La única ventana

1949 palabras 8 páginas
La única ventana
OLGA NOLLA

Tratando de no hacer ruido, se deslizo hasta la primera puerta. Tuvo que levantarse en las puntas de los pies para alcanzar el picaporte, que giro suavemente. La luz que entraba por la puerta abierta. invadió las tinieblas del cuarto. Esta vez Ana Inés no se detuvo, como en otras ocasiones, a contem¬plar el cuadro del Corazón de Jesús que colgaba sobre la cabecera de la cama. Tampoco se sentó sobre las grandes flores azules de la colcha para dibujarlas con sus deditos trazando cada borde de pétalo, cada hoja terminando en punta. Se dirigió directamente a la ventana cerrada que remataba el fondo de la habitación y corrió los pestillos. Un cuchillo de luz hirió su rostro, pero no pestañeó. El espectáculo que
…ver más…
Muchas ve¬ces ese niño le ha sonreído y la última vez le había hecho senas para que ba¬jara. Pero Ana Inés había sentido miedo y cerro la ventana. Hoy el niño hace¬dor de juguetes sabe que ella esta allí en la ventana mas evidente que nunca, las hojas abiertas de par en par. Pero no parece interesarse por ella. La ven¬tana está allá en lo alto, al nivel de un segundo o un tercer piso y los niños se desentienden de su presencia. Aquella carita tan blanca, enmarcada por rizos castaños y un gran lazo color rosa que se asomaba por la única ventana de aquel ranchos había sido al principio una novedad, pero se habían cansado de gritarle. Ahora la ignoraban.
Solo el niño hacedor de juguetes siempre alza la cabeza para mirarla y sonriíe. Pero hay el también parecía ignorarla, atareado como esta en construir carros maravillosos. Molesta por la indiferencia de los niños, Ana Inés desprende un pedazo de madera de una parte de la ventana que esta medio po¬drida y lo arroja al hacedor de juguetes.
Cae a pocos pasos del niño y este levanta la cabeza. Con los ojos más bri¬llantes que nunca, le sonríe y le hace señas para que baje. Ana Inés siente ganas de salir corriendo, pero no puede apartar la vista del niño que construye los juguetes, que nuevamente le sonríe y le indica que se acerque. Le pediría un aro de metal con un alambre para empujarlo, ¿Se atrevería a pedírselo? Duda. Ha comenzado a temblar de ansiedad cuando

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