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Resumen del Libro -Desarrollo y Libertad- de Amarthya Sen (página 2)

Enviado por Wilber Dávila



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Claramente esto es absolutamente contrario a los planteamientos del autor, quien rebate lo de la elección de los pobres con datos de su país y deshaciendo el silogismo basado en la tesis de Lee de que un sistema autoritario puede de hecho favorecer el desarrollo más que uno libre, aunque deja para más adelante el análisis cultural referente al último argumento del párrafo anterior.

Para Sen, las necesidades materiales y las políticas se suman, y éstas tienen una cierta prioridad, en tanto que influyen directamente en la agencia de los individuos, por su papel instrumental favoreciendo el desarrollo mediante la mejora de la conversión de capacidades en renta y viceversa, y por su papel en la comprensión individual de lo que son las necesidades.

La libertad política, los derechos humanos, son bienes en sí mismos, capacidades que los seres humanos tenemos buenas razones para valorar, ya que su existencia en nuestra sociedad nos permite desarrollarnos y realizar aquello que queremos realizar. Instrumentalmente, las sociedades democráticas, en las que se vela por esos derechos y libertades, nunca han padecido hambrunas, ya que su ejercicio espolea a los gobernantes hacia el buen manejo de las situaciones peligrosas, aunque sólo sea buscando su propia supervivencia al frente del gobierno.

La libertad política, ejemplarizada en la libertad de expresión y discusión, es importante desde el punto de vista constructivo, ya que la difusión e intercambio de ideas nos ayuda a comprender y conocer realmente las necesidades de nuestra sociedad y nuestro mundo.

Sin embargo, la democracia sola únicamente puede ayudar contra desastres fáciles de comprender y ver, pero no es eficaz contra otros desastres a lo mejor no tan directamente visibles, como la desnutrición o el analfabetismo si no se acompaña de instituciones y medidas sociales que luchen contra dichos desastres. Y, sobre todo, la democracia necesita para su desarrollo sano y completo, de una actividad de la oposición constructiva y casi diríamos que febril.

Capítulo 7.

Las hambrunas y otras crisis

El autor comienza este capítulo dedicado al análisis de esos desastres humanos que son las grandes hambrunas haciendo notar el pesimismo reinante cuando se habla de mejorar la situación de inanición de tantos cientos de millones de personas en el mundo, pero hace ver que aún hay lugar para el optimismo, pues, tal y como no cesa de repetir en todo el capítulo, es relativamente fácil evitar las hambrunas, si se cuenta con los medios sociales adecuados y se toman una serie de medidas al respecto.

Para empezar el análisis, Sen deja claro que en este capítulo no se va a referir a las situaciones de hambre e inanición endémicas y por tanto comunes en el tiempo y a amplias capas de las sociedades más pobres que todos tenemos en mente, sino a crisis repentinas de accesibilidad a los alimentos por parte de determinados grupos, que de dilatarse en el tiempo pueden llevar a la muerte de millones. Ésas son las hambrunas, entre las que cabe destacar, por su virulencia y por merecer el análisis del autor del libro, la de Irlanda de mediados del siglo XIX, la de Wollo en Etiopía, la de Bangladesh y la de Bengala, éstas ya en el siglo pasado.

Sen enumera una serie de puntos en común de muchas hambrunas. Por ejemplo, que no tienen por qué implicar una ausencia total de alimentos, hasta el punto de que mientras ocurrían algunas de esas hambrunas, las regiones afectadas seguían exportando alimentos, en general de alta calidad. Es el caso de la Irlanda que o podía abastecerse de patatas para suplir su exigua dieta mientras sus barcos llevaban ganado a Inglaterra, o el de Wollo, en cuya hambruna ninguna persona de las "altas esferas" sufrió necesidad... O, por ejemplo, la extrema pobreza en que se veían los que acababan muriendo de hambre antes del advenimiento del desastre, o el alejamiento (de diversos tipos) entre los dirigentes y los dirigidos en cada caso.

Sen se dedica a analizar el complejo caso irlandés para poner de manifiesto cómo los prejuicios acerca del pueblo irlandés por los ingleses pudo contribuir definitivamente a no instalar en Irlanda el sistema protector de los pobres con los que los pobres ingleses sí contaban, lo que, junto con la pobreza extrema de muchos irlandeses coadyuvó definitivamente a los efectos de aquella hambruna. También protagonizan los británicos en el caso de la hambruna de Bengala otro tipo de distanciamiento dirigente- dirigió, y es el que existe entre un país y su colonia.

Precisamente, uno de los argumentos principales del capítulo (y uno que forma parte del bagaje final de la apuesta del autor por la libertad y la democracia) es que la India (ni ningún otro país con un sistema político democrático) ha sufrido nunca otra crisis alimentaria (aunque de nuevo hay que aclarar lo dicho arriba, y es que Sen no se para en este capítulo a reflexionar sobre las circunstancias de malnutrición e inanición endémicas de muchas de las zonas que además sufren hambrunas). En efecto, el autor ve en el sistema de Gobierno-oposición democráticos el sistema perfecto para la prevención de esta crisis, ya que si un gobierno pretende seguir mandando, habrá de tomar medidas de cara a paliar las causas y efectos iniciales de la crisis, simplemente porque si no la oposición y la ciudadanía los echarían.

La oposición democrática, el derecho de expresión, el de reunión, el de crítica y el periodismo de investigación se ven así como verdaderas armas contra esta faceta de la pobreza.

¿Pero cuáles son las causas de una hambruna? ¿Qué puede desencadenarla? Lógicamente, una escasez súbita y prolongada de alimentos provoca una auténtica crisis, pero Sen avisa de que no es un factor realmente determinante, hasta el punto de que en muchos países con hambrunas estas han ocurrido cuando más y mejor alimento producían dichos países, o que territorios que han aumentado su producción de alimentos siguen teniendo hambrunas recurrentes. La escasez puede incluso ser sólo un rumor, o saberse que ocurrirá en un futuro cercano, por culpa de algo que quizás deje sin empleo ni recursos a un colectivo de la población (Bangladesh). De hecho, Sen sitúa en la capacidad del individuo de hacerse con sus alimentos la causa de las hambrunas.

En efecto, uno puede hacerse con su alimento cultivándolo / cuidándolo uno mismo, o comprándolo. Esto es lo que nos ocurre a la mayoría de los seres humanos, de modo que si se pierde la renta, o la capacidad de generarla, no sólo se entra en la pobreza, sino que se pasa a formar parte de la hambruna. Hilando aún más fino, Sen nos aclara que ni siquiera es totalmente necesario perder realmente renta, sino dejar de poder pagar los alimentos, quizás por un aumento brutal de su precio relativo a otros productos de consumo (ejemplo de los pescadores de Bengala, o de los peluqueros): una persona puede tener que vender productos de alto valor añadido (calorías de gran calidad) para poder comprar productos esenciales (alimentos básicos), y si éstos aumentan mucho su precio respecto a los otros se ve que fácilmente se cae en la bancarrota…

Volviendo al tema de las medidas que se pueden adoptar para prevenir o incluso terminar con una hambruna, Sen, además de alabar el sistema democrático por fomentar la libertad, lo pone como marco perfecto para el desarrollo de medidas sociales que solucionen el problema de una crisis alimentaria: si un colectivo pierde la capacidad de hacerse con su sustento comprándolo, la sociedad tendría el deber de ayudarle en lo posible por regenerar su nivel de renta e ingresos y que pueda volver así a procurarse el sustento, creando quizás puestos de trabajo temporales públicos dedicados a ese colectivo.

Dado que las hambrunas afectan a los más pobres, regenerar su nivel de renta es algo nimio en comparación con las cifras mareantes de la macroeconomía que tiene atrapados a todos.

Este aspecto protector de la democracia se hace también presente en el somero análisis que Sen realiza de otro tipo de crisis, no necesariamente alimentarias, como las de los "tigres asiáticos", que durante décadas mantuvieron un crecimiento económico admirado por todos, pero que no extendieron un sistema de libertades para sus habitantes, de modo que cuando sobrevino la crisis una bajada importante, pero mucho menor que lo que se había venido subiendo, la mala distribución de la riqueza generada en décadas anteriores provocó que miles de personas pasasen a engrosar las cifras de la pobreza absoluta en aquellos países.

Capítulo 8.

La agencia de las mujeres y el cambio social

En este artículo, el autor analiza uno de los pilares del desarrollo humano: la actitud y ejecución de su vida activa (o agencia) de las mujeres. Empieza explicando cómo las exigencias feministas están empezando a considerar a la mujer como un agente social y económico más, ampliando por tanto el ámbito de sus exigencias desde los derechos que se les deben para mejorar su bienestar (tan denodadamente negado en tantas regiones del mundo) a aquellos que tienen que ver con su desempeño como personas, lo que el autor llama "agencia".

De hecho, tampoco son dos conceptos contrapuestos, explica Sen, pues dotar de mayor agencia personal a las mujeres que no la poseen aumentará su bienestar, así como al aumentar el bienestar de una mujer ésta estará más dispuesta a participar en sociedad de más maneras que lo que la "tradición" le tiene reservado.

Además, se exponen ejemplos que muestran cómo el aumento de la agencia de las mujeres (mediante la educación, o al proporcionarles acceso al mercado económico, permitiéndoles trabajar y desarrollar su propio negocio, en lo cual se desempeñan tan bien como los hombres, como es lógico), lanza el cambio en las sociedades donde eso se da: disminuyen la fertilidad y la mortandad infantil allá donde las mujeres han recibido educación y / o trabajan, pues como consecuencia de sus conocimientos y de su papel en la familia tienen más bazas en dicha entidad, y sus decisiones cobran más peso; las tasas d mujeres respecto a hombres se igualan y en consecuencia disminuyen las de la violencia; la mujer tiene más acceso a más ideas que luego puede propagar, comunicar en su familia en su comunidad.

En definitiva, su vida cobra aún más sentido, y la sociedad donde esto se d a avanza más deprisa, aunque fuera simplemente porque ya no es sólo un género el que "tira del carro", sino los dos.

Es particularmente preclaro el análisis sobre el cambio en la familia, cómo las relaciones de "poder", de "colaboración" e incluso de "lucha" por los propios intereses de cada miembro de la familia se ven alterados por la emergencia de un nuevo agente, al que ya no se puede rechazar ni ningunear, pues también contribuye a la economía familiar de la misma forma que el hombre, además de poseer los conocimientos cuya carencia antes la postraban ante los deseos y pareceres del hombre.

Allá donde aumenta la actividad femenina existen fuertes correlaciones estadísticas con la bajada de la tasa de fecundidad y con la de mortalidad infantil, así como con la disminución de la discriminación sexual en el nacimiento, que lleva a índices de predominio de varones nacidos muy por encima de lo natural, debido a la influencia de factores sociales. Esto, as u vez, iguala el cociente de los números de hombres y mujeres en la sociedad donde se dan estos avances, y como consecuencia, todo indica que se reducen los delitos violentos.

Todo parecen parabienes para la agencia de la mujer, pero sin embargo los avances citados se dan sólo en unos pocos lugares, allá donde se reconoce una posibilidad de desempeño de la mujer al menos igual a la del hombre en los asuntos sociales, económicos, políticos y comerciales, y no sólo nominalmente. Un paso importante es dar la capacidad de ejecutar el derecho a la propiedad a las mujeres y la posibilidad de explotar por sí mismas los negocios que les plazcan, como hacen los microcréditos del Banco Grame en de M. Yunus en India, o la asociación B.R.A.C. en Bangladesh, de la mano de Fazle Hasan Abed.

Capítulo 9.

Población, alimentos y libertad

Este capítulo está dedicado a dos de los principales problemas a los que se enfrenta la Humanidad, y, en particular, los países más pobres, la superpoblación y el hambre endémica (a diferenciar de los episodios de hambruna, discutidos anteriormente, pese a ser sus compañeros habituales), íntimamente relacionados según el fatalismo y las escuelas de pensamiento dominantes.

Sen se rebela contra ese fatalismo igual que en el capítulo dedicado a las hambrunas, pues, además, parece poco probable que, como se proclama siempre que se habla de estos temas nos encontremos en una situación como las descritas por Malthus de producción alimentaria decreciente e impotente frente a un aumento mucho mayor de la población. Es cierto que ésta está creciendo de forma acelerada, pero también lo ha hecho la producción de alimentos a nivel mundial, por lo que se desmontaría otro de los argumentos de los que ven en la escasez de alimentos la única causa del hambre.

Desde luego es un factor importante, pero no el único. De hecho, sí es cierto que puede llegar a ser un factor extremadamente importante allá donde hay una población excesiva para las existencias de alimento del lugar, y por eso pasa el autor a hablar de la población, y de cómo las ideas más optimistas de Condorcet sobre el freno que para la tasa de natalidad suele suponer el desarrollo social y económico están superando en la práctica, con los hechos, a las fatalistas ideas de Malthus.

Para éste no sería posible un control voluntario del aumento de la población por sí misma, sino que ésta se vería más o menos automáticamente reducidas por determinadas causas naturales que sobrevendrían en cuanto la demanda de alimentos y recursos superase las existencias existentes. Una derivación de ese argumento lleva a la coacción de la sociedad sobre el núcleo familiar para que no procree más allá de un cierto límite. Sen dedica el núcleo del capítulo a analizar si existen el derecho a la coacción sobre la reproducción y el de la reproducción absolutamente libre, así como a presentar alternativas a los sistemas coercitivos que son más eficaces que éstos frenando el aumento de población.

Para empezar, Sen huye, como en todo el libro, de los enfoques maximalistas de utilitaristas (para los que la coacción sería juzgable sólo en función de sus consecuencias, por encima de cualquier otra consideración, como los derechos) y de libertarios (para quienes el de reproducción sería un derecho inalienable y absoluto), proponiendo su propio camino de en medio, basado en aumentar las libertades de los individuos más desfavorecidos, en este caso las mujeres, obligadas a reproducirse muchas veces en su vida y muchas veces en contra de su voluntad; en particular, Sen se centra en las mujeres más jóvenes, y para todas propone los mismos puntos expuestos en el capítulo anterior; ejemplos de su estrategia y de lo bien que funciona serían el estado indio de Kerala y Bangladesh, que consiguen en el mismo período mejores números reproductivos que China con su política de "una familia - un hijo", y con muchos menos inconvenientes, como la ausencia de mortalidad infantil femenina, una realidad sangrante en China.

Los números de ambos lugares le sirven a Sen para rechazar la coacción como política de control de la natalidad: si tenemos una situación propiciada por un estado de postración y esclavitud de un colectivo, demos libertad para elegir a ese colectivo y es casi seguro que la situación se resolverá, viene a decir Amarthya Sen en este capítulo, y los números que presenta resultan esperanzadores.

Capítulo 10.

Cultura y Derechos Humanos

En este capítulo, Amartya Sen introduce el concepto de derecho humano desde su propia perspectiva basada en el concepto de "libertad para desarrollo". Comienza remarcando una queja: pese a que la dialéctica sobre los derechos humanos se ha generalizado y éstos ya no se ven como simples tonterías, sigue persistiendo soterrado un cierto escepticismo respecto de ese concepto. Este escepticismo se puede formular de tres formas diferente, como otras tantas críticas al concepto de derecho humano:

  • Crítica de la legitimidad, la de quienes dicen que no es posible hablar de derechos inherentes y previos al propio ser humano, puesto que un derecho, en la forma como se quiera representar (poder, libertad) es algo que nace con la legitimación jurídica del Estado; Sen argumenta contra esto de la siguiente forma: hay más derechos humanos que derechos (humanos) jurídicos, y pone como ejemplo el derecho al respeto: ¿cómo insertar el derecho al respeto en un marco legal jurídico estricto?¿Habría forma de perseguir judicialmente la falta de respeto?

  • Crítica de la coherencia, la de quienes se fijan en la forma de la ética de los derechos humano, y que ven éstos como el aspecto dual de sus obligaciones asociadas, sin las cuales no existen como derechos, sino tal vez como huecos aunque bonitos sentimientos. Así, un derecho existiría para una persona (que "tendría" ese derecho) si hubiese otra encargad, obligada por la obligación asociada al derecho anterior a proporcionarle a nuestro primer sujeto la traducción de ese derecho que "tiene". Ahora bien, ¿hay alguien obligado explícitamente a proporcionar ciertos derechos? Si la respuesta es no, para estas personas los derechos humanos tampoco existen. Sin embargo, aduce Sen en contra de esto, un derecho es en cierto modo una libertad, y todos podemos estar razonablemente seguros de que la libertad hay que dársela a quien no la tiene, sin que por ello tengamos esa obligación manifiesta, explícita y nos dediquemos en cuerpo y alma a ello.

  • Crítica cultural, la de algunos líderes autoritarios asiáticos y portavoces asociados, que dudan profundamente de la universalidad de un concepto, dicen, ajeno a su cultura, y que por tanto no ven por qué han de reconocer. Sen argumenta sin dificultad que no existen los "valores asiáticos", dada la enormidad y enorme diversidad de ese continente, y que ni siquiera es válido ese argumento ciñéndose a grupos de países más o menos próximos o a un mismo país, puesto que Asia es tan diversa como cualquier otra porción de la Humanidad.

En el resto del capítulo Amartya Sen se dedica a analizar diversas afirmaciones y prejuicios culturales acerca de Occidente y Asia.

Comienza con la presunta singularidad de Occidente en la tolerancia y la libertad, demostrando que en sus vertientes más estrictas (libertad y tolerancia para todo el mundo) son dos valores realmente modernos, y no presentes en las cunas filosóficas de Occidente, como presumen muchos, aunque sí, para sorpresa de los mismos, quizás, en algunas escuelas de pensamiento asiáticas, que ya hablaban a su modo de la libertad y la tolerancia en términos semejantes aunque no iguales a lo que se meditaba en Grecia (ejemplos de Ashoka y Kautilya, dos filósofos hindúes, entre otras cosas); además, hasta la ("todos sabemos que intolerante") religión musulmana en su expresión política, el Islam, ha tenido épocas en que la tolerancia le daba lustre cuando ciertamente brillaba, pero por su ausencia, en las latitudes que ahora se quieren apropiar de ese concepto-valor.

El siguiente punto analizado es el efecto de la globalización económica y cada vez más también cultural sobre los valores tradicionales propios de culturas ajenas a la occidental, en las que ven el predominio a todos los niveles de nuestra forma de civilización como una amenaza a su diversidad y a su existencia diferenciada. Y de nuevo Sen arguye que no tiene que haber "defensores de los valores", sino que cada individuo de cada sociedad debe ser libre para elegir entre sus modos tradicionales y los nuevos, aunque hasta un cierto punto para evitar barbaridades, puesto que una sociedad no la construyen sus defensores a ultranza, sino todas las personas que la componen, con sus elecciones particulares. De todos modos, él duda profundamente de que haya nadie absolutamente desconectado que no tenga cosas en común con ninguno de sus congéneres: todos estamos (cada vez más) interconectados, y nos interrelacionamos más intensa y fluidamente, algo valioso en sí mismo para Sen, que se declara abiertamente universalista.

Capítulo 11.

Elección social y conducta individual

En este capítulo, el más denso en conceptos filosóficos, el autor analiza los obstáculos que otros pensadores han ido oponiendo a la idea de que se puede conseguir un determinado progreso mediante las elecciones razonadas de los individuos de una sociedad.

El primer obstáculo es el cuestionamiento de que se puedan hacer elecciones sociales racionales, y Sen lo despacha afirmando y explicando cómo ese resultado es cierto pero aplicable sólo si sabemos que no estamos contando con la mayor base de información posible. Lógicamente, para llevar a cabo cualquier elección racionalmente necesitamos toda la información posible.

El segundo es el de las "consecuencias inintencionadas de nuestros actos", según el cual es inútil esperar un progreso con nuestros actos, pues todo lo que vemos es consecuencia inintencionada de algún acto anterior. Pero Sen explica que la raíz de esa reflexión no está en la simple inintencionalidad de algunas (muchas) consecuencias de nuestros actos, sino en su predictibilidad, pues aunque mu chas consecuencias de nuestros actos puedan ser en efecto inintencionadas, un análisis previo nos habría podido anunciar muchas de ellas, tanto las buenas como las malas (y aprovecha para exponer una serie de ejemplo de ambas categorías de la historia de China en el siglo XX).

El tercero es el aparente egoísmo universal y propio de todo ser humano, que alejaría de la sociedad cualquier motivo altruista y global de nuestros actos, cualquier acción que tuviera como fin el bien público. Sin embargo, Sen dice que ese egoísmo no es la única característica del capitalismo, sino que éste conlleva muchos otros valores (confianza, honor, idea de progreso de todos).

Sen inicia el análisis de elementos del sistema mundial actual, como la corrupción, el sistema económico curiosamente parecido o fundamentable en algunos items de la mafia, así como la analogía de los "aventureros y pródigos" contra los que predicaba Adam Smith con la actual rapiña del medio ambiente, cuyos recursos advierte Sen, son en realidad bienes públicos, no insertables directamente en el mecanismo del mercado…

Finalmente, lanza una llamada a rebato a favor de su idea de la libertad, en especial la de debate público, puesto que el debate y la comunicación son importantes factores moldeadores y propagadores de valores.

Capítulo 12.

La libertad individual como un compromiso social

En este capítulo final Amartya Sen enumera y resume las ideas principales que ha querido ir explicando a lo largo del libro. Entre todas, cabe destacar las siguientes:

  • Que el mundo sea como sea se podrá achacar a la divinidad que adore cada persona en el mundo, pero en última instancia nuestra es la responsabilidad de solucionar nuestros propios problemas.

  • La ejecución de las acciones que consideremos nuestra responsabilidad, básicamente llevar nuestra vida según nuestros deseos razonados implica, conlleva e incluso necesita el acceso a toda una serie de libertades fundamentales que nos permitan desarrollar nuestras capacidades como seres humanos.

  • A la hora de juzgar la política económica de una sociedad o de unas instituciones Sen no sólo considera las cantidades agregadas de las distintas variables en estudio (la renta, por ejemplo), sino también su distribución en la sociedad, pues de este modo aumenta la base de la información sobre la que emitir el juicio (el enfoque utilitarista y el libertario se basan en conjuntos limitados de información, por lo que sus conclusiones sólo pueden ser parciales, y contrapuestas dado lo alejados que están entre sí los conjuntos de información de donde bebe cada uno).

  • La libertad de discusión pública es una de las principales, puesto que permite la propagación y asentamiento de valores en la sociedad y en los individuos que la componen y debaten.

  • Las libertades tienen así un papel instrumental en el desarrollo, pero también tienen otro constitutivo, pues no se entiende el desarrollo personal de un individuo al que se le coarten las más fundamentales libertades.

  • El enfoque dominante ahora mismo en Economía no es el más antiguo, y desde los comienzos de dicha ciencia se ha contemplado la riqueza como un medio hacia el verdadero fin que es el desarrollo, y no como un fin en sí misma como parece que se piensa en la actualidad.

  • Desarrollo y libertad son os conceptos inextricablemente unidos, y separarlos sólo lleva a la mala comprensión de la realidad y a la pobreza.

Conclusiones

1.-Hemos encontrado en el libro conceptos muy explicativos tratados en clase de la materia Teorías y Enfoques, que nos permitió incrementar nuestros conocimientos para comprender la realidad social de los defensores de las libertades. Nos interesó mucho el enfoque tan integrador de conceptos aparentemente antagónicos, como el mercado, que efectivamente es un mecanismo muy importante tanto para aumentar la riqueza de muchas personas como para llevar a cabo una libertad o una pulsión inherente al ser humano, como es la del intercambio, por una parte, y las instituciones dependientes del Estado, es decir, en última instancia de la sociedad, por otra.

2.-Sen destiló el sentido común y una verdadera preocupación por lo que le rodea cuando expone los problemas del mundo "la pobreza", y pensamos que quizás sea un tema netamente de los economistas; sin embargo, a diario los medios de comunicación social, nos bombardean de noticias económicas vinculadas a esta temática.

3.-Frente a dos (02) enfoques de máximos, opuestos y de conceptuación al final difícil como son el utilitarismo y el liberalismo extremos, que más parecen tratar de máquinas que de seres humanos interrelacionándose, el autor expone un enfoque intermedio que toma de los anteriores sólo lo mejor, y que se me ha hecho muy cercano, y por tanto mucho más inteligible que todos los mensajes macroeconómicos que recibo día a día.

4.-Especial importancia revisten para nosotros la defensa de las instituciones y sistemas públicos, no a modo de papá-Estado, sino como organismos al fin y al cabo "sanadores" de los desequilibrios que la acción de un sistema complejo como es una sociedad humana genera y acaban afectando al individuo.

5.-Porque pese a declararse universalista, Sen explora la realidad desde la perspectiva del individuo humano que se ve atado a unas circunstancias, que busca simplemente llevar su vida y al que faltan gran parte de las funciones que otros en otra situación disfrutan en ese mismo momento.

6.- Nos ha parecido que retrata muy bien la injusticia severa que subyace bajo la pobreza en todas sus manifestaciones, aunque en mi opinión se deberían tomar medidas durante las hambrunas para que la distribución de alimentos fuese total, y no se exportase nada antes de finalizar la crisis, pues si un individuo muere de hambre en una sociedad que no ha de poner gran cosa para proporcionarle comida, entonces no hay progreso posible.

7.-Sen habla de algunos elementos clave en el fomento del desarrollo, como desatar a las mujeres del yugo de la esclavitud reproductiva, y ciertamente es de agradecer un enfoque en el que sea realmente la mujer la que adquiera libertades y conocimiento para desarrollarse personalmente, pero pienso también que la educación del hombre en valores de respeto ayudaría muchísimo.

8.-Algo de lo que nos extraña que no haya hablado de los efectos del F.M.I., Banco Mundial y del BID sobre los países sobre los que ejercen su mandato, y cómo la búsqueda del desarrollo meramente económico de no se sabe muy bien qué personas conlleva la pérdida de desarrollo económico y por ende de libertad de los pueblos que habitan esos países, aunque quizás sea un tema alejado del objetivo del libro.

9.-Sen nos ha ayudado a reconciliar en nuestro interior los conceptos de mercado, libertades, desarrollo (humano y económico) y el de institución pública al servicio del individuo, formulando con claridad conceptos que pensaba de forma deslavazada e inconexa.

10.-Un término que aborda con mucha vehemencia es el "desarrollo", en este contexto, Amartya Sen expresa que para hablar del desarrollo de una sociedad hay que analizar la vida de quienes la integran, que no puede considerarse que haya éxito económico sin tener en cuenta la vida de los individuos que conforman la comunidad. El desarrollo es entonces el desarrollo de las personas de la sociedad. Por este motivo define concretamente: "El desarrollo es un proceso de expansión de las capacidades de que disfrutan los individuos".

11.-El autor destaca que la palabra capacidad no es atractiva en sí misma, y explica que se ha usado para hablar de las tierras y no de las personas. Sin embargo él elige utilizarla porque le parece clara para expresar las combinaciones alternativas de lo que una persona puede lograr hacer o ser: las capacidades simbolizarían las posibilidades que tienen los individuos de alcanzar desempeños valiosos.

Señala que su concepto de capacidad se asemeja a la palabra griega dunamin que Aristóteles empleó para analizar algunos aspectos del hombre, que puede traducirse como "potencialidad" o "capacidad para existir o actuar".

12.-Cabe mencionar que Sen a diferencia el concepto de capacidad humana del tradicional concepto de capital humano. Expresa que si bien ambos conceptos centran su atención en el hombre, la diferencia principal a tener en cuenta está dada porque la literatura económica sobre capital humano pone mayor énfasis en el rol del ser humano como productor de bienes y servicios, por lo que es primordial observar y estudiar cómo cada mejora en la calificación del hombre hace que éste sea más productivo. En cambio, el punto de vista de la capacidad humana planteado por Sen centra su atención en la capacidad de los individuos para vivir la vida, y por ello se analizan los motivos que éstos poseen para valorar y aumentar las alternativas reales entre las cuales poder optar.

13.-Sen también se refiere a las capacidades como las libertades fundamentales (o reales) que pueden poseer los individuos. Las define como las diferentes combinaciones de funciones que el individuo puede conseguir y que le permiten lograr distintos estilos de vida. "Por ejemplo, una persona rica que ayune puede conseguir los mismos resultados funcionales en lo que se refiere a comer o nutrirse que una persona desfavorecida que se vea obligada a pasar hambre, pero la primera tiene un 'conjunto de capacidades' diferente al de la segunda (la primera puede decidir comer bien y estar bien nutrida, mientras que la segunda no)"

14.-Dentro de los determinantes de las libertades del hombre menciona las instituciones sociales y económicas, como por ejemplo los servicios de educación y salud, o los derechos políticos y humanos, tales como la libertad de expresión y el derecho a elegir las autoridades públicas.

Finalmente, destaca que las libertades fundamentales integrantes del proceso de desarrollo no sólo son su fin primordial, sino que también forman parte de sus medios principales, están íntimamente relacionadas entre sí y pueden reforzarse unas a otras. "Las libertades políticas (en forma de libertad de expresión y elecciones libres) contribuyen a fomentar la seguridad económica. Las oportunidades sociales (en forma de servicios educativos y sanitarios) facilitan la participación económica. Los servicios económicos (en forma de oportunidades para participar en el comercio y la producción) pueden contribuir a generar riqueza personal y general, así como recursos públicos para financiar servicios sociales". El hecho de que existan libertades y derechos políticos, incluida la libertad de expresión, hace más fácil evitar desastres económicos como las hambrunas.

Bibliografía

SEN, Amarthya. Desarrollo como Libertad. 1ra Edición. Madrid: Editorial Planeta. 2000. pp. 437

 

 

Autor:

Wilber Dávila

 

Partes: 1, 2


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