«Más que la luz danzando en
el arco iris».
Mario
Florián
César Vallejo para ser universal no tuvo que
olvidarse, distanciarse ni abjurar de su aldea o pueblo natal
sino que, al contrario, una de las claves de su grandeza es que
abrazó siempre, pensó todo y retornó
quimérico y tenaz a su Santiago de Chuco, pueblo serrano,
que él lo llevó clavado en el alma, lugar
del que tal vez nunca salió y de donde nunca se fue. Y es
genio porque supo levantar su esencia desde la gleba de que
estaba hecho y desde el grumo de polvo y la parcela que lo
componía y configuraba. Pero, ¿dónde es que
testimonia esa fe? En el poema Telúrica y
magnética.
Porque así como Masa es el poema evangélico del
amor
universal, donde predica que sólo con la solidaridad
venceremos la muerte
haciendo que incluso ella incluso hasta viva o se revista por lo
menos de los dones de la vida, como es la fraternidad, es en
Telúrica y Magnética donde perfila su ideario y su
cuerpo de principios
–si pudiera pensarse y llamarse así los mensajes que
la poesía
trasunta, aunque con Vallejo todo sea posible en lo que se
refiere al lenguaje, pues
ante él estallan formas, estructuras y
murallas erigidas con las palabras.
En Telúrica y magnética proclama dónde,
cómo y por qué construir el reino promisorio de la
utopía de una condición humana de dicha colectiva,
la misma que se reinstaura en el mundo andino donde sintetiza su
anhelo de redención del hombre,
propuesta de sentido en donde resume su trayectoria como creador,
su pasión de artista y su condición de hombre de
este espacio y de este tiempo:
¡Mecánica sincera y peruanísima
la del cerro colorado!
¡Suelo
teórico y práctico!
Surcos inteligentes; ejemplo: el monolito y su cortejo!
Alinea sus huestes, enfila los elementos, involucra a la ciencia y
la técnica, a la lógica
y a la acción
empírica en misión de
lucha, guerrera y militante, como en un desfile cívico o en una
marcha triunfal:
¡Papales, cebadales, alfalfares, cosa buena!
¡Cultivos que integra una asombrosa jerarquía de
útiles
y que integran con viento los mugidos,
las aguas con su sorda antigüedad!
Enumera los fundamentos terrestres unidos a los factores
cósmicos, los hechos y realidades pródigas y
felices junto a las hazañas del hombre y del universo: el
viento, la lluvia, el sol, las aguas
en su sorda antigüedad. Y recio, pleno e infinito el hombre que
logró en este suelo la proeza de una organización social donde no hubo hambre,
desocupación ni agresividad; si no que, al
contrario, unió el trabajo la
fiesta y al gozo las edificaciones.
Roberto Paoli, estudioso italiano de César Vallejo,
expresa:
"…el mundo redimido del futuro se colorea en Vallejo
de nostalgia: nostalgia de un mundo arcaico, en parte observado y
en parte soñado, que asume ora la forma del Perú
eterno (incaico-andino), ora la de la Rusia del
trabajo, ora
la de España
popular, Es el mundo del espíritu, anterior a la
caída y posterior a la redención, que el poeta
siente sobrevivir dentro de sí (…). El Perú,
en cuanto origen edénico y único tiempo posible, en
cuanto salvación doméstico-agreste, (…)
contrapuesto al destiempo doloroso del "presente" adulto, del
valle de la caída y del exilio; y, en un poema como
Telúrica y magnética, es (…) objeto de un
himno arrebatado, místico, de triunfal celebración,
por el cual la tierra
andina, con su cielo, sus plantas y sus
animales y sus
humildes habitantes, desfila en figuración majestuosa, de
una majestad conferida no sólo por su inmensa virginidad
natural, sino también por la inocencia y la humildad del
idilio edénico que acoge."
Tienen los versos de este poema el tono y la tensión de lo
profético, de lo patriarcal y ecuménico, como si
quien hablara lo hiciera de pie sobre la montaña
más elevada del orbe. Es el discurrir pujante,
enfático y seguro de una voz
que encarna un verbo colectivo, ni siquiera de una raza sino del
hombre en general o, por lo menos, de un mundo que
espontáneamente fue llamado Mundo Nuevo.
¡Cuaternarios maíces, de opuestos
natalicios,
los oigo por los pies cómo
se alejan,
los huelo retornar cuando la
tierra
tropieza con la técnica del
cielo!
¡Molécula exabrupto!
¡Átomo terso!
Quizá no encontremos en ningún sitio
definición más precisa y cabal de lo que es el
Perú que ésta: "molécula exabrupto", pero en
el fondo "átomo terso"; país de geografía e historia que eclosiona, pero
de fábula, maravilloso y mítico en su esencia;
inmenso, bello y verdadero en su entraña y en su exterior
arisco, convulso, beligerante, es decir: "molécula
exabrupto", pero en el fondo tierno, fecundo, exacto, es decir:
"átomo terso".
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