
FIGURA 2
Al hablar de "luz que viene desde arriba" y de "colgar de",
en nuestros dos ejemplos, tácitamente nos referimos a aquello que es conocido
como la anisotropía del entorno vital o aún del mero espacio físico. A
diferencia del espacio geométrico abstracto, el físico, y aún más el vital, no
son homogéneos, sino que poseen una orientación debida a la fuerza de gravedad.
Existen maneras notables y, hasta cierto grado, sorprendentes, de ver esto. Una
bastante destacada es el papel fundamentalmente distinto del plano horizontal y
de la línea vertical como dimensiones para el hombre. Las superficies y las
direcciones horizontales son la orientación primaria del movimiento sin ayuda,
mientras que la vertical es la orientación primaria del ver en tanto mirar
algo. Por ello, edificios para ser vistos, tales como iglesias, pirámides,
etc., tienden a ser altos; y aun una casa familiar alta simbólicamente muestra
riqueza o poder en virtud de su altura -aunque no solamente a través de esta
cualidad. Por el contrario, edificios meramente funcionales, tales como
depósitos, fortines, hangares, o estaciones de trenes, son en su mayoría más
anchos que altos. Respecto de ellos no hay mucho para ser visto, sino, más
bien, hay mucho qué hacer en ellos.
Una manera notable de adquirir conciencia de la anisotropía del espacio físico
es la variabilidad en la percepción de la simetría. Ciertamente, la simetría
que depende de un centro geométrico o simetría radial es poco sensible a la
orientación. Por ejemplo, una estrella con sólo cuatro rayos, cuando se gira
unos 22 grados en cualquier dirección, es relativamente sensible al eje vertical;
pero una estrella con seis rayos ya lo sería menos, y cuantos más rayos tenga
la estrella, será tanto menos sensible al eje vertical, de hecho se acercará a
la verdadera simetría radial. Por el contrario, la simetría a lo largo un eje
principal es altamente sensible a la orientación. Piénsese en el contorno de un
violín, o del cuerpo humano, cuando el eje de simetría es vertical u horizontal
(Figura 3). La orientación horizontal puede dificultar el percibir la simetría
misma. La simetría alrededor de un eje principal es, por lo tanto, altamente
sensible a la anisotropía del espacio físico, y la manera en la que mejor nos
damos cuenta de ello es cuando el eje de simetría deja de coincidir con la
vertical (Figura 3).

FIGURA 3
El ejemplo antes discutido de los círculos sombreados en un plano y la correspondiente interpretación como cóncavos o convexos dependiendo de cuál mitad está iluminada por la luz que viene desde arriba, es otra muestra notable de la anisotropía del espacio físico en relación con la percepción. Un ejemplo sorprendente adicional es la percepción de un cráter o una colina sombreados en una superficie plana (Figura 4). De acuerdo a la dirección de la sombra que se angosta, se interpreta la forma ya como un cráter o como una colina. Si la sombra se angosta hacia abajo, entonces se "ve" un cráter, pero volteando la figura hacia arriba, se "ve" una colina, ya que ahora la sombra se angosta hacia arriba.

FIGURA 4
Un último y extraordinario ejemplo de la anisotropía del espacio físico es el efecto o apariencia de una cruz pintada en un plano. Si el plano se coloca vertical enfrente de nosotros, tenemos la acostumbrada imagen de una cruz regular, simétrica tanto respecto al eje vertical como al horizontal. Pero si el plano yace horizontalmente, entonces la imagen se vuelve completamente distinta, ya que la simetría radial está ahora destruida, en cuanto la altura del plano horizontal con la cruz dibujada en él se acerque más al punto de vista del observador, la cruz representará más y más un mero segmento horizontal (Figura 5).

FIGURA 5
Se puede suponer que los diferentes resultados perceptivos en todos los
ejemplos discutidos involucran información visual almacenada, por ejemplo,
"las colinas producen una sombra que se angosta hacia arriba", o
"los cuerpos (esféricos) son (normalmente) iluminados desde arriba".
Inclusive se puede suponer información adquirida por la experiencia de la
simetría. Sin embargo, en estos casos se trata de pautas "puramente
visuales", pero de ninguna manera "culturales" -aun cuando para
ver figuras abstractas pueda ser necesario algún entrenamiento.
Si interpretamos el ver en el sentido de "ver como", podemos pensar
en tres etapas de este fenómeno:
1) En el ver en tanto aprehender o reconocer contornos, formas, figuras,
contrastes, colores y movimientos.
2) En el ver en tanto organización de los datos básicos que vienen de la
primera etapa, en formas definidas contra un fondo.
Puede ser que las etapas 1 y 2 no requieran de aprendizaje previo o de
información de ninguna especie.
3) Las formas definidas son interpretadas por asociación con la información
previamente almacenada. Tal información puede o no estar relacionada con la
cultura. Obviamente esta etapa corresponde al procesamiento de estímulos de
arriba hacia abajo.
El caso discutido de interpretar una forma ya como una colina, ya como un
cráter, de acuerdo a la anisotropía del espacio físico, podría considerarse
desde un punto de vista relativista cultural. De hecho, es pensable que algún
grupo humano conciba a las colinas no meramente como colinas sino como los
pechos de la madre tierra. Sin embargo, tales pechos deben estar dirigidos
hacia arriba para ser pechos y no cavidades. Por lo que, con respecto a la
anisotropía del espacio físico, la carga cultural de la forma interpretada ya
como colinas, ya como unos pechos, no importa. El componente interpretativo
básico en la aprehensión de la forma dada depende sólo de la anisotropía. Es
una forma dirigida hacia arriba o dirigida hacia abajo, independientemente y
antes de la interpretación semántica que se le pueda dar.
La discusión anterior muestra que la interpretación de los estímulos visuales,
esto es, ver en el sentido de "ver como" puede contener dimensiones
relativas a la cultura, pero también dimensiones universales. Consideremos
ahora factores entrelazados en la interpretación de estímulos visuales
determinada por la anisotropía del espacio físico.
Podemos encontrar un caso interesante en la idea de Richtungschmuck de
Gottfried Semper, esto es, en la idea de ornamento direccional. Tal ornamento
acentúa una dimensión particular de acuerdo con las leyes de la gravedad, es
decir, de acuerdo con la anisotropía del espacio físico. Por ejemplo, un casco
con plumas acentúa la vertical y su efecto estético es, por lo menos
parcialmente, hacer al portador parecer más alto. Igualmente, un peinado
elongado produce un efecto de más altura. Posiblemente, la predilección de los
mayas por las cabezas elongadas se explique por la misma razón. El efecto que
uno busca puede ser también el de la esbeltez. Las mujeres muestran una gran
habilidad en usar telas con diseños que acentúan el eje vertical, o pendientes
largos para que sus rostros se vean más esbeltos. Por el contrario, una mujer
con una cara (muy) delgada puede desear acentuar lo redondo, y en este caso
usará aretes circulares u otro ornamento que se mueva y balancee para así
acentuar la inclinación, con el objetivo de que la cara se vea más ancha.
Podemos recordar aquí un efecto anisotrópico adicional, a saber, la apariencia
de los colores. Los colores vívidos o fuertes se ven "más pesados",
por lo que las personas con sobrepeso pueden desear evitarlos; por el
contrario, las personas delgadas pueden desear usar ropa colorida.
En todos los casos discutidos de ornamentos o ropa, el efecto reside en el
mismo y universal factor, es decir, la anisotropía del espacio físico, y de
hecho tales efectos anisotrópicos han sido explotados de una u otra forma por
todas las culturas. Recordando la gran variedad de cascos de guerra, es obvio
que la anisotropía está entrelazada con los usos de la anisotropía relativos a
cada cultura, a fin de que los guerreros parecieran formidables.
La arquitectura es un campo privilegiado del entrelazamiento de efectos
anisotrópicos y factores culturales. Aquí sólo deseamos mencionar brevemente
algunos ejemplos. Especialmente importante es la diferencia entre el arriba y
el abajo, pero también la diferencia entre el centro y la periferia. Esto
último es una clase de factor anisotrópico que apenas ahora consideramos.
Ya dijimos que la dimensión horizontal es el campo primario de la acción, esta
acción emana de cada individuo y el individuo actuante es una especie de centro
perceptivo. De la misma manera, los otros individuos se vuelven focos de acción
relacionados y, por lo tanto, se vuelven asimismo focos perceptivos
privilegiados. El individuo y todos los otros focos de acción se vuelven
posibles centros de percepción intercambiables. Por esta razón, el centro y la
periferia de cada espacio, cerrado o abierto, se convierte en un portador
predestinado de valores simbólicos profundos. El poder, la bondad, la belleza,
la verdad, etc., en una palabra, todos los valores positivos más altos son
simbolizados por "el centro", en virtud de una relación primariamente
anisotrópica propia del espacio físico o vital.
Las materializaciones concretas, en toda clase de edificios, de la prioridad
meramente formal del centro, constituyen en verdad una legión. El diseño general
de la mayoría de los edificios le da de alguna manera la atención adecuada al
centro. Y no sólo objetos y muebles profanos y sagrados están siempre
arreglados con relación al centro, sino también objetos puramente ornamentales
están ordenados respecto del centro o incluso acentuándolo. Por supuesto,
objetos de importancia tienden no sólo a ocupar el centro, sino además a no
yacer en el suelo, ya que por su parte el suelo está dotado de un valor
negativo, o al menos, de un valor simbólico menor. En un sentido más neutral,
la anisotropía del espacio físico motiva aspectos muy especiales en los
edificios. Por ejemplo, es usual un arreglo radial de ornamentos o motivos
pictóricos en cielos y pisos, pero no en las paredes.En edificios rituales o
públicos investidos con una función simbólica, es común acentuar el eje
vertical por medio de una altura más allá de lo usual -por supuesto, poniendo
de lado el caso de los modernos rascacielos, a algunos de los cuales, sin
embargo, desde el proyecto mismo se les intenta imprimir también un valor
simbólico, y por esta razón son especialmente altos. De cualquier manera, la
anisotropía del espacio físico constituye un factor universal que determina
esencialmente la apariencia y la interpretación de configuraciones visuales.
Por ello puede ser considerada como una capa básica o fundamento formal sobre
el que se levantan capas visuales adicionales concretas, específicas de la
cultura en cuestión. La anisotropía parece, por lo tanto, determinar las clases
de procesamiento de estímulos visuales de que se habló al principio.
El caso de la anisotropía como factor determinante de la facilidad o dificultad
para la percepción de la simetría parece ser meramente el caso de la
anisotropía como un factor del procesamiento de estímulos de abajo hacia
arriba. Por el otro lado, la anisotropía como determinante del significado
simbólico en los edificios, pertenece al tipo de procesamiento de estímulos de
arriba hacia abajo. Y ciertamente la anisotropía actúa dentro de este segundo
proceso como factor formal universal que permite la interpretación simbólica y,
por lo tanto, culturalmente específica o material, de un arreglo visual.
Existen varios factores anisotrópicos aún no mencionados, particularmente aquellos que desempeñan un papel en la dinámica estructural de las obras de arte plásticas. Ya mencionamos el caso de obras pictóricas como ornamento de cielos y paredes; cada una de ellas demanda una clase de balance diferente. En general, el balance de una obra de arte depende muy fuertemente de la anisotropía del espacio físico. Por ejemplo, no sólo los ejes ortogonales sino también las diagonales, tanto como las serpentinas, tienen una gran influencia en la apariencia de una pintura, una escultura, un edificio o un jardín dado.Con respecto a la conocida distinción entre los estilos clásico y barroco, la dinámica de muchas obras barrocas, alcanzada mediante ciertos desbalances, depende muy frecuentemente de la fuerza visual en el empuje de las diagonales -si nos es permitido decirlo de esta manera. Obviamente, la mera diferencia entre ejes ortogonales y líneas diagonales es una diferencia puramente anisotrópica. Considérese el caso muy simple de la dinámica de un molino de viento. La estructura visual consistente en dos segmentos ortogonales no logra el efecto, y tampoco lo logran dos segmentos diagonales que se cruzan en un ángulo de 90 grados. La apariencia del movimiento giratorio se logra apenas cuando los dos segmentos ortogonales se encuentran en desbalance (Figura 6).

FIGURA 6
Similarmente,
la grandeza sublime de los jardines barrocos tales como los de Versalles,
depende de la fuerte dinámica de las líneas que alcanzan el infinito en el
horizonte, y constituyen uno de los principales, si no el principal tema visual
de los jardines. Comparado con el jardín inglés y sus serpentinas, es evidente
que los diseñadores de Versalles estaban conscientes de los efectos anisotrópicos
completamente diferentes de las líneas que se desvanecen en el infinito, por un
lado y, por el otro, de los efectos de las serpentinas.En el caso de la
arquitectura, los edificios rituales son especialmente interesantes en relación
con la anisotropía y los factores culturales específicos entrelazados con ella.
Las pirámides y la mayoría de las iglesias cristianas acentúan el eje vertical
hacia arriba. Podemos suponer que los constructores de pirámides eligieron el
contorno diagonal no sólo por razones técnicas, sino también por su empuje
ascendente. Similarmente, los constructores de las iglesias cristianas
añadieron torres al cuerpo principal de los edificios, con el objeto de darles
una dinámica ascendente. Pudieron haber construido pirámides también, pero no
lo hicieron. Y la razón no es solamente técnica, sino que es una elección
cultural, por ejemplo, el deseo de reunir a los creyentes dentro de la iglesia
para que pudieran escuchar al sacerdote, mientras que las divinidades egipcias
o mayas no necesitaban tal comunicación con los creyentes. De la misma manera,
la forma más cerrada, críptica, casi íntima, de algunos edificios sagrados
asiáticos, depende de una elección cultural completamente diferente,
relacionada con el carácter de la divinidad. La divinidad se comunica sólo con
unos pocos íntimos, más aún, la divinidad no muestra su poder, no es una fuerza
activa sino más bien una fuerza pasiva. Tales elecciones culturales respecto
del carácter de la divinidad conducen a los edificios que acentúan no la
vertical, sino más bien la horizontal en el confinamiento.
Regresando a nuestro ejemplo de los dos cuadrados paralelos superpuestos unidos
en una esquina por un segmento, podemos ver ahora que interpretarlos como una
caja es un efecto cultural. Pero un miembro de una cultura en la que no haya
cajas, pudo haberlo distinguido del muy distinto arreglo de los
"diamantes", ya que ambas figuras tienen, en virtud de la rotación
que las distingue, aspectos dinámicos completamente diferentes. La figura 2A
posee una estructura visual inestable, mientras que la 2B posee una estructura
visual estable. Ciertamente, la interpretación concreta podría variar de
cultura a cultura, pero para todas las culturas una de las figuras tiene una
estructura estable, mientras que la otra figura, una inestable. Igualmente
podemos ubicar la mencionada diferencia dinámica, formal, referente a la
estabilidad o inestabilidad como perteneciente al tipo de procesamiento de
estímulos de abajo hacia arriba, mientras que la interpretación concreta, es
decir, el significado de tal diferencia visual pertenece al procesamiento de
estímulos de arriba hacia abajo, ya que tal procesamiento incluye la
información determinada culturalmente. De cualquier manera, el caso de la anisotropía
muestra que Arnheim tiene razón en concebir la dinámica de las estructuras
visuales como un factor independiente de la cultura, es decir, como un factor
universal.
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Publicado en Elementos No. 58, Vol. 12, Abril - Junio, 2005, Página 3
Autor:
Alberto J. L. Carrillo Canán
www.carrillocanan.org
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