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Maltrato intrafamiliar sobre adolescentes. (página 2)




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Nuestro país no esta exento de violencia intrafamiliar. Si tenemos en cuenta que la familia constituye la célula básica de la sociedad, podemos inferir que en la actualidad muchos niños son victimas de acciones violentas en su medio familiar.

En realidad se desconoce la magnitud de este problema, lo que si es evidente es el hecho de que un niño sea maltratado, sea por desconocimiento, por omisión, sea por desidia o por pura maldad, es algo que nos debe preocupar y hacernos tomar medidas apropiadas, oportunas y necesarias para evitar los daños que implica, además de promover un trato sano que produzca futuras generaciones felices y satisfechas. Si maltrato es lesión en el desarrollo de la personalidad infantil en formación, entonces podemos argumentar que los adultos responsables del crecimiento del niño, han generado maltrato, cuando han dejado de prever las condiciones mínimas para su desarrollo fisiológico, psicológico y social adecuado. Un llamado de la Organización Panamericana de la Salud a los gobiernos miembros para examinar la violencia en la vida de los pueblos e iniciar acciones tendientes a desarrollar sociedades no violentas ha motivado en nuestro país la elaboración de un proyecto de comunidades seguras y de este modo evitar relaciones interpersonales agresivas así como prevenir la aparición de actos violentos (10-12).

Dado el impacto social de este problema de salud, y teniendo en cuenta su magnitud y/o ascendencia como situación actual en nuestro país, nos decidimos a afrontar este estudio que pretende valorar en nivel de conocimientos que tienen las familias sobre diversos aspectos relacionados con la violencia intrafamiliar y el maltrato hacia los adolescentes, aspectos estos de gran significancia como causante de alteración del proceso salud/ enfermedad como aparece recogido en el actual anteproyecto del programa de atención integral a la Familia (13).

MARCO TEÓRICO.

Esta investigación pretende demostrar los motivos que originan el maltrato en los adolescentes y las consecuencias que podrían tener a corto y largo plazo, ya que sabemos que en nuestra sociedad existen padres que pretenden dar una buena educación a sus hijos, disciplinándolos de una manera incorrecta ó también en muchos casos, el padre no cumple ningún propósito disciplinario, mas bien, sirve de escape para su propia ira y sentimientos de frustración y desdicha.

Algunas personas no saben las características de un maltrato, sea psicológico, físico y abuso sexual y también las razones por las cuales los padres maltratan a sus hijos. La mayoría de las personas no saben a dónde recurrir para dar ayuda a un niño que ha sido maltratado y cómo se le puede ayudar al padre agresor.

LA FAMILIA.

La familia es la base fundamental de la sociedad pero también el principal ente generador de violencia (14). 

La familia funciona como un sistema. Como tal, establece canales de comunicación entre sus miembros, los protege de las presiones exteriores y controla el flujo de información con el exterior, siendo la meta conservar la unidad entre los miembros y la estabilidad del sistema. Cuando hay demasiada permeabilidad, el sistema se cierra y se aísla, provocando desviaciones significativas en las interacciones que se dan entre los miembros de la familia; lo cual lleva al sistema a un estado de desequilibrio, como es el caso específico de la violencia intrafamiliar. La familia como sistema configura las condiciones inmediatas del espacio social en el cual el individuo afronta las posibilidades efectúales de realizar o no lo que desea y puede hacer. Esta situación lo pone en perspectiva del tiempo, sus vivencias del pasado y del presente como posibilidades del futuro, las cuales se unen en un sentido estructurante en cada individuo, expresado en un estilo de vida.

El estilo de vida es un concepto relacionado al sentido de vida y a la calidad de vida. Para Barbosa, el estilo de vida nace de:

1. Unas posibilidades psicológicas de la persona, que según algunos psicólogos tiene que ver con tres dimensiones de la conciencia: a) La conciencia de sí mismo que distingue unos de otros; b) la conciencia de la procedencia familiar, como también de la experiencia de la pertenencia a un universo psíquico, social y espiritual; c) la aceptación por parte del prójimo o la congruencia de la identidad que cada uno atribuya a sí mismo, y las atribuciones sociales que provienen de los otros.

2. Unas circunstancias sociales y culturales, que tienen que ver con las posibilidades socioeconómicas y valorativas.  

En esta dirección, el sentido hace referencia al modo en que cada uno modela o intenta modelar su propia vida, define el modo como se construyen significaciones a partir de situaciones cotidianas y consecuentemente el modo como cada cual decide interactuar con los otros. El sentido tiene un carácter cognoscitivo que afecta el modo como se construyen las posibilidades de comprensión de lo vivido. El ser humano atribuye significación en el ámbito de su vida de acuerdo con los elementos de la cultura y gracias a la apropiación que de ella hace como sistema activo de personalidad (15).

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha definido a la familia como "el grupo de personas del hogar que tiene cierto grado de parentesco por sangre, por adopción o matrimonio, limitado por lo general a la cabeza de la familia, su esposa y los hijos solteros, que conviven con ellos" (16).

La familia es un sistema abierto desde el punto de vista sistémico y entre sus miembros existen relaciones de dependencia emocional, económica, ataduras jurídicas y/o afectivas que permiten el aislamiento y perpetuación de la violencia. Paradójicamente es un espacio de amor y de violencia. Debería ser el sitio más seguro pero puede trasformarse en el más inseguro.

La familia cumple funciones vitales psicobiológicas, socioculturales y educativas así como económicas. Para Silva cada familia es única en su género, por lo que resulta muy difícil clasificarla en un tipo familiar; sin embargo, en general las familias oscilan entre las amalgamadas y desarticuladas, siendo éstas últimas las que darán lugar a jóvenes con problemas relacionados con la conducta. Como refiere el citado autor, proceden "de familias marginales o de aquellas donde todo sobra menos la familia" (17).

En la Violencia familiar sólo se observa la punta del iceberg, la incidencia real, la distribución y categorización de la misma son desconocidas. Se trata de un grave problema social tal y, como lo evidencian la creación de diversos programas y la promulgación de leyes contra la Violencia Intrafamiliar en diversos países de América Latina, entre ellos Venezuela.

EL INFANTE MALTRATADO.

La niñez a lo largo de la historia ha sido valorada de diferentes maneras; hubo tiempos en que los niños carecían de derechos y eran considerados como adultos.

No es sino hasta el siglo XIX en que se reconoce los derechos propios del niño y poco a poco se va generalizando esta actitud; prospera el interés por la pediatría, se modifican los métodos, sus instalaciones y su trato. Así a la par de los avances sociales y tecnológicos la niñez empezó a valorarse desde otra óptica.

En 1924 se proclama en Ginebra los derechos del niño, en 1959 fueron reconocidos por las Naciones Unidas. En 1989 se crea en la ONU la Convención de los Derechos del Niño (18).

El síndrome de maltrato infantil es un fenómeno complejo de la sociedad, conocido desde hace siglos, pero con características especiales en la etapa actual, puesto que puede envolverse a cualquier grupo socioeconómico en mayor o menor intensidad, y resultan las familias desposeídas las más afectadas (19).

El maltrato en el niño fue descrito por primera vez en 1868 por Ambrosio Tardieu, patólogo de la Universidad de París quien define por primera vez en su cátedra el maltrato visualizado en 32 autopsias de niños muertos por golpes y quemaduras.

En 1962 Henry Kempe propuso el término "síndrome del niño golpeado o maltratado (Battered child syndrome)", aquel que presentaba una lesión ósea, con una lesión cutánea de tipo equimosis, magulladura, quemadura, en la misma región y cuya causa no hubiera podido ser especificada (20).

El abuso infantil se ha convertido en el mayor problema de salud a nivel mundial según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Datos recientes de la OMS muestran que 40 000 000 de niños entre las edades de 0-14 alrededor del mundo sufren de abuso y negligencia requiriendo los servicios de salud y trabajo social. Se reportan más de 80,000 casos al año de abuso sexual a los niños/niñas pero el número de casos que no se reporta es aún mayor.

Estudios realizados en 19 países, entre los que se encuentran Sudáfrica y Suecia, han reportado un rango de prevalencia de abuso sexual entre 7 y 34 % en niñas y 3 a 29 % entre los varones (21).

El síndrome de abuso sexual y el incesto son problemas sociales conocidos desde hace muchas décadas, sin embargo las prohibiciones impuestas por la familia y la sociedad, impidieron entrar en los detalles íntimos surgidos en las distintas formas de presentación (19).

En Cuba, como política de Estado, pone en función del niño, la mujer y del pueblo en general todos los recursos necesarios para brindar una atención priorizada a todos, en distintos programas que garantizan la adecuada calidad de vida y el mejoramiento de la condición humana (22-23).

La identificación del maltrato infantil es un verdadero reto para el médico, pues la historia clínica recogida es muchas veces inexacta y engañosa, los hallazgos al examen físico son en muchas ocasiones inespecíficos y la mayoría de los médicos, no lo incluyen en su diagnóstico diferencial.

El maltrato puede ser clasificado en las categorías de: abuso (físico, sexual, psicológico), negligencias y síndrome de Munchausen por poder. De estas categorías, la negligencia es la más frecuente y posiblemente la de mayor morbilidad y mortalidad (24). Es importante destacar que las negligencias se diferencian de los accidentes porque en estos últimos no hay responsabilidad de los padres o tutores mientras que en la mayoría de las negligencias está presente un fallo por parte de los padres o personas al cuidado del menor.

Se define como maltrato físico a cualquier lesión física infringida al niño o niña (hematomas, quemaduras, fracturas, lesiones oculares, lesiones cutáneas) mediante pinchazos, mordeduras, golpes, estirones de pelo, torceduras, puntapiés u otros medios con los que se lastime al niño (25).

Aunque el padre o adulto a cargo puede no tener la intención de lastimar al niño, también se interpreta como maltrato a la aparición de cualquier lesión física arriba señalada que se produzca por el empleo de algún tipo de castigo inapropiado para la edad del niño.

A diferencia del maltrato físico el castigo físico se define como el empleo de la fuerza física con intención de causar dolor, sin lesionar, con el propósito de corregir o controlar una conducta. No siempre es sencillo saber cuando termina el "disciplinamiento" y comienza el abuso. En contraposición del maltrato físico, el castigo corporal es una práctica muy difundida y socialmente aceptada (26).

El maltrato psicológico es una de las formas más sutiles pero también más existentes de maltrato infantil. Son niños o niñas habitualmente ridiculizados, insultados regañadas o menospreciadas. Se les somete a presenciar actos de violencia física o verbal hacia otros miembros de la familia. Se les permite o tolera uso de drogas o el abuso de alcohol. Si bien la ley no define el maltrato psíquico, se entiende como tal acción que produce un daño mental o emocional en el niño, causándole perturbaciones suficientes para afectar la dignidad, alterar su bienestar e incluso perjudicar su salud (27-28).

Actos de privación de la libertad como encerrar a su hijo o atarlo a una cama, no solo pueden generar daño físico, sino seguro afecciones psicológicas severas. Lo mismo ocurre cuando se amenaza o intimida permanente al niño, alterando su salud psíquica (29).

El abuso sexual puede definirse como tal a los contactos o acciones recíprocas entre un niño o una niña y un adulto, en los que el niño o niña está siendo usado para la gratificación sexual del adulto y frente a las cuales no puede dar un consentimiento informado. Puede incluir desde la exposición de los genitales por parte del adulto hasta la violación del niño o niña.

Las formas comunes del abuso sexual son el incesto, violación, el estupro, el rapto, rufianismo, actos libidinosos, etcétera.

Una forma común de abuso sexual es el incesto, definido este como el acto sexual entre familiares de sangre, padre-hija, madre-hijo, entre hermanos (30).

El abandono o negligencia significa una falla intencional de los padres o tutores en satisfacer las necesidades básicas del niño en cuanto alimento, abrigo o en actuar debidamente para salvaguardar la salud, seguridad, educación y bienestar del niño, es decir, dejar de proporcionar los cuidados o atención al menor que requiere para su adecuado crecimiento y desarrollo físico y espiritual. Esto puede incluir, por ejemplo, omitir brindarle al menos alimentos, medicamentos y afecto.

Pueden definirse dos tipos de abandono o negligencia:

  • Abandono físico: Este incluye el rehuir o dilatar la atención de problemas de salud, echar de casa a un menor de edad; no realizar la denuncia o no procurar el regreso al hogar del niño o niña que huyo; dejar al niño solo en casa a cargo de otros menores.

  • Negligencia o abandono educacional: No inscribir a su hijo en los niveles de educación obligatorios para cada provincia; no hacer lo necesario para proveer la atención a las necesidades de educación especial.

En diversas oportunidades realizar el diagnostico de negligencia o descuido puede presentar problemas de subjetividad. El descuido puede ser intencional como cuando se deja solo a un niño durante horas porque ambos padres trabajan fuera del hogar. Este último ejemplo como tantos otros que genera la pobreza, el abandono o descuido es mas resultado de naturaleza social que de maltrato dentro de la familia (31).

Muchos factores culturales y sociales pueden afectar la capacidad de los padres para cuidar a los niños y pueden influir, además, sobre los recursos de que disponen las familias, lo que intensifica el estrés asociado con la vida familiar (32).

Por otra parte, se han tratado de explicar los incidentes de maltrato dentro de las familias, y se han considerado varios factores favorecedores, como las características de cada niño y su familia, las de su cuidador o perpetrador, la comunidad y el ámbito social, económico y cultural (33-34). En Cuba, Blanco analizando el maltrato infantil en un área de salud de Santiago de Cuba durante 1999,encuentra dentro de los factores intrafamiliares favorecedores: el estrés, los conflictos, las frustraciones, el antecedente de maltrato en la niñez del agresor, las enfermedades crónicas en los niños y la mala situación socioeconómica, en ese orden (35). Méndez en 1998 pudo detectar una alta incidencia de alcoholismo y sociopatías en las familias de los pacientes maltratados, ausencia de relaciones armónicas con predominio de las hostiles, bajo nivel cultural, desvinculación laboral, malas condiciones económicas, hacinamiento y promiscuidad (36).

En el síndrome de maltrato infantil, la presencia de los factores favorecedores mencionados arriba predispone a la recurrencia del maltrato, sin embargo, en algunas ocasiones estos factores no se identifican y en otras, el daño ocasionado por el maltrato no se manifiesta clínicamente, por tanto, los niños no son llevados a centros de salud. En estos casos, las secuelas psicológicas, el comportamiento social y escolar del niño maltratado y su repercusión en la adquisición de conocimientos, es lo que sugiere la existencia de maltrato (37).

La violencia es  en  sí misma  una amenaza o negación de  las condiciones de realización  de  la vida y de la supervivencia misma y  afecta diferentes campos del conocimiento. Por  todo ello se convierte en un problema de la salud pública (38).

Se define como concepto multidimensional que  suele entenderse como un estado de explotación, de opresión o ambos, en el marco del cual la reacción de dominación es violenta; mas específicamente se comprende como el uso injusto de  la fuerza en forma física, psicológica, económica o moral, con miras a  privar a la persona de un bien al que tiene derecho, o impedirle su libre y normal desenvolvimiento (39-41).

Las víctimas generalmente son niños, mujeres, ancianos y en muchas ocasiones los agresores son los hombres que viven en el domicilio y que tienen lazos de consanguinidad con las personas afectadas, en otros son hombres sin parentesco alguno con la víctima (42).

LA ADOLESCENCIA.

La adolescencia es definida sociológicamente como el período transición que media entre la niñez dependiente y la edad adulta autónoma. Es una etapa crucial en la vida del ser humano, donde se fundamentan las bases de su estructura personal definitiva.

La conceptualización de la adolescencia tiene amplias variaciones a nivel mundial, la cual se aprecia cuando se analizan las diferencias existentes entre las sociedades modernas, muy tecnificadas, donde este periodo se alarga hasta que se culminan ciertos logros determinados por las condiciones políticas, económicas, oportunidades de estudio, de conseguir vivienda, etc.; en comparación con las sociedades más tradicionales, muy consecuentes con su costumbres ancestrales, donde la adolescencia se acorta notoriamente ya que al llegar a la pubertad se le asignan responsabilidades de adulto, como sucede en las culturas indígenas.

Es por todo lo anterior que la adolescencia socialmente debe entenderse dentro del amplio contexto de lo histórico, político, cultural, religioso, económico y étnico; donde las tensiones del individuo, originadas por los cambios físicos y psicológicos propias de la edad, emergen de complicados ajustes para enfrentar su acoplamiento social en estructuras deficitarias para sus expectativas (43-45).

Los cambios en la adolescencia son parecidos y tipificados en general para el grupo, pero con expresiones particulares de la individualidad y el ambiente socio-cultural que lo circunde (45-46).

Las características más usuales en esta edad son:

  • Tendencia a estar en grupos con otros adolescentes: en la búsqueda de su identidad, y es así que se viste, habla y se conduce según las normas del grupo que ayuda a reforzar su yo.

  • Necesidad de intelectualizar y fantasear: Piensa y analiza la información que recibe, para sacar sus propias conclusiones; la imaginación tiene alas de libertad, lo cual hace que se distraiga con frecuencia.

  • Crisis religiosa y política: analiza, duda y cuestiona todos los conceptos religiosos inculcados en la niñez, y la organización político-social en que vive.

  • Desubicación temporal: el tiempo tiene perspectivas de acuerdo a sus intereses, hay un inmediatismo acuciante o un postergar indefinido. Todo es "ahora o nunca" o "hay tiempo para todo".

  • Constantes variaciones del estado anímico: alternativamente en un momento está de mal humor y pocos minutos después muy alegre, desbordando entusiasmo que revela la situación conflictiva de su mundo interno.

  • Evolución su identidad sexual se define en un proceso que lo lleva a explorar desde el auto-erotismo (masturbación) y experiencias ocasionales con adolescentes de su mismo sexo, hasta llegar a la definición sexual, donde se establece su preferencia por el sexo opuesto (heterosexualidad).

  • Actitud social reinvidicatoria: reclama de los adultos una conducta coherente con lo que expresan, por lo que cuestiona "todo y a todos" Además, el adolescente se inicia en la toma de conciencia social, a la que desea mejorar con su participación activa, y es por esto fácilmente conquistado por partidos políticos, sectas religiosas, grupos de voluntarios, etc., que le ofrezcan un horizonte que él considere diferente.

  • Manifestaciones conductuales contradictorias: cambia de opinión y conducta en una secuencia rápida de acuerdo a su circunstancia e intereses.

  • Sentimientos de omnipotencia e invulnerabilidad: donde el piensa que puede experimentar con todo y sin peligro, ya que solo los demás están expuestos a riesgo de enfermedad o muerte.

Los factores determinantes en el ajuste psicosocial del adolescente son:

  • Factores familiares: la estructura y ambiente familiar, con sus particulares características, pueden contribuir al desarrollo sano del adolescente con factores protectores de salud integral, o determinar factores generadores de daño al adolescente que se perpetúan en la edad adulta. Estos factores involucran (48-49).

  • Estructura de familia (padres presentes o ausentes).

  • Comunicación familiar (frecuencia, amplitud).

  • Crisis de la edad adulta (de los padres y su manejo intrafamiliar) .

  • Conflictos familiares (violencia, abuso sexual).

  • Ejemplo familiar (hábitos, drogas, etc.)

  • Situación económica-social que determina otras oportunidades.

  • Normas éticas y morales (flexibles-estrictas-muy permisivas).

Factores sociales: el tipo de integración que el adolescente efectúe en la sociedad, depende de las características que actualmente la definen: (50-53)

  • Ejemplo moral y ético: que promueve el abandono de principios y una visión ambigua ajustada a intereses mezquinos, además de la tolerancia a la corrupción con una justicia mediatizada.

  • Presión negativa por otros adolescentes para que actúe según deseos del grupo.

  • Doble cara social para juzgar la conducta adolescente: permisiva por un lado y destructivamente crítica por otro.

  • Cambios determinantes por la urbanización, migración y turismo; con su innegable influencia en las oportunidades y ambiente del adolescente.

  • Prolongación del periodo de educación formal que aunado a la situación de escasas oportunidades educacionales y laborales, prolongan la dependencia económica

  • Valores sociales: que promuevan el dinero, el placer, la satisfacción inmediata, la prepotencia del poder, etc., por encima de la justicia, lealtad, honestidad y principios morales.

  • Facilidad de comunicación, viajes y turismo; pero para una determinada clase social de adolescentes de alto poder adquisitivo.

  • Medios de comunicación social: con la promoción de violencia, sexo, ideales negativos, consumismo y utilización de jóvenes con su imagen de salud, belleza y energía, para promocionar drogas (alcohol, cigarrillos, etc.)

  • Expansión del comercio de drogas a nivel mundial.

  • Explosiones de violencia social, donde los adolescentes son protagonistas involucrados en la situación económica-político-social.

  • Situación alto índice de pobreza, que es el terreno donde germina la prostitución, la delincuencia y la violencia social.

  • Países con clima bélico: guerra, guerrillas, terrorismo, etc.

En resumen, un mundo de contrastes, donde los avances en las comunicaciones, la ciencia, la democracia participativa y la creciente valorización de los derechos humanos; contrasta con la incertidumbre del adolescente en su propio futuro.

El maltrato en adolescentes ha sido  clasificado de diferentes formas:

  • Maltrato social o extrafamiliar: que se expresa en niños  expuestos a la pobreza, viviendas insalubres, nutrición inadecuada y pocas posibilidades  de llegar  a la adultez de forma sana.

  • Maltrato no social o intrafamiliar: que se presenta en todos los grupos  culturales, estatus económicos y sociales.

La familia como eje central de la vida ayuda al desarrollo del hombre, es una institución social en que es mas difícil identificar y nombrar la violencia (54). En  los adolescentes  se dificulta  el reconocimiento  de las prácticas violentas de sus padres sobre ellos, la misma se desarrolla  por un conjunto de condiciones  que la hacen posible  y donde intervienen tres elementos: el familiar , cuando en el medio hay personas que sufren trastornos mentales o adicciones , por otra parte  el adolescente, difícil de educar, superactivo, no deseado, malformado o con enfermedades crónicas. La situación propicia está dado por la existencia de conflictos matrimoniales, frustraciones laborales, inestabilidad económica, política o social, así como el empleo inadecuado de los medios de comunicación y difusión que la favorecen (55).

Cada año miles de adolescentes en el mundo entero sufren dentro de sus hogares, como resultado de actos de violencia doméstica , que se manifiesta no solo en golpes físicos sino en formas más sutiles que provocan impacto más a largo plazo, pero pueden ser tan destructivas de su personalidad como cualquier otro acto de violencia (56-57).

La organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica el maltrato contra niños y adolescentes en cuatro categorías: Maltrato Físico (uso de la violencia y otras acciones humanas que infligen dolor y son capaces de causar lesión o deficiencia en su desarrollo o funcionamiento), Sexual  (cualquier acto sexual con un adulto sexualmente maduro), Emocional o Psicológico (interferencia negativa de un adulto en la competencia social de un niño, de manera que produce un patrón de comportamiento destructivo) y la Negligencia (privación de los recursos necesarios y socialmente disponibles, cuya  falta crea riesgo de lesión) (58).

Por ser la adolescencia un periodo muy importante en la vida de un ser humano, en el que se producen cambios cualitativos significativos tanto en la esfera psicológica como morfológica los cuales intervienen en la formación de elementos fundamentales de la personalidad; y por ser la adolescencia un fenómeno que involucra cada vez más a la sociedad en su conjunto, se realizó este estudio con el objetivo  de conocer el comportamiento de la violencia intrafamiliar sobre el adolescente, abordándolo de forma integral para determinar su repercusión en el entorno familiar y social.

LA VIOLENCIA.

El problema de la violencia, como un problema social y de salud, afecta a todos sin distinción del país, ni de capas o clases sociales. Ha adquirido resonancia social en los últimos tiempos, no porque ocurra con mayor frecuencia sino porque hoy son mas conocidas y estudiadas estas conductas. 

Millones de mujeres mueren, quedan mutiladas, heridas o psicológicamente traumatizadas por el resto de sus vidas debido a la violencia en sus hogares, un drama que se produce por igual en los cinco continentes.

Violencia es la expresión de agresividad manifiesta o encubierta que tiene consecuencias negativas para todo aquel que se ponga en contacto directo con ella. La violencia es la agresividad destructiva así lo ve el Dr. Roberto de Uries en el trabajo "La Violencia en Venezuela". Indudablemente que la palabra violencia esta relacionado con malestar, maltratar, violar, forzar, se puede decir que siempre implica el uso de la fuerza para producir daños. 

La palabra violencia viene del latín violare, significa infringir, quebrantar, abusar de otra persona por violación o por astucia. Se define también como una fuerza o coacción sobre una persona. Presenta diferentes formas de manifestación: 

- Emocional o psicológica 

- Física 

- Sexual 

- Otras (financieras, políticas, económicas, etc.)

Es considerada la violencia como la trasgresión de normas, valores y pautas de conducta predeterminadas a nivel social, ya sea por una aceptación de consenso mayoritario, o por la imposición de una clase social muy fuerte socioeconómicamente. La violencia se produce en situaciones conflictivas cuando el individuo, grupo o conjunto grupal entra en contradicción con esas normas, valores y pautas, o no encuentra la vía para solucionarlos (59).

La cuestión de la violencia social es un tema que suscita gran interés por el carácter dramático de su presentación, así como por sus consecuencias; no sólo a nivel de la sociedad en su conjunto, sino también en el contexto de la vida cotidiana. La nuestra se ha convertido en una "Civilización de la violencia" y en nuestra región y específicamente en Venezuela, en un problema endémico-estructural". Este fenómeno puede asumir el carácter tanto de un estilo de vida como de una estrategia de sobrevivencia.

Aunque la violencia social abarca un amplio espectro de campos (violencia intrafamiliar, medios de comunicación social, violencia sexual, etc.) dentro de los cuales se manifiesta y concreta este fenómeno (60-61).

La agudización del problema de la violencia social difusa hoy en Venezuela se entiende:

1.- Dentro del estilo de vida que genera el modelo de una sociedad de mercado neoliberal.

2.-Como respuesta al fracaso del modelo democrático-representativo-bipartidista.

3.- Como estrategias de sobrevivencia del yo (tanto individual como colectivo) ante la implantación de una sociedad del tipo "orden caníbal".

4.-En el contexto de una situación de hiper-anomia de la sociedad globalmente considerada.

En la sociedad contemporánea, el tema de la violencia se ha venido convirtiendo, en un problema que exige definirlo no solo como un problema de salud pública, sino que ya es una cuestión de seguridad de estado por el grado en que este flagelo afecta de manera importante la estructura y el funcionamiento del cuerpo social. La civilización capitalista-cristiano-occidental-contemporánea, es ante todo una civilización de la violencia por el carácter de su racionalidad interna.

Estamos asistiendo a la aparición de un fenómeno sociológico, quizás jamás visto en la historia de la humanidad: la perversión criminal. No parece este fenómeno ya una cuestión de desviados sociales que la sociedad y los expertos fácilmente identifican como una anomalía social ubicada en niveles marginales de la sociedad, sino que está pasando a ser parte del modo de adaptación social.

No obstante, jamás habíamos presenciado los niveles de violencia social que hoy estamos observando.

El problema de la violencia en la Venezuela contemporánea constituye el principal problema, mucho más grave que otro tipo de problema como la pobreza, la política y el atraso tecnológico. Mucho más que un problema social y de salud pública, la violencia social se está convirtiendo en una cuestión de seguridad de estado y de supervivencia de la Democracia como sistema de convivencia civilizada. Progresivamente nos hemos venido convirtiendo en una sociedad que vive en una "ecología de la violencia" que fundamenta una "cultura de la muerte" apoderada ya del cuerpo social como metástasis que está fagocitándose todo lo que significa formas convivenciales de vida (62-63).

VIOLENCIA INTRAFAMILIAR.

Para Antony y Miller la violencia intrafamiliar es "todo acto cometido dentro de la familia por sus miembros, que perjudica gravemente la vida, el cuerpo, la integridad psicológica o la libertad de otro miembro de la familia" (64).

El término violencia intrafamiliar involucra, entre otras categorías, las de maltrato infantil y violencia conyugal. A diferencia del maltrato infantil, de esta última son muy pocos los estudios que se han realizado.

De algún modo tenemos una idea sobre que es la violencia familiar y existen muchas acepciones sobre la misma. Entre las que pueden citarse las siguientes:

La violencia familiar es un fenómeno que nos lleva a plantearla como parte de una estructura ubicada en una línea continua que abarca las distintas formas en que los seres humanos ejercen su poder y dominación sobre otros.

La violencia familiar ocurre en "un grupo social doméstico que manifiesta una relación cotidiana y significativa, supuestamente de amor y protección. Existe "violencia familiar" cuando una persona, físicamente mas débil que otra, es victima de abuso físico o psíquico por parte de otra" (65). Para Corsi, el uso de la fuerza se constituye así en un método posible para la resolución de conflictos intrapersonales, como un intento de doblegar la voluntad del otro, de anularlo precisamente en su calidad de otro. Para que la violencia familiar sea posible tiene que darse una situación de cierto desequilibrio de poder, que puede estar definido culturalmente por la transmisión de valores o por el contexto en donde se producen maniobras interpersonales para el control de la relación familiar.

La violencia adopta modalidades que la circunscriben particularmente al espacio físico propio del núcleo familiar. Esto ocurre en las familias disfuncionales, donde existen problemas de diversa índole, tales como los relacionados con las actividades domésticas, o los aspectos económicos que podrían conducir a problemas afectivos. Debido a que han aprendido a "solucionar" los conflictos a través de la violencia actuando de manera focalizada sobre su pareja, pues en sus relaciones interpersonales lucen ajustados. Luego del primer acto violento, la violencia continuará al perderse el respeto e incrementarse la intolerancia en la familia. En muchas ocasiones tardan varios años en buscar ayuda profesional o en separarse (66).

LA VIOLENCIA FAMILIAR EN VENEZUELA.

El problema de la violencia familiar no se circunscribe a una familia, o región. No es exclusivo de un país, ni existe un solo tipo de violencia. En Venezuela según la Ley sobre la Violencia contra la mujer y la familia promulgada, existen varios tipos de violencia: física, sexual, psicológica e inmobiliaria (67).

Según el reporte de llamadas a la línea gratuita 800 mujeres del Instituto Nacional de la Mujer en Venezuela, los tipos de violencia según ambiente de ocurrencia se clasifican en: intrafamiliar (91.77%) y extra familiar (8.23%. También, informan que los tipos de violencia según su forma de expresión son: Psicológica 100 %, Física 70.94%, Sexual 10.0%, Patrimonial 15.63%, Financiera 1.25% y Laboral 2.19% (68).

Teniendo como referencia legislativa el cambio de paradigma acogido por el

legislador venezolano en la nueva "Ley sobre la Violencia contra la Mujer y la Familia" como lo refiere, Martínez Rincones "que ha tomado en cuenta el fenómeno Criminógeno de la violencia para darle un tratamiento especial al mismo, en relación con la mujer y la familia, criminalizando los comportamientos violentos graves que la enmarcan". Allí radica la importancia de la mencionada ley (69).

La violencia familiar está afectando a hombres y mujeres en diversas etapas de su vida, subsistiendo de generación en generación. El modelamiento de conductas violentas en la familia es innegable. Así, Rodríguez citado en Orozco (2000) expone lo siguiente: "En la dinámica victimizadora, tiene un papel decisivo el aprendizaje de patrones parentales negativos que delinean el comportamiento del niño, por lo general, desde los 2 hasta los 8 años de vida."; continúa diciendo que "la victima de los malos tratos es, por lo general, una persona con baja autoestima, inmadura, insegura de sí misma, que busca en la pareja una autoridad.". Se observa que para que exista una víctima debe estar presente un victimario, de alguna manera en la familia todos sus miembros están involucrados (70).

Como manifiesta Ramírez "Los padres y las madres que han sido maltratadas muestran una fuerte tendencia a establecer relaciones defectuosas por debilidad de la vinculación a manejar estilos de crianza autoritarios, distantes y poco afectuosos. Presentan creencias marcadas sobre el uso del castigo, preferiblemente físico, para imponer disciplina y por lo tanto educar. Y es evidente la legitimación de la cultura del maltrato físico"

También, revela en su investigación que existe la transmisión generacional de la violencia, y que en aquellos casos; cuando ocurre en un estadio del desarrollo temprano se tiende a tener una representación de la madre defectuosa (71).

La violencia se ha convertido en un patrón de socialización, que es trasmitido de generación en generación, el cual abarca todos los ámbitos de la vida del individuo, desde su lenguaje hasta su forma de relacionarse. Es algo que se encuentra inmerso en todas y cada una de las redes sociales (72). Una víctima del sistema familiar aprende a serlo o buscará en el futuro un victimario para inconscientemente asumir el rol que tanto rechaza. Marchiori, citada en Beristain, ha investigado detenidamente la influencia que tiene en la comisión de los delitos, la relación entre el victimario y su víctima. Clasifica esta relación en tres grupos.

El primer grupo dentro de la familia, abundan los delitos cometidos contra los niños; éstos fácilmente se convertirán en delincuentes cuando lleguen a cierta edad; también es frecuente el homicidio por la identificación emocional, o los celos; el alcohol contribuye a un mayor número de esta clase de delitos. En el segundo, entran los casos en que las víctimas son conocidas del victimario, pero no son familiares; la cercanía laboral, la domiciliaria, etc. El tercer grupo viene compuesto por quienes no se conocen personalmente; pero el autor del delito con frecuencia tiene noticia previamente de algunas circunstancias del lugar o de la profesión o de las costumbres de la víctima (73). El modelamiento negativo puede ejercer una dinámica familiar alterada en los niños y adolescentes.

La intoxicación alcohólica podría contribuir en muchos episodios de agresividad, el alcohol produce desinhibición de los impulsos sexuales y agresivos.

Estas sustancias podrían predisponer a los episodios violentos en el núcleo de la familia.

Una vez consumado el acto violento el victimario responsabiliza a la sustancia, se arrepiente se reconcilia y vuelve a empezar el ciclo. Como manifiesta Garrido y otros (2001:590) la agresión física se iniciaba porqué "él quería discutir y por la bebida, además, que al pasar el tiempo la relación empeoraba" (74).

Los niños que son víctimas directas de la violencia corren el riesgo de volverse violentos hacia sí mismo o hacia otros. Presentan bajo rendimiento escolar, existiendo cambios drásticos que limitan la capacidad del proceso de enseñanza-aprendizaje de ellos (75).

La Violencia Intrafamiliar se ha convertido en los últimos diez años en una especie de flagelo social altamente complejo de enfrentar por las autoridades venezolanas por las consecuencias e implicaciones diversas que origina esta situación tan delicada de la sociedad venezolana. A pesar de los más profundos estudios y de todas las medidas puestas en práctica, al parecer no terminan de llenar las expectativas sobre todo para quienes a diario se ven envueltos en esta problemática donde el ojo del huracán se coloca generalmente sobre la mujer y sus graves secuelas para los más pequeños de la casa que son los niños.

Se ha estudiado la violencia como un fenómeno interpersonal, analizado por especialistas desde distintos ángulos y visto desde muchas perspectivas y abundan los expertos que ahondan en el escabroso tema, pero aún no emiten una fórmula que al menos alivie este drama. Se ha expresado en reiteradas ocasiones que la violencia intrafamiliar puede manifestarse en cualquiera de los espacios de convivencia social. Y que además el fenómeno de la violencia va más allá de las conductas individuales. Se produce en las relaciones interpersonales y afecta, por lo menos a dos protagonistas, el que la padece y el que la genera. Sin embargo, en toda situación de violencia existe una onda expansiva que complejiza las situaciones y que nos permite hablar de un tercer afectado.

Ese tercer afectado es el que mira los hechos violentos, quienes lo sufren indirectamente sin poder hacer nada para evitar que esto se produzca. Todos somos espectadores directos e indirectos de hechos violentos en la vida diaria. Unos más afectados que otros.

Los niños que son víctimas directas de la violencia, incluyendo abuso físico, psicológico o sexual en la escuela, el hogar o la comunidad, corren el riesgo de volverse violentos hacia sí mismo o hacia otros, cada vez que se convierten en testigos mudos de estas situaciones que socavan la personalidad de hombres y mujeres por igual.

Los niños como son presas fáciles de esta violencia intrafamiliar, sienten sobre sus hombros, diversidad de secuelas como maltratos, humillaciones, vejámenes y hasta sienten que son ridiculizados y avergonzados en el hogar o la escuela, lo que incide drásticamente en el bajo rendimiento escolar, porque existe un drama familiar que no será fácil para ellos superarlos. Esta causal pudiera en un principio afectarlos socialmente en todos los ámbitos donde ellos se muevan o interactúen. Si no se les brinda una ayuda adecuada a estos niños, podrían exteriorizarlo de manera inapropiada incluyendo la posibilidad de agresión y violencia. Porque como siempre se ha dicho, violencia genera violencia. Y ella, sólo podrá ser combatida mediante la razón intercedida por una buena educación doméstica que comienza en el hogar y va más allá del ámbito liceísta, universitario y la calle misma (76).

Es por esto que los niños, niñas y adolescentes. Esto ocurre cuando los padres o representantes presentan sus espectáculos de violencia y maltratos físicos y verbales derramando en la mayoría de los casos, su ira sobre los niños, con todo tipo de privaciones como la alimentación, el encierro en las habitaciones y lanzándoles atropellos físicos y verbales, que más temprano que tarde incidirán en su completo desarrollo bio-psico-social.

Creo que estamos a tiempo y es mucho lo que todavía se puede hacer desde la escuela y desde el mismo hogar para frenar este drama diario de la sociedad venezolana, porque además, existen leyes que amparan y protegen a estos niños, niñas y adolescentes. El Artículo 352 de la Lopna priva de la Patria Potestad de los padres cuando estos maltratan física, mental o moralmente a sus hijos.

También el Artículo 253 de la misma Ley dice que "será penado por la ley el que ejecuta tortura y cause grave sufrimiento a algún niño".

Es importante recordar que la ley sobre la violencia contra la mujer y la familia fue aprobada a través del primer Motor Constituyente al señalarlo en la Ley Habilitante la cual tiene como finalidad prevenir, controlar y sancionar la violencia contra la mujer y la familia (77-78).

La Universidad Central de Venezuela, Universidad de Carabobo, la Lisandro Alvarado, la Universidad del Zulia y la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, también han venido desarrollando un papel importante en la capacitación en violencia intrafamiliar (79).

OBJETIVOS.

General.

  • 1. Conocer el comportamiento de la violencia intrafamiliar sobre los adolescentes en el Consultorio de la manzana 4 de Lomas de Funval, municipio Valencia, durante el año 2007.

Específicos.

  • 1. Describir el comportamiento de la violencia en los adolescentes estudiados según sexo y grupos de edades.

  • 2. Establecer la relación de la violencia en los adolescentes y las siguientes categorías de los padres o representantes:

  • estado civil

  • nivel de escolaridad

  • categoría ocupacional de los padres o representantes.

  • tipo de familia.

  • 3. Determinar el factor generador de la violencia contra los adolescentes.

  • 4. Identificar las manifestaciones de la violencia contra los adolescentes.

MATERIAL Y MÉTODOS.

Se realizó un estudio descriptivo y transversal para conocer el comportamiento del maltrato intrafamiliar sobre adolescentes pertenecientes al consultorio de la manzana 4 de Lomas de Funval del municipio Valencia, durante el año 2007.

Los datos fueron recogidos en una planilla de recolección de datos creada al respecto (anexo 1) que incluyó edad, sexo de los adolescentes, así como estado civil, nivel de escolaridad y categoría ocupacional de los padres o representantes. El tipo de familia fue otro aspecto a tener en cuenta además del factor generador de violencia y las manifestaciones de violencia contra los adolescentes.

De un universo de 490 adolescentes, se seleccionaron 154, que correspondieron el 100 %  de los violentados entre 10 - 19 años, según el registro primario de información (Historia Clínica Individual y Familiar).

Se conformaron tres grupos consecutivos que oscilaron entre 20 y 30 alumnos. A cada grupo se le aplicó el cuestionario en días diferentes de manera consecutiva de acuerdo a los grupos conformados (un grupo por día). Dicho cuestionario fue aplicado en igualdad de condiciones para cada grupo. Además, se les brindó una explicación detallada con el propósito de hacer entender cada término que pudiera ocasionar dudas e informar de la importancia del estudio

Se solicito el consentimiento de los padres o representantes para la aplicación de dicha encuesta, la cual fue validada por el comité académico del área integral de salud.

Los datos se representaron en tablas y gráficos acorde al tipo de variable analizada utilizando el paquete de programa estadístico MICROSTAT.

DEFINICIÓN DE VARIABLES.

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RESULTADOS.

La tabla # 1 muestra que el maltrato en los adolescentes fue mas frecuente en el sexo femenino (57.1%) y entre los 15 a 19 años (74.0%).

En la tabla # 2 se demuestra que el 48.1% de los padres de los adolescentes maltratados son divorciados.

La tabla # 3 refleja la relación entre el nivel de escolaridad de los padres y los adolescentes maltratados, siendo el nivel primario el mas frecuente en el 39.0% y el menos frecuente el preuniversitario en el 5.2% de los casos.

La tabla # 4 nos representa que el maltrato es mas frecuente en los adolescentes con padres de categoría ocupacional obrero (53.2%). El maltrato no estuvo presente en los adolescentes cuyos padres son ama de casa.

En la tabla # 5 se observa que el 53.9% de los adolescentes maltratados proviene de una familia extensa.

La tabla # 6 recoge los diferentes factores generadores de violencia contra los adolescentes siendo las discusiones en el hogar y la ingestión de bebidas alcohólicas las mas frecuentes, en un 96.1% y un 80.5% respectivamente.

La tabla # 7 nos muestra que los golpes ligeros (88.3%) y la humillación verbal (73.4%) fueron las manifestaciones mas frecuentes de la violencia contra los adolescentes.

DISCUSIÓN DE LOS RESULTADOS.

El término violencia ha sido parte de las diferentes sociedades, familias e individuos desde el principio de la historia de la humanidad hasta nuestros días.

Los mitos griegos, romanos, aztecas, los estilos de recreación utilizados por estas sociedades, estuvieron llenos de agresión, suicidio, asesinatos. La lucha de poder con aprobación familiar ha convertido a sus miembros en agresores y/o agredidos.

Los diferentes grados, niveles y concepciones de la violencia están en correspondencia con los valores, normas y creencias de cada país, época y clase social. La familia como célula fundamental de la sociedad no está exenta de la práctica de violencia y la violencia intrafamiliar es considerada como una forma de violencia social en tanto es una expresión de las relaciones sociales que acontecen a nivel particular.

Se ha constatado que en Chile 1 de cada 4 familias vive violencia física, y 1 de cada 3, violencia psicológica. Asimismo los investigadores han constatado que existen 1 100 niños que se encuentran en abandono total. Según datos de UNICEF se estima que en América Latina al menos 6 millones de niños son objeto de maltratos (80).

En Puerto Rico, por ejemplo, más del 50 % de las mujeres que murieron asesinadas fueron víctimas de sus maridos; en Brasil en 1980 murieron de esta forma 722 mujeres. En México se constató en un estudio realizado que el 61 % de las dueñas de casa son golpeadas, en Francia se indicó que el 95 % de las víctimas son mujeres y en Inglaterra se ha calculado que de 20 mil a 50 mil mujeres son golpeadas por año. En España las denuncias de mujeres agredidas predominan (81-82).

En Cuba son escasas las cifras acerca de la incidencia de la violencia al interior de la familia, no hay muchas investigaciones respecto al tema y otras apenas comienzan. En estudios realizados por un grupo de investigadores de Medicina Legal en nuestro país se apreció que las muertes violentas superan el 10 % de las muertes anuales, y éstas se producen en el domicilio como lugar frecuente de ejecución del delito (83).

En la ocurrencia de maltrato infantil se han determinado factores de riesgo que se encuentran como puntos comunes en estos casos, siendo algunos de los más importantes:

  • En el niño: hijos no deseados, portadores de malformación y/o prematuridad, hospitalización precoz prolongada, déficit atencional, hiperquinéticos o desobedientes, demandantes excesivos, bebés con cólicos severos o llanto prolongado, hábitos de comida y/o sueño irregulares, bajo rendimiento escolar.

  • En los padres: padres con antecedentes de maltrato, abandono o institucionalizados en su infancia, conductas violentas, madre adolescente con insuficiente soporte conyugal, familiar y social; trastornos psicométricos, uso de drogas o alcoholismo, baja tolerancia al estrés y la frustración.

  • Sociofamiliares: familias monoparentales, sin apoyo social, con aceptación cultural de la violencia, marginación, estado laboral inestable, discordancias entre las expectativas de la familia y las características del niño (84-86).

  • Según UNICEF en América Latina y el Caribe no menos de 6 millones de niños y adolescentes son objeto de agresiones severas y 80 mil mueren cada año por violencia intrafamiliar. En Puerto Rico según datos del Departamento de la Familia en el año 99/2000 la tasa de maltrato a menores se incrementó de 1,3 a 2,0 % -unos 2000 casos al mes por cada caso reportado se estiman 3 sin reportar. Estados Unidos, Canadá y México muestran elevadas incidencias en casos de maltrato infantil, siendo el reporte de traumas severos una de las variantes fundamentales reportadas. (87-92).

    Cuba no está exenta de la ocurrencia de maltrato infantil, se han reportado estudios en La Habana demostrando en consulta de urgencias que una parte significativa acuden por esta causa dentro de la que predomina la intoxicación exógena secundaria a negligencia y un pequeño número recibieron lesiones provocadas de manera intencional por la madre en su mayoría y detectándose alta frecuencia de trastornos emocionales en la familia y alcoholismo. Además estudiaron causas de muerte extrahospitalarias en lactantes poniéndose de manifiesto maltrato en el 40 % de los casos (47 % intencional y 52 % por negligencia). En Santiago de Cuba se demostró en niños de 8 – 10 años pertenecientes a un área de salud que el 56,3 % de ellos son víctimas de violencia intrafamiliar (93-97).

    En nuestro estudio el 57.1% de las adolescentes fueron maltratadas, esto coincide con el estudio en Cuba de la Doctora Almenares Aleaga en el cual son las niñas las que con más frecuencia sufren algún tipo de violencia (98). Estos datos son similares a los de otros países donde la mujer es discriminada y las adolescentes tienen mayor riesgo de ser maltratadas (99-100).

    En un estudio realizado en 1996 en la provincia de Guantánamo, se apreció que el 65 % de los casos que habían sufrido violencia eran masculinos, también en otro realizado en 1995 por la Asociación Mexicana contra la violencia hacia la mujer, el 65 % de los niños eran los miembros de la familia más maltratados (98).

    A pesar de que hay estudios que sustentan que tanto las mujeres como los varones son víctimas de la violencia, el sexo femenino es más propenso a sufrir actos de agresión, fenómeno complejo con profundas raíces en las actividades  de la sociedad y en la relación de poder entre ambos sexos. Se calcula que alrededor del 60 % de la población entre 12 y 16 años es víctima de algún tipo violencia intrafamiliar, (101-103) comportándose en por cientos mayores según estudios en Chile con un 75 %, (104) en España un 62,7 % (105) y en un 67,3 % en Indonesia (106).

    Efectivamente, existe una violencia que afecta desproporcionadamente a la mujer por su sola condición de pertenecer al sexo femenino, la que no se explica de forma exclusiva por su clase social o edad, por sus creencias religiosas o políticas, por su etnia o preferencia sexual. En los últimos años ha habido una paulatina forma de conciencia de que la mayor parte de las agresiones que se infligen sobre la población femenina tiene una explicación en su posición subordinada en la sociedad, se ha comenzado a identificar dichas conductas como una violencia relacionada con el género.

    Coincidiendo con lo reportado internacionalmente EL 48.1% de los padres de los adolescentes maltratados estaban separados o divorciados, (107) aunque también se reporta su presencia en las madres solteras (108) las causas pueden ser muy diversas, entre ellas tenemos que el divorcio generalmente desencadena reacciones afectivas negativas en ambos miembros de la pareja, lo que genera agresión mutua. Estudios revisados muestran que el divorcio aumenta 10 veces el número de violencia, además puede convertirse en un factor suicidógeno en determinadas mujeres. Sin embargo no coincide con otros estudios donde prima la Unión Consensual.

    En estudios consultados se presenta con mayor frecuencia manifestaciones de violencia física, psicológica, negligencia y abandono emocional en los niños con padres divorciados. En Kenya en encuesta aplicada a los adultos el abandono y el descuido (21.9%) eran los aspectos más comúnmente citados del maltrato a menores, en comunidades con bajo ingresos y familias monoparentales (109).

    Analizando los resultados obtenidos podemos plantear que a medida que aumenta el nivel de escolaridad es menor el maltrato en los adolescentes así como a menor categoría ocupacional, mayor maltrato. Otros estudios demuestren que la baja escolaridad de los agresores no fue un factor favorecedor de maltrato, de ello se infiere que el nivel de escolaridad bajo en los grupos estudiados no constituyó un factor de riesgo para el maltrato infantil. Este hecho pudiera estar en correspondencia con el nivel educacional que de forma general existe en el país.

    En las familias con bajo nivel educacional se constató una mayor proporción de manifestaciones de violencia física, negligencia y abandono emocional. La escasa educación, la falta de ingresos para satisfacer necesidades básicas, en países como EUA, Argentina, Colombia, Kenya, incrementan el potencial de violencia física y psicológica (109). En las familias con padres con elevado nivel educacional se encontró menor proporción de maltrato físico, aunque se aprecia un elevado por ciento de manifestaciones de violencia psicológica, independientemente del nivel educacional, lo cual coincide con un estudio realizado por la UNICEF en el año 2000 comparativamente con el año 1994, arrojando una disminución de la violencia física con incremento de la violencia psicológica (110).

    En el comportamiento de la violencia según el nivel ocupacional, el mayor porciento corresponde a las Ama de Casa con 89 mujeres para un 39 %, lo que se debe a la sobrecarga de tareas hogareñas que recae sobre ellas, quedando privada de tiempo libre para su recreación y descanso. Debido al machismo y otros prejuicios, el hombre se limita a la realización de actividades en el hogar, esto coincide con los estudios revisados (109).

    Con respecto al tipo de familias en nuestro estudio existe un predominio en las familias extensas, para un 53.9% siguiendo en orden las familias ampliadas, debido fundamentalmente a las dificultades con la vivienda que existe en nuestra comunidad con un alto índice de hacinamiento. Aparejado a esto, existen autores que plantean que el aumento del infanticidio en muchos países esta vinculado con la rápida urbanización y el cambio del modelo tradicional de la familia nuclear a la familia extensa (111).

    En estudios realizados en países como Chile el 100% de las familias ampliadas presentan manifestaciones de maltrato infantil, situación que hace plantear que en las familias numerosas  era tres veces más frecuentes la aparición del maltrato infantil. En todas las familias extensas del estudio se reportaron manifestaciones de maltrato psicológico. En estudio realizado (WorldSAFE) sobre maltrato infantil y entorno familiar mostró una proporción elevada de violencia psicológica en países como EUA, Chile y Filipinas (85%, 84%, 82%, respectivamente).

    A pesar de que se encontraba en menor proporción manifestaciones de negligencia en las familias trigeneracionales, el 100% de estas presentaban manifestaciones de violencia psicológica, lo cual guarda relación con la composición de las familias, unidad de las mismas y presencia de conflictos intergeneracionales, coincidiendo con estudios realizados en el mundo que evidencian esta situación (109).

    En relación con los factores generadores de violencia en los adolescentes pertenecientes al consultorio objeto de estudio, existe un predomino de las discusiones en el hogar, seguidos por la ingestión de bebidas alcohólicas y el divorcio. Nuestro estudio coincide con otros realizados en los que el alcoholismo es considerado un factor de riesgo  de considerable valor para que las familias pierdan su estabilidad estructural  y  funcional, igualmente la existencia de pacientes psiquiátricos y conflictos en el núcleo familiar (112-113).

    Cada año, miles de ciudadanos en el mundo sufren, dentro de sus hogares, como resultado de actos de violencia doméstica, que se manifiesta no sólo en golpes físicos, sino también en formas más sutiles que provocan impacto a más largo plazo, pero que pueden ser tan destructivas de la personalidad como las primeras, por lo que se le reconocen variedades de presentación y consecuencias disímiles. Contradiciendo los mitos que hay al respecto, la violencia intrafamiliar existe en todas las clases sociales y provoca un grave y profundo deterioro de la familia y de todos sus miembros. Ahora bien: ¿por qué si tiene tanta incidencia en todas las sociedades y entre todo tipo de personas, la mayoría de sus manifestaciones permanecen soterradas y silenciosas? Es considerada como un asunto estrictamente privado y ello exacerba los sufrimientos de las víctimas que deben padecer en silencio (114).

    Mientras más violencia reciba un niño de sus padres, más proclive es éste, a su vez, a ser violento con otros durante su edad adulta y por lo tanto, están predispuestos a ejercer la violencia porque ya lo han aprendido de acuerdo con la forma en que han sido educados. Este cuadro se completa con la violencia que ellos mismos observan en su hogar.

    La mujer golpeada, la mujer violada y el niño maltratado, constituyen hechos importantes de violencia que demuestran la necesidad de intervenir con políticas públicas en aquellas áreas que tradicionalmente han formado parte del espacio privado (115).

    Dentro de las manifestaciones de violencia que han recibido los adolescentes el 88.3% fueron los golpes ligeros, seguidos de la humillación verbal en el 73.4% así como las amenazas en el 53.9%

    En el maltrato físico se observan lesiones cutáneo- mucosas caracterizadas por contusiones, hematomas, escoriaciones, equimosis, heridas, quemaduras de cigarros, planchas u otros objetos; suelen aparecer de forma repetida y en diversos estados, lo que imposibilita ubicarlas en un evento único y fortuito, sino que apunta claramente a un hecho voluntario y repetido.

    Son frecuentes también las lesiones esqueléticas tales como fracturas múltiples y de diferentes localizaciones fundamentalmente en huesos largos: fémur, tibia, costillas y cráneo, que igualmente por su severidad no se corresponden con el hecho narrado. En ocasiones aparecen fracturas recientes y antiguas.

    Pueden aparecer lesiones viscerales que se corresponden con maltratos producidos por maniobras violentas severas; fuertes sacudidas de hombros y cuello, así como del tronco, empujones fuertes con proyección que provocan ruptura de órganos internos como el hígado, el riñón, o el bazo. Estas lesiones definen una de las nomenclaturas usadas para este hecho, el battered syndrome, o síndrome del niño sacudido de los franceses, que aparece desde los primeros reportes del tema.

    Igualmente a este grupo corresponde el trauma abdominal difuso con o sin hemorragia, ocasionado por las golpizas, o por proyecciones al ser empujados o golpeados con objetos, y comprende el 30 % del total de traumas abdominales en el niño.

    Finalmente debemos referirnos a las lesiones craneoencefálicas que probablemente constituyen las lesiones de mayor gravedad y son la primera causa de lesión craneoencefálica grave, y la causa más frecuente de muerte en el niño maltratado. La hemorragia retiniana, subdural y subaracnoidea, son manifestaciones frecuentes del trauma directo craneal, o de los efectos del ya descrito síndrome del niño sacudido.

    En el maltrato y abandono emocional, las manifestaciones no serán nunca evidentes y precisas, ni a corto ni a largo plazo como en el físico, pues las huellas del abandono y falta de atención son sutiles y se instalan lentamente, además, lesionan no solo el cuerpo, sino también el desarrollo sicológico y social del niño. Se evidenciarán a través de un retardo y alteración del crecimiento y desarrollo, trastornos en el desarrollo motor, síquico e intelectual, trastornos en el aprendizaje, en el conducta social y emocional, dificultades para socializarse y expresarse, así como también una elevada agresividad, retraimiento, marcada susceptibilidad a enfermedades y mala evolución de las mismas.

    Por su parte, en el maltrato y abuso sexual los síntomas y signos sí van a estar determinados por los indicadores de trauma local, infecciones, dolor, inflamación y sangramiento en los momentos recientes de la ocurrencia y en relación directa con el grado de violencia empleado; así como también con la pérdida de la capacidad de concentración, trastornos en la atención, cambios de comportamiento, aislamiento, mutismo, conductas presuicidas y sexualizadas cuando el hecho se hace reiterado y crónico, llegando el propio niño en ocasiones a ocultarlo con afán, como si él fuera cómplice o lo provocara, originándole un sentimiento de vergüenza y culpabilidad, que impide lo denuncie y se libere de él (116).

    La complejidad de este fenómeno no es pretexto para la pasividad, no es una fatalidad con la que hay que aprender a vivir, es una realidad socialmente transformable.

    El castigo corporal aplicado a los niños, las niñas y los adolescentes es una práctica extendida a toda América Latina y legitimada por las costumbres.

    En una encuesta en Colombia, el 88% de las mujeres informó que sus esposos o compañeros castigaban a sus hijos con golpes. Adicionalmente las mujeres reconocieron que ellas también castigaban a sus hijos con golpes en un 77% y el 69% considera que el castigo físico es necesario para la educación de los hijos. En otros países se encuentran afirmaciones muy similares (117).

    La Comisión Andina de Juristas y Save the Children Suecia enealianza con entidades asociadas en cada país emprendieron desde el 2001 un vasto estudio de las legislaciones nacionales, para promover normas para eliminar los castigos corporales. Se examinaron los informes nacionales al Comité de los Derechos del Niño y las Observaciones y Recomendaciones de dicho Comité. El resultado de este esfuerzo se puede sintetizar de la siguiente manera: en todos los países es una costumbre generalizada la aplicación de castigos corporales como un modo de crianza y educación. Las legislaciones reconocen y defienden los derechos de la población menor de 18 años pero habitualmente se refieren al maltrato y lo tipifican según la gravedad de las lesiones que el niño, niña o adolescente reciban con lo cual explican el castigo corporal bajo las expresiones "moderado" o "adecuado".

    Pero el castigo corporal "es un factor importante en el desarrollo de comportamientos violentos y se asocia con otros problemas en la niñez y etapas posteriores de la vida" (118).

    El Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas ha subrayado que el castigo corporal es incompatible con la Convención en cuanto a la vinculación entre la violencia que se ejerce en el interior de los hogares o en las familias y la violencia social, dicho estudio indica que: "décadas de investigaciones sobre el comportamiento demuestran que la violencia en los hogares y la violencia social forman parte de un todo integrado, articulado y mutuamente reforzada. Teniendo en mente que la violencia es aprendida, las primeras oportunidades para su aprendizaje radican en el hogar de sus propios padres, hermanos o de otras personas que se desempeñan como figuras modelo".

    Se reconoce además que la transmisión de la violencia de una generación a otra y del hogar a las calles es una lección aprendida y una muy buena razón para poner en ejecución políticas de Estado orientadas a

    reducirla violencia en el hogar, aún cuando su fin último sea reducir la violencia social. Es también una razón motivadora para establecer un puente

    conceptual y programático que aún no se ha cerrado, entre la violencia doméstica y la violencia social.

    La relación entre la violencia el hogar, deficiencias parentales y el futuro comportamiento violento de las niñas y niños fuera del hogar aún tiene que ser muy bien estudiado empíricamente en la región de América Latina y El Caribe, como tampoco lo serían las consecuencias de la violencia contra niños y niñas en el hogar y la tendencia a reproducir dichos patrones violentos en su vida como personas adultas. Es el caso del estudio de Chile -anteriormente citado- en el que los niños y niñas que indicaron haber sido víctimas de graves situaciones de violencia física, también manifestaron deficientes relaciones interpersonales, no sólo hacia sus padres sino también hacia otros niños y niñas (119).

    "La clase de violencia que se puede dar entre la familia contra la adolescencia es la violencia física y la sexual, que es la que es más común y se da por parte de los padres. Abusan de sus hijas y a veces no toman en cuenta qué daños pueden causarles a ellas".

    Por esa razón en esta materia se necesita, tanto la adecuación de la legislación, como la presencia permanente y sistemática de campañas que difundan los efectos nocivos del castigo y las alternativas educativas positivas que permiten el apoyo educativo de los hijos y las hijas sin violar sus derechos humanos.

    En 1981, la ONU, en la Convención de los Derechos del Niño, estableció bien claro entre sus muchos aspectos, el derecho del niño a ser protegido contra el maltrato físico, el abandono y la explotación, y el derecho a que le sean satisfechas todas sus necesidades materiales y espirituales (120).

    En Cuba, el Código Penal recoge en más de 10 de sus artículos, los aspectos relacionados con los delitos contra la infancia, entre los que está incluido el maltrato infantil. A su vez, nuestro sistema nacional de salud, desde la atención primaria hasta el nivel terciario, garantiza la prevención, detección, diagnóstico y conducta, el tratamiento y la rehabilitación en cada caso, con el apoyo de todos los especialistas y la comunidad (121).

    El objetivo básico es la prevención, que se logra con toda la sociedad actuando para modificar los factores de riesgo, y evitar que se desarrollen las circunstancias desencadenantes. Cambios en la formación educacional, legislación adecuada y protectora, disminución de circunstancias de marginación, y la promoción de estilos de vida saludables, son pilares fundamentales en la prevención del maltrato y su ocurrencia.

    Por otra parte, detectarlo precozmente cuando aparece, para intervenir y evitar la cronicidad y secuelas físicas, síquicas y morales, produciendo una intervención coordinada entre los niveles de salud, servicios sociales, instituciones comunitarias de protección, y la legislación vigente, es vital una vez ocurrido el hecho para proteger tempranamente al niño.

    Paradójicamente con su situación actual en relación con la violencia infantil, la primera referencia que se tiene sobre una acción legal para proteger a un niño maltratado, se recoge en Estados Unidos. La pequeña Mery Helen, de 5 años, maltratada cruel y continuamente por sus padres adoptivos, fue llevada a los tribunales para retirarles la custodia, y al no existir una ley de protección al maltrato de los niños, su representante legal tuvo en el juicio que invocar la ley de protección animal, estableciendo que la niña pertenecía al reino animal, y que quienes tenían su custodia no podían maltratarla. De entonces acá, en todos los países existen legislaciones para proteger al niño indefenso de la crueldad de quienes tienen la obligación de velar por él (122-126).

    En Cuba, el Código de la Familia y el Código Penal recogen en numerosos artículos los derechos del niño y los deberes de los padres y la familia, para garantizar el normal desarrollo de la infancia, quedando bien establecidas las penas y sanciones para todo tipo de maltrato y violencia ejercidos sobre el niño.

    Nuestra sociedad es una sociedad cimentada en los principios de amor y protección a la infancia, y aunque las acciones de maltrato en nuestro medio no alcanzan los niveles de gravedad y frecuencia de otras sociedades, sí son intensamente repudiadas por la comunidad, lo que, aun así, no nos hace exentos de ellos (127-128).

    La violencia ejercida contra un menor no tolera la expectación por parte de la sociedad, mucho menos la nuestra, donde el niño es un verdadero tesoro. Quien asiste al registro de un hecho violento ejercido contra un menor, adquiere el compromiso moral y ético de llevar a cabo las acciones necesarias para que no se repita nuevamente; pero para los que trabajamos en la atención primaria, el reto es aún mayor: prevenirlo, controlar los factores de riesgo y evitar su aparición. Impedir que el pequeño príncipe devenga víctima, es un reto; asumámoslo (129-130).

    Podemos concluir resumiendo que la violencia intrafamiliar tiene consecuencias que debemos analizar y tener en cuenta al enfrentarnos a estas situaciones, entre estas están:

    • Deterioro de la autoestima.

    • Falta de motivación.

    • Temor.

    • Neurosis.

    • Predisposición al consumo de sustancias.

    • Poco o nula capacitación para acceder, con éxito, a un trabajo.

    • Problemas de salud de los hijos.

    • Deserción escolar.

    • Partos prematuros.

    • Otros.

    La familia como eje central de la vida y la sociedad es la responsable del desarrollo del niño. Contradiciendo mitos, la violencia familiar existe en todas las clases sociales y provoca un grave y profundo deterioro de la misma. Es precisamente una de las instituciones sociales donde resulta más difícil identificarla porque se considera un asunto privado, y ello exacerba los sufrimientos de las víctimas que padecen en silencio. Es un fenómeno complejo, en el que actúan diversos factores culturales, políticos, sociales, económicos, étnicos y religiosos, y que deviene inaceptable cuando la víctima es un ser físico y síquicamente imposibilitado de su autodefensa: un niño (123-125).

    CONCLUSIONES.

    • El maltrato en adolescentes predominó en el sexo femenino y entre 15-19 años.

    • El maltrato fue más frecuente en hijos de padres divorciados, con nivel de escolaridad primaria, categoría ocupacional obrero y familias extensas.

    • Las discusiones en el hogar y la ingestión de bebidas alcohólicas fue el factor generador que mas incidió.

    • Los golpes ligeros y la humillación verbal fueron las manifestaciones mas frecuentes de violencia contra los adolescentes.

    RECOMENDACIONES.

    • Continuar trabajando en la educación poblacional de cómo tratar a los hijos, fundamentalmente en la etapa de la adolescencia, para elevar el nivel de cultura de los padres y con ello evitar el maltrato en los adolescentes.

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