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Museos bizarros las vitrinas del morbo, la ironía y el misterio




Monografía destacada
  1. Introducción
  2. Ovnis, monstruos y criptozoología
  3. Fin del recorrido

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De izquierda a derecha

El Museo del Hombre Polilla (Point Pleasant, EE.UU), Museo Internacional de Criptozoología (Portland, EE.UU.)

y el Museo Ovni (Victoria, Entre Ríos, Argentina), claros ejemplos de la bizarría museológica

Introducción

DESDE HACE ALGUNOS años he dedicado mi tiempo libre a recorrer algunas de las principales Mecas del misterio de Argentina, guiado por el ambicioso (tal vez demasiado ambicioso) objetivo de comprender las causas, métodos y consecuencias de la difusión del irracionalismo, así como su venta, forma de propagación y protagonistas que intervienen en el proceso. Ha sido ésta una tarea por demás interesante y entretenida, en especial para un "creyente arrepentido" como yo. Volver a los temas de mi adolescencia después de tanto tiempo, con más de dos décadas de historia de las mentalidades sobre las espaldas, resultó por demás edificante ya que me permitió releer viejos problemas con nuevos ojos y reencontrar al joven que alguna fui en las opiniones crédulas de muchas personas con las que trabé relación. Por otro lado, recorrer el mundo de la ovnilogía, tan repleto de extra e intraterestres, así como el controversial universo de los monstruos y la criptozoología, me permitieron encontrar cambios y continuidades a lo largo del tiempo, lo que me ha llevado, en más de una oportunidad, a decir que estamos insertos en una renovada y romántica Edad Media Contemporánea en la que, para muchos (muchísimos), los límites entre lo real y lo ficticio se borran volviéndose poco claro, difusos y controvertidos. La incertidumbre ha resucitado antiguos fantasmas que, en realidad, nunca habían terminado de irse. Seguían entre nosotros solapados bajo un manto de un racionalismo que terminó siendo mucho más delgado de lo que suponíamos. Del mismo modo que la Iglesia Católica del siglo XVII tuvo que reconocer que el proceso de evangelización no había resultado tan efectivo como hubieran deseado sus líderes (sobreviviendo prácticas y creencias paganas, especialmente en las zonas rurales), hoy la alicaída Modernidad debe reconocer que su pretendida tarea pedagógica y enciclopedista no resultó tampoco lo suficientemente fuerte como para erradicar el pensamiento mágico, instalado en todos los estratos de la sociedad, aunque acomodado a los tiempos que corren, tanto en lenguaje como en temáticas.

En principio, parecería que vivimos en una encrucijada. En un cambio de paradigmas. Es lo que sostienen muchos de los iluminados escuderos de la New Age, argumentando que una época de "apertura mental", contraria y enemiga de la oscurantista "ciencia oficial", se está asomando entre los espíritus más preclaros. Y ahí los tenemos. Legiones de cazadores de monstruos, fantasmas y alienígenas. Ejércitos de buscadores de misteriosas "energías telúricas" y mensajes de otros mundos. Seres elegidos para ser contactados por Hermanos Superiores del Cosmos. Y no podían faltar (junto a los sinceros creyentes) los hipócritas que sólo pretenden lucrar con la cándida credulidad y falta de información de colectivos inmensos, acostumbrados a formarse mirando sólo History Channel o revistas que popularizan leyendas y mentiras como si éstas fueran verdades irrefutables.

En este largo camino en pos de historias descabelladas, me topé con ciertos lugares que al principio obvié, pero que hoy enfoco con especial interés. Me refiero a lo que desde ahora llamaremos Museos Bizarros.

¿Qué se exhiben en ellos? ¿Qué pretenden sus colecciones? ¿Quiénes las organizan y regentean? ¿Qué funciones cumplen en la sociedad actual? ¿Hasta que punto deberían llamarse "museos"? ¿Qué opinan los especialistas al respecto?

Éstas y otras cuestiones son las que trataré de responder en este breve trabajo.

Buenos Aires

Agosto 2016

Ovnis, monstruos y criptozoología

"El hombre portador de una obsesión es un

incomparable apóstol; no hay convicción

razonable obtenida por un trabajo normal del

pensamiento, que sea susceptible de apoderarse

de un espíritu tan por completo como se apodera

un delirio, de someter tan tiránicamente toda su

actividad, ni de impulsar tan irresistiblemente

a las palabras y a los actos. Contra el loco y el

semi-loco delirante resbala toda demostración

de lo absurdo de sus percepciones; no hay contradicción,

burla ni menosprecio que le altere; la opinión de la

mayoría le es indiferente (…)."

Max Nordeau

Fin de Siglo- El Misticismo, 1902

"¿Qué ves? ¿Qué ves cuando me ves?

Cuando la mentira es la verdad."

Letra de la canción Qué Ves

Grupo Divididos

EXTRAVAGANTES MUESTRARIOS de la mitología contemporánea, los llamados museos bizarros han germinado en distintas latitudes sin que las instituciones museológicas más prestigiosas, regenteadas por curadores profesionales, les reconozcan el status de seriedad que reclaman. Y no es ésta una postura injustificada o caprichosa, que parta de una actitud elitista y discriminadora. Por el contrario, creemos ver en ella cierta postura reivindicativa frente al embate de un exhibicionismo irracional y obtuso, apoyado en la supuesta existencia de extraterrestres visitando nuestro planeta y/o monstruos salidos de los exóticos catálogos de la criptozoología.

Es que sólo basta con recorrer brevemente esos autodenominados museos para advertir que estamos en presencia de meros gabinetes de curiosidades, desordenados y heterogéneos. Depósitos privados de souvenirs kitsch que, en un pretendido intento por volver concreto lo evanescente, convocan a creyentes y escépticos en igual medida, caratulando supersticiones, errores y mentiras, dentro de prolijas (aunque no tanto) vitrinas.

¿Qué identidad, qué conquistas son las se pretenden exhibir? ¿Qué rol social cumplen las colecciones de muñecos que representan estereotipados alienígenas y críptidos, como Pie Grande o el Hombre Polilla (Mothman)? ¿A qué se debe la convocatoria y asistencia del gran público a estos espacios? ¿Qué buscan en ellos? ¿Sólo entretenimiento?

Como señalan los especialistas, la conducta de la gente dentro de los museos ha cambiado.[1] Según parece, cada vez pasan más tiempo dentro de ellos. El atractivo turístico (que los museos aún más renombrados siempre tuvieron, incluso durante el Grand Tour del siglo XVIII) cobró fuerza inusitada en los últimos años y si a ello le agregamos lugares de esparcimiento, tales como bares y restaurantes dentro de las instalaciones, tenemos los componentes necesarios para explicar el cambio de conducta aludido. El museo entretiene, divierte y educa dentro una temática determinada. Esos son sus legítimos objetivos; pero en el caso de los museos bizarros existe, además, la pretensión de materializar seres y situaciones imaginarias, en un claro intento por lograr una aproximación positiva (concreta) a las fantasías.

Los museos de criptozoología y ovnis, dirigidos por curadores amateurs, en su mayoría militantes de creencias populares y supersticiones sólo apoyadas en carátulas bien escritas, terminan convirtiéndose en verdaderos espacios de resistencia al escepticismo; muros de contención al avance del pensamiento crítico y refugio de excentricidades. Tal vez por eso sean las sonrisas cargadas de ironía las únicas armas que el impío puede desplegar dentro de sus instalaciones. A no ser, claro, que se sea un ferviente creyente. En ese caso, sustentando las herramientas de una etnología fantástica y mucha imaginación, las bizarrías expuestas se transforman en los cañones con los que se pretende defender esos exagerados bastiones de pensamiento mágico.

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De izquierda a derecha

El Hombre Polilla (Mothman"s Museum, Point Pleasant), Pie Grande (Museo Internacional de Criptozoología, Portland), Extraterrestres y plato volador (Museo de Roswell, Nuevo México) y autopsia a un alien (Museo Ovni de Victoria, Entre Ríos)

Un somero recorrido al inventario de objetos que acumulan estos "museos" tan sui generis permitirá poner en duda el título que se arrogan; a menos que por "museo" entendamos el desordenado almacenamiento y exhibición de nimiedades como las que consignamos a continuación.

Por ejemplo, en el Museo de Point Pleasant (Virginia Occidental, EE.UU.) dedicado al Hombre Polilla, un simple conjunto de mesas cubiertas con manteles negros, cartelería y vitrinas, se limitan a presentar dibujos y cartulinas muy efectistas (representando al monstruo en cuestión), muñecos de peluche, figuras plásticas del Mothman, recortes de diarios (en los que se hacen públicas las denuncias de los supuestos testigos), colages de imágenes (uniendo sucesos que nunca estuvieron unidos), pins con el logo del lugar, calcomanías, alguna que otra piedra "extraña" en frascos de vidrio y (para sorpresa de todos) uniformes de los Hombres de Negro (dedicados, según la leyenda, a amedrentar a los testigos de avistamiento de ovnis).

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Museo del Hombre Polilla

Por su parte, el Museo Internacional de Criptozoología de Portland (Maine, EE.UU.), dirigido por el conocido cazador de monstruo Loren Coleman, tampoco se queda atrás a la hora mezclar la Biblia con el calefón. Observando sus salas de exhibición detectamos (¡en un museo que se supone dedicado a monstruos!) toda una colección de animales (reales) embalsamados que van desde mapaches, lobos y zorros, hasta castores, ciervos y aves domésticas (patos, gansos y gallinas). Sólo una enorme estatua (tamaño "natural") de Pie Grande sobresale en el salón principal, convocando a todos los curiosos a sacarse las consabidas fotografías de rigor. Asimismo, la escultura plástica de un celacanto colgada sobre una pared, repite (sin palabras) el mismo argumento con que los libros de criptozoología inician sus fantásticas exposiciones. Claro que, como el pez prehistórico no basta y no hay demasiados bichos de los que agarrarse, Coleman no dudó en acudir a Hollywood, exhibiendo máscaras y figuras de yeso del Monstruo de la Laguna Negra, King Kong, los gremlins y dinosaurios propios de la película Parque Jurásico.

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Museo Internacional de Criptozoología

Todo es un cambalache de dibujos vistosos, peluches (es extraordinario un enorme Kraken de goma espuma color rojo), un pequeño zoológico de juguete compuesto por animalitos supuestamente misteriosos y a la venta (osos panda, leopardos, gorilas y okapis), discos compactos, libros, remeras y hasta réplicas plásticas de las famosas huellas plantares de Pie Grande.

Más que un museo, lo que Coleman organizó es un Shopping de souvenirs. Una exhibición desvergonzada de bizarrías. Y lo mismo ocurre en el Museo Ovni de Roswell en Nuevo México, cuna emblemática de la mitología ovni.

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Museo Ovni de Roswell

Pero América del Sur no se queda atrás. También nosotros tenemos nuestras guaridas de extraterrestres en exposición.

Tres son los más conocidos. En primer lugar (el decano de todos ellos) es el que se levanta a la vera de la ruta que comunica la ciudad de Santa Rosa de Calamuchita con Villa General Belgrano, provincia de Córdoba. Se mantiene en pie desde 1973 y su "curadora", una alemana entrada en años, es la que hace de guía, conferencista, experta y divulgadora de la presencia alienígena en la Tierra desde tiempos prehistóricos. Tal vez la mezcla de artefactos arqueológicos con fotos de aparentes naves de otros planetas y dibujos (estilo New Age) pretenda conectar el pasado humano con los hermanos cósmicos venidos de las estrellas (que han bajado para enseñarnos el poder los diferentes chakras que tiene el cuerpo humano).

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Museo Ovni de Villa General Belgrano (Córdoba)

Pero si de museos ovni hablamos, el de la ciudad de Victoria (Entre Ríos) se lleva todos los premios.

Allí, en un predio amplio (que ha recibido sorprendemente el apoyo institucional del senado de la provincia) la propietaria y guía del lugar no escatimó esfuerzos al mixturar figuras del maestro Yoda con el ET de Steven Spielberg, soldados imperiales de Star Wars con duendes; gorras, remeras y llaveros con el logo estampado de la institución y una representación a escala humana de la autopsia supuestamente realizada a un extraterrestre en Roswell, en 1947.

Pero como si todo eso fuera poco, el museo tiene el privilegio de contar entre su colección el único resto capturado de un ovni: un pedazo de chapa que, según dicen, es traslúcida y extremadamente resistente a la presión.[2]

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Museo Ovni de Victoria

Finalmente, para no aburrir con repeticiones, habría que considerar a aquellos "museos" que, sin exponer objetos tan rimbombantes, se constituyen en repositorios de artículos periodísticos y fotos (en más del 90 % borrosas y susceptibles de diversas interrelaciones, cuando no lisos y llanos fraudes). Sitios atiborrados de recortes de diarios, fotocopias de libros relacionados con la temática y dudosos informes oficiales, a través de los cuales se pretende demostrar la existencia objetiva de los fenómenos aludidos. El poder de la palabra escrita y el hipnótico efecto de las letras de molde en recortes antiguos se apoyan y complementan mutuamente, reeditando así la acrítica y vieja afirmación de que "todo lo que sale en los diarios es cierto". Este culto a las noticias dudosas (y/o falsas) se inscribe dentro de una corriente sensacionalista, a la que todos los propietarios de museos bizarros se adscriben. El CIO (Centro de Investigación Ovni) de Capilla del Monte (Córdoba) y el Bigfoot Discovery Museum (Felton, California)[3] serían dos buenos ejemplo de lo que hablamos.[4]

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De izquierda a derecha

Salón de exposición del CIO y el Bigfoot Discovery Museum

Por todo lo reseñado, es imposible no acercarse a estos lugares sin desplegar argumentos críticos; y es lo que efectivamente ocurre tanto con escépticos como con creyentes. Los primeros, indignándose por la exhibición y culto a lo que consideran falsedades. Los segundos, por considerar que las colecciones bizarras de muñequitos y figuras que adornan los "museos" no hacen otra cosa que tomar en broma lo que suponen cierto y serio. Son estos voluntariosos creyentes los que han difundido una interpretación por demás conspirativa: los museos son financiados secretamente por los gobiernos y milicias más poderosas del mundo a fin de desacreditar, a través del ridículo, "el mayor secreto de la historia humana".[5]

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Museo Fantástico de la Bestia de Gevaudan, Auvernia, Francia

Pero detrás de cada uno de estos museos existe una intensión no dicha en voz alta. Un propósito narcisista que convierte a su propietario/"curador" en la estrella principal de la exhibición.

Al ser privados (creo que ningún Estado podría justificar ante sus contribuyentes gastos en instituciones de este tipo), el fundador se arroga el rol de pionero incomprendido. Una especie de Quijote que, en solitario, combate a las olas escépticas que lo acosan, sin importarle caer en el descrédito y aspirando a ser recordado en el futuro por sus excéntricas colecciones y teorías.

Fin del recorrido

Cual pretenciosos altares al misterio, los Museos Bizarros nombrados enarbolan los mitos contemporáneos de ovnis y monstruos en el alto mástil del espectáculo y el entretenimiento; guiando a los visitantes por el sendero que lleva al sagrado espacio prejuicios. Una vez allí, el curioso es expuesto a aseveraciones improbadas en las que las preguntas incisivas son coartadas de raíz y la duda se transforma en la peor de las herejías.

Quien decida pagar la entrada correspondiente debe estar, desde el principio, abierto al "Mulderista" deseo de creer; aceptando, como si de un catecismo se tratara, el barroco mensaje visual etiquetado al pie de cada objeto exhibido. Un Vía Crucis de figuras e historias exóticas en el que no hay espacio para la reflexión (a menos que uno quiera pasar por un aguafiestas ignorante).

Más allá de cualquiera denominación que quiera dárseles, estos museos no son más que un Tren Fantasma de leyendas instaladas en el que las formas se imponen sobre el contenido, forzadas por la imposición de un horror vacui alimentado de chucherías.

Claro que siempre está la posibilidad de salir. La de volver a la aburrida y desangelada realidad cotidiana.

Sólo recién afuera, la irónica sonrisa de la razón podrá explayarse sin condicionamientos ni la influencia cósmica de los marcianos y sus socios terrestres, desplegando libremente la honestidad intelectual que nace de las pruebas concretas.

FJSR.

Notas:
[1] Véase: Pérez Bergliaffla, Mercedes, “¿En qué se han convertido los museos?”. Disponible en Web: http://www.revistaenie.clarin.com/arte/convertido-museos_0_808119190.html

[2] Véase: Agostinelli, Alejandro, “Cielo picado en Victoria” en Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2009, pp. 299-322. Asimismo leer en la página del CEA (Círculo escéptico Argentino) Visita al Museo Ovni. Disponible en Web: http://circuloesceptico.com.ar/2012/01/museo-ovni-1

[3] Véase: Bigfoot Discovery Project. Disponible en Web: http://bigfootdiscoveryproject.com/museum-archives/

[4] Una nota aparte se merece un museo francés dedicado a la Bestia de Gevaudan (Musée de la Bëte de Gevaudan) fundado en 1999 en Saugues (Auvernia, Francia) y enfocado al estudio histórico de los crímenes ocurrido en el siglo XVII (atribuidos, oportunamente, a un Hombre-Lobo). Véase en Web: http://www.betedugevaudan.com/es/musee_fantastisque_es.html

[5] Véase: Roswell Museo de Ovnis. Disponible en Web: https://www.youtube.com/watch?v=P1Vhb2clOBw

 

 

 

Autor:

Fernando Jorge Soto Roland.


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