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Explosión Demográfica




Enviado por antonio_dugarte



    SUPERPOBLACION

    1. TRATADO SOBRE SUPERPOBLACION:
    • Cada vez somos
      más
    • El agotamiento de los
      acuíferos
    • La escasez de alimentos
    • La
      deforestación
    • La Iglesia
      Católica reniega del preservativo
    • Hambre Vs. sobrealimentación en los
      países desarrollados

    Recursos y
    medios
    tecnológicos, repartir equitativamente

    • La ONU
      calcula…
    1. CONCEPTOS Y CRITERIOS:
    • Población
    • Demografía
    • Datos y medidas
      demográficos
    • Métodos de
      investigación
    • Indices de población
    • Crecimiento y distribución de la población mundial
    • Crecimiento pasado y presente
    • Distribución regional
    • Concentración urbana
    • Estimaciones de población
    • Políticas de
      población
    • Políticas de población en los países
      desarrollados
    • Políticas de población en América Latina
    • Políticas de población en el Tercer
      Mundo
    • Graficas

    Cuenta hasta diez… En este corto intervalo de
    tiempo han
    aparecido sobre el suelo de este
    planeta, veintisiete seres humanos más, 250.000 al
    día que compartirán con nosotros tierra,
    alimentos y
    agua. O por lo
    menos lo intentarán, ya que el 98% de estos niños
    nacen prisioneros en países del Tercer Mundo. Religión, sociedades
    patriarcales e intereses políticos y económicos han
    mantenido a lo largo de la historia posturas contrarias
    al descenso en las tasas de natalidad y han estrechado el cerco
    en torno a la mujer.
    ¿Por qué?

    Cada vez somos más.
    En la actualidad hay cerca de seis mil millones de
    personas sobre la tierra y
    cada año se pueden sumar 95 millones más. La
    ONU calcula que
    en el año 2.050 habrá entre 7.700 y 11.200 millones
    de personas en el mundo. A pesar de ello podemos estar de
    enhorabuena, ya que los dramáticos cálculos de
    Tomas Malthus hace doscientos años que predecían
    una catástrofe demográfica -"La capacidad de
    crecimiento de la población es infinitamente mayor que la
    capacidad de la tierra para
    producir alimentos"-, de
    momento no se ha cumplido. No obstante, son cifras que
    están ahí y que sobrevuelan nuestras cabezas
    recordándonos que esas probabilidades están
    presentes.
    Los hechos demuestran que dar de comer a tantas bocas está
    provocando un fuerte deterioro medioambiental que deja especial
    huella en los países del Tercer Mundo. Allí la
    pérdida de los bosques y especies, la contaminación de lagos, ríos y
    océanos, la acumulación de gases
    invernadero y destrucción de la capa de ozono
    preservadora de la vida terrestre, son consecuencias derivadas de la
    política
    llevada a cabo por aquellos gobiernos. La pobreza les ha
    conducido a una sobreexplotación de los recursos
    naturales en un intento fallido por pagar su deuda externa. Al
    final, los pobres han vendido o alquilado sus mejores tierras a
    los ricos por no poder
    atenderlas, y ellos se han tenido que ir a los bosques, a
    degradar suelos para
    poder
    alimentar a sus familias. Nos hallamos ante una espiral
    descendente donde la pobreza
    contribuye directamente a un crecimiento de población: Se
    necesitan hijos para trabajar en el campo, llevar dinero a casa
    y asegurar en cierta forma el sustento en la vejez.

    El agotamiento de los
    acuíferos, la escasez de alimentos y la
    deforestación están empezando a afectar a las
    perspectivas económicas mundiales.

    La escasez de alimentos,
    agotamiento de los acuíferos, de las pesquerías y
    la deforestación están empezando a afectar a las
    perspectivas económicas mundiales, pero más que por
    la cantidad -a juzgar por los hechos- nos atreveríamos a
    decir que por la distribución, por el desigual reparto que
    permite que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres
    más pobres. Sólo EE.UU. consume la mitad de los
    recursos no
    renovables del planeta y su población sólo supone
    el 5% de la población mundial. En 1982 en el Reino Unido,
    se gastaron más de 235 millones de dólares en
    ayudas para adelgazar, mientras que se donaron 50 millones para
    el Tercer Mundo. Siguiendo con las incongruencias, un porcentaje
    muy elevado de la población china actual
    es obesa debido a una sobrealimentación, y se han
    triplicado los casos de diabetes y
    cáncer debido a un consumo
    excesivo de grasas animales como
    parte de la dieta diaria. Estos datos apoyan sin
    duda la afirmación que realizó en 1992 el Fondo de
    Población de Naciones Unidas
    que aseguraba que "existen suficientes recursos para
    acabar con la pobreza,
    alcanzar un desarrollo social
    y económico significativo para la mayor parte de la
    población mundial, proteger el medio ambiente
    y conservar al mismo tiempo las
    comodidades y ventajas que ha aportado la tecnología moderna".
    Tenemos conocimiento,
    recursos,
    medios
    tecnológicos, sólo resta combinarlo todo para
    sentar los cimientos de un desarrollo
    humano sostenible -satisfacer las necesidades del presente
    sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones-. Dicho
    de otra forma, mantener una correcta relación con la Tierra ya
    que de ella se extrae casi el 90% de los alimentos que ingerimos.
    Aunque si analizamos los resultados de la última Cumbre
    del Clima vemos que
    nos encontramos ante una cuestión que exige compromisos
    esencialmente políticos que sin duda reflejen un cambio de
    valores y como
    quedó patente, muy pocos gobiernos están dispuestos
    a variar sus líneas de actuación.

    La Iglesia
    Católica reniega del preservativo. Juan Pablo II se
    atrevió a decirlo en Africa,
    continente asolado por el Sida que sigue
    manteniendo la tasa de natalidad más alta del
    mundo.

    No es cuestión de
    números.
    El problema como hemos
    visto, no radica en el número de habitantes del planeta,
    sino en la opción que pueda tener cada uno en
    función de sus creencias y sus principios a
    elegir lo que quiere y cómo lo quiere. "Nos preocupa que
    se interprete la cantidad de población como un factor
    principal y aislado que incide de manera única en otros
    aspectos fundamentales como el medio
    ambiente, la disponibilidad de recursos
    naturales, y, a la larga, en las posibilidades de lograr un
    desarrollo
    humano sostenible", afirma Eva Martínez, directora del
    programa
    Mujeres y Desarrollo de
    IEPALA(*). "Nos preocupa -continúa- que la cantidad de
    población sea vista como una limitación al reparto
    de riqueza cuando, en realidad, es una consecuencia de esto mismo
    y de la falta de acceso a la información, a educación, a políticas
    y a servicios
    adecuados y al disfrute de derechos fundamentales.
    Pensamos que si la población sigue incrementándose
    al ritmo actual, la situación se tornará
    insostenible. Pero nos preocupa bastante más el tipo de
    medidas que se puedan tomar al respecto, sin tener en cuenta las
    opciones personales y las situaciones individuales de las
    personas". La realidad constatada por distintas ong's que se
    encuentran trabajando en diferentes países en vías
    de desarrollo
    muestra que
    "las parejas del Tercer Mundo -afirma Infomundi de Medicus Mundi-
    no son libres para elegir cuántos hijos quieren tener,
    bien porque son sometidas, de manera forzosa, a diversas
    prácticas para controlar su fertilidad o porque,
    simplemente, no tienen acceso efectivo a los distintos métodos de
    planificación familiar existentes". Martin
    Sagreda asegura que para resolver el problema de población
    haría falta situar la energía y la actividad sexual
    como algo natural y no como algo exclusivamente reproductivo. El
    autor está convencido de que la sexofobia es la
    raíz de todos los problemas y
    que en medio de todo ello se encuentra la mujer, la
    culpable históricamente desde "Adán y Eva"
    -condenada a ser mero depósito- y una de las claves a la
    hora de poner en marcha soluciones a
    este problema, por ello es tan perseguida por fundamentalismos y
    religiones
    puritanas. La educación y la mujer son dos
    aspectos básicos a la hora de hablar de control de la
    fecundidad. En Brasil por
    ejemplo, las mujeres sin estudios tienen una media de seis hijos;
    las que poseen educación sólo
    tienen una media de dos. Cuanto mayor sea el nivel de educación que tengan
    las mujeres, más opciones van a tener tanto laborales como
    a la hora de plantear sus relaciones y decidir lo que quieren o
    no hacer ¿El problema? Pues que generalmente no elige,
    sino que se encuentra involucrada en situaciones donde el
    contexto social y otros son los que deciden por ellas
    -especialmente en países en vías de desarrollo-.
    "Los fundamentalismos -afirma Diana Sojo- son los que
    están generando dificultades al desarrollo de
    la
    mujer.

    Mientras tres cuartas partes
    de la humanidad mueren de hambre, aumentan en los países
    desarrollados los problemas por
    sobrealimentación.

    Está por ejemplo el caso de Afganistán
    donde las mujeres fueron sacadas de los colegios y obligadas a
    circular con el burka que las aísla absolutamente del
    mundo. Hay que luchar contra los fundamentalismos -del signo que
    sean- que no dejan opciones a los individuos". Muchos gobiernos
    incentivan de mil formas a la población para llevar a cabo
    de manera voluntaria la esterilización: es gratuita,
    quienes se someten a ella tienen derecho a percibir sueldo
    correspondiente a una semana mientras se recuperan de la
    intervención, pueden incluso acceder al cobro de los
    gastos derivados
    de su viaje al lugar donde se realiza, etc. Algunas organizaciones de
    derechos
    humanos como Amnistía Internacional, han denunciado
    que bajo las políticas
    de planificación familiar ciertas dictaduras
    esconden en realidad planes masivos de esterilización para
    acabar con la resistencia
    étnica de parte de la población de sus
    países. El analista portugués Joaquim Trigo de
    Negreiros pregunta "¿Cuál es la manera más
    eficaz de impedir que un pueblo exija su derecho a la libertad?
    Exterminándolo. ¿Cómo se puede exterminar a
    un pueblo? Combinando programas de
    control forzado
    de natalidad con transmigración en masa". Se nota que
    estamos tocando el punto más importante que ha estado
    presente en la batalla de los tiempos, de la libertad y de
    los derechos humanos.
    Este punto es donde coinciden -como quedó patente en la
    Conferencia de
    El Cairo (1994)- Vaticano, fundamentalismos musulmanes, derechas
    tradicionales y algún heredero de la izquierda marxista
    que hizo famosa aquella frase de "proporcionar hijos para la
    revolución". Frase que antes tuvo sus
    variantes en Mahoma o Platón con
    eso de "dar más almas a Dios", frase también
    acuñada por la propia Iglesia con la
    idea de "aumentar el número de católicos respecto a
    los demás". Lo resume perfectamente el cardenal Leclercq:
    "Casi todas las familias numerosas son católicas, y este
    excedente de natalidad es una brillante revancha de la verdad
    divina sobre las fuerzas destructoras del error" (recoge Sagreda
    en su libro
    "Sexo,
    población y política"). Estamos
    hablando de los intentos de controlar la vida desde el poder y de la
    oposición de estos sistemas a la
    planificación y la reducción de la
    tasa demográfica. Y también estamos hablando de los
    derechos de la
    mujer y el derecho a asumir el control de su
    vida.

    Existen recursos y
    medios
    tecnológicos suficientes para mantener a toda la
    población mundial. Sólo es cuestión de
    repartir equitativamente.

    La iglesia y los
    fundamentalismos.
    EL papa Juan Pablo II fue
    duramente criticado cuando en 1993 decidió viajar hasta
    Africa,
    continente que tiene la mayor tasa de natalidad y también
    de Sida del
    mundo- para exigir la no utilización de preservativo. Ese
    hecho fue en su día calificado por el propio Parlamento
    Europeo como "un auténtico genocidio, un crimen contra la
    humanidad". El diario Times (25-10-93) recogía en sus
    páginas "El que el Papa Juan Pablo II atraviese el planeta
    predicando contra el 'pecado' del control natal en
    estos días de desencadenado crecimiento poblacional,
    hambrunas y recursos cada vez más escasos, es algo
    más que inconsciencia o irresponsabilidad. Es una maldad".
    "No es de extrañar, afirma Sagreda, que se hayan levantado
    muchas voces dentro de la misma Iglesia contra
    esa morbosa obsesión, tan contraproducente, como vemos,
    respecto a los pecados del 'sexo',
    mientras que se pasan por alto o incluso bendicen acciones que
    atentan directa y masivamente contra la vida, como las guerras
    coloniales". Las ong's tienen
    mucho que decir al respecto porque se encuentran trabajando en
    estos países con problemas
    llevando a cabo una labor asistencial directa. Eva
    Martínez, de IEPALA, cree que "el papel de las
    iglesias en este proceso
    -especialmente la Iglesia Católica- ha sido fundamental
    por varios motivos. Por una parte, ha transmitido un modelo social
    y moral basado
    en los designios divinos (por decirlo de alguna manera), que ha
    motivado la pérdida de la potestad individual sobre la
    propia vida y la reproducción. Así, en muchos
    grupos
    sociales se entiende que cada pareja (o cada mujer) tiene los
    hijos que Dios le manda o le da, ignorando que cada persona puede
    decidir sobre su futuro, el número de hijos e hijas que
    quiere tener y cuándo quiere tenerlos.

    La ONU calcula que
    en el año 2050 habrá entre 7700 y 11200 millones de
    personas en el mundo.

    No deja de ser curiosa esa regresión que parece
    haber sufrido la mujer en la
    historia
    -fenómeno muy estudiado y motivo de mucha literatura-, donde
    pasó de ser casi un símbolo en muchas
    civilizaciones donde era respetada y valorada; al papel actual
    de opresión y esclavitud
    impuesto en la
    mayoría de las religiones y
    creencias.

    Población, total de habitantes de un
    área específica (ciudad, país o continente)
    en un determinado momento. La disciplina que
    estudia la población se conoce como demografía y
    analiza el tamaño, composición y distribución de la población, sus
    patrones de cambio a lo
    largo de los años en función de nacimientos,
    defunciones y migración,
    y los determinantes y consecuencias de estos cambios. El estudio
    de la población proporciona una información de interés
    para las tareas de planificación (especialmente
    administrativas) en sectores como sanidad, educación, vivienda,
    seguridad
    social, empleo y
    conservación del medio
    ambiente. Estos estudios también nos dan los datos necesarios
    para formular políticas
    gubernamentales de población, para modificar tendencias
    demográficas, y para conseguir objetivos
    económicos y sociales.

    Demografía

    Área interdisciplinaria que abarca disciplinas
    como matemáticas, estadística, biología, medicina,
    sociología, economía, historia, geografía y antropología. La demografía tiene
    una historia
    relativamente corta. Nació con la publicación en
    1798 del Ensayo sobre el principio de la población,
    del economista británico Thomas Robert Malthus. En su obra, Malthus
    advertía de la tendencia constante al crecimiento de la
    población humana por encima de la producción de alimentos, e indicó
    las diferentes formas en que podría ralentizarse este
    crecimiento. Diferenciaba entre frenos positivos (guerra, hambre
    y enfermedad) y frenos preventivos (abstinencia y
    anticoncepción).

    El uso cada vez más generalizado de los registros
    parroquiales y civiles con datos relativos a
    natalidad y mortalidad, y de los censos (a partir del siglo XIX) con
    referencias al tamaño y composición de la
    población ha permitido el desarrollo de
    la demografía. El avance de las ciencias del
    comportamiento, de la estadística y la informática en el siglo XX, también
    han estimulado la investigación demográfica y de las
    subáreas de esta disciplina:
    demografía matemática, económica y social. Las
    Naciones Unidas
    tienen un centro de formación demográfica para
    América
    Latina, situado en Santiago de Chile.

    Datos y medidas demográficos

    Los gobiernos modernos y las organizaciones
    internacionales están muy interesados en la
    determinación exacta de su población y del resto
    del mundo. Para poder
    describir la población actual y predecir la del futuro con
    exactitud razonable se requieren datos
    fiables.

    Métodos de investigación

    Las principales fuentes de
    datos
    demográficos son los censos nacionales, el registro civil y,
    a partir de la década de 1960, los muestreos a nivel
    nacional. Estas fuentes
    proporcionan el material de base para investigar las causas y las
    consecuencias de los cambios de población. La fuente
    más habitual es el censo de población, que
    contabiliza en un cierto momento todas las personas de un
    área dada, con sus datos personales y características sociales y
    económicas específicas. Un registro civil es
    la contabilización continua, por parte de las
    administraciones locales, de los nacimientos, fallecimientos,
    migraciones, matrimonios y divorcios. Su fiabilidad depende de lo
    veraces que sean los ciudadanos al proporcionar los datos. En el
    muestreo se
    utiliza una selección estadística representativa de la
    población total.

    En España,
    los datos de población general se recogen en las oficinas
    del censo, y se encuentran en el Instituto Nacional de Estadística. Algunas Comunidades
    Autónomas elaboran registros de
    población, donde se recogen los datos actualizados cada
    cinco años, y en todos los municipios suele disponerse del
    archivo del
    Registro
    Civil, aunque no siempre está completo. En la
    mayoría de los países de América
    Latina se utilizan procedimientos de
    registro
    similares.

    Los datos sobre la población mundial son
    publicados de forma sistemática por la Oficina de
    Estadística de las Naciones Unidas
    en su Demographic Yearbook (Libro anual de
    Demografía
    ), por la División Demográfica
    de las Naciones Unidas
    en sus estudios y estimaciones bianuales sobre la
    población mundial, y por el Banco
    Internacional para la Reconstrucción y el
    Desarrollo.

    Indices de población

    La variación en el tamaño de la
    población viene determinada por el número de
    nacimientos, fallecimientos, inmigrantes y emigrantes habidos a
    lo largo de un periodo de tiempo dado.
    Estos factores de cambio se
    expresan como porcentajes de la población total para
    calcular por comparación el índice de natalidad, de
    mortalidad, de migración
    y de crecimiento de la población; los índices de
    natalidad y mortalidad se suelen expresar como tantos por mil
    (‰) anual. Estos índices dependen en exceso de la
    edad media de
    la población, lo que puede crear importantes distorsiones.
    Así, por ejemplo, una población con elevado nivel
    de vida que incluya un gran número de personas mayores,
    puede tener un índice de mortalidad similar al de una
    población pobre compuesta en su mayor parte por miembros
    jóvenes. Por esta razón los demógrafos suelen
    utilizar índices que no dependen de la distribución por edades. Dos índices
    de este tipo son el índice total de fertilidad y la
    esperanza de vida en el momento de nacer.

    El índice total de fertilidad es el número
    de hijos que una mujer
    podría tener durante su vida fértil si se
    cumplieran los índices vigentes de fertilidad cada
    año. Los países de fertilidad alta pueden alcanzar
    índices de natalidad de 40-50‰ (por año), e
    índices de fertilidad total de 5-7 hijos por mujer. Los
    países de fertilidad baja presentan índices de
    natalidad del 15-20‰, e índices de fertilidad total
    de 2 hijos por mujer. La
    fertilidad a "nivel de reemplazo" (nivel en que cada persona tiene de
    media un solo hijo en la siguiente generación) corresponde
    a un índice de fertilidad total de 2,1 hijos en
    condiciones de baja mortalidad.

    La esperanza de vida al nacimiento es la vida media de
    una población en la que los riesgos de
    mortalidad en ese momento a cada edad se mantuviesen de forma
    indefinida. Las poblaciones preindustriales se caracterizaban por
    grandes fluctuaciones en la mortalidad. Sin embargo, a largo
    plazo, los índices medios de
    mortalidad podrían haber sido del 30-40‰ y las
    esperanzas de vida media de 25-35 años. En las condiciones
    actuales de sanidad, resulta normal un índice de
    mortalidad inferior al 10‰ y una esperanza de vida
    superior a 70 años.

    Un índice importante de mortalidad es el de
    mortalidad infantil, la probabilidad de
    fallecimiento durante el primer año de vida; suele
    calcularse como el número de fallecimientos por cada 1.000
    nacimientos. Muchos países poco desarrollados presentan
    índices de mortalidad infantil superiores al 100‰,
    es decir, más del 10% de los niños mueren durante
    su primer año. Los países con eficaces sistemas de
    sanidad y de educación tienen índices de mortalidad
    infantil del 15‰ o incluso inferiores.

    Crecimiento y distribución de la población
    mundial

    Según las estimaciones de las Naciones Unidas,
    autoridad de
    reconocido prestigio en el cálculo de
    niveles y tendencias de población, la población
    mundial alcanzó los 5.300 millones en 1990 y aumenta cada
    año en más de 90 millones de personas. El
    índice de crecimiento (1,7% anual) se encuentra por debajo
    del máximo de 2% anual alcanzado en 1970. Sin embargo, no
    se espera que el incremento anual absoluto comience a decrecer
    hasta después del año 2000.

    Crecimiento pasado y presente

    Las estimaciones de la población mundial antes de
    1900 se basaban en datos parciales, pero los investigadores
    coinciden en que, en general, el crecimiento medio de la
    población se acercó al 0,02‰ anual. El
    crecimiento no era constante y variaba en función del
    clima,
    producción de alimentos, enfermedades y guerras.

    A partir del siglo XVII, los grandes avances del
    conocimiento
    científico, la agricultura,
    la industria, la
    medicina y
    la
    organización social hicieron posible que la
    población creciera de forma considerable. Las maquinarias
    fueron sustituyendo poco a poco la mano de obra humana y animal,
    aumentando lentamente el
    conocimiento y los medios para
    controlar las enfermedades. La
    población mundial se quintuplicó en 300 años
    (pasando de 500 millones en 1650 a 2.500 millones en 1950) y el
    crecimiento fue más espectacular en las regiones donde se
    inventaron y aplicaron nuevas tecnologías.

    Hacia 1950 se inicia una nueva fase en el crecimiento de
    población. Se logra controlar el hambre y las enfermedades incluso en
    zonas que no habían alcanzado todavía un alto nivel
    de escolarización o que no estaban tecnológicamente
    desarrolladas. Las causas de este cambio fueron
    el bajo coste de importación de vacunas,
    antibióticos, insecticidas y variedades de semillas de
    alto rendimiento. Al mejorar la red de abastecimiento de
    agua, las
    instalaciones de alcantarillado y las redes de transporte,
    aumentaron las cosechas y disminuyó mucho el número
    de fallecimientos por enfermedades infecciosas y
    parasitarias. En la mayor parte de los países
    desarrollados, la esperanza de vida al nacimiento pasó de
    35-40 años en 1950 a 61 años en 1990. La
    rápida disminución de fallecimientos en una
    población con altos índices de fertilidad hizo que
    muchos países en vías de desarrollo alcanzaran un
    índice de crecimiento anual superior al 3,1%,
    índice que duplicaría la población en
    veintitrés años.

    Distribución regional

    En 1990 había una población de 1.200
    millones de personas en los países desarrollados y de
    4.100 millones en los países menos desarrollados del
    mundo. Más de la mitad de la población mundial
    habita en el este y en el sur de Asia, destacando
    China con
    más de 1.200 millones de habitantes e India con 880
    millones. Europa y los
    países de la antigua URSS representaban el 15%, América
    el 14% y África el 12% de la población
    mundial.

    Los diferentes índices de crecimiento regional
    alteran sin cesar estos porcentajes. La población de
    África se duplicará para el 2025, mientras que la
    población del Sureste asiático permanece casi
    constante y la de Latinoamérica crece a un ritmo fuerte
    aunque desigual; y las demás regiones, incluida Asia oriental,
    disminuyen de forma considerable. Para el 2025 se estima que el
    porcentaje relativo a los países desarrollados actuales
    (23% en 1990) descenderá al 17%. El 90% de los nacimientos
    actuales tiene lugar en los países menos
    desarrollados.

    Concentración urbana

    A medida que un país pasa de una economía
    agrícola a una economía industrial,
    se produce una migración
    en gran escala de los
    residente rurales hacia las ciudades. En este proceso, el
    índice de crecimiento de las áreas urbanas duplica
    el índice de crecimiento global de la población. En
    1950, el 29% de la población mundial vivía en
    áreas urbanas, en 1990 esta cifra era del 43% y para el
    año 2000 se estima que aumentará a más del
    50 por ciento.

    Esa migración
    a las ciudades conlleva una importante disminución del
    número de personas que vive en el campo, y en consecuencia
    índices de crecimiento negativos en las áreas
    rurales. En los países menos desarrollados, el
    rápido crecimiento de la población mundial ha
    diferido este fenómeno aplazándolo hasta las
    primeras décadas del siglo XXI. La previsión para
    América
    Latina es que en el año 2020 más de 300
    millones de niños vivan en las ciudades.

    Estimaciones de población

    La mayor parte de los padres potenciales de las
    próximas dos décadas ya han nacido. Esto permite
    realizar estimaciones de población para este periodo con
    fiabilidad razonable, salvo imprevistos. Por otro lado, a lo
    largo de dos décadas, el grado de incertidumbre, tanto de
    los índices demográficos como de otras características de la sociedad, crece a
    un ritmo vertiginoso, haciendo que cualquier estimación
    resulte sólo especulativa.

    Las estimaciones de las Naciones Unidas publicadas en
    1990 indican que la población mundial pasará de
    5.300 millones de personas en 1990 a 6.200 millones en el
    año 2000 y a 8.500 millones en el 2025. Las estimaciones
    máxima y mínima para el año 2025 son de
    9.100 millones y 7.900 millones respectivamente. El índice
    medio de natalidad mundial, que en 1990 era del 26‰, se
    reducirá al 22‰ para finales del siglo, y al
    17‰ en el año 2025 (con la correspondiente
    reducción del índice total de fertilidad de 3,3 en
    1990 a 2,3 en el 2025). El mayor porcentaje de población
    con edades de alta mortalidad hará que el índice de
    mortalidad media mundial se reduzca sólo un poco, pasando
    del 9‰ en 1990 al 8‰ en el 2025. La esperanza de
    vida media mundial, sin embargo, pasará de 65 años
    en 1990 a 73 años en el 2025.

    Seguirán existiendo amplias variaciones en el
    crecimiento de la población. En el mundo desarrollado, el
    crecimiento de la población seguirá siendo muy
    lento y en algunos países incluso disminuirá. Se
    estima que la población de Europa occidental
    decrecerá a partir del año 2000. En 1996 en las
    ciudades de Madrid y Londres había más habitantes
    de 65 años que menores de 15. En España el
    índice de fecundidad es de 1,4 hijos por mujer, siendo uno
    de los países, junto con Italia, con menor
    natalidad del mundo. En el caso estadounidense, las previsiones
    hablan de un crecimiento hasta el año 2050, debido a la
    inmigración. A partir de este momento el
    índice de crecimiento será prácticamente
    nulo. En cambio, para
    el año 2000, América
    Latina tendrá la mayor tasa media anual de crecimiento
    del mundo.

    Las Naciones Unidas estiman que los países menos
    desarrollados tendrán unos índices de crecimiento
    de población en continuo descenso. Para el conjunto de
    países menos desarrollados, el índice de
    crecimiento, que en el 1990 era del 2% anual, en el 2025 se
    reducirá a la mitad. África seguirá siendo
    la zona con el índice de crecimiento más alto (en
    1990 este índice era del 3,1% y para el 2025 se estima que
    se reducirá al 2,2%). La población africana se
    triplicará pasando de 682 millones de personas en 1990 a
    1.580 millones de personas en el 2025 y se estima que
    seguirá creciendo hasta duplicar su volumen de
    población en otros 35 años.

    Políticas de población

    Las políticas
    gubernamentales de población pretenden alcanzar objetivos de
    desarrollo y bienestar aplicando medidas que, directa o
    indirectamente, inciden sobre procesos
    demográficos como la fertilidad y la migración.
    Como ejemplos cabe citar el establecimiento de la edad
    mínima reglamentaria para contraer matrimonio, los
    programas de
    divulgación de uso de anticonceptivos y los controles de
    migración. Cuando estas políticas
    se adoptan por razones distintas a las demográficas
    reciben el nombre de políticas
    implícitas.

    Políticas de población en los
    países desarrollados

    Los países europeos no tuvieron políticas
    de población hasta el siglo XX. Se concedían ayudas
    a las familias numerosas en países tan dispares como Gran
    Bretaña, Suecia, España y
    la Unión Soviética. Los fascistas italianos en la
    década de 1920 y los nacionalsocialistas alemanes en la
    década de 1930 incluyeron el crecimiento de la
    población como parte importante de sus
    doctrinas.

    Japón, con una economía comparable a
    la de los países europeos, fue el primer país
    desarrollado en la era moderna que inició un programa de
    control de
    natalidad. En 1948 el gobierno japonés
    instituyó una política que
    incluía la anticoncepción y el aborto para
    limitar el tamaño de las familias.

    Las políticas europeas a favor de la natalidad no
    tuvieron mucho éxito en la década de 1930 y sus
    ligeras variantes de las dos últimas décadas (en
    Francia,
    España
    y en muchos países europeos del este) no parece que hayan
    logrado detener la continua y preocupante disminución de
    la natalidad. El control gubernamental de la migración
    parece que resulta más eficaz. La migración a corto
    plazo por demanda de
    trabajo ha sido una práctica común en Europa occidental
    y ha dado a los diferentes países la flexibilidad para
    reducir la migración durante las recesiones
    económicas.

    Políticas de población en América
    Latina

    Desde su independencia,
    los países hispanoamericanos se plantearon los problemas de
    población derivados del mestizaje y la existencia de
    amplias zonas de escasa presencia humana. "Gobernar es poblar",
    fue una consigna generalizada, mientras se planteaban programas de
    atracción de colonos, preferentemente europeos, que no
    siempre llegaban con facilidad.

    El vertiginoso crecimiento de los índices de
    natalidad, las tradiciones y prejuicios religiosos y familiares,
    las costumbres de fuerte arraigo, contrarias a la
    contracepción, han obligado a todos los gobiernos a
    desarrollar campañas de información y educación, a promover
    el control de la natalidad y los programas de
    planificación familiar.

    Políticas de población en el Tercer
    Mundo

    En 1952 la India fue el
    primero de los países en vías de desarrollo que
    adoptó una política oficial para
    ralentizar el crecimiento de su población. El objetivo era
    facilitar el desarrollo social
    y económico reduciendo la carga de una población
    joven y en constante crecimiento. Estudios para investigar los
    conocimientos, actitudes y
    prácticas sobre anticonceptivos de la población pusieron de
    relieve que un
    alto porcentaje de parejas no deseaban tener más hijos,
    aunque algunos ya practicaban una anticoncepción eficaz.
    Los programas de
    planificación familiar fueron considerados como una forma
    de satisfacer el deseo de un amplio sector de la población
    de limitar y controlar la natalidad.

    La reducción del índice de crecimiento en
    Asia puede
    atribuirse sobre todo a las estrictas políticas de control
    de la población en China. A pesar
    de su inmensa población, China ha
    reducido con éxito los índices de natalidad y
    mortalidad. Recientemente, el gobierno
    está apoyando una política de familias
    con un solo hijo con el fin de reducir el índice actual de
    crecimiento anual del país del 14‰ al 0‰ en
    el año 2000.

    En 1979, más del 90% de la población de
    los países en vías de desarrollo vivía bajo
    gobiernos que, al menos en principio, permitían el acceso
    a anticonceptivos por razones de sanidad y
    garantizaba el derecho a elegir el número de hijos y
    controlar los intervalos entre nacimientos. Estudios recientes
    muestran que en muchos países se están reduciendo
    los índices de natalidad y de crecimiento de la
    población nacional, en parte gracias a los programas de
    planificación familiar propiciados por los
    gobiernos.

    Los demógrafos
    utilizan las tasas de nacimiento y defunción para
    determinar el crecimiento de la población y evaluar la
    salud general
    de las poblaciones que estudian. Generalmente, estos
    porcentajes señalan el número de nacimientos y
    defunciones por cada 1.000 habitantes en un año dado,
    como muestra el
    cuadro (abajo).

    Proyecciones de población

    A la hora de analizar las tendencias de la
    población mundial, con frecuencia los economistas
    distinguen entre naciones desarrolladas y naciones en
    vías de desarrollo. Generalmente, las naciones
    consideradas menos desarrolladas o en vías de desarrollo
    tienen un nivel de vida inferior a las naciones desarrolladas.
    Una gran parte de la población de estos países
    vive bajo los límites de la subsistencia y los recursos
    médicos son limitados. Como demuestra el gráfico
    (abajo) el crecimiento de la población en los
    países menos desarrollados ostenta una tasa mucho
    más alta que la de las naciones
    desarrolladas.

    TRABAJO REALIZADO POR: ANTONIO MIGUEL
    DUGARTE

    E-MIAL:

    ESTUDIANTE DE INGENIERIA INDUSTRIAL

    UNIVERSIDAD JOSE MARIA VARGAS, CARACAS,
    VENEZUELA

     

     

    Autor:

    Antonio Dugarte

    Estudiante Ingenieria Industrial

    Univ. Jose Maria Vargas . CARACAS.

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