Un silencioso encierro

4276 palabras 18 páginas
UN SILENCIOSO ENCIERRO

No quiso comentarlo con nadie. De hecho, ninguno de sus amigos sabía que tenía un pariente. Todos creían que era huérfana, sin hermanos, ni tías, ni primos. Pero la verdad es que tenía un familiar. Alguien a quien se había propuesto a olvidar.
Ahora los recuerdos se precipitaban en su mente.

La niña tuvo que acostumbrarse pronto a la extraña rutina de vivir con esa anciana. Despertar desde la seis en punto; si no lo hacía así, un bastonazo se precipitaba en las palmas de sus manos.
Después, desayunar un vaso de agua y un poco de pan, para luego limpiar todos los cuartos de la casa, con excepción de la habitación prohibida de la vieja. A veces podía tomar un baño, pero siempre con agua fría. Y finalmente,
…ver más…
Y al final del pasillo… la puerta del inmueble número doce.
Ahí continuaba, frente al departamento: la reja de seguridad.
Se trataba de una reja, a la puerta del departamento, no justo enfrente, sino dos metros más adelante y empotrada en las paredes del pasillo, casi como si fuera una primera puerta, formando así una pequeña jaula. Una jaula que había decidido colocar la tía, como medida de protección en una ciudad cada vez más violenta, pero para Julia siempre había significado un obstáculo más para alcanzar su libertad.
Julia traspasó la reja y después la puerta principal. Cerró esta última detrás de sí. Encendió la luz y un escalofrío la invadió. Por un momento se diría que sintió que la tía y sus cabellos desordenados estarían del otro lado. Pero como era de esperarse, no fue así. Respiró aliviada. El espectáculo fue un poco menos desagradable de como lo imaginaba. Parecía que un pequeño tornado hubiera entrado ahí. Revistas, ropa, adornos, hojas de papel y kilos de periódicos tapizaban el departamento. Y el olor. Ese olor rancio y a enfermedad. Julia estuvo a punto de huir impulsada por el asco, pero depositó su bolsa, el celular y las llaves encima de la mesa del comedor y decidió seguir adelante.
Al abrir la puerta del cuarto donde alguna vez durmió, un frío le recorrió toda la piel. Se recordó acostada leyendo en voz baja y a su tía golpeando con el bastón mientras emitía su conocido: “¡Shhhh!” Le sorprendió ver que aún estaba ahí su cama, rodeada de

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