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¿Tiene la literatura sexo?




Partes: 1, 2

  1. Introducción
  2. Desarrollo
  3. Conclusiones
  4. Bibliografía

Monografias.com

Introducción

Desde la prehistoria la mujer participó junto al hombre en las tareas para la subsistencia, por ejemplo, en la caza y búsqueda de los alimentos. Cuando se desarrollaron las Comunidades Agrícolas y por tanto los asentamientos humanos comenzó el problema de la discriminación del cual queremos tratar, pues el trabajo de la mujer quedó relegado a las tareas del hogar. A medida que se desarrollaron las distintas Comunidades y hasta llegar a la llamada "Civilización" fueron incorporándose las mujeres al ámbito público y con ello al trabajo remunerado. En los países industrializados se produjeron tímidos cambios que incluyeron una mayor proporción de mano de obra femenina en la fuerza de trabajo. Al desarrollarse nuevos tipos de trabajos fueron empleadas las mujeres a conveniencia de los empresarios, cuidando de dejar las cosas como estaban: los hombres a un lado, las mujeres a otro.

En los años sesenta el feminismo cobró auge en varios países desarrollados donde empezó a gestarse un nuevo y fructífero campo de conocimientos: el de los estudios sobre la mujer. Sus iniciadoras, profesoras e investigadoras de distintas disciplinas empezaron a trabajar con el fin de explicar las causas por las que la mujer era considerada en plano de inferioridad con respecto al varón. Gracias a sus empeños por primera vez en la historia a través del pensamiento científico se enfocan las relaciones que se establecen entre los sexos y una determinada concepción social vinculada con las cuestiones de género.

En distintas partes del mundo el Feminismo se instauró como Movimiento (organización que no es pueril ni puramente vindicativa, sino que ha devenido en un método inacabado en el que las mujeres elaboran análisis sobre su situación social y luchan por conseguir una nueva identidad humana) y los estudios sobre la mujer tomaron fuerza en las últimas décadas, específicamente desde la década de los sesenta, tanto desde el punto de vista sociocultural como desde el punto de vista lingüístico. Se han destacado especialmente los que recurren a la teoría de género. Se han expuesto problemas como el androcentrismo que sufren las distintas sociedades y por supuesto, el lugar subordinado que ocupa la mujer dentro de la escala de valores de la sociedad, elementos que subyacen en una sociedad aún machista y en la que predomina el modelo hombre, varón, masculino, heterosexual. En nuestra lengua también hay vestigios de esta discriminación, que se expresan en los niveles léxico, sintáctico y morfológico en los que se aprecia una diferenciación del tratamiento con respecto a la mujer. Y no solo se produce esta en el ámbito de la lengua sino también a nivel del habla en la que no solo el emisor utiliza elementos sexistas sino que el oyente_ interpretante es a veces el discriminador por excelencia.

Con la obtención de forma sorpresiva, el 10 de enero de 1934 del sufragio femenino sin restricciones, poco antes de la renuncia de Grau a la Presidencia; se dieron pasos importantes para la liberación de la mujer. El derecho al voto había sido exigido por la mujer desde tan temprana fecha como 1869, por la cubana Ana Betancourt. Después de 1959, con la Revolución en el poder, se crea en 1960 la Federación de Mujeres Cubanas y se firman algunas leyes específicas como la Ley de Maternidad (1974) y el Código de la Familia (1976).

El Día Internacional de la Mujer quedó instituido en Copenhague, Dinamarca durante la Segunda Conferencia de Mujeres Socialistas, efectuada en agosto de 1910 en la que Clara Zetkin (1857-1933), política feminista alemana presentó la iniciativa de que anualmente se celebrase una jornada internacional por la mujer con el objetivo de movilizar a las mujeres en la lucha por sus derechos, el bienestar de la infancia, contra el militarismo y por la paz mundial. Aunque su idea fue aceptada por unanimidad no fue hasta 1914 que el Día Internacional de la Mujer se celebró por primera vez el 8 de marzo (solo en algunos países). En Cuba, solo después del 1ro de enero de 1959 las festividades por este día lograron todo su esplendor.

Otra de las abanderadas en la lucha por la igualdad de la mujer fue Simone de Beauvoir (1908-1986) destacada novelista e intelectual francesa quien desempeñó con su obra un papel significativo en el desarrollo del Movimiento Feminista. En "El Segundo Sexo" (1949) realizó un profundo análisis sobre la alienación de la mujer desde una perspectiva histórica, social y filosófica. Desde este último punto de vista puede resumirse su obra en una frase: "No se nace mujer, llega una a serlo. Ningún destino biológico, físico o económico define la figura que reviste en la sociedad la hembra humana".[1] Aunque hoy, cincuenta y seis años después vivamos otras realidades, Simone logró echar por tierra las creencias sobre una supuesta inferioridad intelectual y moral de la mujer. En 1939, diez años antes que Simone de Beauvoir publicara "El Segundo Sexo", la intelectual cubano-dominicana Camila Henríquez Ureña, pronunció su célebre conferencia "La mujer y la cultura" en torno a la celebración en Cuba del Tercer Congreso Nacional Femenino. Las lúcidas ideas que en ella expresó tienen hoy una vigencia extraordinaria; ideas rotundas como la responsabilidad de la mujer en la lucha por lograr la trascendencia y la perdurabilidad de la producción literaria femenina, además dijo: "El movimiento cultural femenino empieza cuando las excepciones dejan de parecerlo".[2]

La psicóloga Carol Pearson autora de The Hero Withia, observa que la falta de adecuación al sistema del "Guerrero" ha sido un tema recurrente en la literatura moderna que señala como rasgos salientes la alienación y la desesperanza. Durante más de setenta y cinco años, la imagen de la "tierra devastada" ha predominado en la literatura como una manera de expresar la condición humana en el siglo veinte y las actitudes de agresividad del hombre. Desde la Segunda Guerra Mundial los estudios sobre las sensaciones de vacío y desazón y el distanciamiento cada vez mayor con la naturaleza continúan atrapando la imaginación del público. El antihéroe ha subsistido al héroe como figura central de nuestra literatura, precisamente porque el héroe mítico resulta fuera de lugar en un mundo que conoce demasiado bien el costo humano de los valores del "Guerrero".

La integración de los principios femeninos en el ámbito público ofrece una esperanza de corregir esta situación, con la incorporación de nuevos patrones y la declinación de los viejos valores que se fundamentaban en la competencia. En estos términos el ingreso de las mujeres al ámbito público se puede considerar no solo como el resultado de las presiones económicas imperantes, las altas tasas de divorcio o el éxito de los movimientos feministas, sino más bien como una respuesta evolutiva a una profunda crisis cultural. Los principios femeninos han trascendido al ámbito público porque ya no podemos permitir que permanezcan relegados en la esfera privada, como tampoco aceptar una cultura empeñada en controlar los destinos de la humanidad de acuerdo con los valores del "Guerrero"

En la sociedad socialista la participación de las mujeres en la vida productiva y la paridad salarial son un hecho. Las mujeres además gozan de privilegios durante el período de gestación y el primer año de los hijos; conservan su puesto de trabajo durante este lapso y son asistidas por una red de servicios sociales y médicos que les garantiza el Estado. Todo esto sumado a la creación por parte de la Revolución de Círculos Infantiles, nuevas escuelas y otros planes sociales convierten a la mujer en un ser privilegiado dentro de la sociedad.

Cuando las mujeres salieron de sus casas a las calles, las plazas o los campos en 1959, fue para asumir tareas de la Revolución en la salud, la alfabetización, la defensa. Cuando realizaron trabajo voluntario, fue en sustitución de los hombres que se encontraban casi permanentemente movilizados.

La incorporación de la mujer al espacio público en nuestro país no significa otra cosa que su incorporación al espacio de la Revolución y esto hace que ella tenga un papel esencial dentro del núcleo familiar, la hace menos dependiente del marido y provoca cambios en las funciones reproductiva y educativa.

Las mujeres cubanas nos enorgullecemos de haber tenido el privilegio histórico de formar principios y valores éticos en nuestro país. Desde hace 46 años edificamos una sociedad mejor, pues el elemento clave de nuestra Revolución siempre fue hacer la Revolución de los humildes, con los humildes y para los humildes de nuestra Patria, fundada en tres pilares básicos: justicia social, solidaridad humana, desarrollo socioeconómico. La cultura general integral y la democracia participativa como centros de esta concepción creadora, transformadora, liberadora, dentro de un proceso revolucionario, iniciado con el triunfo de la Revolución el 1ro de enero de 1959. Ese mismo día, en su primera alocución al pueblo desde Santiago de Cuba, el fundador del triunfante movimiento revolucionario expresó:

"…y la mujer es un sector de nuestro país que necesita también ser redimido, porque es víctima de la discriminación en el trabajo y en otros aspectos de la vida."[3]

Conocedor profundo de la problemática social y económica del país, con una agudeza política y sensibilidad humana, el Jefe de la Revolución identificó el fenómeno de la doble opresión a que estaban sometidas las cubanas, más grave en el caso de las mujeres negras y mestizas, víctimas de una fuerte discriminación racial.

No cabe duda que las mujeres desempeñamos un papel fundamental en esta lucha por todos nuestros derechos, cada día haciendo conciencia, incorporando a los hombres.

La declaración de Beijing y su Plataforma de Acción fue aprobada en la IV Conferencia Mundial sobre la mujer, celebrada del 4 al 15 de septiembre de 1995. A propósito de la misma se solicitó a cada Gobierno, con el asesoramiento de las organizaciones pertinentes que desarrollaran estrategias de aplicación de la Plataforma de Acción como punto de referencia para el proceso de control.

La adopción del Plan Nacional de Seguimiento a la Conferencia de Beijing marcó un cambio cualitativo dentro del programa nacional de desarrollo socioeconómico, al integrar en un solo documento programático de carácter legal todas las políticas gubernamentales y propuestas de acciones sectoriales a favor, específicamente, de la eliminación de todas las formas de discriminación de la mujer y de la implementación de los objetivos estratégicos y acciones para lograr el pleno ejercicio de la igualdad de derechos, oportunidades y posibilidades en cada sector de la sociedad.

Se asume como concepto y metodología apta para remover atávicas prácticas y creencias, prejuicios y saberes establecidos por una cultura centenaria que por más de cinco siglos legitimó la desigualdad y la discriminación de la mujer cubana.

Además resulta positivo que en el Plan cubano se inste a las instituciones de gobierno y a las organizaciones no gubernamentales, a sensibilizarse y capacitarse para la realización de sus funciones desde esta visión, lo cual se ha hecho consecuentemente en un abarcador programa de capacitación y publicaciones, desarrollado en todo el país por la Federación de Mujeres Cubanas, la Unión de Periodistas, la Central de Trabajadores, la Unión de Escritores y Artistas, las Cátedras de la Mujer de las Universidades en varias provincias y otras organizaciones del país.

Aunque, como decíamos anteriormente, la lucha del feminismo no ha terminado, pues a niveles de relaciones de género (entiéndase hombre - mujer) subsiste la discriminación sexual, reminiscencias de la sociedad patriarcal.

El trabajo doméstico es un auténtico ejemplo de esta discriminación, pues aún sobre la mujer recae el peso fundamental de la distribución de funciones en el seno de la familia, actitud que se hereda de generación en generación. Las mujeres trabajadoras pueden realizar en total un número de 77 a 99 horas semanales de trabajo (refiriéndonos por supuesto a la llamada doble jornada).

En el Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, celebrado en Taxco en 1987, adonde asistió por vez primera una delegación cubana, al preguntársele a una representante de la Federación por qué seguía existiendo un modelo cultural patriarcal en Cuba, esta dijo:

"La cultura popular es tan machista en Cuba como en cualquier otro país latinoamericano. Nuestro discurso con respecto a los problemas de la mujer está cambiando; estamos avanzando y profundizando: tenemos que trabajar con la realidad y deshacernos de viejos esquemas para abrir nuevos caminos. La Revolución cubana no es un proceso terminado, como tampoco lo es el feminismo."[4]

Es la voluntad, la capacidad de elegir caminos distintos de actuar, lo que ha mantenido a la mujer en constante lucha por sus derechos. La mujer ha concebido de sí un alto ideal y no va a descansar hasta alcanzarlo.

Existe un viejo proverbio chino que dice: "Las mujeres sostienen una mitad del cielo"[5]. Lo cual significa que la mitad del esfuerzo y la mitad del pensamiento en el mundo está a cargo de las mujeres. Pero para que este "cosmos" sea completo ambas mitades deben trabajar juntas; nada que excluya a una mitad de la humanidad puede ser verdaderamente humano.

La creación literaria femenina no ha sido menos en todo este proceso de transformación. Ha acompañado a la mujer o la ha llevado de la mano a través de los tortuosos caminos de la liberación. La poesía, la crítica literaria, la décima, la novela, el ensayo y otros géneros literarios conforman el discurso femenino cubano; y sus más notables representantes, devenidas feministas, han logrado un trabajo perfectísimo dentro de la producción literaria en Cuba.

Dado que la discriminación según el diccionario de la RAE, significa: [(Del lat. discriminatio, -onis). f. Acción y efecto de discriminar. || ~ positiva. f. Protección de carácter extraordinario que se da a un grupo históricamente discriminado, especialmente por razón de sexo, raza, lengua o religión, para lograr su plena integración social.], es que hemos escogido este tema de discriminación de género o sexo (como quiera llamársele), justamente porque constituye un problema social de primer orden. Si siendo mujer u hombre no podemos integrarnos plenamente a la sociedad o de algún modo sentimos el flagelo de la discriminación, entonces nos veremos reflejados en esta temática.

La literatura (de cualquier índole) es la que refleja nuestros sentimientos, nuestras vivencias, nuestras experiencias, nuestras actitudes ante la vida y la sociedad, por ello es la que puede reflejar mejor esta problemática de la discriminación, no solo desde el aspecto lingüístico propiamente dicho, sino también a través de la divulgación que se haga o no de las obras de mujer o de hombre. De manera que no solo nos interesan las temáticas que se abordan, sino que el modo en que es tratada la mujer creadora a través de la historia literaria es también un asunto importante para este trabajo.

Si bien este trabajo se propone valorar el discurso femenino en Cuba a través de la historia y exponer el tratamiento que ha recibido en las distintas etapas de su desarrollo; también es un mensaje para hombres y mujeres que coinciden en el espacio público o campo profesional para que exista una comunicación fluida entre ambos en la vida laboral, como también en lo personal, que ayude a construir un sistema intelectual estimulante y materialmente conveniente.

OBJETIVOS

  • Valorar el discurso femenino en Cuba a través de la historia.

  • Exponer el tratamiento que ha recibido en las distintas etapas de su desarrollo.

Desarrollo

Las mujeres somos relativamente noveles en el campo de la literatura y tenemos mucho que aprender, quizás de los hombres, desde luego; pero también de otras mujeres que han sido precursoras en diferentes géneros literarios, en definitiva dentro del discurso femenino que es el que nos ocupa.

Debe haber una diferencia entre hombres y mujeres en lo que se refiere a sus estilos, no porque nuestros estilos sean mejores o peores, sino simplemente porque son diferentes. "La alegría, la añoranza, la nostalgia, la melancolía son sutiles manifestaciones del ser humano al margen del sexo, pero en la mujer encuentran tal pureza e intensidad que se transforman en vías de conocimiento y plenitud".[6]

En la literatura Hispanoamericana, literatura de los pueblos de México, Centroamérica, Sudamérica y el Caribe, la más destacadas de las poetas del siglo XVII fue la monja mexicana Juana Ramírez de Asbaje o Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695) autodidacta y humanista. Tuvo una gran producción literaria con obras de todos los géneros. Justamente célebre es la obra de Sor Juana, "Respuesta a Sor Filotea" (1691), contestación a la carta del Obispo de Santa Cruz, una autohagiobiografía y a la vez una brillante defensa del derecho femenino a expresarse libremente. Sor Juana fue una mujer que se expresó libremente en un siglo en el cual no era posible para este género semejante derecho, por esto fue duramente criticada y por último silenciada.

También en este siglo (XVII), merece mención la Madre Castillo (Francisca Josefa Castillo y Guevara (1671-1742), prosista y poeta de inquietudes religiosas, dentro de la Literatura Colombiana.

De fines del siglo siguiente (XVIII) es la obra poética de la primera mujer escritora, en Venezuela, que se tiene noticia: Sor María de los Ángeles (1765-1818), toda ella cruzada por un vasto sentimiento místico inspirado en Santa Teresa de Jesús.

Generaciones Latinoamericanas más recientes (siglo XX), por ejemplo, en Chile, Uruguay, Colombia, Jamaica han tenido nuevos nombres femeninos dentro de la Literatura como: Teresa de la Parra, Luisa del Valle Silva, Mercedes Bermúdez de Belloso, Beatriz González Stephan, Alba Lucía Ángel y otras de renombre como Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Delmira Agustini, Isabel Allende, etc., pues la lista sería interminable.

Con el Boom de la Literatura Latinoamericana (núcleo de escritores hispanoamericanos que en la década de 1960, adquirieron notoriedad o fueron lanzados como novedades editoriales) surgieron mayoritariamente nombres masculinos y quedaron quizás en el olvido aquellos nombres femeninos que habían comenzado a decir.

Al enfrentarse al tema de la mujer cubana en la Literatura hay que ir a la primera mujer escritora, sea la Marquesa de Justiz de Santa Ana (María Francisca de la Cámara y O´Reilly) (1733-1807), casi totalmente desconocida o María de la Merced Santa Cruz y Montalvo (1789-1832), (Condesa de Merlín) que escribía sus crónicas de viaje (todas en francés), féminas que marcan las raíces de la marginación de la mujer en la Literatura. Estas fueron las primeras mujeres cubanas que, retadoras, aceptaron desafiar el silencio.

La mujer cubana, precisamente por las características únicas de nuestra experiencia, por lo regular no ha estado incluida en los estudios generales realizados en América y apenas han sido vistas como precursoras o no, en relación con las demás escritoras latinoamericanas, según se hayan mencionado con una óptica predominante de clase o género. A la mujer cubana debe vérsele como una fuerza productora y de la más alta calidad. No podemos negar que la escritura de las poetas cubanas no es marginal, sino que ha sido marginada e insuficientemente valorada a través de la historia literaria y de la visión de la crítica. Muchas de las voces mayores de nuestra lírica son mujeres. Por ejemplo, entre Románticos y Modernistas, Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873), Luisa Pérez de Zambrana (1835-1922) y Juana Borrero (1878-1896).

Gertrudis Gómez de Avellaneda, escritora nacida en Cuba y que fue una criolla excepcional, vivió en España desde los 22 años, es considerada como una de las voces más auténticas del Romanticismo Hispano aunque fue en su momento objeto de críticas por parte de algunos de sus contemporáneos que censuraron tanto su obra como su conducta personal. Por otra parte, también tuvo admiradores que valoraron su obra en un alto sentido. Su producción incluye poesías, novelas y relatos donde se mezclan muy bien historia y romanticismo. Su vida fue un cúmulo de desgracias comparables a las de sus personajes. La muerte de su padre y un casamiento apresurado de su madre la hicieron salir de Cuba hacia Europa, donde entró en contacto con la literatura romántica del momento, Víctor Hugo, Chateaubriand y Lord Byron. La muerte de sus dos maridos y el abandono de su amante cuando ella se encontraba embarazada de una niña que nació muerta inclinaron su temperamento depresivo y apasionado hacia el espiritismo y periodos de retiro religioso, aunque siempre contó con el apoyo de escritores como José Zorrilla, Fernán Caballero, José de Espronceda, o Alberto Lista. Avellaneda tuvo la osadía de solicitar una plaza vacante en la Real Academia Española, 1854, la cual le fue denegada por uno de los hombres más tradicionalistas de España, Marcelino Menéndez y Pelayo (escritor y crítico 1856-1912). A pesar de haber sido una autora muy valorada en su época, pasó por un período de olvido, pero la crítica actual la considera una precursora del feminismo moderno tanto por su actitud vital como por la fuerza que imprime a sus personajes femeninos literarios.

Quien en un tiempo se firmó La peregrina sigue hoy vagando en el camino, sin techo propio en las letras cubanas, mientras en España se reconoce a Gómez de Avellaneda como una de las voces más auténticas del romanticismo y como precursora del feminismo moderno, en esta isla caribeña donde nació ha acumulado las más severas críticas.

Siendo una de las grandes escritoras hispanas, "aún está pagando la osadía de colaborar en España, Francia y Cuba con un movimiento que atacaba a la masculinidad hegemónica. Ni siquiera el héroe nacional cubano José Martí pudo sustraerse al prejuicio de ver en la mujer el centro de los preceptos morales. Al comparar a Avellaneda con (...) Luisa Pérez de Zambrana, Martí llegaría a expresar:

Hay un hombre altivo, a las veces fiero, en la poesía de Avellaneda hay en todos los versos de Luisa un alma clara de mujer (...) No hay mujer en Gertrudis Gómez de Avellaneda: todo anunciaba en ella un ánimo potente y varonil; era su cuerpo alto y robusto, como su poesía ruda y enérgica. La Avellaneda no sintió el dolor humano: era más alto y más potente que él.

La descripción sepultó a Avellaneda como paradigma. Una mujer: fiera, potente, varonil, alta, robusta, ruda y enérgica se alejaba de cualquiera de los estereotipos preconcebidos para la aceptación de la mujer. La " masculinidad" de Avellaneda invalidó su feminismo para la historia." [7]

Tuvo el encargo Luisa Pérez de Zambrana, en una de las últimas celebraciones que recibiera Gertrudis Gómez de Avellaneda, de colocarle una corona de laurel sobre las sienes; así se representaba, simbólicamente, el relevo literario.

La obra poética de Luisa Pérez de Zambrana es una de la más distinguida representación del romanticismo en la literatura cubana. Sus poemas se distinguen por la claridad del lenguaje. Propio de la segunda era del romanticismo en la isla, su forma es natural, carente de excesos, la musicalidad es melodiosa, un delicado trinar femenino de profundos sentimientos.Después de la muerte de su esposo en 1866, perdió a sus cinco hijos. Aquella que había tenido el honor de ser la que colocara la corona de laureles sobre la poetisa más excelsa del Nuevo Mundo, quedaba sola en esta tierra. Dolor infinito crearía algunas de las más bellas poesías con que hoy se deleita la literatura cubana. Nacida en El Cobre, Oriente, desde jovencita ya se publicaban sus poesías en los periódicos. Colaboró para varias publicaciones en toda la isla, incluyendo "Álbum cubano de lo bueno y de lo bello", el cual era dirigido por la laureada Avellaneda.

Juana Borrero tuvo la suerte de recibir desde niña una educación especial al lado de su padre, Esteban Borrero Echeverría, literato que se ocupó de rodearla de un clima refinado. Juana tuvo una vida breve y apasionada; y una poesía madura cargada de reflexión filosófica, meditaciones y una profunda emoción. Aun no llegaba Juana Borrero a sus veinte años, cuando Cuba perdió una de sus más prometedoras plumas. Era adorado su talento por Julián del Casal y José Martí porque ya desde niña se distinguía en la nueva forma del modernismo.

Luego se ramifica el discurso femenino hasta llegar a poetas del calibre de María Villar Buceta, Mirta Aguirre, Dulce María Loynaz, Fina García Marruz, Carilda Oliver Labra, Dora Alonso y Rafaela Chacón Nardi, por solo mencionar aquellas que podemos, con legítimo orgullo, considerar la máxima expresión de una lírica femenina en Cuba.

María Villar Buceta (1899-1977), "la voz femenina más pura, honda, culta y rebelde de la generación de los nuevos", como la calificara Raúl Roa, constituyó no sólo un caso singular en nuestra poesía, sino que vivió una existencia modesta y útil, consagrada al trabajo callado y fructífero, e inspirada por la ideología. Su producción literaria (poemas, artículos, conferencias, cronologías...) no es espectacular y su nombre no se halla en las grandes enciclopedias, pero dejó recuerdo imborrable entre cuantos la conocieron, disfrutaron de su trato gentil y gozaron de su conversación inteligente y amena, matizada de fino humorismo. Sufrió la confusión de que sus versos fueran atribuidos a un poeta de prestigio, pero a pesar de ello produjo una poesía original que aprehendió muy bien del mundo la naturaleza de las vivencias humanas. Supo captar la esencia femenina y no imitó jamás el tono de la poesía escrita por hombres.

A la muerte de María Villar Buceta, Dulce María Loynaz escribiría una crónica en la que evocaba a la amiga: "Conocí a María Villar Buceta en una época en que pocas personas podrán hoy recordarla. Corría la década de los años 20 y casualmente casi al mismo tiempo, dábamos las dos nuestros primeros pasos en el mundo de la poesía. Ella desde el comienzo iba recta y segura por su senda, mientras en mí, todo era titubeo, balbuceo, timidez. Lejos de María la nota quejumbrosa, el acento melífluo y lánguido que yo gustaba por entonces de cultivar en mis incipientes lirismos, porque aún no había aprendido que la hojarasca hay que podarla a tiempo; ella no deja ver el fruto ni la flor. Lo aprendería mucho más tarde, pero a la sazón, y pese a ser tan distinto al mío, yo admiraba el estilo escueto, ligeramente incisivo a veces, matizado de cuando en cuando por una leve, sonriente ironía. Me daba la impresión de que no lo decía todo o lo decía de tal manera que cada cual pudiese pensar que estaba a punto de alcanzar su secreto, aunque en definitiva nunca lo alcanzaba. Y es que María era en su verso, como en su persona; sobria, contenida, concentrada; serenamente dueña de sí misma. Saltando por encima de estas y otras diferencias, fuimos amigas desde el principio: tenía la rara virtud de hacer amigos fácilmente, esto es, sin que ella se esforzara mucho en procurarlo. De temperamento frío en apariencia al menos pues era ella muy difícil de sondear; impermeable a la lisonja activa o pasiva, a los entusiasmos prodigados y a todo tipo de sentimentalismo, había sin embargo que quererla de cualquier modo, aún sin esperar reciprocidad en el afecto."[8]

Suyas también son estas palabras: "Un poeta es alguien que ve más allá en el mundo circundante y más adentro en el mundo interior. Pero además debe unir a esas dos condiciones, una tercera más difícil: hacer ver lo que ve".[9] Visión y definición que pertenece a una de las más altas voces del discurso lírico femenino de habla hispana del siglo XX: Dulce María Loynaz del Castillo (1903-1997), poeta y narradora cubana, nacida en La Habana, perteneció a la Academia Cubana de la Lengua y obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1987, y por demás, en 1992 le fue concedido en Madrid el Premio Cervantes (Premio Nobel de las Letras Hispánicas), el que solo ha sido otorgado a dos mujeres, una de ellas, esta maravillosa mujer, cuya obra estuvo también sumergida en el silencio durante largas décadas. No es hasta 1987, con el antes mencionado Premio Nacional de Literatura, que se redescubre su magnífica obra. Incluso, ya en este siglo y a propósito del año del centenario de su natalicio se realizaron múltiples actividades en Cuba, España y varios países latinoamericanos como homenaje póstumo a quién además de la poesía, ejerció el periodismo y cultivó otros géneros literarios, como las novelas, las memorias y los cuadernos de viaje. Una producción impregnada de cubanía y lirismo; y enmarcada quizás en un tardío modernismo. Llevó también a sus versos, a su palabra viva y muy especialmente a su novela, un pensamiento sin dudas de carácter feminista. El conjunto de su creación literaria nos muestra, entre reclamos y silencios, una perspectiva femenina axial, que atizó permanentemente el fuego de la palabra en favor de figuras olvidadas de nuestra historia, mujeres casi todas, en las que buscó con desvelado afán también su propia verdad.

Hablemos también de Flor Loynaz, dama o sombra (1908-1985) poeta absolutamente singular, miembro de la familia Loynaz, sigue siendo, no obstante, una desconocida. Tenía un alma rebelde, muy a propósito con el siglo XX. No podemos verla siquiera de un modo completo, en su obra "Como estrellas escondidas", publicación póstuma de los pocos poemas que lograron salvarse, pues el rastro de su imagen queda solo en la memoria de los más cercanos y acaso sobrarán los dedos de las manos para contarlos.

Cuando se le pidió a Dulce María Loynaz que valorase la calidad estética de la obra de su hermana, demostrando una vez más su agudeza dijo: "Yo pienso que ella ocuparía con justicia uno de los primeros lugares en la poesía cubana y más allá, no únicamente contemporánea, podíamos remontarnos más lejos; pero la opinión mía no la tendría en cuenta nadie, no solo porque soy su hermana y porque estoy unida a ella por lazos de sangre, sino además por lazos espirituales profundos que suelen valer más que los primeros".[10] Creo que es hora de hacer entrar a Flor Loynaz por la puerta grande de la Literatura cubana, de hacer el rescate de una mujer que nos enorgullece por ser humanos.

Otra tan cubana como "Rafaela de Cuba", así denominaría la chilena Gabriela Mistral de una vez y para siempre a la poetisa cubana Rafaela Chacón Nardi, a la que injustamente no se le entregó el Premio Nacional de Literatura que tanto merecía por la sostenida calidad de su proteica obra poética, pedagógica y divulgativa de lo mejor de la cultura cubana. La Federación de Mujeres Cubanas, recientemente, haciéndole justicia a la creadora por la extensa e intensa labor y su ejemplar tarea educativa y cultural con la infancia, le otorgó el Premio Especial "Gertrudis Gómez de Avellaneda". Acción justa y humanísima y, por demás, llevada a cabo por una organización femenina.

En el discurso femenino también se manifiesta la diversidad ideológica, ejemplo Mirta Aguirre Carreras (comunista) (1912-1980) y Fina García Marruz (católica) (1923) Premio Nacional de Literatura1990. No por diversas menos cubanas.

Ambas han cultivado la poesía con estilo y voz propia, cuajada de reflexión. Han explorado, las dos, corrientes filosóficas y literarias haciendo notar que la mujer no es un ser pasivo que se mantiene al margen, sino una plenitud consciente que se manifiesta voluntariamente, y decide ser para sí, única vía posible de ser para los otros. Sor Juana Inés de la Cruz (mexicana) es el fondo de referencia de Mirta Aguirre, como es Santa Teresa (castellana) la referencia de Fina García Marruz.

Ambas evocan a Martí en lo ético y lo estético, como quien toma la Patria como espada, toman de él lo cubano, su esencia, como de un varón que nunca marginó a la hembra pese a los prejuicios que pudieran encontrarse en su obra, obviamente por la época en que vivió (ya hemos puesto un ejemplo de ello anteriormente), no obstante, Pedro Henríquez Ureña en 1905 dijo: " el estilo martiano en ocasiones tiene la intensidad emocional de Teresa de Jesús"[11] y en 1930 añadió que Martí escribía "con el candor de Santa Teresa, de quien aprendió que no tiene por qué refrenarse el que siente como debe".[12] Incluso Gabriela Mistral y Juan Marinello también mencionaron en su momento estas similitudes en la obra martiana y la de Santa Teresa.

En las filas de "Orígenes" también hubo mujeres, asumidas como voces con autoridad, con gesto y palabras definidas desde el semillero de la propia individualidad. Entre ellas, Fina García Marruz de la que tanto hemos dicho anteriormente.

Carilda Oliver Labra (1922), Poeta cubana nacida en Matanzas en 1924. Estudió Derecho en la Universidad de La Habana ejerciendo la profesión en su ciudad natal, donde además dictó cursos de dibujo, pintura y escultura. Es una de las más sobresalientes poetisas de Hispanoamérica, ganadora de importantes premios literarios: Premio Nacional de Poesía en 1950, Primer Premio y Flor natural en el Certamen Nacional, ganadora del Certamen Hispanoamericano organizado por el Ateneo Americano de Washington para conmemorar el tricentenario del nacimiento de Sor Juana Inés de la Cruz, Premio Nacional de Literatura en 1997 y Premio Internacional José de Vasconcelos en el año 2002. Entre sus obras se destacan: «Al sur de mi garganta» en 1949,  «Memoria de la fiebre» en 1958, «Versos de amor» en 1963, «La ceiba me dijo tú» en 1979,  «Desaparece el polvo» en 1983, «Calzada de Tirry 81» en 1987, «Se me ha perdido un hombre» en 1993 y «Libreta de la recién casada» en 1998, sigue viviendo en su natal Matanzas y ha continuado escribiendo con la misma frescura de los primeros años. Su poesía amorosa, erótica, que causó sobresaltos a principios de los años 50, ha seguido el decursar del tiempo, también filosófica, elegíaca y brillantemente conversacional. Sin su genio poético y su ardoroso temperamento no hubiera logrado imponer sus merecimientos y su obra hubiera sido ahogada por timoratas intenciones y juicios conservadores.

Aún cuando sabemos que su poesía está cargada de impetuosidad y de ese ardoroso temperamento que ya hemos mencionado, no le falta la modestia a esta genial escritora cubana: en la inauguración de la XIII Feria Internacional del Libro de La Habana expresó: "No me es posible sujetar el latido conque mi corazón de mujer esta recibiendo este honor, tributo exagerado para alguien que simplemente deja su palabra humilde entre tanta ofrenda luminosa. Permítanme confesarles que quien les habla conoció las angustias de la miseria y la desigualdad; el hambre de los niños ambulantes que no podían leer aquellos periódicos que casi igualaban su tamaño y que ellos vendían en los cuarteles militares y en los parques donde ahora asisten con el uniforme del colegio y la esperanza devuelta; conoció la tortura en sus amigos, jóvenes hermosos, muchos de los cuales devinieron símbolo de la justicia social, en héroes que el tiempo no amortaja; conoció la cólera de un pueblo ya cansado de la ignominia y el crimen, y también fue testigo, durante esas luchas, del advenimiento de una libertad anatemizada, y perseguida como lo fueron aquellos cristianos antiguos que predicaban el amor. (...)El honor que se me concede de ser una más entre ustedes y compartir la riqueza que nunca será posible poseer sin dar las gracias, ha de acompañarme para siempre como algo infinito porque el bien más caro que guarda un poeta es el amor, y si alguna vez lo creí perdido, ahora no seré nunca más una mujer pobre."[13]

Mirta Yáñez (1947), ensayista y narradora. Establece una relación entre la enseñanza de la literatura y las inquietudes eternas por las frustraciones y adversidades del destino, que se reflejan con ironía en su poesía. Cada nuevo libro consolida a Mirta Yáñez también como una de las más importantes narradoras de la Cuba de hoy. Hay en su obra una preocupación ética esencial que cala hondo en el ser humano actual. Mira hacia lo contemporáneo con el empleo acertado de un lenguaje marcado por la frescura de lo cotidiano y un tono coloquial y desenfadado, y aborda así temas como el conflicto generacional, los rasgos pequeño burgueses, el desengaño.

Mirta Yánez junto a Marilyn Bobes ha sido la compiladora de "Estatuas de Sal" 1996, primera recopilación antológica de textos narrativos de escritoras cubanas, concebida como amplio panorama de una larga tradición que serviría a las autoras contemporáneas como genealogía legitimante, al tiempo que se presentaba como abundante compendio ilustrativo de la producción de las últimas décadas, de la cual no se excluía a las autoras que vivían y producían fuera, aunque escribieran en otra lengua. Trabajo que manifiesta el cambio en la narrativa de las mujeres en la Cuba de hoy.

La inteligencia, la sensibilidad y la cultura son elementos que caracterizan sustancialmente el discurso de las antes mencionadas, desde su propia condición de mujer, porque nuestras poetas no asumen el discurso masculino: dicen desde ellas mismas. Y eso es lo que enriquece el perfil de las letras cubanas y define, desde su especificidad, esta otra mitad del género humano que también se expresa como sujeto lírico en Cuba.

El discurso femenino en la poesía y en la narrativa cubanas ha alcanzado, precisamente gracias a estas poetas y narradoras, un nivel de profesionalismo en cuanto a expresión artística, que resulta de verdad retador para cualquier escritora nuestra transitar una senda tan bien labrada.

Por otra parte, un grupo de narradoras de la primera mitad del siglo XX, lograron mayor o menor reconocimiento, grupo al que pertenece, por ejemplo, Dora Alonso, quien no alcanzó su auténtica fama hasta después de 1959, así como Graziella Garbalosa, Ofelia Rodríguez Acosta y Lesbia Soravilla, escritoras prácticamente desconocidas hoy, salvo en ciertos círculos especializados y feministas, pero cuyas novelas ofrecen una detallada caracterización de la situación opresiva de la mujer, víctima de todo género de limitaciones y violencias, validada justamente como discurso de denuncia por su consciente e informada perspectiva intragenérica. De ahí el impacto que alcanzaron sus obras en las décadas de mayor auge feminista. Los propios títulos lo reflejan: "El dolor de vivir" (Soravilla), "La gozadora del dolor" 1922 (Garbalosa), "El triunfo de la débil presa" 1926 (Rodríguez Acosta). Textos que ahondaron, sin falsos pudores, en las vergonzantes situaciones socio-familiares en las que se veía envuelta la mujer cubana de aquellos años.

En cuanto a la narrativa de Dora Alonso vale recordar, por lo fresca que está en la memoria de la población cubana, la versión televisiva que realizara hace pocos años Xiomara Blanco de su novela radial "Media Luna" con el título de "Tierra Brava", en la cual se observa una fuerte presencia del caciquismo rural, excelentemente caracterizado por la escritora a través del personaje de Lucio Contreras, con toda la carga de violencia intra y extradoméstica inherente a este fenómeno sociopolítico latinoamericano, cuyo peso a nivel de la familia recaía fundamentalmente sobre las mujeres, con independencia de su rango social o su vínculo parental, así como los infantes y sobre los varones jóvenes carentes de poder.

Nancy Morejón Hernández (1944) ha superado con creces estas aspiraciones. Tiene más de 25 libros publicados, múltiples traducciones y una meritoria labor ensayística, fue Premio Nacional de Literatura 2002 y representa hoy una de las voces poéticas más originales e imprescindibles de la Cuba posterior a 1959. Ha sido promotora, imprescindible, de los eventos relacionados con la mujer y efectuados en la Casa de las Américas y con la raíz cubana enterrada muy hondo ha labrado su propia senda, justamente por un modo de decir desde lo femenino, desde lo cubano. Como ella misma dice: "Yo escribo porque necesito hacerlo, el impulso de escribir es irracional. A mí me gustaría mucho que mi escritura sirviera para despejar incógnitas, para mejorar cosas de la identidad nacional, de las relaciones entre las culturas, de las relaciones de carácter familiar, de la familia, de la familia cubana, etc."

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