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Racionalismo amoroso y sus formas para transitarlo




  1. Resumen
  2. Introducción
  3. Metodología
  4. La razón amorosa
  5. Fuentes de referencias

Resumen

Este texto sobre el racionalismo amoroso tiene como fin fundamental dar cuenta de la naturaleza y de la condición ideológica que subyace a la práctica social de todo aquel que desee una transformación personal, profesional y laboral con base en el racionalismo amoroso como expresión superior de la búsqueda de la felicidad social que está inmersa en todo aquel que emprende una ruta de buen vivir o de bienestar social. Condiciones fundamentales de la suprema felicidad social como objetivo de la razón humana y como creación de la razón amorosa propuesta por Vargas Arenas Iraida (2017).

Tema racionalismo amoroso

Palabras clave racionalismo amoroso, humanismo, felicidad social, ruta de buen vivir, bienestar social.

Introducción

El mundo de la alfabetización política nos exige y nos reclama mayor identidad personal, profesional y laboral, cosas que son consustanciales a nuestra forma de ser y de pensar en lo que nos gusta o nos conviene para seguir siendo, para seguir creyendo y para seguir sintiendo lo que nos moviliza en procura de los grandes sueños que nos alimentan y que nos sirven de gran combustible para enlazar la vida cotidiana con ellos.

Como llegar al ámbito político con una gran dosis de escepticismo y de incredulidad por todo lo que pasa a nuestro alrededor, corrupción, descredito, desconfianza, desamor, y lo más grave desilusión. Cómo identificarme políticamente con algo y con alguien, cuando yo como ser humano siempre doy mi voto de confianza cada año, aunque, año tras año, me defrauda, me niego a creer que esta vez será peor, porque hago voto de confianza creyendo que este si será mejor que el anterior; pero no, cada vez, que vuelvo y creo, salgo más desilusionado, porque no se cumplieron las promesas, solo se trabaja por sus amigos, sus camarillas, sus estafas son permanentes y continuas, y así se acaba con la esperanza colectiva, con el credo social de cada uno como colombiano que sueña en un hombre justo y salvador de la redención que todos esperamos que ocurra en este ciclo en que nos envuelve la política colombiana.

como volver a creer en lo que no he creído por todo lo que conlleva y trae consigo el mundo de la política en el territorio colombiano, que es el que me sirve de referente y de conocimiento propio. Si miro a quienes llegaron a la política por sentimiento, me entra cierta duda, y si analizo a quienes en la agenda pública me los enrostran como los enviados de Dios para salvarnos de la deshonestidad, sálvame Diosito. O de quienes se montaron en el arco del triunfo por abolengo, por tradición o por alcurnia, sálvame señor. O por quienes por despecho nunca han creído en el mundo de la política por escepticismo, porque todos son iguales de malos, de perversos, de corrompidos frente a los bienes públicos y jamás se interesaron, jamás creyeron y siempre la despreciaron, por casquivana y de vida fácil.

Cómo Dios mío volver a creer y volver a las urnas para depositar mi voto por ese nuevo crédulo para que recoja mi entusiasmo y me permita marchar incansablemente con mi bandera de credibilidad y de confianza plena. ¿Que tendré que hacer diosito, en que santos creer, ahora que ellos están en descrédito? Cómo recuperar mi confianza, mi autoestima, por la dimensión de la política en este territorio colombiano de tanta incertidumbre y tanta podredumbre moral y ética.

Hoy está de moda aspirar a cargos públicos por firmas, por ende cada uno de nosotros se ha vuelto más visible. Que es lo que subyace para que usted y yo ganemos mayor visibilidad. Por qué nosotros nos hemos vuelto tan visibles en las calles. Todos los encuestadores y los recoge firmas, nos paran con una tabla y unas hojas para que firmemos en favor de los impolutos, de los incorruptibles, de los mejores y más éticos, ellos los adalides individuales de la honestidad, los que enfilan las hordas de anticorrupción.

Se nos venden pulcros, porque por fin soy visible, porque diosito alguien de tan arriba se fija en mí, me mira, me palmotea, me toca, me mira cuando habla. Por fin alguien se da cuenta que yo existo, eso es magia, eso es justo lo que hacen las épocas preelectorales, volvernos visibles a los invisibles, darnos voz a los sin aliento, darnos fe a los incrédulos, meternos en el mundo de la demagogia y envolvernos, de empacarnos, de depositarnos en las bolsas de plástico de su discurso promesero, que él es el salvador, el mesías de los honestos, que él está dispuesto a pagar el costo de tan loable tarea de limpieza y de depuración, aunque el que contamina paga y el que peca y paga, empata, ustedes ya saben cómo termina esta farsa cíclica, de cada período electoral.

Porque todo tan raro, tan diferente, porque en esta nuestra vida cotidiana todo se vuelve cíclico, vuelve y juega. Como atravesar la vida y no cansarnos, de ver hospitales y casos de negligencia por doquier encaramados en camillas de desolación y desespero e impotencia; como ver movilizaciones de aquellos que pregonan a los cuatro vientos sus derechos y que atiborran las calles y avenidas de trancones justo cuando voy almorzar o voy de prisa para correrle a mi vida cotidiana de miseria y de lamento; cuantas operaciones de senos y cuánta silicona invertida en querer cambiar la estética de las que no se lo han creído, que son ellas y solo ellas, y no el sistema que vende la imagen de lo que deberá ser y dejar de ser desde lógicas estéticas traídas al mundo real como utopías. Y cuanta impunidad en tantas cosas…, cuanto desconsuelo, cuánta impotencia vivida y sufrida en la vida diaria de todos y cada uno de los que en estos momentos leen estas letras de denuncia, pero esto es esperanza, fruto de tantos años de espera, de esperar lo que no llega, de desesperanza como resultado de tantos desesperos sufridos a lo largo y ancho de los días idos y de andar engrosando las filas de los indignados.

Nos creen tontos, nos creen caídos del zarzo, porque sabemos reír llorando, aguantando, rabiando y construyendo, denunciando, haciendo, midiendo y estableciendo responsabilidades, y justo usted y yo sabemos que juntos llenamos las calles de los esperanzados, que somos menos por ahora, sin embargo aquí estamos, pegados de esta letras, para juzgar al mundo de cosas que hemos permitido que ocurran, en tanto, el mundo no es como es, es como lo hemos venido haciendo como es. Todo esto nos reclama gestión, comunicación, consecución, revisión, rectificación de lo andado y lo vivido por falta de posición en colectivos y en lo social.

Metodología

Para acercarnos a la temática de referencia el racionalismo amoroso, plantearemos el enfoque y la concepción de comunidades de indagación de Cardenas, L.R. (2016), que comienza por asumir la ruta metodológica del tema de interés, vía la apropiación de las definiciones del objeto de estudio, veamos: el objetivo es abordar, específicamente el racionalismo amoroso y el racionalismo como condición de valoración de lo humano, que nos acerque o nos aproxime a la suprema felicidad social.

¿Cómo valorar las actuaciones humanas, de hombres y mujeres en esta geografía colombiana?, que no se quede en la mera retórica y en la demagogia que instaura la mera palabra que nos sirve para regir una vida feliz y estable de lo que necesitan en la vida diaria hombres y mujeres para fundamentar la valoración de lo que los hace humanos, amorosos y libres.

¿Cómo asumir un Estado Social de Derechos como el colombiano? que subyace al interior de la construcción de una sociedad nueva, una sociedad en la cual hombres y mujeres asuman la solidaridad como valor fundamental de la vida en sociedad; una sociedad que tiene como piso la igualdad material y cultural entre las personas en medio de lo diverso, lo multiétnico y lo plural; una sociedad en la cual se dé el desarrollo y la formación integral de todos; una sociedad que se caracterice por impulsar condiciones materiales para tener y disfrutar de vida digna en la cual será posible lograr la plena realización de hombres y mujeres en lo que Maslow denomina el principio de la autorrealización de los seres humanos y el principio del bienestar social, la búsqueda de la felicidad.

Una sociedad caracterizada por la primacía de la justicia social y la equidad en la cual si es posible el desarrollo de la vida espiritual inherente a toda persona; una sociedad que permita profundizar en el respeto de los Derechos Humanos, económicos, culturales y políticos, donde se impulse la superación de la pobreza y la miseria, tanto material como espiritual, de la población colombiana, que engrosa la llamada masa de los desesperanzados, de los indignados y de los pauperizados, en tanto, un Estado de necesidades permanentes y presentes, anula cualquier posibilidad real de un vivir ético y de un ser éticamente compresible..

Cabe entonces, el pregonar y preguntar por una ética vivible y asumible en las actuaciones de vida cotidiana que estimule la tolerancia activa y militante, que potencie nuestras singularidades y nuestras diferencias, de género, de edad, de idioma, de raza, de grupo salarial, de orientación sexual, y muchas otras, que desvirtúen las no valoraciones y exclusiones que por muchos años han erigido las distintas dictaduras epistémicas, cognitivas, culturales y sociales en caminos expeditos para someter y avasallar. ¿Cómo ganar conciencia de clase, de grupo, de etnia, de territorio y de múltiples singularidades que tienen expresiones diversas y que ganan valor en la corresponsabilidad moral y ética, que se apoya en la lógica de la fuerza que dan los colectivos, los esfuerzos solidarios y de ayuda mutua que van plasmando la vida en sociedad y en comunidad.

La razón amorosa

Parodiando a la autora de referencia para este escrito Vargas Arenas Iraida (2017), nos deja saber de la fuerza del amor, que trasciende y va más allá de ese conjunto de sentimientos y experiencias sensibles, emotivas que instauran lo que en Cardenas, L.R. (2016) se conoce como el proceso de construcción de la subjetividad (sensaciones, impresiones, emociones, percepciones, vivencias, experiencias, y sapiencias), sino también una virtud vinculada con actitudes y conductas, a las cuales se apela para lograr lo que se busca de manera comprensiva, en tanto, se conoce de primera mano, lo que se piensa, lo que se desea, a lo que se aspira, de los infortunios, frustraciones y también, de sus virtudes, reflejadas en actos generosos, tolerantes, solidarios y fraternos.

La razón amorosa, la podemos vislumbrar en casi todas nuestras actuaciones de vida cotidiana a partir de la vocación de lucha, perseverancia, dedicación, disciplina y ganas, en fin, en convertir cada actividad en una fuerza motivadora para volvernos gomosos por lo que hacemos y emprendemos, en últimas, en amar lo que decimos que hacemos y que disfrutamos permanentemente.

Podemos partir a considerar que la razón amorosa se fundamenta en el servicio, en la búsqueda de ayuda solidaria, en la cooperación permanente y continua, en esa disposición favorable hacia los demás, un accionar por el bien común. Un centrarse en generar condiciones de dignidad, de emprender rutas de bienestar, de vivir bien. Si hacemos uso de una cita marxista (1844), nos deja saber que lo social es una dimensión constituyente del ser humano, no como algo externo a él mismo, lo cual significa que los sentimientos y las pasiones constituyen una afirmación ontológica del ser social.

Como consecuencia, Marx (1844) considera que el amor no puede ser concebido como algo distinto y aparte del ser humano, toda vez que es fundamentalmente un atributo de ese mismo ser humano, por lo que no existe al margen o por fuera de él. El ser humano existe en un complejo sistema de relaciones, en donde lo interior se articula con lo exterior en una relación dialéctica en la cual ninguna de las dos dimensiones queda anulada. Para Marx el amor y la capacidad de amar, en la sociedad capitalista se desarrolla en virtud de la actividad frecuente que emprende el ser humano, en medio de sus interacciones que son regidas y orientadas por la consecución del dinero como pasión de búsqueda permanente y continua. Amamos y queremos tener dinero, a cómo de lugar.

El marxismo considera que debe existir un proceso mediante el cual hombres y mujeres tomen conciencia de su papel histórico y de sus cualidades para combatir la enajenación, retomar los atributos subjetivos del ser social e intervenir de forma consciente en la realidad. Es decir, desarrollar el amor como amor, la confianza como confianza, el apoyo como apoyo, la ayuda como ayuda, la solidaridad como solidaridad, y sin cosificación.

Se hace necesario para darle fundamento a la realidad social, los afectos, el trato con el otro en términos amorosos, y la política hoy reclama de actos amorosos, de una biología del amar en función del otro, de un otro cálido, calidoso y bondadoso. Si la política ignora esto, en especial actos de amor, de bondad, resulta inhumana. Pretender una política sin amor, es tratar a la humanidad como manipulable y programable. Creemos, entonces, que la nueva forma de hacer política se deberá revestir de fe, de esperanza acompañadas del amor, conjuntamente con la justicia.

La política sin amor, se constituye en un error, y es un camino que conduce a la deshumanización del otro, otro lejano, una humanidad que expulsó y mantuvo fuera de la política las exigencias del amor, tal y como lo sostuviera Vargas Arenas Iraida (2017). Si el referente de vida es nuestro sistema social capitalista, entonces nos vende la falsa idea de que el progreso material hace mejor éticamente a la humanidad. Por ende, se dispara una espiral de la acumulación por la acumulación, que se trasciende en la actualidad con que los grandes problemas que ha generado el capitalismo son los problemas entre los seres humanos cada vez más acrecentados y más deshumanizados, o más salvajes y sino como explicar, vejámenes a niños, a ancianos, a mujeres entre muchos otras atrocidades que a diario nos muestran nuestros medios masivos de comunicación.

Nos deja saber nuestra voz autorizada Vargas (2017), que la razón amorosa y la acción política son inseparables en cualquier persona que asuma la tarea revolucionaria que se basa en la fe y en la esperanza. El amor como combustible de la acción política conlleva a la justicia social que es la garante de relaciones armoniosas y del actuar centrado en el buen vivir y en el vivir mejor. Cómo entonces relacionar la razón amorosa y la acción política en un ámbito como el colombiano, que nos reclama y nos exige a diario diferenciar lo ético de lo político, pero son inseparables en tanto se complementan, se requieren para señalar que la ética y también la moral se encuentran permanentemente en ese espacio del actuar, que es donde reina la acción política.

De igual forma una voz autorizada como la de Palacio, Gómez Carlos Alberto (2010) nos dice que de acuerdo con los últimos descubrimientos de la antropología y de la arqueología, el ser humano como especie lleva de unos 3 a 5 millones de años de existencia sobre la faz de la tierra. Y de esta inmensa cronología tan sólo los últimos 30 o 50 mil años, se han vivido cultivando relaciones de carácter dominante, autoritario, impositivo, competitivo, de lucha y de guerra, entre los géneros y las generaciones.

Esta afirmación anterior se desarrolla bajo diversas perspectivas y se encuadra en propuestas teóricas vigentes y reconocidas como la Arqueología de Gimbutas (1991), la Biología Cultural de Maturana (1996), Maturana & Dávila (2003), Maturana y Verden – Söller (2003) y la visión del ser humano desde una visión dialógica según Palacio (2009).

Sin embargo las dinámicas relacionales interpersonales en el origen de la especie, para que pudiera surgir el lenguaje y en especial el lenguaje del amor, como efectivamente sucedió, debieron estar centradas en la emoción y en el sentir relacional íntimo del amar, esto es, "en la disposición corporal de aceptación del ser del otro como legítimo otro en convivencia con uno" (Maturana & Verden- Söller, 2003).

En la época que vivimos los seres humanos nos encontramos en una trascendental encrucijada para nuestra existencia como especie humana sobre el planeta: el ser humano del Siglo XXI debe ser por obligación y por devoción ético, o no será más el homo sapiens que se erigió en el ser superior, que demuestra a través de habilidades cognitivas de carácter superior, la valía de su racionalidad amorosa, tal y como lo sostuvieran Maturana y Dávila (2003).

Dado que los seres humanos como seres biológicos y culturales, Palacios (2010) somos seres emocionales y racionales, a cada instante se producen las racionalidades que son congruentes con las dinámicas emocionales que se practican en la cotidianidad con nuestro modo de conversar en la cultura que vivimos y que apropiamos vía, las relaciones de cotidianidad. Por tal razón, plantea Palacios (2010) para efectos de un vivir ético en nuestras comunidades, académicas, organizacionales, científicas, sociales, y políticas entre otras, es menester promover las emociones, y las razones que originan espontáneamente un comportamiento ético en nuestra geografía colombiana, tanto desde lo individual como en lo institucional, comunal, societal, mediante la promoción del modo de conversar respectivo y asumir, lo que en este texto se entiende como la racionalidad amorosa.

Ante esta situación que nos vemos abocados a asumir cotidianamente, se evoca el vivir ético baja la concepción de Palacios (2009:20) afirmando que "la ética es el arte y la ciencia del saber vivir, en la generación, conversación y ampliación, del bienestar multidimensional del ser humano –corporal, psicológico, social, cultural y espiritual, entre otros –en sí mismo, en los otros y en el medio ambiente en general, centrados en el respeto, la transparencia, el compromiso, la responsabilidad, la disciplina, la probidad y la tolerancia activa", y es justo este autor, el que nos propone para cerrar este apartado un Sistema Referencial de Convivencia que es el que nos parece que se debe asumir y propagar, veamos:

El asumir la ética como el modo de promover entre los seres humanos la sana convivencia como una obra de arte, en la cual y por la cual, se consume la ética como fundamento y como principio para la sana convivencia entre los distintos géneros y generaciones de seres humanos. Por eso nuestro autor de referencia propone el Sistema Referencial de Convivencia que favorece a todos los integrantes de la comunidad colombiana con la participación de relaciones fraternas y respetuosas que redundan en el bienestar de todos y en la obtención de la sinergia social y organizacional. El sistema Referencial de Convivencia está constituido por los siguientes ítems:

Primero: asumirnos y asumir a los otros como seres válidos y legítimos en sana convivencia.

Segundo: Evitar imponer y conceder en nuestras apreciaciones en el momento de compartirlas.

Tercero: Evitar molestarnos frente a pensamientos diferentes a los que preferimos.

Cuarto: ofrecer disculpas o introducir los correctivos, si omitimos alguno de los puntos anteriores.

Son todos y cada uno de ellos, los que nos permiten reflexionar en función de la racionalidad amorosa, así como nuestra dignidad humana como fundamento de nuestra condición de hombres y mujeres. Cabe hacer uso de lo que sostuviera Kant (2002), cuando argumenta que todo tiene valor de cambio y puede usarse como medio para otros fines menos el hombre, pues el hombre y sólo el hombre es un fin en sí mismo, es decir, tiene la dignidad para erigirse en principio y fin de las cosas, y es lo que nos permite aseverar que si es posible transitar por el racionalismo amoroso hacia la concepción de humanidad, y es justo lo que buscamos en nuestra geografía colombiana, en una época como la que vivimos, imprevisible, disruptiva y compleja.

Fuentes de referencias

CARDENAS; L.R. (2016). Cultura del conocimiento, una búsqueda que da sentido. Primera edición, Editorial L.Vieco S.A.S. Medellín.

GIMBUTAS, Marija. (1991). The lenguaje of the Goodness. Harper, San Francisco.

KANT, Immanuel (2002). Fundamentación para una metafísica de las costumbres. Alianza editorial, Barcelona.

MARX, Karl (1844). Los Manuscritos Económico- Filosóficos. Primera edición En Marx y Engels Gesamtausgabe.

MATURANA, Humberto (1996). Desde la Biología a la Psicología. Universitaria, Chile.

MATURANA, Humberto y Dávila, Ximena (2003). Memorias del seminario sobre matriz biológica de la existencia humana: Biología del Amar y Biologia del Conocer. Santiago de Chile, Instituto Matriztico.

MATURANA, Humberto y Verden- Söller, Gerda (2003). Amor y Juego: fundamentos olvidados de los humanos. J.C. Sáez, Chile.

PALACIO, G. Carlos Alberto (2009). Del vivir en la Ética o en la Biología cultural del Amar. Institución Universitaria de Envigado, IUE. Envigado.

VARGAS, Arenas Iraida et al…(2017). La razón humana y la razón amorosa. En: Chavismo, genealogía de una pasión política. Primera edición. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Clacso; Caracas: Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos; Caracas: Centro Internacional Miranda; Caracas: Escuela Venezolana de la Planificación. Disponible en www.biblioteca.clacso.edu.ar

 

 

Autor:

Rogelio Cardenas Londoño,

magister en educación de la pontificia universidad javeriana, docente asociado tiempo completo de la Institución Universitaria de Envigado, IUE,

 


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