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"A orar se aprende orando" Escuela de Oración - Nivel I




Partes: 1, 2, 3

  1. Introducción
  2. Pedir y recibir, un principio de la oración
  3. La oración: entrada a la dimensión sobrenatural de Dios
  4. ¿Cómo enfrentar las crisis? Sométalas en manos de Dios
  5. ¿Tienen sus oraciones autoridad de Dios?
  6. ¿Cómo y por qué pedir en el Nombre del Señor Jesús?
  7. Seis pasos para que lo imposible se haga posible con oración
  8. ¿Qué papel juega la oración en los milagros?
  9. La oración enfrenta enemigos
  10. Cruzando las fronteras de la fe
  11. Perseverar en oración, clave para los milagros
  12. El ayuno y la oración, dos disciplinas espirituales en la búsqueda de Dios
  13. Oraciones elevadas, respuestas recibidas
  14. Defina una disciplina de oración diaria
  15. Acepte las Cargas de Oración para transformar vidas y circunstancias
  16. Conclusión: ¡Es tiempo de orar!

Escuela de Oración - Nivel I

Monografias.com

"Dios no es un Dios a tiempo parcial. Él está allí para cualquiera que le busque de todo corazón, mente y alma. Nada nos hará profundizar más en nuestra relación con Dios que la oración ferviente. La oración es el regalo de Dios para nosotros. Es el espacio donde Él nos revela una porción de su corazón. Pero sorprendentemente, la oración es la disciplina más descuidada en la Iglesia hoy."(Bill Mac Cartney. "Siga hasta la meta". Editorial Unilitt. EE.UU. 1996. Pg. 23)

"Sólo cuando nos sometemos a Dios devotamente en la oración, y humildemente buscamos su sabiduría, su dirección y su fuerza día a día, maduraremos en nuestra re y reflejaremos la naturaleza de Su Hijo por su gracia; Él hará por Su Espíritu que mora dentro de nosotros. De hecho, Él quiere eso para nosotros más que cualquier cosa, y está esperando nuestra cooperación." (Gary J. Oliver. "Siga hasta la meta". Editorial Unilitt. EE.UU. 1996. Pg. 44)

Introducción

A orar se aprende orando

De la infinidad de recuerdos agradables que conservo de mi lejana niñez, hay en particular uno que resultó inolvidable: El día que aprendí a manejar una bicicleta. Mi padre compró una de marco grande, color negro, y me llevó a un campo. El primer paso, en todo el proceso, fue aprender a conservar el equilibrio.

Antes de poderme mantener en control del pequeño vehículo me caí muchas veces. Frustrado, me levantaba y volvía a intentarlo. Lo hacía con la plena consciencia que muy cerca estaba mi padre, presto para ayudarme si necesitaba algo. Aprendí que sí se podía montar una bicicleta, pero que no aprendería con un Manual con agradables dibujos sino yo mismo intentándolo una y otra vez.

Igual ocurre con la oración. Podrán existir muchos libros sobre el tema, pero lo cierto es que, a orar se aprende orando. Un proceso que demanda ir una y otra vez a la Presencia del Padre celestial. Quizá al comienzo sintamos cansancio, o rápidamente creamos que se acabaron las palabras; no obstante, pronto y si perseveramos, desarrollaremos intimidad con Dios.

Tenga en cuenta que nadie nos enseñará a orar. Aprendemos a orar, orando, como escribe el evangelista, Luis Palau: "…uno de los conceptos que solemos olvidar es que nadie puede enseñar a orar a otra persona. La oración es algo que yo tuve que aprender por mi mismo y que cada creyente tiene que aprender y practicar por sí mismo. Puedo compartir con usted promesas bíblicas, algunas de mis propias experiencias o experiencias de mis amigos, pero realmente no le puedo enseñar a orar. La oración es como la natación. Es algo que se hace en forma individual. Usted puede leer manuales sobre la oración, puede orar a otras personas y oír lo que esas personas dicen sobre las respuestas a sus oraciones, pero hasta que usted no empiece a orar no sabrá lo que en verdad es la oración. Para aprender a orar usted necesita empezar a orar. No demore un minuto más, si la oración todavía no es algo diario y emocionante en su vida. Se lo digo por experiencia."(Luis Palau. "Cristo a las Naciones". Editorial Unilit. EE.UU. 1988. Pgs. 198, 199)

El aprender a orar es una de las mayores inquietudes que en la cultura cristiana han tenido los creyentes. Leemos en las Escrituras que "Aconteció que, estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: -Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos…"(Lucas 11:1)

Probablemente usted de aquellos que han sentido frustración porque comenzaron a orar y pronto no encontraron nada más que decirle a Dios. Sus oraciones se circunscribieron a unos pocos minutos. ¿Le ha ocurrido? Probablemente sí. Creo-sin temor a equivocarme-que todos hemos vivido esa situación que en ocasiones puede resultar frustrante.

El apóstol Santiago hizo, en el primer siglo de nuestra era, una aseveración que me ha dado vueltas en la cabeza y sin duda a usted también: "Aun cuando se lo piden, tampoco lo reciben porque lo piden con malas intenciones: desean solamente lo que les dará placer." (Santiago 4:2, 3)

Ahí estaba una de las muchas razones por las que los primeros creyentes creían que no recibían respuesta a sus oraciones, como también nosotros podemos pensarlo hoy. ¿Cuál es el centro del asunto? No sabemos orar.

Nuestro amado Salvador oraba, y bastante. Aprendió el secreto de la oración. "Era Dios hecho carne", me dirá usted. No obstante, debemos recordar que estaba desarrollando su ministerio terrenal. Y vivió la experiencia, como debemos vivirla nosotros hoy.

En el Evangelio leemos que: "Inmediatamente después, Jesús insistió en que los discípulos regresaran a la barca y cruzaran al otro lado del lago mientras él enviaba a la gente a casa.  Después de despedir a la gente, subió a las colinas para orar a solas. Mientras estaba allí solo, cayó la noche."(Mateo 14:22, 23. NTV)

El Señor Jesús era disciplinado. No comenzaba ni terminaba jornada sin que hubiese oración en medio. Es lo que nosotros debemos hacer hoy. Sin embargo, como reconocemos que a orar se aprende orando, compartimos con usted las Lecciones publicadas inicialmente en el Blog www.escueladeoracion.blogspot.com

Nuestro sincero deseo es que el material que tiene en sus manos, resulte enriquecedor en su vida espiritual y desarrolle esa maravillosa disciplina de ir a la Presencia del Señor, siempre.

Si tuviera alguna inquietud, no dude en escribirnos a webestudiosbiblicos@gmail.com o llámenos al (0057)317-4913705

© Fernando Alexis Jiménez - Autor

Pedir y recibir, un principio de la oración

(Lección 1)

¿Por qué no recibimos milagros, bendiciones, orientación y el enorme abanico de beneficios que nos corresponden como hijos de Dios? La respuesta es sencilla: porque no oramos a Dios. No nos acercamos a Él para pedirle, y quien no pide, no recibe tal como enseñó nuestro amado Salvador Jesucristo: "Así que les digo, sigan pidiendo y recibirán lo que piden; sigan buscando y encontrarán; sigan llamando, y la puerta se les abrirá. 10Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta."(Lucas 11: 9, 10)

Pedir y recibir, la ruta que debemos seguir para movernos en la dimensión sobrenatural del Señor. Cuando tenemos claro este aspecto, no podemos explicarnos porque tantas y tantas personas que podrían ver resuelta su situación personal, espiritual y material, siguen sumidos en la ruina y el fracaso cuando bastaría que volvieran su mirada al Señor y le pidieran.

Imagine por un instante que usted se aloja en un buen hotel. Pero al llegar a la ciudad, comprueba que sólo tiene el dinero necesario para pagar el costo del alojamiento. ¡Algo ocurrió y está sin dinero! Así es que -por los siguientes tres días-se dispone a aguantar hambre porque no tiene más.

Al final de su estadía que ha resultado desastrosa, el empleado del hotel le dice: "Extrañé que no vino a tomar sus alimentos. Ni desayuno, ni almuerzo ni cena, ¿qué pasó?." Usted se le queda mirando y algo incrédulo le pregunta: "¿Acaso tenía derecho a todo eso?". Y el hombre le responde: "Por supuesto, así lo dice el contrato. ¿No lo leyó acaso?".

Igual con la vida cristiana. Las Escrituras dicen que si pedimos, recibimos. La decisión de seguir como hasta ahora es nada más que nuestra, porque podríamos recibir las enormes bendiciones que el Señor nos tiene reservadas. Basta que le pidamos.

Dios responde a  nuestras oraciones

Si hay algo maravilloso en nuestra vida de cristianos, es saber que Dios responde a nuestras oraciones. Basta que echemos una mirada a las Escrituras para comprobarlo. Simplemente, asumir esas bendiciones que se derivan de pedir y recibir.

En un momento de crisis para Israel, Dios utilizó al profeta Jeremías para transmitirles ese mensaje. Les dijo: "Mientras Jeremías aún estaba detenido en el patio de la guardia, el Señor le dio un segundo mensaje: «Esto dice el Señor, el Señor que hizo la tierra, que la formó y la estableció, cuyo nombre es el Señor: pídeme y te daré a conocer secretos sorprendentes que no conoces acerca de lo que está por venir."(Jeremías 33:3. NTV)

Por favor, lea el texto de nuevo. Dios promete que si le pedimos, responderá e incluso va más allá: nos mostrará aquello que nos resulta imposible de ver a primera vista.

Quizá su hogar está en crisis. Lo ha intentado todo, pero nada resulta: ni la conciliación, ni el diálogo y menos, procurar ignorar la situación. O quizá son sus hijos: tiene dificultades sin resolver con ellos. Si se lo pide, Dios le mostrará lo que en verdad está ocurriendo y cuál es el camino que debe seguir. Él es un Dios que nos ama y responde a nuestras oraciones. Tenga presente que Él es un Dios de poder.

En medio de las pruebas, Dios nos enseña

El trato de Dios es muy especial. Él sabe cómo pulirnos. Conoce qué áreas deben ser modiciadas. Él sabe cómo, cuándo y de qué manera obrar en nuestro ser.

El profeta Zacarías habló al pueblo de Israel cuando un buen número de ellos estaban sufriendo las consecuencias de la incredulidad y la rebeldía.

Contrario a lo que pudiera pensarse, el mensaje resultó alentador para ellos: "A este último grupo lo pasaré por el fuego y los haré puros. Los refinaré como se refina la plata y los purificaré como se purifica el oro. Invocarán mi nombre y yo les responderé. Les diré: "Este es mi pueblo", y ellos dirán: "El Señor es nuestro Dios"». (Zacarías 13:9. NTV)

Como Dios nos ama, a través de la aparente espera trata con nuestra vida, y nos enseña a desarrollar confianza perseverancia. Dos principios fundamentales si queremos movernos en la dimensión sobrenatural de Dios.

No deje de perseverar

Si anhela que sus oraciones tengan respuesta, tenga presente que es esencial que desarrollemos el principio de la perseverancia. Es muy sencillo pero de suma importancia cuando anhelamos ver la respuesta de Dios a nuestro clamor.

El Señor Jesús ilustró este fundamento cuando enseñó: "Luego utilizó la siguiente historia para enseñarles más acerca de la oración: «Supongan que uno de ustedes va a la casa de un amigo a medianoche para pedirle que le preste tres panes. Le dices: "Acaba de llegar de visita un amigo mío y no tengo nada para darle de comer". Supongan que ese amigo grita desde el dormitorio: "No me molestes. La puerta ya está cerrada, y mi familia y yo estamos acostados. No puedo ayudarte".  Les digo que, aunque no lo haga por amistad, si sigues tocando a la puerta el tiempo suficiente, él se levantará y te dará lo que necesitas debido a tu audaz insistencia. »Así que les digo, sigan pidiendo y recibirán lo que piden; sigan buscando y encontrarán; sigan llamando, y la puerta se les abrirá.  Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta. »Ustedes, los que son padres, si sus hijos les piden  un pescado, ¿les dan una serpiente en su lugar?  O si les piden un huevo, ¿les dan un escorpión? ¡Claro que no! Así que si ustedes, gente pecadora, saben dar buenos regalos a sus hijos, cuánto más su Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes lo pidan»."(Lucas 11:5-13. NTV)

Si dejamos de perseverar, quizá la respuesta vendrá. No que Dios espere que clamemos una y otra vez hasta respondernos, sino que hay ocasiones en que algunos factores parecieran separarnos del milagro o respuesta que esperamos.

Clamar perseverar, dos elementos que son esenciales para quien se mueve en esa dimensión maravillosa del poder de Dios. ¿Por qué? Porque si hemos creído en un Dios de poder, para el cual nada hay imposible, es previsible que los hechos sobrenaturales se produzcan. Depende de usted y de mí que desarrollemos perseverancia hasta lograr aquello que le estamos pidiendo al Señor.

Un Nombre de poder

El Señor Jesús compartió con sus discípulos y nosotros hoy: "Es cierto, pídanme cualquier cosa en mi nombre, ¡y yo la haré!"(Juan 14:14. NTV)

Si vamos al Padre en oración, le recordamos que Su Hijo Jesús prometió que en ese Nombre tendríamos respuesta a nuestro clamor.

Cabe aquí recordar lo que enseña el autor y conferencista internacional, Charles Stanley: "Dios nos insta a orar porque sabe que a menudo estamos atrapados en cárceles que construimos nosotros mismos. Cárceles que no tienen barrotes ni cerrojos porque son cárceles intelectuales, cárceles emocionales… Recuerde que la distancia más corta entre un problema y la solución, es la distancia que hay entre nuestras rodillas y el piso."(Charles Stanley. "Trátelo con oración". Editorial Vida. EE.UU. 1994. Pg. 9)

No dejemos de orar. Es esencial que lo hagamos. Nos lleva a recibir lo que pedimos y a caminar en esa dimensión sobrenatural que tanto anhelamos.

El paso más importante, en medio de todo el proceso, es que usted le abra las puertas de su corazón a Jesucristo. Es la puerta al proceso de crecimiento personal y espiritual que tanto ha anhelado, y que le permitirá moverse en la dimensión sobrenatural de nuestro amado Dios y Padre celestial.

Cuestionario para la profundización de la Lección 1

Por favor, lea detenidamente los textos bíblicos, y teniendo a mano libreta de apuntes o una hoja de papel, anote las respuestas:

1. De acuerdo con el texto de Jeremías 33:1-3, ¿qué ocurre cuando clamamos a Dios?

2. Si esperamos una respuesta de Dios a  nuestras oraciones, ¿qué enseña el profeta Zacarías que debemos hacer?(Zacarías 13:9 b)

3. De acuerdo con el pasaje de Lucas 11:9, 10, ¿qué ocurre cuando pedimos algo a Dios en oración?

4. Lea por favor Lucas 11:5-12. De acuerdo con el pasaje, ¿por qué es importante la perseverancia al orar?

5. ¿Qué prometió el Señor Jesús que haría si pedimos al Padre en Su Nombre? (Juan 14:14)

© Fernando Alexis Jiménez

Léanos en www.selecciondeestudiosbiblicos.org y www.bosquejosparasermones.com

La oración: entrada a la dimensión sobrenatural de Dios

(Lección 2)

Todos los seres humanos anhelamos adentrarnos en la dimensión sobrenatural de Dios. No es algo nuevo. Siempre ha estado presente en la historia del género humano. La mejor forma es a través de la oración. El Señor mismo nos enseñó que si clamamos a Él, Él nos responde (Jeremías 33:3).

Es una verdad que tiene cuatro fundamentos: El primero, es necesario buscar a Dios en oración; el segundo, la oración implica clamor; el tercero, Dios escucha nuestras oraciones, y el cuarto, Dios responde a nuestras oraciones.

¿Cómo podemos tener esta certeza de que Dios responde a nuestras oraciones? Nuestro amoroso Padre celestial lo dejó claro cuando, hablando al pueblo de Israel y a nosotros hoy, dijo: "Les responderé antes que me llamen. Cuando aún estén hablando de lo que necesiten, ¡me adelantaré y responderé a sus oraciones!"(Isaías 65:24. NTV)

Por favor, lea el texto de nuevo. Dios nos dice que aún no habremos hecho una petición, y si es conforme a Su voluntad, Él nos habrá respondido.

El trato de Dios nos prepara para la dimensión sobrenatural

Recuerdo a un joven que procuraba respuestas rápidas de parte de Dios. "Pareciera que no me escucha", se quejaba. Fue necesario recordarle que Dios tiene su propia forma de actuar, y que sus métodos no son los nuestros. Que Él es soberano y sabe cuándo y de qué manera respondernos.

El autor y conferencista, Charles Stanley, lo describe de la siguiente manera: "…no hay prueba bíblica alguna de que Dios responderá positivamente a todas nuestras oraciones sólo porque estemos llevando una vida recta. Dios es soberano. Él tiene el derecho de decir que no, conforme a su infinita sabiduría, sin considerar nuestra bondad."(Charles Stanley. "Trátelo con oración". Editorial Vida. EE.UU. 1994. Pg. 11)

Nos equivocamos cuando pretendemos presionar a Dios. ¿Ha escuchado el testimonio de quienes le dijeron a Dios: "Si me sacas de este apuro te serviré siempre"?. Pues entiende uno que fue la misericordia del Señor la que obró el milagro, no el que la persona negociara con Dios. Igual ocurre con la oración.

Dios trata con nosotros, y es necesario que lo haga si deseamos que nuestras oraciones -mucha veces apuradas-tengan respuesta. Le invito a considerar lo que enseña el profeta, hablando en nombre de Dios: "A este último grupo lo pasaré por el fuego y los haré puros. Los refinaré como se refina la plata y los purificaré como se purifica el oro. Invocarán mi nombre y yo les responderé. Les diré: "Este es mi pueblo", y ellos dirán: "El Señor es nuestro Dios"»."(Zacarías 13:9. NTV)

Ahora, es necesario aclarar que el hecho de no ver respuestas inmediatas, deja entrever que hay pecado oculto en nosotros. Definitivamente no. Es cierto, Dios trata con nuestras vidas, pero además, nos concede aquello que verdaderamente nos conviene.

¿Tiene soporte bíblico esta afirmación? Por supuesto que sí. Le invito a que leamos lo que enseña el apóstol Pablo: "Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos."(Romanos 8:28. NTV)

Nuestro amoroso Padre celestial sabe de antemano qué nos conviene y qué no, de ahí que se tome su tiempo y responda conforme a Su voluntad. Es un hecho que debemos aceptar en nuestra vida espiritual.

Acepte la voluntad de Dios

Hemos visto en reiteradas ocasiones que si pedimos, Dios nos da. Cuando esa respuesta no es afirmativa, antes que indisponernos con el Señor debemos preguntar qué nos quiere enseñar con su amorosa negativa.

Recuerde que muchas veces que el amado Padre nos dijo no, era por nuestra conveniencia, no por causarnos perjuicio. ¿Por qué lo hace? Porque nos ama, y cuida de nosotros, como enseñó el Señor Jesús: "Ustedes no me eligieron a mí, yo los elegí a ustedes. Les encargué que vayan y produzcan frutos duraderos, así el Padre les dará todo lo que pidan en mi nombre."(Juan 15:16. NTV)

Pero hay algo más en el texto que le invito a considerar nuevamente, y es que las oraciones que elevamos delante del Padre, debemos hacerlas en el Nombre del Señor Jesús. Él responderá, es cierto, pero conforme a Su voluntad.

¿Qué ocurre si no queremos aceptar la voluntad de Dios? Que tácitamente habremos incurrido en rebeldía. Quien anda enojado con el Señor porque no le respondió inmediatamente, está en problemas porque su rebeldía le llevará a la amargura en el corazón.

Aquí le invito a considerar lo que nos enseña el autor y conferencista, Charles Stanley: "…debemos recordar que la respuesta de Dios siempre es lo mejor de lo mejor para nosotros. Él que reclamemos un texto bíblico no hará que Dios cambie de planes, porque Su Palabra no puede contradecir su voluntad eterna. Si Él dice que no, entonces la respuesta es no, y debemos aceptarla con obediencia."(Charles Stanley. "Trátelo con oración". Editorial Vida. EE.UU. 1994. Pg. 12)

En todo momento, cuando nos acercamos a Dios en oración, debemos tener en cuenta que Él nos ama y quiere lo mejor, y si nos niega algo, es porque no nos conviene. Téngalo presente siempre: ¡Dios es un Padre amoroso!

Mi sincero deseo es que le abra las puertas de su corazón a Jesucristo, y en segundo lugar, que desarrolle intimidad con el Señor en oración.

Cuestionario para la profundización de la Lección 2:

1. ¿Qué podemos aprender cuando leemos Jeremías 33:3? Mencione al menos dos aspectos que le enseñe el texto.

2. ¿Por qué podemos afirmar que -si hemos dispuesto nuestro corazón-Dios responderá incluso antes de pedirle? (Lea Isaías 65:24)

3. Si deseo una respuesta oportuna de Dios, ¿qué es lo primero que debemos hacer?

4. ¿Por qué podemos afirmar que Dios trata con nuestra vida antes de llevarnos a una dimensión sobrenatural? (Lea Zacarías 13:9)

5. ¿Siente que sus oraciones no están siendo respondidas por Dios?¿Se ha preguntado cuál es el motivo?

6. ¿Es usted de las personas que ha aprendido a esperar en Dios, a que Él responda?

7. ¿Por qué en algunas ocasiones Dios no responde a nuestras oraciones? (Lea Romanos 8:28)

8. ¿Qué ocurre cuando no queremos aceptar la voluntad de Dios, es decir cuando Él no responde a nuestras oraciones?

© Fernando Alexis Jiménez

¿Cómo enfrentar las crisis? Sométalas en manos de Dios

(Lección 3)

Imagine por un instante que todo a su alrededor está prosperando cuando inesperadamente los problemas tocan a su puerta. Usted no los llamó, pero llegaron. No uno, sino varios. ¡Ya lo pensó? Pues eso mismo es lo que experimentó el rey Ezequías, uno de los que marcó la historia de Judá.

Las Escrituras nos relatan que el rey Ezequías fue un hombre recto, seguidor de Dios, fiel a los mandamientos, erradicó los lugares altos de Judá y derribó los ídolos a los que rendían tributo (2 Reyes 18:1-7).

No obstante fue amenazado por el rey de Asiria, Senaquerib. Los hechos ocurrieron en el año 730 a.C. El enemigo cercó las 46 principales ciudades del reino y amenazó con tomarse Jerusalén. Les ofreció que si se rendían, les conservaba la vida. Ante esta situación, el rey Ezequías cometió dos errores: el primero, le entregó todos los tesoros del Templo de Jerusalén, y el segundo, acudió al reino de Egipto en procura de ayuda para enfrentar el enemigo.

Su carrera contra la adversidad, como suele ocurrirnos a la mayoría de nosotros que primero buscamos ayuda fuera y sólo cuando las cosas fallas nos volvemos a Dios, le llevó a reconocer que se encontraba en un callejón sin salida. Y llevó la crisis, en la que estaba inmerso, en manos del Señor.

¿Le ha ocurrido? Sin duda. Muchos de nosotros cometemos el error de buscar salidas al laberinto en personas o elementos, antes que en Dios. Al respecto, nuestro amado Hacedor advirtió: "Esto dice el Señor: «Malditos son los que ponen su confianza en simples seres humanos, que se apoyan en la fuerza humana y apartan el corazón del Señor. Son como los arbustos raquíticos del desierto, sin esperanza para el futuro. Vivirán en lugares desolados, en tierra despoblada y salada. »Pero benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza. Son como árboles plantados junto a la ribera de un río con raíces que se hunden en las aguas. A esos árboles no les afecta el calor ni temen los largos meses de sequía. Sus hojas están siempre verdes y nunca dejan de producir fruto"(Jeremías 17:5-8. NTV)

Antes que sigamos profundizando en las Escrituras respecto a la necesidad de someter nuestras crisis en manos de Dios, en oración, le invito a tomar la mejor decisión: volver su mirada al Creador quien hace posible lo imposible.

Lleve las crisis a Dios

Recuerde que hasta el momento hemos estudiando las Escrituras y nos enseñan que si clamamos a Dios, Él responderá con poder (Jeremías 33:3)

En el rey Ezequías, quien cometió inicialmente dos errores, encontramos una enseñanza de suma importancia: Las crisis debemos someterlas en manos de nuestro amado Padre celestial. Fue lo que Él hizo: "Cuando el rey Ezequías oyó el informe, rasgó su ropa, se vistió de tela áspera y entró al templo del Señor. Enseguida envió a Eliaquim, administrador del palacio; a Sebna, secretario de la corte; y a los principales sacerdotes, todos vestidos de tela áspera, a hablar con el profeta Isaías, hijo de Amoz. Ellos le dijeron: «El rey Ezequías dice: "Hoy es un día de dificultad, insulto y deshonra. Es como cuando un niño está a punto de nacer, pero la madre no tiene fuerzas para dar a luz. Tal vez el Señor tu Dios haya oído al jefe del Estado Mayor   asirio, que fue enviado por el rey para desafiar al Dios viviente, y lo castigue por sus palabras. ¡Te rogamos que ores por los que hemos quedado!"»."(2 Reyes 19:1- 4. NTV)

Este monarca, uno de los mejores que tuvo Judá en toda su historia, se volvió a Dios. Hizo lo apropiado; nos enseñó lo que debemos hacer cuando la situación se torna compleja en nuestra existencia y en las circunstancias que nos rodean.

Buscar a Dios, esa es la salida. Forma parte de los aspectos esenciales que debemos asumir en la Escuela de Oración en la que estamos inscritos, de cara a elevar nuestro nivel de intimidad con el Señor y de elevar nuestra espiritualidad.

Entregue las crisis a Dios

¿Por qué los seres humanos enfrentamos tantos problemas? Porque como si estuviésemos conduciendo el auto, deseamos tener el control en todo momento. Lo hacemos aun cuando reconocemos que en nuestras fuerzas será imposible seguir adelante. ¿Qué hacer? Reconocer que nuestras fuerzas son insuficientes para resolver las dificultades y que sólo nuestro Supremo Hacedor nos puede ayudar.

El rey Ezequías no solo llevó los problemas al Señor en oración, sino que entrego en Sus manos la crisis. Dejó de luchar en sus fuerzas.

El relato señala que: "Una vez que los funcionarios del rey Ezequías le dieron a Isaías el mensaje del rey, el profeta respondió: «Díganle a su amo: "Esto dice el Señor: "No te alteres por ese discurso blasfemo que han pronunciado contra mí los mensajeros del rey de Asiria. ¡Escucha! Yo mismo actuaré en su contra,*  y el rey recibirá un mensaje de que lo necesitan en su país. Así que volverá a su tierra, donde haré que lo maten a filo de espada""»."(2 Reyes 19:5-7. NTV)

Dios no nos deja a la deriva. Si se lo permitimos, Él toma control de los problemas (Cf. Mateo 11:28). Es en ese momento cuando usted y yo podemos descansar. Lo más necio sería pretender seguir teniendo control de las crisis. Si están en manos de Aquél que todo lo puede, entonces debemos descansar….

Nuestros mayores enemigos

¿Sabe cuáles son los mayores enemigos del cristiano cuando está orando por alguna circunstancia o crisis en particular? Se los comparto porque quizá han estado tan cerca de usted, que pasan desapercibidos o quizá se acostumbró a ellos. Los enemigos son la duda y el temor.

¿Por qué la duda? Porque la duda levanta una enorme barrera al obrar de Dios. Él nos llama a dejar de lado toda sombra de duda cuando clamamos por algo (Cf. Hebreos 11:6). ¿Y por qué el temor? Porque el temor nos impide ver la gloria de Dios en nuestra existencia (Cf. 1 Juan 4:18)

Los asirios trataron de sembrar duda y temor en el rey Ezequías y en su pueblo (2 Reyes 19:8-13)

¿Qué hizo ante esta situación el monarca de Judá: Buscó fortaleza en Dios. Perseveró. Reconoció su poder. Confesó que los ídolos no eran más que fetiches sin poder alguno.

El relato señala: "Después de recibir la carta de mano de los mensajeros y de leerla, Ezequías subió al templo del Señor y desplegó la carta ante el Señor."(2 Reyes 19:14-19. NTV)

A partir de allí, eleva una oración profunda al Padre. La misma oración que usted y yo hacemos cuando la respuesta está por llegar, y necesitamos fortalecernos en el Señor. No podemos permitir que el enemigo nos siembre temor o nos haga duda. ¡Eso jamás!

Espere en Dios

La enseñanza de Dios ha sido maravillosa porque, a partir de las Escrituras, aprendimos la ruta que debemos seguir cuando oramos en procura de que nuestro amado Padre celestial cambie las circunstancias difíciles que enfrentamos. La última fase es esperar en Él. Nuestro amado Señor responderá.

El rey Ezequías confió en Dios. Depositó todas sus esperanzas en Él. Descansó en Su poder, aun cuanto todo parecía estar en contra.

Las Escrituras manos enseñan que Dios cumplió su anuncio, como sin duda lo hará con todos nosotros cuando entregamos en Sus manos nuestras crisis: "Esa noche el ángel del Señor fue al campamento asirio y mató a 185.000 soldados. Cuando los asirios que sobrevivieron  se despertaron a la mañana siguiente, encontraron cadáveres por todas partes. Entonces Senaquerib, rey de Asiria, levantó campamento y regresó a su propia tierra. Volvió a Nínive, la capital del reino, y allí se quedó. Cierto día, mientras rendía culto en el templo de su dios Nisroc, sus hijos  Adramelec y Sarezer lo mataron a espada. Luego escaparon a la tierra de Ararat, y otro de sus hijos, Esar-hadón, lo sucedió en el trono de Asiria."(2 Reyes 18:35-37. NTV)

Dios desea moverse con poder en nuestras vidas. Basta que confiemos en Él. Que sometamos en Sus manos todos los problemas que nos aquejan y las crisis que nos han llevado a pensar que nos encontramos en un callejón sin salida. Hoy es el día para que tome la decisión. Puedo asegurarle que no se arrepentirá.

Cuestionario para la profundización de la Lección 3:

Por favor, lea cada una de las preguntas. Busque la cita bíblica. Si considera complicado el interrogante, puede releer la enseñanza de hoy. Sin duda encontrará todas las respuestas…

1. ¿Qué dice Dios respecto del hombre que busca soluciones a sus problemas en el hombre y no en Él? (Jeremías 17:5-8)

2. ¿Qué nos enseña el Señor Jesús que debemos hacer con los problemas?(Mateo 11:28)

3. ¿Por qué razón al igual que el rey Ezequías, es importante que al orar, reconozcamos nuestras limitaciones humanas?(2 Reyes 19:3)

4. ¿Qué debemos hacer cuando las crisis tocan a nuestra puerta?(2 Reyes 19:4 b)

5. ¿Qué ocurre cuando depositamos toda nuestra confianza en Dios?(2 Reyes 19:6, 7)

6. Cuando emprendemos una vida de oración y consagración al Señor, el adversario espiritual procurará sembrarnos duda y temor (2 Reyes 19:8-13), ¿cuál es la decisión que debemos tomar los cristianos? (2 Reyes 19:14-19)

7. Si depositamos nuestra confianza en Dios, ¿podemos tener la certeza que Dios nos escuchará?(2 Reyes 19:20)

8. Piense por un instante, ¿por qué nos confirma Dios sus decisiones en respuesta a nuestras oraciones?(2 Reyes 19:29, 30; 33, 34)

9. ¿Está aprendiendo a esperar en Dios?

© Fernando Alexis Jiménez

¿Tienen sus oraciones autoridad de Dios?

(Lección 4)

La historia la conocemos todos. Estaba el pueblo de Israel adorando ídolos, aprovechando el relajamiento del rey Acab y de su esposa, desde siempre adoradora de demonios, la reina Jezabel. En lo más profundo de su ser, el corazón de profeta Elías ardía de coraje al ver a todos adorando espíritus. Y retó a que probaran los profetas de Baal si ese muñeco era el dios real, o Jehová de los Ejércitos.

Los sacerdotes de Baal presentaron su ofrenda e igual lo hizo el profeta Elías. Las Escrituras relatan que: "Cuando llegó el momento de quemar el toro, el profeta Elías se acercó y le pidió a Dios: « ¡Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob! Haz que hoy todos sepan que tú eres el Dios de Israel y que yo soy tu servidor, y que he hecho todo esto porque tú me lo has pedido. Contéstame, mi Dios; contéstame para que este pueblo sepa que tú eres Dios, y que deseas que ellos se acerquen a ti». En ese momento, Dios mandó fuego, y quemó el toro, la leña y hasta las piedras y el polvo. ¡También el agua que estaba en la zanja se evaporó!  Cuando todo el pueblo vio eso, se inclinó hasta tocar el suelo con su frente y dijo: «¡El Dios de Israel es el Dios verdadero! ¡Él es el Dios verdadero!»  Entonces Elías les dijo: - ¡Atrapen a los profetas de Baal! ¡Que no se escape ninguno! El pueblo los atrapó, y Elías los llevó al arroyo Quisón y allí los mató."(1 Reyes 18:36-40. Traducción en Lenguaje Actual)

¿Qué ocurrió? Que el profeta hizo lo que nosotros debemos hacer hoy: elevó una oración con autoridad, esa misma autoridad que se deriva de pasar tiempo en la Presencia del Señor. Él es el mejor ejemplo de un siervo que confía y que, a través de sus oraciones, contribuye a que las circunstancias cambie.

Hay por lo menos cuatro elementos que rodean la vida, ministerio y oraciones del profeta Elías que le invito a considerar cuidadosamente: Elías sabía en qué Dios creía; no dudó en ningún momento; actuó en fe, y por último, hacía todo para honrar y glorificar al Padre celestial

Usted está interesado en crecer diariamente en su vida espiritual, y adelantar en la dimensión de la oración delante del Padre. Si es así, le convendría repasar con frecuencia este incidente del profeta Elías quien nos enseña que debemos orar con autoridad.

Puede que estén ocurriendo situaciones que usted no entiende, o que se hayan levantado enormes barreras. Usted no puede darse por vencido, sino clamar al Padre, como nos enseña el autor y conferencista, Charles Stanley: "Sin considerar a qué circunstancias se enfrente, no hay conocimiento de que usted necesite alguna vez que no sea asequible ante el trono de nuestro Dios vivo, amoroso y justo. Él ha prometido revelarle las grandes cosas, desconocidas y ocultas que usted nunca podría entender de otra manera. Hay algunas cosas que usted jamás podrá conocer (Deuteronomio 29:29), pero todo el conocimiento que necesita tener está a su disposición si se lo pide a Dios."(Charles Stanley. "Trátelo con oración". Editorial Vida. EE.UU. 1994. Pg. 17)

Cuando oramos con autoridad, las respuestas se producen. Es un hecho que no podemos desconocer. Aun cuando todo parezca derrumbarse alrededor, los creyentes podemos acudir a la autoridad que proviene del Padre, tal como nos lo enseñó nuestro Señor Jesús, y cuando reconocemos la nueva posición que-por la redención-tenemos ahora en Cristo.

Orar en obediencia

Dios nos llevará a puerto seguro, y podremos orar con autoridad, cuando somos obedientes. Al respecto, el salmista escribió: "Tú, mi Dios, te haces amigo de aquellos que te honran, y les das a conocer tu pacto."(Salmo 25:14. Traducción en Lenguaje Actual)

Jamás olvide que el conocimiento que necesitamos sobre algo o alguien, se lo pedimos a Dios en oración (Cf. Deuteronomio 29:29; Job 9:10), y Él nos da la revelación necesaria.

Tenga presente que si pretendemos respuestas de Dios siendo rebeldes, estamos siendo egoístas; no obstante, cuando renunciamos a nuestra voluntad y buscamos la voluntad de Dios, comenzamos a caminar en obediencia.

La oración con autoridad cambia las circunstancias

Otra historia de un hombre que oró con autoridad, es la del rey Josafat. Lo rodeaban los enemigos. El problema era de gran magnitud. Estaba literalmente al borde del desespero. Las condiciones, humanamente, eran imposibles de vencer. La historia completa la puede leer en 2 Crónicas 20:1-24.

¿Qué hizo? Elevó una oración de autoridad. Cuando arreciaba la situación, volvió su mirada a Dios: "Josafat, lleno de miedo, buscó la ayuda de Dios, y para mostrar su angustia le pidió a todo su pueblo que no comiera.  De todas las ciudades de Judá llegó gente a Jerusalén para pedir la ayuda de Dios. Al ver a la multitud, Josafat se puso de pie, frente al patio nuevo que está en la entrada del templo de Dios…"(2 Crónicas 20:3-5. Traducción en Lenguaje Actual)

Elevó una oración nacida desde lo más profundo de su corazón, creyendo -plenamente consciente--, de cuál era su situación como hijo de Dios.

Por favor, tenga en cuenta los pasos que dio: El rey Josafat buscó al Señor en medio de las crisis (vv. 1-3); el pueblo de Judá se unió al rey Josafat para pedir ayuda divina contra los enemigos (v. 4); el rey Josafat entregó la crisis en manos del Señor (vv. 5-13), y por último, Dios respondió a la oración del rey Josafat (vv. 14-18)

¿Podemos orar sabiendo que Dios responderá? Por supuesto que sí. No debemos tener temor de acercarnos confiadamente al Padre. Recuerde lo que nos enseña la Palabra: "El diablo le puso a Jesús las mismas trampas que nos pone a nosotros para hacernos pecar, sólo que Jesús nunca pecó. Por eso, él puede entender que nos resulta difícil obedecer a Dios. Así que, cuando tengamos alguna necesidad, acerquémonos con confianza al trono de Dios. Él nos ayudará, porque es bueno y nos ama." (Hebreos 4:15, 16; Cf. 2 Timoteo 1:7)

En todo momento Dios nos acompaña. No estamos solos. Tenemos la autoridad de Cristo (Mateo 28:18) Y esa autoridad quedó reafirmada cuando vino el Espíritu Santo, que nos concede el poder sobrenatural que necesitamos (Hechos 1:8; Lucas 9:1)

Tenga presente que no basta con tener poder (Gr. Dynamis), debemos tener autoridad (Gr. Exousia) Es necesario hacer uso siempre de nuestra autoridad en Cristo.

Estamos llamados a orar con autoridad, que es esencial en todo creyente que cursa ese maravilloso proceso en la Escuela de Oración.

Cuestionario para la profundización de la Lección 4:

Por favor, lea cada una de las preguntas. Busque la cita bíblica. Si considera complicado el interrogante, puede releer la enseñanza de hoy. Sin duda encontrará todas las respuestas…

1. ¿Por qué podemos afirmar que el profeta Elías es el mejor ejemplo de un siervo de Dios que ora con autoridad? (1 Reyes 18:36-39)

2. ¿Qué posición tenemos ahora en Cristo Jesús que hace posible orar con autoridad?

3. ¿Por qué debemos ser obedientes si queremos respuestas de Dios a nuestras oraciones? (Salmo 25:14)

4. ¿Cómo logramos que Dios nos revele sobre algo o alguien, que nos resulta imposible de conocer humanamente? (Cf. Deuteronomio 29:29; Job 9:10)

5. ¿Por qué el rey Josafat nos ofrece otro ejemplo de quien ora con autoridad y cambia las circunstancias por el poder de Dios? (2 Crónicas 20:1-24)

6. ¿Cuál es la razón por la que debemos tener temor de acercarnos confiadamente al Padre? (Hebreos 4:15, 16; Cf. 2 Timoteo 1:7)

7. ¿Por qué podemos afirmar que tenemos la autoridad de Cristo? (Mateo 28:18)

© Fernando Alexis Jiménez

¿Cómo y por qué pedir en el Nombre del Señor Jesús?

(Lección 5)

Partes: 1, 2, 3

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