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FRACTURAS




Enviado por barbozaelizabeth



    Indice
    1.
    Introducción

    2.
    Clasificación

    3. Síntomas
    4. Complicaciones de las
    fracturas

    5. Cómo actuar en
    casa

    6. Sistemas de
    inmovilización

    7.
    Rehabilitación

    1.
    Introducción

    Las fracturas son soluciones de
    continuidad que se originan en los huesos, a
    consecuencia de golpes, fuerzas o tracciones cuyas intensidades
    superen la elasticidad del
    hueso.
    En una persona sana,
    siempre son provocadas por algún tipo de traumatismo, pero
    existen otras fracturas, denominadas patológicas, que se
    presentan en personas con alguna enfermedad de base sin que se
    produzca un traumatismo fuerte.
    Es el caso de algunas enfermedades
    orgánicas y del debilitamiento óseo propio de la
    vejez.

    2.
    Clasificación

    Existen varios tipos de fractura, que se pueden
    clasificar atendiendo a los siguientes factores: estado de la
    piel,
    localización de la fractura en el propio hueso, trazo de
    la fractura, tipo de desviación de los fragmentos y
    mecanismo de acción del agente traumático.
    Según el estado de
    la piel

    • Fracturas cerradas. Son aquellas en las que la
      fractura no comunica con el exterior, ya que la piel no ha
      sido dañada.
    • Fracturas abiertas. Son aquellas en las que se puede
      observar el hueso fracturado a simple vista, es decir, existe
      una herida que deja los fragmentos óseos al descubierto.
      Unas veces, el propio traumatismo lesiona la piel y los
      tejidos
      subyacentes antes de llegar al hueso; otras, el hueso
      fracturado actúa desde dentro, desgarrando los tejidos y la
      piel de modo que la fractura queda en contacto con el
      exterior.

    Según su localización
    Los huesos largos se
    pueden dividir anatómicamente en tres partes principales:
    la diáfisis, las epífisis y las
    metáfisis.
    La diáfisis es la parte más extensa del hueso, que
    corresponde a su zona media.
    Las epífisis son los dos extremos, más gruesos, en
    los que se encuentran las superficies articulares del hueso. En
    ellas se insertan gran cantidad de ligamentos y tendones, que
    refuerzan la articulación.
    Las metáfisis son unas pequeñas zonas rectangulares
    comprendidas entre las epífisis y la diáfisis.
    Sobre ellas se encuentra el cartílago de crecimiento de
    los niños.
    Así, las fracturas pueden ser, según su
    localización:

    • Epifisarias (localizadas en las epífisis). Si
      afectan a la superficie articular, se denominan fracturas
      articulares y, si aquélla no se ve afectada por el trazo
      de fractura, se denominan extraarticulares.

    Cuando la fractura epifisaria se produce en un
    niño e involucra al cartílago de crecimiento,
    recibe el nombre de epifisiólisis.

    • Diafisarias (localizadas en la diáfisis).
      Pueden afectar a los tercios superior, medio o
      inferior.
    • Metafisarias (localizadas en la metáfisis).
      Pueden afectar a las metáfisis superior o inferior del
      hueso.

    Según el trazo de la fractura

    • Transversales: la línea de fractura es
      perpendicular al eje longitudinal del hueso.
    • Oblicuas: la línea de fractura forma un
      ángulo mayor o menor de 90 grados con el eje
      longitudinal del hueso.
    • Longitudinales: la línea de fractura sigue el
      eje longitudinal del hueso.
    • En «ala de mariposa»: existen dos
      líneas de fractura oblicuas, que forman ángulo
      entre si y delimitan un fragmento de forma
      triangular.
    • Conminutas: hay múltiples líneas de
      fractura, con formación de numerosos fragmentos
      óseos.

    En los niños,
    debido a la gran elasticidad de
    sus huesos, se producen dos tipos especiales de
    fractura:

    • Incurvación diafisaria: no se evidencia
      ninguna fractura lineal, ya que lo que se ha producido es un
      aplastamiento de las pequeñas trabéculas
      óseas que conforman el hueso, dando como resultado una
      incurvación de la diálisis del mismo.
    • En «tallo verde»: el hueso está
      incurvado y en su parte convexa se observa una línea de
      fractura que no llega a afectar todo el espesor del
      hueso.

    Según la desviación de los
    fragmentos

    • Anguladas: los dos fragmentos en que ha quedado
      dividido el hueso a causa de la fractura forman un
      ángulo.
    • Con desplazamiento lateral: las dos superficies
      correspondientes a la línea de fractura no quedan
      confrontadas entre si, por haberse desplazado lateralmente uno
      o los dos fragmentos.
    • Acabalgadas: uno de los fragmentos queda situado
      sobre el otro, con lo cual se produce un acortamiento del hueso
      afectado.
    • Engranadas; uno de los fragmentos ha quedado
      empotrado en el otro.

    Según el mecanismo de
    producción

    • Traumatismo directo. La fractura se produce en el
      punto sobre el cual ha actuado el agente traumático. Por
      ejemplo: fractura de cúbito por un golpe fuerte en el
      brazo.
    • Traumatismo indirecto. La fractura se produce a
      distancia del lugar donde ha actuado el agente
      traumático. Por ejemplo: fractura del codo por una
      caída sobre las palmas de las manos.
    • Contracción muscular brusca. En deportistas y
      personas con un gran desarrollo
      muscular se pueden producir fracturas por arrancamiento
      óseo al contraerse brusca y fuertemente un
      músculo determinado. También se han observado
      fracturas de este tipo en pacientes sometidos a
      electroshok.

    3.
    Síntomas

    Aunque cada fractura tiene unas características especiales, que dependen
    del mecanismo de producción, la localización y
    el estado
    general previo del paciente, existe un conjunto de
    síntomas común a todas las fracturas, que conviene
    conocer para advertirlas cuando se producen y acudir a un centro
    hospitalario con prontitud. Estos síntomas generales
    son:

    • Dolor. Es el síntoma capital.
      Suele localizarse sobre el punto de fractura. Aumenta de forma
      notable al menor intento de movilizar el miembro afectado y al
      ejercer presión,
      aunque sea muy leve, sobre la zona.
    • Impotencia funcional. Es la incapacidad de llevar a
      cabo las actividades en las que normalmente interviene el
      hueso, a consecuencia tanto de la propia fractura como del
      dolor que ésta origina.
    • Deformidad. La deformación del miembro
      afectado depende del tipo de fractura. Algunas fracturas
      producen deformidades características cuya observación basta a los expertos para
      saber qué hueso está fracturado y por
      dónde.
    • Hematoma. Se produce por la lesión de los
      vasos que irrigan el hueso y de los tejidos
      adyacentes.
    • Fiebre. En muchas ocasiones, sobre todo en fracturas
      importantes y en personas jóvenes, aparece fiebre
      después de una fractura sin que exista infección
      alguna. También puede aparecer fiebre pasados unos
      días, pero ésta es debida, si no hay
      infección, a la reabsorción normal del
      hematoma.

    4. Complicaciones de las
    fracturas

    • Formación de un callo óseo (proceso
      normal de consolidación de una fractura) excesivamente
      grande, que puede comprimir las estructuras
      vecinas, causando molestias más o menos
      importantes.
    • Lesiones de los vasos sanguíneos, que pueden
      dar lugar a trombosis arteriales, espasmos vasculares y a la
      rotura del vaso, con la consiguiente hemorragia. Este tipo de
      lesiones puede provocar también gangrena seca, debida a
      la falta de irrigación del miembro afectado.
    • Estiramientos, compresiones y roturas nerviosas, que
      se pondrán de manifiesto con trastornos de la
      sensibilidad y alteraciones de la motilidad y la fuerza
      musculares.
    • Cuando la fractura ha sido articular, puede dejar
      como secuelas: artritis, artrosis y rigidez posterior de la
      articulación.
    • Las fracturas que afectan al cartílago de
      crecimiento en los niños pueden ocasionar la
      detención del crecimiento del hueso
      fracturado.
    • Infección de la zona fracturada, cuando en
      ella se ha producido herida.

    5. Cómo actuar en
    casa

    • Antes de actuar sobre la propia fractura, hay que
      atender a la respiración y al ritmo cardiaco. Si el
      accidentado no respira, es inútil intentar solucionar la
      fractura.
    • Si es preciso, se realizará masaje cardiaco y
      respiración artificial boca a
      boca.
    • Si el accidentado respira pero está
      inconsciente, hay que procurar mantener libres sus vías
      respiratorias- Para ello se pondrá de lado la cabeza del
      paciente, con el fin de que no pueda aspirar ninguna
      secreción o vómito, en
      caso de que se produzca. Luego se debe tirar de la lengua hacia
      fuera, para evitar que se obstruya la glotis.
    • Una vez controlada la respiración, puede
      prestarse atención a la fractura. Ante todo, no se
      debe movilizar el foco de fractura, porque podrían
      desplazarse los fragmentos óseos y hacer más
      difíciles la reducción y la consolidación.
      Además, la movilización produce un intenso
      dolor.
    • No se debe intentar quitar la ropa al accidentado.
      Esta maniobra debe ser llevada a cabo por personal
      especializado.
    • La inmovilización se puede realizar de
      distintos modos, según la zona que se haya fracturado y
      el material de que se disponga.
    • Una vez inmovilizada la fractura, se
      trasladará al accidentado al centro hospitalario
      más cercano.
    • Cuando se sospeche que puede haber fractura de la
      columna vertebral, la conducta
      más prudente es no tocar al paciente, cubrirle con
      alguna prenda de abrigo para que no se enfríe y llamar a
      una ambulancia para que sea trasladado con rapidez a
      algún centro hospitalario.

    6. Sistemas de
    inmovilización

    Los sistemas
    más comunes son el cabestrillo y el entablillado, ambos de
    fácil ejecución.
    Cabestrillo
    Se puede utilizar para inmovilizar cualquier tipo de fractura de
    los miembros superiores.

    • Mover la mano del miembro afectado hacia el hombro
      contrario, doblando el codo y procurando que el brazo quede
      pegado al cuerpo.
    • Doblar en triángulo un pañuelo grande y
      pasarlo con mucho cuidado por debajo del antebrazo del
      paciente.
    • Llevar la punta del pañuelo que se encuentra
      más próxima al cuerpo del accidentado hasta la
      nuca.
    • Llevar el otro extremo del pañuelo
      también hasta la nuca, para anudarlo con el anterior,
      pasándolo por delante del cuello.

    Cuando no se dispone de un pañuelo cuadrado, se
    puede improvisar un cabestrillo con un cinturón, una venda
    corriente o cualquier trapo alargado, del siguiente
    modo:

    • Rodear con el útil que se haya elegido la
      muñeca del brazo herido, con una sola vuelta. Si es una
      venda o similar, se puede doblar en dos, rodear la
      muñeca y pasar los dos extremos a la vez por dentro del
      doblez. Luego se hace correr la venda o el paño hasta
      que quede ajustado a la muñeca, sin producir
      compresión.
    • Atar los dos extremos largos pasándolos por
      detrás del cuello.
    • Es conveniente que la mano quede lo más
      elevada posible, para reducir las posibilidades de
      movilización.

    Entablillado o férula
    Se utiliza para inmovilizar cualquier fractura producida en un
    hueso largo, ya sea de las extremidades superiores o
    inferiores.

    • Proveerse de tablas o pequeños troncos lisos.
      Pueden ser útiles otros materiales,
      como telas gruesas enrolladas, periódicos,
      etcétera.
    • Si se dispone de tablas, colocarlas a los lados de
      las zonas fracturadas; si se utilizan periódicos, formar
      una especie de canal, dentro del cual debe quedar el miembro
      afectado.
    • Luego, con vendas, pañuelos, corbatas o
      cualquier pedazo de tela, se va sujetando el entablillado o la
      férula, de modo que el individuo no pueda mover la zona
      fracturada.
    • Si la fractura es en la pierna, deben inmovilizarse
      la rodilla y el tobillo.
    • Si es en el antebrazo, se inmovilizarán la
      muñeca y el codo.
    • Si es en el brazo, se deben inmovilizar el hombro y
      el codo. El hombro puede inmovilizarse vendando el brazo contra
      el cuerpo del sujeto, con cuidado de no causar
      compresión sobre la fractura.
    • Si no se puede obtener ningún material
      más o menos rígido, la inmovilización de
      las piernas se puede efectuar vendándolas juntas. Las
      ataduras se colocarán en los tobillos, las rodillas, los
      muslos y por encima y debajo de la zona de fractura, siempre
      que ésta no se localice en uno de estos
      puntos.

    7.
    Rehabilitación

    Se debe lograr que las articulaciones no
    incluidas en la inmovilización sigan funcionando para
    evitar una rigidez posterior. Ello se consigue con movilizaciones
    activas, nunca pasivas ni con masajes. Una vez retirada la
    inmovilización, se debe procurar la recuperación
    funcional de los músculos, que generalmente, debido al
    tiempo de
    inactividad, estarán hipotróficos. Se
    indicarán ejercicios propios en cada caso.

     

     

     

    Autor:

    Pengris Giménez
    elizabeth barboza

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