Son múltiples los certámenes en el Perú que se realizan en estos días dedicados al tema de la lectura y a la puesta en marcha del Plan Lector estipulado por el Ministerio de Educación; y son numerosas las consultas que se hacen acerca de un concepto cabal de lectura, así como del conocimiento que se quisiera tener de técnicas de comprensión lectora.
Cabe afirmar que la lectura no se reduce a ejercicios que se pudiera abarcar en el concepto de comprensión lectora, tampoco se limita a ser una actividad cognitiva, nada en apoyarse en fórmulas, ni peor aún en dejarse atrapar por algunas técnicas y ni siquiera ciencias. Ni mucho menos por artilugios, como existe la ansiedad de querer encontrar.
No hay nada valioso en ella que pudiera realizarse a través de prácticas mecánicas ya sea proyectando un texto en una pancarta, un pizarrón o una pantalla electrónica para extraer de allí ideas, proposiciones o tesis, salvo que se quiera sorprender a algún auditorio incauto.
De allí que, exponemos algunas reflexiones para el debate y sobre el tema de la lectura, actividad honda, exquisita y decisiva en el desarrollo educativo, cultural y social de la persona humana y de la colectividad, discusión para la cual recurrimos a un pasaje del evangelio y a un magisterio trascendental como el de Jesús.
¿Utilizó Jesús de Nazaret la escritura para la difusión de su evangelio sublime? ¿Escribió Jesús alguna prédica, algún proverbio, o algún mensaje? ¿Pergueñó una carta? ¿Un solo mandamiento o anatema o alguna cita la trazó con su puño y letra?
No se guarda memoria ni vestigio de algún texto que Jesús haya escrito.
Eso sí, se sabe que fue un lector consumado, por distintos pasajes que se refieren en la Biblia. Remite a cada paso y momento, sobre todo a sus enemigos y detractores, a los textos sagrados e interpreta con profunda verdad cada pasaje de la historia espiritual de su pueblo.
En el Sermón de la Montaña muestra tanta fidelidad con la palabra
escrita por los profetas del Antiguo Testamento que dice, más o menos,
lo siguiente: ‘pasarán el cielo y la tierra pero no se alterará
ni una sola letra de la Ley’. Leía, entonces, y mucho.
Pero, ¿escribió? Y ¿qué concepto tenía de la palabra escrita?
¿Dejó alguna enseñanza acerca de la lectura?
Sí. Una enseñanza decisiva. Y que es la que más conviene recordar ahora.
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