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Las drogas: un problema personal, familiar y social (página 4)




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? Afecto familiar, que valora varios ítems, entre los que destacamos: la gama de sentimientos, ya sea amplia, lo que constituye el nivel óptimo, o, limitada en el nivel menos funcional; el humor y el tono, en donde el nivel óptimo es un estado de humor abierto y optimista y el menos funcional el cínico y pesimista; el conflicto irresoluble, en donde las familias óptimas son aquellas con alta capacidad para resolver los conflictos, frente a familias disfuncionales asociadas a conflictos crónicamente irresueltos y, por último, la empatía, aspecto que está determinado por las respuestas de los miembros de la familia a los sentimientos individuales, en donde el nivel óptimo está representado por respuestas empáticas frente a respuestas inapropiadas en el nivel más inadecuado.

La suma de los anteriores parámetros se agrupa en una escala global de salud, funcionalidad o competencia familiar que va desde una familia óptima adaptativa a una familia gravemente disfuncional. Es decir, a las familias con mejor nivel de competencia o funcionalidad, los autores las agrupan en óptimas y en adecuadas, reuniendo, las primeras, cualidades tales como: una alta capacidad negociadora, claridad de expresión, respeto a las diferentes opciones e integradas por miembros que generalmente alcanzan el éxito y el reconocimiento, los cuales encuentran confianza para expresar espontáneamente sus sentimientos, disfrutan la compañía mutua. Cabe además destacar, que los padres ejercen un liderazgo claro y se constituyen en modelos para sus hijos en lo referente al respeto y la intimidad.

Por otro lado, las familias adecuadas, en donde, según la opinión de los autores, se ubican la mayor parte de estas agrupaciones humanas, alientan y respetan la individualidad, la claridad de expresión y la responsabilidad, algunos de sus miembros son competentes, mientras que el éxito es resultado de un mayor esfuerzo y tienen mayor dificultad para la negociación y la espontaneidad.

La familia y los cambios macro sociales.

Además es conveniente analizar la evolución conceptual y los cambios estructurales que a lo largo del tiempo, ha experimentado la familia, esto, debido a que, se ha observado, como algunos tipos de familias se relacionan más frecuentemente con diversas problemáticas como la farmacodependencia. Es preciso, entonces recordar, como los cambios macro sociales influyen en la estructura familiar así, la Edad Media privilegió la familia extensa, ya sea a nivel de los grupos en el poder con el fin de fortalecerlo o en los estratos sociales bajos con fines más bien de productividad, ahora bien, si recordamos épocas más recientes no podemos olvidar, como los fenómenos bélicos, traen como consecuencia inmediata una disminución de las expectativas de vida, predominantemente en los varones, lo que, aunado a las elevadas tasas de mortalidad que tenían las enfermedades contagiosas antes del advenimiento de los antibióticos, provocaba, como algunos autores mencionan, incrementos en el número de viudas, viudos y huérfanos, lo que conducía como estrategia para remediar la fundación de familias que hoy llamaríamos compuestas o recompuestas.

"Del siglo XVI al siglo XIX la recomposición de la familia era muy extendida. En esa época, la esperanza de vida era muy corta, y las dificultades económicas obligaban a los viudos y las viudas a buscar rápidamente un nuevo matrimonio. Se estima por ejemplo, que en el siglo XVII, uno de cada tres matrimonios era de segundas nupcias" (Saint?Jaques; Parent, 2002)[43].

La industrialización por su parte, provocó un cambio estructural de la familia en el sentido de fortalecer la familia nuclear ya que al emigrar del campo a la ciudad se reducían los espacios vitales para las familias extensas. La vida actual, se ha asociado a importantes cambios en las funciones familiares tradicionales tales como: Las productivas entre las que destacan los aspectos económicos, administrativos y la dotación de vivienda y vestido; Funciones educativas tales como el diseño de normas y roles familiares, la interiorización de las funciones de la familia y la transmisión de ideología o religión; Funciones asistenciales: como el cuidado de la salud y la educación, (Ripol Millet, 2002)[44] que como se decía han cambiado por una mayor especialización, de tal suerte que en la actualidad las funciones familiares se agrupen en dos categorías; la socialización, que se manifiesta en las habilidades para la comunicación, la autoestima y el desempeño académico y laboral; y el fortalecimiento de la personalidad a través de la construcción de la identidad y el sentido de pertenencia.

Además Ripol Millet (2002)[45] señala otro grupo de cambios familiares agrupados en lo que llama; la democratización de la familia que se traducen en; el incremento en el número de divorcios, disminución de la duración del matrimonio y postergación para el inicio del mismo, disminución de los índices de natalidad, disminución del número de hijos por familia, incorporación de la mujer al mercado laboral, incremento del número de familias de hecho, incremento de los nacimientos extramatrimoniales, aumento de la visión individualista de la vida humana lo que a su vez incrementa la autonomía.

Todo lo anterior provoca que el papel de la familia como protectora ante los riesgos del ambiente externo se debilite especialmente en las familias de los estratos socioeconómicos inferiores. De tal suerte que el número de hogares monoparentales se ha incrementado en prácticamente en todo el mundo así, por ejemplo, se ha estimado que en América Latina uno de cada cinco hogares está encabezado por una mujer.

Los tipos de familia y la farmacodependencia.

La figura paterna reviste características especiales en México, aunque probablemente este fenómeno, salvo las variaciones culturales propias, sea bastante similar en otras partes del mundo, es, de hecho el factor determinante para la existencia del gran número de familias monoparentales mencionadas con anterioridad cuyas causas concretas incluyen en primer lugar la no celebración del vínculo matrimonial o sea "las madres solteras" y el abandono del hogar ya sea que medie un proceso de divorcio formal o uno de facto, seguidas por el abandono temporal del hogar familiar por necesidades laborales, legales o médicas, existiendo la posibilidad, por último de vivir en una familia monoparental; por viudez.

Datos citados por UNICEF, mencionan como el índice de consumo de drogas era menor en los niños, niñas y adolescentes que trabajaban cuando su familia se encontraba intacta (mantenían la convivencia con ambos padres) y que se incrementaba cuando se trataba de familias monoparentales, cuando la familia había sido reconstruida, cuando el menor había formado su familia en la calle y alcanzaba su máxima expresión cuando los menores no vivían en familia.

En el caso de las familias, donde convive el dúo parental con sus hijos, diversos autores han señalado, como en aquellas familias que se ven envueltas en un problema de adicción, por parte de los hijos, el padre venía desempeñando un rol periférico o ausente hasta antes del descubrimiento del fenómeno y que, cuando era descubierto éste, el padre se involucraba más en el cuidado de los hijos pero sólo como un reproche hacia la supuesta falla materna con quien se relaciona tradicionalmente el papel de cuidador.

Sin embargo la farmacodependencia no es privativa de un tipo de familia en particular, las diversas investigaciones en torno al fenómeno y la relación de éste con la familia han mostrado diversos aspectos familiares relevantes, así, que algún tipo de organización familiar debía haber obstaculizado inconscientemente por parte de alguien, los intentos del hijo de realizar un auténtico desarrollo adolescente y de "asumir la responsabilidad adulta de sí mismo".

El nivel socioeconómico de la familia es un factor que se relaciona con la adicción a sustancias sea cual fuera dicho nivel, es decir, no existe familia que por su nivel socioeconómico esté exenta de experimentar el fenómeno de la adicción, más bien este nivel determina el tipo de sustancias que se consuman, en relación con su poder adquisitivo, la actitud de los familiares para enfrentar dicho consumo, los obstáculos sociales que enfrenten en la búsqueda de ayuda y los recursos con que cuentan para hacerlo.

Así las familias de los estratos económicos bajos enfrentan el consumo por parte de sus miembros de sustancias inhalables y de alcohol con mayor frecuencia, invocando, como causa para dicho consumo, la rebeldía y la evasión de la realidad, mientras que en los estratos socioeconómicos altos las sustancias más consumidas son la marihuana y la cocaína asociados a permisividad de los padres y hastío por parte de los hijos.

Las funciones familiares y la farmacodependencia.

Si se recuerda lo expuesto líneas arriba en el sentido de las funciones actuales de la familia relacionadas con la socialización y el fortalecimiento de la identidad. En 1999 En relación a lo que él llama las investigaciones experimentales en torno a la familia del toxico dependiente en donde menciona a autores como Babst y Cols que examinó el grado de cercanía emocional y confianza entre padres e hijos en relación a numerosas variables, entre otras el éxito escolar, la presencia de amistades con toxicodependientes, los comportamientos de riesgo y el uso de drogas. Este estudio mostró que un alto grado de afinidad familiar está relacionado positivamente con el éxito escolar y con una oportuna adquisición de autonomía. Lo contrario, esto es, un clima familiar caracterizado por la distancia y el recelo entre los distintos miembros de la familia, comporta una mayor frecuencia de comportamientos de riesgo y toxico dependencia. En este caso son los coetáneos los que ocupan el puesto de los padres como referencia para las necesidades de sostén en los momentos de dificultad y la solución de los problemas personales. Otro trabajo mencionado por el mismo autor es el de Selnow que encontró evidencia de que en las familias monoparentales la incidencia de abuso y dependencia de sustancias en el padre es más frecuente (sobre todo cuando el único progenitor es el padre) y que en las familias en las que la relación con los padres es vivida como intensa y gratificante es menos probable la aparición de las toxico dependencias, incluso en las familias con un único padre.

En otros trabajos mencionados por el mismo autor se incluyen los realizados por Coomns y Ladverk que, también tomando en cuenta la calidad de la relación determinante para impedir la implicación de los hijos con la droga, encontraron que, mientras que parecen más expuestos al riesgo los jóvenes que se siente investidos por sentimientos de desconfianza por parte de la madre, las madres más idóneas para proteger a sus hijos de las drogas parecen ser aquellas emocionalmente cercanas y proclives a ofrecer confianza. Simons y Robertson, encontraron una neta correlación entre algunos indicadores del comportamiento de los padres y la implicación de los hijos en grupos de iguales inadaptados y, por tanto, en el uso de las drogas, entre dichos indicadores destaca el rechazo de los padres hacia sus hijos que produce hijos agresivos, este rechazo aliena la credibilidad de la función parental como punto de referencia para los "valores a largo plazo" (estudio, trabajo, socialización) por lo que los hijos aprenden a confiar en los "valores a corto plazo" ofrecidos por sus coetáneos igualmente rechazados.

Finalmente tanto Estéfano Cirillo para Europa, como De la Garza Mendiola, para México mencionan una etiología trigeneracional para el fenómeno de la farmacodependencia mencionando aspectos como relaciones afectivas no resueltas entre la primera y segunda generación (abuelos y padres del futuro farmacodendiente) adultización temprana del usuario de las drogas o competencia por el afecto del mismo entre los padres y los abuelos concretamente del sexo femenino.

La adolescencia y la sociedad actual.

Así mismo, se ha elegido a la adolescencia porque, diversos autores coinciden en que la etapa del ciclo vital de la familia con hijos adolescentes es la que pone más a prueba la flexibilidad y adaptabilidad del sistema familiar (Estrada Inda, 1997), es, para el individuo, como ya se mencionó, la época de mayor exposición a factores de riesgo para la salud, entre ellos, el inicio en el consumo de las drogas, además de haberse demostrado, que, a menor edad para este consumo inicial, mayor probabilidad de desarrollar una adicción (Herrera Vásquez; et alii, 2004), el uso de sustancias psicoactivas está relacionado con bajo rendimiento escolar, embarazos no deseados, accidentes de tránsito y otros hechos violentos y conductas delictivas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) llama "adolescente al individuo que se ubica entre los 10 y los 19 años de edad". Siendo, precisamente la adolescencia, una de las etapas más vulnerables para desarrollar costumbres y hábitos de riesgo para la salud como sexo inseguro, consumo de alcohol, tabaco y drogas, consumo inadecuado de alimentos y sedentarismo que determinan problemas en su edad y la aparición de enfermedades crónico ? degenerativas en la edad adulta.

Se caracteriza esta etapa por una serie de cambios que alcanzan a todas las esferas del ser humano, como la aparición de los caracteres sexuales secundarios entre los que destacan la menarquía y la espermarquía, que son muestras de la capacidad fértil del individuo. En el ámbito psicológico destacan los cambios que incluyen; la búsqueda de identidad, el cuestionamiento de los valores familiares, además del establecimiento de los primeros lazos afectivos con connotación sexual. Mientras, que en el plano social el adolescente pasa por la experiencia educativa de los diversos niveles académicos, la llegada a la mayoría de edad y la incursión en el mercado laboral. Este cúmulo de fenómenos debe enriquecer más que ensombrecer la adolescencia, sin embargo, el adolescente, debido a la antes mencionada búsqueda de identidad y de individualidad, se ve expuesto a la experimentación, uso y abuso de drogas, desde las socialmente aceptadas hasta las prohibidas.

A todo lo anterior hay que agregar los cambios sociodemográficos que como se mencionó al principio han provocado un incremento de la población joven así. El 20% de los hogares de América Latina y el caribe tienen hijos cuyas edades oscilan entre los 13 y 18 años de edad.

En lo referente a las actividades económicas, la tasa de participación laboral varia en relación con la edad y el sexo, sin embargo, es relevante el hecho de que el 8% de los adolescentes entre los 12 y 14 años ya se encuentran participando en el mercado laboral tasa que se eleva hasta el 35% en el grupo de 15 a 19 años con predominio de dos a uno, a favor del sexo masculino.

Además en lo referente al consumo de las drogas se ha encontrado que aproximadamente el 10% de los adolescentes en México fuman y que el 75% de los estudiantes empezaron a fumar antes de los 15 años, mientras que en lo referente al alcohol alrededor de 70% de los individuos en México reconocen haber bebido por lo menos una copa antes de los 18 años de edad. En relación con las drogas ilegales la encuesta nacional de adicciones mostró que el 3.57% de los varones entre 12 y 17 años y el 1.3 % de las mujeres del mismo rango de edad habían usado una o más drogas excluyendo al alcohol y al tabaco. La marihuana es la droga más usada (2.4% y 0.45% respectivamente), seguida por los inhalables (1.08% y .2%) y la cocaína (.99% y .22%)

Además los factores de riesgo para el consumo de drogas incluyen el ser de sexo masculino, la edad, no estudiar, trabajar a corta edad, la postura frente a las prácticas religiosas, considerar fácil conseguir drogas, no ver mal el uso de drogas por parte de los amigos, que estos las usaran, usarlas por parte de la familia, el estrato socioeconómico y estar deprimido.

Factores macro sociales asociados al consumo de las drogas[46]

Junto a los factores de riesgo antes mencionados también se han invocado como causales del consumo de las drogas elementos constitutivos del sustrato social que junto con las características familiares constituyen los cofactores más importantes, dichos factores, el mencionado autor los llama, coincidencias históricas–sociales que contribuyen al desarrollo de la farmacodependencia, entre éstas se mencionan:

? Aumento de la disponibilidad de las drogas.

? El uso de las drogas como moda.

? El uso de las drogas como determinante para la aceptación social.

? La tendencia exploratoria del adolescente motivada por la curiosidad y el desafío a la autoridad.

? El exceso de consumismo que coincide con un incremento del tiempo libre del adolescente de confines cada vez más amplios e inciertos.

? Los modelos culturales que privilegian más el tener que el ser, que rechaza la solidaridad y el dolor como condición humana.

? El aplazamiento de la independencia de los jóvenes.

? La hipercompetencia de los padres que no renuncian a su rol de omniprotectores de los hijos involucrándolos en las vicisitudes paternas retrasando la desvinculación y la autorreponsabilización.

El consumo de las drogas.

En lo referente al consumo de las drogas, México, en el contexto internacional, se ubica entre los países que tienen bajas tasas de consumo, pero que a su vez reportan incremento del problema. El espectro actual, es el de un consumo que ocurre a edades más tempranas cada vez, con un abanico de opciones para consumir, formado por las drogas tradicionales, como los inhalables o la marihuana, engrosado por el consumo de la cocaína, el cual ha mostrado el mayor incremento porcentual de usuarios en los últimos años, que afecta a los niños y sectores pobres de la población, así como, el surgimiento de drogas nuevas como las metanfetaminas o el crack además del consumo de heroína, sobresaliendo en este punto la frontera norte del país.

En lo referente a los patrones de iniciación se ha encontrado que los inhalables son las sustancias de inicio más temprano, seguidos por la marihuana y la cocaína ocurriendo este consumo inicial entre los 11 y los 12 años. Las calles y los parques son los lugares en donde con más frecuencia se obtienen la marihuana y los inhalables, mientras que la cocaína se obtiene con mayor frecuencia en las fiestas o en las discotecas en contraposición con el consumo de alcohol y tabaco que son consumidos de manera inicial en el hogar.

Las razones para consumir drogas generalmente incluyen, curiosidad, presión del entorno social y búsqueda de tranquilidad e incluso el no tener otra cosa que hacer.

Como se mencionó líneas arriba el consumo de las drogas es más frecuente en los y las jóvenes y adolescentes que no estudian o tiene bajo rendimiento escolar, así como en aquellos que tienen percepciones económicas.

En aspectos relacionados al género es importante mencionar como el consumo de alcohol, tabaco y drogas ilegales se han incrementado de manera importante en el sexo femenino en las últimas décadas e incluso se ha encontrado que los patrones de consumo, por ejemplo, de alcohol tienden a ser más intensos en ellas que ellos.

Sus efectos en los cambios personales, familiares y sociales sobre el uso de las drogas

Diferentes investigaciones, realizadas en varios países para conocer los hábitos de la población juvenil en relación con las drogas, señalan que un elevado porcentaje de los adolescentes y jóvenes ha tenido contacto con estas sustancias, especialmente con el tabaco, el alcohol y el cannabis (marihuana). Estos consumos son mayoritariamente ocasionales, se concentran en el fin de semana, son realizados en grupo y en espacios públicos. En cualquier caso, este tipo de prácticas por parte de los adolescentes se vinculan cada vez con mayor intensidad con problemas personales, familiares y sociales.

Por otra parte, un aspecto importante en relación con los consumos de drogas lo constituye el hecho de que cada vez participan de estas prácticas personas más jóvenes. Los resultados de diferentes encuestas ponen de manifiesto la existencia de dos fenómenos preocupantes, como son la progresiva reducción de las edades de inicio en el consumo y la generalización del contacto con las drogas.

Entre los posibles "factores de riesgo" o de "protección" que determinan el fenómeno del abuso de drogas, la familia juega un importante papel, ya que es un pilar fundamental en los adolescentes, no sólo porque conforma el espacio de socialización por excelencia, sino porque es aquí donde los adolescentes buscan las pautas fundamentales para orientarse en la vida. Desde el nacimiento hasta la adolescencia la familia es un ámbito privilegiado de formación de actitudes, habilidades y valores que permitirán que posteriormente el sujeto afronte una etapa vital decisiva, como es la adolescencia.

La influencia de la familia puede ser contemplada desde las siguientes vertientes:

Por una parte, el consumo de drogas en los padres puede propiciar el consumo de las mismas en los hijos, ya que los padres actúan como modelo de conducta para sus hijos. Además de esto, dicho consumo influye también de manera indirecta, incidiendo en las propias pautas de crianza y en las relaciones intrafamiliares, todo lo cual contribuye a crear entornos de mayor riesgo para el consumo por parte de los hijos.

Por otra parte, otro factor de riesgo se refiere al "manejo familiar", que consiste en las distintas habilidades de los padres para controlar la conducta de los hijos, tales como la supervisión, el establecimiento de normas y límites, las habilidades para negociar con los hijos, etc. En este sentido, los estilos educativos juegan un papel importante (sobreprotección, autoritarismo, permisividad).

Por último, señalamos la existencia de problemas de relación en la familia y sus consecuencias en el clima familiar. La frecuencia de disputas y tensiones entre los padres, la frialdad en la relación y la falta de comunicación entre ellos, contribuyen a crear entornos de riesgo para los hijos. Por el contrario, los vínculos afectivos, el apego y la buena comunicación, son importantes factores de protección.

Apoyo e intentos de control de uso de drogas

Si una persona con estos problemas decide buscar ayuda a través de distintos servicios ofrecidos para drogas y alcohol, -AAA, DARE o CEDRO-, no siempre son la cura para la adicción, pero pueden ser un paso en la dirección correcta para recuperarse, en especial si otros miembros de la familia han tenido el mismo problema durante toda su vida, que suele ser la forma en que han sido educados.

Los grupos de apoyo como la "AAA", más conocida como la "Tripe A", están disponibles para ayudar a entender la enfermedad. Hay otras instituciones, como los Centros Educativos, tienen programas, que también ofrecen orientación al "enfermo" y a la familia, como por ejemplo el "DARE": "Drug Alcohol and Resistence Education", en español: "Drogas, Alcohol y Resistencia Educativa" o denominada también: "Abuso de Drogas Educación para la Resistencia", que es un programa de educación internacional fundada por  Daryl Gates, que busca prevenir el uso de drogas controladas, la pertenencia a pandillas , y el comportamiento violento. DARE, que se ha expandido a nivel mundial desde su fundación en 1983. Los estudiantes que ingresan al programa firman una promesa de no usar drogas y son enseñados por maestros locales, oficiales de policía sobre los peligros del consumo de drogas en un currículo interactivo dentro de la escuela, que dura diez semanas[47]o "CEDRO: Centro Español de Derechos Reprográficos", que es una institución peruana (ONG) con 28 años  de trabajo promoviendo el desarrollo y la legalidad a través de estrategias de educación, información y promoción de la ocupación decente. Prioriza las líneas de acción frente a la problemática de las drogas ilegales (cultivo, producción, tráfico y consumo) así como a las drogas legales. Se orienta a la prevención y la intervención temprana en escenarios de riesgo, desarrollando con la población alternativas sanas y dignas, fomentando la toma de conciencia y el empoderamiento de líderes con un enfoque democrático y sostenible.

Al igual que con cualquier enfermedad, la dependencia a las drogas y alcohol empeorará si no se trata y los niños a veces pueden sentir que están traicionando a los padres si desean algún tipo de grupo de apoyo.

 Ellos deben darse cuenta de que todavía es posible amar a sus padres por igual y no se sienten desleales al buscar ayuda.

El amor y el apoyo, son muy importantes pero también hay que pensar en su propio bienestar.

En el trabajo se plantea la responsabilidad de la ciencia donde los resultados se utilizan para fines no acordes al desarrollo social y es la ciencia la que adquiere la responsabilidad de encontrar las vías de resolver entonces estos problemas que se han creado.

Se hace un resumen de varias de las drogas actuales, tanto las legales como las ilegales; las sintéticas y las naturales. El antecedente de las drogas y su evolución en la historia.

Prevención del consumo de drogas en el ámbito familiar.

 El fenómeno social del uso indebido de drogas constituye en nuestros días uno de los problemas más importantes a los cuales debe hacer frente la mayor parte de los países desarrollados.

La expansión del fenómeno de la drogadicción y la problemática social que comporta han hecho de este uno de los problemas de salud pública más graves de la actualidad, no solo por él mismo sino además por ser el desencadenante de otros problemas, como por ejemplo el SIDA o los accidentes de tráfico. Más allá de la libertad individual y responsabilidad de cada persona sobre su propio cuerpo, su vida o su muerte, el uso inadecuado o el abuso de las drogas, legales o ilegales, es un problema que genera enormes costes personales, sociales y económicos.

 En estos momentos, la inversión de recursos económicos y humanos adscrita a la prevención continúa siendo muy pequeña, insuficiente, aunque contamos con investigaciones fiables que ponen de manifiesto la necesidad y prioridad de la prevención primaria, así como algunos de los factores de riesgo que controlan el inicio y mantenimiento del consumo de drogas en los adolescentes. Las investigaciones realizadas es necesario que vayan encaminadas a detectar las relaciones entre el inicio al consumo de drogas y una serie de factores que, a priori, podían ejercer un importante papel: socialización, autocontrol, auto concepto, información, actitudes frente al consumo y otros factores personales y sociales.

El impacto social de las drogas.

Las drogas no solo perjudican a la persona que las toma. A su alrededor muchas otras personas padecen sus consecuencias. Las drogas interfieren en la relación con el entorno, la familia y el trabajo, y pueden llegar a comprometer seriamente el proceso de aprendizaje, especialmente en el caso de los jóvenes y adolescentes. Además, las drogas incrementan el riesgo de sufrir todo tipo de accidentes.

Por todo ello, además de las consecuencias individuales, es toda la sociedad (en mayor o menor medida) la que sufre los problemas de las drogas. Y estos problemas son de todo orden: sanitario, económico, cultural, de inseguridad, etc.

No es extraño, por lo tanto, que las drogas supongan una preocupación colectiva ni que, para hacer frente a sus consecuencias, muchos países hayan puesto en marcha políticas de prevención y rehabilitación, con un elevado coste económico.

 Factores familiares.

 La familia es sin duda un factor principal a la hora de comprender el fenómeno de las drogodependencias. Y es importante porque el clima familiar en el que se mueve un individuo es decisivo para configurar su personalidad, sus actitudes, su auto concepto y su forma de interrelacionarse con el medio social y cultural. Además, la influencia que otros contextos sociales puedan tener sobre los hijos, pasa normalmente por el tamiz de los padres, ampliando o disminuyendo sus efectos, tanto positivos como negativos.

La familia es el primer marco de referencia en el que se realiza la socialización del individuo. Este proceso es crucial para la formación del adolescente. Los padres, además de cuidar y proteger a sus hijos, como modelos de comportamiento.

Los estudios ponen de manifiesto que una buena relación con los padres es una poderosa protección ante el consumo de drogas y que una correcta comunicación entre padres e hijos y un clima propicio son necesarios porque la comprensión, la satisfacción percibida por el joven, el desarrollo de la autoestima y el autocontrol, facilitan su progresiva independencia del grupo familiar.

 El papel de los padres en los procesos preventivos va más allá de ofrecer un modelado racional sobre el uso de las drogas y crear un ambiente comunicativo y de buenas relaciones. El estilo de educación recibida por el hijo influye en el posterior desarrollo de una drogodependencia.

 Por estilo educativo familiar se designa al conjunto de estrategias empleadas por los padres para influir en sus hijos e inculcarles una serie de valores y normas culturales que guían su conducta social. Encontramos dos aspectos diferentes en la disciplina: el apoyo y el control. El apoyo es la conducta manifestada por los padres, confirmando al hijo que es básicamente aceptado, querido y respetado, lo que hace que se sienta integrado en la familia. El control se refiere al grado de intensidad de la influencia de los padres. Dependiendo del nivel de control que ejerzan sobre los hijos, se puede hablar de diferentes estilos educativos familiares: democráticos, autoritarios, pasivos, etc. En relación con las drogodependencias, se ha observado que a mayor apoyo paterno son menos frecuentes las conductas no aceptadas socialmente, las agresiones y el consumo de drogas. Y sentido inverso, cuanto mayor es la coerción mayor es la frecuencia de conductas transgresoras.

 Posteriormente, cada vez se sabe con mayor certeza que el uso frecuente de drogas parece depender más de la calidad de las relaciones entre padres e hijos que de otros factores. En general, son aconsejables cierta flexibilidad ante situaciones como las drogas o determinada crisis, una buena capacidad para el entendimiento, la comprensión y la comunicación. Cuanto antecede es suficiente para concluir que el uso y el abuso de las drogas es, primero que nada, un problema familiar.

La prevención de las drogodependencias en el ámbito familiar requiere que los padres se encargan de la educación de sus hijos/as, es decir, los enseñan a vivir sanamente, a tomar por si sólo decisiones sensatas, a desarrollar y potenciar su autoestima y autocontrol, es decir, que los ayudan a desarrollar al máximo todas sus cualidades como seres humanos, en un clima de amor, libertad y solidaridad. Esto es posible a través del ejemplo personal y de un clima familiar que, por medio de la comunicación, potencie el autoafirmación, el autocontrol emocional y las habilidades de resolución de problemas en los hijos.

 El desarrollo de estas condiciones en sus hijos debe comenzar desde los primeros años de vida para profundizar progresivamente, atendiendo a la madurez que presentan en cada período evolutivo, de forma que cuando logran la adolescencia, período de mayor riesgo de inicio al consumo de drogas, posean unas actitudes saludables y unas aptitudes que les permiten tomar decisiones racionales y mantenerse en ellas, haciendo frente a la presión del grupo de iguales o de la publicidad.

 Es muy importante que en la familia exista un diálogo permanente, una amplia y sincera comunicación entre padres e hijos, que permita disminuir las tensiones familiares e identificar situaciones de riesgo, no solo de consumo de drogas, sino también de ansiedad, depresión, frustración. Potenciar la negociación, el apoyo y la búsqueda de soluciones saludables ayuda a lograrlo.

Es cierto que la educación que los padres puedan dar a sus hijos no representa una garantía al cien por cien que sus hijos no desarrollen conductas adictivas, ahora bien, esto no los exime de su responsabilidad educadora. Además, lo importante es saber que cuantos más factores de riesgo controlen, más posibilidades habrán de prevenir el consumo de drogas en sus hijos

 Aunque somos conscientes que no hay padres ideales podemos intuir cómo podrían ser unos "buenos padres", a los que calificaríamos como democrático?normativos y cumplen:

 ?  Resaltan las actitudes democráticas.

?  Satisfacen la necesidad de afecto de sus hijos.

?  Razonan las normas establecidas y están abiertos a la negociación. No imponen su poder, lo comparten.

?  Reconocen sus errores y aceptan la suyo parte de culpa en los problemas.

?  Participan al ámbito escolar y comunitario potenciando los servicios y actividades que facilitan una educación integral y saludable y unas alternativas de ocio y tiempo libre más saludable.

 La prevención del abuso de las drogas en la familia es realmente una buena forma de ejercer la paternidad, aunque sea insuficiente por si sola. Los padres y otros miembros de la familia deben estar informados de los escenarios actuales de la droga, especialmente en su localidad (Moon, 1993). Además, deben alentar y fortalecer al diálogo y la comunicación como a medio de transmitir las actitudes, habilidades y conocimientos que permiten a sus hijos tomar decisiones responsables.

La prevención en el seno de la familia se realiza a través de los padres. La capacitación de los mismos para el desempeño de su tarea se ve facilitada con la asistencia a los distintos cursos de formación enmarcados en la que la actualidad se denomina Escuelas de padres.

 Hay que constatar la existencia de factores de riesgo que predisponen al consumo y la necesidad de promover factores de protección. En este sentido, los padres y madres pueden detectar factores de riesgo en sus hijos y fortalecer así los factores de protección. Este es el motivo por el que se apuesta por un enfoque educativo que promueva, en el seno de las familias, no solo la competencia para informar, sino también capacidad para trabajar hábitos, actitudes, valores y habilidades que ayudan a los hijos a desarrollar su propia autonomía y control personal para afrontar la responsabilidad de su existencia.

Se parte del hecho que el desarrollo de un modelo de competencia individual y social dentro del hogar los permitirá resolver con mejores recursos las situaciones intra e interpersonales de iniciación al consumo. Los padres tienen un alto grado de oportunidad de intervención sobre los factores de riesgo que detectan en sus hijos desde el ámbito familiar. Por ejemplo, si los hijos tienen una autoestima baja, los padres pueden promover valores positivas hacia la salud y/o valores pro sociales, los cuales repercutirán positivamente en el incremento de la seguridad en sí mismos y, por lo tanto, mejorar el autoestima. Si mejoran los canales de comunicación, el asertividad aumentará en los distintos miembros de la familia. Si se generan estrategias que refuerzan los padres en estilos educativos adecuados con los hijos y se capacita de habilidades para la comunicación, se promoverán climas familiares positivos que fortalecerán la cohesión familiar, disminuyendo el riesgo de establecer una relación problemática con las drogas.

 Un programa de prevención en el ámbito familiar es necesario que desarrolle su contenido trabajando los conceptos básicos de drogas y su clasificación, los factores de riesgo, la familia (Estilos educativos y drogodependencia) y las estrategias psicológicas de prevención a potenciar en el ámbito familiar tales como mejorar e incrementar la comunicación familiar, potenciar el autoafirmación en sus hijos, desarrollar un auto concepto y una autoestima positiva en su hijo, enseñar a su hijo a resolver problemas, controlar sus emociones y afrontar racionalmente los situaciones conflictivas con sus hijos así como el desarrollo de actividades de ocio y tiempo libre saludables.

 Una de las más grandes formas en que el abuso de drogas afecta a las familias es creando un entorno inestable. Especialmente los niños son influenciados y afectados por el comportamiento de los padres. Como tal, un hermano también puede verse afectado por las acciones de otro que está abusando de las drogas. La droga puede afectar la forma en la que los miembros de la familia hablan, actúan y cuidan a sus familias. Por ejemplo, la droga puede venir a menudo antes que las necesidades básicas como comida, ropa o incluso el amor y la atención que un niño necesita para tener un ambiente estable. Todas estas acciones pueden tener efectos duraderos sobre los demás en el hogar, especialmente los niños pequeños que crecen con los consumidores de drogas como modelos a seguir. Estos efectos pueden inducir al niño a seguir los pasos del abusador, especialmente si nunca han visto como una familia funcional debe ser.

El abuso de drogas puede afectar financieramente tanto a la familia y como a los amigos. Esto puede venir tanto como un pedido como también robo. El pedido es la acción de ayudar a un usuario con su hábito porque se siente mal por él, o siente que lo mantiene todo el tiempo suficiente para que seas capaz de cambiarlo. Una de las principales formas en que se produce es a través del pedido directo o indirectamente financiar el hábito de la droga a través de prestar o dar dinero para el adicto. El abuso de drogas puede también conducir a los adictos a robar a sus amigos y familiares para apoyar su hábito.

El abuso de drogas también puede afectar a la familia y amigos invitando a la violencia a la relación. Hay dos momentos principales en las que la violencia puede escalar rápidamente para un adicto: mientras esté muy drogado y cuando se le esté pasando. El alcohol es una sustancia especialmente culpable de causar la violencia cuando los usuarios están bien por encima del límite legal de alcohol en la sangre. Esto puede causar violencia, tanto a través de acciones directas, tales como conseguir en una pelea, así como de las medidas indirectas, tales como conducir un automóvil en estado de ebriedad. La violencia también puede afectar a los amigos y familiares de una persona que abusa de drogas durante la abstinencia. Uno de los síntomas más comunes de la abstinencia de alcohol es la irritabilidad y la ansiedad. El deseo de utilizar la droga rápidamente puede hacer que los usuarios se vuelvan violentos con miembros de la familia con el fin de obtener ayuda o dinero para drogarse nuevamente.

Una de los efectos más desgarradores del abuso de drogas en las familias es especialmente el abandono. Una vez que las drogas han alterado las vías nerviosas en el cerebro, el deseo de consumirlas rápidamente se vuelve más importante que cualquier otra cosa en la vida del drogadicto. Los amigos y familiares son reemplazados rápidamente por la droga de elección. Esto a menudo puede conducir a un divorcio o la pérdida de la custodia de los hijos, debido a la falta de capacidad para ser un padre cariñoso y proveedor. También existe un aumento del riesgo de que los padres o cónyuges estén encerrados en prisión durante largos períodos de tiempo, dejando a sus hijos crecer sin una madre o un padre. Los efectos de este abandono pueden quedarse con los niños todo el camino hasta la edad adulta.

Los organismos públicos estimulan y promocionan las relaciones entre universidades y empresas y los directivos de empresas están participando cada vez más en los órganos de asesoramiento, gestión y control de las Universidades.

Existe un problema internacional en la sociedad que es el consumo de drogas y estupefacientes. En Cuba como señaló recientemente el periódico Granma en su editorial, existe un incipiente mercado de expendio y consumo de drogas que pudiera tender a incrementarse si no se combate, por lo que existe una gran preocupación con relación a este tema.

Las drogas y estupefacientes no son más que compuestos químicos naturales o sintéticos que alteran el comportamiento social del individuo. El fenómeno de la droga es de gran complejidad sin analizar en este trabajo los factores económicos ligados al subdesarrollo y a la demanda, vinculado a los grandes centros de poder económicos, se encuentra el hecho factual de que la química, utilizada inadecuadamente hacia este fin, crea un flagelo destructivo hacia la sociedad. La detección y tratamiento de la drogadicción se basa en métodos químicos. De igual forma los nuevos métodos de tratamiento se basan también en análisis químicos al igual que el estudio del mecanismo de acción de los fármacos y en métodos de cálculos teóricos que son la base de los nuevos medicamentos.

En la actualidad, el consumo de drogas y estupefacientes ha ido en aumento como una vía de evadirse de la realidad que los circunda en algunos casos y en otros por diferentes causas mayoritariamente de la sociedad, otras personas las impulsan a buscar, mediante sustancias, la disminución de la fatiga ante un trabajo intenso o prolongado, lamentablemente también esto conlleva a la drogadicción.

La drogadicción es una enfermedad que tiene su origen en el cerebro de un gran número de seres humanos. La enfermedad se caracteriza por su cronicidad o larga duración, su progresión y las recaídas.

Se debe entender que el adicto seguirá siendo un adicto mientras viva, es decir, que el individuo se rehabilita para poder vivir sin consumir la droga y, de allí en adelante, éste será un adicto en remisión, no estará usando la droga, pero para mantenerse en ese estado de abstinencia o remisión no podrá bajar la guardia.

El amplísimo campo de las drogas es algo que nos afecta a todos. Tanto las drogas legales como las ilegales nos afectan directa o indirectamente. Indirectamente nos afectan las consecuencias tanto negativas como positivas de las drogodependencias. Las adicciones las podemos entender en relación con todas aquellas sustancias con poder psicoactivo. La cara pública de la drogodependencia es la mafia, los crímenes, siendo la droga uno de los negocios más saneados y uno de los que más cantidad de dinero mueven. La droga preocupa por la delincuencia, el contagio de enfermedades, el dinero dedicado a la salud pública. El alcohol, la nicotina, a pesar de ser drogas, no provocan estos problemas jurídicos por el hecho de que son legales. Sólo nos fijamos en las consecuencias de las drogas ilegales. Las drogodependencias, por tanto, aparecen como uno de los problemas fundamentales de la sociedad, la irresponsabilidad en el uso de los resultados científicos ha traído como consecuencia esta cantidad de drogas que muchas de ellas de origen sintético se obtienen en el laboratorio.

Los últimos estudios sobre consumo de drogas ponen de manifiesto que el alcohol es la droga más consumida entre los jóvenes.

El origen de este elevado consumo viene dado principalmente por dos factores: por una parte, la baja percepción de riesgo que tienen los jóvenes y la sociedad en general y, por otra parte, porque actualmente las drogas pertenecen a la cultura del ocio.

Es por estos motivos que desde la Obra Social "la Caixa", hemos puesto en marcha un programa de prevención del consumo de drogas, abordando de forma integral la prevención.

Conclusiones y recomendaciones

5.1. Conclusiones.

En relación al primer objetivo, analizar el consumo de drogas por parte de los adolescentes, observamos, por una parte, un alto porcentaje de no fumadores, un pequeño grupo de fumadores moderados que en ningún caso llega a fumar más de 6 cigarrillos al día, y un moderado grupo de adolescentes que realiza un consumo superior a los 6 cigarrillos al día bien entre semana o en fin de semana. En definitiva, la proporción de fumadores entre los adolescentes se halla acorde con la reflejada en estudios de prevalencia para ese grupo de edad, con un consumo moderado entre semana que se ve incrementado en cantidad los fines de semana.

Indicar en relación al consumo de tabaco, que en nuestro estudio el consumo de esta sustancia es más prevalente entre las chicas que entre los chicos y además fuman con mayor intensidad. Desde hace varios años las investigaciones confirman que las mujeres se han incorporado con fuerza al hábito de fumar, llegando a superar a los hombres.

En cuanto al consumo de alcohol casi uno de cada tres adolescentes refiere no haber bebido nunca alcohol y uno de cada cuatro haberlo hecho sólo en ocasiones especiales como navidades, fiestas, etc. Uno de cada diez dice beber de vez en cuando, dos de cada diez lo hace los fines de semana y sólo en un caso refiere beber todos los días. La edad de iniciación en el consumo de alcohol oscila entre los 11 y los 16 años, situándose la edad media en los 13,3 años. Este dato se ve reforzado por los aportados por las encuestas de Drogas dirigidas a población escolar realizadas en años anteriores, las cuales obtienen edades medias de inicio de consumo de 13,4 y 13,7.

Respecto al tipo de bebidas consumidas, resulta curioso apreciar que las más utilizadas son los licores y los combinados y no el kalimotxo[48]o la cerveza como esperábamos.

El fenómeno de la farmacodependencia ha mostrado un incremento importante en las últimas décadas. Así mismo, el incremento de la población joven en los países ha provocado que el incremento en el mercado de consumo sea también importante. Junto a este incremento porcentual de la población joven, las sociedades asisten a un número creciente de padres que trabajan y que por consiguiente disminuyen el tiempo de atención a sus hijos. Esto provoca que los adolescentes dispongan de un mayor tiempo libre de la supervisión parental, tanto a nivel físico como a nivel emocional, lo que provoca un incremento a la exposición de los medios de comunicación masivos como la televisión y sobre toda la internet que les permite tener acceso a modelos de vida frecuentemente descontextualizados de su realidad inmediata esto es, su familia.

Sin embargo, las familias están llamadas a buscar espacios de convivencia tanto física como emocional entre todos y cada uno de sus miembros, tratando de buscar un equilibrio entre el estar involucrados de manera activa en el crecimiento y desarrollo de quienes las integran y el permitir la progresiva asunción de la autonomía propia del adulto de los integrantes más jóvenes.

Especial atención requieren los niños, niñas y adolescentes que trabajan así como el entorno donde estos se desenvuelven en la vida diaria es decir los amigos y los ámbitos escolar y laboral. Es preciso además que los padres y las madres de familia no renuncien a su rol de educadores tanto en la palabra como en el ejemplo, además de que es necesario que desarrollen habilidades para la negociación de los conflictos propios de la familia, erigiéndose como la principal fuente de apoyo emocional, de donde el hijo pueda partir a desarrollar nuevas y más profundas relaciones personales que necesariamente lo llevarán a abandonar a su familia para fundar una nueva, pero manteniendo siempre la posibilidad de regresar a su familia de origen para encontrar apoyo para una vez más volver a partir.

Prevenir implica actuar para disminuir el número de personas que tienen problemas con las drogas, para que éstos sean menos graves, para evitar las posibles secuelas. Obviamente, prevenir exige anticiparse a los problemas, actuar cuanto antes.

Por eso hablamos de una prevención dirigida a niños y adolescentes, en la que el papel de la familia y de la escuela es fundamental: porque son los espacios en los que prioritariamente se educa, se ayuda a crecer y a construir personalidades más seguras, más libres y más responsables.

No hay que esperar a la adolescencia para empezar a prevenir. Lo más importante es tener un conocimiento real de lo que son las drogas, estar convencido de sus consecuencias negativas y acompañarlo del ejemplo personal.

En nuestro estudio la frecuencia de consumo de cannabis y otras drogas es mínima para la mayoría de los casos. La edad de iniciación en el consumo de cannabis oscila entre los 11 y los 16 años. Otras investigaciones realizadas en el País Vasco centran la edad de inicio en el consumo de esta droga hacia los 14-15 años.

Por último, en lo relacionado con el consumo de otras drogas, sobresale de forma alarmante la proporción de casos que han probado la cocaína, el speed y los hongos. En este sentido, en los últimos años, es posible hablar de un incremento significativo del consumo de todas las sustancias analizadas, especialmente en el caso de los alucinógenos y los derivados anfetamínicos.

Respecto al segundo objetivo, los datos apuntan en la dirección del modelado de las conductas de consumo. Si bien ha sorprendido el hecho de que el número de asociaciones significativas ha sido inferior al esperado, cabe resaltar que el consumo de tabaco por parte de la madre se asocia a una mayor frecuencia de consumo entre los adolescentes, dato confirmado en otras investigaciones. Por otra parte, se constata la influencia en el consumo de sustancias por parte de los hermanos. Algunos autores, de hecho, han observado que los hermanos mayores pueden influir en el consumo de drogas; cuando los hermanos mayores consumen drogas, los hermanos más pequeños perciben que estas sustancias y su consumo no están desaprobados.

Por último, en relación al tercer objetivo, cabe confirmar la hipótesis de nuestro estudio según la cual la presencia de conflicto entre los padres se asociaría a una mayor presencia de consumo de sustancias entre los hijos. Si bien cabe comentar que no es tanto el conflicto existente en sentido objetivo, como la percepción del hijo de las dinámicas familiares, lo que condiciona este consumo.

Otro factor de riesgo del consumo se hallaría en el tipo de relación que los hijos perciben de sus padres. En nuestra investigación, cuando los hijos perciben amor por parte del padre, y control por parte de la madre, el riesgo de ser consumidor de drogas es menor. Precisamente, parece que esta relación es la que ofrece un mayor efecto protector respecto al riesgo de ser consumidor.

Finalmente, la cohesión y adaptabilidad se muestran como factores protectores sobre la probabilidad de consumir sustancias. La cohesión ha sido definida como el vínculo emocional que los miembros de la familia tienen entre sí, y la adaptabilidad sería la habilidad de dicho sistema para cambiar.

Una de la problemáticas que enfrenta la sociedad mundial es el problemas de las drogas y Venezuela no escapa de esta epidemia, donde pequeñas comunidades urbanas del país se ven inmersas esta problemática latente; por lo tanto los docentes; como involucrados en la labor social, deben de ejercer una acción preventiva, ya que no existe la fórmula mágica para derrotar el auge de las drogas en el país y en el mundo. La prevención es la medida más efectiva que se puede tomar. Por ende, esta prevención exige un trabajo duro y constante por parte de todos los miembros de una comunidad a fin de desarrollar en los estudiantes, capacidades y destrezas para evitar que caigan en el mundo de las drogas.

En este sentido, el consumo de drogas se presenta en la actualidad como uno de los problemas más importantes a los que se enfrenta la sociedad, tanto la magnitud del fenómeno como por las consecuencias personales y sociedades derivadas del mismo. Además, ha dejado de ser algo exclusivo de una minoría para configurarse como un problema de magnitudes sociales, comunitarias y de salud pública. Es especialmente preocupante el uso indiscriminado de sustancias en periodos como la adolescencia, etapa en la que se ha incrementado en gran medida y en la que toma en especial relevancia si se toma en cuenta a la adolescencia como periodo vital de especial riesgo para uso/abuso de drogas, en la que se llevan a cabo los primeros acercamientos a las sustancias adictivas y el mantenimiento de patrones de consumo que, en gran parte de los casos, se consolidan en la vida adulta.

Es necesario recordar que este momento evolutivo es un periodo de transición de la infancia a la madurez en el que se producen una gran cantidad de cambios corporales, afectivos , cognitivos y de valores que junto con un mayor deseo por obtener experiencias novedosas e intensas, por ampliar las redes sociales y la búsqueda de la autonomía y de una identidad propia al margen de los convencionalismos, le convierten en un periodo de especial vulnerabilidad y proclive el desarrollo de conductas asociadas al consumo de drogas .

Que si la necesidad apuntada por los jóvenes para iniciarse en el consumo de drogas es la de experimentar sensaciones nuevas, adaptarse al mundo social, combatir el aburrimiento, manejar el tiempo de ocio, etc., la escuela, en ese sentido, debe ofrecer un marco ventajoso donde cabe posibilitar alternativas para que el adolescente pueda satisfacer su curiosidad y su necesidad de nuevas experiencias, enseñándole a planificar su ocio y facilitándole el contacto con sus iguales, todo ello desde un punto de vista constructivo. De ahí que las acciones preventivas contra el uso de sustancias en el ámbito escolar deban considerarse como prioritarias.

En el mundo actualmente la etapa de la adolescencia en el individuo con la llegada de los nuevos avances de la ciencia, la tecnología, el intercambio cultural, entre otros este se ve afectado por múltiples situaciones que conllevan estos cambios viéndose reflejado en la cantidad de adolescentes con problemas de tabaquismoalcoholismo y drogadicción

Consumo de drogas ha sido motivo de preocupación por parte de innumerables personas e instituciones a nivel mundial. Sin embargo, hoy en día el uso y el abuso en el consumo de las sustancias estupefacientes psicotrópicas, se incrementa de manera alarmante, alcanzando no sólo a adultos, jóvenes y adolescentes

La idea de presentar el tema motivo de investigación es dar a conocer los efectos legales del consumo de las drogas en el ser humano a los alumnos en la" en el primer trimestre del año 2012, partiendo de los problemas que generan la drogadicción en los adolescentes viéndose reflejado en situaciones de inseguridad de los individuos los cuales se apoyan en las drogas para ofrecer y consumir fármacos de diferentes tipos con la finalidad de disfrutar de los placeres de la vida.

Entre la incertidumbre laboral y las promesas del ocio.

La pérdida de relevancia que para los jóvenes tiene el espacio laboral en su proceso de incorporación a la vida adulta se explica, en parte, como resultado de la mayor incertidumbre que caracteriza la vida actual (para los jóvenes, aunque no sólo para ellos), toda vez que los estudios, el trabajo precario y la fragmentación de la socialización laboral dejan de ser garantía para una integración estable en la sociedad adulta.

Como consecuencia de esta mayor incertidumbre, existe un proceso de perdida de relevancia de la cultura del esfuerzo y de la preparación para un futuro a medio plazo (que incluya el acceso al mundo del trabajo, a la vivienda, etc.), en el que los estudios y la formación personal dejan de ser un componente esencial para su proyecto de vida. Un proceso que se presenta justo cuando las actividades de ocio y tiempo libre y el mundo del consumo, en sus más diferentes expresiones, ocupan un lugar central en la vida e identidad de la juventud.

Procesos y dinámicas que pueden reforzar la disposición a asumir mayores riesgos en el consumo de drogas por parte de aquellos jóvenes que, ante la quiebra de su proceso educativo ("fracaso escolar", déficit de oportunidades de origen, etc.), acceden al mercado laboral en edades tempranas, ocupando puestos poco cualificados y en condiciones de precariedad laboral, como vía rápida de acceso a unos ingresos "a corto plazo" que les permitan participar de la sociedad de consumo de la que reciben, como el resto de la ciudadanía, una considerable presión. La mayor disponibilidad de recursos incrementa las oportunidades de acceso a las sustancias en los espacios de ocio prevalente, lo cual puede ser un elemento clave en la asunción de relaciones más intensas con las drogas.

5.2. Recomendaciones.

Aunado a lo anteriormente expuesto, la curiosidad propia de la etapa adolescente se ve exacerbada por el cúmulo de mensajes, que muestran modelos de vida en donde de manera implícita o explícita el consumo de las drogas. El fenómeno es cada vez más frecuente, de tal suerte que, es cotidiano que el individuo en desarrollo tenga contacto con aspectos relacionados con el mismo por lo que los padres no pueden evitar el contacto con las drogas de manera permanente. De ahí que sea necesario educar al adolescente en el desarrollo de habilidades para enfrentar la realidad de una manera positiva y no verse afectado por el entorno esto es, la resiliencia.

Hay que recordar que esta cualidad es de hecho una cualidad intrínseca de los metales que les permite mantenerse sin deformar cuando son sometidos a altas temperaturas y aplicada a los individuos y se forma y se incrementa en las primeras relaciones sociales del individuo que ocurren generalmente en la familia. De tal suerte que es el núcleo familiar sea cual fuera la estructura del mismo el encargado de proporcionar herramientas y habilidades para que el adolescente y el joven puedan transitar su proceso de desarrollo de una manera exitosa independientemente del ambiente en que vivan. Por supuesto, el ambiente como parte relevante del triángulo productor de la farmacodependencia deberá ser modificado de manera positiva.

Para una adecuada realización de la interacción sujeto?objeto que conduzca al conocimiento de tal objeto, es necesaria la interrelación entre el hombre, como sujeto por excelencia del conocimiento, con la instrumentación, la metodología de investigación y todo el conocimiento posible previo en torno a tal objeto. Es aquí donde se realiza el proceso de investigación científica como una manifestación superior del conocimiento como categoría filosófica.

En el trabajo que se analiza se ha llevado a cabo un ciclo completo de investigación, basado en la acumulación de experiencias previas, la selección de complejos métodos instrumentales de trabajo, la modelación teórica por medios computacionales de los procesos moleculares y la aplicación de todo esto para el desarrollo de nuevas técnicas de detección en un medio bastante complejo como son los medio biológicos.

Es evidente que el tratamiento a la drogadicción requiere la interacción e interrelación de varias disciplinas y a través de distintos tratamientos pero un elemento de gran importancia lo constituyen los fármacos correspondientes para resolver la afectación.

Si la química permitió el desarrollo de nuevas drogas como las drogas sintéticas, deberá resolver también que se encuentren los antídotos y medicamentos capaces de la cura y eliminación de la drogadicción. Este es el reto y es la mayor responsabilidad de la química y de sus científicos en este campo de la sociedad.

Uno de los aspectos más interesantes radica en que el resultado de este ciclo de trabajo sirve como punto de partida para nuevas investigaciones, ya que desarrolla en sí mismo una nueva técnica. Así se garantiza la espiral dialéctica: nunca la nueva investigación será igual a ésta, pero deberá basarse, inevitablemente en ésta. Y ya se perciben y se describen nuevas investigaciones que se basan en las actuales pero que conllevaran a conclusiones superiores.

En un simulador de juego de ruleta rusa, podremos conocer las probabilidades de caer en la adicción a cualquier tipo de droga. Además, podremos comprobar de qué manera afecta el consumo, no sólo psicológicamente, sino también físicamente.

Herramientas al servicio de las familias:

En la prevención, queremos fomentar el papel activo de las familias. Para ello, se ofrecen distintos recursos que permiten abordar, en casa, el tema de las drogas con los hijos adolescentes.

? La guía para los padres.

Una realidad que debe tratarse en familia analiza los diferentes puntos de vista de padres e hijos. También ofrece consejos y estrategias para lograr una buena comunicación, partiendo de la perspectiva de que prevenir es ayudar a decidir.

La guía incluye recomendaciones prácticas para iniciar una conversación en torno a las drogas, y sobre los riesgos y consecuencias que su consumo conlleva. Además, aconseja cómo actuar ante una situación de posible consumo. En especial, estimula a los padres a aportar conocimientos, habilidades personales, testimonios y valores para que los hijos, por sí mismos, aprendan a adoptar una actitud responsable.

El objetivo es proporcionar unas pautas de actuación en la relación con los hijos, prevenir las conductas de riesgo asociadas al consumo de drogas y, si es necesario, informar sobre recursos especializados.

? Programa educativo.

El objetivo de un programa educativo adecuado, es facilitar las herramientas adecuadas para que el profesorado de educación secundaria pueda llevar a cabo una actuación educativa con sus alumnos de prevención del consumo de drogas. El programa parte del aprendizaje científico de las bases neurobiológicas de la adicción y de los efectos de las drogas sobre nuestro cerebro, nuestro cuerpo y nuestro comportamiento.

Los adolescentes buscan formas de afirmación y de identificación. La facilidad para acceder a las drogas o atribuirles connotaciones transgresoras, la curiosidad y la presión grupal pueden inducirles a consumir. Informarles y formarles al respecto es, en primer término, responsabilidad de la familia y de la institución escolar.

Hacerlo adecuadamente presupone, en cualquier caso, contrastar las propias ideas para comprobar que se correspondan con la realidad actual y el perfil de los consumidores de hoy. Y también con los conocimientos sobre la biología de las drogas: qué son; en qué consiste el proceso de adicción; cuál es su base neuronal; y qué efectos causan sobre el cerebro y la salud en una etapa –la adolescencia– en la que el desarrollo orgánico no se ha completado aún.

? Recurso educativo virtual.

Una de las nuevas herramientas es el recurso educativo virtual, que permite abordar la prevención del consumo de drogas a nivel educativo de forma virtual, a través de sitios web, previamente analizados por los profesores. La misma que pone a disposición de profesores y alumnos una visión en 3D de la exposición interactiva presencial; tanto por su temática como por su metodología, el programa educativo virtual de prevención puede ser integrado como una actividad curricular más en las asignaturas en los Centro Educativos, a través de los materiales didácticos de neurobiología de la adicción.

? Para los profesionales del ámbito sanitario.

La Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria, http://www.semfyc.es, ha desarrollado un programa de formación para los profesionales de salud (médicos de familia, pediatras y el personal de enfermería). Consta de una guía en la que se recogen algunas preguntas frecuentes relacionadas con el consumo de drogas y algunas respuestas posibles, además de recomendaciones prácticas. Su finalidad es proporcionar información actualizada y útil para estos profesionales en su relación con los padres y las madres de los jóvenes y con los propios adolescentes.

Además, el programa ofrece una herramienta de autoformación, con materiales para organizar sesiones de formación para los equipos sanitarios. Estos materiales incorporan directrices sobre cómo orientar a las familias, además de información actualizada sobre drogas, hábitos de consumo y efectos sobre la salud.

El consumo de drogas no es patrimonio de ninguna edad. Difícilmente podemos realizar un análisis acertado de los consumos juveniles sin tener en cuenta el contexto socio?cultural en el que la juventud es partícipe de igual forma que los adultos.

Focalizar la atención de forma exclusiva sobre las pautas juveniles de consumo de drogas y resaltar siempre de ellas las de cariz más problemático, corre el riesgo de generar efectos indeseables, entre los que cabe citar:

? Estigmatización juvenil, en la medida en que se produce una asociación mediática y discursiva entre juventud y consumo de drogas que refuerza una imagen social de éstos en clave de riesgos y problemas.

? Una actitud social escapista, por cuanto se trataría supuestamente de un asunto que afecta en exclusiva a las personas jóvenes, tranquilizando a la sociedad adulta respecto a sus propios consumos, y eludiendo el necesario análisis crítico sobre los determinantes sociales que favorecen los consumos problemáticos de drogas.

? Percepciones no ajustadas a la realidad, en la medida que se sobredimensiona el fenómeno y se lanzan permanentemente mensajes que presentan el binomio juventud-drogas como prácticamente indisociable.

? Un discurso social que subestima las opciones saludables y de autoprotección que la mayoría de los jóvenes adoptan hacia las drogas, lo cual contribuye a la construcción social del problema.

Es deseable que los discursos sociales y las políticas públicas referidas a juventud y consumos de drogas dejen de presentar una imagen tan sesgada y negativa del "ser joven". Una imagen que en nada ayuda, ni a jóvenes ni a adultos, a disponer de un conocimiento cabal sobre la situación real de las personas en esa etapa vital y a diseñar una política preventiva más efectiva de acuerdo con la realidad y con las necesidades que la sociedad actual demanda.

Cambios sociales y cambios en la identidad juvenil.

Nuestra sociedad está inmersa en un proceso continuo de transformación  que comporta nuevas contradicciones sociales ante las que los jóvenes viven y se reinterpretan, y ante las que han aparecido formas y contextos diferentes de consumo de antiguas y nuevas drogas.

A lo largo de la década de los noventa, y en los primeros años del siglo XXI, estamos asistiendo a cambios sociales importantes que han afectado de forma notable el hecho mismo de "ser joven", así como al proceso de incorporación juvenil a la sociedad adulta. Cambios que, entre otros aspectos, han propiciado un desplazamiento de la identidad juvenil del mundo del trabajo hacia el mundo del ocio, con un aumento de actitudes presentistas con las que los consumos de drogas parecen vincularse.

Los consumos de drogas se difunden por el conjunto del tejido social, perdiendo su exclusividad juvenil. Por otra parte, pierden importancia simbólica como indicador de preocupación social en cuanto que la mayoría de tales consumos no llegan a ocasionar efectos dañinos en sus consumidores, al menos a corto plazo, y son realizados por jóvenes integrados socialmente.

A la búsqueda de percepciones sociales más equilibradas.

La percepción social parece alejarse cada vez más de vivencias de crisis para atribuir al consumo de drogas un carácter más normalizado y menos problemático. Una percepción social que se aleja de apuestas simplificadoras contra las drogas (como las obsoletas llamadas a la "guerra contra las drogas"). Una percepción que, si bien representa una visión más madura del fenómeno que nos ocupa, puede denotar, así mismo, un sorprendente desinterés, particularmente inquietante cuando hablamos de consumos adolescentes. En este sentido, parece razonable buscar un equilibrio que ayude a desterrar el tremendismo característico de otros tiempos, sin caer por ello en la indiferencia social.

Entre muchos jóvenes se otorga mayor "legitimidad" a los consumos de drogas, por observarlos como una modalidad más de consumo en una etapa evolutiva determinada y en relación a un medio festivo y de relación entre iguales. Una situación que contribuye a desdramatizar la percepción social de los consumos de drogas, aunque habrá que observar su evolución para asegurarnos de que descargar de emociones negativas esta representación no nos sitúa en el terreno de la indiferencia. Sobre todo cuando, como señalábamos más arriba, nos referimos a las relaciones de los adolescentes con las drogas.

Políticas preventivas integrales e integradoras.

Hoy, las políticas de actuación sobre los consumos juveniles de drogas deben partir de una reflexión que considere las relaciones globales que con las diversas sustancias mantiene la ciudadanía de cada país. Estas políticas deben atender de forma especial aquellos consumos que se establecen por parte de las personas en situación de mayor riesgo social.

Por otra parte, las relaciones juveniles con las drogas deben considerarse desde el punto de vista de los cambiantes estilos de vida juveniles que las condiciones sociales actuales favorecen, y respecto a los que es preciso favorecer estrategias susceptibles de propiciar una adaptación crítica.

A modo de resumen, debemos considerar que si hace más de tres décadas los problemas relacionados con las drogas afectaban esencialmente a los jóvenes de entonces, en la actualidad aquellos jóvenes son los adultos que ya han vivido plenamente inmersos, al menos en el conocimiento, de tales problemas. La relación con las drogas de los actuales adultos ya no es tan diferente a la relación que pueden mantener los actuales jóvenes.

En cuanto a los problemas relacionados con el alcohol, constituyen una enfermedad frecuente que tiene serias consecuencias para el individuo, su familia y la sociedad en general. Aunque los sujetos afectados tienen dificultades para reconocer su problema y la mayoría no son capaces de superarlo sin ayuda, en la actualidad existen numerosas alternativas que permiten una rehabilitación efectiva. Al final, los esfuerzos serán recompensados y será posible ofrecer una nueva esperanza de vida a las personas que padecen este flagelo.

La investigación ha llevado a las siguientes conclusiones, el consumo de alcohol según los especialistas es un factor de integración social, el individuo al pertenecer a un entorno social y laboral muchas veces requiere participas en eventos sociales, por consiguiente el consumo de alcohol es permitido en estos casos, pero responsablemente. El riesgo radica en que el consumo excesivo de alcohol desencadene en una adicción incontrolable que ocasiona según la opinión del 80% de los especialistas en desequilibrios emocionales, que generen conflictos y desintegración del núcleo familiar.

Es importante entonces, que la familia colabore con el tratamiento de la persona afectada, ya que los especialistas opinan que ellos mantienen una actitud positiva al tratamiento cuando se sienten motivados, en caso contrario, algunos abandonan el tratamiento reincidiendo en la adicción.

En consecuencia, además de los efectos en el organismo, son diversos los efectos que ocasionan el alcoholismo en las relaciones familiares y laborales: conflictos, incumplimiento de obligaciones y compromisos, desintegración del núcleo familiar

La dependencia del alcohol se puede tratar. La mayor parte de las personas dependientes del alcohol pueden rehabilitarse de manera que puedan llevar vidas productivas mientras se abstengan a ingerir alcohol en cualquiera de sus formas.

Las actitudes responsables hacia la bebida deben servir para comportarse de tal manera que nunca se sientan avergonzados o arrepentidos de la conducta asumida

Caracterizar a la población de la problemática del alcoholismo mediante medidas preventivas:

? Divulgación de información en contra del alcoholismo a través de folletos, trípticos, o cualquier otro medio

? Implantar programas dentro y fuera de las instituciones educativas con el fin de empezar a sembrar la semilla en las futuras generaciones y buscar nuevas soluciones

? Así mismo, se pueden dejar de tomar, con ayuda de expertos, tratamientos, centros de apoyo y sobre todo compresión de la familia.

? Promover una conciencia social sobre los efectos nocivos de las drogas que facilite un aumento de la percepción de riesgo entre los jóvenes.

? Facilitar los recursos de información, orientación y formación de las familias así como de los agentes educativos y sanitarios.

?Desarrollar habilidades y competencias personales para rechazar el consumo de drogas.

?Ofrecer herramientas a los propios jóvenes para que puedan adoptar una actitud crítica y responsable sobre las drogas.

? Las políticas públicas en la materia que nos ocupa deben trabajar para cuestionar críticamente el binomio juventud/consumo de drogas.

? Las políticas públicas en esta materia deben formar parte de las políticas globales de Sanidad, Bienestar Social, Educación, Juventud y Justicia e Interior.

? Las políticas públicas en la materia deben incorporar plenamente los programas orientados a la reducción de daños, adquiriendo así una perspectiva más globalizadora.

? Es preciso incrementar la dotación presupuestaria de las políticas preventivas, así como explorar fórmulas de financiación que garanticen la continuidad de los programas y permitan sustraerlos de la incertidumbre y la precariedad.

? Es necesario garantizar formas efectivas de coordinación y comunicación entre las administraciones públicas y las organizaciones sociales.

? Es necesario reforzar percepciones sociales equilibradas sobre los consumos de drogas, que huyan tanto del tremendismo como de la indiferencia.

? Las relaciones juveniles con las drogas deben considerarse desde la óptica de los estilos de vida que las condiciones sociales actuales (precariedad creciente y dificultad para construir proyectos de vida sólidos, trascendencia del ocio, etc.) favorecen.

? Apostamos por reforzar la perspectiva comunitaria de las acciones preventivas.

? Es necesario priorizar políticas preventivas específicas, renunciando a políticas inespecíficas que corren el riesgo de diluirse por falta de un marco de actuación propio.

? Las políticas preventivas deben contemplar la necesaria participación de la sociedad civil en los distintos momentos de su desarrollo.

? Para que la prioridad atribuida a la prevención en los discursos públicos sea efectiva, debe reflejarse en la distribución del gasto público en drogodependencias.

? Las políticas preventivas dirigidas a la juventud deben contemplar la existencia de una considerable pluralidad en el "ser joven" actual de nuestro país, evitando intervenciones que desatiendan a sectores juveniles importantes.

? Para reforzar el compromiso preventivo de las familias españolas estimamos necesario avanzar en el establecimiento de políticas que concilien la vida laboral con la vida familiar.

? Es preciso impulsar investigaciones que aporte conocimiento sobre los riesgos relacionados con las formas actuales de consumos de drogas y ayuden a orientar las estrategias preventivas.

? Es necesario mejorar la calidad de los programas, avanzar en procedimientos de registro y acreditación, y favorecer su plurianualidad.

? Es preciso fortalecer la formación de los profesionales de la prevención, así como la de aquellas personas sobre las que, en su calidad de mediadores, pivotan buena parte de las acciones preventivas locales.

? El sistema educativo debe contemplar de manera explícita la necesidad de que la escuela invierta tiempo educativo en el desarrollo de propuestas preventivas.

? Los adolescentes que siguen itinerarios formativos para la iniciación profesional, deberían tener ocasión de participar en acciones preventivas que reconozcan su singularidad.

? Las poblaciones juveniles con especial riesgo deben ser objeto de actuaciones específicas dinamizadas por los profesionales en contacto con ellos (educadores, sanitarios, sociales, etc.), que permitan reflexionar sobre la relación con las drogas, identificar situaciones de riesgo y actuar de manera adecuada a cada situación.

?La creciente trascendencia del ocio en la vida de la juventud española hace necesario el desarrollo de actuaciones preventivas en este ámbito, basadas en aquellas metodologías participativas que hayan probado su eficacia.

La Familia y la Prevención.

Es evidente que la epidemia del consumo de drogas tanto legales como ilegales que nos impacta en la actualidad, ha despertado finalmente un alto índice de conciencia social al respecto. Es frecuente encontrar la actitud de esperar que alguien o algo nos resuelvan este problema que puede afectar a nosotros directamente o a nuestros hijos o familiares. Sin embargo, se nos olvida que todos tenemos una responsabilidad social de formar parte de la solución.

Para poder actuar en prevención del consumo de drogas en niños y jóvenes, es necesario volver una y otra vez a la misma conclusión: la familia es la entidad donde debemos comenzar nuestros esfuerzos.

Los enfoques modernos en prevención nos indican que la amenaza o castigo no son efectivos. Nuestros esfuerzos, más bien deben fundarse en el fortalecimiento de los valores y habilidades humanas, la comunicación, la educación, el respeto mutuo y el amor familiar.

Propuestas en torno a políticas sobre el consumo de drogas.

? Políticas preventivas sobre drogas incluidas en un marco global de promoción de la salud y el bienestar.

? Las políticas de prevención y atención de los perjuicios derivados del consumo de drogas, en tanto que políticas orientadas a fomentar un alto nivel de protección sanitaria, de bienestar y de cohesión social, deben formar parte delas políticas públicas globales de Sanidad, Bienestar Social, Educación, Juventud y Justicia e Interior.

? Tanto el ámbito de la prevención como el ámbito de la atención a las personas en situación de drogodependencia, deben ser considerados intervenciones especializadas del Sistema de Promoción del Bienestar Social (en cuya definición genérica podemos incluir áreas como educación, juventud y empleo) así como del Sistema de Salud. Este criterio debe expresarse en la asunción explícita de corresponsabilidad respecto a los objetivos de prevenir los riesgos, tanto para la salud física como para la integración psicosocial, mediante el impulso complementario de actuaciones generalistas y especializadas. Obviamente, para lograrlo se requiere que tanto el Sistema de  Promoción del Bienestar Social como el de Salud reconozcan este papel.

Políticas específicas sobre drogas.

? Las políticas preventivas en materia de drogas deben definir en sus planes de acción objetivos estratégicos que permitan, por medio de instrumentos e indicadores adecuados, una evaluación de resultados.

Partes: 1, 2, 3, 4, 5


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