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Los problemas éticos del Siglo XXI (Actividad)




Actividad: Reconocer la ética como orientadora del comportamiento humano en situaciones concretas y problemáticas, que pueden ser muy sencillas pero también muy complejas y dilemáticas por la existencia de conflictos de valores, de múltiples factores condicionantes de la decisión, y la diversidad y aún contraposición de intereses en juego.

Propósito: Elaborar una serie de reflexiones y propuestas, que se presentarán en plenaria ante el grupo de los diferentes problemas éticos del siglo XXI.

Instrucciones:

1.- Previa lectura del texto: La igualdad entre el hombre y la mujer.

2.- Dará respuesta a las interrogantes:

  • ¿Cuáles son los factores principales que consideras hoy en día para que exista la desigualdad entre el hombre y la mujer?

Factores para la igualdad entre hombre y mujer

Factores para la desigualdad entre hombre y mujer

  • ¿Cuál es tu reflexión acerca de que no debe existir la desigualdad entre hombre y mujer?

3.- Desde tu perspectiva como estudiante escribe tres razones por las cuales debe de darle prioridad para que exista realmente la igualdad entre hombre y mujer.

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La igualdad entre el hombre y la mujer

        La igualdad de derechos entre el hombre y la mujer es una cuestión clara en la teoría pero todavía hoy en el siglo XXI y en la totalidad del planeta hay que recorrer algún camino para lograr una equiparación verdadera en la práctica. En algunos países la desigualdad es sumamente grave y en otros todavía se pueden señalar injusticias. La sexualidad en el hombre y en la mujer es diferente e ignorarlo puede ser objeto de errores graves en la convivencia. Suele decirse que el hombre es "sexual" y la mujer "sensual" destacando de este modo que entre varones y féminas existen diferencias importantes en este terreno como en otros. Los gustos de unos y otras raramente coinciden. Varones y hembras se atraen mutuamente pero no de la misma manera. El respeto a la diferencia entre hombres y mujeres es lo mínimo que se puede pedir. Serían admisibles las diferencias funcionales pero no otras. Se entiende por diferencias funcionales las derivadas de la forma de ser de cada sexo. Si el hombre tiene mayor capacidad física se entiende que algunos trabajos en los que se requiere una mayor fuerza estén mayormente desarrollados por varones. Y asimismo, si se admite que el sexo femenino es morfológicamente acogedor, se debe admitir que ciertas profesiones de ese mismo carácter estén también mayoritariamente desarrolladas por mujeres. Como se admite que en este terreno puede haber excepciones no debe considerarse que este modo de hacer sea discriminatorio. Siempre será comprensible que ciertos trabajos de tipo social como los de enfermería y cuidados paliativos estén ocupados en su mayor parte por mujeres. Y en el otro extremo, trabajos físicos como los derivados de la construcción o la industria ocurra al contrario. Pero siempre se admitirán excepciones. Por tanto, no estamos ante discriminaciones ni segregaciones sino ante meras diferencias funcionales.

        Ser hombre o ser mujer no nos hace más o menos personas. Los derechos de las personas no tienen sexo. Así pues no deben consentirse privilegios por ninguno de los dos lados. La igualdad de oportunidades ha de ser verdadera. Los salarios, por ejemplo, han de ser iguales a igualdad de trabajos. Otra cosa diferente es que un empresario contrate a quién piense que puede rendir más según sus propios criterios, sean hombres o mujeres. 

        Y la peor discriminación es la violencia física o psíquica que se produce entre hombres y mujeres. Nunca se debe justificar ningún tipo de violencia ni física ni psíquica. La física suele ser más propia de varones y, en cambio, la psíquica la suelen emplear mayormente las mujeres, aunque pueden volverse las tornas. Para evitar esos problemas hay que encontrar modos de comunicación emocional y racional. 

Instrucciones:

1.- Previa lectura del texto. El matrimonio

2.- Dará respuesta a las interrogantes:

  • ¿El matrimonio es la base para la formación de valores en un hogar? Explica tu respuesta

  • ¿Cuál es opinión acerca del matrimonio religioso?

  • ¿Cuál es tu opinión acerca del matrimonio legal?

  • ¿Cuáles son los valores que consideras que sostienen a un matrimonio?

  • ¿Cuál es tu reflexión acerca de los constantes fracasos matrimoniales hoy en día, que vienen a repercutir en la sociedad?

3.- Desde tu perspectiva como estudiante escribe tres razones por las cuales se considera el matrimonio como base para la formación de valores del ser humano.

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El matrimonio

            El matrimonio es una institución natural imprescindible para la cohesión de la sociedad  que se ve amenazada en nuestros días por muy diferentes vientos. Mirando únicamente por el bien común de la sociedad e incluso el bien particular de los individuos, el matrimonio se ha visto siempre como la mejor de las opciones posibles para encauzar la sexualidad humana. Una sexualidad sin límites se ha juzgado históricamente como muy peligrosa y, la mayor parte de las veces en perjuicio de la mujer y los posibles hijos. Las sociedades tradicionales siempre condenaron el rapto, la promiscuidad, la homosexualidad o los intercambios de pareja continuos porque no generaban más que problemas en el conjunto de la sociedad y en los mismos individuos. 

La atracción física y psicológica de los sexos parecía requerir un modo de asegurar la estabilidad y continuidad de la especie mediante un contrato natural permanente. Tradicionalmente se ha querido proteger la procreación y la educación de los hijos mediante una formalidad que asegurase una mayor estabilidad a la pareja. A ese contrato se le ha llamado siempre "matrimonio". Pero un error en el concepto de libertad individual entendida como la posibilidad de actuación sin referencias y sin limitación alguna, han elevado a categoría de hecho, y de derecho en algunos países, el mal llamado matrimonio homosexual y admitido asimismo otras formas aberrantes de relación humana. Admitir el hecho de las tendencias homosexuales de algunas personas es algo muy diferente de elevar y consagrar esa tendencia y otorgarle rango de matrimonio civil. Asimismo conviene añadir que de las tendencias a los actos existe un trecho que no se debe olvidar. Por todo lo expuesto, la relación homosexual analizada desde un punto de vista simplemente sociológico, no debería ser equiparada nunca al matrimonio hombre - mujer. Es claramente una relación diferente e infecunda y debería buscarse otro nombre para designarla. 

La legalidad es un plano distinto del plano de la moralidad. Esto significa en la práctica que, aunque algunas cuestiones sean legales, es perfectamente posible que moralmente sean inaceptables. Tal sería el caso del reconocimiento como matrimonio de las uniones homosexuales, y su pretendido derecho a la paternidad. Igual ocurre con las legislaciones del aborto y de la eutanasia. Legislaciones mal llamadas progresistas han reconocido esos derechos, y sin embargo, con ellas el hombre no progresa, sino que vuelve en realidad a tiempos pasados y se atenta a la dignidad de la persona humana. Desde tiempos inmemoriales han existido esas realidades vergonzosas del aborto, la eutanasia y las corrupciones sexuales de toda índole. 

El matrimonio, antes de llegar a ser un sacramento instituido por Jesucristo como lo entiende la Iglesia Católica, es un contrato meramente natural, civil y público; una alianza entre un hombre y una mujer que deciden hacer de sus dos vidas una sola, y además lo ponen en conocimiento de toda la sociedad. Por lo tanto, el compromiso adquirido ante todos tiene carácter público y, por eso mismo, los estados le otorgan, o deberían otorgar, beneficios públicos. Es un error típico del individualismo pensar que el contrato matrimonial afecta únicamente a los contrayentes. Toda la sociedad se beneficia o perjudica por la existencia de muchos o pocos matrimonios, de matrimonios con muchos o pocos hijos y de matrimonios bien o mal avenidos. Por el acuerdo matrimonial, los esposos se comprometen naturalmente a tener y educar los hijos que vengan y está demostrado que la fidelidad y estabilidad matrimonial es muy conveniente para una buena educación de la prole. Así pues, la unidad e indisolubilidad son bienes connaturales al matrimonio y vienen exigidas por el mismo contrato porque son, de hecho extraordinariamente beneficiosas para los hijos, para los mismos esposos y para toda la sociedad en su conjunto. Cuando se pone en duda la posibilidad de que los hombres o las mujeres sean fieles, se pone en tela de juicio la capacidad de asumir un compromiso vitalicio. 

El amor verdadero, que debe ser el motor de ese compromiso vitalicio, no es una solo un arrebato instintivo, sino la decisión de la voluntad de dos personas libres que quieren unirse fecundamente. No es lo mismo casarse "a prueba", sabiendo de la existencia del divorcio, que casarse para toda la vida. En el primer caso, lo que se está haciendo en realidad es ponerse uno al otro a prueba: si no cumples mis expectativas siempre me puedo divorciar.... En cambio, en el segundo caso, la promesa de un amor para siempre hasta que la muerte nos separe, y hecha ante testigos, supone un compromiso existencial total. Ese amor perdurable, más allá del tiempo, requiere una lucha continua para mantener la primera decisión de fidelidad y superar todas las dificultades que aparezcan. 

En ocasiones, algunas parejas rompen su compromiso por inmadurez personal, por infidelidad de uno de los dos, u otros motivos más o menos plausibles. Sin embargo, los protagonistas suelen alegar expresiones peliculeras como "ya no siento lo que sentía…" u otras sinrazones similaresA semejantes simplezas, habría que responder que el amor no es un simple sentimiento más o menos pasajero. O también que, admitido que el amor posea algún rasgo de sentimiento, de la misma forma que se supone ha disminuido el amor, -probablemente con culpabilidad-, éste podría volver a aparecer si se vuelven a sembrar las semillas primeras. El amor, como decía la cantante Mari Trini, hay que sembrarlo pero también ararlo, cuidarlo y vigilarlo: Míralo al caer la tarde, que no lo vengan a pisar. 

Instrucciones:

1.- Previa lectura de los textos: La bioética: la cultura de la vida. El control de la natalidad, el aborto y la eutanasia. La fecundación in vitro

2.- Dará respuesta a las interrogantes: 
  • ¿El control artificial de la natalidad es un medio adecuado para no tener el denominado Hijo (os) no deseados?

  • ¿Cuál es tu reflexión acerca del aborto?

  • ¿Cuál es tu reflexión en torno a la fecundación in vitro  y los embriones?

  • ¿Cuáles son los valores morales que no se toman en cuenta en la eutanasia, también llamada muerte digna?

  • ¿Cuál es tu reflexión sobre?: la concepción hasta la muerte natural ha de ser un compromiso ético personal.

3.- Desde tu perspectiva como estudiante escribe tres razones en contra del terrorismo.

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4.-Desde tu perspectiva como estudiante registra tres razones a favor y tres razones en contra de la guerra.

Tres razones a favor de la guerra

Tres razones en contra de la guerra

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La bioética: la cultura de la vida. El control de la natalidad, el aborto y la eutanasia. La fecundación in vitro

            La bioética es la parte de la ética que estudia las cuestiones relativas a la vida y que guardan una relación con la biología. Los siguientes temas son todos ellos objeto del estudio de la bioética.

La cultura de la vida es la actitud positiva del hombre que se sabe capaz de conservar la propia vida y también de trasmitirla. Pero la cultura de la vida supone asimismo una actitud de admiración y respeto por todo lo que rodea el misterio de la vida desde su concepción hasta su término natural. No somos dueños de la vida sino receptores de la misma. Nadie se da la vida a sí mismo ni elige cómo quiere ser físicamente. Existe una enorme desproporción entre la contribución del hombre y la mujer en el acto de la reproducción y lo que de ésta puede resultar: un nuevo ser, el hijo. El hombre que desea respetar la vida, debe respetar también las condiciones naturales en que ésta se presenta sin manipulaciones. 

Frente a la cultura de la vida se da lamentablemente otra cultura de selección y muerte que contradice a la naturaleza misma de la vida y que no tiene inconveniente alguno en manipular los mecanismos en que ella se presenta. A continuación estudiaremos éticamente cuatro formas de manipulación de la naturaleza: el control artificial de la natalidad, el aborto, la eutanasia, la fecundación in vitro y la cuestión de los embriones "sobrantes". 

a) El control artificial de la natalidad. Consiste en manipular los cauces naturales de la procreación por distintos medios más o menos sofisticados para evitar los nacimientos. No es un fenómeno reciente pues a lo largo de la historia esos medios han sido y son muy variados comenzando por el onanismo, siguiendo por el preservativo masculino o femenino, la vasectomía, la ligadura de trompas, los anticonceptivos, los anti-implantatorios, etc. En todos estos casos, se desvirtúa la actividad sexual porque se la aparta completamente de la posible fecundidad. Así pues, sólo se busca la satisfacción sexual egoísta sin riesgos de posibles hijos. Es cierto que la unión sexual tiene dos fines que no se deben disociar: la unión afectiva de los esposos y la procreación. En cualquier caso, cuando se busca hacer imposible la procreación por medios artificiales, la actividad sexual se aparta completamente de una de sus finalidades propia. De esta manera, los que se unen no son colaboradores respetuosos de la vida y la naturaleza sino personas egoístas que mutuamente se usan el uno al otro, cómplices en una trampa. 

En ocasiones, para justificar el control de la natalidad se aduce una falsa razón de que los hijos han de ser «deseados». Y se añade que nunca debería tenerse un hijo «no deseado». A estas razones habría que responder clara y contundentemente que los hijos nunca deben ser tratados como objetos deseados o no. Los hijos no son objetos, sino personas a las que  hay amar obligatoriamente por el hecho de serlo. Personas irrepetibles a los que hay que ayudar a formarse y que tienen el derecho a ser queridos y educados por sus padres. Cuando alguien contrae un compromiso por el que se faculta para el uso de la sexualidad natural, ha de comprender que la consecuencia lógica de la misma son los hijos. Los deseos se han de reservar para los objetos. 

b) El aborto. Matar a su propio hijo es lo que una mujer, empujada casi siempre por su entorno, se plantea agobiada por un embarazo imprevisto. La situación de la mujer en estos casos puede llegar a ser muy delicada y en muchas ocasiones suele verse abandonada, por lo que el aborto se le presenta casi como la única opción. Por naturaleza, una mujer no se asusta en exceso ante la posibilidad de ser madre pero sí le horroriza afrontar dicha maternidad en soledad o desamparo. Contrariamente a lo que suele decirse, el aborto puede considerarse en cierto modo también como "machista" pues supone el triunfo del varón que de esta manera se ve liberado de la carga de su paternidad. 

Además de lo que hasta ahora hemos dicho, interrupción voluntaria del embarazo, es un eufemismo con el que se intenta tapar la realidad de que un ser humano, todavía no nacido, es amenazado de muerte no por extraños, sino por sus propios padres, lo cual es especialmente grave.  El aborto es la aplicación de la pena de muerte a un ser personal no nacido siendo como es, completamente inocente. Ni siquiera tiene la culpa de haberse atrevido a existir porque eso también se debe a la irresponsabilidad de sus progenitores. Desde la concepción, el nuevo ser con toda su carga genética original y distinto del padre y de la madre, se desarrolla a toda la velocidad celular que le permite su propia naturaleza, cuando unos seres libres y conscientes, pero con miedo al futuro están dudando de si dejarlo nacer, o condenarlo a muerte. Esas dudas son terribles porque, ciertamente, lo que se está determinando es de vida o muerte. Y vida o muerte de un niño inocente ¿Cómo es posible que unas personas maduras, responsables y en su pleno juicio puedan sentirse amenazadas por el no nacido? ¿Quién podría llegar a ser ese niño si le dejaran vivir? ¿No será la misma sociedad acomodada la que no quiere perder algo de su bienestar? ¿Cuál es la verdadera razón que quiere justificar el aborto? Se hace realmente difícil contestar estas preguntas sin indignarse. Y sin embargo, socialmente, el aborto es una realidad admitida como algo molesto, pero inevitable. Más de ciento veinte mil abortos en España en 2010 son una cifra escandalosa y, sin embargo, con la reciente ley del aborto el gobierno español facilita todavía más la implantación del mismo, con lo que cabe esperar que la cifra siga aumentando. Si las estadísticas mostraran en el futuro una disminución de ese número sería únicamente porque no recogerán como abortos los producidos por la píldora llamada del día después. Hay que recordar también que la vida es un valor que hay que proteger siempre de todos los posibles ataques. En ningún caso puede justificarse la muerte de un inocente. Nunca se puede ver el embarazo de ninguna mujer como una enfermedad ni siquiera en caso de violación. La razón es que un mal (la violación) no puede eliminarse con un mal superior (el aborto).

c)  La fecundación in vitro  y los embriones. La fecundación in vitro es una técnica médica que consiste en la implantación en el útero de una mujer de un óvulo fecundado en el laboratorio. Se recurre a esa técnica cuando una mujer no se queda embarazada de forma natural, o bien, porque el semen del hombre no es fértil, o bien, por alguna anomalía anatómica propia. Con diversas técnicas, se obtiene un óvulo procedente de alguna mujer o de ella misma si es posible, que puede ser fecundado con semen de algún hombre y asimismo, si se ve necesario se recurre a madres de alquiler que prestan su útero. Puede apreciarse la cantidad de posibles combinaciones que se dan en la práctica. Existen bancos de semen, debidamente clasificados según donantes, para proveer a la clientela que puede elegir entre opciones diferentes. Y también donantes de óvulos y madres de alquiler que se ofrecen a buen precio. Las posibilidades de negocio son altas. Es evidente que la maternidad y paternidad naturales se encuentran muy alejadas de todas estas opciones. 

La aplicación de estas técnicas, además de los problemas éticos apuntados, genera un excedente de embriones puesto que para alcanzar éxito en la fecundación se necesitan varios de los cuales se implantan unos y el resto se guardan por si fracasaran los primeros. Al cabo de años en el uso de estas prácticas se han acumulado una ingente cantidad de embriones sobrantes que nadie sabe bien qué hacer con ellos. Son embriones los óvulos fecundados que pueden conservarse para ser implantados, o bien, ser almacenados y utilizados posteriormente para la obtención de células madre y destrucción consiguiente. (Hay que hacer notar que es posible obtener células madre adultas por medios naturales que no presentan objeciones éticas pero esa investigación no parece interesar tanto como la de la células madre embrionarias). El tratamiento al que se somete a los embriones con esas manipulaciones suscita una problemática ética importante porque si los consideramos como seres humanos, entonces hemos de llegar a la conclusión de que estamos experimentando con personas. Y si alguien niega que sean seres humanos tendrá que explicar qué es lo que son. 

Tanto la fecundación in vitro como la experimentación con células madre embrionarias constituyen algo admitido en occidente de forma muy extendida. Incluso en algunos países, como España, esas investigaciones están sostenidas con fondos públicos que de esa forma las apoyan decididamente sin entrar en ningún debate ético serio. En los dos casos, parece que el principio ético en que se apoyarían sería el de "el fin justifica los medios", es decir, como lo que se proponen es un fin bueno, los medios importan muy poco. Por ejemplo, como se quiere tener un hijo que no se puede lograr por medios naturales entonces se recurre a la fecundación in vitro y no importa si, para lograrlo se fecundan varios, se elige el considerado mejor y se aborta el resto. Y con los embriones sobrantes, ocurriría otro tanto: cómo se pueden obtener células madre muy activas, las obtenemos y no importa si con ello destruimos los embriones. Ya tenemos una salida falsa: embriones para experimentar, con lo que se ve que la técnica parece imponerse a la ética. El fin, tener un hijo, justifica cualquier medio para obtenerlo.

d) La eutanasia. También llamada muerte digna es la intervención directa sobre un paciente al que se le ayuda a dejar este mundo mediante algún fármaco destinado a hacerle morir, y tratando de evitarle los sufrimientos. Conviene hacer varias distinciones en un terreno muy resbaladizo: 

La eutanasia activa es matar al paciente o ayudarle a morir por los medios que se estime más dignos o menos dolorosos. Desde el punto de vista de la ética se juzga como inmoral porque no respeta la naturaleza misma que ha de marcar el principio y el final de la vida humana. Claramente ilícita desde el punto de vista de la ética. 

La eutanasia pasiva es dejar morir a un paciente al que ya no es posible curar ni alargar su vida sin intervenciones ciertamente extraordinarias. Desde el punto de vista de la ética estaríamos ante algo moralmente aceptable. Se admite asimismo la administración de algún fármaco destinado a evitar el dolor, aunque tenga como efecto secundario el acortar la vida del paciente, siempre que se le suministre por el primer motivo y no por el segundo. 

En definitiva, el respeto a la vida desde la concepción hasta la muerte natural ha de ser un compromiso ético personal al margen de lo que las leyes de los países permitan. Sería deseable que dichas leyes se ajustaran más a los principio de la ética, pero es comprensible que en un terreno tan comprometedor como este, personas concretas con responsabilidades políticas no vean con claridad lo que es mejor para todos. Y los ciudadanos se ven arrastrados por un ambiente de bienestar que arroja lejos de sí todo lo que suponga renuncia a un status de prosperidad material y comodidad que por nada del mundo quieren perder. Sólo el hedonismo explica hechos que hemos visto como el control de la natalidad, el aborto y también ahora la eutanasia. En estos casos podemos ver la aparente victoria de la muerte sobre la vida.  

 

El terrorismo

 Una forma de violencia injusta contra las personas y recursos materiales es el terrorismo. Determinados grupos armados de diversas ideologías se creen con el derecho de reclamar ciertas reivindicaciones por la vía de una violencia desmedida en forma de secuestros, atentados contra instituciones, personas concretas e incluso ataques indiscriminados. Hay grupos terroristas de todas las tendencias y en una infinidad de regiones del mundo. Cada grupo reclama los derechos que cree irrenunciables y por eso mismo lo hace de todas las formas que juzga más convenientes para conseguir sus fines. Una vez más, el análisis ético reconoce que los fines buscados quieren justificar los medios empleados. Unos fines que son siempre muy lejanos y entonces parece necesario violentar los tiempos para aproximarlos todo lo que se pueda. Por eso, hemos de concluir que el terrorismo nunca es lícito. De todas formas, se deben hacer ciertas puntualizaciones: 

Nunca puede tener justificación el terrorismo en países democráticos en los que todas las personas y grupos pueden organizarse, y expresar y proponer sus ideas con libertad.

 En países con un régimen dictatorial y que prohíbe toda forma de asociación, se podría aceptar lo que se denomina resistencia activa. Esa resistencia no debe tomar nunca forma de terrorismo indiscriminado ni contra personas inocentes. Pero como el dictador no es inocente se podría adoptar un derecho a la defensa contra los ataques del régimen, o la formación de grupos anti dictatoriales que organizarían una defensa contra los ataques de una organización estatal totalitaria que se considera injusta. Como es moralmente obligatorio levantarse contra el dictador, para poder ejercer  esa resistencia activa, lo que hay que demostrar es que ese estado es verdaderamente injusto y no existe otra posibilidad que la que se quiere tomar. 

Bibliografía

Aguilar, J. G. (2004). Filosofía 3. Guadalajara: SIMA.

al., R. F. (1981). El hombre y los valores en la filosofía latinoamericana del siglo XX. México: FCE.

Cortina, A. (1986). ética Mínima. Madrid: Tecnos.

Escobar, G. (1995). Ética. México: Mc. Graw-Hill.

Estrada, R. Z. (2011). Reflexión Ética. Guadalajara, Jalisco: EESCO.

Gracia, D. (2000). Estudios Éticos. Madrid: El Buho.

Nino, C. (1989). ética y Derechos Humanos. Buenos Aires: Astre

Vázquez, A. S. (1996). Ética. México: Grijalbo.

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