se hace en la Tierra, sino por temperamentos, por carácter,
siendo las lecciones impartidas en cualquier sentido con extraordinaria facilidad.
Las enseñanzas recibidas por medio de dichas lecciones, e impregnada
en su delicado cuerpo de deseos, vendrán con ellos en el nuevo renacimiento
mediante un aporte espiritual de imponderable ayuda. Renacen a menudo en la
misma familia o en una próxima al núcleo que acaba de dejar. Pocas
veces suelen encarnar lejos del hogar anterior o en un país distinto.
Existen dos casos particulares en los que, a fin de proporcionar al espíritu
que ha pasado al otro lado las lecciones que debió haber aprendido y
que por alguna causa no aprendió, los Guías que conducen nuestra
evolución hacen que mueran esos espíritus de niños y vayan
para ello al Primer Cielo directamente. Estos casos son cuando algún
espíritu naciente es muy débil y cuando alguien muere sin poder
efectuar en el momento de la muerte la debida buena grabación que le
pueda permitir acrecentar su conciencia en el Purgatorio o bien la virtud en
el Primer Cielo. Ejemplos del segundo supuesto al respecto: lecho de muerte
ruidoso en el alrededor doméstico, muerte por accidente, muerte en hechos
de guerra, o bien debido a incineración o embalsamamiento, tras el fallecimiento,
antes de haberse cumplido el término de tres días y medio requerido,
etc.
La estancia en el Primer Cielo supone también una ocasión de estudio
y progreso para todos aquéllos que hubieran encauzado su vida por derroteros
positivos, tales como personas altruistas, para estudiosos de cualquier tema,
para artistas, filósofos o estudiantes de cualquier tipo de materia.
El mundo del Deseo es un mundo de fascinantes colores, por lo que aquí,
los pintores, podrán disfrutar de la calidad máxima que puedan
exigir para la composición de sus obras más excelsas; nada que
se pueda comparar en nitidez, brillantez y viveza son los colores observados
en la Tierra. No en vano el Mundo del Deseo es el mundo ex profeso del color
sublime. En cambio, el músico, deberá esperar a hallarse en el
Segundo Cielo, pues él es el mundo que detenta la excelencia del sonido,
tono, y de la suprema armonía que allí podrá encontrar.
No obstante, sí queremos señalar que, a pesar de todo, los ecos
percibidos en el Primer Cielo son inmensamente más bellos y duraderos
que en la vida terrestre.
Tras haberse grabado fuertemente en el átomo-simiente del cuerpo de deseos
tanto los resultados del sufrimiento del Purgatorio como de la alegría
perteneciente al Primer Cielo, el hombre, el Ego, llevándose exclusivamente
las fuerzas el átomo-simiente, comienza a abandonar el cuerpo de deseos
para elevarse al Segundo Cielo y que aquél vehículo se desintegre.
Dicho átomo-simiente constituirá el futuro núcleo de los
cuerpos de deseos que haya de conformar en sucesivos renacimientos.
Segundo Cielo
Una vez que el Ego llega aquí se encuentra envuelto en su cuerpo mental
y retiene en sí los tres átomos-simiente, es decir, la quintaesencia
de los tres vehículos que ya han sido abandonados: cuerpo denso, cuerpo
vital y cuerpo de deseos.
Si bien es cierto que cuando el hombre muere y accede al Mundo del Deseo, tarda
y tiene un lapsus en despertar entre unas horas y varios días hasta convencerse
de su nueva condición, dado que ve perfectamente que es capaz de pensar
y moverse, pero sin comprender ipso facto que ha muerto, no ocurre lo mismo
respecto a cuando llega al Segundo Cielo, el cual se encuentra en la Región
del Pensamiento Concreto, pues ahora se muestra totalmente consciente y se ha
trasladado a una paz inenarrable, paz en la que todo para él parece disolverse.
En este momento no puede pensar y ninguna de sus facultades se muestra viva;
él únicamente siente que es sin temor y con una sensación
o inexplicable sentimiento de soledad absoluta, y su alma, lejos de encontrar
palabras con que poder expresarlo adecuadamente, entra de lleno en una paz y
estado de semejante naturaleza. A este estado se le conoce en ocultismo mediante
el nombre de "El Gran Silencio".
Sin embargo, cuando el espíritu despierta se da cuenta de que se encuentra
en su patria-hogar, los cielos, y ya, en los primeros instantes, es cuando comienza
a oír la música de las esferas, de la que ya Pitágoras
hablara y que realmente está compuesta por las notas-clave emitidas por
las doce Jerarquías del Zodíaco. De este cielo acabamos de decir
más arriba que era por excelencia el mundo del sonido, sin que por ello
pueda negarse la existencia de color, puesto que, si bien se simultanean, y
conociendo que el sonido es generador del color, como también lo son
todas las formas sólidas, obvia y únicamente sostenemos que el
sonido es el dominante.
La actividad desplegada en el Segundo Cielo es intensa y variada, a través
de la cual uno se equipa debidamente para afrontar la próxima encarnación..
Así, es aquí donde son absorbidas las quintaesencias o distintas
clases de alma extraída de cada uno de los vehículos que componen
el triple cuerpo, el denso, el vital y de deseos, pábulo del espíritu
que ha de fortificarlo al ampliar sus facultades y poderes respecto de la voluntad,
de la imaginación y la mente abstracta, facultades y poderes con que
se expresará en el futuro.
En este cielo va a permanecer el Ego durante varios siglos, siglos en los que
asimilará el fruto recogido en su pasada vida al tiempo que delineando
las expectativas terrestres con que, para su progreso, ha de encontrarse en
su próximo renacimiento. Como podrá suponerse, el instrumento
para tal trabajo es el sonido expresado mediante color, sonido que, bajo su
armoniosa emisión, constituye el modo por medio del cual es disuelta
la triple alma en el triple espíritu.
Todas las entidades del Segundo Cielo trabajan en la confección de todos
los modelos o arquetipos habidos en la Tierra, los cuales se hallan ubicados
y distribuidos en las tres primeras subdivisiones de la Región del Pensamiento
Concreto. Por tanto, el Ego prepara de esta manera su nuevo hábitat,
el que ha de proporcionarle nuevas experiencias que, a su vez, han de conducirle
a nuevos progresos en sus facultades y poderes espirituales. Bajo la dirección
de Elevados Seres, también participa el hombre en la confección
del clima, la flora y la fauna, por lo que en todo momento el mundo no es sino
una expresión manifestada de cuanto la humanidad ha ido construyendo
de ahora y siempre de forma sucesiva. Una de las actividades más relevantes
del hombre en este lugar se centra en la construcción, o mejor reconstrucción,
de su cuerpo, un cuerpo que le permita un campo más amplio de expresión
con las consiguientes experiencias. Vemos, pues, que, dada su naturaleza de
creador, el hombre se instruye de una manera efectiva al adquirir conocimiento
acerca de cómo llevar a cabo todos y cada uno de sus posibles eventos
creadores.
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