Es así como se vislumbra la ruta de Arranque y el movimiento de la Traslación.
Los cinco motores del gobierno tienen un efecto en el Proceso de orientación
bi-direccional. Motores que al arrancar con su fuerza demoledora de lo viejo y
tradicional, marchito e infectado de la cultura egocentrista, abren caminos
para que transiten las nuevas ideas y modos de hacer la vida. El efecto
bi-direccional se precisa en los siguientes términos: (i) la primera dirección
de sus efectos es la generación de acciones destinadas a cambiar significativamente
la estructura del Estado y el funcionamiento de la sociedad; y (ii) la segunda
dirección, que se comporta como complemento recíproco y derivado de la primera,
son los estímulos potenciadores de acciones individuales y grupales que los
sectores revolucionarios desarrollan para acoplarse al empuje de la fuerza de
arranque.
Las acciones de orientación primaria se propagan e irradian hacia tres ámbitos
de la estructura político-social: el jurídico, el ideológico y el económico. La
segunda dirección (efecto de la bi-direccionalidad) es la generación de la
fuerza centrifugadora como multiplicadora de eventos específicos en el ámbito
de competencia de cada revolucionario.
Las orientaciones primarias de carácter revolucionario es sentar las bases
jurídicas del Estado para darle viabilidad al sistema del Socialismo del Siglo
XXI (SSXXI). El marco fundamental que sostiene al Estado será profundamente
modificado. Nuevas leyes transformarán las estructuras existentes del aparato
burocrático. En este sentido estimo que lo más inmediato, para erradicar la
reforma, será la formulación de una nueva legislación consecuente con la
conversión del gobierno en instrumento del pueblo. La Ley Habilitante (motor 1)
y la modificación constitucional (motor 2) son instrumentos para facilitar el
tránsito del naciente poder popular. Así tendremos que, en el corto plazo,
aparecerán los proyectos de leyes que busquen la transformación de las
gobernaciones, alcaldías, consejos legislativos y consejos municipales en
verdaderas unidades político-administrativas del pueblo. El avance de la ley de
consejos comunales incidirá para que esas estructuras del poder regional o
local sean modificadas completamente o desaparezcan. Serán sustituidas por
expresiones del colectivo donde el ejercicio público lo asumirá directamente la
comunidad organizada. Esta meta-objetivo va dirigida a cambiar las estructuras
reformistas del estado burocrático actual.
La conversión de la reforma o poder representativo (las cúpulas son engendros
de la representatividad implícito en el modelo de la democracia
representativa), en poder popular o revolución, demanda un nivel bien sólido
del conocimiento universal, la conciencia revolucionaria y la entrega
comprometida, personal y grupal con el Proceso. Se requiere por consiguiente
fortalecer la base teórica del SSXXI e ir a la práctica para activar los
postulados políticos, sociales y culturales que exige la revolución.
Activar los postulados políticos, sociales y culturales que exige la revolución
implica meterse de lleno en la ideología revolucionaria (motor 3). Exige
abarcar de manera prioritaria el asunto que se ha constituido en el meollo o
corazón del Proceso Revolucionario: la activación de la conciencia revolucionaria
por vía de la inducción ideológica. El ámbito ideológico merece un tratamiento
bien específico pues contempla tres factores de cambio o transmutación: (a) la
red ideológica; (b) la transferencia de poder y (c) el PSUV.
Primer factor de cambio: La Red ideológica
Algo no elaborado por el Proceso todavía que demanda su implantación
de inmediato para que fluya la fuerza de los motores de arranque y se pueda
materializar la traslación del poder es la construcción de la red de centros
ideológicos a través de las unidades de difusión y formación. Una de esas
unidades, en fase incipiente pero con nombre conocido, programa y voluntades es
el Centro de Formación Ideológica (CFI), el cual sin formar parte orgánica del
Estado se ha venido constituyendo de manera espontánea como un factor del poder
popular. Estas unidades ideológicas activarán en el territorio nacional todos
los tipos de componentes operativos didácticos, conocidas y por conocer, a fin
de difundir la ideología revolucionaria, formar políticamente cuadros
revolucionarios y estimular el estudio, la investigación y la producción de
conocimientos. Nuevos conceptos derivados de la relación constante entre teoría
y práctica sobre el SSXXI surgirán del seno del mismo pueblo.
El talento represado y al margen de la intelectualidad alienada del modelo
reformista tendrá la posibilidad de ocupar espacios nunca antes permitido. El
arranque va a exigir que la teoría se escriba sustentado en la práctica del
revolucionario que viene actuando en todos los espacios que abarca el Proceso.
El campesino de Yaracuy, el pescador de Sucre, el trabajador de la industria
petrolera o el técnico en informática, por ejemplo, todos tienen la obligación
moral y la relación de pertenencia con la revolución para convertirse en
productores intelectuales del SSXXI. Escribir su acción, sus ideas y sus
realidades. Será entonces esa práctica traducida en conceptos y juicios lo que
se convertirá en la teoría del SSXXI. Rompiendo paradigmas, la práctica llevada
a la teoría y escrita por sus propios protagonistas es el método para crear los
postulados, principios, determinaciones y demás constructos de orden teórico
que el conocimiento universal exige para generar una nueva tesis ideológica de
carácter mundial. Además, y esto es lo que remarca la ruptura de paradigmas,
esa tesis con fundamentos científicos la escribe el mismo ejecutor.
Por otro lado, permitir que sea el practicante revolucionario quien señale las
pautas conceptuales de su hacer, transmuta el conocimiento y quiebra la acción
elitista del monopolio de la producción de ideas, la cual ha estado siempre
atado a las cúpulas intelectuales que forman la casta privilegiada del dominio
del saber. Ahora, en el arranque de la Traslación y la generación de Centros
Ideológicos en todas partes, la revolución también estimulará el pensamiento
popular y los grupos de pensadores de base. Es en este nivel de la dimensión
revolucionaria donde se encuentra la sabiduría y la proyección infinita del
SSXXI. Agrego a esta reflexión, extraída de la observación cotidiana, que el
revolucionario pensante titulará los libros a ser escritos en esta Etapa de
Traslación, desplazando así a los grandes nombres que recorren las librería
nacionales e internacionales. Los apellidos no nacionales de pensadores de
otros pueblos y naciones dedicados a la investigación que arrojan sus
resultados luego de sus estudios sobre el Proceso Bolivariano y el SSXXI son
quienes protagonizan, hoy en día, la interpretación de la revolución
venezolana. Por supuesto que ese esfuerzo intelectual es siempre bienvenido,
además de aceptar el hecho incuestionable de que el pensamiento, las ideas y
los conocimientos no tienen fronteras ni son exclusivos de nadie.
No obstante, en el momento coyuntural y de apertura histórica para la
posteridad de las generaciones futuras, estamos en el punto universal de
escribir una nueva teoría política. Y esa teoría cuyo inicio, su estímulo e
incentivo lo enciende la revolución bolivariana tiene que ser interpretada,
practicada y experimentada en primera instancia por los nacionales venezolanos.
Es a este pueblo al que le compete, le corresponde y se la ha premiado con el
privilegio de escribir la fundamentación conceptual, principista, doctrinaria,
reflexiva y de proyección universal del SSXXI. Tienen que ser los venezolanos
los que indiquen la pauta y generen las marcas imborrables de la génesis del
SSXXI. Después de ellos, todos los demás podrán seguir la ruta del desarrollo
teórico que ya se ha iniciado.
Segundo factor de cambio: Transferir el
poder.
Derivado de los factores indispensables para elevar la conciencia, a
partir de la capacitación ideológica es el manejo exacto, acertado y acoplado a
la voluntad del revolucionario el saber la trascendencia de la toma del poder
para transferirlo a la comunidad organizada. Las elecciones del 2008, por
ejemplo, (gobernadores, alcaldes, consejos legislativos y consejos municipales)
se harán bajo el criterio de asumir el acto electoral como acto revolucionario.
El acto electoral de carácter revolucionario incide en la concepción ideológica
del poder. En la reforma las elecciones son un instrumento para perpetuar en el
poder a las clases dominantes. Mientras que en la revolución las elecciones son
la vía para emancipar al colectivo nacional. Al transferir el poder, o toma de
decisiones, a la comunidad organizada se está generando un cambio en las
relaciones de poder. La dirección de la sociedad deja de ser un privilegio de
las cúpulas y empieza entonces un proceso de adecuación de las comunidades organizadas
a ejercer el mando sobre sus respectivos colectivos. Los niveles de conciencia
alcanzado por el pueblo revolucionario y la disposición del Presidente de
profundizar el Proceso crearán el escenario apropiado para la aplicación de los
conceptos del acto electoral como acto revolucionario: (i) capacitación teórica
y práctica de los candidatos a los diferentes cargos; (ii) escogencia de los
candidatos a través de las asambleas populares de las respectivas comunidades;
(iii) transformarse en voceros los candidatos que triunfen en las
elecciones; (iv) cambiar los métodos de gestión reformistas de las estructuras
burocráticas del cargo por acciones de administración popular; (v) gestionar el
cargo con base en los planes, programas y consultas que se hagan permanentemente
en las asambleas de ciudadanos.
Tercer factor de cambio: PSUV
Finalmente, el tercer factor que para el Arranque incide de manera
determinante en la difusión ideológica y la capacitación política para poner en
práctica los fundamentos del poder popular es la creación de la Unidad
Revolucionaria como Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Tal como lo
asumió el Presidente, la unidad revolucionaria del Proceso para esta nueva
Etapa será la conversión de los partidos y movimientos políticos en una gran
estructura colectiva como lo será el PSUV. éste tiene que concebirse como
instrumento político al servicio de la comunidad. Incluye esta categoría de
instrumento al servicio del pueblo el rol de aparato electoral, bajo la
concepción del acto electoral como acto revolucionario; esto es, tomar el
poder, transferirlo al pueblo y capacitar a la comunidad para que lo ejerza.
Ese será uno de los roles más significativos del PSUV en la nueva etapa del
Proceso. El papel del partido sigue siendo vital como mecanismo electoral. Es
significativo señalar que en el nuevo paradigma establecido en 1997
--decisión del MBR-200 de ir a las elecciones de 1998--
la revolución se busca, se alcanza y se consolida por la vía
electoral. Camino para crear el poder popular. Ese camino lo construye el
partido político. Por lo tanto, en lo que respecta a lo electoral como la vía
de hacer la revolución, la razón de ser del PSUV es ir a las elecciones para
tomar el poder y transferirlo a la comunidad organizada. Su lucha tiene que
orientarse a:
(i)
darle
sustentabilidad a la formación ideológica y a la enseñanza cultural de la
concepción revolucionaria como cambio de estructura;
(ii)
profundizar
las diferencias entre reforma y revolución a fin de que se asuman las fases del
Proceso para consolidar el bien común del colectivo;
(iii)
capacitar a
las comunidades para el ejercicio del poder popular y, muy particularmente, la
ejecución del mandato constitucional y de la ley creadora de los Consejos
Comunales;
(iv) generar
la carrera del militante político con base en la formación teórica, su
ejercitación práctica y su sometimiento a las decisiones asamblearias;
(v)
contribuir
con el poder del Estado en la preparación del pueblo para la defensa integral
de la Nación;
(vi)
estimular el
convencimiento que la revolución no es pragmatismo sino espiritualidad, lo que
determina una concepción del mundo y de la vida totalmente diferente a la
reformista;
(vii) colocarse a la
orden del gobierno nacional para ampliar la base política en las comunidades
con el objeto de empujar, por la vía de las acciones centrifugadoras de cada
revolucionario y de cada organización colectiva, los cinco motores de arranque.
Hay que hacer la siguiente observación obligados por la ruptura de paradigmas y
el avance de la revolución. Es lo relacionado al concepto de partido. Por la
herencia de la reforma (IV república) el partido es una organización clientelar
para usufructuar el poder. Se vale del pueblo para perpetuar la asimetría del
poder representativo, burocrático, pragmático y capitalista. Esa herencia se
sigue arrastrando hasta los momentos actuales. Por eso es que, con base en el
marco conceptual de la Revolución Bolivariana el cual se instituye como poder
popular, el partido reformista tiene que desaparecer y ser sustituido por un
componente orgánico que actúe para lograr la realización plena del poder
popular. Rol que le obliga a subordinarse a la decisión permanente y constante
de la comunidad. El PSUV tiene entonces que comportarse como un ente
revolucionario, que se orienta por el Bien Común del colectivo, que actúa para
estimular de manera significativa la emancipación del pueblo venezolano. Así
entendido su rol, el concepto de partido debe cambiar. Hay que crear uno nuevo.
Ese concepto debe ser parido por los pensadores populares. Mientras llega,
propongo el de Plataforma. Tendríamos que saber entonces que al hablar de
partido estamos estableciendo una relación orgánica con el sistema reformista.
Es evocar la asimetría del poder, el clientelismo y el usufructo de poder.
Mientras que al referirnos a Plataforma identificamos a una estructura política
que se organiza con base en el Bien Común del colectivo y se coloca a la orden
de la comunidad organizada para servirle y ayudarla a su emancipación plena y
permanente.
Autor:
William Izarra
www.williamizarra.blogspot.com
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