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Golpes militares y salidas democráticas




Enviado por bebuni315



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    Indice
    1.
    Prólogo

    2. Primer Golpe Militar
    (1.930)

    3. Segundo golpe militar
    (1.943)

    4. La "Revolución Libertadora":
    El proyecto de las Fuerzas Armadas de Desperonizar la Sociedad
    Argentina (1955
    1958)

    5. Las elecciones de 1958: Presidencia de
    Arturo Frondizi

    6. El Golpe de Estado de 1.962:
    contradicciones militares

    7. El gobierno de Arturo
    Illia

    8. Golpe de Estado de 1966:
    "Revolución Argentina"

    9. Los gobiernos
    justicialistas

    10. Proceso de
    Reorganización Nacional

    11. Presidencia de Raúl
    Alfonsín

    12. La lucha política por los
    derechos humanos y la subordinación del poder
    militar

    13. La politica
    económica del primer gobierno de Carlos S.
    Menem.

    14.
    Conclusión

    15.
    Bibliografía

    1.
    Prólogo

    En esta monografía
    queremos mostrar los hechos lo más verazmente posible, sus
    causas y consecuencias; expresar nuestra opinión y exponer
    el clima de miedo,
    dolor, horror y represión que vivió la gente,
    mostrando la inescrupulosidad con la que actuaron aquellos
    golpistas, que violaron las garantías y derechos humanos
    de esas personas e influyendo negativamente en la economía.
    Presentamos el contenido en estilo claro y preciso. Algunos temas
    han sido enriquecidos con mayores datos, lo que
    significa un desarrollo
    más completo. Otros han sido tratados con
    mayor extensión, no siempre estudiados con la profundidad
    debida, pero con la intención de responder a las
    exigencias del lector.

    2. Primer Golpe Militar
    (1.930)

    Sus causas
    En 1927 el General Justo, aún ministro de guerra, hizo
    sondeos para un golpe militar que impediría la
    asunción de Yrigoyen, o por lo menos obligase a Alvear a
    intervenir Buenos Aires. No
    tuvo éxito.
    Un año más tarde Hipólito Yrigoyen
    llegó a la presidencia y contaba con un gran respaldo en
    la Cámara de Diputados y en el pueblo. Pero éste se
    fue debilitando porque el presidente no supo obrar con la
    energía suficiente para evitar algunas amenazas que
    caían en el gobierno y en el
    país.
    La primera era la del ejército, que el propio Yrigoyen
    había politizado, y que desde principios de
    siglo había caído bajo la influencia prusiana
    Predispuesto a la conspiración desde la presidencia de
    Alvear, se volcó decididamente a ella cuando la ineficacia
    del gobierno,
    comenzó a provocar un descrédito popular. Yrigoyen
    impidió que el general Dellapiane, su ministro de guerra, obrara
    oportunamente para desalentarlo.
    La segunda era la evolución de ciertos grupos
    conservadores que abandonaban sus convicciones liberales y
    comenzaban a asimilar los principios del
    fascismo
    italiano mezclado con algunas ideas del movimiento
    monárquico francés. Desde algunos periódicos
    esas ideas empezaron a proyectarse hacia los grupos
    autoritarios del ejército y algunos sectores juveniles del
    conservadurismo.
    Muy pronto parecerían también atrayentes a algunos
    jefes militares propensos a la subversión.
    Pero la más grave de las amenazas era la derivada de la
    situación mundial que había hecho crisis en
    1929, y que empezaba a hacerse notar en el país. Los
    grupos ganaderos, y la industria
    frigorífica se sintieron en peligro y comenzaron a buscar
    un camino que les permitiera sortear las dificultades. Los grupos
    petroleros creyeron que había llegado el momento de forzar
    la resistencia del
    Estado
    argentino y comenzaron a buscar aliados en las fuerzas que se
    oponían a Yrigoyen.
    El 30 de enero el teniente general José Félix
    Uriburu, que ha sido Inspector General del Ejército, se
    puso en contacto con Justo y otros militares. Son reuniones
    aparentemente de amistad, se
    hablaba del "desgobierno", en lo que todos están de
    acuerdo. Pero no existía una unanimidad en los fines de
    una revolución. Uriburu consideraba que el
    ejército debe "sacarlo" a Yrigoyen reemplazándolo
    por un gobierno o directorio militar hasta que se resolviese la
    forma definitiva.
    Los opositores debieron conectarse con el ejército y
    exigir la renuncia de Yrigoyen y llamar a elecciones "sin
    personalismo".
    Son dos posiciones antagónicas: Uriburu no creyó en
    los partidos
    políticos ni en el sistema
    constitucional, pero no expresó ideas claras sobre lo que
    vendría después. Justo esperó de los
    partidos
    políticos que le den la presidencia
    constitucional.
    Se formó una junta presidida por Uriburu que
    designó "oficiales de enlace", quien la mayoría era
    yrigoyenistas o no querían comprometerse. Los oficiales
    sabían que la situación es caótica, pero no
    creían que el ejército debía intervenir.
    Los únicos que querían "sacar" a Yrigoyen eran el
    Colegio Militar y la base aérea del Palomar.
    El 2 de agosto Uriburu citó a una junta de
    revolucionarios, en la que se fijó la revolución
    para el 30 de agosto. Se levantaría Campo de Mayo
    arrestando a los regimientos de la capital y al
    Colegio Militar.
    De los treinta oficiales de la Escuela solo
    cinco simpatizaban con la revolución.
    El golpe debió postergarse: porque el ministro Dellapiane
    detuvo el 29 de agosto a algunos comprometidos y ordenó el
    acuartelamiento de las tropas aunque estos fueron liberados, ya
    que tres días después el ministro renunciaba, los
    detenidos eran puestos en libertad y se
    siguieron los trabajos revolucionarios fijándose nueva
    fecha para la mañana del 6 de septiembre. El único
    que tomó en serio la conspiración fue Luis
    Dellapiane, que era simpatizante de Yrigoyen. Pero la
    disminución mental del presidente hizo que cambiara de
    idea aunque su lealtad no se perturbó. Como todos le
    ocultaban la conspiración militar a Yrigoyen,
    decidió ser él quien le dijera la verdad al
    presidente.
    Luego Ricci, otro oficial, renunció y le mandó una
    carta a
    Yrigoyen alertándolo de la conspiración, para ver
    si podía hacerlo reaccionar y salvar el gobierno.
    Tanto el conservadurismo bonaerense como el partido
    demócrata de Córdoba y el Radicalismo
    antipersonalista de Entre Ríos llevaron a cabo una labor
    de desgaste facilitada por la inoperancia yrigoyenista. La
    oposición socialista y la demócrata progresista
    fueron también rotundas, pero no conspirativa. Los
    movimientos estudiantiles se unieron a la prédica
    opositora.

    Una semana agitada
    Yrigoyen no tenía buena prensa: La
    Prensa,
    Crítica, y La Nación
    entre otros y el New York Times de los Estados Unidos,
    hablaban mal de él.
    Desde que trascendió el ambiente
    revolucionario en los primeros días de septiembre hubo
    retiros de fondos de los bancos, y se
    temía que los bancos cerrasen o
    se produjera una caída de la moneda.
    Hombres y mujeres, jóvenes y adultos, niños y
    viejos, de todas las clases y condiciones sociales, estaban
    hermanados en la acción contra Yrigoyen como si la
    caída del "VIEJO CAULDILLO" curara todos los males del
    país.
    Desde fines de agosto el presidente estaba con gripe, en la cama.
    El día 2, el intendente visita a Yrigoyen, para decirle
    que la situación era crítica, que la opinión
    se había tornado desfavorable y que los rumores de
    revolución militar continuaban a pesar de las detenciones.
    Pero el presidente contesta:
    "No, no puede ser. El pueblo y el Ejército están
    conmigo. Son los elementos del régimen los que perturban.
    Pero ya verá usted que no pasará nada". No era
    posible convencer a un hombre de
    soberbia y obstinación, que se sentía identificado
    con el país y el partido, que debía presentar
    voluntariamente su renuncia.
    El miércoles 3, renuncia Dellapiane y González
    queda a cargo de la tarea.
    El jueves 4, se entrevista a
    Yrigoyen que está con 40º de fiebre para decirle que
    convendría que delegara el mando por sus problemas de
    salud. Aunque no
    sólo la salud les importaba; los
    militares querían aunque sea en forma aparente,
    desprenderse de Yrigoyen. Este pidió que lo dejen
    reflexionar hasta el día siguiente. En ese mismo
    día, una de las manifestaciones intenta entrar a la Casa
    de Gobierno. La guardia mata a uno de los estudiantes. A
    él se le prepara un entierro que según la gente
    haría caer a Yrigoyen.
    Al día siguiente el ambiente
    estudiantil llegó al máximo y distribuyó un
    manifiesto donde se le exigió la renuncia a Yrigoyen.
    Ese mismo día iban a ver al presidente, quién firma
    el decreto de delegación provisorio del mando
    traído por González. A la tarde se le
    comunicó al país que Yrigoyen no ejercía
    más la presidencia, que lo hace Martínez, quien
    declaró estado de
    sitio por treinta días, y anunció que lo hizo "para
    evitar la repetición de incidencias por conceptos
    lamentables". Creyó que había quitado la
    oposición de la calle, y tampoco le preocupó la los
    los rumores de una revolución ya que no ordenó la
    detención de Uriburu.
    Para que la revolución tome un tono constitucionalista,
    Justo redactó bases como programa
    revolucionario y se distribuyeron copias.
    Uriburu informó que la revolución estallaría
    a las 7:30 de la mañana siguiente. A esa hora se
    presentaría en Campo de Mayo, y desde allí
    marcharía con las tropas a la Casa de Gobierno, sin
    encontrar resistencia en
    ninguna parte. También declaró que la
    revolución la haría "en forma de no tener ninguna
    relación con los políticos, que quería tener
    absoluta independencia
    para obrar una vez en gobierno".

    El 6 de Septiembre
    El plan de Uriburu
    no difería del que tuvo para el 30 de agosto. Los
    oficiales conspiradores sublevarían contra sus jefes de la
    base aérea del Palomar, el Colegio Militar de San
    Martín, los regimientos de granaderos, la
    Caballería de Palermo y la Artillería de Ciudadela.
    Confiaba en anular la policía de la capital
    yrigoyenista.
    La noche del 5, dos oficiales de la Escuela de
    Artillería le anunciaron a Uriburu que no se podía
    contar con Campo de Mayo y debía nuevamente, postergar el
    golpe. Pero a las dos de la mañana, el coronel Reynolds,
    director del Colegio Militar, le comunica que podía contar
    con el instituto y allí lo recibiría. Uriburu
    ordenó que se apoderasen de la base del Palomar, que
    aprontaran los aviones y que se advirtiera a los demás que
    la revolución no se postergaba.
    Uriburu, llegó a San Martín a las 5:30 horas de la
    mañana, y a las 7:30 entró al Colegio. Reynolds lo
    esperaba con los cadetes formados en el patio de armas con equipo
    de combate. La mayoría de los oficiales estaban en sus
    puestos.
    A las ocho de la mañana pasaron los primeros aviones de la
    base del Palomar; poco más tarde llegó el equipo de
    Comunicaciones
    del Palomar, que no pasaban de 800 hombres. Los civiles no
    pudieron llegar ni tampoco la Legión de Mayo, los
    jóvenes de la liga republicana fueron por caminos
    disimulados.
    A las once, llegó el capitán Saavedra con los tres
    escuadrones del primer grado de Caballería sacados de
    Campo de Mayo.
    En total no llegaban a 2000 hombres, muy pocos para imponerse a
    Campo de Mayo, Palermo y Ciudadela.
    A las 12:40 hs. Uriburu dió la orden de marcha.
    El vuelo de los aviones y la errónea noticia de Campo de
    Mayo hizo que una multitud acompañara a Uriburu y
    Reynolds. El teniente coronel Sarobe, que no había
    conseguido levantar la Escuela de Guerra por la pertinencia
    vigilante, alcanzó con Justo a Uriburu en Villa
    Urquiza.
    Desde las primeras horas de la mañana del 6 de setiembre
    Enrique Martínez estaba en el despacho presidencial.
    A las 9:30 hs. se oyó la sirena de CRÍTICA y el
    anuncio de que "el general Uriburu, al frente de las tropas de
    Mayo, viene hacia la ciudad a poner término al gobierno
    que nos avergüenza". Sabía que los políticos
    que fueron a sublevar la guarnición están
    presos.
    A las 10 hs. recibió un telegrama de Uriburu en el que le
    pidió la renuncia a él y a Yrigoyen.
    Martínez quizo ampliar el estado de
    sitio a toda la República, pero los ministros prefirieron
    consultarle a Yrigoyen.
    A las 11:30 hs. El general Marcilese le comunicó a
    Martínez que se había instalado la junta de defensa
    en el Arsenal.
    A las 17 hs. Martínez levantó una bandera blanca en
    el mástil a manera de bandera de parlamento. Una multitud
    llenó la Casa de Gobierno que estaba sin custodia.
    La columna revolucionaria siguió su marcha. En
    Córdoba y Riobamba ocurrió el primer tiroteo, pero
    la columna siguió su marcha. En la Plaza del Congreso se
    produció otro tiroteo de mayores proporciones.
    Dominando el desorden avanzaron por la avenida de Mayo, por
    Rivadavia y Victoria, y por la Escuela de Comunicaciones.
    La mayor parte de los ministros habían abandonado la Casa
    de Gobierno. Martínez quizo ir a resistir a la
    revolución pero no lo dejaron.
    A las 18:10 hs. Llega Uriburu. A las 18:20 se encuentró
    con Martínez en el comedor de la residencia y le
    exigió la renuncia, pero éste no quiere, entonces
    Uriburu ordenó que la aviación bombardee el Arsenal
    y el Departamento de Policía.
    Colombo convenció hacer renunciar al presidente. Justo es
    comisionado a rendir el Arsenal. Martínez es dejado en
    libertad y
    pudo retirarse a su domicilio. Su presidencia había durado
    veintiocho horas.
    González explicó a Yrigoyen que este debía
    renunciar, de lo contrario bombardearían al Arsenal, pero
    Yrigoyen quería intentar la resistencia, pero no tuvo otro
    arbitrio que entregarse y renunciar sin comprender las causas de
    la veralidad de su pueblo.

    ¿Qué pasó después?
    Después de este golpe de Estado,
    la situación económica empeoró y la
    inquietud política fue en
    aumento. Enfermo y sin posibilidades de ser concretado su
    proyecto,
    Uriburu aceptó convocar a elecciones.
    Varios partidos conservadores del interior se unieron y, con el
    apoyo de muchos antipersonalistas, propusieron la candidatura de
    Justo. Para esta Alianza utilizaron en nombre "La Concordancia".
    A los candidatos ni se les computarían los votos que
    pudiesen obtener.
    Como consecuencia, el partido Radical declaró la
    abstención en las elecciones. Este fraude electoral,
    que impidió la presentación de un partido que
    seguía siendo mayoritario en los distritos más
    importantes del país, le permitió a Agustín
    Pedro Justo llegar a la presidencia de la Nación

    3. Segundo golpe militar
    (1.943)

    Sus causas
    Por este tiempo el Estado
    asumió un papel mas
    activo que hasta entonces y la política
    económica fue conducida con habilidad y protagonismo,
    aunque muy subordinada a intereses. Pero el liberalismo
    estaba en baja y ala defensiva. Como no había dirigentes
    políticos en el conservadurismo, se pidió ayuda a
    otros partidos para brindar un buen reporte político
    La práctica constante del fraude condujo al
    escepticismo. Ese nacionalismo
    aumentó, y apuntó a objetivos
    alejados del campo político. La mayoría ya no
    confiaba en el sistema.
    Ortiz, llegó a la presidencia en este ambiente y enfermo,
    era diabético. Se inclinó por el radicalismo
    antipersonalista.
    Cuando promediaba el año 40 la posición del
    presidente firme. Pero su enfermedad hizo crisis en
    Julio, cuando tuvo que delegar el poder en el
    vicepresidente: Castillo.
    A partir de ese momento, se hizo manifiesto que la
    situación de relativo equilibrio que
    en medio de las presiones mantenía el Gobierno Nacional,
    había dependido del Presidente.
    Castillo cambió las condiciones existentes y reveló
    tres líneas militares. El se inclinaba hacia los
    conservadores y nacionalistas.
    Unos meses después la censura de la mayoría del
    Senado al ministro de guerra provocó una fuerte
    reacción en el presidente. Enseguida, el 22 de agosto,
    Ortiz envió su renuncia. Pero la posición y
    mantener la naturalidad argentina
    impidiendo que cayese en la influencia norteamericana.
    Seguiría restaurando el conservadurismo con apoyos del
    nacionalismo y
    contra el radicalismo. Comenzó la crisis, mientras Ortiz
    hacia público el retorno del fraude político, que
    dio pie para que se intentaran conspiraciones nacionalistas y la
    penetración Nazi en la Argentina. Pero
    los partidarios de Justo las neutralizaron. Castillo
    afirmó la neutralidad argentina ante la guerra, lo que
    provocó el aislamiento continental y el endurecimiento de
    sus relaciones con Estados
    Unidos.
    La posición política de Castillo
    parecía más fuerte en 1.942 y en las fuerzas
    armadas disputaban tres líneas: la " justicia", la
    " nacionalista", y la "profesionalista".
    Al año siguiente, el 11 de enero de 1,943 muere Justo por
    un derrame cerebral.
    El campo parecía despejado para Castillo aunque su
    prestigio cayó al comunicar que Robustiano Patrón
    Costas le sucedería en el gobierno.
    Esta pérdida se sintió en las filas internas. Los
    20 meses de tranquilidad habían terminado.
    Los generales Rawson y Menéndez, viejos conspiradores, se
    lanzaron a buscar adeptos.
    Los oficiales mayores no pensaban en revolución. Pero a
    los jóvenes no le gustaba Patrón Costas, que
    significaba el abandono de la neutralidad y la
    continuación del régimen con sus falsificaciones
    electorales y lastre de corrupción. Pero con una
    "revolución" que derrocase al gobierno constitucional
    bastaría. Todo era cuestión de oponerse a
    Patrón Costas un candidato radical, que podía ser
    Amadeo Sabattini, radical quien acababa de hacer un gran gobierno
    en Córdoba, y se manifestaba neutralista.
    La noche del 15 de mayo se reunieron los directivos del GOU
    convocados por Perón. Se
    propuso la " acción inmediata " pero predominó la
    opinión de seguir los contactos radicales. Pero estos no
    encontraban una figura que pudiera unir a las dos fracciones
    radicales. Entonces se propuso a Ramírez,
    ya que Castillo no podría hacerle fraude a su ministro de
    guerra. Castillo se enteró de inmediato y le
    reprochó su falta de lealtad y lo comprometió a
    desmentir por la prensa su posible candidatura.

    Los días revolucionarios
    Ramírez lo
    hizo, y el 3 de junio se corrió la voz de que este
    había renunciado.
    En esa misma mañana el teniente coronel González se
    enteró que había un decreto privado por Castillo,
    que "separaba" a Ramírez de su cargo y lo ponía
    como titular de marina.
    Esto sería el detonante de la revolución.
    González se pone en contacto con Perón
    quien dice que el desplazamiento sin renuncia de Ramírez
    no era solamente un agravio al ejército, sino descabeza al
    GOU (grupo de
    oficiales unidos).
    Se resolvió a iniciar el movimiento con
    la marcha de Campo de Mayo y Liniers sobre Bs. As. Solamente
    jefes de unidades eran miembros del GOU, pero se les
    informó a la 1º división y a la 2º y
    3º de la Infantería.
    Antes de comenzar se relató una proclama
    revolucionaria.
    Ramírez había pedido que en caso de decidirse la
    revolución fuera un general y no la logia de oficiales
    quien apareciese al frente. El GOU pensaba que le
    comprendía al general Martín Gras, quien no pudo
    aceptar por una enfermedad repentina. Entonces Arturo Rawson fue
    quien cumplió el cometido. Desde ese momento obró
    como jefe de la revolución.
    Los comandantes de Campo de Mayo se reunieron en la escuela de
    caballería de Campo de Mayo para informarle de la
    situación y resolver la actividad de acontecimiento.
    González informó la exoneración (alivio) del
    ministro de guerra. A todos le pareció que era un agravio
    y Campo de Mayo debía ponerse en pié de guerra para
    sostener al ministro y, un caso necesario derrocar al
    presidente.
    Rosas y Belgrano
    deben levantar la Escuela de Infantería en ausencia de su
    director, y Sosa y Mascaró anular al Regimiento de
    Ciudadela.
    En esa noche (3 de junio) Castillo recibió la información que en la Escuela de
    Caballería de Campo de Mayo estaban reunidos
    varios jefes del acontecimiento con el secretario del Ministerio
    de Guerra (González), entonces llamó a
    Ramírez. Este creyó que era para pedirle la
    renuncia. Con ella se presentó el Olivos. Eran las 2 de la
    mañana del 4 de junio. Pero el presidente no lo
    había llamado para pedirle la renuncia, sino para que le
    informara sobre la reunión de Campo de Mayo.
    Ramírez no pudo decirle nada, porque en realidad no
    sabía nada. Castillo le ordenó que fuera a Campo de
    Mayo a " ver lo que allí sucedía". Si Campo de Mayo
    se había levantado en armas o estaba
    por hacerlo debía conseguir una demora de 24 horas para
    aclarar el malentendido.
    Ramírez, sin presentar su renuncia, le expresó su
    lealtad y se fue a Campo de Mayo.
    Eran las 3 de la mañana cuando llega Rawson a la Escuela
    de Caballería. La mayoría de los miembros del GOU
    habían ido a cumplir sus cometidos.
    Nadie ha hablado de un enfrentamiento. Poco después llega
    el Gral. Ramírez que viene a cumplir la misión
    encargada por el presidente. Pero Rawson no la acepta y comunica
    que Castillo debe irse, y si se encontraba oposición
    "tendría que correr sangre".
    Ramírez se desconcierta. La deposición de Castillo
    no tiene objeto, pues no ha retirado su confianza al ministro.
    Pero los preparativos estaban terminados y todos estaban en sus
    puestos.
    Será un levantamiento total de las Fuerzas Armadas. No
    podrá haber resistencias
    efectivas. Los pocos jefes legalistas han perdido el control de sus
    unidades, pero aseguran que no correrá sangre.
    Se abren los portones de Campo de Mayo y la tropa se pone en
    marcha con Rawson a su frente. Ramírez vuelve a Buenos Aires a
    comunicarle al presidente el fracaso de su gestión.
    Diez mil hombres de las tres armas se dirigen hacia Buenos Aires
    desde Campo de Mayo, Liniers y Ciudadela. Son las 6 de la
    mañana.
    En Olivo, la residencia se estaba llenando de ministros y altos
    funcionarios porque la existencia de una revolución
    había corrido por la ciudad.
    Castillo no puede convencerse de que sea una "revolución",
    ya que todo estaba bien el día anterior. A las 5 de la
    mañana visita la división de Palermo donde le
    comunican que no hay síntoma de sublevación ya que
    los comandantes obedecen al ministro Ramírez y sin su
    orden no se pondrán en marcha.
    Castillo y los ministros se trasladan hacia la Casa de Gobierno.
    Todo está tranquilo. Unas horas después llega
    Ramírez informando que no ha podido cumplir su orden y que
    las tropas están saliendo de Campo de Mayo. Castillo
    arresta a Ramírez.
    En la ciudad desde la noche anterior saben que algo pasa.
    Hacia las 9:30 le informan a Castillo que no era posible resistir
    al alud. Sólo el departamento de policía
    está de pie para defender al presidente. Entonces
    éste ordena que se suspendan las medidas preventivas y que
    preparen el rastreador porque se embarcará en él.
    Invita también a los ministros. Poco después
    parten.
    Mientras tanto las tropas de Campo de Mayo llegan a la avenida
    Gral. Paz y de allí se desplazan hacia el río. Las
    de Ciudadela y Liniers entran por la calle Rivadavia; las del
    Arsenal circundan el Departamento de Policía (que tiene
    orden de no hacer fuego contra el ejército).
    Rawson manda al coronel Mendoza, para que Martínez, jefe
    de la policía, le entregue su cargo y divida sus tropas en
    dos columnas, una que marchara por la avenida Alvear y otra por
    Cabildo. Pero al enfrentarse la Escuela de Artillería y la
    Escuela de Mecánica, se produce un inesperado combate
    con un saldo de 70 víctimas.
    La marcha siguió, al medio día, la columna
    revolucionaria llegó al viejo Tiro Federal.
    Desguarnecida la policía, la plaza de Mayo es un
    hormiguero de gente.
    Un grupo de
    comunistas intentan incendiar las publicaciones nacionalistas que
    difunden los jóvenes de la Alianza, y destruyen los
    ómnibus de la Corporación de Transporte.
    Rawson entra a las 15 a la Casa de Gobierno, que acaba de
    abandonar Castillo. Llegan los jefes de Campo de Mayo, el
    liberado Ramírez y el primer escalón del GOU. Se ha
    tomado el Ministerio de Marina. Rawson nombra a González
    secretario de la presidencia.
    Ha llegado la hora del trabajo: Farrell irá a la
    comandancia de Palermo, con Perón, Eyzaguirre, al Segundo
    Regimiento y Ducó
    al Tercero. Todos son hombres del GOU.
    Castillo, embarcado en el Drummond vuelve, y atraca en el
    Río de la Plata, donde lo esperaba Mason, en
    representación de
    Rawson, y un grupo de oficiales. A estos les había avisado
    la Marina, ya que no le era leal a Castillo. El Gral. Quiere
    conminarlo a que cumpla una formalidad que los militares
    entienden necesaria: que entregue la renuncia del cargo.
    Castillo sonríe y los acompaña al Regimiento
    nº7. Pregunta si debe dirigirla al Congreso; le dicen que ha
    sido disuelto, entonces no la dirige a nadie y traza dos
    líneas que entrega a Mason. El Gral. Le informa que
    está en libertad y puede disponer de su persona. Trece
    años atrás, en ese mismo cuartel, firmó
    Yrigoyen su renuncia.
    Castillo va a su residencia donde recoge sus cosas y su familia.
    No hubo necesidad de designar a un presidente, Rawson
    entró al despacho y tomó asiento en el
    sillón presidencial. Nombra presidente a Sabá
    Suyro, su compañero de conspiración, y en el
    ministerio de Marina a Benito Sueyro.
    Dos días después asume Ramírez a la
    presidencia.

    ¿Qué pasó después?
    En octubre de ese año Ramírez, por presiones de sus
    compañeros de armas, nombró vicepresidente al Gral.
    Edelmiro Farrell. En febrero de 1.944 Ramírez
    solicitó licencia y días después
    renunció. Farrell asumió la presidencia y el 10 de
    marzo, designó vicepresidente de la Nación al
    Coronel Perón.
    Al promediar el año 1945 el gobierno surgido del golpe
    militar dos a los antes se encontraba desprestigiado. Los
    partidos políticos disueltos por decreto, estaban en
    realidad activos. Las
    críticas acusaban al gobierno de nazifascita y la
    situación europea mostraba la derrota de los sistemas
    totalitaristas. Sin embargo Juan D. Perón, un militar que
    había desarrollado una intensa actividad en la
    Secretaría de Trabajo y de Previsión, despertaba la
    simpatía de amplios sectores. Esa popularidad de
    Perón le creó enemigos dentro del Ejército,
    quienes presionaron al Gral. Farrell para que lo destituyeran. El
    13 de octubre Perón fue detenido y enviado a la Isla
    Martín García. La huelga general
    decretada por la Confederación General del Trabajo y una
    enorme concentración realizada el 17 de octubre de 1.945,
    evidenciaron el consenso que Perón había logrado en
    los sectores obreros.
    Juan Domingo Perón asumió la presidencia de la
    Nación el 4 de junio de 1.946, retornándose
    así a la normalización institucional.

    4. La "Revolución
    Libertadora": El proyecto de las
    Fuerzas Armadas de Desperonizar la Sociedad
    Argentina (1955-1958)

    La caída de Perón
    Perón gobernó durante 6 años. Finalizado su
    primer mandato, tuvo la posibilidad de ser reelecto presidente
    por el período 1952-1958. Pero las condiciones ya no eran
    las mismas, la situación económica empeoraba
    crecía el descontento de numerosos sectores, entre ellos
    la Iglesia
    Católica, los grupos agrícolas – ganaderos, la
    Marina y varios partidos políticos, fundamentalmente la
    U.C.R.
    La oposición organizó el golpe de estado
    con la decisiva participación de oficiales del
    Ejército y principalmente de la Marina. Las razones del
    descontento de estos grupos estaban en el creciente
    enfrentamiento que Perón mantenía con la Iglesia
    Católica, debido a la sanción de una ley de divorcio, el
    permiso para el funcionamiento del prostíbulos y la
    decisión de abandonar el sostén del culto por parte
    del Estado.
    Otra cuestión que había irritado a los sectores
    ultranacionalistas era que Perón planeaba pasar la
    explotación del petróleo
    de la Patagonia a
    empresas
    norteamericanas, dejando de lado a YPF.
    El 16 de junio los conspiradores atacaron la Casa de Gobierno con
    aviones de la Marina y Fuerza
    Aérea, apoyados por escasos contingentes del
    Ejército. Bombardearon la Plaza de Mayo dejando un saldo
    aproximado de 1000 víctimas, la mayoría eran
    civiles. El objetivo era
    matar a Perón, pero el presidente, avisado de la
    intentona, se había refugiado en el Ministerio de Guerra,
    donde hoy funciona el Comando en Jefe del Ejército.
    El gobierno culminó exitosamente con la rendición
    de los jefes militares golpistas. Pero la acción, de las
    fuerzas civiles que apoyaban al gobierno aumentó los
    problemas.
    Varias iglesias y La Curia de Bs. As. fueron saqueadas y
    quemadas. Perón intentó calmar la situación,
    reemplazó a los ministros de prensa y declaró
    finalizada la revolución peronista y abierta una nueva
    etapa de carácter
    constitucional. El 15 de julio de 1955 pronunció un
    discurso ante
    los legisladores peronistas: este discurso
    implicaba un reconocimiento de críticas de los opositores
    hacia su régimen. La oposición política
    reaccionó con desconfianza y reclamó el
    restablecimiento de las garantías jurídicas
    comenzando por el levantamiento del estado de guerra interno – un
    mecanismo similar al del estado de sitio que permitía al
    Poder
    Ejecutivo suspender las garantías constitucionales y
    arrestar a individuos sin orden judicial vigente desde 1951.
    La oposición mientras tanto organizaba el golpe de estado
    con la participación de oficiales del Ejército y
    principalmente de la Marina.
    El 16 de septiembre estalló un levantamiento en
    Córdoba encabezado por el General Eduardo Lonardi. Las
    tropas leales no
    pudieron sofocarlo, el levantamiento no consiguió
    extenderse. El Ejército procuraba no intervenir pero la
    Marina se movilizó totalmente contra Perón. Sus
    naves bloquearon Bs. As. Y amenazaron con atacar los
    depósitos de combustible de La Plata y Dock Sud. Antes de
    la hora señalada como ultimátum por la Marina, el
    Ministro de Guerra, el General Lucero pidió parlamentar y
    leyó
    una carta en la que
    Perón solicitaba la negociación de un acuerdo. Esta carta no
    era una renuncia, Perón describía su actitud como
    un renunciamiento; pero la Junta de Generales Superiores del
    Ejército decidió considerarla como tal y negociar
    con el grupo revolucionario. El 20 de septiembre Perón se
    refugió en la embajada del Paraguay e
    inició su largo exilio.
    El 23 de septiembre una multitud perteneciente a la clase media,
    llenó la Plaza de Mayo para escuchar la palabra del nuevo
    presidente provisional, el General Lonardi.
    El golpe que derrocó al gobierno peronista contó
    con el apoyo de la mayoría de los miembros de las Fuerzas
    Armadas, apoyado por los sectores ya nombrados y por los sectores
    civiles. Todos estos sectores de la sociedad
    argentina coincidían en caracterizar al régimen
    peronista como una dictadura
    totalitaria, por esta razón se sintieron identificadas con
    el nombre de Revolución Libertadora que los militares
    golpistas dieron a la intervención que quebró el
    orden democrático. Los jefes militares que encabezaron el
    golpe se presentaron como los verdaderos representantes, de la
    democracia y
    la libertad.
    Entre las medidas tomadas se encuentran la clausura del Congreso,
    la intervención de las provincias, la cancelación
    del contrato de
    concesión de explotación petrolífera con
    una empresa
    norteamericana, la intervención de las universidades y la
    formación de una Junta Consultiva integrada por
    representantes de los partidos tradicionales.
    Lonardi era afín al nacionalismo católico y
    proclive a contemporizar con el peronismo. Frente
    a él, los sectores intransigentemente antiperonistas –
    encabezados por el vicepresidente, el almirante Isaac F. Rojas -,
    apoyados por los partidos políticos del frente
    antiperonista, reclamaban una política dura contra los
    partidarios del gobierno derrocado. Estas diferencias que se
    hicieron manifiestas con la renuncia de Lonardi y su reemplazo en
    noviembre de 1955. La presidencia es asumida por el Jefe de
    Estado Pedro Aramburu.

    Presidencia de Pedro Eduardo Aramburu (1955-1958)
    Con el General Aramburu en la presidencia – en la vicepresidencia
    quedo confirmado el contralmirante Rojas – comenzó una
    etapa que se caracterizaría por una enérgica
    actitud contra
    los partidos del régimen depuesto.
    Los sectores autoritarios que rechazaban la orientación
    del gobierno de Perón y se resistían a aceptar los
    profundos cambios sociales llevados acabo por el peronismo, se
    afianzaron en el gobierno. La proscripción de Perón
    y del peronismo fue seguida por la prohibición de la
    publicación del nombre de Perón y de cualquier
    símbolo, palabra o imagen de
    éste.
    El Ejército retiró de sus filas algunos militares a
    quienes se atribuía simpatías con el peronismo, al
    tiempo que se
    disolvió el partido peronista y se devolvió el
    diario "La Prensa" a sus legítimos
    propietarios.

    Restitución de la Constitución de 1853.
    La constitución vigente era llamada
    "Constitución Justicialista", sancionada en 1949. Por tal
    motivo el 23 de abril de 1956, el gobierno provisional puso en
    vigencia la Constitución de 1853, convocándose
    posteriormente a elecciones para una Convención
    Constituyente que se reunió en Santa Fe en septiembre de
    1957. En esa convención de la cual tuvo excluido el
    peronismo se declararon nulas las reformas de 1949 y se
    mantuvieron los artículos de la Constitución de
    1853, adicionándosele un artículo, el 14 bis, sobre
    derechos
    sociales.
    El gobierno de la "Revolución Libertadora" auspició
    una política
    económica de corte liberal. Entre sus obras
    significativas se cuentan la inauguración de la super
    Usina de San Nicolás, la ampliación de la red caminera y la
    aprobación de una ley destinada a promover la industria
    automotriz y la CGT y los sindicatos
    fueron intervenidos.

    Represión y resistencia social al gobierno de
    Aramburu.
    Aramburu dictó varios decretos que tenían como
    objetivo
    desintegrar al peronismo como fuerza
    política y social. Además decretó la
    inhabilitación de todos los dirigentes políticos y
    gremiales que hubieran participado del gobierno de
    Perón.
    Los anteriores militares intervinieron la C.G.T. y controlaron
    las sedes de los gremios mediante fuerzas de seguridad.
    También suspendieron las convenciones colectivas de
    trabajo privando a los trabajadores de negociar mejoras
    salariales en un período en el que el poder
    adquisitivo de los salarios
    decaía a causa de la inflación.
    Frente a esta situación los trabajadores organizaron y
    protagonizaron acciones de
    resistencia. Se rebelaron contra la prohibición del
    peronismo. Realizaban actos en las celdas en las que cantaban la
    marcha peronista, arrojaban volantes favorables a Perón y
    desaparecían rápidamente. Otros se concentraron en
    comandos de
    resistencia social, que surgieron en todo el país, los
    más audaces y astutos comenzaron a organizar sabotajes y
    subir el tono de las protestas, haciendo estallar explosivos de
    fabricación casera.
    Primeramente estos grupos no tenían conexión entre
    sí. El intento por establecer una relación
    orgánica partió de John W. Cooke (quien
    había sido diputado peronista en 1.946) y Perón que
    lo nombró su delegado. Desde 1.957 las acciones de la
    resistencia fueron creciendo en organización.

    División de la Unión Cívica
    Radical
    Dentro de este tradicional partido se fueron perfilando
    líneas políticas:
    una encabezada por Arturo Frondizi y otra dirigida por el doctor
    Ricardo Balbín.
    En 1.956 se reunió en Tucumán la Convención
    Nacional de la U.C.R. con la ausencia de los delegados
    partidarios de Balbín. La asamblea proclamó a
    Arturo Frondizi y a Alejandro Gómez como integrantes de la
    fórmula radical. La ruptura del partido ofreció dos
    versiones a los ciudadanos: la U.C.R. intransigente liberada por
    Frondizi y la U.C.R. del pueblo dirigida por
    Balbín.

    5. Las elecciones de 1958:
    Presidencia de Arturo Frondizi

    La división del radicalismo – que se había
    producido en 1956, cuando se lanzó la candidatura de
    Arturo Frondizi – introdujo un nuevo elemento de confusión
    en el gobierno. Frondizi sabía que si conseguía
    arrastrar los votos peronistas triunfaría. Para ello
    selló un pacto secreto con Perón- que
    consistía en ofrecer el apoyo electoral de Perón a
    Frondizi a cambio del
    levantamiento de las proscripciones al partido. Este pacto
    permitió a Frondizi triunfar en las elecciones nacionales
    del 23 de febrero de 1958 convocada por el gobierno militar. La
    fórmula de la Unión Cívica Radical
    Intransigente (Arturo Frondizi – Alejandro Gómez) obtuvo
    la mayoría, triunfando en los comicios.
    Arturo Frondizi asumió la presidencia el 1 de mayo de
    1958, ante la expectativa general. A su llegada el país
    estaba dividido y tenía una economía muy
    deteriorada.
    El presidente debía enfrentar una doble situación:
    quienes no eran peronistas le reprocharían permanentemente
    el hecho de haber llegado al poder con el apoyo peronista y
    éstos le enrostrarían que no los dejara participar
    abiertamente en la conducción nacional.
    Al principio Frondizi puso en marcha algunas medidas tendientes a
    satisfacer demandas de los sectores peronistas. Se intervino la
    C.G.T fijándose un plazo de noventa días para su
    normalización, se sancionó la Ley de
    Asociaciones Profesionales que auspiciaba una central obrera
    encuadrada dentro de la filosofía propiciada por los
    sindicatos
    peronistas, se dialogaron decretos y resoluciones que
    prohibían la propaganda
    peronista e inhabilitaban a ex funcionarios de ese gobierno,
    otorgó un aumento salarial del 60 % y concedió la
    amnistía y levantó proscripciones sobre dirigentes
    y organizaciones
    sindicales. Estos medios
    lograron una relativa tranquilidad sindical que duró a lo
    largo de 1.958.
    El gobierno estuvo dominado por la constante presión
    militar sobre el presidente. Los militares desconfiaban de
    Frondizi, por sus antecedentes izquierdistas y por su
    reorientación hacia el capitalismo
    pronorteamericano. Frondizi era visto como un político
    maquiavélico, dotado de una gran capacidad táctica,
    y poco confiable, que había pasado del antiperonismo
    militante al acuerdo electoral con Perón. Los militares
    presionaron al presidente mediante los "planteos" (32 planteos en
    menos de 4 años), para que tomara alguna medida de orden
    general – como el desplazamiento del asesor presidencial,
    Rogelio Frigerio, y la designación de un ministro de
    economía que mereciera su aprobación, como Alvaro
    Alsogaray.
    El momento culminante de la crisis se produjo en 1.962 ante las
    elecciones de renovación de gobernadores provinciales. El
    peronismo se presentó en la provincia de Buenos Aires bajo
    la denominación de la Unión Popular y ganó
    las elecciones. El triunfo de los candidatos peronistas en la
    mayoría de las provincias desencadenó una crisis
    que terminó con el derrocamiento de Frondizi.
    El 28 de mayo de 1.962 las tres fuerzas armadas decidieron
    deponer al presidente Frondizi que fue detenido en la residencia
    de Olivos y llevado a la Isla Martín
    García.

    La economía
    Frondizi llevó a cabo una política de integración referente a la creación
    de una alianza – que incorpora a la clase obrera peronista bajo
    el liderazgo de
    la burguesía.
    Esta alianza tenía como fin conseguir el desarrollo
    económico del país. El desarrollo
    suponía un salto en el proceso de
    industrialización, que sería posible con capitales
    y tecnologías extranjeras.
    El tradicional papel
    agroexportador de la Argentina en estrecha asociación con
    Gran Bretaña, fue cuestionado y el gobierno planteó
    transformar el país en una moderna nación
    industrial.
    La política de radicación de capitales extranjeros
    – cuyas medidas principales fueron las leyes de inversiones
    extranjeras y de promoción industrial y los contratos
    petroleros – tuvo éxito
    porque coincidió con la etapa de gran expansión
    transnacional de las empresas
    norteamericanas.
    Entre 1.958 y 1.963 se alcanzó el máximo
    histórico de las inversiones
    extranjeras del período 1.912 – 1.975: alrededor del 23%
    del total del período. Las ramas industriales
    privilegiadas en esta segunda etapa del proceso de
    sustitución de importaciones
    fueron la automotriz, la petrolera y petroquímica, la química, la
    metalúrgica y la de maquinarias eléctricas y no
    eléctricas. Las inversiones se orientaron hacia el
    aprovechamiento de las posibilidades que ofrecía un
    mercado interno
    protegido.
    La política petrolera de Frondizi fue objeto de
    controversias por el papel que había tenido el propio
    presidente en la crítica a los contratos
    petroleros propuestos por Perón durante su gobierno. Esta
    política consistía en formalizar convenios con
    empresas privadas y extranjeras para que extrajeran petróleo,
    tramitación de los contratos sin licitación previa,
    así como el drástico cambio de
    posturas ideológicas sobre la materia
    sostenida anteriormente por Frondizi desde el libro y en el
    parlamento, merecieron la crítica de los más
    diversos sectores: los grupos nacionalistas, la UCR del Pueblo y
    los partidos de izquierda lo combatieron duramente.
    En 1.959 el Plan de
    Estabilidad y Desarrollo anunciado en diciembre de 1.958
    provocó una fuerte reacción popular y como
    consecuencia el marco general del país se tornó
    crítico. El gobierno cambió al Ministro de
    Economía. El nuevo ministro, Alvaro Alsogaray,
    aplicó un programa ortodoxo
    de estabilización económica – devaluación, congelamiento salarial,
    contención del gasto
    público -, que llevó a una ruptura con el
    movimiento obrero organizado. Ello originó una
    sucesión de huelgas y atentados que fueron reprimidos
    duramente. El gobierno dispuso la aplicación del Plan
    Conintes (Conmoción del Orden Interno) mientras
    persistían los planteos militares y se hacían
    oír duras críticas de la
    oposición.

    Relaciones exteriores
    La actitud de Frondizi ante la Revolución
    Cubana de 1959 – que instaló el primer gobierno
    socialista en América
    Latina – volvió más tensas las relaciones
    con los militares. Aunque era partidaria de la Alianza para el
    Progreso, impulsada por el presidente J.F. Kennedy, Frondizi
    trató de mantener una posición internacional
    diferente de la de los EE.UU, nación que condenaba
    abiertamente al régimen cubano. Sin embargo, Frondizi,
    presionado por los militares, rompió relaciones con
    Cuba. La
    Revolución
    Cubana confirmó los temores de las Fuerzas Armadas y
    acentuó su anticomunismo militante.

    6. El Golpe de Estado de
    1.962: contradicciones militares

    José María Guido, presidente entre dos
    crisis: la militar y la económica
    Con el derrocamiento de Frondizi, y la anterior renuncia del
    vicepresidente se abrió un interrogante respecto de la
    sucesión presidencial. Durante la jornada del 29 de marzo
    el país prácticamente no tuvo gobierno. Mientras el
    Comandante en Jefe del Ejército se hacía presente
    en la Casa de Gobierno para hacerse cargo de la presidencia, se
    produjo un hecho nuevo y confuso. El doctor José M. Guido,
    con su carácter
    de vicepresidente primero del Senado, se había presentado
    ante la Corte Suprema de Justicia
    declarando que asumiría la acefalía presidencial en
    virtud de una ley de acefalía. Tras largas deliberaciones
    con los mandos, Guido fue reconocido.
    El nuevo presidente anuló las elecciones efectuadas
    durante la etapa final de la presidencia anterior, intervino la
    provincia y dispuso el receso definitivo del Congreso
    Nacional.

    Los sectores "azul" y "colorado"
    La gestión
    de Guido tuvo dos características: un fuerte deterioro
    económico y pronunciamientos en distintos sectores
    militares. Por un lado estaba el grupo legalista de Campo de Mayo
    (identificado como "azul") encabezado por el General Juan Carlos
    Onganía y por otro lado se encontraba el sector militar
    denominado "colorado".
    Unos y otros eran antiperonistas, pero diferían en las
    razones de su oposición a Perón y en su
    visión acerca de la política que debía
    seguir el Ejército.
    Los azules eran antiperonistas por razones profesionales. Este
    grupo estaba formado por muchos oficiales que se oponían a
    Perón por sus intentos de politizar el Ejército.
    Los azules eran mayoría en la caballería, a la que
    pertenecían los miembros de la clase alta. Los azules
    pensaban en la posibilidad de integración de una fuerza política
    de base popular y al mismo tiempo anticomunista.
    Los colorados eran antiperonistas por razones sociales.
    Predominaban en las armas de infantería y
    artillería. Consideraban inaceptable cualquier tipo de
    incorporación del peronismo al sistema
    político.
    El enfrentamiento entre azules y colorados falló a favor
    de los azules, que en adelante tendrían el predominio
    dentro del Ejército. El General Onganía, principal
    figura entre los azules se convirtió en el Comandante en
    Jefe del Ejército. Los azules planearon la
    constitución de un "frente nacional" que incluyera
    detrás de un líder,
    a militares, empresarios y sindicalistas. Este plan
    fracasó y las elecciones debieron realizarse, con el
    peronismo expulsado.

    Elecciones
    Con el Ejército restablecido, la Aeronáutica
    plegada por simpatía a la orientación "Azul" y la
    Marina un tanto lastimada pero neutral, Guido pudo moverse con
    mayor tranquilidad y anunciar que las elecciones presidenciales
    se realizarían a mediados de 1963.
    De inmediato se produjo una gran movilización de los
    partidos políticos. Se integro un frente nacional y
    popular conformado por fuerzas heterogéneas, entre ellas,
    el peronismo, el cual ante los obstáculos legales que se
    le opusieron optó por la abstención. La U.C.R. del
    Pueblo presento las candidaturas de Arturo Illia y Carlos
    Perette, para presidente y vicepresidente respectivamente. En
    esos momentos surgió una nueva agrupación
    política: la Unión del pueblo argentino
    (U.D.E.L.P.A.), que sostuvo la candidatura del General
    Aramburu.
    Las elecciones se realizaron el 7 de julio de 1963. El 25% de los
    votos favorecieron a Illia, hubo un 19% de votos en blancos y los
    restantes se lo llevo la
    U.C.R.I.

    7. El gobierno de Arturo Illia

    Arturo Illia llevó a cabo un gobierno
    caracterizado por el respeto
    escrupuloso a la legalidad republicana y no trató de
    consolidar una coalición de intereses con los grupos
    organizados (los militares, los intereses liberales financieros y
    el sindicalismo
    peronista).
    Procuró gobernar evitando conflictos,
    con un estilo moderado y tolerante, que sus enemigos calificaron
    de lento e inoperante.
    Su gobierno aportó libertad política y cultural. El
    país vivía plenamente la vigencia de la
    Constitución y se gobernó sin estado de sitio
    observándose una absoluta libertad de
    expresión.
    Al comienzo la situación política del presidente
    era débil a causa del escaso apoyo que tenía. Luego
    la situación cambio y el gobierno debió enfrentar
    la oposición militar – la U.C.R.P estaba vinculada con el
    sector colorado del Ejército y el control de
    éste estaba en manos de los azules -, la sindical, la de
    los medios de
    comunicación y la de sectores empresariales.
    Los logros económicos del gobierno no le otorgaron nuevos
    aliados porque la política económica no buscaba
    beneficiar específicamente a ninguno de los grupos de
    intereses organizados.
    Los desarrollistas reclamaban la anulación de los
    contratos petroleros y una política más benigna
    hacia la inversión
    extranjera. Los liberales protestaban por lo que consideraban
    un dirigismo excesivo del gobierno, al que acusaban de
    indiferente frente al proceso de movilización sindical
    realizado por la C.G.T. Ésta en 1964 presento un Plan de
    Lucha que intentaba bloquear el proyecto de gobierno de limitar
    el poder de las organizaciones
    sindicales a través de leyes sindicales
    y de un control más estricto de su política
    interna. Se ocuparon más de 10.000 establecimientos
    industriales por sus obreros. Esta medida se hizo sin mayores
    inconvenientes pero la imagen del
    gobierno se fue deteriorando.
    Este plan conducido por el sindicalista metalúrgico Vandor
    tenía como destinatario al gobierno y buscaba mostrar a
    otros sectores poderosos – las Fuerzas Armadas, el empresariado y
    Perón -.
    El propósito de Illia fue derrotar a los peronistas en
    elecciones sin proscripciones. El logro de este objetivo se
    basaba en la situación política en la que se
    encontraba el peronismo.
    Perón encontraba enormes dificultades para ejercer su
    liderazgo a
    distancia y envió a su esposa María Estela
    Martínez para dominar al peronismo indócil. Las
    gestiones de ésta tuvieron éxito y se restituyo la
    "verticalidad" de la estrategia
    peronista.
    Dentro del grupo peronista que trataba de ampliar sus bases
    independientes de Perón, el liderazgo de Vandor favorecido
    por el Plan de Lucha y por una alianza con una parte de los
    caudillos provinciales neoperonistas, adquiría perfiles
    más definidos.
    Se torno
    increíble el liderazgo de Perón después del
    frustrado intento de la C.G.T de traer a Perón de regreso,
    que fue impedido por el gobierno.
    La derrota del proyecto vandorista, en las elecciones de
    gobernador de Mendoza, contribuyó a que desaparecieran las
    posibilidades de una continuidad civil del gobierno de Illia,
    puesto que "el peronismo sin Perón" – el único
    tolerable para los militares- era una ilusión
    imposible.
    El gobierno radical, sufría los ataques de una
    campaña de acción psicológica cuidadosamente
    organizada. El elemento principal era la denuncia de la supuesta
    inmovilidad del gobierno y el rechazo de los partidos
    políticos. Se quería legitimar la alternativa de
    una nueva fórmula política y militar, cuya cabeza
    era el Gral. Onganía. El golpe anunciado llegó el
    28 de junio de 1966. Illia fue expulsado de la Casa de Gobierno;
    los miembros de la Corte Suprema, los gobernadores y los
    intendentes electos fueron destituidos, el Congreso y las
    Legislaturas provinciales fueron disueltos y la actividad de
    todos los partidos políticos fue suspendida. La Junta de
    Comandantes que ejecutó el golpe, mantuvo el poder durante
    24 horas, para luego entregarlo al Gral.
    Onganía.

    Desarrollo económico
    Llegada al poder la U.C.R. trató de cumplir lo que
    había prometido en la campaña electoral:
    intervencionismo estatal y protección a los consumidores y
    hacia esos principios se orientó la política
    económica. Como consecuencia de esa política
    surgió la ley de Abastecimiento.
    El gobierno fue desarrollando una creciente economía con
    una política económica caracterizada por un
    reformismo gradualista.
    El competente equipo económico del gobierno radical
    consiguió buenos resultados:
    * el PBI (producto bruto
    interno) tuvo un crecimiento importante
    * el desempleo
    cayó a la mitad de los altos índices de 1963.
    * crecieron los salarios
    * el gobierno anuló los contratos petroleros firmados con
    empresas extranjeras en la presidencia de Frondizi
    * se replantearon las relaciones con el F.M.I (Fondo Monetario
    Internacional)
    * se retaceó el aporte crediticio a las grandes empresas
    otorgándolo a las pequeñas.
    * se modificó el acuerdo con SEGBA asegurando la
    mayoría estatal en la conducción de la
    empresa.

    Política exterior
    La política radical, en este aspecto, se manifestó
    independiente a la biporalidad existente y el presidente se
    rehusó a integrar expediciones militares intervencionistas
    en otros países (como la propiciada con la
    República Dominicana en 1965). Se destaca la
    participación del canciller argentino Miguel A. Zabala
    Ortiz, quien supo manejarse con solvencia frente al problema de
    Malvinas
    cuando se negó a admitir ante la Asamblea de las Naciones Unidas
    que al principio de autodeterminación de los pueblos fuese
    aplicable al caso de nuestras islas. La tesis
    argentina se basó en el hecho de que las Malvinas no
    son una colonia inglesa, puesto que Inglaterra no
    colonizó sino que se estableció por la fuerza, en
    época de paz, desalojando a una población que con legítimo derecho
    ejercía su soberanía.
    Nuestro país solicitó que "debía respetarse
    la integridad territorial de todos los países, impidiendo
    cualquier intento encaminado a quebrantar, total o parcialmente,
    la unidad nacional" lo cual ocurría si una parte del
    territorio argentino continuaba siendo colonia
    británica.
    Frente a la argumentación argentina la XX Asamblea General
    de las Naciones Unidas
    votó por la resolución que establece que el
    problema de la descolonización debía resolverse sin
    demora entre las dos naciones "a fin de encontrar una
    solución pacífica". Esta resolución
    sirvió como base para las posteriores negociaciones entre
    los representantes de nuestro país y los del Reino
    Unido.

    8. Golpe de Estado de
    1966: "Revolución Argentina"

    Derrocamiento de Arturo Illia: Presidencia del Gral.
    Juan C. Onganía
    Derrocado Illia el poder pasó transitoriamente a los
    Comandantes de las Fuerzas Armadas, quienes en nombre de la
    "Revolución Argentina" disuelve los cuerpos electivos
    (gobernadores, legisladores, concejales, etc.), los partidos
    políticos y separó de sus cargos a los miembros de
    la Corte Suprema de Justicia.
    Este golpe tuvo características diferentes a los
    anteriores, pues por primera vez las tres fuerzas actuaban unidas
    como corporación y declaraban que uno de sus objetivos
    fundamentales era reordenar y rigorizar la economía del
    país. Afirmaban que darían prioridad al tiempo
    económico por sobre el tiempo social y el tiempo
    político.
    La Junta de Comandantes de las Fuerzas Armadas ordenó
    presidente al General Juan Carlos Onganía, quién
    era el líder
    del sector azul del Ejército. El presidente no sólo
    contaba con el apoyo de las Fuerzas Armadas, también
    existía un consenso nacional basado en la esperanza de que
    se promovieran urgentes cambios económicos.
    Se redactó un estatuto que reemplazaba a la
    Constitución Nacional en el cual no se estableció
    un límite de tiempo del mandato presidencial.
    La dictadura militar
    buscó normalizar el funcionamiento de la economía
    capitalista en Argentina y se propuso reorganizar la sociedad
    sobre nuevas bases hasta el punto de prohibir las actividades
    políticas. Convencidos de que la crisis
    económica del país había sido provocada por
    las luchas partidistas, los militares, eligieron como
    funcionarios para ejecutar las políticas de gobierno a
    hombres de sólida formación técnica
    vinculados con las empresas de capital extranjero que realizaban
    inversiones en el país.
    Las características particulares de esta dictadura se
    vinculaban a modificaciones en las condiciones internacionales –
    la nueva política de los Estados Unidos hacia América
    Latina y la Revolución Cubana de 1959 – y a la manera que
    esos cambios eran analizados en el ámbito de las Fuerzas
    Armadas. Otro elemento clave fue la difusión
    ideológica de lo que se llamaría la Doctrina de la
    Seguridad
    Nacional. Los militares establecían una relación
    estrecha entre seguridad y desarrollo: el subdesarrollo
    generaba pobreza y
    descontento social, condiciones que permitían que
    prosperara el mensaje revolucionario comunista, lo que
    ponía en peligro la seguridad nacional.
    Siguiendo con ésta línea el desarrollo
    económico se transformaba en una prioridad militar que
    servía para justificar la decisión de tomar el
    poder político y desde el Estado conducir un proceso de
    crecimiento
    económico.
    El gobierno de Onganía intentaba disimular la alianza
    entre el sector dominante del Ejército y los grandes
    intereses empresariales, representados en el gabinete por la
    figura del ministro de Economía Adalbert Krieger
    Vasena.
    Onganía se rodeó de elencos ministeriales
    diferentes, donde figuraron funcionarios de gran experiencia
    empresarial y poca experiencia políticas y algunos con
    ciertas influencias nacionalistas.
    Poco a poco se manifestó una actitud represiva:
    además de suprimir las actividades políticas,
    mediante un acto policial se anuló la autonomía
    universitaria.

    La etapa económica
    En 1967, ante la renuncia del Ministro de Economía,
    asumió Adalbert Krieger Vasena. Favoreció la
    concentración de capital en pocas manos, elaboró un
    programa económico que atacó la inflación,
    el déficit del Estado y congeló los salarios que
    pasaron a ser controlados por el gobierno. Los principales
    beneficiarios de su plan fueron los grandes empresarios y las
    grandes empresas industriales.
    El agro pampeano se vió perjudicado cuando el gobierno
    devaluó la moneda en un 40% y estableció
    retenciones para las exportaciones
    agropecuarias, que impidió a los productores obtener
    beneficios de la devaluación. La supresión de las
    medidas proteccionistas para algunas producciones regionales
    desencadenó fuertes crisis sociales en provincias como
    Tucumán, Chaco y Misiones.
    Pudieron encararse algunas obras de base y de "saneamiento". Se
    concluyeron algunas obras públicas de gran importancia
    como la represa hidroeléctrica Chocón – Cerros
    Colorados y la primera usina atómica situada en la
    localidad de Atucha; se concluyó el túnel
    subfluvial que une las ciudades de Santa Fe y Paraná y se
    mejoró la red caminera.
    A pesar de que el gobierno pudiera mostrar logros en su objetivo
    de estabilización y crecimiento de la economía la
    gestión económica generaba un intenso descontento
    en sectores económicos importantes.
    Hacia 1969 surgen algunos signos de intranquilidad
    pública. Los sindicatos y los estudiantes universitarios
    comenzaron a reaccionar y produjeron expresiones que fueron
    minando la autoridad del
    gobierno. En mayo de 1969, en la ciudad de Córdoba, se
    produjo un serio movimiento casi insurreccional: el Cordobazo que
    se extendió en a otras provincias. Provocó una gran
    conmoción interna y una consiguiente crisis de gabinete
    que hirió el gobierno de Onganía.
    Las consecuencias inmediatas del Cordobazo fueron la caída
    de Krieger Vasena y la caída del frente interno
    militar.
    El presidente debió encarar un hecho clave que
    oscureció el panorama político: el ex presidente
    Pedro Aramburu murió asesinado en manos de elementos
    extremistas. Este hecho marca el comienzo
    de la subversión armada en nuestro país.
    Sin una fuerza política propia Onganía se
    cerró en un personalismo que desembocó en renuncia
    de 1970.

    Presidencia de Roberto M. Levingston
    La Junta de Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas
    procedieron a elegir nuevo presidente, designando al general
    Roberto Marcelo Levingston bajo cuya conducción,
    comenzaría la segunda etapa de la "Revolución
    Argentina". Esto significo un cambio en relación entre la
    Junta de Comandantes dominada por Alejandro Lanusse; ahora el
    presidente era un representante de la junta de comandantes.
    El nuevo presidente militar solo se mantuvo en el poder escasos
    nueve meses. Levingston propuso "nacionalizar la
    Revolución Argentina cambiando el rumbo de la
    política económica, constituyendo un movimiento
    político en su apoyo y tomando distancia de Lanusse. Su
    intento fracasó.
    En Marzo de 1971 Levingston – por desacuerdos y enfrentamientos
    con la Junta de Comandantes – renunció a su cargo y fue
    reemplazado por Lanusse.

    Presidencia de Lanusse
    La llegada de Lanusse al gobierno implicó la
    aceptación de los militares y el intento de conducir una
    transición ordenada que garantizaba la conservación
    de las Fuerzas Armadas, desacreditadas por su fracaso en el
    gobierno, y corroídas por diferencias internas y por la
    acción guerrillera.
    Esta tercera etapa se caracterizó por la decisión
    gubernamental de institucionalizar el país. La vida
    política se normalizó, el partido justicialista
    obtuvo u personería política y se dio a conocer un
    calendario electoral.
    Lanusse se propuso garantizar la transición de un gobierno
    civil preservando la unidad de las Fuerzas Armadas. Su plan
    político preveía el llamado a elecciones sin
    proscripciones, una enmienda a la Constitución Nacional y
    un pacto con las fuerzas políticas – el Gran Acuerdo
    Nacional, en el que se alentaba una vuelta a la vida
    constitucional. Se propuso limitar el papel de Perón
    bloqueando su candidatura presidencial. Perón tenía
    su estrategia para
    volver al centro de la vida política nacional.
    Procuró neutralizar el intento de Lanusse de establecer
    condiciones para la retirada de los militares del gobierno.
    El acuerdo de Perón con el radicalismo se hizo realidad en
    noviembre de 1970 en "La Hora del Pueblo", una
    concentración de fuerzas políticas – el
    peronismo, la UCR y otros partidos menores – que se
    comprometían a luchar por un proceso electoral limpio y un
    gobierno respetuoso de los derechos de las
    minorías.
    Perón decidió instrumentar en su favor la amenaza
    al orden social que implicaba la violencia
    política, presionado a Lanusse. Privilegió a los
    cuadros políticos tradicionales del peronismo frente al
    poder sindical.

    La aparición de la violencia
    política
    El período que se abrió con la crisis del gobierno
    de Onganía se caracterizó por una
    aceleración de los conflictos
    sociales y políticos.
    Los sectores populares – obreros y sectores medios –
    protagonizaron un proceso de movilización caracterizado
    por una activa resistencia a aceptar modificaciones en sus
    condiciones laborales y pautas salariales.
    La prohibición de realizar actividades políticas
    originó la progresiva radicalización de la
    violencia que reemplazó a la política y fue
    envolviendo a la sociedad argentina a lo largo de toda la
    década. Los protagonistas de esa violencia fueron los
    grupos guerrilleros surgidos a fines de la década del
    ’60. Los principales fueron el Ejército
    Revolucionario del Pueblo (ERP),
    defiliación trotskista, y Montoneros, creación de
    un grupo proveniente del nacionalismo católico, luego de
    venido peronista.
    Finalmente, la resistencia social quebró al Estado
    burocrático autoritario y logró el levantamiento
    del peronismo en 1.973 y el regreso de Perón al
    país en 1.974.

    9. Los gobiernos
    justicialistas

    Presidencia de Héctor Cámpora
    Las autoridades electas en los comicios del 11 de marzo asumieron
    sus funciones el 25
    de mayo de 1973. El triunfo de Cámpora significó el
    triunfo de Perón, así lo refleja la consigna
    "Cámpora al gobierno, Perón al poder". Las fuerzas
    izquierdistas peronistas que acompañaban a Cámpora
    no lo entendieron así y procuraron mantenerse en el
    poder.
    Entre las primeras medidas favorecidas por el gobierno de
    éste y aprobadas por la Legislatura, se cuenta una
    amnistía que permitió que saliesen de las
    cárceles un buen número de militantes
    políticos y algunos terroristas encarcelados por el
    gobierno anterior.
    Dentro del peronismo – como una corriente de este – fue tomando
    fuerza el camporismo.
    La República se conmovía frente a la violencia cada
    vez mas generalizada y en el movimiento peronista surgieron
    críticas a la conducción política llevada a
    cabo por Cámpora que produjo una crisis dentro de este
    nucleamiento. En consecuencia, los doctores Cámpora y
    Solano Lima renunciaron a sus cargos con el objeto confesado de
    posibilitar el acceso de Perón al Poder
    Ejecutivo. Cámpora se mantuvo en el cargo solo 50
    días. Fue reemplazado provisoriamente por Raúl
    Lastiri (presidente de la Cámara de Diputados), hasta que
    se realizaran las elecciones.

    Tercera Presidencia de Juan D. Perón
    Los comicios se realizaron el 23 de septiembre y la formula Juan
    D. Perón – María Estela Martínez de
    Perón obtuvo el 61,85% de los votos el radicalismo, con
    las candidaturas de Balbín – De la Rúa
    alcanzó el 24,2%.
    De vuelta en el gobierno, Perón buscó ordenar el
    complejo cuadro de fuerzas políticas y sociales
    movilizadas desde 1969. Trató de encauzar las expectativas
    y los conflictos de casi 20 años de enfrentamiento, y
    agudizados en los últimos años de la
    Revolución Argentina.
    Perón intentó depurar su partido y reorientar la
    acción política, pero los conflictos habían
    penetrado en el peronismo y conmovido a la sociedad
    argentina.
    El proyecto de Perón se basaba en: el acuerdo
    político y el Pacto Social. El primero fue fácil de
    concretar, la oposición política tenía la
    actitud de colaborar en la normalización institucional del
    país. A las apelaciones para la conciliación del
    país se adhirieron los partidos opositores.
    El Pacto Social fue difícil de cumplir. La idea de un
    acuerdo entre sindicatos, empresarios y el Estado como
    herramienta de política económica y social no era
    novedosa dentro del peronismo, y se inspiraba en las experiencias
    europeas de concertación social. El Pacto Social no
    colmaba las expectativas de los sindicalistas. Los salarios
    fueron aumentados un 20%, las negociaciones colectivas fueron
    suspendidas por 2 años y se estableció un
    rígido sistema de control de precios. La
    CGT presionada por Perón firmo el pacto junto con la CGE,
    representante del empresariado, y el gobierno. El cumplimiento
    del pacto suponía que la CGE la central obrera y la CGT
    acatarían lo pactado. Sin embargo estos vieron caduca su
    posibilidad de asegurar esta condición y fueron superadas
    por sus bases.
    El conflicto
    entre capital y trabajo pasó a resolverse en el
    ámbito de las empresas. Solamente la intervención
    directa de Perón mantenía con vida el acuerdo.
    Este doble sistema no alcanzaba a contener el conjunto de
    problemas políticos que Perón debía
    enfrentar. Este procuró garantizar la autonomía de
    las Fuerzas Armadas y subordinarlas efectivamente al orden
    constitucional.
    Se produjo un enfrentamiento entre el ala izquierda y el ala
    derecha del peronismo, propiciada por la renuncia de
    Cámpora, que abrió paso a un ajuste de cuentas de la
    derecha peronista. La evidencia trágica de estos
    enfrentamientos fue la masacre de Ezeiza el 20 de junio de 1973 –
    en el mismo día que Perón regresaba al país
    -.
    Perón decidió apoyar a sus fieles sindicalistas y a
    los miembros de su entorno, liderados por su secretario privado y
    Ministro
    de Acción Social, José López Rega. Esto
    condujo a un enfrentamiento con la izquierda peronista. En los
    primeros meses del gobierno de Perón, el conflicto tuvo
    como eje central el desplazamiento de los gobernadores cercanos a
    la izquierda peronista. Los secuestros y asesinatos
    políticos se fueron convirtiendo en un método
    habitual para resolver las diferencias dentro del peronismo. Los
    Montoneros eligieron sus víctimas entre sindicalistas –
    Rogelio Coria, ex secretario de la CGT y José Rucchi,
    secretario de la CGT-, políticos como Arturo Mor Roig (ex
    ministro de Lanusse) y empresarios como Jorge Born, secuestrados
    y luego liberados tras el pago de un importante rescate. En
    noviembre de 1973 apareció la Triple A (Alianza
    Anticomunista Argentina), que atentó contra el senador
    Hipólito Solari Yrigoyen. También tuvo como
    víctimas de sus ataques a Silvio Frondizi, Atilio
    López, el padre Carlos Mugica y Rodolfo Ortega
    Peña.
    La ruptura definitiva y abierta entre Perón y la izquierda
    peronista se produjo el primero de mayo de 1974, en el acto del
    Día del Trabajo, durante el cual el presidente
    pronunció un discurso en defensa de los sindicalistas e
    hizo duras criticas a la juventud
    Peronista.
    El 12 de junio Perón pronunció su último
    discurso público en la Plaza de Mayo. Amenazó con
    su renuncia y reclamó al movimiento obrero el cumplimiento
    del Pacto Social.
    Muerte de
    Perón y sucesión de la presidencia a la
    vicepresidente María Estela Martínez
    En junio de 1974 la salud del presidente se había agravado
    y el 1º de julio falleció.
    Su muerte se
    convirtió en un suceso conmovedor. Sus exequias se
    realizaron ante la consternación generalizada en tanto que
    en el país se advertía un evidente vacío de
    poder.
    El 1º de julio la presidencia fue asumida por la
    vicepresidente y esposa María Estela Martínez.
    La muerte de
    Perón dejó sin control al conjunto de fuerzas que
    habían coexistido conflictivamente bajo su liderazgo y
    privó al gobierno de una conducción legítima
    y aceptada por el conjunto del peronismo que pudieran reformular
    los acuerdos políticos y sociales para asegurar la
    gobernabilidad del país.
    Durante el gobierno de María Estela Martínez
    apareció un serio deterioro económico e
    institucional. Rodeada por un "micro clima" de
    consejeros de su propio círculo en el que habría de
    sobresalir el Ministro de Bienestar Social José
    López Rega, la nueva presidente resultó incapaz
    para resolver el cúmulo de problemas que asolaban al
    país, pues a la crisis económica se sumaron
    planteos sociales y violentos atentados terroristas.
    Los sindicatos se sintieron libres de los compromisos que
    habían asumido en 1973 y se encargaron de deshacer el
    diseño
    político armado por Perón. La dirección de la CGT pasó a mano de
    sindicalistas.
    Los nuevos compromisos que la nueva dirigencia negoció con
    el gobierno apuntaban a la reformulación del Pacto Social
    y al desplazamiento de los líderes sindicales y
    políticos opositores al oficialismo cegetista.
    La concesión de la renegociación del Pacto Social
    produjo la renuncia de Gelbard. Esta reorganización del
    gobierno llevó a López Rega a la cúspide de
    su poder, fortaleció a la burocracia
    sindical y coincidió con su agravamiento de la
    violencia.
    En1975 el conjunto de acuerdos que Perón había
    articulado y que habían compuesto el eje de su proyecto de
    institucionalización política había
    fracasado y el país parecía marchar
    desorientado.

    Desequilibrio en la economía
    La llegada de Celestino Rodrigo al Ministerio de Economía
    agudizó los problemas. López Rega apoyó a
    Rodrigo en la adopción
    de una serie de medidas conocida como el "rodrigazo"; estas
    medidas fueron: la devaluación del peso entre un 100% y un
    160%, incremento del 181% en el precio de la
    nafta y del
    75% en los precios del
    transporte y
    otras medidas que tuvieron como consecuencia la
    intensificación de la inflación y una crisis
    política. Este hecho obro como un detonante y se produjo
    una reacción sindical que habría de terminar con un
    hecho inédito: una huelga general
    propiciada por los sindicatos peronistas contra un gobierno del
    mismo signo político.
    Ante el agravamiento de la crisis el ministro López Rega
    debió ser expulsado de su cargo.
    La presidente solicitó una licencia y asumió
    provisoriamente el cargo el presidente del Senado Ítalo A.
    Luder, un peronista reconocido por sus posiciones moderadas que
    debió recurrir a las Fuerzas Armadas para contener los
    desbordes terroristas. Este firmó un decreto en el cual
    autorizaba a las Fuerzas Armadas a eliminar la subversión.
    Este decreto fue utilizado por los militares golpistas de 1976
    para fundamentar la eliminación de los grupos
    subversivos.
    Con la vuelta al poder de la señora de Perón, se
    hicieron más intensas las acciones terroristas de
    ultraizquierda mientras organizaciones de ultraderecha los
    enfrentaron apelando los mismos métodos.
    Fracciones políticas y sindicales resolvieron
    también sus disputas mediante la fuerza.
    El regreso de María Estela Martínez, la crisis
    interna peronista, la agudización de la violencia
    política, y la falta de colaboración del
    empresariado y de las Fuerzas Armadas, quitaron al gobierno toda
    base de apoyo. Todo esto desembocó en un golpe de
    estado.

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