HEREDERA DE FUEGO PDF - SARAH J MAAS

172030 palabras 689 páginas
Sarah J. Maas

Tronos de
Cristal #3
2

Este libro que tienen ahora en sus m anos e s el l argo trabajo de u n gran grupo de personas que, por amor a la lectura, se dieron el trabajo de traducir y corregir el libro sin compensación alguna.
Este trabajo fue hecho sin fines de lucro, con la única intención de que todas las personas que gozan de la saga Trono de Cristal, pudiesen acceder a él a pesar de no hablar la lengua original.
Por eso, este libro es de distribución gratuita, es decir, que este donde este, debe de ser descargado gratuitamente y sin problemas.
La intención con este libro no es causarle problemas a la autora, solo acelerar el tiempo en el cual las lecturas de habla hispana van a poder acceder al material.
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El mundo se tambaleo y se volvió cegadoramente brillante mientras que ella se levantaba sobre sus codos. Las aves circulaban sobre ella manteniéndose lo suficientemente lejos del halcón de cola blanca que había estado posado sobre una chimenea cercana toda la mañana, esperando para atrapar su próxima comida.
Debajo de ella, la calle del mercado era un brillante tejido de color y sonido, lleno de rebuznantes burros, mercaderes ondeando sus bienes, ropas familiares y extranjeras, y el repiqueteo de las ruedas contra el pálido adoquín. Pero donde diablos estaba elAh, ahí. Insertado debajo de una de las pesadas tejas rojas para mantenerlo frio. Justo donde ella lo había almacenado horas antes, cuando ella había trepado sobre el tejado del enorme mercado interior para sondear el perímetro de las murallas del castillos dos cuadras más allá. O lo que sea que ella pensó que sonase oficial y útil antes de que se diese cuenta que prefería tumbarse en las sombras. Sombras que habían sido quemadas lejos por el implacable sol de Wendlyn.
Celaena trago de la jarra de vino, o lo intento. Estaba vacía, lo que ella pensó fue una bendición, porque Dioses su cabeza estaba dando vueltas. Ella necesitaba agua, y más pan ácimo. Y quizás algo para el magnífico labio partido y el arañazo en su mejilla que ella se había ganado la noche anterior en una de las tabernas de la ciudad.
Gruñendo, Celaena rodo sobre su estómago y sondeo la calle cuarenta metros bajo

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