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1844 Hecho Simple del Dr. Clifford Goldstein (página 3)




Partes: 1, 2, 3

La clave para entender esto está en que Daniel 8 es una expansión de Daniel 7. Daniel 8 complementa o añade otra dimensión a Daniel 7. Vimos como la purificación del santuario en el capítulo 8 describe la gran escena del juicio del capítulo 7, donde el pueblo de Dios fue juzgado favorablemente y se le dio el dominio. Daniel 8, sin embargo, introduce la idea del santuario, el sacerdocio y un ministerio celestial: ideas que no se mencionan en Daniel 7. Ambos capítulos tratan del mismo tema, pero desde perspectivas diferentes.

Ambos capítulos (Daniel 7:21, 25; Daniel 8:24) se refieren también al pueblo de Dios, que es perseguido por un sistema religioso apóstata. Daniel 7 concluye con la extinción de ese poder apóstata cuando se le da el dominio a "los santos del Altísimo". Un énfasis que se encuentra en Daniel 7 y no en Daniel 8, es la idea de un reino y dominio que se da al pueblo de Dios. Ver Daniel 7:26-27. Este dominio es el resultado del juicio, que pone fin al poder blasfemo y perseguidor del cuerno pequeño.

Lo que se destaca en Daniel 8 sobre el papado no es tanto su acto de persecución como su apostasía. El cuerno pequeño ha iniciado un sacerdocio, una mediación y un plan de salvación falsos. También en Daniel 8 el cuerno pequeño encuentra su derrota: será "quebrantado, aunque no por mano humana" (Daniel 8:25). Y aunque no se menciona en Daniel 8, el pueblo de Dios finalmente recibirá el reino que se menciona en la visión paralela de Daniel 7. En Daniel 8, el resultado de la purificación del santuario es lo que por último produce la destrucción del cuerno pequeño. En Daniel 7 fue el juicio celestial lo que trajo el fin al cuerno pequeño.

Obviamente, la actividad del cuerno pequeño estaba relacionada con la purificación del santuario porque, como sucede en el juicio en Daniel 7, el resultado de esa purificación finalmente conducirá a la destrucción del cuerno pequeño. Daniel 7 y 8 concluyen con la salvación y vindicación del pueblo de Dios, al igual que con la erradicación del cuerno pequeño. Esta destrucción es el resultado del juicio y de la purificación del santuario. En este sentido, por lo tanto, la actividad del cuerno pequeño se relaciona con la purificación del santuario, aunque la purificación involucra más que sólo la actividad apóstata del cuerno pequeño: una perspectiva que sólo aparece en este capítulo.

El cuerno pequeño también aseveró ser un poder cristiano. Por cerca de un milenio, casi todo el cristianismo siguió al cuerno pequeño. Dios tenía a millones que profesaban su nombre y aseveraban seguirlo: personas cuyos nombres fueron escritos en los libros del cielo en el santuario. Muchos, sin embargo, aunque profesaban seguir a Jesús, no eran sus seguidores; es más, a menudo eran sus enemigos. Sus nombres serán borrados en el juicio, cuando el santuario sea purificado. Ver Apocalipsis 3:5. La determinación de quién era o no era fiel, no viene sino hasta la purificación del santuario, cuando los registros de los pecados de los que profesan seguir a Jesús son borrados, o sus propios nombres son borrados de los libros. En ese sentido, el cuerno pequeño también "contaminó" el santuario porque el registro de los pecados de sus seguidores fueron registrados en el mismo.

Otro aspecto posible, aunque ciertamente no primordial, es que el cuerno pequeño echó por tierra el lugar del santuario, no físicamente, sino al ocultar la verdad concerniente al mismo. Algunos sugieren que un cumplimiento de la purificación del santuario podría ser que la verdad referente al mismo fue finalmente revelada después de haber estado perdida por tanto tiempo. También en ese sentido el santuario fue purificado de la actividad del cuerno pequeño.

El punto importante es que la purificación del santuario involucró más que la actividad del cuerno pequeño, más que una vindicación de la verdad. Gracias a Daniel 7, y al símbolo terrenal, entendemos que la purificación del santuario involucró un juicio de personas que profesan servir a Dios (que incluyó a aquellos que eran parte del cuerno pequeño), un juicio que finalmente separaría el trigo de la paja, y que produciría la destrucción de la maldad en el mundo y el establecimiento del reino de Dios. 

Debido a que Daniel 8:14 dice literalmente: "Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado", se ha argumentado que los 2.300 días no son en verdad 2.300 días, sino 1.150 días. ¿Por qué? Porque tarde y mañana supuestamente representan los dos sacrificios que se ofrecían cada día. Por lo tanto, dos sacrificios diarios serían equivalentes a 2.300 sacrificios de "tarde y mañana" ofrecidos en el transcurso de 1.150 días enteros. La versión en inglés Today's English lo traduce así. Si esta interpretación fuera correcta, entonces el santuario habría sido purificado no en 1844 d.C., sino en el 694 d.C.

¿Representan las 2.300 tardes y mañanas sólo 1.150 días? Se han provisto numerosos argumentos, incluso por no adventistas, que prueban que no es así. En primer lugar, la secuencia "tarde y mañana" en Daniel 8:14 es lo opuesto a la secuencia utilizada en la Biblia para referirse a los dos sacrificios diarios. Las ofrendas quemadas de la mañana y tarde es la secuencia que la Biblia usa en forma firme y regular. Ver Éxodo 29:39; Números 28:4. Nunca es "tarde y mañana", como se lo encuentra en Daniel 8:14. "Tarde y mañana" no tiene nada que ver con los sacrificios.

Más bien, la secuencia de tarde y mañana de Daniel se encuentra en Génesis 1, que la utiliza para referirse a un día completo. Cuando los judíos deseaban referirse al día y la noche en forma separada, mencionaban el número de ambos, como sucede en la frase "cuarenta días y cuarenta noches". Ver Génesis 7:4,12. Pero incluso allí, la expresión "cuarenta días y cuarenta noches" significó cuarenta días completos, no veinte.

La razón por la que algunos tratan de convertir los 2.300 días en 1.150 es para hacer que Antíoco Epífanes, un rey seléucida que persiguió a los judíos en el siglo II antes de nuestra era, sea el objeto de la descripción del cuerno pequeño en Daniel 8. Si Antíoco quien profanó el templo de Jerusalén era el cuerno pequeño, entonces las profecías de Daniel 8 habrían sido cumplidas incluso antes del nacimiento de Jesús, anulando el significado de 1844.

Pero la profanación del templo por Antíoco Epífanes duró sólo 1.080 días. Así que si los 2.300 días fueron sólo 1.150 días literales, todavía él estaría fallando por 70 días, y mucho más si se trata de 2.300 días. Esta interpretación es bastante inexacta.

Existen otras razones por las cuales Antíoco no puede ser el cuerno pequeño. Vimos anteriormente que el carnero de Medo-Persia se hizo "grande" (Daniel 8:4) y que el macho cabrío griego llegó a ser "muy grande" (versículo 8). Sin embargo, el cuerno pequeño que los siguió, fue mayor que ambos: "Creció mucho al sur, y al oriente, y hacia la tierra gloriosa" (versículo 9). Antíoco, por lo tanto, debió haber sido mayor que los Imperios Medo-Persa y Griego. Obviamente, eso no fue así. Más bien gobernó sobre sólo una porción del Imperio Griego, tuvo poco éxito y por poco tiempo solamente.

El surgimiento del cuerno pequeño fue fechado en relación con los cuatro reinos que surgieron del desmenuzamiento del imperio de Alejandro Magno. Habría de venir "al fin del reinado de éstos" (Daniel 8:23). Uno de esos cuatro reinos: la dinastía seléucida, de la cual surgió Antíoco, consistió de más de veinte reyes que reinaron desde el 311 al 65 a. C. Antíoco fue el octavo de éstos, reinando desde el 175 al 164 a. C. Es claro que, debido a que doce reyes le siguieron, y sólo siete lo precedieron, él no surgió en el "fin del reinado de éstos".

Daniel 8 habla acerca del "tiempo del fin". Vea el versículo 17. Es obvio que la muerte de Antíoco más de 150 años antes de Jesús no lo califica para ser colocado dentro de esa profecía de tiempo.

Además, el cuerno pequeño quitó el "continuo", o sea, el ministerio diario dentro del primer departamento. Antíoco, quien prohibió los sacrificios del templo, quitó más que sólo el "continuo". Les prohibió ofrecer el sacrificio anual también. Aunque la profecía especifica que el cuerno pequeño sólo quitaría el ministerio dentro del primer departamento, Antíoco quitó más que eso. En esto, tampoco Antíoco se ajusta a la profecía.

Muchos otros argumentos indican que Antíoco no es el cumplimiento de Daniel 8. En el tomo 1 de la serie producida por el Comité de Daniel y Apocalipsis, el Dr. Shea tiene un capítulo titulado "Por qué Antíoco IV no es el cuerno pequeño de Daniel 8", que demuele la interpretación de Antíoco. 

Finalmente, ninguna exposición sobre las críticas contra 1844 estaría completa sin discutir Hebreos. Los oponentes aseguran que Hebreos coloca a Cristo directamente en el segundo departamento del santuario: el Lugar Santísimo, después de su ascensión. Usando la New International Versión en inglés y también la Reina-Valera en español, con versículos tales como Hebreos 9:12 ("Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo"), aseveran que Cristo ha estado en el segundo departamento desde el año 31 d. C., anulando la creencia de que entró en el segundo departamento en 1844. ¿Es válido este argumento?

Hebreos es un estudio de la superioridad de Jesucristo en comparación con cualquier sistema anterior al suyo. Enseña que Jesús inició una era nueva y mejor, y un orden religioso nuevo y mejor.

En efecto, Hebreos es un estudio de los contrastes entre lo antiguo y lo nuevo, entre una era y otra. Hebreos contrasta el Antiguo Pacto con el Nuevo. Vea Hebreos 7:22; 8:6-8; 12:24. Contrasta el sacerdocio terrenal levítico con el sacerdocio nuevo y mejor de Jesús. Ver Hebreos 8:4-5; 7:11-15. Contrasta la sangre de animales del antiguo sistema con la mejor sangre de Jesús. Ver Hebreos 9:13-14. Contrasta la antigua mediación terrenal con la mediación celestial nueva y mejor de Cristo. Ver Hebreos 8:1. Contrasta el antiguo santuario terrenal con el nuevo y mejor santuario en el cielo: "Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo [santuario, según la Biblia de Jerusalén, la de Bover-Cantera, Nácar-Colunga y la Reina-Valera antigua], habiendo obtenido eterna redención" (Hebreos 9:11-12).

La frase en griego que se traduce "Lugar Santísimo" es ta hagia, que literalmente significa "lo santo". Este libro no trata acerca de en cuál apartamento entró Jesús en el santuario celestial. Lo importante es que él está intercediendo allí por nosotros, un mejor mediador de un mejor pacto con mejor sangre, efectuando un mejor ministerio, en un mejor santuario [Para los que desean hacer un estudio mas detallado sobre el termino "ta hagia" en la epístola a los Hebreos, véase el articulo "Lugar Santísimo"].

La única vez que Hebreos habla del segundo departamento solo es en Hebreos 9:3. Al describir el sistema terrenal dice: "Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo". Aquí, sin lugar a dudas, el autor está hablando acerca del segundo departamento solamente y utiliza las palabras en plural hagia hagion.

En ningún otro lugar en Hebreos se utiliza esta frase específica al describir dónde está Cristo en el cielo. Se utilizan diferentes palabras en plural, pero nunca hagia hagion, la fórmula que hace referencia al segundo departamento exclusivamente. Si entró en el hagia hagion, ¿por qué el libro de Hebreos no lo dice, ni una vez?

Si el escritor de Hebreos quería especificar que Cristo estaba en el segundo departamento, ¿por qué no usó hagia hagion, por ejemplo, en Hebreos 9:8, que dice: "Dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie"? (Note el contraste entre lo terrenal y lo celestial.) La Reina-Valera erróneamente traduce como Lugar Santísimo la frase griega ton hagion, la que se refiere, según Hebreos 8:2, al santuario celestial entero: "Ministro del santuario [ton hagion], y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre". Aquí no se utilizó hagia hagion, y en ningún otro lugar, al discutir el lugar donde se encuentra Jesús en el santuario celestial.

El único versículo que pareciera contradecir este punto es Hebreos 9:25 que dice: "Y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena". Aquí la palabra para "Lugar Santísimo" no es hagia hagion, sino otra palabra plural, ta hagia, aunque el texto parece referirse al segundo departamento porque menciona un acto anual. Aparentemente se alude al Día de la Expiación.

¿Acaso este versículo entonces contradice mi tesis concerniente al uso de hagia hagion? ¡No! El sumo sacerdote aplicaba sangre en ambos departamentos en el Día de la Expiación, por lo cual Hebreos no utiliza hagia hagion, una frase que se refiere al segundo departamento exclusivamente. En vez de aquella, el escritor utiliza una palabra que se traduce "santuario", porque una vez al año el sumo sacerdote entraba en ambos departamentos, todo el santuario, donde ministraba con sangre. Ver Éxodo 30:10.

Si Hebreos quisiera especificar que Jesús estaba en el segundo departamento, en algún momento lo habría colocado en el hagia hagion. No lo hace, ni una sola vez.

Decir que Hebreos coloca a Cristo en el segundo departamento es como decir que la frase de Juan en Apocalipsis: "Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor" (Apocalipsis 1:10), prueba que Jesús cambió la observancia del sábado al domingo. Eso sería añadirle al texto algo que no contiene.

Más bien, el tema en Hebreos no es a cuál apartamento Jesús entró, sino que él está allí intercediendo por nosotros con su sangre derramada en nuestro favor.

Capítulo Nueve

En la culminación del debate acerca del santuario, el principio de día por año fue atacado. Algunos dijeron que no era válido, o que al menos no era "explícito". Otros desafiaron nuestra explicación del principio día por año en Daniel 7, 8 y 9.

Este asunto es crucial. Si el principio no es válido, o al menos no debe aplicarse en Daniel 7, 8 y 9, nuestro mensaje se derrumba.

¿Es el principio de día por año legítimo, y si es así, por qué debemos aplicarlo a esos tres capítulos de Daniel?

En primer lugar, el principio de día por año no fue originado por los milleritas ni por los adventistas del séptimo día.

Los judíos y los cristianos lo han estado aplicando durante siglos, a menudo a los mismos textos a los que los adventistas lo aplican hoy. Clemente de Alejandría (siglos II y III d. C.), un padre de la iglesia, aplicó el principio de día por año a las 70 semanas de Daniel 9, tal como lo han hecho la mayoría de los eruditos durante las edades, judíos y gentiles. Uno de los más grandes estudiosos hebreos, Rashi (1040-1105 d. C.), tradujo Daniel 8:14 como: "Y él me dijo, hasta dos mil y trescientos años". Este principio ha sido reconocido y aceptado en todo el mundo durante siglos. No es una innovación adventista.

¿Pero cuál es la evidencia bíblica? Todos estamos familiarizados con Números 14:34: "Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día". Ezequiel 4:4-6 dice: "El número de los días que duermas sobre él, llevarás sobre ti la maldad de ellos. Yo te he dado los años de su maldad por el número de los días,... día por año, día por año te lo he dado". Aunque estos versículos sugieren el principio de día por año, ¿qué otra evidencia existe?

El Antiguo Testamento ha reconocido a menudo una relación entre días y años, y en algunos casos, aunque la palabra año es la que el texto requiere, la palabra hebrea literal ha sido días. La fiesta de la pascua, por ejemplo, se celebraba una vez al año. Ver Éxodo 13:10. El texto se traduce: "Por tanto, tú guardarás este rito en su tiempo de año en año". Sin embargo, en el hebreo dice literalmente "de días a días", aunque significaba de año a año.

En 1 Samuel 20:6 se lee: "Si tu padre hiciere mención de mí, dirás: Me rogó mucho que lo dejase ir corriendo a Belén su ciudad, porque todos los de su familia celebran allá el sacrificio anual". La frase "sacrificio anual" se traduce de palabras que literalmente significan "sacrificio de los días". Tal como en Éxodo, se utilizaba la palabra días aunque se refería a un año o evento anual.

En 1 Samuel 27:7 se lee: "Fue el número de los días que David habitó en la tierra de los filisteos, un año y cuatro meses". En el hebreo original dice: "días y cuatro meses" en vez de "año y cuatro meses".

Hay una palabra común hebrea para año, shanah, pero en estos versículos se utiliza la palabra que significa "días", mostrando así una conexión entre año y día en la Biblia.

Se pueden encontrar otros ejemplos de este tipo. Vea 1 Samuel 2:19; 1 Reyes 1:1. Sin embargo, incluso si éstos y otros versículos ayudan a comprobar el concepto del día-año, ¿podemos estar seguros de que debe aplicarse a las profecías de tiempo de Daniel 7, 8 y 9?

Daniel 9 declaró que "desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías" habría 69 semanas. Incluso si alguien argumentara a favor de una fecha con una diferencia de 50 años en relación con el 457 a. C. para el mandato de reconstruir a Jerusalén, todavía quedan 400 años entre esa fecha y la venida de Jesús, "el Mesías Príncipe". Si las 69 semanas son literales, entonces desde la orden para restaurar y reconstruir a Jerusalén (siglo V a. C.) hasta el Mesías (siglo I d. C.) habrían sido 69 semanas, o sea, un año, cuatro meses y una semana. ¡Esto es ridículo! El principio de día por año debe aplicarse aquí; si no se hace, la profecía no tiene sentido.

Quizá la mayor prueba de la validez del principio de día por año y de su aplicación en Daniel 9 es que funciona. ¿Será una coincidencia el que si se aplica el principio a las 69 semanas, se obtiene un período de tiempo que se ajusta a los dos eventos mencionados en el versículo? Si usted no usa el principio, la profecía no tiene sentido; si usted sí lo usa, la profecía funciona perfectamente. Ese punto por sí solo irrefutablemente comprueba la validez del principio de día por año.

Obviamente, el principio de día por año se aplica a la profecía de las 70 semanas, la que fue "cortada" de la profecía de los 2.300 días. Así que ambas son parte de la misma profecía. Si el principio de día por año funciona para una parte de la profecía total, ¿entonces no sería lógico que funcionara en la otra parte también? No sólo es lógico, sino absolutamente necesario. Aplicar el principio de día por año a las 70 semanas nos da 490 años, ó 176.400 días. ¿Cómo podría usted cortar 176.400 días de 2.300? Usted no puede. La única forma en que podrían ser cortados es si aplicara el principio de día por año a los 2.300 días también. De otra manera, sería como tratar de substraer dos kilómetros de un metro. Por lo tanto, el principio de día por año debe funcionar en los 2.300 días.

Existe más evidencia a favor del principio de día por año en los 2.300 días. La pregunta que produjo la respuesta acerca de los 2.300 días está en Daniel 8:13, y dice literalmente, "¿Hasta cuándo durará la visión del continuo sacrificio, y la prevaricación asoladora entregando el santuario y el ejército para ser pisoteados?" Deben notarse algunos puntos de importancia: Se utilizan las palabras "hasta cuándo". El énfasis se coloca en el momento final. ¿"Hasta cuándo" sucederán estos eventos? Note la palabra que se traduce visión: hazon, la cual vimos que trata de la visión total, el cordero, el macho cabrío, etc.

¿Qué significa todo esto? La pregunta concierne al momento final ("hasta cuándo") de todo lo mencionado: el hazon o visión (que incluye al cordero y el macho cabrío), el continuo y la transgresión desoladora, todo está incluido. No se inquiere sólo acerca de la visión concerniente al "continuo" y la actividad del cuerno pequeño, sino acerca de todo lo que está en la visión, incluyendo la parte de la visión sobre el cordero y el macho cabrío. ¿"Hasta cuándo" sucederán todas estas cosas simbolizadas por el cordero, el macho cabrío y el cuerno pequeño? La respuesta es literalmente: "Hasta 2.300 tardes y mañanas".

Por lo tanto, los 2.300 días cubren todos los eventos mencionados en la pregunta: el cordero, el macho cabrío y el cuerno pequeño. El período de tiempo incluye los reinos de Medo-Persia, Grecia, lo mismo que a la Roma pagana y papal. Todos estos detalles entran dentro del período de tiempo al que se refiere la pregunta "Hasta cuándo", y deben cumplirse dentro del período de los 2.300 días.

Tomados literalmente, 2.300 días son seis años, tres meses y veinte días. ¿Cómo es que esta profecía podía ser literal y cubrir todos estos eventos? No podía. Medo-Persia por sí sola duró desde el 539 al 331 a. C. Esa nación, como también Grecia y Roma, cubre mucho tiempo para encajar dentro de sólo poco más de seis años. Por lo tanto, se debe estar utilizando el principio de día por año, que incluye más de dos milenios, lo suficiente para incluir todos los eventos. Sin el principio de día por año, la profecía no tiene sentido.

Además, aunque la profecía comienza con naciones que existieron hace miles de años, a Daniel se le dijo que la visión era para el "tiempo del fin". Obviamente, cualquier período de tiempo mencionado debía cubrir mucho más que seis años para traer la profecía, desde miles de años en el pasado, hasta el "tiempo del fin". Sin el principio de día por año, la profecía no podría extenderse tanto. Aquí también, el principio de día por año resuelve el problema.

En Daniel 7 se menciona este terrible cuerno pequeño. En un grado mucho mayor, se dan más detalles acerca del cuerno que acerca de todas las otras bestias, las que incluían los poderosos Imperios Babilónico, Medopersa, Griego y Romano: naciones que duraron cientos de años cada una. Sin embargo, el énfasis está sobre el pequeño cuerno, que es tan terrible que Dios mismo ha de ponerle fin por medio del juicio. ¿Cómo es posible que este cuerno pequeño, peor que cualquiera de las otras bestias que durarían cientos y cientos de años, vaya a durar solamente tres años y medio? Tres años y medio literales no concuerdan con la magnitud de los grandes eventos descritos en las porciones previas de la profecía. Además, vimos que la cuarta bestia era la Roma pagana, la que dejó de existir hace más de 1.500 años. El próximo poder, el cuerno pequeño, tenía que extenderse hasta el tiempo del fin, cuando el juicio ocurra y Dios establezca su reino. Es obvio que tres años y medio no se extienden desde los días finales de la Roma pagana hasta llegar al tiempo del fin. De esta forma, el tiempo literal no concuerda con los eventos que se describen en la profecía, aunque, nuevamente, el principio de día por año resuelve el problema.

Note también, las palabras exactas para la profecía de tiempo de Daniel 7:25. "Hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo". Qué forma extraña de decir tres años y medio. Es como si alguien me preguntara mi edad y yo dijera que tengo "veinte años, dos años, y diez años". Quizá yo querría decir otra cosa. De hecho, Daniel 4:25 dice que Nabucodonosor estaría enfermo, viviendo como un animal, hasta que "siete tiempos pasaran" sobre él. ¿Por qué no dijo hasta que "un tiempo, y tiempos, y tiempos, y un tiempo, y la mitad de un tiempo y la mitad de un tiempo"? El principio de día por año no puede aplicarse en este versículo, de otra manera el rey tendría que tener casi cuatro mil años de edad. Obviamente, Daniel se refería a un tiempo literal en cuanto a la extensión de la enfermedad del rey, por lo que probablemente dio un número normal.

Quizá Daniel utilizó la frase: "Hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo", en el capítulo 7, porque no se refería a tres años y medio literales. Se trataba de tiempo profético. En Daniel 7 tenemos símbolos a lo largo de todo el capítulo: un león, un oso, un leopardo con alas, cuernos que hablan: todos simbolizando cosas diferentes. ¿Acaso no es lógico que la secuencia de tiempo dada en esa profecía también fuera simbólica de algo más, especialmente cuando se da en una manera tan extraña? Desde luego.

Incluso con los 2.300 días, se encuentran los mismos detalles. Daniel 8 también es una visión con imágenes simbólicas. No se trata de una profecía acerca de animales, como tampoco lo era Daniel 7. Es totalmente profética. ¿No habría de esperarse también que una secuencia temporal en esos capítulos también fuese simbólica, en vez de literal?

Además, "tarde y mañana" no es la forma común de describir días. Las palabras típicas para días en la Biblia son yamin (en plural) y yom, las que ocurren más de mil veces en la Biblia. ¿No sería más sencillo el haber dicho: "Hasta seis años, tres meses, y veinte días; entonces el santuario será purificado", en vez de 2.300 días? Daniel 8:14 no exhibe una forma típica de referirse al tiempo. En 2 Samuel 5:5, por ejemplo, se dice que el rey "reinó sobre Judá siete años y seis meses", no 2.700 días.

Incluso las 70 semanas de Daniel no son una forma común de expresar el tiempo. ¿Por qué no fueron dadas como un año y cuatro meses y medio?

La razón de todo esto podría ser sencillamente que el Señor no se refería a tiempo literal, y utilizó estos números y unidades "simbólicos" para mostrarle al lector que se trataba de tiempo profético, y no de tiempo literal.

Es claro que existe mucha evidencia a favor del principio de día por año en Daniel 7, 8 y 9. Sin la aplicación de este principio estos capítulos no tienen sentido.

Capítulo Diez 

Es obvio que la doctrina del juicio investigador que comenzó en 1844 permanece tan firme como la misma Palabra de Dios. Pero, ¿cuál es la importancia del juicio? ¿Y qué significa para nuestras vidas hoy en día?

Para comprender el juicio, debemos comprender la universalidad del gran conflicto y el hecho de que el pecado no es un asunto que se limita a la tierra. "¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana!" (Isaías 14:12). El pecado comenzó en el cielo, con Lucifer. Afecta a todos los miembros de la creación, quienes tienen preguntas concernientes al pecado, la ley y el carácter de Dios, preguntas que por miles de años se han discutido en la tierra. "¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo" (Apocalipsis 12:12).

Jesús ganó la victoria decisiva en la cruz. Allí se pagó plenamente la penalidad por la transgresión, y aquellos que reclaman en su favor los méritos de la sangre de Cristo han sido redimidos.

Pero, ¿qué diremos en cuanto al universo que observa lo que pasa? ¿Se contestaron en la cruz todas sus preguntas en cuanto al pecado, el gran conflicto y la ley de Dios?

Aparentemente no, porque Pablo escribió que la intención divina era "que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor" (Efesios 3:10-11).

Este texto, escrito años después de la muerte de Jesús, muestra que no todo lo que "los principados y potestades en los lugares celestiales" necesitaban conocer en cuanto a la "multiforme sabiduría de Dios" les había sido revelado en el Calvario. En cambio, Dios iba a revelar más de esa sabiduría "por medio de la iglesia".

Notemos también que este plan de revelar la sabiduría de Dios al universo mediante su iglesia estaba en armonía con el "propósito eterno que es en Cristo Jesús nuestro Señor". A menudo pensamos que la muerte de Cristo había sido planeada desde el comienzo, ¡y en efecto así fue! Pero este versículo enseña que el plan divino de revelar su sabiduría al universo mediante su iglesia también es parte del "propósito eterno" de Dios.

Con todo, ¿de qué modo nosotros hemos de ser usados en la revelación de esta sabiduría?

"Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas" (Efesios 2:10).

Nosotros no solamente fuimos creados para buenas obras, sino que estas obras fueron preparadas "de antemano", así como se ideó desde el principio el plan de que la iglesia mostrase la sabiduría de Dios. ¿Existe alguna relación entre nuestras buenas obras y la sabiduría de Dios que es revelada a un universo que observa lo que pasa?

¡Ciertamente! "En esto es glorificado mi Padre dijo Jesús, en que llevéis mucho fruto" (Juan 15:8). "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres dijo también el Señor, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mateo 5:16).

El libro de Job muestra que Dios fue glorificado ante "los principados y potestades en los lugares celestiales" mediante el carácter y las buenas obras de Job, cuya fidelidad bajo la adversidad probó ante la mirada de los "hijos de Dios", los seres celestiales mencionados en el primer capítulo, que las acusaciones de Satanás eran erróneas. No es de sorprenderse que Pablo escriba que somos un espectáculo a los hombres y a los ángeles (ver 1 Corintios 4:9).

La idea de que Dios es glorificado en su pueblo representa un concepto crucial, y se encuentra en otras partes de la Biblia. "Que a los afligidos de Sión se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya" (Isaías 61:3). "Tu pueblo, todos ellos serán justos,... para glorificarme" (Isaías 60:21).

En Génesis 3:15, donde aparece la primera promesa evangélica, Dios le dice al diablo: "Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar".

Sabemos que en el Calvario Jesús hirió mortalmente la cabeza de la serpiente. Sin embargo, en Romanos 16 el apóstol Pablo escribe a los creyentes advirtiéndoles contra los falsos maestros. En el versículo 19 dice que quisiera que los cristianos fuesen "sabios para el bien, e ingenuos para el mal". Luego, en el versículo siguiente, dice que "el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies".

¡Bajo nuestros pies! ¿Dios aplastará a Satanás bajo los pies de los creyentes? Obviamente Pablo se está refiriendo a Génesis 3:15, donde se le informa a Satanás de su futura desaparición. Sin embargo, Pablo implica que los creyentes tendrán una parte en esa destrucción. ¡Aquí hay un texto escrito miles de años antes de la cruz que muestra que el pueblo de Dios tendrá participación en la derrota del diablo!

¿Cómo podemos herir a Satanás? ¿Podemos literalmente aplastarlo bajo nuestros pies? Difícilmente. En cambio, a través del poder de Cristo que mora en nosotros, podemos permitir que Jesús nos transforme a su imagen, permitiéndole que nos dé la victoria sobre todos nuestros pecados, permitiendo que nos haga "sabios para el bien" e "ingenuos para el mal", y así, mediante los caracteres que formamos, tributamos gloria a Dios. Mostramos que las acusaciones del diablo contra la ley de Dios son erróneas. ¡La ley de Dios puede guardarse; y él nos usará para ayudar a demostrarlo!

¿Qué otra evidencia prueba que no todo lo que las huestes celestiales necesitaban conocer en cuanto al plan de salvación se manifestó en la cruz? ¿Y qué otra cosa usará Dios para contestar esas preguntas?

Imaginémonos el santuario en el desierto. El altar del holocausto o de sacrificios simbolizaba la cruz. La fuente de bronce representaba la purificación. El Lugar Santo simbolizaba la reconciliación y el perdón, y en él estaban el candelero de oro (un símbolo del Espíritu Santo), la mesa de los panes de la proposición (un símbolo de Jesús), y el altar del incienso (símbolo de la justicia de Cristo que asciende con nuestras oraciones).

El Lugar Santísimo era donde ocurría el juicio. El arca contenía los Diez Mandamientos, que expresaban la ley de Dios, y el propiciatorio de oro que cubría el arca simbolizaba la misericordia de Dios al tratar a aquellos que quebrantan esa ley. Por encima del propiciatorio estaban los dos ángeles que miraban hacia abajo, símbolo del interés de las huestes celestiales en el plan de redención.

Aquí los judíos tenían una representación pictórica de todo el plan de salvación: expiación, perdón, justificación, confesión, santificación, juicio, ¡todo estaba allí!

Ahora bien, si todo lo que la hueste celestial necesitaba conocer en cuanto al plan de salvación fue revelado en la cruz, entonces, cuando el Señor hizo el modelo del santuario (un símbolo de ese plan), ¿por qué no colocó esos dos querubines que simbolizaban el interés de la hueste celestial en la salvación sobre el altar del sacrificio, contemplando aquello que simbolizaba la cruz? En cambio, Dios los colocó en el Lugar Santísimo, ¡contemplando el juicio!

¡Para simbolizar el interés del cielo, Dios no eligió la cruz sino el lugar donde ocurre el juicio investigador!

Esta posición no desmerece en absoluto lo que Jesús cumplió en la cruz. En cambio, simplemente muestra que en lo que se refiere a todos los habitantes del universo y cada uno está involucrado en el gran conflicto no todo fue contestado en el Calvario. En cambio, el juicio sí les da respuestas, razón por la cual el Señor colocó a los ángeles en el Lugar Santísimo, contemplando el juicio, y no en el altar de holocaustos, observando el Calvario (había ángeles bordados en las cortinas del Lugar Santo, pero esa representación no es tan vigorosa como la de los dos ángeles de oro). Aparentemente, el juicio también está involucrado en la contestación de las preguntas del universo.

Notemos Romanos 3:4, que declara que Dios mismo está siendo juzgado. "Sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso; como está escrito: para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando fueres juzgado".

La Biblia de Jerusalén reza: "Dios tiene que ser veraz y todo hombre mentiroso, como dice la Escritura: para que seas justificado en tus palabras y triunfes al ser juzgado".

En la Versión de Torres Amat, leemos este pasaje de la siguiente manera: "Siendo Dios, como es, veraz, y mentiroso todo hombre, según aquello que David dijo a Dios: a fin de que tú seas reconocido fiel en tus palabras y salgas vencedor en los juicios que de ti se hacen".

Y la versión de Nácar-Colunga rinde así este pasaje: "Hay que confesar que Dios es veraz y todo hombre falaz, según está escrito: Para que seas reconocido justo en tus palabras, y triunfes cuando fueres juzgado".

Este versículo, tal como aparece en diferentes versiones, comunica la idea de que Dios mismo es sometido a juicio, que él será juzgado y que el resultado de ese juicio vindica a Dios. "Y triunfes cuando fueres juzgado".

La Versión King James en inglés dice: "Para que puedas ser justificado en tus dichos, y puedas vencer cuando tú eres juzgado".

El versículo que se cita en este pasaje está tomado del Salmo 51: "Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado... para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio" (versículos 1-4).

David le está pidiendo a Dios que lo limpie de pecado, que lo lave de iniquidad, y que borre sus rebeliones. ¿Por qué? "Para que seas [Dios] reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio". En otras palabras, Dios será "reconocido justo" y "puro" según la manera como trata el pecado de su pueblo.

Otras versiones transmiten una idea semejante: "De suerte que quedes justificado cuando sentencies y aparezcas sin tacha cuando juzgues" (Salmo 50:6, Versión de Bover-Cantera). Aquí se transmite brillantemente la idea de que Dios será juzgado por la manera cómo juzga a su pueblo. En realidad, el Salmo 51 no sólo habla de la limpieza del pecado, sino de que el pecado sea borrado también. ¿Cuándo es borrado el pecado? En el juicio, en el Lugar Santísimo del santuario, donde los dos ángeles, simbolizando el interés del cielo, están sobre el propiciatorio. Obviamente, Dios ganará su caso, prevalecerá o "será reconocido justo" en el juicio, cuando borre nuestros pecados. "Jehová de los ejércitos será exaltado en juicio" (Isaías 5:16).

¿Ante quiénes será "exaltado", o "vindicado" o "reconocido justo"?

En Daniel 7 vimos una descripción del juicio investigador, que fue dado "a los santos" (versículo 22). ¿Y quiénes comparecieron ante Dios cuando comenzó la sesión? "Millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos" (versículo 10). Literalmente, millones de seres celestiales simbolizados por los dos querubines en el Lugar Santísimo presencian el juicio del pueblo de Dios. Debido a que todos los habitantes del universo están involucrados e interesados en el gran conflicto y en el plan de salvación, Dios cita este juicio divino ante ellos. Su universo no funciona como un Estado fascista, en el que se arresta, juzga y sentencia al pueblo en secreto. En cambio, Dios hace frente a las preguntas sobre el pecado y la rebelión en una manera completamente abierta, ante todo el cielo, quienes verán cómo sus preguntas en cuanto al carácter de Dios son contestadas. Dios mismo será considerado "justo cuando él juzgue".

¿Cuál es el mensaje del primer ángel? "Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado" (Apocalipsis 14:7). ¿Significa esto que Dios comienza a juzgar, o este versículo se refiere al comienzo del proceso por el cual Dios mismo es juzgado: "La hora de su juicio"? ¡Puede significar ambas cosas! ¡Se está juzgando su manera de juzgar!

Apocalipsis 14:7 anuncia el mensaje de que la hora del juicio de Dios "ha llegado". El juicio comienza en el capítulo 14. Dos capítulos más adelante, en el tiempo de las plagas (que significa que el tiempo de prueba ya ha terminado, algo que no había ocurrido en Apocalipsis 14) los seres celestiales exclaman: "Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos" (Apocalipsis 16:7).

¿Cómo saben que sus juicios son verdaderos y justos? Porque fueron testigos en la escena del juicio. Es por esto que declaran: "Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas" (Apocalipsis 16:5).

¡Dios es justo "porque" ha "juzgado estas cosas"!

Con toda claridad la Biblia enseña que no todo lo que el universo necesitaba saber en cuanto a la "multiforme sabiduría de Dios" se aprendió en el Calvario. Dios les iba a dar más. Y dos cosas que él usará para contestar estas preguntas serán el desarrollo del carácter de su pueblo y el juicio en el cielo.

Cuando estos dos puntos se establecen claramente, estamos listos para comprender el juicio investigador.

Capítulo Once

Si usted estudia el culto en el santuario terrenal, hay algo que se destaca claramente: el orden. Cada detalle, desde la forma de los muebles hasta cada parte de los sacrificios recibe atención. Dios es un Dios de orden; él maneja el universo de una manera ordenada. Y tal como el santuario terrenal lo muestra, él también enfrenta el problema del pecado y la rebelión de una manera ordenada. Dios podría haber borrado el pecado y a Satanás instantáneamente. En vez de eso, Dios solucionará el gran conflicto en una forma ordenada y amplia, ante todos los "principados y potestades en los lugares celestiales".

En el culto del santuario terrenal, después que una persona pecaba, traía un animal sin defecto al santuario. Entonces colocaba su mano sobre la cabeza del animal y lo mataba ante el Señor (Levítico 4:4). La colocación de las manos simbolizaba el paso del pecado del pecador culpable al animal inocente. Después que el animal moría, los sacerdotes en una de muchas maneras llevaban la sangre y la manipulaban en el patio o el santuario en sí. Esta manipulación involucraba la transferencia del pecado (en la forma de sangre) al área del santuario. Esta es la idea que se da en Levítico 10:17-18 cuando el Señor dice al sacerdote: "¿Por qué no comisteis la expiación en lugar santo? Pues es muy santa, y la dio él a vosotros para llevar la iniquidad de la congregación, para que sean reconciliados delante de Jehová. Ved que la sangre no fue llevada dentro del santuario".

Un pecador viene al santuario con su sacrificio. Confiesa su pecado sobre el animal. Sus pecados se transfieren al animal, el que muere en lugar del pecador. El sacerdote entonces toma la sangre que "lleva" el pecado y el sacerdote "lleva la iniquidad" hasta que trae la sangre "con pecado" al interior del santuario, donde los pecados permanecen. Esta secuencia pecado del pecador al, animal, al sacerdote, al santuario sucedía diariamente (¿recuerda el sacrificio diario?).

Durante el año, desde luego, se transfería una gran cantidad de pecado al santuario. En el Día de la Expiación, el gran día de juicio, el santuario debía ser limpiado de ese pecado. Debían sacarse todos los pecados que habían entrado en él.

"Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados" (Levítico 16:16).

El santuario necesitaba la expiación, no porque hubiese pecado, sino porque todos los pecados de Israel habían sido colocados en él. Y de la misma forma en que la expiación para una persona involucraba la transferencia del pecado de aquel individuo a otro ser, la expiación en favor del santuario involucra la transferencia del pecado del santuario a otra entidad.

En el Día de la Expiación se traía nuevamente la sangre hacia el santuario, donde se asperjaba en el segundo apartamento. Sin embargo, no se menciona la colocación de las manos sobre el animal cuya sangre se utilizaba. En otras palabras, no se había confesado pecado alguno sobre los animales en esta parte del servicio. Esta era sangre "limpia", la que se traía primero, sin pecados confesados sobre ella. Esta sangre "limpia" entonces "adquiría" todos los pecados (tal como recogía el pecado del pecador individual) y los quitaba del santuario. El sacerdote entonces salía del santuario luego que lo había purificado de "las iniquidades de los hijos de Israel" (por medio de la sangre), que ahora "llevaba" todos los pecados traídos al santuario durante el año. Según el texto, ahora "pondrá... sus dos manos sangrientas por causa del asperjamiento sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabe del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto. Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada" (Levítico 16:21-22).

En el servicio anual, todos los pecados traídos al santuario (por medio del culto diario) eran sacados por el sacerdote, quien los confesaba sobre el chivo emisario el que debía llevar todas esas iniquidades acumuladas durante el año. El chivo emisario simboliza a Satanás quien finalmente llevará todos los pecados que hizo cometer a los hijos de Dios. (En la tradición judía, este chivo emisario simboliza a Azazel, el líder de los ángeles rebeldes).

Imaginemos que el pecado es algo así como un desecho radiactivo: la sangre es la vasija, y el santuario es un almacén temporario. El desecho va desde el pecador hacia el animal y luego (por medio de la sangre) hasta el sacerdote, quien lo guarda en el santuario. Entonces, en un día especial (nuevamente por medio de la sangre) se desechan en una "tierra inhabitada", o en un lugar donde no puedan hacer daño.

Este culto en el santuario terrenal involucraba la transferencia del pecado, del pecador al verdadero responsable del pecado: el diablo. Todo esto se hacía de una manera ordenada y franca.

El servicio terrenal simbolizaba el verdadero culto en el cielo. El santuario terrenal era una copia y una "sombra de las cosas celestiales" (Hebreos 8:5). El animal inmolado simbolizaba a Jesús, "el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29).

¿Adonde es que él lleva nuestros pecados? Como sabemos, Jesús "llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo" (1 Pedro 2:24). Después fue al cielo donde funciona como nuestro sumo sacerdote. Y de la misma forma en que la intercesión del sacerdote terrenal en favor de Israel involucraba el quitar los pecados del pueblo y colocarlos en el santuario, la intercesión de Jesús a nuestro favor en el cielo hace lo mismo. "Tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre" (Hebreos 8:1-2).

Cuando confesamos nuestros pecados, se nos perdonan y se nos quitan, a la vez que se nos considera perdonados en el santuario celestial, de la misma forma en que fueron colocados simbólicamente en el santuario terrenal, donde también fueron perdonados. Y al igual que en el caso del santuario terrenal, el celestial también será purificado de esos pecados, los que algún día caerán sobre aquel responsable de ellos: Satanás, simbolizado por el chivo emisario "Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado" (Daniel 8:14). "Fue pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales [santuario terrenal] fuesen purificadas así [por medio de los sacrificios de animales]; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios [Jesús] que éstos" (Hebreos 9:23).

Hebreos 9:28, hablando acerca de Jesús, dice: "Aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan".

¿Sin pecado? ¿Pecó Jesús alguna vez? ¡Desde luego que no! Pero él "se hizo pecado por nosotros" como el Cordero de Dios, y lleva nuestros pecados ahora como sumo sacerdote. Sin embargo, de la misma forma en que el santuario terrenal fue purificado de todo pecado, así también el santuario celestial será purificado. El pecado será echado fuera. Cristo terminará su mediación en el cielo. Se escuchará el clamor: "El que es injusto, sea injusto todavía;... y el que es justo, practique la justicia todavía" (Apocalipsis 22:11). Jesús regresará "sin pecado", y se colocarán sobre el diablo todos los pecados que ha cometido el verdadero Israel de Dios desde Adán.

¿Por qué es que Dios utiliza este sistema complicado cuando podría haber erradicado el pecado y al diablo instantáneamente? Porque Dios quería mostrar a todo el universo su justicia y su misericordia en su trato con el pecado y la rebelión. Cristo murió, y ahora sirve como sumo sacerdote en el santuario celestial, para erradicar el pecado, salvar a la humanidad, y castigar al diablo de una manera ordenada que no deje dudas en las mentes del universo espectador. Este podrá ver la misericordia de Dios en la forma en que perdona nuestros pecados y su justicia en el hecho de que finalmente los coloca sobre el instigador de toda maldad.

¿Qué tiene que ver con nosotros esta purificación del santuario?

Tiene mucho que ver, porque en el Día de la Expiación el santuario no era lo único que era purificado. "En este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová" (Levítico 16:30). Las personas también eran purificadas. Como el santuario, las personas son limpiadas de "todos" sus pecados.

¿Cuáles son los elementos que, además de la cruz, Dios utilizará para "manifestar su sabiduría" a los "principados y potestades en los lugares celestiales"? El juicio, que es también el Día de la Expiación, es uno de éstos; y el pueblo que obedece su ley, que lleva frutos, que son limpios de pecado, es otro.

¡En el Día de la Expiación, estos dos elementos se cumplen! Si una persona, al llevar mucho fruto, trae gloria a Dios, imagine cómo será cuando todo el pueblo lo hace. De hecho, el Día de la Expiación era la culminación, un símbolo anual de lo que Dios desea en realidad: un santuario celestial limpio de pecado, y un pueblo sobre la tierra limpio de pecado, todo esto ante la observación del universo.

La conexión entre el juicio y un pueblo limpio y santo se encuentra en otras partes. En Malaquías 3 vemos el juicio: "Y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis". "Y vendré a vosotros para juicio" (versículos 1, 5). En el primer versículo se percibe movimiento, Dios va a su templo. En las escenas de juicio de Daniel 7, también vemos a Dios en movimiento. ("Fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días". "He aquí... que venía uno como un hijo de hombre". "Vino el Anciano de días".) Malaquías se refiere a este juicio.

Sin embargo, en medio de este juicio, ¿qué sucede con el pueblo de Dios? "El es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. Y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata" (versículos 2-3).

¿Qué hará Dios con su pueblo mientras transcurra el juicio? Los estará purificando, purgando, limpiándolos (con jabón de lavadores). En el mensaje a Laodicea, la iglesia que vive durante el juicio, el Señor utiliza las mismas imágenes que Malaquías. "Yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego" (Apocalipsis 3:18).

Aquí, al igual que en Levítico 16, se relaciona el juicio con la purificación y la limpieza del pueblo de Dios. ¡El pueblo de Dios será purificado durante el juicio!

Note el versículo que precede a Malaquías 3. "Habéis hecho cansar a Jehová con vuestras palabras. Y decís: ¿En qué le hemos cansado? En que decís: Cualquiera que hace mal agrada a Jehová, y en los tales se complace; o si no, ¿dónde está el Dios de justicia?" (Malaquías 2:17).

Observe los conceptos presentados: el desarrollo del carácter ("Cualquiera que hace mal agrada a Jehová") y el juicio ("¿Dónde está el Dios de justicia?"). Las personas dicen que no importa si usted hace maldad, Dios se deleita en usted de todas formas. Y entonces dudan de la idea de un juicio.

No es una coincidencia que aquellos que desdeñan la obediencia también desdeñen el juicio, porque la obediencia y el juicio están inseparablemente unidos. Y este asunto es precisamente lo que enfrentamos hoy. Aquellos que dudan sobre la importancia de la obediencia, que dicen que Dios se deleita en nosotros a pesar de nuestro pecado, son los mismos que dudan de la existencia del juicio investigador. Disminuya la importancia de la obediencia, e inevitablemente disminuirá la importancia del juicio.

Y sin embargo, ¿cuál es la respuesta de Dios a estas actitudes? Comienza con los primeros versículos de Malaquías 3, donde el Señor habla acerca de un juicio y del carácter refinado y purificado que su pueblo manifestará en ese juicio.

En fin de cuentas, ¿cuál es el mensaje del primer ángel? "Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado" (Apocalipsis 14:7). Note que una parte del mensaje del tercer ángel describe el carácter del pueblo de Dios durante el juicio. "Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús" (Apocalipsis 14:12).

Observe cuáles son los elementos. Se nos pide que demos gloria a Dios. ¿Cómo glorificamos a Dios? Por medio de la obediencia, produciendo frutos, permitiéndole que nos limpie. ¿Será una coincidencia, entonces, que su pueblo sea descrito como aquellos que "guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús"? De ninguna forma. ¡Qué mejor manera de glorificar a Dios que obedeciendo sus mandamientos y teniendo la fe de Jesús!

También vimos que el juicio da gloria a Dios a él se le juzga y glorifica de acuerdo a cómo él nos juzga a nosotros, y el juicio es parte de este mensaje también. "La hora de su juicio es venida".

Aquí, tal como vimos en Levítico y Malaquías, se encuentra el concepto del juicio relacionado con un pueblo obediente.

Así que el meollo del juicio investigador, en lo que se relaciona con nosotros, es que durante su juicio, Dios preparará a un pueblo limpio de "todo pecado", un pueblo "refinado" como "oro y plata", un pueblo que "guarda los mandamientos de Dios".

De hecho, ese mismo capítulo de Apocalipsis habla nuevamente sobre la condición del pueblo de Dios en el fin. "Y del templo salió otro ángel, clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura" (versículo 15).

Al pueblo de Dios se lo describe como maduro.

¿Cómo se describe a los impíos? "Y salió del altar otro ángel, que tenía poder sobre el fuego, y llamó a gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra, porque sus uvas están maduras" (versículo 18). Entonces dice que estas uvas serán echadas "en el gran lagar de la ira de Dios" (versículo 19).

Aquí se describe a los impíos como maduros.

Observe el contraste. Dios tendrá un pueblo obediente a su ley, un pueblo refinado, purificado y limpio: un pueblo maduro. Cuando Cristo concluya su mediación en el cielo, su Espíritu será quitado de la tierra, y excepto por su remanente pequeño y obediente, Satanás tendrá un control irrestricto sobre el resto del mundo. No es de extrañarse, entonces, que el pueblo de Satanás esté "maduro".

Este maduramiento ocurre poco antes de la segunda venida, donde la separación entre los convertidos y los no convertidos produce este contraste notable entre la santidad madura y la maldad madura. En medio de la deslealtad mundial, Jesús tendrá un pueblo que "guarda los mandamientos de Dios" mientras el universo, en una escala mayor que nunca antes, verá el contraste entre la obediencia y la desobediencia.

Dios está buscando refinar y purificar a un pueblo para que guarde los mandamientos, a un pueblo que pueda estar de pie en el día del juicio. El juicio, por lo tanto, es un llamado crucial a la santificación. Es la hora de perfeccionar "la santidad en el temor de Dios" (2 Corintios 7:1). Tal como el día simbólico de la expiación era un momento especial de análisis, arrepentimiento y preparación, cuánto más lo es el verdadero Día de la Expiación en el cual hemos estado viviendo desde 1844. Al igual que en el día de juicio terrenal, Dios busca limpiarnos de todo pecado. ¡El juicio es importante en nuestras vidas, porque Dios desea prepararnos para que salgamos victoriosos en él!

Jesús dijo que se espera mucho de quien mucho ha recibido, ¿y a quiénes se les ha dado más que a los adventistas? Con nuestro entendimiento sobre el gran conflicto, el Calvario, la ley, la historia sagrada, la dieta, la salud, la mente, la educación, etc., ¿qué más podría hacer Jesús para prepararnos para nuestro encuentro con él? Debiéramos permitir que Jesús nos haga los cristianos más maduros sobre la tierra.

Sin embargo, el pueblo "maduro" de Dios no se salva porque "guardan los mandamientos de Dios", sino porque tienen la "fe de Jesús". Estar de pie en el juicio no tiene nada que ver con legalismo, que es una salvación por las obras. Aquellos que viven en este tiempo se salvan en base a lo mismo que salvó al ladrón en la cruz: la justicia de Jesús para ellos, en lugar de ellos, imputada a ellos. Cuando sus nombres surjan durante el juicio, Dios ofrecerá su sangre y su justicia en su lugar. ¡El desarrollo del carácter, cuando se lo entiende en el contexto de glorificar a Dios, no es legalismo!

Sin embargo, por medio del poder del Espíritu Santo que mora en el corazón, Dios tendrá a un pueblo que estará dispuesto a morir con tal de no quebrantar la ley. Jesús promete poder para vencer cualquier pecado, y podemos reclamar ese poder y obtener la victoria por medio de Cristo ahora mismo.

La obediencia, la santidad, la santificación: éstas son las invitaciones que nos hace el juicio, y si no las anunciamos, Dios utilizará a otras personas que estén dispuestas a hacerlo.

Dos cosas ocurrirán simultáneamente, aunque estemos o no involucrados como pueblo. En el cielo, Dios habrá concluido el juicio, purificado el santuario, limpiado el pecado de su pueblo: todo ante el universo como testigo, cuyos integrantes claman: "Justos y verdaderos son tus caminos, oh Señor". Al mismo tiempo, sobre la tierra, Dios será glorificado por el desarrollo del carácter y la obediencia de su pueblo, quienes, a pesar de la apostasía y deslealtad mundial, guardan sus mandamientos.

Habrá un santuario purificado en el cielo y un pueblo purificado en la tierra, y el pecado finalmente recaerá sobre aquel que lo comenzó. En el cielo y en la tierra, debido a la obra de Dios en ambas esferas, sus caminos desplegados ante "los principados y potestades en los lugares celestiales" se verán como justos, perfectos y verdaderos.

¿Cuál es la esencia del juicio y su importancia para nuestras vidas hoy? De la misma forma en que Dios borra nuestros pecados que han sido registrados en el cielo, nosotros debemos amar a Jesús lo suficiente como para permitir que él borre nuestro pecado aquí en la tierra, de forma que él pueda ser glorificado ante todo el universo.

He aquí nuestro llamado. He aquí la verdad presente. Y he aquí la importancia del juicio para nuestras vidas hoy.

 

 

Autor:

Ing.+Lic. Yunior Andrés Castillo S.

"A LA CULTURA DEL SECRETO, SI A LA LIBERTAD DE INFORMACION"

Santiago de los Caballeros,

República Dominicana,

2014.

"DIOS, JUAN PABLO DUARTE Y JUAN BOSCH – POR SIEMPRE"

Partes: 1, 2, 3


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