El comienzo de la nueva era democrática argentina, al menos en lo que respecta a su hacienda, tuvo a Bernardo Grinspun como Ministro de Economía. Fiel a las ideas que lo habían formado como economista y militante radical, pregonó por un crecimiento a toda costa de la economía nacional. Afirma la nota de diario Clarín adjunta:
Grinspun siempre fue de la vieja guardia. Rígido en sus esquemas, nunca cambió. Para bien o para mal, decía que la ética y la moral eran valores supremos para defender la soberanía nacional. Tenía la visión de los viejos fundadores de la CEPAL…
Concretamente, basada estas premisas en el desarrollo nacional, fomentando el modelo de sustitución de importaciones -propio al desarrollado por la CEPAL- contra la valorización financiera y la destrucción productiva llevada a cabo por el predecesor gobierno de facto.
Pues bien, sus conceptos madre pueden verse plasmados en los objetivos de su política económica para los primeros años del gobierno radical:
Como puede observarse, considerando las distintas variables macroeconómicas, desde el Ministerio de Economía se intentó ajustarlas gradualmente.
Ante la conflictiva realidad social, Grinspun intentó conciliar los distintos clamores sectoriales -claramente disímiles unos de otros- y armonizarlos, llegando por este medio a saldar y lograr, simultáneamente, la estabilidad de precios.
En cuanto a sus medidas efectivamente materializadas pueden contarse:
1. Aumento de salarios de suma fija en diciembre de 1983.
2. Incremento de las tarifas de los servicios públicos.
3. Fijación de pautas para el incremento futuro de precios, salarios y tarifas públicas.
4. La determinación de cambio para el mes de enero.
5. Establecimiento de un sistema de control de los precios industriales.
6. Reducción de las tasas de interés reguladas.
Ante los incrementos nominales de salarios otorgados por el gobierno para paliar los aumentos inflacionarios e incentivar la demanda interna, podría decirse que la respuesta empresaria tuvo matices de cautela. En cuanto al control del nivel de precios, los agentes externos al Estado hicieron caso omiso a las directivas establecidas desde la cartera económica. Consecuentemente a esto, una nueva alzada de salarios debió establecerse para así poder equiparar los ingresos argentinos a la suba de precios (intentando mantener el salario real).
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