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La educación en el Siglo XIX




Partes: 1, 2

  1. Introducción
  2. La educación en el s. XIX
  3. El interés
  4. La graduación de la enseñanza
  5. La pedagogía científica
  6. La experimentación educacional
  7. La pedagogía católica
  8. Conclusión

Introducción

La Educación en el Siglo XIX tuvo una revolución en cuanto a la necesidad de conocer al niño de cara a su educación. Varios pensadores desde Platón y Aristóteles, pasando por Luis Vives y Locke llegando a Rousseau, quién impuso la Sicología basada en la experiencia de cada ser humano, produciéndose así el cambio más evidente en la forma de la educación: "La Pedagogía Sicológica". Esta vertiente está representada por Pestalozzi y Herbart.

Pestalozzi se inclinaba más hacia la individualidad del niño, postulaba que el individuo es una unidad de inteligencia, sentimiento y moralidad, y que sin uno de estos elementos la educación no sería integral.

Herbart era riguroso en sus estudios acerca de la Educación y la Pedagogía, su trabajo siempre se basaba en investigaciones previas, con resultados comprobables; es decir, una investigación científica, orientada a la educación que recibe el niño.

La educación en el s. XIX

La pedagogía de Rousseau va a influir decisivamente en el siglo XIX, aunque cada autor tomará un camino peculiar dando entrada a un cúmulo distinto de opiniones sobre todo referentes a los fines de la educación. La corriente psicológica que preconiza Luis Vives y que impulsó el realismo pedagógico alcanzó su cénit en Rousseau, que basa las etapas de la educación en el desarrollo psicológico del

sujeto. A pesar de todo, en la etapa siguiente la psicopedagogía va a alcanzar edad de adulta y por eso durante este siglo se perfila una corriente conocida con el nombre de pedagogía psicológica.

Hoy día no se duda de la necesidad de un conocimiento psicológico, pero esta ideología parte de los finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Hay que tener en cuenta que la necesidad de conocer al niño de cara a su educación es una idea muy vieja que podemos ya encontrar en Platón y Aristóteles. Será Quintiliano quien vuelva por los antiguos fueros para olvidar todo y caer en una concepción masificante. Después de este olvido hay que esperar a Luis Vives y posteriormente a Locke para llegar a Rousseau que impone una psicología empírica, pero no por eso falsa, aunque sólo sea por haber implantado los principios esenciales. De allí nace la necesidad de conocer al niño, de diferenciar la psique del niño, de la del adulto y, en fin, acomodar la educación a las etapas del desarrollo humano.

Dos autores y pedagogos que por ellos solos representan toda la educación de esta vertiente: Pestalozzi y Herbart.

Si hiciéramos caso de la necesidad de buena presencia física para poder educar, tendríamos que eliminar a Pestalozzi. Endeble, feo, enfermizo, desaliñado y con un aspecto ingenuo, hay que considerarlo como el gran genio pedagógico «conocido en los cinco continentes». Sus ideas triunfan dentro de su misma patria (Suiza), donde los Institutos Hofwil son modelos de escuelas filantrópicas dedicadas a la experimentación agraria. Pasan a Alemania y a Prusia, donde Humboldt inicia una

reforma inspirada en la obra de Pestalozzi. Todos los países se abren a la influencia pestolizziana y en España comienzan a funcionar escuelas de la misma tendencia en Tarragona, Santander y Madrid.

1.1 Bases de la pedagogía de Pestalozzi

El fin de la educación según este autor es asegurar a cada niño el desarrollo integral al que por haber nacido tiene derecho. Este fin lo llevará a fundamentar su pedagogía, en la que nada se olvida. En primer lugar aboga por el respeto a la individualidad del sujeto, teniendo en cuenta que el individuo es una unidad de inteligencia, sentimiento y moralidad. Cuando una de estas características cae en el olvido, se produce la desarmonía y por tanto la nulidad de la educación integral.

Lo importante es la experiencia del educando que está garantizada por su misma curiosidad intelectual (recordar la tesis de Rousseau). Por esta razón Pestalozzi no tiene horario fijo para la actividad educativa: respeta al máximo los intereses del niño y aprovecha en todo momento su deseo de aprender. Para ello plantea una educación progresiva y uniforme de la que se descarta en ocasiones lo espiritual y la moral. Alguien le achacó esta deficiencia, pero Pestalozzi queda a salvo, ya que cree que la educación religiosa y moral debe llevarse a cabo en el seno de la familia.

La enseñanza debe partir de los objetivos y de la observación para elaborar racionalmente los datos universales de forma, número y nombre. Parte de la idea de Rousseau: no enseñaréis nunca nada a un niño si éste no lo puede ver. Pero, a partir de aquí, elabora una doctrina más concreta sobre la intuición de los objetos, base de la intuición intelectual que es a la que pretende llegar. El sujeto capta la forma del objeto (dibujo geométrico), sus partes y sus números (aritmética) y asocia entera la nueva experiencia a un sonido articulado o nombre (lenguaje y gramática práctica). De esta forma pone de relieve la experiencia como base de la intuición y, en último término, de la intuición intelectual.

La ideología expuesta le lleva a atacar el verbalismo excesivo imperante en la escuela tradicional: «No agobies al niño con un torrente de palabras antes de haber modelado su inteligencia en las realidades». Con esta frase se coloca a Pestalozzi en la postura contraria al memorismo.

La educación integral no busca sólo el cultivo de las facultades superiores; por eso Pestalozzi es un defensor de la educación física. Aboga por la gimnasia y la natación como medios de fortaleza y resistencia corporal, cerrando así el ciclo de una educación integral que va desde lo más espiritual a lo puramente corporal.

Su obra maestra: "Cómo Gertrudis enseña a sus hijos", es una obra escrita en estilo epistolario, donde a través de catorce cartas dirigidas a un amigo expone su método de enseñanza. Lo fundamental de la obra es el método que implanta sustituyendo «las reglas fijas -como dice Dante Morando- de la pedantería

artificiosa tradicional con otras reglas también fijas, pero fundamentadas en la psicología del educando. Durante toda la obra sigue los pasos de Rousseau en el enfoque naturalista, aunque da a la palabra "Naturaleza" un sentido distinto». Para Pestalozzi «es la vida la que educa» y la educación debe seguir el desarrollo natural del hombre, de tal suerte que sólo será durable aquella educación que se base sobre la Naturaleza. Porque, en definitiva, la educación no es sino el desarrollo de las facultades que el niño posee en germen. La enseñanza debe ayudar, en perfecta armonía con la Naturaleza, al desenvolvimiento de ésta.

La característica naturalista de la pedagogía pestalozziana busca en la ley natural el desarrollo de los conocimientos, para aplicar una enseñanza que funcione naturalmente. Queda así aclarada la diferencia entre uno y otro autor respecto al término «Naturaleza».

Al principio de la obra remarca la necesidad de libertad en la educación del niño a la vez que critica a la escuela tradicional por cuanto priva al sujeto de esta libertad.

Mientras el niño está libre de escolarización actúa a su modo, rige por sus fueros y está en contacto íntimo con todo lo que le rodea, pero a los cinco años se le quita de su vista toda la naturaleza que hasta ahora ha sido su maestra.

En las cartas sexta, séptima y octava desarrolla los tres elementos de la intuición - forma, número y palabra-, y expone el método que les corresponde. Lo fundamental del método es empezar por lo simple y más próximo a la experiencia, seguir unos pasos graduales y no dar un paso nuevo sin asegurarse que los

anteriores están plenamente conseguidos.

En la carta número once comenta el principio de la intuición. La enseñanza de la verdad es la meta de la pedagogía. En la carta doce describe el funcionamiento de una escuela profesional y todos los problemas que se le plantearon. En la trece y catorce aborda el problema religioso. Cree que previo al nacimiento de la

comunicación con Dios deben nacer en el niño los sentimientos de gratitud, amor, caridad y obediencia. A través de la religión y la moral intenta mantener la relación natural madre e hijo.

La obra comentada está presidida por la actividad de la madre. «La madre, satisfaciendo las necesidades legítimas del niño, hace nacer en él el reconocimiento y la confianza». La vida afectiva, que es el primer estadio en la educación del niño, debe ser cuidada de tal forma que la escuela de párvulos ha de estar imbuida de un aire de afecto maternal, parecido al que el niño encontraría en su propia madre.

Da importancia a la educación física, el trabajo manual, el cultivo de la tierra y las excursiones, paseos y recreos.

La educación intelectual está regida por la intuición y ésta en sus tres formas de lenguaje: de formas, de números y de nombres. Para el número comienza por el cuadrado; para la forma el dibujo, y para los nombres usa el método analítico comenzando por las palabras escritas en tarjetas, para pasar luego a la frase.

La educación moral y religiosa está basada en la bondad natural del niño, en el aprecio de los valores eternos, en la lectura de la Biblia.

Pestalozzi queda justificado dentro de la Historia de la educación por toda su obra, pero solamente por la revalorización social del niño y por la forma de enseñanza activa puede ya figurar en cualquier tratado de esta ciencia.

1.2 La obra de Herbart

Herbart fue el autor que dio base teórica a la pedagogía mediante un riguroso estudio que le ha valido el título de «fundador de la pedagogía científica». Su preparación teórica tanto en Filosofía como en Psicología supera a los autores anteriores. No es de extrañar que sus dos obras capitales: La pedagogía general

deducida del fin de la educación y Ensayo de un curso de pedagogía, sean dos estudios rigurosamente científicos en los que plantea una serie de puntos inexistentes hasta el momento: el verdadero campo de la conciencia, la definición previa de los fines, los medíos educativos y la posibilidad de la educación, que hoy

día constituyen los temas capitales de la educación.

Hemos dicho que la obra de Herbart es fruto de una completa preparación psicológica y filosófica y es precisamente de estas dos ciencias de donde parte su concepto pedagógico. Por tanto, resumiendo a Moreno, proponemos brevemente sus ideas filosóficas y psicológicas. «La metafísica de Herbart postula que "existe, efectivamente, fuera de nosotros, una cantidad de entes de los que desconocemos

la naturaleza simple y propia, pero sobre cuyas condiciones internas y externas podemos adquirir una suma de conocimientos que puede aumentar al infinito.»

La metafísica de Herbart es importante a la hora de comprender su pedagogía, pero es necesario adentrarse en su concepción psicológica para llegar a entenderla en todas sus partes. «Las ideas fundamentales de la psicología de Herbart podríamos sintetizarlas así: el alma es un ser simple, carente de facultades originales, como una "tabla rasa" en que "todos los conceptos, sin excepción, son producto del tiempo y de la experiencia»; en su origen el alma no tiene ni pensamientos, ni sentimientos, ni deseos. La vida del espíritu, su contenido, surge poco a poco merced a las "representaciones" que aportan las sensaciones o percepciones sensibles.»

En este sentido Herbart se coloca en la línea de Locke para el que no existen las ideas innatas y todo lo que está en la inteligencia ha tenido que pasar antes por los sentidos.

Dados estos presupuestos es fácil comprender qué será para Herbart la educación.

Por lo pronto, al negar el innatismo, todo será un proceso de asimilación que parte de cero y que va tomando cuerpo gracias a la experiencia que el sujeto adquiere de su contacto con la naturaleza, las relaciones espirituales y sociales.

Todo este mundo de relaciones puede ser beneficioso o perjudicial para el sujeto y por tanto, su forma de conducta no dependerá de cómo es, sino de cómo se ha hecho. En realidad es una doctrina que enlaza directamente con el experiencialismo, o dicho de otro modo, tiene más importancia el ambiente que rodea al sujeto que su herencia.

Pedagógicamente habrá que tener en cuenta tanto el intorno y entorno como las facultades innatas del sujeto. Uno de los factores envolvente de la personalidad del educando es el profesor, cuya influencia es directa, intencional y sistemática; de aquí la importancia que esta figura tiene en la pedagogía herbartiana.

A pesar de todo, el sujeto no es algo determinado: queda la voluntad. Entramos aquí en uno de los puntos esenciales de la psicología de Herbart, porque en realidad para él la voluntad no es más que una forma especial de deseo y por ende la libertad, al menos en todas sus formas, no existe para Herbart. La voluntad para el autor está sujeta a las sensaciones y representaciones y por este principio el carácter no existe, ya que el hombre que ayer era el mejor, a causa de estas sensaciones o representaciones, puede ser el peor.

¿Cómo ha de actuar, según lo dicho, el educador? Dante Morando lo resume así:

«El maestro conseguirá plasmar el carácter del alumno cuando sepa hacerle asimilar las ideas oportunas para la formación de un organismo espiritual coherente, lo que significa, con otras palabras, que él debe hacer de modo que las percepciones se conviertan en apercepciones (percepciones asimiladas a la

experiencia anterior) y que la educación moral esté estrechamente vinculada a la instrucción, del mismo modo que la instrucción tiene un verdadero valor educativo") solamente cuando el nuevo conocimiento, formando un todo armónico con los conocimientos pasados, provoca la aparición de nuevos grupos

de ideas coherentes y por tanto es fecundo en otro saber y en otros actos espirituales.»

La enseñanza, pues, constituye el corazón de la obra de Herbart. Es verdad que también nos habla del «gobierno» del alumno, pero solamente lo considera un medio. También toma importancia la cultura moral pero se considera como simple auxiliar.

La instrucción que proclama Herbart no cae en el memorismo, es una instrucción educativa en la que domina la idea de moralidad. ¿Qué notas características demanda este tipo de instrucción educativa?

El interés

Herbart considera el interés como el fin de la enseñanza y niega todo tipo de aprendizaje si desde un principio, sea cual sea la causa, no se ha conseguido el interés. Este debe ser el medio más eficaz y el único instrumento de la enseñanza.

No es extraño que Herbart niegue los castigos y que en sus Aforismos Pedagógicos diga que la enseñanza debe ser constantemente interesante: debe mantener al niño siempre en constante gozo y no producirle jamás lágrimas.

El interés puede excitarse por medios ficticios, pero esta clase de interés no sería verdadero y el resultado de la instrucción nulo. El verdadero interés es el que nace de las mismas cosas que se enseñan. Uno y otro tipo de interés coinciden con las actuales vertientes de la didáctica, aunque no se le conozca con nombres idénticos.

Al interés que nace de la misma cosa enseñada lo llama interés directo y hoy día se conoce más con el nombre de motivación intrínseca. Tal interés provoca a su vez la atención involuntaria o espontánea que se apodera del espíritu del alumno llevándolo a la verdadera instrucción educativa.

El interés indirecto (motivación extrínseca) se provoca mediante los premios o castigos, que hoy día llamamos refuerzo o incentivo, según sea la fuerza que el premio o castigo tiene en la acción y en relación con la personalidad del sujeto.

Este tipo de interés falsea la verdadera educación y lo que más puede conseguir es suscitar la atención voluntaria, pero ésta no es constante, sino que fluctúa, y como consecuencia no consigue un aprendizaje integral.

La graduación de la enseñanza

El tema había ya preocupado a algunos autores anteriores y lo vimos claramente expuesto por Pestalozzi. Herbart, precavido, opina que si al alumno se le presentan muchos conocimientos es fácil que se sienta abrumado o bien que decaiga su interés, lo cual, según su teoría, significaría la negación de la enseñanza, o mejor, del aprendizaje. Lo importante es mantener la conexión de los conocimientos aprendidos, para lo que es necesario profundizar en esos conocimientos y reflexionar posteriormente sobre ellos. De aquí nacen las cuatro etapas del aprendizaje que a continuación se exponen:

a) Clarificación: para conseguirla es necesario un análisis exhaustivo a la vez que se mantiene el espíritu del alumno dentro del interés necesario para que lo comprenda.

b) Asociación: se lleva al niño a que consiga la conexión de todos los elementos estudiados. Reconoce Herbart que el mejor sistema para lograr este grado es la conversación personal con cada niño para que llegue a la libre disposición de los materiales previamente estudiados.

c) Sistema: en este momento las partes analizadas adquieren un sistema dentro del que se diferencia lo sustancial de lo accesorio, lo principal de lo secundario. Todo lo aprendido aparece englobado dentro de un sistema donde cada cosa aprendida ocupa su justo medio.

d)Método: una vez adquirido el sistema es necesario que el alumno lo aprenda y por tanto debe saber moverse dentro de él. A este momento se le llamó «aplicación».

La aplicación práctica de estos cuatro momentos puede resumirse así: mostrar los objetos y llevar al alumno al examen y posterior análisis de sus partes integrantes hasta los mínimos detalles. Conversar con el alumno para que asocie las partes integrantes. Exponer sistemáticamente -este es el momento de la enseñanza en su pleno sentido pues lo lleva a cabo el profesor- cada uno de los puntos. Ejercitación por parte del alumno y aplicación racional del método en todas las ocasiones similares.

La innovación de Herbart al analizar el proceso de enseñanza y deducir una serie de pasos lógicos será imitada por los autores posteriores como Decroly, Kerschensteiner y Parkhurts.

La ideología que el autor plantea al principio de su obra la mantiene a lo largo de ella y es consecuente a los principios propuestos. No busca almacenar conocimientos o formar mentes predeterminadas a una especialización, aunque luego haya especialistas, sino que intenta formar el espíritu y en último término

busca la estructura del carácter y, podemos decir, de la personalidad del sujeto. Por eso se dijo al principio que la instrucción planteada por Herbart era educativa.

La pedagogía científica

4.1 El sociologismo.

En esta visión de la Historia de la educación pretendemos dar un repaso panorámico y general de las principales ideas y hechos educativos que el hombre ha desarrollado a lo largo de su devenir histórico. Este objetivo obliga a pasar por alto muchos autores que, sobre todo a partir del siglo XIX, han ampliado el campo de las ideas pedagógicas quedándonos en los más destacados. Como se ha hecho con muchas escuelas, podríamos olvidarnos del sociologismo, pero las repercusiones actuales de esta doctrina obligan a tratar el tema, aunque no sea necesario profundizar en él.

La dirección sociológica considera al sujeto como un ente social, pero más que eso parte de la base de que todo el contenido de la educación es una realidad social y por lo tanto algo que debe estudiarse dentro de las ciencias sociales. Para los sociologistas: «La educación tiene por misión desarrollar en el educando los

estados físicos, intelectuales y mentales que exigen de él la sociedad política y el medio social al que está destinado» (Durkheim).

Esta tesis, que muy bien puede recoger todo el espíritu sociológico, parece negar la individualidad de la persona, al menos en toda la panorámica que atañe a la sociedad. Si socialmente se requieren unas tipologías especiales, la educación intentará lograrlas sin tener en cuenta cómo es el individuo y sólo buscando el interés social. Esta es la tesis de Durkheim cuando dice que: «El hombre que la educación debe realizar en nosotros no es el hombre como lo ha hecho la naturaleza sino como la sociedad quiere que sea». En esta teoría se encuentran dos problemas capitales:

  • Desaparece la individualidad de la persona y por lo tanto la libertad.

2. El fin de la educación sería engendrar una sociedad masificada y en cierta forma inmanentista. El progreso social sólo puede surgir de la crítica de una situación dada.

Estas dos características no representan dentro del sociologismo nada negativo por cuanto parten del principio de sociedad, y para ellos lo único que constituye la esencia de la vida del sujeto es su inserción social. El sujeto solo no tiene valor mientras no se integre completamente a la vida del grupo.

Existe una educación social, pero no se puede reducir todo a ella porque el sujeto es primero individual e incomunicable, aunque se complemente cuando entra en contacto con los otros. Además, para poder aceptar el sociologismo educativo sería conveniente demostrar dos cosas: 1º que existe primacía del ciudadano sobre el hombre y 2º que la sociedad puede concebirse como una entidad independiente del individuo. La primera demostración es poco menos que imposible, porque el progreso, no sólo en el campo educativo, sino en el cultural, moral e incluso religioso, tiende indudablemente a afirmar una primacía del hombre, entendido como completa personalidad individual, sobre el ciudadano que es uno de sus aspectos particulares.

Metodología de la formación social

1.º Existe una educación que aunque dimana de la misma sociedad, no goza de las características de intencionalidad y sistema, pero sí de una actividad y por lo tanto conseguirá un cambio conductual en el sujeto. La tan traída y llevada «idiosincrasia de los pueblos» puede provenir de este tipo de educación.

2.º Hay otro tipo de educación que nace del grupo primario, es decir de aquel número de personas que están unidas por lazos afectivos y que tienen el fin de su contacto social dentro del mismo grupo. Existe una conciencia social que va educando a los sujetos y constituyendo un sistema permanente.

3.° Existe, por fin, un tipo de sociedad más complejo, caracterizada por el reparto de funciones y trabajo con el fin de conseguir algo que permanece fuera del grupo.

Es lo que se denomina grupo secundario. En este caso cada miembro aporta un número de motivaciones, pero también de inhibiciones que chocan con los demás elementos del grupo. Entonces se requiere una acción educativa intencional y sistemática encamina a conseguir la unidad de miras de todos los miembros.

El peligro del sociologismo es reducir al hombre a una masa informal que como tal carecerá de «movimientos» propios y se convertirá en ciego instrumento de las masas dirigentes. A este punto llegó Gentile cuando admite que el individuo es un «momento didáctico» del Estado que absorbe en sus fines particulares los fines humanos.

Al referirnos al sociologismo pedagógico, aparecen los nombres de Natorp, autor de la famosa Pedagogía social, Krieck, Barth, Weiss y, sobre todo, Durkheim, autor de Educación sociológica y Educación moral.

4.2 El biologismo.

El biologismo encuentra su origen en las tesis materialistas nacidas como contrapunto del idealismo postkantiano. A su promulgación contribuye el método del positivismo científico y las nuevas ideas evolucionistas. Esta vertiente interpretativa de la educación alcanza su punto más elevado a finales del XIX y principios del XX, donde se intenta reducir la Pedagogía a una rama de la Biología.

En el siglo pasado se descubre la composición celular de la materia viva, lo cual impulsa los estudios sobre el metabolismo, el peso y la altura, y como colofón las teorías de la herencia. Para los biologistas el educando es un ente que depende, en todas sus reacciones, de su propio cuerpo. La Pedagogía debe partir del estudio de la biología del ser para deducir desde allí los principios que rigen la educación; en caso contrario quedaría reducida al estudio del crecimiento, de las secreciones endocrinas, de la adaptación, del sistema nervioso, de las leyes de la herencia, etc., lo cual equivale a equipararla con la pura Biología, si bien la función de la primera no termine aquí. Si este es el objeto formal de la Pedagogía se ha de aceptar que no tiene entidad como ciencia y queda relegada a una biología aplicada. Esta es la tesis de dos autores contemporáneos máximos representantes del biologismo: Demoor y Jonkheere, quienes sostienen que la Pedagogía tiene como objeto el estudio del «niño, su génesis, su desarrollo y su capacidad de adaptación, y deducir, de los datos obtenidos, los métodos y las técnicas que hay que utilizar para permitir a la vida manifestarse con el máximo de facilidades y de intensidad ».

No cabe duda que la Pedagogía no puede reducirse a la Biología, pero hay que admitir que el estudio biológico ha contribuido decisivamente en la mejora de la acción educativa. Al fin y al cabo ella fue la que dio los primeros pasos en el estudio científico encaminado al conocimiento del educando y puso en guardia a la Pedagogía acerca de la importancia de la herencia y el ambiente en todo el campo educativo.

El biologismo vino a fundamentar tesis antiguas que se encuentran en Quintiliano sobre el momento en que debe comenzar la educación. Esta idea continuó en el Renacimiento y alcanzó su máxima promulgación en Rousseau. Pero es el biologismo el que le da carácter científico al estudiar los «porqués».

La Biología de la educación queda como una ciencia de la educación, pero no como la única ciencia como pretenden los biologistas. Los fines de la educación quedarían reducidos a formar hombres vigorosos y fuertes para el trabajo, pero nada más. El campo de la educación quedaría muy empobrecido y el concepto de hombre empequeñecido.

4.3 El psicologismo.

Ya se ha visto anteriormente el movimiento psicológico en educación representado por aquellos autores que consideran al niño como tal y no como un adulto en pequeño. Esta vertiente ideológica que comienza Locke sigue con Rousseau, Pestalozzi y Herbart. Pero estos autores consideran necesario el estudio del niño

bajo el aspecto psicológico para adaptar a cada etapa la educación más concorde.

En realidad consideran a la Psicología como una de las ciencias coadyuvantes de la educación, pero no la confunden con la Pedagogía. Por eso afirmaba Reid en el siglo XVIII que es más importante conocer la historia clara del desarrollo del niño desde su nacimiento «hasta que la razón se ha constituido en él», porque nos ayudará más en el desarrollo de sus facultades que todos los sistemas filosóficos.

Se nota claramente la idea de «ayuda» que los autores dan a la Psicología respecto a la educación.

Entre esta corriente y la que nace de la Psicología experimental, que también se declara coadyuvante de la educación, surge el psicologismo que intenta reducir la Pedagogía al campo de la Psicología. Lo importante, para ellos, es conocer el desarrollo evolutivo de la personalidad del sujeto y la única solución que la Pedagogía tiene para mantenerse es adoptar los métodos de la Psicología.

Otra cosa muy distinta es tener en cuenta la evolución psicológica del educando, conocer el estado de sus facultades, saber qué sentimientos predominan, etc., con el fin de llevar a cabo una educación más racional y más concorde a sus etapas madurativas.

En último extremo el psicologismo es una doctrina determinista por cuanto no admite otra cosa que la forma de ser del sujeto. La educación, como acción de perfeccionamiento, no tiene sentido ya que nunca conseguirá nada distinto a aquello que sea específico de la psique de la persona.

El biologismo, el sociologismo y el psicologismo son tres ideologías extremas en cuanto a la concepción educativa. Sin embargo, en la realidad, no ha habido ninguna que las haya separado, sino que más bien se ha hecho un entente cordial y se han aprovechado las ideas aportadas por cada una de ellas. Este afán desmedido por adscribirse a una ciencia parte de unas ansias científicas y, según el espíritu de la época, de admitir como científico solamente lo que pudiera conducir a reglas generales y a ser posible matematizables. Pero gracias a estos movimientos va a surgir la pedagogía científica y posteriormente, gracias a los métodos aplicados en las otras ciencias, la investigación educacional. La mentalidad científica dominante, llevada al terreno educativo, trató de despojar a la pedagogía de cualquier finalidad trascendente, de liberarla de los presupuestos metafísicos y colocarla en el terreno experimental como a todas las demás ciencias, para convertirla de este modo en verdadera «ciencia» y «ciencia experimental».

Ahora aparece todo más claro, porque es lógico que si el estudio específico de la Pedagogía es dar normas sobre la educación, tendrá que echar mano de la Psicología que le dará las ideas pertinentes sobre los distintos estados evolutivos del sujeto y cómo es en cada uno de ellos. También de la Biología porque el estado físico está en íntima relación con la psique y finalmente de la Sociología en cuanto que el educando está inmerso en una sociedad regida por unas normas específicas, y a la que va destinado.

Pero los fines y los medios que se necesitan para alcanzar la educación dependerán exclusivamente de las Ciencias de la educación, que amparándose en los datos que le suministran las otras ciencias, buscarán la normativa adecuada para que la educación se lleve a cabo.

La experimentación educacional

Los últimos años del siglo XIX se caracterizan por el afán experimental, y llevar todo el contenido de las ciencias a los laboratorios con el fin de conseguir una rigurosidad y exactitud en todos los principios generales. Ya no es suficiente la observación mediante la que se puede encuadrar el comportamiento de la persona.

Se requiere un nuevo paso metodológico: en esto consiste precisamente el método experimental.

Los primeros pasos del método experimental se dan en la psicología cuando Wundt crea en 1897 el primer laboratorio de Psicología experimental en la Universidad de Leipzig. No intenta derrocar nada, ni aportar contradicciones, sino aplicar a la Psicología los métodos empleados en las ciencias naturales.

«Su objetivo capital era descubrir los elementos de la experiencia consciente, que creía compuesta de pequeñas parcelas, las sensaciones, del mismo modo en que la materia se compone de átomos... Al determinar el plazo entre una excitación y una respuesta, o tiempo de reacción, ya no estaba, en realidad,

investigando estados de conciencia, sino, en la mayoría de los experimentos, una situación adaptativa completa, o un comportamiento integral. La introspección, por sí misma, ya no tenía nada que hacer.»

La observación, como método de conocer al individuo para aplicar una educación conforme a su forma de ser, había cedido el puesto a la experimentación sobre el comportamiento. Pero el estudio sobre el niño no fue comenzado por los pedagogos, sino por personalidades pertenecientes al campo biológico, médico o

psicológico.

Es interesante puntualizar el cambio de método que parte de este enfoque nuevo y que revoluciona la concepción de la Pedagogía. Hasta el momento se aplica un método deductivo, es decir, hay una normativa general que se aplica a los casos particulares. Se fundamentan unos constructos generales que se van aplicando a casos específicos. La Pedagogía tenía que buscar unas normas generales y con esto había cumplido su misión. A partir de ahora el camino será inverso, es decir, se analizarán una serie de situaciones parciales y de ellas se construirá la ley o norma que regirá la educación. La especulación da paso a la experimentación.

En esta obra hay un tema dedicado a la investigación educacional donde se aclaran los términos y formas de hacer que pertenecen a la metodología heurística en el campo educativo. No está, sin embargo, de más explicar, ahora la diferencia existente entre observación y experimentación. Ambos métodos pertenecen al

mundo de la investigación y mediante los dos se puede llegar a aquilatar la realidad objetiva. Basta decir por ahora que se aplica uno u otro según la realidad que queremos conocer. En la observación el investigador anota aquello que se da en su estado real; por ejemplo situaren una clase y tomar nota de todas o de partes

de las situaciones que se han producido. En la experimentación el investigador adapta el ambiente a lo que quiere anotar, por lo que las condiciones del hecho que va a investigar las conoce de antemano. Por ejemplo, el profesor que da una clase de matemáticas a primera hora en el patio de deportes y luego da la misma clase a última hora en el laboratorio de química. En la observación se anotan las circunstancias tal y como aparecen en una situación normal; en la experimentación se cambian las circunstancias para observar qué hechos aparecen.

Ante esta situación los pedagogos comienzan a experimentar debido a ambiente que se apodera de todas las demás ciencias. Al principio el objeto de experimentación son los temas que están más cercanos a lo biológico psicológico.

Este es el caso de los trabajos sobre la fatiga escolar en la que se conjugan los fundamentos fisiológicos del trabajo con el rendimiento escolar. Esta experimentación es la primera que se puede encuadrar, a toda luces, en la investigación educacional.

A partir de este momento los estudios se multiplican y más que centrarse en los aspectos biológicos se concretan en el terreno de la Psicología. El primer trabajo sobre la fatiga escolar se publica en 1898, aun cuando los estudios comenzaron mucho antes. Pero Preyer, un verdadero maestro de la Psicología publicó su obra,

El alma del niño, en el año 1882. A esta obra siguen la de Morro (La pubertad) y la de Stanley Hall (Adolescencia).

Los grandes temas de la psicología evolutiva están en marcha y el conocimiento de la realidad educativa alcanza metas objetivas hasta entonces insospechadas.

Preocupa, desde este momento, la inteligencia como factor del rendimiento escolar y comienza el estudio de la medida mental. Sería prolijo enumerar aquí a los autores que se han preocupado del tema; baste recordar a Catell, como pionero, Galton, Bourdon, Baallard, Thorndike, Terman, etc. Últimamente la experimentación insiste en el campo de la Didáctica para centrarse en el estudio de la tecnología educacional.

La experimentación educacional representa un paso importante en el adelanto de las Ciencias de la educación, pero no hay que considerarla como la única metodología válida ya que esto significaría confundir la ciencia en sí misma con el método que usa. Los métodos basados en una reflexión empírica o especulativa pueden de hecho conseguir, como a través de la historia se ha demostrado, ampliar o corregir los supuestos pedagógicos.

La pedagogía católica

Durante el siglo XIX se produce una reacción contra las corrientes filosóficas que derivan hacia el panteísmo o el ateísmo. Así nace la neo escolástica, que hace renacer la filosofía de San Agustín y Santo Tomás. Aparece en la panorámica del pensamiento humano la concepción platónico-aristotelica y la doctrina del cristianismo.

Existen unos ideales que superan la temporalidad de la persona y unos valores morales y

religiosos que la obligan tanto en el plano individual como en lo social.

Los teóricos de la educación católica parten, pues, de una filosofía del espíritu que avanza y se adentra cada vez más en la filosofía de la Revelación.

Los tres pilares de la pedagogía católica:

  • Existencia y paternidad de Dios.

  • Doctrina de Cristo.

  • Existencia y actuación de la Iglesia.

Unas de las mayores figuras de la pedagogía católica fue el cardenal ingles Newman. Quiere adaptar la ideología católica a la mentalidad pragmática de los ingleses. Impone la condición de que las conclusiones estén sujetas a la verdad católica sin desechar el pensamiento razonador.

El Cardenal Mercier fundador del Instituto Superior de Filosofía de Lovaina, encamina su normativa a resaltar el valor de la practica. En el plano educativo permite la formación del carácter y en el didáctico facilita el aprendizaje del alumno ya que es el único capaz de llevarlo a cabo. La misión del profesor consiste en enseñarse a aprender.

San Juan de Bosco a través de las Escuelas Salesianas, sistema que se basa en la Educación preventiva, ya que para él lo importante es prevenir, aunque no descarta la reprensión si no ha dado resultado. Aboga porque los castigos no se apliquen en público sino en privado y elimina todos aquellos castigos que están prohibidos por la ley civil.

En España la pedagogía católica tiene su máximo representante Andrés Manjón, fundador de las escuelas del Ave María en Granada, dedicadas a las clases más humildes, especialmente los gitanos. Su ideología pedagógica aparece en casi todos sus escritos. Lo define a la educación como: "Educar es cultivar y desarrollar cuantos gérmenes de perfección física y espiritual ha puesto Dios en el hombre…en su doble dirección hacia un destino temporal y eterno"

Analiza todo el proceso educativo y va concretando las características fundamentales de la Educación gradual, integral, continua, sujeta a la tradición y a la patria, activa, etc. Considera que el fin de la persona es la formación del carácter como hombre, pero hombre cristiano.

El problema del educador lo plantea bajo tres aspectos: familia, religión y sociedad. En cuanto a la familia, el educando es el hijo y todo padre tiene la obligación de educar a sus hijos, este "hombre hijo" es a la vez un ser redimido por Cristo y como bautizado cristiano que debe ser educado, esta misión le corresponde al sacerdote como representante de la Iglesia. Finalmente el "hombre hijo y cristiano" vive en una sociedad. Por eso la sociedad debe educar y este papel le compete como máximo representante al maestro.

Pio XI escribe la encíclica "Divini illius Magistri" (1929) y en ella da el respaldo definitivo a la línea católica de la Pedagogía. Después de una introducción soluciona el problema de las obligaciones y derechos de la familia, la Iglesia y el Estado de cara a la educación.

Analiza al educando y rebate el naturalismo al proclamar que el hombre es un ser caído, aunque redimido. No pasa por alto la educación sexual y rechaza la coeducación. También estudia el ambiente educativo que rodea al niño y para terminar propone el fin de la educación que consiste en imitar el modelo de Cristo.

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