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La Espiritualidad Ética y los gurús, los genios y los virtuosos




Enviado por Juan Javier Soto



    A menudo encontramos en los medios de
    información, anuncios que invitan al público a
    participar en conferencias o seminarios impartidos por expertos
    muy renombrados y que debido a una moda que empezó no hace
    muchos años, son llamados "gurús". Se me ocurre
    entonces por decir un nombre, el Dr. Paz, "el gurú de la
    auto ayuda y la motivación", o el Master Henderson, "el
    gurú de las ventas al detalle", o el catedrático
    Reyes Ruiz, "el gurú de las ciencias gerenciales", etc. En
    el diccionario que tengo a mano, gurú significa director
    espiritual o jefe religioso. Me parece que quienes iniciaron la
    costumbre de denominar gurú a un experto sumamente
    reconocido, obedece a un deseo de sobredimensionar sus cualidades
    principalmente para efectos mercantiles, atribuyéndole a
    esa persona algo así como un don especial de
    carácter mágico o místico, de tal manera que
    tiene la capacidad de influir en forma elocuente en sus
    seguidores o simpatizantes, de transformar sus vidas o de
    potenciar tangiblemente sus destrezas, para el logro de objetivos
    materiales-personales.

    También es importante considerar que en el
    ámbito de la superación material-personal, existen
    diferentes tipos de personas virtuosas, según su
    profesión.

    Tenemos a los virtuosos del balón, del
    violín, del contorsionismo, etc. Sin embargo, aunque se
    trate de los y las mejores futbolistas, músicos y
    contorsionistas del mundo, y aunque han tenido una voluntad
    férrea para dominar un arte o una técnica, tienen
    un común denominador con el resto de mortales: son
    personas dominadas por el deseo, por los placeres, por la vanidad
    y por los apegos con los bienes exteriores. Es decir, a pesar de
    sus destrezas extraordinarias -que dependiendo de la popularidad
    de la actividad que desarrollan pueden llevarlos a convertirse en
    súper estrellas- pertenecen al gran rebaño de
    ovejas domesticadas cultural y religiosamente. Lo mismo aplica
    por supuesto, para los denominados gurús y para cualquier
    persona que sea considerada un genio de cualquier campo del
    conocimiento científico o tecnológico.

    Los aspirantes espirituales debemos apreciar un elemento
    común en todas las personas que son consideradas
    gurús, genios o que son virtuosas en una determinada
    actividad artística, deportiva o de cualquier otra
    índole: me refiero a la pasión con la que se
    entregan a su trabajo. Una pasión igual o mayor
    aún, es la que requerimos los artesanos espirituales para
    transformarnos en personas virtuosas en el dominio de nuestra
    personalidad egoísta.

    En la medida que vayamos adquiriendo cierto dominio
    sobre nuestra personalidad (es decir, nuestro yo inferior o el
    kama manas), podremos irnos liberando poco a poco de la
    condición tan deplorable de ovejas domesticadas, ya que en
    esa misma proporción, iremos adquiriendo un relativo grado
    de libertad en relación con la materia y el
    deseo.

    En el contexto de la Sabiduría Universal,
    virtuoso es aquel que logra dominar su personalidad para
    convertirse en instrumento de Dios para hacer el bien y en un
    exterminador o depredador de deseos. Y es muy oportuno indicar en
    este punto, que dicho dominio lo alcanzaremos con base en una
    planificación estratégica de tipo espiritual; con
    base en la Fe Trascendental (la fe al servicio del Yo Superior y
    no al servicio del yo inferior o mente egoísta y
    calculadora); con base en el conocimiento y la aplicación
    de los principios y herramientas de la Sabiduría
    Universal; con base en una voluntad clarificada y espiritual; con
    base en un estilo de vida totalmente consecuente con la
    Ética Espiritual.

    Por otro lado, tengo la certeza de que en el mercado de
    expositores y conferencistas internacionales, nunca vamos a
    encontrar un gurú en el dominio de su personalidad
    egoísta (es decir, dominador de sus deseos, placeres,
    motivos, apegos, pasiones mundanas, de su vanidad y de su
    carácter). Primero, porque dicha profesión es tan
    compleja, tan difícil, y requiere de un sacrificio tan
    monumental (principalmente de carácter ascético),
    que no es sino hasta en la etapa madura de la vida que una
    persona puede empezar a vislumbrar cierto progreso, que lejos de
    causarle satisfacción, aumenta su humildad, debido a que
    ha logrado adquirir una mayor comprensión de la magnitud
    de la misión que se ha impuesto.

    En consecuencia, nadie puede llegar a tener el
    suficiente grado de dominio sobre su yo inferior o kama manas,
    como para que merezca ser llamado un gurú en dicha
    disciplina (que es sagrada).

    Segundo, porque el tema de la ruptura con la
    personalidad (es decir, con el deseo y con la materia) no tiene
    clientela ni acogida ni aceptación en el mundo del gran
    rebaño de ovejas domesticadas. No es un campo de estudio y
    de ejercitación espiritual/volitiva atractivo para la gran
    masa de personas adictas a los bienes materiales-personales y
    consumidora de dogmas.

    En ese sentido, se requieren de atributos excepcionales
    (quizás innatos) para iniciar el camino del aspirante
    espiritual y para identificarse plenamente con la misión
    de Fe Trascendental, cuya definición indiqué
    anteriormente: Trabajar como instrumento de Dios para hacer el
    Bien y como exterminador de deseos, 16 horas al día 365
    días al año. Por todo lo anterior, uno tiene que
    tratar de ser su propio gurú en materia de dominio de la
    personalidad egoísta y en materia de la aplicación
    de los principios de la Sabiduría Universal. Uno tiene que
    ser su propio genio al hacer meditación trascendental y
    experimentar la libertad absoluta.

    Dentro del gran rebaño de ovejas domesticadas y
    su mundo de ilusión e ignorancia, lleno de elementos
    superficiales, hay un grupo de individuos que han conseguido el
    éxito de tipo económico y llevan una vida
    superficial, agitada y dominada por la superación
    material-personal, con lujos, ostentaciones y placeres caros. En
    contraste, existe otro grupo en el que los individuos no han
    conseguido el éxito económico y llevan una vida
    rutinaria, ordinaria, austera, modesta y en la gran
    mayoría de los casos, al igual que en el primer grupo,
    también superficial.

    Los que se encuentran en el primer grupo, son
    dependientes en extremo de los deseos, de las emociones fuertes y
    de los motivos materiales-personales cautivantes para sentirse
    felices y para que sus vidas tengan sentido. Los que se
    encuentran en el segundo grupo viven con muchos deseos
    insatisfechos, y les gustaría que sus vidas fuesen
    más dinámicas y atractivas.

    Una vida superficial, agitada y dominada por la
    superación material-personal, se convierte en causa de
    sufrimiento porque la persona se vuelve insaciable y quiere cada
    vez más riqueza, comodidad y placeres, lo cual le despoja
    de la paz, de la tranquilidad y le impide vislumbrar la
    auténtica esencia de la vida: el logro de la libertad
    absoluta en relación con el deseo y la materia.

    Por otro lado, una vida rutinaria, ordinaria, austera y
    modesta, se convierte en causa de sufrimiento porque la persona
    puede experimentar mucha frustración y
    apatía.

    A fin de cuentas, todos los miembros del gran
    rebaño de ovejas domesticadas (la inmensa mayoría
    de la humanidad), tanto los exitosos económicamente como
    los no exitosos, sufren debido al enorme apego que van
    desarrollando a lo largo de sus vidas con los bienes exteriores,
    es decir, los bienes materiales-personales (apegos con el yo
    inferior de sus seres amados y congéneres en general, con
    los placeres y deseos, con los bienes materiales, con la vanidad,
    con los problemas y las preocupaciones). Aquí podemos
    encontrar la principal causa de dolor y sufrimiento de
    todos ellos.

    El anterior y breve análisis acerca de las causas
    del dolor y el sufrimiento, es el producto de la simple
    aplicación de los principios básicos de la
    Sabiduría Antigua.

    Las personas que han alcanzado el éxito
    económico son impulsadas por motivos sumamente ambiciosos
    y reciben elogios y el reconocimiento social y mediático.
    Su capacidad para ser exitosos es apreciada como una enorme
    cualidad que los diferencia del resto. Pero por más
    ambiciosos que sean dichos motivos, siguen siendo los motivos
    típicos del gran rebaño de los primitivos
    espirituales (lujo, comodidad, placeres, estatus,
    reconocimiento).

    Mientras tanto, el gran motivo de los aspirantes
    espirituales o profesionales de la Fe Trascendental, es un motivo
    muchísimo más grandioso por ejemplo, que ser el
    primer terrícola en pisar suelo marciano, que ser el
    físico teórico que logre unificar las
    teorías de la relatividad general y la de la
    mecánica cuántica, que ser la persona más
    rica del mundo según la revista Fortune para lo cual se
    requieren de unos 80 mil millones de dólares, que ser el
    ganador de un premio nobel, que ser el mejor jugador de
    fútbol de toda la historia, que ganar diez medallas de oro
    en unos juegos olímpicos. Además, dicho motivo es
    muy diferente a los motivos típicos del mundo de
    ilusión e ignorancia del gran rebaño de ovejas
    domesticadas, asociados a la posesión de bienes
    materiales-personales.

    El objetivo que se encuentra detrás del gran
    motivo de la Fe Trascendental, es el más elocuente,
    virtuoso, ambicioso, cautivante y difícil de alcanzar en
    términos absolutos para el ser humano: Es la
    obtención de la Unión Divina y su respectivo
    estadio existencial de plenitud, para lo cual es imperativo un
    altísimo nivel de dominio sobre los defectos de la
    personalidad (ira, intolerancia, imprudencia, arrogancia,
    prepotencia, insidia, intriga, vanidad, apego con los bienes
    exteriores y los placeres, etc.) y de una gran disposición
    al sacrificio en aras del bienestar de los
    demás.

    El deseo más grande y maravilloso de todos, es no
    desear nada del mundo de ilusión e ignorancia compuesto
    por bienes exteriores, que en términos absolutos son puros
    espejismos. La emoción más fuerte de todas, es
    cuando se logra un gran bienestar espiritual sin necesidad de
    emociones.

    El motivo más cautivante de todos, es romper la
    dependencia con los motivos materiales-personales.

    Con esta heráldica, el profesional de la Fe
    Trascendental tendrá muchas posibilidades de alcanzar la
    Unión Divina (y su respectivo estadio existencial de
    plenitud), que representa el supremo objetivo del
    desenvolvimiento espiritual, y a la vez, logrará eludir el
    estadio existencial carencial, en el que las almas
    experimentarán diferentes grados de precariedad
    existencial -que es una condición elemental del respectivo
    proceso de evolución espiritual- En este sentido, cabe
    indicar que las dos opciones escatológicas básicas
    de evolución espiritual son la reencarnación, y la
    evolución del alma separada del cuerpo en estadios
    existenciales. Yo me inclino por considerar que la segunda
    opción es la que el Poder Superior ha dispuesto para la
    evolución del ser humano.

    Producto del conocimiento de la Sabiduría
    Universal, todos los aspirantes espirituales llevamos un
    gurú interno que nos ilumina. En mi caso particular, ese
    gurú me habla con un lenguaje directo, sencillo,
    lacónico, sin exceso de nombres y adjetivos que se
    acumulan como adornos inútiles. Porque es común que
    las personas que escriben o hablan sobre temas de la
    Sabiduría Universal, tiendan a usar un lenguaje
    poético, vago e impreciso, como que si por tratarse de la
    dimensión más sublime y trascendental del hombre y
    de la mujer, no se pudiese utilizar un lenguaje puntual
    lacónico y normativo.

    Ese gurú interior me dice lo siguiente: "El
    primer paso hacia la Unión Divina es conocer nuestra
    naturaleza septenaria, la cual, en términos sencillos,
    divide nuestro ser en dos partes que son: el cuaternario o mente
    egoísta y calculadora (yo inferior) y por otro lado, la
    triada (o voluntad clarificada-espiritual + fe o intuición
    + mente inegoísta al servicio de los demás), es
    decir, el Yo Superior. Evidentemente, el aspirante espiritual
    debe lograr que su Yo Superior tenga un relativo dominio sobre su
    yo inferior, lo cual, en términos muy puntuales, significa
    que debe cumplir de la manera más perfecta posible con la
    Misión de la Fe Trascendental (que ya vimos
    anteriormente).

    Para tal efecto, el aspirante tendrá que apoyarse
    en una planificación estratégica llamada
    Espiritualismo Ético. Dicha planificación tiene su
    base en dos fundamentos que son: Por un lado, la expansión
    de la conciencia y del entendimiento, y por otro, un conjunto de
    hábitos éticamente correctos que le permitan crecer
    a la voluntad clarificada y espiritual".

    "El cumplimiento de la Misión de la Fe
    Trascendental, nos brinda en primer lugar, la posibilidad de
    experimentar una maravillosa, indescriptible e invaluable
    autorrealización de tipo espiritual, y en segundo
    término, el reconocimiento por parte del Poder Superior,
    de pequeñas cantidades de méritos que son
    fundamentales para el logro de la Visión de la Fe
    Trascendental (que es la Unión Divina). El Poder Superior,
    en virtud de su trascendencia e inmanencia, mide nuestro
    desempeño minuto a minuto cumpliendo con dicha
    misión".

    "El desarrollo de nuestro Yo Superior y el dominio de
    nuestra personalidad egoísta, nos exige un modelo de vida
    lo más similar posible a lo que es el Estadio Existencial
    de Plenitud, es decir, un plano o dimensión en la que no
    existe el deseo, ni los placeres ni las emociones ni las
    necesidades de ningún tipo. Por lo tanto, nuestro estilo
    de vida debe evidenciar una dieta austera en bienes
    materiales-personales, en pasiones y en placeres, pero abundante
    en el cumplimiento del perfecto orden divino y su Ley Eterna, la
    cual nos manda amar las cosas ordenadamente conforme su grado de
    perfeccionamiento espiritual, de tal manera que no debemos
    preferir lo material a lo espiritual, ni lo efímero a lo
    eterno, ni lo cómodo y placentero a lo virtuoso. Lo
    contrario significaría que tenemos un estilo de vida
    arcaico, rudimentario, carente de evolución
    espiritual".

    "¿Cuáles son los fundamentos que debemos
    seguir para tener un estilo de vida lo más similar posible
    a lo que es el Estadio Existencial de Plenitud? Los mismos dos
    fundamentos de la planificación estratégica
    espiritual que señalé al final de la página
    anterior: Primero, la expansión de la conciencia y del
    entendimiento. Segundo, un conjunto de hábitos
    éticamente correctos que le permitan crecer a la voluntad
    clarificada y espiritual".

    "Los elementos o fundamentos que expanden la conciencia
    y el entendimiento del aspirante espiritual (o acervo de recursos
    intelectuales y espirituales) son los siguientes: La
    filosofía práctica (¿Cómo debe actuar
    el hombre?), que abarca la ética normativa y el tema de la
    espiritualidad del alma. La filosofía especulativa
    (¿Qué es el hombre?), que abarca la
    metafísica y la ontología (espiritualismo
    metafísico, psicológico y ético). La
    filosofía clásica (estoicismo, ascetismo, ataraxia,
    apatía). La Ética universal atemporal (valores,
    virtudes cardinales y teologales). La sabiduría universal
    y el esoterismo. La Fe Trascendental (la fe al servicio del Yo
    Espiritual)".

    Concluye mi gurú interior afirmando lo siguiente:
    "Los hábitos éticamente correctos que potencian el
    crecimiento de la voluntad clarificada y espiritual, están
    incluidos en aquel estilo o modelo de vida que sea verdaderamente
    consecuente con la Fe Trascendental; con los principios
    doctrinales de la sabiduría universal y del esoterismo;
    con el ascetismo, el estoicismo, la ataraxia y la apatía;
    con la ética universal atemporal; con el perfecto orden
    divino de la ley eterna de San Agustín de
    Hipona."

     

     

    Autor:

    Juan Javier Soto

     

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