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La pampa argentina: frontera, misterios y seres extraños de la mitología extraterrestre




Partes: 1, 2
Monografía destacada
  1. Prólogo personal
  2. Tierra adentro
  3. Los "malentretenidos" del espacio exterior
  4. "Chupatanques" y teletransportados

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La Pampa de los alienígenas

Prólogo personal

Comencé a viajar regularmente a La Pampa a fines del 2006 por motivos estrictamente personales: mi esposa es oriunda de allí; más estrictamente de Ingeniero Luiggi, un pequeño pueblo al norte de la provincia y a escasos 62 Km. del límite con el sur de Córdoba.

No conocía esa parte de Argentina, pero tenía de ella una idea más o menos acabada por mis lecturas previas, algunas pinturas y dibujos del siglo XIX y, naturalmente, fotografías contemporáneas como las que decoran las guías de turismo que publicitan a nuestro país en el extranjero.

Desde entonces pasamos en ella numerosos e inolvidables veranos, cuando mis hijos eran aún pequeños; disfrutando de riquísimos asados, charlas interminables, caminatas nocturnas y decenas de historias nacidas en las largas sobremesas tras la cena. Fueron momentos únicos, como el imponente cielo estrellado con el que nos deleitábamos todas las noches. Un cielo prístino, sin smog. Incontaminado. Tachonado de estrellas. Un firmamento que invitaba a fantasear y estimulaba la imaginación.

Así fue como nacieron ?ante la atónita mirada de los chicos? relatos sobre luces malas, espectrales gauchos que aparecían y desaparecían, mesas servidas y platos voladores rondándonos por las cercanías.

Pocos momentos son para mí tan profundos como los de verme en el medio del campo, de noche, rodeado de nada y mirando hacia arriba. Constituye un verdadero manantial de sensaciones, en el que la razón se aletarga y los cuentos de la infancia se vuelven plausibles. Y no fueron pocas las ocasiones en las que recordé los extraños eventos que alimentaron mi adolescente credulidad durante la década de 1970; cuando devoraba libros referidos al tema ovni y buscaba alguna luz extraña que confirmara las historias con las que intoxicaba mi tiempo libre.

Muchas de esas historias leídas habían trascurrido en La Pampa. Y no era para menos. El escenario resultaba perfecto. Cualquiera con un poco de ganas podía ver lo que quisiera es ese impactante universo de estrellas que teníamos como bóveda cada anochecer.

Después de más de dos décadas de escepticismo ?alejado de la literatura sobre extraterrestres y sumergido en el mundo de la historia académica desde 1992? los casos que habían impactado mi temprana imaginación estaban en gran parte olvidados. Así todo, aquellas caminatas nocturnas me retrotrajeron a los titulares que solían salir en los periódicos de mi pubertad; los que recortaba y coleccionaba con la esperanza de crean un archivo ovni personal, a la postre extraviado en alguna de mis muchas mudanzas.

Aquellos primeros días en Ingeniero Luiggi tuvieron ?ahora lo sé? un efecto a largo plazo. Más de diez años después ?con otros intereses y una mirada diferente sobre la cuestión? regresé a la ufología, sin haber sido nunca un ufólogo, a pesar de las centenares de horas invertidas leyendo sobre el tema.

El regreso del que hablo ?muy común en aquellos que superamos los cincuenta? se debió en gran parte a los comentarios que oí de boca de conocidos y parientes políticos (todos ellos segunda o tercera generación de pampeanos y experimentados hombres de campo). Eran historias en las que no creían. Jamás habían visto cosas raras, pero eran las mismas que yo conocía desde hacía mucho tiempo. Historias extraordinarias que hablaban de vacas mutiladas, tanques australianos vaciados en una sola noche, chupacabras, abducidos, enanos orejudos, seres que brillaban en la oscuridad y luces misteriosas en el cielo.

Así fue como volví al mundo de la mitología ovni y las antiguas experiencias de lector crédulo asomaron. En otro envoltorio, claro.

Lo que sigue es una mirada personal sobre los eventos más renombrados presuntamente ocurridos en la provincia de La Pampa. Tras recorrer desde hace seis años otros emblemáticos escenarios del mundillo ufológico vernáculo ?Capilla del Monte (Córdoba), Victoria (Entre Ríos)? y estudiar en profundidad otras mecas de lo extraño ?Point Pleasant y Flatwoods (West Virginia, EE.UU.)? encaro ?ahora? una tarea que tenía pendiente, previa lectura de mucho de lo que se ha escrito en los últimos tiempos (sin que, oportunamente, me interesara en ello)

Espero estar a la altura de las circunstancias.

Octubre 2017

Buenos Aires

PARTE 1

Tierra adentro

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Paisaje pampeano

Desde el siglo XVIII, cuando viajeros extranjeros tuvieron la oportunidad de atravesar y explorar el interior del antiguo Virreinato del Río de la Plata, inspeccionando y relevando las actuales provincias de Buenos Aires y La Pampa, empezaron a tejerse estereotipos literarios básicos que caracterizaron a la región y que, con el tiempo, ayudaron a definir la identidad geográfica de lo que sería mucho después la Argentina, tipificada predominantemente por la orografía pampeana. Era sin duda un reduccionismo caprichoso pero que tuvo fuerza en su aplicación dentro y fuera de la región, independiente de la corona ibérica desde 1816.

La llanura infinita pasó así a sintetizar una parte importante del "ser nacional" de la mano de escritores y reporteros, exploradores y viajeros que, en libros, diarios de viajes y artículos en periódicos y revistas por suscripción, instalaron los fundamentos de una geografía imaginaria en donde la distancia y la soledad, la frontera y "el otro" (el indio, el salvaje y la barbarie) contrastaron con el mundo civilizado, urbano, siempre asociado al Progreso proveniente de Europa.

Alejarse de la ciudad de Buenos Aires era sumergirse en un espacio desconocido. Salirse del mapa. Entrar en un océano de tierras planas. Infinito. Sin límites. Una tierra virginal que podía transformarse en Paraíso o Infierno según las circunstancias. Un "desierto" a conquistar. A lotear. Una geografía promisoria en la que todo era posible con esfuerzo y tesón. Un trampolín al éxito mediato y la posibilidad de concretar en ella los sueños pospuestos en otros lares. Claro que, aunque la propaganda política haya cargado las tintas en sus aspectos más positivos (había que poblar el desierto), nadie puede dudar de que ?en las muchas líneas publicadas? sus miserias y peligros saltaban a la vista, encarnados en sus habitantes originarios (aborígenes), el mestizaje cultural propio de los gauchos (pendencieros, malentretenidos) y el aislamiento, que amenazaban desde adentro el proyecto europeizante de la elites del siglo XIX.

Todos los paisajes son construcciones estéticas y morales. Las metáforas han calado hondo en el imaginario colectivo y, una vez instaladas, terminan por naturalizarse. Se cristalizan, pasando a ser instrumentos esenciales a la hora de definir un territorio y publicitarlo. Esto ocurrió con otros escenarios naturales, artificiosamente reelaborados por el hombre: el bosque, la selva, la montaña y, en nuestro caso particular, la pampa como región.

Los vientos de la historia han querido que este último vocablo ?de origen quechua? pasara a designar a una de nuestras provincias y terminara remitiéndonos a ideas que son, en su mayor parte, las que señalamos arriba. No hay, pues ?en primera instancia?, manera de pensar en otra cosa. La pampa, como vocablo, nos conduce a un universo exótico. Un exotismo que ?como siempre ocurre? se vuelve más y más extraño en relación con la distancia.

"Cuanto más lejos, más raro", reza el dicho colonial; y a esas regiones remotas son a las que transferimos nuestros sueños, miedos y ansiedades. Reconfigurándolas. Reconstruyéndolas con palabras. Creándose así una Pampa en gran parte imaginaria. Cargada de prejuicios y falsedades. Atrasada, supersticiosa, irracional. India y mestiza. Rural. Lejana al racionalismo de gabinete venido del otro lado del Atlántico y afincado, desde la época de las polis, en núcleos urbanos cargados de un fuerte sentimiento de superioridad.

Aún hoy La Pampa sigue siendo una de las provincias menos pobladas de Argentina (314.749 habitantes)[1], condición que contribuye a mantener vigente parte de los recelos mencionados.

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Llanura y caldenes

El espacio es también un discurso. La apropiación simbólica de un territorio al que se le atribuye ciertas cualidades con las que se pretende instaurar un escenario determinado, moldeado por el hombre. En mi opinión, la ufología de los últimos veinte años (de "capa caída", como casi todos reconocen) ha estado buscando construir uno ?en La Pampa? con características liminales. Abierto a lo extraordinario. Dispuesto a aceptar el encantamiento propio de un mundo poblado de maravillas; dentro de cuyo contexto "los Otros" pululan sin contradicciones. Especialmente las entidades alienígenas (que, como bien saben los "expertos", son de muy diferentes especies).

Por su parte, los caprichos de la geografía y el ambiente pampeano contribuyeron a esta idea alimentando, en ciertas organizaciones ufológicas, dos tendencias dominantes. En primer lugar, la del deseo de creer en algo que trascienda lo terrestre y convierta a la región en una privilegiada "zona-ventana" de fluidos contactos con humanoides de otras galaxias (o dimensiones). Una especie de avanzada diplomática que asegure, en segundo término, la instauración de un redituable polo de turismo alternativo-ufológico, como ocurre en Capilla del Monte (valle de Punilla, Córdoba), Roswell (Nuevo México, EE.UU.) o la "apolillada" localidad de Point Pleasant (West Virginia, EE.UU.).

La abundante bibliografía regional ?que exalta los eventos anómalos de lugares puntuales como los citados en el renglón de arriba? tiende a encumbrar sus hechos misteriosos con el propósito de colocar a la zona en cuestión sobre el podio de los "territorios sobrenaturales más famosos del mundo". Claro que no son pocos los problemas que surgen a la hora de delimitar claramente el espacio. Ni todas han tenido el mismo éxito. Partamos del hecho de que se valen de la casuística ovni, que funcionaría a modo de mojones, demarcando fronteras, separando espacios con mayor o menor actividad, como si los alienígenas se interesaran por los artificiales límites políticos, impuestos por las guerras de independencia y los conflictos interprovinciales que sacudieron a nuestro país (y otros) por espacio de casi siete décadas (1810-1880). Tal vez por ese motivo sólo sea posible intentarlo de manera local (tal o cual pueblo en particular), más que de un modo regional. Aunque el encanto de saberse parte de todo un territorio lleno de posibilidades cuasi-mágicas (una provincia, por ejemplo) es tentador.

Las herramientas discursivas sirven y han servido para esos propósitos. Pero es claro que, en el caso pampeano, las fuerzas intervinientes nada tienen que ver con sentimientos fuertemente construidos como el nacionalismo. Incluso el regionalismo no llega a tanto (por más que en Córdoba ya se haya decretado, desde las altas esferas, la Fiesta Nacional Alienígena de Capilla del Monte).

Reconozco que los mitos se construyen (y destruyen) con historias no siempre verdaderas. Develar las tergiversaciones y las intensiones que hay detrás de ellos es parte de nuestra tarea como historiadores. Una tarea no exenta de rechazos y críticas. Demoler un mito instalado suele resultar por demás complicado; incluso imposible según los casos. La emoción posee una fuerza no siempre advertida a primera vista, especialmente cuando la "fe" entra en juego. En esas circunstancias el debate suele convertirse en un diálogo entre sordos. Estancándose. Dando la impresión de estar ante batallas perdidas de entrada. Pero la honestidad intelectual debe prevalecer. Después, que sean la razón y el tiempo los que hagan el resto.

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Fronteras

Leyendo algunos de los incontables casos de supuestas apariciones de naves extraterrestres en La Pampa, se advierte (tal vez de un modo no explícito) el referido intento de construcción de un espacio (incluso muchos años después de la "oleada" de denuncias del año 2002, que colocaran a la provincia mediterránea en el Top Ten de las regiones más "visitadas").

Detrás del uso de descripciones, adjetivos y metáforas utilizadas por los creyentes y adeptos al tema, descubrimos un territorio pampeano siempre abierto a las incursiones alienígenas; buscándose trazar un mapa alternativo que encumbre a toda la región dentro del universo de lo misterioso. Un territorio mágico.

Claro que para ello hay que instalar fronteras. Algo que la actual provincia conoció desde la llegada de los primeros europeos, cuando la convirtieron en una faja fronteriza interna con el indio, con lo primitivo, con "lo otro" y hoy ?de la mano de los ufólogos? con lo extraterrestre.

Curiosamente, el vocabulario utilizado para cartografiar y relatar ese espacio ?"en el que se respira ovnis"[2]? sigue siendo muy parecido al usado por los escritores del siglo XIX a la hora de trazar sus fronteras imaginarias y mostrar la geografía pampeana a los ?por entonces? lectores occidentales. Una frontera ?la actual? en la que seres daimónicos[3]ajenos al planeta, se territorializan por medio de una intrincada red semiótica en la que intervienen, como ya dijimos, periódicos, revistas, programas de radio, televisión y videos de Internet.[4]

Así como resultó complicado hacer coincidir los límites del Estado con los límites de la Nación, los sucesos extraños en torno a la presunta presencia extraterrestre en La Pampa acarrean el mismo problema. Cuestión de la que no estuvo ajeno el famoso Triángulo de las Bermudas[5]en cuyos límites ?se dijo? desaparecen de modo misterioso barcos y aviones pero que, a la hora de ubicarlos en un mapa siguiendo los registros oficiales (y no las mentiras de Charles Berlitz), poco tiene de "triángulo".[6] Una de las tantas pruebas inequívocas de que la promocionada y esotérica figura geométrica de tres vértices no fue más que un atractivo invento de un comerciante sin escrúpulos.

Cabe entonces preguntarnos: ¿son los artículos y reportajes sobre seres extraterrestres en La Pampa los textos fundadores de una nueva ovnilandia vernácula?

Imposible saberlo por ahora. Aunque, todo es factible en la dimensión desconocida. Especialmente cuando lo que se intuye es un clima neorromántico que exacerba lo propio como inspiración, reivindica lo regional y pone en tela de juicio cualquier aproximación racional y verosímil sobre el tema, exigiendo una absoluta disposición a tener las "mentes abiertas"; al tiempo que instala a la noche (y al infinito) como el escenario ideal, local, fantástico y sobrenatural por excelencia.

Parecería que, cuando la realidad no concuerda con la imaginación, la última es la que vence; difundiendo presentimientos, voces vagas, apariciones y milagros (incluso tecnológicos). Como los que circulan por el campo.

Sobre todo ello hablaremos en el apartado siguiente.

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Típico encuentro con lo anómalo

según la mitología ovni

PARTE 2

Los "malentretenidos" del espacio exterior

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El imaginario a full

En una provincia de inmensas extensiones abiertas y predominantemente agrícola-ganadera, los productores rurales, peones y camioneros suelen convertirse en los más destacados protagonistas de las historias que conforman el relato ufológico local. Personas aisladas en lugares inhóspitos. Inmersas en una llanura dilatada, expuestas al cielo y los elementos en un contexto de silencios y pocas palabras. Un verdadero panóptico que agiliza y facilita la mirada del paisaje. Que permite otear a 360° sin inconvenientes. Casi hasta el horizonte. Tropezando pocas veces con valla alguna, a no ser un monte de caldenes o unas apenas insinuadas elevaciones de poca altura en el sector sur.

El escenario es perfecto. Ideal para que esos testigos privilegiados puedan transformarse en los actores principales de sucesos poco convencionales y de gran impacto mediático.

Como los serenos en los relatos de fantasmas, estos verdaderos vigilantes de la noche rural, víctimas de abducciones y testigos de eventos inverosímiles, pasan a ser los expertos que los ufólogos consultan ?y condicionan? en sus "investigaciones de campo", reconociéndoles la experiencia lógica (aunque no siempre sea así) del baqueano conocedor del terreno y especialista ducho en la lectura de la naturaleza. Tal vez por eso sus dichos tengan ?especialmente para el habitante de ciudad? un alto grado de confiabilidad, al que se le suma el estereotipo del gaucho sincero, solidario y ajeno a la mentira (otra construcción literaria, en todo contraria a la divulgada durante el siglo XIX). Así, pues, no es extraño detectar que sus testimonios sean aceptados con mayor credulidad y menos reparos críticos. Especialmente en épocas de crisis.

No es casual que hayan sido los años 2002 y 2003 los que encumbraron a La Pampa al preponderante sitial de ser la tierra elegida por los ovnis y sus tripulantes. Historiadores, antropólogos y periodistas defensores de la hipótesis psicosocial han sido explícitos al respecto.[7] Muchos supieron leer, en el contexto traumático de aquellos días, las claves para explicar las decenas de denuncias sobre luces en el cielo, vacas mutiladas y extraños enanos orejudos paseándose por pueblos y rutas pampeanas. Sin olvidar, por cierto, los tanques australianos que, de la noche a la mañana, aparecían misteriosamente vacíos, sin una gota de agua.

Estábamos siendo expoliados. Explotados y sorprendidos por fuerzas ajenas. Extrañas y anónimas. Había que darles forma. Concretizarlas. Volverlas visibles de alguna manera para poder entenderlas y combatirlas; por más que las hipótesis expuestas hayan oscilado de las más cuerdas a las más delirantes. Sea como fuere, el aciago contexto nacional de un país a la deriva, se volvía con ellas un poquito menos incomprensible, sumando misterios que, a la postre, no resultaban tan misteriosos para millones de habitantes acostumbrados a creen en la existencia de extraterrestres visitando nuestro planeta.

Las luces malas de antaño se modernizaron. Las almas en pena del Martín Fierro se subieron a naves interestelares y la ansiedad, generada por la amenaza física y social a la que estaba sometida la población por las medidas neoliberales de entonces, generaron la fantasía mediática de estar sometidos al expolio de órganos de uno de los símbolos ?como indica el periodista Alejandro Agostinelli? más caros (en los dos sentidos del término) del imaginario nacional: las vacas.

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Vaca mutilada, La Pampa, Argentina (2002)

Nos estaban despanzurrando animales por todas partes y La Pampa, tierra de ganaderos, ocupó varias primeras planas de diarios y revistas. La televisión sensacionalista se hizo eco de la noticia y la condimentó con especialistas en el tema. Así, un variopinto desfile de charlatanes inundó las pantallas hogareñas a la hora de la cena. Las explicaciones se sucedieron a granel. Las vacas eran mutiladas por extraterrestres, sectas, avispas carnívoras, ratones hocicudos, organizaciones secretas de cirujanos (¿?) y hasta se llegó a importar de Puerto Rico al mismísimo Chupacabras. La temática vendía. El rating se disparaba. Los diarios se agotaban. Pero en realidad muy poco era lo nuevo que se asomaba bajo el sol.

El fenómeno no era una novedad, ni algo exclusivo de nuestro país. A lo largo y ancho del planeta nos encontramos con síntomas sociales que se reflejan y traducen de un modo casi idéntico. Las mutilaciones vacunas tenían sus antecedentes en el crítico Estados Unidos de la década de 1970, en donde se registraron, según el FBI, unos diez mil casos de animales cuidadosamente mutilados (y convenientemente analizados de manera oportuna).[8] Pero ha sido en el Perú donde la invasión de seres extraños ?en momentos críticos? adoptó una forma singular ?muy autóctona? de manifestarse (y si bien el factor extraterrestre está ausente, la esencia de los relatos es semejante). Permítame el lector dejar por un momento las planicies pampeanas para trasladarlos a otra región también húmeda: la selva (yunga) andina.

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Masacre de Bagua, Perú, 2009

Hacia junio de 2009, en plena crisis hiperinflacionaria, el gobierno de Alan García ordenó el desalojo de manifestantes indígenas amazónicos que bloqueaban una carretera, cerca de la localidad de Bagua. Las consecuencias de la represión fueron brutales. Hubo 33 personas muertas. Resultó una verdadera masacre que desató rumores respecto de la existencia de hombres/criaturas blanco/as deambulando, espiando y atacando a los indios con propósitos inverosímiles. Se los denominó de diferentes modos: pichtacos, pelacaras, bultos, selladores o simplemente "gringos alados". La percepción de estar siendo expoliados de sus tierras y derechos ?tanto por el gobierno como por empresas extractivas extranjeras? desató la histeria y la violencia, mixturándose con antiguas creencias amazónicas.

Indios shipibos, awajúns, yines, yaneshas, ashaninkas y wampis, sintieron la certeza de que los estaban aniquilando. Y no estaban del todo errados: se calcula que los agresivos proyectos de colonización emprendidos por los presidentes Fernando Belaúnde y Alan García, produjeron ?entre 1980 y 2000? un total de 6000 muertos y unos 15.000 desplazados. Las empresas petroleras y forestales (legales e ilegales) cubrieron con creces sus costos y embolsaron verdaderas fortunas con esas operaciones.

Fue en este clima de tensión cuando empezaron a difundirse noticias sobre la presencia de personajes sobrenaturales: "seres como gringos con alas de acero" que asesinaban niños y niñas para sacarle los ojos y el corazón. En ocasiones se dijo que descendían por las noches dentro de bolas de cristal (bultos voladores) que reflejaban luces y que tenían como meta llevarse los órganos extraídos a los Estados Unidos para transplantes de gente anciana.

Las teorías conspirativas estallaron. Los gobiernos locales, los directores del Programa Nacional de Apoyo Directo a los Pobres, turistas inadvertidos y vecinos menos simpáticos, cayeron en la volteada, siendo acusados de colaborar con los monstruos o ser ellos mismo los responsables de los crímenes. En ocasiones fueron perseguidos, atrapados y asesinados por la turba. El delirio llegó a ribetes inimaginables. Muchos creyeron que los funcionarios del Estado utilizaban los programas de asistencia social para sellar (marcar) con un código de barra a los niños, facilitando así los futuros raptos y mutilaciones de los más aptos.

Tal vez sea éste un caso extremo que muestre cómo en un contexto de crisis terminal, ?y en combinación con una percepción negativa del Otro? puede desencadenarse un pánico social desbocado, irracional y violento.[9]

En Argentina no se llegó a tanto. Pero, igual que en el Perú, las entidades más bizarras de la imaginación (moldeadas, claro, por lecturas previas) llenaron las páginas de los diarios, espacios de radio y televisión.

Demás está decir que nadie aventuró que las vaquitas fueran mutiladas para que sus órganos fueran usados en transplantes a algún anciano de otro planeta.

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Mapa de La Pampa

Durante los últimos días de mayo y los primeros de junio de 2002, las localidades y parajes cercanos a Padre Buodo, Ataliva Roca y General Acha ?todos en La Pampa? se vieron convulsionados por la sorpresiva aparición de un ser que los medios describieron como un enano orejudo, color plomizo, que parecía querer comunicarse por medio de onomatopeyas incoherentes y que no sólo brillaba en la oscuridad, sino que cambiaba de color. Sus sucesivas incursiones coincidieron con las denuncias de ganado mutilado y luces misteriosas en la zona, con lo cual el clima de irrealidad y temor empezó a propagarse por los pueblos, generando las condiciones para que se diera un brote de histeria colectiva que, naturalmente, generó nuevos avistamientos.[10]

Según sindica el diario La Reforma de General Pico, la noche del 24 de mayo de 2002, un joven (anónimo) que hacía dedo a vera de la Ruta Nacional 35, en las cercanías de Padre Buodo, presenció la aparición de una extraña criatura que describió como enano y orejudo. El susto que se dio fue enorme y, según dicen, debió ser asistido en un puesto sanitario cercano.[11] Dos días más tarde, otro vecino, José Luis Cowan ?mientras viaja por la noche y pasaba a la altura Padre Buodo? pudo ver una extraña luz que subía y bajaba en pleno campo, emitiendo rayos de colores, a muy poca distancia del suelo.[12]

La asociación de ambos sucesos en el mismo artículo periodístico perseguía, naturalmente, entrelazar al enano con los ovnis; por más que el pobre (y desconocido) muchacho no haya declarado una palabra respecto de la presencia de nave extraterrestre alguna en el lugar. Sólo la licencia poética del reportero de turno terminó juntando y dándole sentido a dos "hechos" en principio aislados. Pero la historia cerraba. Era atractiva. Vendía. Y, aunque la noticia sensacionalista no se tome nunca demasiado en serio ?dada la prudente cuota de ironía siempre deja abierta una hendija a la refutación, para salvar la reputación del medio y del reportero responsable (sic)[13]? nunca faltarán los incautos que caerán en la trampa, creyendo en cosas que nunca existieron.

Pero la cosa no terminó ahí. Quince días más tarde La Reforma retomó el tema. Ahora parecía que todos veían enanos orejudos por doquier.[14]

Entre el 2 y 9 de junio de 2002 el enano tuvo una semanita de lo más ajetreada, realizando incursiones (siempre fugaces) al menos en dos localidades pampeanas: General Acha y Ataliva Roca.

Varias amas de casa y un obrero de la construcción juraron en los medios haberlo visto.[15] Lo describieron de modo similar al primer asustadizo muchacho que se lo cruzara en la ruta. Pero ahora el extraño ser humanoide ?que empezó a adoptar, según los dichos, el tradicional color verde del folclore? parecía arriesgarse a más. Ya no se contentaba con visitar los desolados caminos provinciales, sino que empezaba a pasearse impunemente dentro del casco urbano. Una vecina de Ataliva Roca, Marta Superí, atestiguó haberlo observado en el patio de su propia casa al momento de salir a colgar la ropa a las 21:30 horas.[16]

Con cada nueva aparición el identikit mejoraba. Así, a sus grandes orejas y brillo natural que emanaba de su cuerpo, se agregaron manos con tres dedos, largas uñas, piernas delgadas y el color esperanza antes referido.[17]

Hacia fines de junio el ser desapareció de los medios, tras haber sido denunciado por un anciano ?quien lo describió como "un bicho de color verde chillón"[18]?, cuatro niñas, en la localidad de Castex[19]y dos jóvenes peones de 17 y 19 años de edad, en las cercanías del pueblo de Parera.[20] La extraña criatura parecía no hacerle asco a ningún grupo etario.

Coincidentemente a la lenta recuperación social e institucional del país desde 2003, el "bicho" espació sus incursiones y recién en noviembre de 2005, un tractorista ?Erik Jeremías Estrada (16 años)? otra vez en cercanías de Parera, se llevó el susto de su vida cuando observó ?sobre unas bolsas y a sólo dos metros de distancia, según dijo? un cuerpo chiquito (una silueta) con dos ojos rojos de los que salían finos rayos (como punteros láser). Aterrado corrió al tractor, se metió en él y allí esperó a que su familia llegara, encontrándolo en un total estado de histeria.[21]

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Representación tradicional de un contacto

Si bien la "gran oleada de enanos extraños" se la puede dar por terminada hacia fines del 2002, la provincia nunca dejó de tener, esporádicamente, visitas misteriosas. En mayo de 2006 otro "caso" sacudió a la opinión pública. En esa oportunidad, un joven policía de General Pico (Sergio Pucheta), tras 18 horas de desconocerse su paradero, aseguró haber tenido contacto con humanoides de ojos rojos que le impartían órdenes telepáticamente.[22] En 2013, Pucheta fue dado de alta y jubilado (pasado a retiro) por prescripción médica.[23]

Claro que había antecedentes. En agosto de 1983, Julio Platner, un vecino del poblado Winifreda ?recientemente fallecido[24]protagonizó uno de los supuestos actos de abducción más famosos de la Argentina.[25] La televisión, los medios gráficos y numerosos grupos ufológico pampeanos se encargaron de mantener vigente aquel episodio que, como señalamos, se convirtió en un caso emblemático dentro de la llamada "Hipótesis Extraterrestre".[26]

Distinta suerte corrió el "Caso Alberto Tavernise"[27], un herrero de 59 años que en agosto de 2014, en las cercanías de Luan Toro (La Pampa), aseguró haber sido atacado por extraterrestres mientras cazaba por la zona, llegando incluso a matar a uno de ellos.[28] Lamentablemente los grises compañeros de la víctima se llevaron su cadáver, dejándonos sin prueba alguna del "hecho" (a no ser el testimonio del cazador, que fuera rebatido por el dueño del campo donde practicaba el sangriento deporte).[29]

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El cazador de "grises" y la garrafa gris a la que le disparó

La fuerza del imaginario no se agota con una crisis política, económica y social como la que sufrimos en 2002-2003.[30] Sólo se exacerba y amplifica, pero no desaparece. A cuenta gotas, los seres extraños (enanos orejudos, grises o verdes) siguen asomándose de a ratos. Brillan por unos días, se reinstalan en la sociedad gracias a los medios y, transcurrido un tiempo generalmente corto en épocas de estabilidad, regresan a las sombras para ser olvidados por un lapso que sólo el contexto social pareciera determinar. Por eso, sus fugaces reingresos en la realidad son constantes, revelando ser parte de la materia prima con la que construimos y fundamos ?más allá de lo racional? nuestra representación del mundo (y en este caso concreto la del "espacio pampeano", según indicamos en la primera parte).

Como elementos distinguibles de nuestra cultura contemporánea desde la década de 1950, las "criaturas extrañas"[31] que asolaron la tranquilidad de pueblos y parajes relativamente aislados (Padre Buodo, Winfreda, Parera, etc.), ayudaron (y siguen ayudando) a la organización, percepción, representación y vivencia del espacio. Alimentando la constante necesidad de mantenerlo "encantado", "misterioso" y abierto a lo inaudito, ese imaginario ?construido de rumores y testimonios? se convierte en la trinchera desde la cual combatir el aburrimiento, la falta de emoción y escaso sentido que puede tener ?para muchos? la vida misma, en un universo que hasta ahora se sabe vacío.

Así pues, en esa charla diaria con lo incomprensible y las supuestas fuerzas (y criaturas) que lo posibilitan, nace el modo en el que muchos ven al mundo. Una cosmovisión que, lejos de ser homogénea, se manifiesta por demás heterogénea, conservando ?en mayor o menor medida, según los casos? elementos de un pensamiento mágico que se entrelaza con una mirada racionalista, menos entretenida y abierta a posibilidades culturales imposibles.

De esa mixtura es de donde surgen ?más allá de las crisis coyunturales? los casos de criaturas extrañas aisladas, que podemos comprobar, por ejemplo, en un sencillo artículo titulado El Fenómeno Ovni en La Pampa, publicado en el semanario regional El Norte en Movimiento en julio de 2009.[32] En él, y a modo de listado, se enumeran avistamientos de luces extrañas, huellas misteriosas en los campos y apariciones inverosímiles, más allá del marco cronológico 2002/2003. Y la tendencia llega hasta hoy.[33]

Como hemos dejado sugerido, el territorio ?el espacio? resulta ser una construcción organizada por el pensamiento, las creencias colectivas, la imaginación y la necesidad de recurrir a ella para conservar una visión mística, ocultista y mágica de la naturaleza. Así, el espacio pampeano, publicitado por ufólogos y creyentes, se construye, entre otras cosas, con esos personajes imposibles. Todos contribuyen en la tarea ?conciente e inconcientemente? a fin de singularizarlo, mostrarlo distinto, negociar con ello y/o afianzar un sentido propio de identidad.

Si bien este trabajo está centrado exclusivamente en la provincia de La Pampa, el proceso no es exclusivo de esta parte del país. Pasa en muchas regiones. Por ese motivo no es extraño encontrar slogans que exaltan la presencia extraterrestre en zonas como Punta Indio, Mendoza o Córdoba, por nombrar unos pocos, exaltando la "exclusividad" del supuesto fenómeno.

El éxito o fracaso de la empresa dependerá de muchos y variados factores.

Pero esa es otra historia.

PARTE 3

"Chupatanques" y teletransportados

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Dos eventos anómalos que el folclore contemporáneo suele asociar con La Pampa

"Estancia La Jorobada: 37 Km. al nordeste de Gral. Pico, La Pampa. Mayo 2002.

"Julián Corripilon (…), el puestero, abrió la puerta del rancho. Un nuevo día de mayo se asomaba y el frío era importante. Se puso el poncho de vicuña, la boina y salió a la pampa.

"El bicherío estaba alborotado esa mañana, bandadas de chajaes y otras aves revoloteaban una y otra vez sobre el tanque australiano de 70 mil litros, que brillaba allá a medio kilómetros, justo al pié de los tres molinos de viento. Aquel lugar proveía de agua a los animales de la zona, ya que los ojos de agua naturales estaban secos por la sequía del pasado verano. También parte de la haciendo se había juntado cerca de los pocos caldenes que rodeaban el agua. Algo raro pasaba, no era normal semejante reunión de animales en el mismo lugar. (…) Luego de preparar el caballo (…) salió hacia los molinos.

"Descabalgó y se acercó despacito al tanque (…). Descubrió entonces las razones de tanta reunión. El tanque estaba completamente vacío. El fondo del mismo mostraba costras secas y resquebrajadas de barro, y varios peces que habitaban ese sitio se veían resecos en el fondo.

"Julián no podía entender cómo se había vaciado aquel tanque, ya que dos días atrás había estado allí cerrando las aspas de los molinos justamente porque se desbordaba y había demasiado barro en los alrededores.

"Dedicó una prolija inspección al gigantesco tanque australiano pero no halló rajadura, fisura o hueco que explicase la pérdida de agua (…). Algo raro pasaba, pero el puestero no lo podía explicar".[34]

El texto anterior es la transcripción literal de un cuento titulado "El Puestero" y escrito por un aficionado (así se califica él mismo) a los ovnis y a las letras llamado Daniel Pratt. Nada de lo allí expuesto ocurrió tal como se relata. Todo es ficción. Tanto la estancia como el protagonista nunca existieron. De todas maneras, los sucesos mencionados son la síntesis de varias decenas de testimonios registrados por los medios de comunicación a lo largo de lo últimos años. Noticias rimbombantes que referían hechos supuestamente ciertos, muchos de los cuales habrían tenido lugar en la provincia de La Pampa. "Sucesos" que pusieron sobre el tapete a uno de los mayores misterios "sin resolver" que ?dicen lo lugareños? se han dado (y siguen dando) en los campos del interior: el vaciamiento, sin explicación alguna, de los tanques australianos de agua.

Claro que para los numerosos "grupos ufológicos de fin de semana" que pululan en Argentina la respuesta al enigma en más que clara. El diagnóstico ha sido elaborado y, según ellos, confirmado: los responsables de todo el extraño asunto son los platos voladores y sus tripulantes extraterrestres. Ellos son los chupatanques y cualquier otra explicación menos alambicada es rechazada de plano, por corta de miras o ser parte de una conspiración negacionista. Por algún motivo incomprensible, los alienígenas ?tras recorrer las inmensidades del espacio exterior? nos están succionando el agua de nuestros tanques de campo.

¿Quién puede poner en tela de juicio semejante verdad, a todas luces clara? Sólo los necios. Los ciegos del escepticismo, que se resisten a aceptar incuestionables evidencias. ¿Cómo pueden desaparecer miles de litros de agua, de la noche a la mañana sin dejar huellas? Y si se la llevan, ¿para qué? ¿Con qué propósito? ¿Tanta sed acumulan en sus viajes los "forasteros"? ¿O hay algún otro motivo de mayor peso?

Convengamos algo: si usted parte de la certeza de quiénes son los que se llevan el líquido elemento, tiene más del 90% del misterio resuelto. El resto consiste en acomodar la realidad a la creencia. El poder tecnológico de las entidades biológicas extraterrestres se adapta, pues, a las necesidades del usuario y las soluciones se diversifican según la imaginación del ufólogo. Habrá unos que dirán que se chupan el agua con "mangueras". Otros, que la evaporan con el tremendo calor que las naves producen. Finalmente, los adeptos a Star Trek (Viaje a las estrella) podrán argumentar que es teletransportada a una nave madre para ser utilizada como combustible al ser combinada con electricidad (la hipótesis de la electrolisis, defendida por Fabio Zerpa). En verdad, podríamos decir cualquier cosa (que chanchos alados de un planeta ajeno a nuestro sistema solar la utilizan para regar sus chiqueros de barro y polvo de estrellas) y nadie podría certificar o refutar los dichos. Así todo, estas propuestas ya son parte del bagaje cultural de la zona, se aceptan sin más. Incluso los niños ?tal como lo probó Alejandro Agostinelli en su visita a una escuelita rural del poblado pampeano de Cachirulo? no dudan en afirmar que al agua "se la tomaron los marcianos".[35]

Como puede verse, un simple tanque australiano puede convertirse en el trampolín que nos lance a un universo mágico de posibilidades infinitas. Sólo basta un poco de papel, lápiz (o una PC, para no resultar tan anacrónico), algo de identidad regional y amor al pago, un blog en Internet o un periódico afecto al tema, para lanzar ?y plantar? argumentos como el siguiente: "La estadística ubica a la región (La Pampa) como una de las más activas del país en esta materia".[36]

Veamos, entonces, algunos casos.

Según se comenta, el fenómeno de los chupatanques tiene sus antecedentes en la década de 1970. Más concretamente en la ciudad bonaerense de Olavarría (año 1972), donde por la noches y tras observar luces extrañas, varias piletas de natación habrían resultado misteriosamente vaciadas. Pero más allá de esta variación temática (piletas en lugar de tanques) algunos de los más conocidos acontecimientos pampeanos serían los que enumero a continuación:

  • 1972: departamento de Utracán. Avistamiento de ovnis y tanques vacíos.

  • 1990: localidad de Arata. Campo de Pablo Vanderhoeven. Tanque australiano sin agua.

  • 2002: localidad de Cohelo. De la noche a la mañana desaparece el agua de un reservorio de varios miles de litros.

  • 2002: localidad de Parera. Un productor dijo haber visto el tanque lleno y 5 minutos después estaba sin una gota de agua.

  • 2002: localidad de Toay. Desaparece gran parte del agua de una pileta de 16 metros de largo por 6 de ancho.

  • 2002: localidad La Adela. Idéntico fenómeno en varios tanques.

  • 2002: zona de Miguel Riglos. Un tanque de 300 mil litros de agua aparece vacío.

  • 2005: mes de julio. Al norte de Parera. Campo de Adolfo Ziegenfhus. Tanque vaciado.

  • 2011: mes de octubre. Campo en la zona de Parera. Propiedad de Américo Barrio. Tanque sin agua.[37]

Partes: 1, 2

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