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La era de las revoluciones 1763-1848




Enviado por lkloss



     

    Indice
    1.
    Introducción.

    2. La independencia Norteamericana: Una
    revolución burguesa.

    3. Fases del proceso
    revolucionario.

    4. Napoleón o la revolución
    exportadora.

    5. La onda de 1820: La revolución
    en el sur.

    6. La independencia
    griega.

    7. La revolución en el
    corazón de Europa.

    1. Introducción.

    Entre 1763 y 1848 Europa y América
    se vieron envueltas en distintas revoluciones. En este periodo
    histórico pudo observarse como los dos continentes dejaban
    de lado el Feudalismo para
    entrar al nuevo sistema: El
    Capitalismo.
    Durante este periodo se sentaron las bases para la
    expansión de formas de propiedad, de
    la misma manera se superaba el estado
    Absolutista para asentar nuevos estados nacionales en
    términos de ciudadanía y mercado.
    Se impulsó el crecimiento
    económico a través de la libertad de
    contratación y de asociación de capitales, al mismo
    tiempo se
    restringía el derecho a asociación a la clase
    obrera.
    Los procesos
    revolucionarios no van solo desde el año 1763 al 1848, el
    primer ciclo de revoluciones que comenzó en los
    Países Bajos del Norte (Holanda) data del sigloXVI, para
    luego seguir con la revolución
    inglesa en el siglo XVII, en el mismo sentido, 1848 solo
    representa una de las fases de la revolución.
    Dos conceptos son necesarios para comprender un cambio
    revolucionario: crecimiento y desarrollo.
    Ninguna sociedad es
    estática y de las contradicciones nacidas
    de sus relaciones sociales iran surgiendo nuevas formas de
    organización de la producción y nuevos grupos
    sociales que las empujen.

    2. La independencia
    Norteamericana: Una revolución burguesa.

    La complejidad social de las colonias nos obliga a
    interpretar los hechos acaecidos entre 1763 y 1783 en función de
    los distintos intereses, ya que la configuración social y
    política
    de las mismas no era idéntica. No debemos entender bajo
    ningún punto de vista la revolución como una
    solución de continuidad de los hombres que dirigían
    Las Asambleas Legislativas de las trece colonias.
    Es decir, desde hace mucho tiempo (cuando todavía eran
    colonias) este país se rige bajo unas medidas muy claras:
    Sus propios intereses.
    La revolución norteamericana no debe ser tratada sino como
    una revolución burguesa, donde la metrópoli
    ponía trabas al desarrollo del capital
    industrial norteamericano.
    A finales de la guerra de los
    siete años Inglaterra quiere
    reformar el pacto colonial para de esta manera poder centrar
    el poder en las instituciones
    feudales, es decir, dotar de poder virreinal a los gobernadores
    de las trece colonias, además ubico a sus soldados en los
    hogares de los norteamericanos e impuso una serie de impuestos
    indirectos sobre los cultivos producidos en el agro
    norteamericano y comercializados en sus principales
    puertos.

    Conciencia revolucionaria.
    Los dirigentes de las trece colonias eran burgueses acostumbrados
    a gozar del poder social y de un amplio poder político, de
    aquí que mostraran total insumisión a las medidas
    tomadas por la metrópoli.
    La riqueza estaba desigualmente dividida: en el campo la
    tensión entre grandes hacendados y pequeños
    propietarios venia de antiguo; en la ciudad los grandes
    comerciantes se agrupaban en una elite social mientras
    veían el descontento de artesanos, obreros y marineros,
    estos conflictos
    fueron parte de la propia revolución y la dotaron de una
    reconocible participación campesina.
    El desarrollo de una conciencia
    revolucionaria popular, es anterior a la proclamación de
    la política
    fiscal por parte de Londres. A partir de 1765 el movimiento
    popular se une con los patriotas burgueses y Gran Bretaña
    pasa a ser el gran enemigo. De la inestabilidad de esta alianza y
    de la intervención armada por parte de la metrópoli
    se puede establecer una cronología interna de la
    revolución.

    3. Fases del proceso
    revolucionario.

    1763-1767
    El gobierno ingles
    debido a sus crisis
    fiscal
    incrementa los impuestos sobre las colonias, procede a una
    reordenación militar y promulga la ley Stamp Act con
    el fin de evitar el contrabando.
    Los lideres burgueses rechazan estas medidas. Entran en escena
    los Hijos de la Libertad, grupos radicales
    de menestrales y obreros que se encargan de hacer un boicot sobre
    las mercancías inglesas.
    En 1766 ante la posición de las fuerzas de las Colonias,
    Londres derogara las Stamp Act e intentara disminuir la presión
    metropolitana.
    1767-1770
    Londres decreta un nuevo incremento de la fiscalidad sobre sus
    colonias. Intentando evitar una repuesta, suspende la Asamblea de
    Nuevo York, por no aplicar las leyes de
    acuartelamiento. Se desencadenan protestas y se produce un
    movimiento radical protagonizado por los Hijos de la Libertad. En
    1770 sobrevino la matanza de Boston, él ejercito
    británico dispara contra la multitud.
    1770-1775
    La matanza de Boston es utilizada como herramienta de
    movilización por los Hijos de la Libertad, para los cuales
    la solución dentro del imperio es poco menos que
    imposible. Londres adopta una posición de fuerza y
    reserva el monopolio del
    comercio del
    té a la Compañía de las Indias Orientales,
    con sede en Londres. Los radicales de la ciudad arrojan al
    agua los
    cargamentos que debían ser embarcados y Londres aplica en
    1774 las Leyes Intolerables: cierre del puerto de Boston,
    restricción de los poderes a las Asambleas, y juicios de
    traición efectuados por tribunales ingleses. Ante esta
    legislación Jefferson publica su primer obra
    soberanista.
    1775-1781
    La posición de Inglaterra y sus colonias era
    irreconciliable. Comienza la guerra en la primavera de 1775. En
    mayo de 1776 el segundo congreso intercontinental produjo la
    Declaración de la Independencia y organizo la resistencia
    armada frente a la metrópoli, se nombro a George
    Washington cabeza del ejercito de las colonias Unidas. La guerra
    se prolonga hasta 1881. La internacionalización del
    conflicto
    perjudica los intereses de Gran Bretaña y favorece la
    construcción de los nuevos Estados Unidos de
    América.

    La revolución
    francesa y la vía campesina.
    La revolución en su curso no solo abolió la
    feudalidad (17 de julio de 1793) sino que la orientación
    que en ella tuvo la intervención de los campesinos y de
    las clases populares posibilito la consolidación de
    amplios sectores del campesinado como propietarios plenos de las
    tierras, en ese sentido la revolución fue
    democrática.
    Hay otros elementos que le confieren mayor singularidad a la
    revolución francesa: desde la rápida
    homologación del sistema métrico hasta la
    unificación lingüística.

    La Asamblea Nacional Constituyente y la Asamblea
    Legislativa, 1789-1792.
    Los pensadores franceses admiraban la
    organización política, social, económica
    y la filosofía inglesa. De esa admiración surgieron
    las ideas principales de la
    Ilustración francesa: Fe en el progreso humano. Los
    hombres mejoran a través de la educación.
    Libertad religiosa. Todos los seres humanos son esencialmente
    iguales. El gobierno de un pueblo surge por convenio de los
    ciudadanos.
    Los agobios financieros del estado
    hicieron que Luis XVI enfrentara graves problemas
    económicos que no se resolvieron con poner impuestos.
    Entonces encargo su solución a los Estados Generales,
    asamblea formada por representantes de la nobleza, el clero y el
    pueblo. Esta asamblea también fracasó. Los
    representantes del pueblo formaron aparte la Asamblea Nacional.
    El julio la corte de Luis XVI intento evitar las reuniones, pero
    esta fue la chispa que incendio Paris y provoco los sucesos del
    14 de julio. La capital quedo en manos del pueblo, que
    protegía a la recién nacida Asamblea a
    través de la recién creada Guardia Nacional.
    Las noticias de Paris intensificaron y difundieron al movimiento
    campesino que ya había empezado y que a su vez
    provocó una serie de revoluciones municipales. Los
    campesinos asaltaban los registros
    señoriales para borrar a fuego las escrituras de los
    privilegios feudales que los aherrojaban.
    La revolución resultaba de una fusión de
    movimientos: el burgués de los monárquicos de la
    asamblea y el del pueblo urbano y campesino. La alianza era
    inestable, solo se compartían algunos objetivos.
    La posición mayoritaria de los asambleístas
    quedó reflejada en la constitución de 1791 que convirtió a
    Francia en una
    monarquía constitucional en la que el
    verdadero poder pasaba a manos de los asambleístas. Los
    cargos públicos, incluidos los militares se abrieron al
    talento, el país se dividió en una serie de
    departamentos y estos subdivididos en distritos y cantones.
    En abril de 1792 la alianza entre la burguesía y el pueblo
    se rompía. El club de los Jacobinos y el club de los
    Cordeleros se unían ahora contra la mayoría de la
    asamblea. El 10 de agosto la multitud parisina marcha hacia
    Tullerias. La asamblea intenta canalizar el movimiento popular
    encarcelando al monarca y convoca a elecciones que darían
    un nuevo régimen al país.

    La primera Republica: entre la guerra y el terror,
    1792-1794.
    En 1792, gobernada por la Convención Nacional, se proclama
    la República. Los diputados Girondinos intentan frenar a
    los montañeses que apuestan por una republica social que
    trace los precios,
    regule la producción y frene la especulación y la
    inflación. Los Jacobinos están convencidos de que
    sin esas concesiones la guerra contra Austria y Prusia que
    había sido declarada en Abril de 1792 no podía
    ganarse: El apoyo popular es la única vía para
    convertir la guerra en nacional. El 21 de enero de 1793 Luis XVI
    es ejecutado. El 31 de mayo se produce un nuevo levantamiento de
    las secciones parisinas, los diputados Girondinos serán
    eliminados de la Convención.
    Entre marzo de 1793 y marzo de 1794 se instaura en Francia un
    periodo llamado del Terror, donde su mayor expresión es la
    guillotina, va dirigido contra los sospechosos de frenar el
    asentamiento de la republica social, contra agiotistas y contra
    especuladores que aprovechan la situación para
    enriquecerse a costa de la miseria popular. Pero no solo la
    guillotina: a su lado, los decretos revolucionarios que obligan a
    la escolarización universal, que erradican la feudalidad y
    que promueven la libertad de cultos.

    La reacción Termidoriana y el Directorio,
    1794-1799.
    La Convención Nacional estuvo controlada hasta finales de
    1794 por el 'grupo
    termidoriano' que derrocó a Robespierre y puso fin al
    Reinado del Terror. Se clausuraron los clubes jacobinos de toda
    Francia, fueron abolidos los tribunales revolucionarios y
    revocados varios decretos de carácter
    extremista, incluido aquél por el cual el Estado fijaba
    los salarios y
    precios de los productos.
    Después de que la Convención volviera a estar
    dominada por los girondinos, el conservadurismo termidoriano se
    transformó en un fuerte movimiento reaccionario. Durante
    la primavera de 1795, se produjeron en París varios
    tumultos, en los que el pueblo reclamaba alimentos, y
    manifestaciones de protesta que se extendieron a otros lugares de
    Francia. Estas rebeliones fueron sofocadas y se adoptaron severas
    represalias contra los jacobinos y sans-culottes que los
    protagonizaron. La moral de
    los ejércitos franceses permaneció inalterable ante
    los acontecimientos ocurridos en el interior. Durante el invierno
    de 1794-1795, las fuerzas francesas dirigidas por el general
    Charles Pichegru invadieron los Países Bajos austriacos,
    ocuparon las Provincias Unidas instituyendo la República
    Bátava y vencieron a las tropas aliadas del Rin. Esta
    sucesión de derrotas provocó la
    desintegración de la coalición antifrancesa. Prusia
    y varios estados alemanes firmaron la paz con el gobierno
    francés en el Tratado de Basilea el 5 de abril de 1795;
    España
    también se retiró de la guerra el 22 de julio, con
    lo que las únicas naciones que seguían en lucha con
    Francia eran Gran Bretaña, Cerdeña y Austria. La
    guerra con Inglaterra obliga a enviar una expedición a
    Egipto en
    1798-1799 al mando de un joven general Napoleón
    Bonaparte. El expansionismo y sus amenazas interiores y
    exteriores van fraguando una alianza, y el 18 de brumario de 1799
    se concreta un golpe de estado,
    uno de de los implicados el general Bonaparte es ahora
    cónsul de Francia. Esta alianza al avanzar un paso mas se
    convierte en dictadura
    bonapartista, y luego en imperio napoleónico. La primera
    republica queda atrás y la forma monárquica se
    recupera, pero su depositario es un hijo de la
    revolución.

    4. Napoleón o la revolución
    exportadora.

    En 1803 Francia entra de nuevo en guerra con Inglaterra.
    El Gran Imperio con su red de territorios
    anexionados fue tomando forma. En 1805 surgía el reino de
    Italia. Suiza,
    Holanda y Bélgica estaban subordinadas a Francia. Tras la
    campaña de 1806-1807 dieciocho príncipes alemanes
    se colocan bajo protección de Francia. En 1807 la Polonia
    Prusiana se transformo en el Gran Ducado de Varsovia. En 1808
    José Bonaparte ocupa el trono vacante de España y
    Junot se encarga de Portugal.
    En términos generales, el gobierno napoleónico
    destruyo las instituciones del antiguo régimen,
    abolió la feudalidad, desamortizo diezmos, aplico los
    derechos de
    herencia y
    propiedad del código
    civil. Europa se revoluciona con Napoleón, pero
    también contra Napoleón. En 1806 Federico Guillermo
    de Prusia pide que la burguesía liberal del país
    apoye la defensa de Prusia frente a Napoleón, para esto se
    alía con la clase señorial Prusiana, con el fin de
    expulsar a los ministros reformadores. La clase señorial
    se convirtió en un empresario rural que cultivaba su
    tierra
    mediante mano de obra asalariada. En 1808 las tropas
    napoleónicas invaden España y se desencadena la
    guerra, pero también la revolución. José
    Bonaparte se convierte en el nuevo monarca y estallan diferentes
    formas de descontento popular. Algunas pretenden contener la
    movilización popular, pero otras quieren organizar la
    resistencia contra el invasor. En 1808 se forma una junta
    central, que toma el poder, pero lo resigna poco después
    (1810) y convoca una consulta al país para la convocatoria
    de unas cortes que, a la postre, serán Constituyentes. En
    Cádiz a partir de septiembre de 1810 se impone la
    facción liberal, allí se lleva a cabo la
    revolución jurídica contra el feudalismo. La
    constitución de 1812 aglutina esta obra de
    destrucción de lo existente y construcción de un
    estado nación
    de contenidos liberales y aspiraciones
    democráticas.

    Colonias en América.
    Los criollos hispanoamericanos se harán eco de los
    argumentos expresados por las Juntas Españolas de 1808. La
    situación revolucionaria que vive España y el
    arranque de los procesos de independencia hispanoamericanos son
    dos caras de la misma moneda.
    El 22 de enero de 1809, la Junta Central decreta que los dominios
    españoles de América no deben ser tratados como
    colonias, sino en pie de igualdad con
    el resto de España. El primer brote de emancipación
    en América surge en Caracas en 1810, se suprimen los
    impuestos sobre las importaciones, se
    decreta la libertad de comercio, se erradica la alcabala para los
    artículos de primera necesidad, así como el pago de
    tributos de
    indios y se prohíbe él trafico de esclavos (Aunque
    no su posesión). El ejemplo Caraqueño se expande a
    otras partes: Buenos Aires,
    Quito, Santa Fe de Bogota, Nueva España y Chile. A
    partir de entonces y hasta 1826 Hispanoamérica vive un
    proceso revolucionario.

    El trono y el altar: En tiempos del congreso de
    Viena.
    Derrotado Napoleón en la batalla de Waterloo, en junio de
    1815, sus vencedores se reunirán en el Congreso de Viena
    con el objetivo de
    reordenar el mapa de Europa. Eran conscientes que durante las
    guerras
    napoleónicas las insurrecciones populares habían
    adquirido un componente nacional, y por ende liberal.
    Pretendían a toda costa que Italia o Alemania no
    sean concebidas como estado nación, puesto que estas eran
    fruto revolucionario de una Europa ocupada por las tropas
    napoleónicas. De lo que se trataba ahora era de recomponer
    el viejo sistema de estados en su configuración
    prerrevolucionaria.

    Contradicciones del nuevo equilibrio
    europeo.
    La decisión de mantener la división estatal en
    Alemania e Italia era presupuesto
    esencial del sistema de equilibrios dibujado en Viena. En
    Alemania se estableció una Confederación
    Germánica que constituía un conglomerado de 39
    estados soberanos. En Italia la atomización territorial
    jugo a favor de las grandes potencias, las cuales fueron
    recuperando distintos territorios. Sin embargo a pesar del
    aparente retorno al orden pronto surgieron diferencias entre las
    potencias (Austria, Rusia, Prusia, Gran Bretaña y
    Francia), existían diferencias de organización
    socioeconómica y política, que pronto se tradujeron
    en intereses distintos.

    Francia e Inglaterra a la virtud liberal.
    De los Estados participantes del Congreso de Viena, la
    mayoría eran "naciones de nobleza", sin embargo dos de
    ellos eran naciones soberanas.
    En Francia, la Restauración no fue ni jurídica ni
    social, aunque sí dinastica. Los intentos por parte de
    Carlos X por recrear un estado absoluto fracasaron,
    convirtiéndose en causa directa de la revolución
    que en 1830 derribo a los Borbones.
    En Inglaterra se había establecido un equilibrio entre la
    Corona, la alta Aristocracia y la nobleza terrateniente. Aunque
    el parlamentarismo ingles tenia fuertes rasgos del Antiguo
    Régimen la autoridad
    absoluta de la realeza había dejado de existir.
    La actitud de
    Francia e Inglaterra, no tan férrea en la salvaguarda del
    absolutismo,
    tenia su origen en el componente liberal de ambos países,
    pero también en sus objetivos estratégicos de
    política exterior. A su vez, la política exterior
    estaba íntimamente relacionada con el tipo de crecimiento
    económico que experimentaban. La revolución
    industrial transformaba la economía de ambos
    países y exigía a sus gobiernos la atracción
    de zonas de influencia que pudiesen convertirse en futuros
    mercados.

    5. La onda de 1820: La
    revolución en el sur.

    Entre 1815 y 1848 el mundo occidental vivió tres
    grandes oleadas revolucionarias que dieron al traste con buena
    parte de los propósitos restauradores del Congreso de
    Viena. El primero tuvo lugar en 1820 y tuvo como foco a Portugal
    y Grecia donde
    la revolución tuvo continuidad y éxito
    nacional. Mas allá de Europa, las regiones
    hispanoamericanas bajo dominio colonial
    reanimaron sus movimientos de liberación.

    La revolución en España y Portugal.
    El 1 de enero de 1820 el general Riego se manifiesta con sus
    tropas contra el absolutismo y a favor del restablecimiento de la
    constitución de 1812. La situación se
    decantó a favor de una nueva situación liberal.
    Aunque fraccionada la burguesía se adueño de la
    escena política. Para la burguesía progresista
    aliarse con la pequeña burguesía radical era la
    única manera de vencer la presencia de una
    contrarrevolución realista, compuesta por un campesinado
    descontento con las medidas fiscales tomadas por el nuevo poder.
    En julio de 1822 los exaltados consiguieron hacerse con el poder.
    En abril de 1923 para satisfacción de Fernando VII las
    tropas de la alianza acababan con la experiencia revolucionaria
    restableciendo el absolutismo.
    Mientras en España ocurría el segundo de los
    movimientos revolucionarios, al mismo tiempo en Portugal
    aconteció el primero. La burguesía comercial de
    ciudades como Oporto fue el motor de la
    revolución de Agosto de 1820. En 1822 se proclama la
    constitución. La situación revolucionaria de 1820 a
    1823 fue seguida por un interregno en el cual las fuerzas
    absolutistas y las liberal-burguesas libraron un pulso que se
    prolongo hasta 1834. A partir de entonces, la
    transformación jurídica de la propiedad y las
    relaciones sociales pudo consumarse, nació el Portugal
    contemporáneo.

    El levantamiento napolitano.
    En 1819 el ejercito austriaco se retiro de Nápoles. El
    gobierno del territorio crea una milicia para atajar el
    bandolerismo que arreciaba. La constitución
    española de 1812 fue asumida por los liberales napolitanos
    y el rey tuvo que jurarla.

    6. La independencia
    griega.

    El 1 de enero de 1822 el Congreso Nacional Griego
    declara la independencia de Inglaterra, asumiendo la ley
    constitucional basada en la soberanía popular.
    Tal y como había sucedido en Italia la guerra
    revolucionaria de Francia fue crucial en Grecia. En 1797 cientos
    de campesinos se alistaron en el regimiento jonico de la
    Republica Francesa; al tiempo, otros griegos con apoyo
    francés luchaban por la independencia del Epiro. En la
    época de la Restauración europea los patriotas
    griegos confiaron en que Rusia les deparase ayuda en su deseo
    independentista frente a Turquía. No conocían que
    la prioridad de Alejandro I era acabar con todo fermento
    revolucionario. En abril de 1821 se produce un levantamiento en
    el Peloponeso dirigido por clérigos ortodoxos,
    terratenientes burgueses y magistrados que, de hecho, inicio la
    guerra independentista. Los Griegos contaron con el apoyo de Gran
    Bretaña, y a la vez de Rusia y Francia. La
    internacionalización del conflicto jugo a favor de la
    independencia griega, aunque la guerra se prolongo hasta
    1829.

    1830: Avances del liberalismo
    doctrinario y de la cuestión social.
    Radicalismo, utopía, democracia.
    Las revoluciones de 1830 tuvieron mas extensión que las de
    1820, aunque Gran Bretaña y Estados Unidos fueron ajenas a
    ellas, experimentaron importantes transformaciones y conocieron
    la entrada a sus escenarios políticos del movimiento
    obrero. Los disturbios obreros que sucedieron en 1829 impulsaron
    el nacimiento de un sindicalismo
    revolucionario, aunque este fracasó una parte de quienes
    estuvieron implicados en el dieron apoyo a los lideres del
    movimiento cartista.
    Aunque los movimientos obreros continentales no puedan compararse
    con el británico, no cabe duda de que los movimientos
    obreros estaban presentes en muchas de las revoluciones de la
    década.
    El movimiento obrero buscaba formas de organización pero
    en condiciones pésimas. En Francia una parte de los mismos
    se organizaba en sociedades de
    socorros mutuos.

    Las Jornadas de Julio.
    Las Jornadas de Julio de 1830 no supusieron solo un cambio
    dinástico en Francia. Demostraron que el movimiento
    popular urbano estaba todavía vivo y que sé nutria
    de una ideología radical y democrática.
    Hicieron emerger la cuestión social al mostrar que buena
    parte de los clubs parisinos tenían una composición
    obrera y que en ellos se debatía tanto sobre las
    condiciones de trabajo como sobre el futuro político del
    país.

    El liberalismo centroeuropeo.
    Francia marco la pauta en julio de 1830, pero ese mismo
    año, se unieron a la suya las revoluciones iniciadas en
    Bélgica, Polonia, Suiza y Estados de Alemania e Italia.
    Solo en Bélgica acabo con éxito, con la
    independencia respecto de Holanda proclamada el 4 de octubre de
    1830. La incidencia revolucionaria en el resto de las regiones
    puso de manifiesto que el arraigo del liberalismo constitucional
    y del nacionalismo
    entre sectores de la burguesía y las clases populares
    iva a hacer
    sudar tinta a aquellos monarcas empeñados en mantener
    sistemas
    despóticos.

    La revolución burguesa en España.
    En España el proceso revolucionario había comenzado
    en 1808 y proseguido en 1820-1823. Estas dos situaciones
    decantaron a gran parte de la burguesía liberal a no
    contemplar la posibilidad de una alianza con el movimiento
    campesino. Muchos radicales en un primer momento, habían
    atemperado sus posiciones, aunque manteniendo el objetivo de
    acabar con el gobierno absoluto.
    Bajo la apariencia de una guerra dinastica, la revolución
    burguesa española comenzó en 1834 y se prolongo
    hasta 1843. El arranque inicial hizo que el protagonismo pase al
    movimiento campesino. Pronto la consecuencia fue la llegada al
    poder de un dirigente liberal, Mendizábal, que intento
    ampliar el frente liberal, aunque sin atreverse a modificar el
    Estatuto Real. En 1836 los motines se reprodujeron, pero esta vez
    su fruto fue la consecución de unas cortes constituyentes,
    que además de aprobar un texto
    constitucional (1837) sancionaron la abolición de los
    señoríos. Al cabo de 1843 todas las grandes
    reformas liberales estaban realizadas y ahora cabía
    asegurar sus resultados y crear dispositivos represores contra
    cualquier conato radical.

    1848: La primavera de los pueblos.
    La revolución democrática.
    En 1847 una aguda crisis financiera, se cernió sobre
    Europa: su origen estaba en la especulación y el agio
    desatados en la década precedente en torno a los
    ferrocarriles y los negocios
    bancarios.
    A la par, en la primavera de ese mismo año, un rosario de
    motines de subsistencias se producían en Gran
    Bretaña, Bélgica, Francia, Remania, el norte de
    Italia y Galitzia, ese mismo año en Suiza se abría
    camino una revolución liberal.
    En enero de 1848 comenzaba un movimiento revolucionario en el
    Reino de las Dos Sicilias. Al mismo tiempo en Francia el
    país real se había distanciado del país
    legal.
    El 21 de febrero se convocó en Paris un banquete donde
    debían hacerse un brindis contra la situación
    imperante. Fue prohibido. Al día siguiente las barricadas
    comenzaron a levantarse. La guardia nacional se niega a combatir
    a los revolucionarios y fuerza la dimisión de Guizot el
    día 23. La multitud no acepta tampoco el gobierno de
    Thiers y fuerza la abdicación de Luis Felipe. Los
    moderados jugaran entonces la baza de un vate popular. Lamartine,
    a quien creen capaz de contener a los revolucionarios: su
    método
    será proclamar la Republica, e instaurar un gobierno
    provisional. Se convocaran elecciones por sufragio universal para
    una asamblea constituyente; se decretara la libertad de prensa y
    asociación, se acabara con la pena de muerte
    por delitos
    políticos, con la esclavitud de las
    colonias y con las odiadas penas de cárcel para los
    deudores.
    Este componente social de la Republica mueve a muchos liberales a
    pensar que este nuevo 1789 va a tener su 1792. Y no lo pretenden,
    presionan al gobierno. Una manifestación de apoyo a las
    medidas es reprimida. Con ellos se abre un abismo entre la
    pequeña burguesía demócrata y las clases
    obreras. Ese mes se celebran elecciones en la Asamblea
    Constituyente y en ellas el campesinado se decanta hacia la
    derecha liberal. Las elecciones configuran un nuevo gobierno de
    mayoría moderada y con un solo representante radical,
    Ledru-Rollin, el represor de la manifestación del 17 de
    abril. La izquierda socialista queda al margen, pero
    todavía puede hacer sentir su fuerza en los clubs
    parisinos. La solución al drama se produce el 15 de mayo,
    en el que la guardia nacional reprime la revuelta encabezada por
    lideres radical-socialistas. Acto seguido, se produce la
    contrarreforma social: es el fin de la comisión nacional
    del trabajo, de los talleres nacionales. Una nueva
    sublevación de respuesta, el 23 de mayo, es reprimida con
    dureza por 30.000 soldados del ejercito.
    A partir de ese momento se institucionaliza el nuevo orden, y se
    abre un proceso electoral para elegir presidente por cuatro
    años. El 12 de diciembre es elegido Luis Napoleón
    Bonaparte quien recibe el voto de la mayoría de los
    campesinos. La revolución democrática tiene ahora
    un movimiento popular bien definido y apunta hacia un estado no
    solo democrático sino también social. La
    próxima vez que las clases populares parisinas intenten la
    toma del poder en 1871 lo harán sin alianza alguna con la
    burguesía.
    La francesa fue la única de las revoluciones que podemos
    tildar de democrática, en el sentido de que profundizaba en una raíz
    liberal.

    7. La revolución en el corazón de
    Europa.

    Desde los inicios de la revolución francesa,
    Austria apareció como el bastión más
    férreo de la reacción. Sin embargo el 13 de marzo
    de 1848 frente a una revuelta popular el rey Fernando I tuvo que
    aceptar la creación de una Guardia Nacional, decretar la
    libertad de prensa y asegurar que se caminaría hacia un
    régimen constitucional. Ante la avalancha revolucionaria
    el monarca de Prusia, Federico Guillermo IV, tuvo que prometer la
    constitución de un Parlamento democrático y
    asegurar que estaba dispuesto a convertirse en referente de la
    unidad de Alemania.
    Algo similar sucedía en el Imperio Austriaco, mientras la
    revolución se radicalizaba en Viena, en los territorios
    checos así como en Hungría surgían
    movimientos revolucionarios que apuntaban una orientación
    nacionalista fluctuante entre la plena autonomía dentro
    del imperio o la definitiva segregación para erigirse como
    nuevos Estados nacionales. Esta dualidad en la orientación
    marcaba la división entre los sectores. Los debates entre
    estos dos sectores impusieron una ralentización en los
    procesos revolucionarios que vino muy bien a quienes
    querían acabar con ellos de raíz.
    El 3 de marzo de 1848 Kossuth, portavoz de la pequeña
    nobleza de Hungría presento una moción al emperador
    austriaco solicitando un gobierno autónomo y la
    abolición de las prestaciones
    feudales. Las peticiones fueron aceptadas en Viena y las
    nacionalidades no magiares de Hungría se animaron a seguir
    un camino similar.

    La situación revolucionaria en Italia.
    En julio de 1847 los ejércitos austriacos ocuparon la
    ciudad de Ferrara en signo de oposición a las medidas
    aperturistas adoptadas por el papa Pio IX. La oleada de
    indignación tuvo su expresión el 12 de enero de
    1848 en Palermo donde los liberales se sublevan al rey y
    proclaman la constitución. En Cerdeña y Toscana se
    produjeron movimientos similares en marzo.
    Cuando en marzo estallo la revolución en Viena, la
    situación italiana giro. Algunas ciudades se levantaron y
    fueron en busca de la unidad para conseguir la expulsión
    de los austriacos. El movimiento fracasó, pero en vez de
    apagarse los ecos de la revolución se dio pie a que se
    entre en una nueva fase de la revolución, en ese momento
    se reunió una Asamblea Nacional Constituyente. Se
    celebraron las elecciones a dicha Asamblea y la nueva
    cámara proclamó el fin del poder temporal del
    papado y el nacimiento de la Republica Romana. El movimiento
    democrático se extendió a Toscana y al Piamonte.
    Sin embargo, el triunfo de la reacción en Francia,
    Alemania y Austria, aisló a los radicales italianos,
    provocando su derrota y la del Risorgimento de Italia.

     

     

     

    Autor:

    Laureano Kloss

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