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El Mercantilismo




  1. Introducción
  2. Antecedentes socio-económicos del mercantilismo
  3. Integración del Estado Nacional
  4. Los Grandes Descubrimientos
  5. El Renacimiento
  6. Reforma religiosa
  7. El régimen colonial
  8. El Mercantilismo
  9. Consideraciones generales
  10. Los metales preciosos
  11. Teoría cuantitativa de la moneda
  12. La Balanza de Comercio y la Balanza Internacional
  13. El nacionalismo económico y la intervención del Estado en la economía

Introducción

Mercantilismo es un término ambiguo. A principios del siglo XVI se estaban produciendo unos cambios institucionales que harían que los tres siglos siguientes fueran muy distintos de la época anterior del feudalismo. Una característica de estos cambios fue la aparición de naciones-estados más fuertes y centralizadas. En el siglo XIX, el entorno institucional e intelectual había cambiado, permitiendo una libertad individual mucho mayor y una concentración mucho menor del poder económico y político. Así el mercantilismo se refiere a un período intervencionista entre el feudalismo y el liberalismo. Describe un credo económico que prevaleció en la época de nacimiento del capitalismo, antes de la Revolución Industrial.

Existen dos maneras de analizar la economía del sistema de pensamiento llamado mercantilismo. Una de ellas considera el mercantilismo como un conjunto de ideas, bastante cohesivo y estático; esto es, un cuerpo de pensamiento resumido en los acontecimientos del día. A esta forma la denominaremos aproximación doctrinal. Otra aproximación ve al mercantilismo como un proceso histórico importante. Se concentra en la dinámica de los interese en competencial y en su papel para definir las instituciones económicas y políticas. A esta la llamaremos aproximación política. Ambas aproximaciones consideran el mercantilismo como un sistema de poder, pero la primera presenta un conjunto de proposiciones mercantilistas diferenciadas, o "tendencias centrales", que caracteriza el pensamiento de la época. La aproximación doctrinal sugiere que los humanos y sus ideas pueden disponerse en un campo continuo en el que aparezca lo mercantilista en un extremo y lo liberal en el otro. La visión que hemos llamado política ilumina aquellas fuerzas egoístas que operaban en el sistema económico que produjo cambios en el poder y en la riqueza. Se concentra en las regulaciones específicas del periodo mercantilista y en la forma en que cada una de ella afecto a los grupos de competencia respaldados por el monarca. Supone que la fuerza motriz del comportamiento individual en el periodo mercantilista es la misma que la del capitalismo del siglo XX, es decir, la persecución egoísta de la ganancia.

Aunque estas dos aproximaciones pueden considerarse como teorías rivales, no hay ninguna razón para que no puedan ser tratadas como complementarias.

Antecedentes socio-económicos del mercantilismo

Las primeras manifestaciones del mercantilismo aparecen desde el siglo XV. Ya desde entonces, y aun antes, tenemos como manifestaciones más importantes la avidez por el oro, la cual constituye el objetivo básico del comerciante, al par que las riquezas en especias.

En el tercer período de la Edad Media, las fuerzas productivas se desarrollaron tanto que dieron lugar al nacimiento de las relaciones capitalistas. Este proceso estuvo ligado a la formación incipiente de la burguesía como clase poseedora de los medios e instrumentos de producción, y del proletariado, la clase de los obreros asalariados, desprovistos de dichos medios y obligados a vender su fuerza de trabajo al capitalista.

El desarrollo de las fuerzas productivas proporcionó la base necesaria para el nacimiento del tipo de economía capitalista. A partir del siglo XIV, la rueda perfeccionada se utilizó en las ramas de producción más diversas. Esto permitió pasar al soplado mecánico en el horno. Comenzó la producción de acero. En la producción textil, los telares verticales fueron cediendo su lugar a los horizontales, de un rendimiento mayor. En el siglo XV se creo el reloj de bolsillo. Se empezaron a crear embarcaciones de gran capacidad. Se perfeccionó la brújula. Se inventó la imprenta y se dio principio a la industria de artes gráficas.

El desarrollo de las fuerzas productivas, debido al perfeccionamiento de los instrumentos de trabajo, se opero también en la agricultura, aunque más lentamente que en la industria. Se extendían las superficies de siembra y se mejoraban los métodos de laboreo.

Durante el último período de la Edad Media experimentaron considerables progresos la ganadería y la horticultura. Aumentó la especialización de distintas zonas en la producción de artículos agropecuarios de determinado tipo. El desarrollo múltiple de la industria y el avance de la agricultura profundizaron más aún la separación entre ellas y dieron lugar al nacimiento de nuevas ramas industriales. Prosiguió el aumento de la división social del trabajo, lo que suponía el desarrollo de las relaciones monetario-mercantiles y del comercio. Los mercados adquirieron carácter nacional. El progreso del comercio, en las condiciones nuevas contribuyó a la decadencia de la pequeña producción.

Una de las premisas históricas que contribuyó al nacimiento del capital fue el nivel alto de la producción mercantil ya que hacía que unas cuantas personas acumularan grandes sumas de dinero. Otra premisa se manifestó en la existencia de una masa de seres personalmente libres, desprovistos de medios de producción, y por consiguiente, de medios de subsistencia como resultado de la expropiación violenta por medio de la clase feudal y de la burguesía naciente. En la creación de esas premisas consistió la esencia del proceso de acumulación originaria del capital.

Las causas que precipitaron los acontecimientos fueron los grandes descubrimientos geográficos, el Renacimiento, la reforma religiosa, la aparición del Estado moderno y el régimen colonial.

Integración del Estado Nacional

La aparición y desarrollo de las relaciones capitalistas ejercieron una influencia excepcional sobre el régimen social y político de Europa. En el período de descomposición del régimen de la comunidad primitiva empezaron a formarse las nacionalidades. En el período del feudalismo desarrollado, la formación de nacionalidades estaba a punto de terminar en muchos países de Asia y Europa.

El desarrollo de las relaciones capitalistas dio lugar al proceso de formación de las naciones sobre la base de las nacionalidades existentes, en las condiciones de comunidad económica y centralización política de los Estados.

A partir del siglo XVI, desaparece el ideal de los siglos anteriores, basado en una cristiandad unida y organizada como potencia política, apareciendo las grandes nacionalidades, tales como Francia, España e Inglaterra. Cada uno de estos Estados se consolidó bajo los ideales de soberanía y libertad, convirtiéndose así en los artífices de su propio destino. En lo futuro, la política habría de jugar un nuevo papel: asegurar la supervivencia, el engrandecimiento y la prosperidad del Estado, a efecto de convertirlo en una entidad desprovista de aquellos escrúpulos a los que los sometía el régimen feudal.

La nación surgió sobre la base del desarrollo de las relaciones de producción capitalistas. Por consiguiente, los vínculos nacionales que se estaban creando eran vínculos burgueses. Siendo la burguesía una clase dominante, económica y políticamente, la nación adquiría el carácter burgués, aunque estuviera formada por todas las clases y capas de la población. Su ideología era también burguesa.

Los Grandes Descubrimientos

Iniciados desde fines del siglo XV, los grandes descubrimientos geográficos abren inmensos mercados para los productos europeos, y se convierten, a la vez, en inagotable fuente de materias primas. Asimismo de esos grandes territorios habría de llegar a Europa, con el tiempo, un ininterrumpido río de oro y plata, a efecto de saciar la avidez por estos metales. Es así como se abrían las puertas para la industria europea y lo único que hacía falta era emprender una tarea de renovación técnica de gran envergadura, capaz de satisfacer las nuevas necesidades. El deseo de adquirir oro y otros tesoros dio lugar a los grandes descubrimientos geográficos, estos, no solamente ampliaron los territorios hasta entonces conocidos, sino que incrementaron los mercados.

El descubrimiento de la imprenta permitió que se desarrollara el afán de cultivarse; la aparición de los libros impresos despertó el espíritu de discusión. Los descubrimientos en las matemáticas, astronomía, geografía, biología, geología, medicina, y demás ramas del saber humano, cambiaron radicalmente las instituciones de su tiempo; cambio que se aceleró con la existencia de hombres de la celebridad de Copérnico, Galileo, Descartes, Newton.

El Renacimiento

El desarrollo de las relaciones capitalistas en las ciudades de Italia de los siglos XIV y XV hizo surgir nuevos fenómenos en la esfera de la ideología. Se fue creando una cultura de la burguesía incipiente llamada Renacimiento. Los primeros ideólogos burgueses estaban persuadidos de que hacían "renacer" la cultura antigua.

La producción capitalista naciente despertó el interés por el estudio fundamental de los fenómenos naturales. En los siglos XVI y XVII comenzó el estudio de la naturaleza a base del experimento, contrariamente a lo que predicaban los dogmas de la religión, obteniéndose éxitos enormes, para aquel tiempo, el conocimiento de los leyes naturales. Los descubrimientos científicos se hacían en un ambiente de lucha tenaz contra la filosofía feudal católica.

El movimiento renacentista sin duda influyó en el advenimiento del mercantilismo, tanto por lo concerniente al desarrollo de las ciencias como al del arte, filosofía, literatura, comercio, etc. También cuenta el invento de la imprenta, ya que esta permite ampliar el marco de la enseñanza y de la cultura.

Como si todo esto no fuera suficiente, se tiene ahora un nuevo concepto del hombre: es el ser más importante del universo y, por lo tanto, resulta necesario interesarse cada vez más por sus problemas aquí en la tierra.

Entre las grandes figuras de la época del renacimiento destacan: Leonardo de Vinci, Miguel Ángel, Rafael Sanzio y Ticiano y otras personalidades de aquel tiempo. Los representantes de la cultura del renacimiento designaron con el termino "humanismo" la esencia de los fenómenos ideológicos nuevos, porque querían destacar el carácter mundano de la nueva cultura, liberada de la dependencia feudal y religiosa. Los humanistas recalcaban el valor de la personalidad humana.

Al mismo tiempo los humanistas, como ideólogos del capitalismo en desarrollo, glorificaban el individualismo extremo, el afán de conseguir a toda costa el éxito personal.

Maquiavelo en "El Príncipe"; enseña que todos los medios valen para conseguir los objetivos planteados personales o de clase: la violencia y la malicia, la mentira y la hipocresía. De ahí que el humanismo burgués del Renacimiento difiera radicalmente del autentico humanismo, proclamado por la clase más revolucionaria: el proletariado.

Reforma religiosa

Al oponerse a la religión católica que constituía la base ideológica de la sociedad feudal, la burguesía, como clase explotadora, no podía renunciar a la concepción religiosa del mundo. Por ello no se planteo la tarea de liquidar la iglesia y la religión, sino que sólo se propuso reformarlas: sustituir el catolicismo por una iglesia nueva, la protestante. El protestantismo reflejaba con la mayor idoneidad los puntos de vista e intereses de la joven burguesía. Los dogmas elaborados durante siglos por la iglesia católica que se basaban en el embaucamiento y la ignorancia de los trabajadores en su inclinación a las formas religiosas exteriores, correspondían por entero al objetivo de la clase feudal dominante, de mantener sumisas a las masas populares.

El desarrollo de la producción mercantil y, luego, de las relaciones capitalistas, traía aparejados la liberación de los campesinos de su descendencia servil, el aumento de la población urbana y la elevación cultural de ésta. En las condiciones históricas nuevas debía la burguesía crear dogmas más sutiles, elaborar métodos de engaño de las masas populares más idóneos que los usados por los ideológicos de la iglesia católica feudal; hacía falta, pues, refinar los procedimientos para asegurar su hegemonía.

Los reformadores de la iglesia y de la religión rehusaron muchos dogmas del catolicismo feudal. Formularon una doctrina nueva, cuya esencia consistía en que la religión se trasplantaba al mundo interior del hombre. Los ritos fueron simplificados al extremo; se exigía eliminar de la iglesia todas sus instalaciones y adornos costosos y crear la llamada iglesia "barata".

Lutero, fiel a las concepciones económicas del Medievo, entra en conflicto con otras sectas protestantes, encabezadas por Calvino ( verdadero fundador del protestantismo), las cuales hicieron una interpretación a su manera de la Biblia, exaltando el esfuerzo individual y creyendo en las finanzas, con lo cual hace legitimo el afán de lucro ilimitado. En lugar de estabilidad social y deseos de servir a los demás, característica de la edad media, se implanto el lucro como móvil de toda actividad económica.

El régimen colonial

La tendencia mercantilista se caracterizó también por una política de tratamiento severo hacia sus colonias por parte de los países europeos que las gobernaban. Política conocida por los tratadistas como "rudo celo colonial". Se trataba de que el comercio entre las colonias sólo se realice con la metrópoli, y nunca con otros países. Explotaban España e Inglaterra y en menor proporción Francia y Holanda, los recursos naturales de sus posesiones, básicamente las minas de oro y de plata donde las había, o si no sus materias primas, las que transformadas en Europa, se vendían nuevamente en sus colonias.

Todos sabemos que a los descubrimientos sigue la conquista, la colonización y el establecimiento de un régimen colonial. El saqueo de las tierras recién descubiertas y convertidas en colonias, ofrecía las mayores posibilidades para la acumulación de grandes riquezas. Este deseo de adquirir oro dio lugar a los grandes descubrimientos geográficos y, luego, motivo la política colonialista de las potencias europeas. Los rasgos fundamentales son:

  • Implantación de un tipo feudal de explotación –reparto de tierras para asegurarse una renta, como la encomienda mexicana- dentro de las colonias portuguesas y españolas. En las colonias holandesas e inglesas la explotación fue de tipo capitalista, generalmente a través de plantaciones.

  • Creación de monopolios, tanto para los productos coloniales como para el transporte y el comercio, los cuales determinaron una gran acumulación de riqueza en Europa.

  • Aplicación del principio expoliativo en la organización del trabajo, política que distaba mucho de la aplicada en la metrópolis.

  • Comercio de esclavos cuyo primer monopolio se otorgó en 1517, por Carlos V. Weber estima que a principios del siglo XIX vivían en las colonias de Europa algo así como siete millones de esclavos, y que sólo a Inglaterra le redituaba cada uno entre 15 y 20 libras por año en el siglo XVIII.

Los conquistadores, sin limitarse al simple saqueo, crearon un sistema de explotación rapaz de las colonias. Los colonizadores empezaron por practicar un comercio no equivalente y recurrieron con frecuencia a la armas. Es así como comenzó la inhumana explotación de africanos en las colonias del continente americano. Los africanos creaban allí, con su trabajo en las plantaciones, riquezas ingentes para los grandes terratenientes. La afluencia de caudales inmensos como resultado de la ocupación y del saqueo de tierras nuevas aceleró el avance de la economía capitalista en Europa.

Este es el panorama en que se desarrolla el mercantilismo, la nueva corriente de pensamiento económico considerada como la etapa preclásica, con su característica de pragmatismo, orientado hacia la conquista de la riqueza; nacionalista en sus aspiraciones, realista en sus métodos, pero buscando por doquier la ganancia.

El Mercantilismo

El mercantilismo fue una manifestación económica, social y política. Se trata de una tendencia que aparece en el siglo XVI, florece en el siglo XVII, se extiende hasta el XVIII y muchas de sus manifestaciones aún perduran en el momento actual.

Abocando en el vocablo "mercantilismo", pero aún más en lo que encierra su significado, nos encontramos que en un principio fue una expresión de oprobio empleada esporádicamente por los fisiócratas, y usada con frecuencia por Adam Smith, quien propiamente la acuñó al dedicarle muchas páginas de su critica en la obra "La Riqueza de las Naciones", calificándola como "el sistema comercial o mercantilista" proteccionista y opuesto a su idea de libre cambio.

El economista alemán Gustavo Schmoller, más de cien años después, expresa que el mercantilismo en esencia fue una "política de unidad económica", independiente de sus tendencias y manifestaciones particulares. En realidad fue una oposición al atomismo económico y político de los señores territoriales, en contra de la situación imperante en Europa, que restringía la libertad de tránsito, personas y artículos; por lo tanto, el mercantilismo buscó la unidad económica y política del Estado.

El hombre es el medio para el logro de un fin, y el fin es engrandecer el Estado.

Fue por tanto, un conjunto de manifestaciones políticas y económicas encaminadas a fortalecer el Estado debilitando a los otros poderes. Estas tendencias exigían que el poder público controlara la vida económica de su pueblo y de sus colonias reglamentando su consumo, producción, trabajo, etc. La teoría y la práctica mercantilista se basó en el supuesto de que existía un conflicto esencial e inevitable entre el interés nacional y el particular.

Todo lo anterior aunado al deseo de los países de acumular metales preciosos y de tener balanzas comerciales favorables, no constituyó una escuela o doctrina económica, sino que se tradujo en una "tendencia" que desarrollaron comerciantes, banqueros, pensadores y gobernantes del siglo XVII, impulsados por factores como el descubrimiento de América, el pensamiento de Calvino y Lutero, etc.

Consideraciones generales

Las características generales de esta "tendencia" fueron principalmente las siguientes:

  • 1. Confundir riqueza material con bienestar económico

  • 2. Acumulación de metales preciosos

  • 3. Decidido intervencionismo estatal

  • 4. Reglamentismo

  • 5. Proteccionismo

  • 6. Balanza comercial favorable

  • 7. Estimulo a la industria y al comercio

  • 8. Nacionalismo

  • 9. Bajos salarios

  • 10. Restricción a la importación de artículos suntuarios

  • 11. El trabajo del hombre es fundamental para el bienestar de los pueblos.

  • Confundir riqueza material con bienestar económico. Consiste en creer que la riqueza está en los metales preciosos (oro y plata) amonedados o susceptibles de este proceso. Si se considera que la riqueza de una persona está en la riqueza que esta posea, lo mismo pasa con el Estado; este será más rico de acuerdo con la mayor cantidad de oro y plata que posea, y es su adquisición y acumulación la finalidad del proceso económico.

  • Decidido intervencionismo estatal. Consiste en que el soberano regulaba y dirigía los esfuerzos nacionales para conquistar y acrecentar el acopio de metales preciosos mediante ordenanzas y edictos. Esta política se llevo a cobo en Francia con Colbert, que sometió a la industria francesa a reglamentos severos, imponiendo fuertes sanciones para evitar que se violaran los requisitos fijados.

  • Reglamentismo. El mercantilismo fue esencialmente reglamentista, ya que para llevar a cabo la unificación del Estado, se dictaron a nivel nacional, ordenanzas y reglamentos, lo mismo la regulación de artículos que para fijar requisitos a la industria, al comercio, etc. La más conocida de estas ordenanzas es la llamada Tarifa de 1664, que libero el tráfico interior de personas y objetos.

  • Proteccionismo. Es una forma de intervención del Estado con la economía, ya que desde el momento en que establece barreras a la importación y otorga concesiones a la producción y exportación nacionales, está actuando dentro de un ámbito que según la teoría individualista es ajena al Estado. La forma más elemental de proteccionismo es la exención de impuestos a la industria y al comercio local, sobre todo cuando se dedican a la exportación.

  • Poblacionismo. Los comerciante consideraron que entre más crece la población, mayor es el beneficio económico, por consecuencia la producción y el consumo, y sobre todo más artículos que vender al extranjero y lograr por este medio la obtención de metales preciosos y el enriquecimiento del Estado.

  • Estímulo a la industria y al comercio. Se fomentó la industria y el comercio con objeto de que los países que no poseían minas de metales preciosos pudieran obtenerlos por medios de estas dos actividades.

  • Bajos salarios. Para llegar a tener una balanza comercial favorable se favoreció y alentó la tesis de bajos salarios. La explotación del hombre por el hombre a través de bajos salarios, se justificaba dentro de la tendencia mercantilista no para enriquecer a determinadas personas, sino como un medio para engrandecer al Estado que era el fin superior.

  • Restricción a la importación de artículos suntuarios. El mercantilismo consideró que el Estado no podía permitir la libre importación de artículos suntuarios o de lujo, pues ello se traducía en una peligrosa fuga de metales preciosos, y por ende, en empobrecimiento.

  • El trabajo del hombre es fundamental para el bienestar de los pueblos. El mercantilismo sostiene la idea de que el trabajo del hombre tiene mucho que ver con el bienestar económico de los países. Cierto que la riqueza de un Estado depende de que posea metales preciosos, pero cierto también que estos metales preciosos se complementan con la capacidad de trabajo de los hombres del Estado.

Los metales preciosos

Es la llamada ilusión crisohedónica, la cual consiste en creer que la riqueza esta representada por los metales –oro y plata- amonedados. Por otra parte, es precisamente su adquisición lo que constituye el fin de la actividad económica.

Resulta pertinente aclarar que dinero no siempre significa riqueza. Para la mayor parte de los mercantilistas, el dinero sólo era un medio para acrecentar la riqueza, y no precisamente significaba su esencia.

Constantemente se confundía por parte de los mercantilistas la riqueza material con el bienestar económico, y éste se traducía en la mayor posesión de oro y plata, fácil es deducir que los Estados tratarían por todos los medios de acumular metales preciosos y de impedir su salida al extranjero mediante enérgicas reglamentaciones.

Teoría cuantitativa de la moneda

En el siglo XVI los problemas monetarios fueron de gran importancia. La política representada por el metalismo español, no tiene relación con ninguna teoría económica. Era común que el Estado considerase que la acumulación de oro y plata constituía prueba y causa de enriquecimiento. De ahí que en muchos países pero sobre todo en España se prohibiera la salida de estos metales.

Es en esta época cuando surge la teoría cuantitativa del dinero, bajo el supuesto que el circulante tenía influencia sobre los precios; en España el padre Mariana opinaba así. La teoría se formuló como consecuencia de las observaciones acerca del movimiento de los precios, hacia mediados del siglo XVI. Se notaba que había una elevación de los mismos en Europa, pero no sólo como consecuencia de las fluctuaciones en el circulante, sino, sobre todo, como consecuencia de la afluencia del oro proveniente de América. Oro y plata eran considerados como mercancías comunes y corrientes y, por tanto, su valor había de variar en sentido inverso a la cantidad: a mayor cantidad menor valor; y a menor cantidad, mayor valor.

Con la teoría cuantitativa se observa el siguiente fenómeno: la acumulación de metales preciosos lleva al alza de precios, alza de precios que significa disminución de exportaciones y aumento de importaciones y, por consecuencia, una balanza comercial desfavorable, que sólo puede ser compensada con metal. Es así como la política metalista resulta inoperante, sobre todo en España.

La Balanza de Comercio y la Balanza Internacional

Así como un individuo debe gastar menos de lo que gana y con la diferencia obtener un ahorro que se traduce en beneficio, el Estado debe igualmente vender más de lo que compra y así, a través de mayores ventas que compras, obtener una balanza comercial favorable.

Lo importante para el mercantilismo es adquirir metal cuando se carece de él y conservarlo cuando se posee. Si se carece, hay que explotar minas, cuando se tiene; y, si no, buscar otros medios. Si hay metal, hay que impedir su salida; y, si se quiere aumentar, favorecer su entrada. Se evita su salida y se favorece su entrada, mediante la balanza comercial favorable. Esto significa que hay que reducir las importaciones y favorecer las exportaciones.

El nacionalismo económico y la intervención del Estado en la economía

El nacionalismo económico supone una serie de fenómenos sociales que se van dando progresivamente a partir del derrumbamiento del sistema feudal, hasta quedar totalmente formado en el siglo XVIII. Debemos distinguir el fenómeno "nacionalismo", como concepto político.

El nacionalismo económico aparece por primera vez registrado en el siglo XVIII, pero sus raíces son muy anteriores. Podemos decir que toda nación o ciudad de la antigüedad, que tendiera a la realización de una economía de autosuficiencia, caía dentro del nacionalismo. Si en muchos casos esto no se logró fue debido al atraso técnico, pero la regla es que por razones de autoconservación los pueblos se inclinen de modo natural hacía la defensa económica.

El nacionalismo entendido desde el punto de vista económico presenta grandes diferencias con el nacionalismo como doctrina filosófica. Sin embargo, uno es complemento del otro. Para Seldon y Pennance el nacionalismo es, además de una política de autosuficiencia, una actitud proteccionista hacia la industria y el comercio locales. Podríamos agregar que ese proteccionismo tendía a frenar las importaciones y propiciar las exportaciones, estableciendo un saldo siempre favorable para el país de que se trate.

 

 

Autor:

Claudia Andrea Sanchez Maciel

 


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