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HISTORIA DE LA QUÍMICA




Enviado por nguarins



    1. Resumen:
    2. Introduccion
    3. Transformaciones originarias y
      primeros aprendizajes
    4. Avances en el mundo
      antiguo
    5. Los conocimientos
      prequímicos de Grecia a Roma
    6. Medioevo y
      alquimia

     

    RESUMEN:

    La ojeada a la historia de la Química que se
    presenta intenta demostrar que la Química, como cualquier
    otra ciencia, no es
    aséptica, no es una muralla teórica atemporal, es
    una construcción histórica, un drama de
    ideas que se teje teniendo un fondo social que, en cierta medida,
    la configura.

    En esta primera parte se recorre brevemente desde las
    principales transformaciones originarias que sufre el planeta
    hasta el nacimiento, reorientación y muerte de la
    Alquimia pasando por los colosales progresos del mundo antiguo y
    las aportaciones de la filosofía griega y la cultura greco
    – romana.

    INTRODUCCION

    En la actualidad, un gran interés
    despierta el
    conocimiento y la  comprensión del proceso
    sociohistórico que ha conducido al desarrollo de
    la
    ciencia.

    Las relaciones entre la ciencia, la
    tecnología
    y la sociedad se ha
    convertido en un amplio campo de estudio.

    Paradójicamente, en medio de los avances que
    supone vivir los tiempos de "la sociedad de la
    información", una gran confusión se
    advierte cuando se pretende juzgar la responsabilidad de la ciencia en los
    peligros y desafíos que caracterizan nuestra época
    histórica y se vinculan los grandes descubrimientos
    científicos casi exclusivamente con el genio de
    determinadas personalidades.

    En esta presentación pretendemos aproximarnos,
    desde la perspectiva sociológica del enfoque
    histórico – cultural, al complejo panorama del desarrollo de
    una ciencia que ha tenido un impacto notable en los progresos de
    diversas ramas del quehacer humano, la Química.

    Linus Pauling (1901-1994), laureado dos veces con el
    Premio Nobel, ha propuesto la siguiente definición: "La
    Química es la ciencia que estudia las sustancias, su
    estructura,
    sus propiedades y las reacciones que las transforman en otras
    sustancias".

    El complejo problema de la clasificación de la
    ciencia ha sido pragmáticamente resuelto con la frecuente
    afirmación aparecida en los textos: "…tradicionalmente
    la Química se ha subdividido en varias ramas que facilitan
    su estudio". De tal modo se olvida que no está
    precisamente en manos de la tradición lo que
    constituye  reflejo de la lógica
    interna de la ciencia y del decursar histórico de su
    proceso de
    construcción.

    En primer lugar, las particularidades estructurales de
    las sustancias químicas exigieron su estudio en dos
    grandes campos: el mundo de las sustancias inorgánicas
    relacionado originalmente con los minerales y que
    engloba todas las combinaciones posibles en las que no interviene
    el carbono, y el
    mundo orgánico asociado a las sustancias que se presentan
    en los tejidos vivos y
    que incluye, por la singularidad estructural del carbono, a los
    hidrocarburos
    y sus derivados.

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    Linus Pauling mereció el Premio Nobel en dos
    oportunidades, el primero en 1954 por sus aportaciones en el
    campo de la Química y en 1962 por su relevante labor a
    favor de la paz.

    Los países del "sur" han tenido que afrontar
    también la "fuga de cerebros" que constituye un
    obstáculo más en su desarrollo.

    La determinación de la composición y
    estructura de
    las sustancias se erige en problema gnoseológico que
    configura los contenidos de la Química Analítica,
    sea en su expresión cualitativa o cuantitativa; mientras
    el campo de acción delimitado por las rutas que conducen a
    la producción de las sustancias, define la
    Síntesis Química.

    La combinación de las herramientas
    del análisis y la síntesis
    cobró fuerzas en la última década del siglo
    XIX  y ya en el siglo XX quedó demostrado el infinito
    poder de este
    sector del conocimiento
    cuando ante las demandas de la época se edificaron
    estructuras
    que superan por sus propiedades a aquellas que se han producido
    por los procesos
    naturales.

    Numerosos autores han resaltado la posición
    central que ocupa la Química en el desarrollo del conocimiento
    científico y cómo en el marco de su proceso de
    construcción surge paralelamente una integración dialéctica con otras
    ciencias
    naturales que da pie a la aparición de los
    ámbitos de la Física-Química, la Bioquímica, y más recientemente la
    Química Ambiental.

    La Física-Química
    se ocupa principalmente de las leyes y teorías
    que explican los cambios energéticos involucrados en las
    reacciones
    químicas, surgiendo tres áreas
    específicas: la Termodinámica Química, la Electroquímica y la Cinética
    Química.

    La Bioquímica
    dirige su objetivo a la
    explicación de los procesos vivos
    al nivel molecular.

    La Química Ambiental cuyos contornos se
    prefiguran aparece relacionada con la influencia de los agentes
    químicos, naturales o artificiales, en la biosfera.

    Surgen nuevas zonas periféricas en torno al polo de
    la Bioquímica que delinean nuevos ámbitos como la
    Biología
    Molecular y la Ingeniería
    Genética;  y en la frontera con el otro polo de
    la Física-Química se desarrollan las Ciencias de
    los Materiales,
    los Procesos de Ingeniería y la Electrónica.

    El dominio de las
    transformaciones de las sustancias químicas ha producido
    un notable impacto sobre cinco áreas vitales para la
    sociedad contemporánea: energía, producción de alimentos,
    salud, transporte y
    comunicaciones. También es cierto que en un
    mundo irracionalmente establecido, los progresos en esta ciencia
    han servido para el desarrollo de las mortíferas armas
    químicas, y han contribuido al despliegue de los problemas de
    contaminación ambientales, uno de los
    mayores desafíos que enfrenta la humanidad.

    Una batalla en el campo de las ideas reclama esta
    época, en ella la educación (y
    la lectura que
    se haga de la historia), jugará un rol tal vez decisivo
    para salvaguardar los logros de la humanidad. La Química
    podrá ser usada para el bien o para el mal.

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    F. Leloir, premio Nobel de Química (1970), es un
    ejemplo de científico comprometido con su origen.
    Rechazó numerosas ofertas de ricas instituciones,
    que suponían ventajas materiales de
    todo tipo, para seguir investigando en su país, Argentina.  
    Fritz Haber, Premio Nobel en 1919 por la síntesis del
    amoníaco, contribuyó como director del Instituto
    Kaiser Wilhelm, durante la primera Guerra
    Mundial, al desarrollo de armas
    químicas. En vísperas de la primera
    utilización del gas contra las
    tropas aliadas en 1915, su esposa atormentada por la horrorosa
    contribución de su marido a la guerra se
    suicidó. Irónicamente, con el arribo de los nazis
    al poder, por el
    origen judío de Haber, fue desplazado de la universidad y se
    refugió en Inglaterra.
    Murió poco tiempo
    después, en la miseria.

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    TRANSFORMACIONES
    ORIGINARIAS Y PRIMEROS APRENDIZAJES

    La Tierra hace 4
    600 millones de años necesariamente tuvo que ser un
    gigantesco reactor químico. 

    Los primeros océanos albergaron bacterias y
    algas que durante millones de años aportaron
    dioxígeno a los mares y a la atmósfera primitiva
    posibilitando la aparición y desarrollo, unos 570 millones
    de años atrás, de formas marinas de vida que
    obtuvieran energía mediante la respiración.

    Más de 170 millones de años debieron pasar
    aún para que se formara una capa de ozono
    estratosférica que absorbiera la radiación
    ultravioleta dura de los rayos solares. Gracias a esta capa
    protectora y al establecimiento en el planeta de condiciones
    climáticas favorables aparecieron en tierra firme
    las primera arañas y ácaros y luego, unas decenas
    de años más tarde los anfibios invadirían
    la
    tierra.      

    Recientemente para la escala de los
    tiempos geológicos, hace un par de millones de años
    se inaugura la era del género
    homo que en su evolución da lugar, unos miles de
    años atrás, a la especie humana (homo sapiens
    sapiens).

    Durante estos dos millones de años, los
    antecesores directos del hombre
    moderno, en un proceso repleto de obstáculos, debieron
    transformar como primer material la piedra, de manera que le
    sirviera como herramientas y
    utensilios.

    La selección
    de la piedra para estos fines tuvo que basarse en la
    comparación de las propiedades de los materiales
    disponibles: madera, hueso,
    pieles. Pero no sólo la piedra debió ser trabajada,
    si bien la naturaleza
    pétrea del utillaje lítico permite que llegue a
    nuestros días, en yacimientos fechados entre 2 y 1,5
    millones de años se han encontrado también huesos de
    animales con
    marcas
    grabadas, y varias investigaciones
    sugieren que muchos de las herramientas de piedra fueron
    precisamente empleadas para trabajar materiales orgánicos
    como la madera. 

    Paralelamente con la práctica impulsada por la
    necesidad de transformar ventajosamente las formas de los
    materiales, estos antepasados del hombre
    debieron reparar en las numerosas transformaciones que alteran la
    naturaleza de
    los materiales en su entorno: los volcanes producen
    lava y gases que
    afectan lo vivo y transforman el panorama natural, los rayos
    desatan incendios
    forestales, la carne cazada y los cadáveres se
    descomponen, los jugos de frutas se agrian o eventualmente se
    convierten en bebidas extrañamente
    estimulantes.

    Con la conquista del fuego, su conservación y
    posterior producción, asistimos tal vez a la primera
    transformación química resultante de la actividad
    humana. La producción del fuego implicaba siempre la
    transformación de un material vegetal seco en cenizas y la
    liberación de humos.

    Existen las evidencias de que el fuego fue empleado por
    el hombre de
    Pekín (un Homo Erectus) hace 1,5 millones de
    años. 

    El fuego representó fuente de calor y
    luz, y medio
    de protección frente a los depredadores. Su
    utilización posterior para cocer los alimentos les
    produjo importantes transformaciones anatómicas –
    fisiológicas que aumentaran la capacidad del cerebro y
    contribuyeran al desarrollo de los órganos del lenguaje.

    Así, a través de una práctica
    condicionada por la amalgama de casualidad y necesidad, el hombre
    primitivo aprendió que al calentar con ayuda del fuego
    ciertos materiales estos se transformaban en otros que
    exhibían nuevas y atractivas propiedades.

    Mucho tiempo
    después, hace unos 40 000 años, en tiempo que se
    clasifica como el paleolítico superior, el fuego se
    utiliza para calentar la piedra a fin de facilitar su trabajo, y
    para alterar el color de los
    pigmentos naturales que eran luego utilizados para pintar las
    paredes de las cuevas. 

    Se inicia así un matrimonio de las
    transformaciones químicas con el arte que llega
    hasta nuestros días. Pero las obras del arte rupestre
    demuestran dos cosas más: 

    • La búsqueda de los ocres minerales, el
      óxido de hierro (III)
      y los óxidos del manganeso constituyó la primera
      actividad minera.
    • La penetración en lo profundo de las cavernas
      y el trabajo
      en su interior exigen de una iluminación artificial. Unos cuantos
      candiles de piedra encontrados, en cuyo interior ardieron
      grasas animales
      así lo
      atestiguan.       

    Con seguridad, el uso
    y mantenimiento
    del fuego significó un catalizador importante en el fin
    del nomadismo y en el desarrollo de los primeros asentamientos
    humanos estables. No es extraño que la adoración
    del fuego sea un denominador común de mitologías
    aparecidas en diferentes culturas y distantes escenarios
    geográficos.

    La combustión, esa bendita reacción que
    a la vez mantiene vivo el infierno, fue pues fuente de progreso y
    de conocimiento
    para el hombre desde los primeros tiempos. 

    En la próxima sección veremos como el
    fuego propició el dominio de
    extraordinarios avances.    

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     La capa de ozono
    estratosférica funciona como un filtro natural de las
    radiaciones solares dañinas   y casi 400 
    millones de años después de su formación la
    actividad irracional del hombre en el planeta ha puesto su
    existencia en peligro.

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     La era de la piedra abarca la mayor parte de la
    existencia humana. Y aún hoy de numerosas rocas el hombre
    fabrica importantes materiales

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    El hombre al conquistar el fuego gobernó la
    primera transformación química y toda su vida
    posterior resultó transformada.

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    La alteración de los colores de los
    ocres minerales fue condición necesaria para el desarrollo
    del arte parietal del hombre de las cavernas. 

    AVANCES EN EL MUNDO ANTIGUO

    La inauguración hace unos diez mil años de
    la cultura de la
    cerámica, supuso el dominio de la arcilla,
    mineral complejo formado por un silicato de aluminio que
    posee una cierta naturaleza plástica y al secar o ser
    sometido a calentamiento endurece. 

    Al aprender el hombre a trabajar el barro, se inicia la
    producción de ladrillos y el desarrollo del arte
    alfarero,  que coincide en ciertas civilizaciones  con
    el desarrollo de la agricultura y
    la edificación de los primeros asentamientos
    humanos.

    La ciudad antigua de Jericó, una de las primeras
    comunidades agrícolas, muestra, en su
    segundo nivel de ocupación que data del milenio VIII a.C.,
    un gran número de casas redondas de ladrillo de
    adobe.

    Las técnicas
    involucradas en el reconocimiento de los minerales, el proceso de
    reducción a metales y su
    fundición, la forja y el templado de los metales han
    tenido tal repercusión en el progreso social que los
    historiadores han periodizado etapas de desarrollo como Edad del
    Cobre, del
    Bronce y del Hierro.
     

    El dominio de los metales se inicia por el cobre,
    elemento 25 en abundancia relativa en la corteza terrestre, pero
    que puede encontrarse en estado nativo
    y se reduce de sus óxidos con relativa
    facilidad. 

    Precisamente la génesis de la metalurgia se
    presenta cuando los hombres aprendieron que un calentamiento
    enérgico de una mena azulada con fuego de leña,
    producía un nuevo material rojizo, resistente y que
    poseía una propiedad no
    exhibida por la piedra, su carácter
    maleable. Este material permitía la fabricación de
    instrumentos más efectivos y duraderos.

    Asistimos al inicio de la Edad del Cobre en dos regiones
    tan distantes como el Medio Oriente y la actual Serbia, unos 4
    000 años a.C. 

    Uruk (la Erech bíblica) una de las primeras
    ciudades mesopotámicas levantadas en el milenio III a. C.,
    presenta templos de adobe decorados con fina metalurgia y
    una ornamentación de ladrillos vidriados.

    Sorprende que descubrimientos arqueológicos
    demuestren la entrada en escena de un nuevo material más
    duro que el cobre, unos 500 años antes del inicio de la
    Edad del Cobre. En el sudeste asiático, en la tierra de
    los Thai, debieron practicar la reducción de una mezcla de
    minerales que diera origen a la primera aleación trabajada
    por el hombre: el bronce.

    El bronce, una aleación constituida por cobre y
    estaño (y en menor proporción otros metales), es
    más duro y resistente que cualquier otra aleación
    común, excepto el acero, y presenta
    un punto de fusión
    relativamente bajo.

    El desarrollo desigual que experimentaron las
    civilizaciones antiguas, erigidas en distintos escenarios
    naturales, hace que el dominio de un material y el arte o
    técnica de elaboración de objetos con él
    aparezca en fechas bien distintas. Un milenio más tarde,
    según lo demuestran hallazgos en la tumba del
    faraón Itetis, los egipcios fabricaban el
    bronce. 

    Existen los testimonios sobre la existencia de
    instrumentos de un nuevo material ya por el año 1 500 a.
    C. Los hititas, pueblo que se instala en el Asia Menor
    durante siglos, debieron vencer las dificultades prácticas
    que supone aislar el hierro de sus óxidos minerales. Se
    necesita ahora el fuego del carbón vegetal y una buena
    ventilación. Estos obstáculos debieron ser
    superados porque el dominio del hierro suponía
    herramientas y armas más fuertes y duraderas y
    además porque el hierro aventajaba al cobre en algo muy
    importante: los yacimientos de sus minerales eran más
    abundantes. 

    De cualquier forma, la tecnología del hierro
    no se implanta en Europa hasta el
    siglo VII a.C., en China se
    inicia un siglo después, y en el África
    subsahariana hacia el 500 – 400 a.
    C.   

    El avance de la civilización no sólo
    exigió trabajar la piedra, la arcilla y los metales. Otros
    desarrollos fueron indispensables para el alcance de un bienestar
    deseado por las clases dominantes de una colectividad que ya
    había conocido la división social del
    trabajo.   

    Paradójicamente, ciertos ritos y creencias
    sobrenaturales, reflejos de diversas enajenaciones
    terrenales,  impulsaron el desarrollo del conocimiento en
    áreas como la elaboración de medicinas, perfumes y
    cosméticos, tintes y colorantes.

    Durante la civilización babilónica (siglo
    XVIII – VI a.C.), que tuvo como herencia el
    desarrollo técnico alcanzado por los sumerios, se lograron
    avances en los procesos de blanqueo y tinte, y en la
    preparación de pinturas, pigmentos, cosméticos y
    perfumes. 

    Una tablilla sumeria escrita algunos siglos antes del
    reinado de Hammurabi, siglo XVIII a.C. revela el desarrollo de la
    farmacopea.     

    Los egipcios no sólo conocieron y trabajaron los
    metales más importantes de la época: el oro, la
    plata, el cobre, el hierro, el plomo y otros, sino que
    aprendieron a preparar pigmentos naturales, jugos e infusiones
    vegetales.

    Aunque el término perfume tiene su origen en el
    latín "per fumo" (por el humo) se reconoce que los
    egipcios saturaban la atmósfera de tumbas y
    templos sagrados con fragancias agradables procedentes de
    preparados perfumados. También se sabe que tanto sus
    hombres como mujeres se aplicaban ciertos aceites aromatizados
    sobre la cara para aminorar el efecto deshidratante del clima
    cálido y seco que debían soportar; y que gustaban
    decorarse los párpados con un pigmento verde y otro oscuro
    preparado con antimonio y hollín. 

    En otra dirección, los egipcios desarrollaron
    métodos de
    conservación de cadáveres cuyos resultados
    sorprendieron milenios después al mundo occidental. Para
    ello debieron estudiar las sustancias con propiedades
    balsamáticas, los antisépticos y algunos elementos
    de la farmacopea como el conocido empleo que le
    dieron al ácido tánico en el tratamiento de las
    quemaduras.

    Este cúmulo de conocimientos que se fue acopiando
    y transmitiendo sobre las propiedades y las transformaciones de
    las sustancias químicas constituyó el núcleo
    de lo que llamaron la khemeia egipcia. 

    Estos conocimientos técnicos por lo visto eran
    recibidos y transmitidos por artesanos y técnicos mediante
    la tradición, pero ignoramos las reflexiones que
    acompañaban a sus prácticas de instrucción.
    Esto significa que si entendemos la ciencia no sólo como
    el saber hacer (arte y técnica), sino además como
    el conocer y poder explicar las razones por las cuales se hace
    así y no de otra manera, debemos admitir que ella comienza
    cuando ya la técnica en la cual se apoya y a la cual
    soporta, hace mucho tiempo ha sido establecida.

    El momento histórico en que puede considerarse se
    inicia la evolución de un pensamiento
    teórico precientifíco data del siglo VI a.C. y
    tiene como escenario la sociedad esclavista de la Grecia
    Antigua. La definición de este momento se avala por ser
    entonces cuando se inicia una reflexión teórica,
    metódica y productiva sobre la naturaleza. De esto
    trataremos en la sección que sigue…

    Imhotep constructor de la primera pirámide
    egipcia, unos 2700 años a.C., se considera también
    pionero en la medicina y
    precursor de la khemeia egipcia.

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    La máscara de Agamenón, perteneciente a la
    civilización egea, representa una joya de la cultura del
    bronce, 1500 años a.C.  Entre el desarrollo del
    conocimiento

    químico y el de las artes plásticas ha
    existido un feliz matrimonio desde
    tiempos inmemoriales.

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    La cerámica vidriada comenzó a
    fabricarse 1500 años a.C. La puerta de Istar en Babilonia
    (575 a.C.) está construida por ladrillos
    vidriados.

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    La khemeia egipcia llegó a acopiar conocimientos
    prácticos relevantes sobre las propiedades y
    transformaciones de las sustancias no sólo del mundo
    inorgánico sino también de los
    compuestos naturales orgánicos.

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    LOS CONOCIMIENTOS PREQUÍMICOS DE GRECIA A
    ROMA

    Los filósofos griegos ofrecieron las primeras
    hipótesis sobre la diversidad del mundo
    material a partir del reconocimiento de una o varias sustancias
    fundamentales y sus transformaciones. A la concepción
    materialista del mundo, nueva por principio, se opondría,
    casi desde su inicio la visión idealista que se hacia
    heredera de elementos de la tradición
    religiosa.

    En Mileto (Asia Menor),
    comienza la filosofía. La gente rica optaba por relegar
    el trabajo
    físico a esclavos o asalariados, quedándoles tiempo
    libre para pensar. En este contexto, Tales (625 – 546 AC)
    elabora la tesis de que
    la diversidad de las cosas encuentran la unidad en un elemento
    primario. En términos de interrogante su indagación
    puede resumirse de la siguiente forma: ¿Puede cualquier
    sustancia transformarse en otra de tal manera que todas las
    sustancias no serían sino diferentes aspectos de una
    materia
    básica?

    La respuesta de Tales a esta cuestión es
    afirmativa, e implica la introducción de un orden en el universo y una
    simplicidad básica. Quedaba por decidir cuál era
    esa materia
    básica o "elemento". Tales propuso que este elemento
    primigenio era el
    agua.

    El postulado de Tales no parece original si recordamos
    que en la épica de los babilonios y en los salmos hebreos
    se refrenda la idea de que el mar era el principio: Marduk o
    Yahvé extendieron las tierras sobre las aguas. Sin
    embargo, allí donde babilónicos y judíos
    apelan a la intervención de un creador, el filósofo
    griego no reclama la intervención de una entidad
    sobrenatural. Al formular una explicación racional de la
    multiplicidad de las cosas, sobre la base de la unicidad material
    del mundo Tales abrió una nueva perspectiva que fuera
    seguida por otros filósofos que le sucedieron

     Allí donde Tales creyó ver en
    el agua el origen
    de todas las cosas Anaximandro (611 – 547AC) apela a un
    ente conceptual de máxima generalización: el
    apeirón para definir lo indeterminado o infinito que puede
    asumir la forma de cualquiera de los elementos vitales para el
    hombre, sea el fuego, el aire, el agua, la
    tierra. 

    Para Anaxímenes (570- 500 AC) el elemento
    básico era la Niebla. Las transformaciones de la
    niebla  posibilita  cambios cuantitativos que se
    traducen en lo cualitativo: si la niebla se rarifica da lugar al
    fuego; si por el contrario se condensa, dará lugar
    progresivamente a las nubes, el agua, la
    tierra y las rocas.

    En resumen, la llamada Escuela de Mileto
    no solo implica el trascendental paso de la descripción mitológica a la
    explicación racional del mundo sino que combina una aguda
    observación de los fenómenos
    naturales con una rica reflexión imaginativa.

    La orientación epistemológica de
    Heráclito de Efeso (540 – 475 AC) difiere de sus
    predecesores cuando adopta la posición de ver en el
    cambio la
    principal característica del Universo y, de
    acuerdo con esta visión, proponer al fuego como elemento
    primario, dinámico en los procesos de cambio. En el
    centro de su línea de pensamiento
    nos encontrarnos la dialéctica: la estabilidad de las
    cosas es temporal y refleja la armonía de los contrarios,
    el cambio eterno viene dado por la ruptura de esta
    armonía.

    Con Pitágoras (582 – 500 AC) y sus
    seguidores se aprecia una vuelta a la tradición religiosa.
    La Escuela de
    Pitágoras realiza valiosas contribuciones al desarrollo de
    la Geometría
    y la Astronomía, al tiempo que propone una
    imagen del
    universo
    presidida por concepciones matemáticas que se relacionan con una
    visión mística del ser.

    De entonces parte el debate 
    acerca del método
    conducente al conocimiento verdadero. Mientras la ciencia
    jónica se asentaba sobre la observación de la naturaleza (y la
    razón que la explica), los pitagóricos
    desdeñan el papel de
    los sentidos
    en el
    conocimiento y declaran el imperio de la razón.
    Zenón de Elea (485 – ? AC) representa un momento de máximo
    esplendor en el desarrollo de la argumentación lógica
    planteada originalmente por Parménides (515 – 440
    AC).

    Entre el pensamiento eleático y la escuela de los
    atomistas aparece una figura, Empédocles (493 – 433
    AC), que expresa una tendencia a la recuperación en la
    confianza de los
    sentidos. Este filósofo acepta la idea de
    que la realidad es eterna y se compone de cuatro sustancias
    primarias: fuego, aire, tierra y
    agua.

    Leucipo (450 – 370 AC) y su discípulo
    Demócrito (460 – 370 AC) constituyen los más
    altos representantes de La Escuela Atomista. La hipótesis sobre la naturaleza
    atómica de la sustancia, y la noción que de ella se
    deriva acerca de la composición de las sustancias como
    mezclas de
    diferentes átomos que se diferencian entre sí por
    sus tamaños y formas, resulta una integración en la polémica entre la
    razón y los sentidos. Adviértase que los
    átomos son el resultado de una abstracción
    generalizadora que se convierte en concepto clave
    para explicar la diversidad observada en las propiedades de las
    sustancias.

    Con Platón
    (428 -347AC) se funda la Academia y la filosofía griega
    gira hacia la tradición pitagórica. Platón
    niega el uso de la observación y la experiencia sensible
    como método de
    investigación de la realidad. Su
    retórica se hace incomprensible al admitir que todo
    conocimiento es mero recuerdo (anamnesis).

    El más influyente de los filósofos griegos
    Aristóteles (384 – 322 AC) rompe con
    el universo
    ideal platónico y admite la cognoscibilidad del mundo
    sobre la base de la experiencia y de la razón. Maestro en
    la Academia y luego en el Liceo, cultiva en los discípulos
    no solo la observación, sino también la
    colección de materiales para apoyar el método
    inductivo que desarrollaban en sus investigaciones.
    Su obra incluye las siguientes áreas del saber:
    Lógica, Ética y
    Política,
    Física y Biología.

    La visión aristotélica sobre la tendencia
    en la naturaleza hacia la perfección tendrá
    más tarde una lectura que
    vendrá a justificar la búsqueda de la piedra
    filosofal en el movimiento
    alquimista. Sobre la base de este supuesto, parece razonable
    concebir que el oro, el metal más perfecto, puede ser
    obtenido por transmutación de otro si el artesano pone
    suficiente empeño e inteligencia
    en su labor de laboratorio.

    Se puede advertir que en la cultura de la Grecia antigua
    no se desarrollan ni siquiera las primeras tentativas de estudio
    experimental de las transformaciones químicas. El laboratorio de
    los sabios griegos era fundamentalmente la mente humana. No
    obstante, obtienen resultados sobresalientes en las Matemáticas y la Astronomía que exigieron mediciones y
    comprobaciones experimentales de las hipótesis
    formuladas.

    Con el debilitamiento del Imperio Griego y el
    florecimiento de lo que se llamó los "reinos
    helenísticos" surgió el gran desarrollo de
    Alejandría, ciudad fundada en Egipto por
    Alejandro
    Magno (356 – 323 AC). Bajo los reinados de Ptolomeo I
    (305 – 285 AC) y Ptolomeo II (285 – 246 AC)
    nació y se desarrolló el "Museo" (considerado como
    una relevante universidad),
    adjunto al cual se creó la más importante biblioteca de
    estos tiempos. 

    Es en este momento que aparece un escenario
    histórico propicio para un contacto y posible fusión de
    la maestría egipcia en la experimentación (khemeia)
    con la teoría
    griega pero tal posibilidad no se convirtió en realidad.
    Al parecer el  vínculo estrecho del arte de la
    khemeia  con la religión actuó
    como muralla impenetrable para el necesario intercambio. Muchas
    vueltas daría la Historia para que se diera una
    integración fructífera de ambos conocimientos
    teóricos y
    prácticos.    

    No obstante, aparece como un exponente de la khemeia
    griega, a inicios del siglo III a.C.,  un egipcio
    helenizado, Bolos de Mende. A su pluma se atribuye el primer
    libro, Physica
    et Mystica que aborda como objetivo los
    estudios experimentales para lograr la transmutación de un
    metal en otro, particularmente de plomo o hierro en
    oro. 

    Semejante propósito, que alienta tentativas
    posteriores a lo largo de más de un milenio, encuentra
    fundamento en la doctrina aristotélica de que todo tiende
    a la perfección. Puesto que el oro se consideraba el metal
    perfecto era razonable suponer que otros metales menos
    ‘perfectos’ podrían ser convertidos en oro
    mediante la habilidad y diligencia de un artesano en un taller. Y
    este supuesto, junto al interés
    económico que concita, soporta el campo de acción
    principal de los antecesores de la química que se
    sucedieron en diferentes momentos y culturas hasta el siglo
    XVII.

    Con la desaparición del gran imperio consolidado
    por Alejandro, y el posterior sometimiento de los pueblos greco
    – parlantes al poder de los romanos (Grecia es convertida
    en provincia romana en el 146 AC), quedó seriamente
    comprometido el avance del saber científico.

    El aletargamiento de las ciencias en
    este período se ha relacionado con la falta de
    interés de la cultura romana por los saberes
    científicos – filosóficos. 

    No obstante, se afirma que el emperador tiránico
    romano Calígula (del 37- 41)  apoyó experimentos para
    producir oro a partir del oropimente, un sulfuro de
    arsénico.

    Se ha reportado también que Zósimo de
    Tebas (hacia el 250-300) estudió la acción
    disolvente del ácido sulfúrico sobre los metales.
    Este descubrimiento podría haber resultado la más
    sobresaliente aportación de los romanos pero fue ignorado
    por los que tiempos después continuaron el estudio de las
    transformaciones de las sustancias. Zósimo además
    apreció la liberación de un gas al calentar
    el óxido rojo de mercurio. Más de diez siglos
    pasaron para que esta misma reacción fuera estudiada e
    identificado el gas, el dioxígeno.

    Hacia el año 300 el emperador Diocleciano (283
    – 305) ordenó quemar todos los trabajos egipcios
    relacionados con el arte de la khemeia. Su decisión
    respondía a dos factores: por una parte, temía que
    la khemeia permitiera fabricar oro barato y con ello hundir la
    tambaleante economía del Imperio
    y, por otra se hacía sospechoso el pensamiento pagano
    asociado a la práctica de la khemeia vinculada
    estrechamente con la religión del antiguo
    Egipto. Este
    mismo emperador trató de eliminar el cristianismo,
    pero fracasó; el emperador Teodosio I el Grande (en el
    período de 379 – 395) terminó por fundar un imperio
    cristiano.

    A pesar de esta prohibición se conoce que Hypatia
    (370? – 415) sobresaliente filósofa y matemática
    alejandrina, realizó estudios experimentales en el campo
    de la khemia y desarrolló, entre otros instrumentos, un
    equipo de destilación de agua, que debió ser
    uno de los primeros útiles del stock
    alquimista. Durante casi dos siglos, desde Nerón
    hasta Diocleciano, los cristianos debieron enfrentar una cruel
    persecución. Ahora, una de las primeras mujeres de ciencia
    resultaría mártir de la intolerancia religiosa
    practicada por los cristianos. Se inauguraba así toda una
    época de estancamiento en el mapa europeo.

    Más de 20 siglos antes que Dalton,
    Demócrito propuso la naturaleza atómica de las
    sustancias.

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    La diversidad de las cosas venía dada por las
    diferencias en "los ladrillos indivisibles" que las
    constituían, he aquí su brillante
    abstracción.

    MEDIOEVO Y ALQUIMIA

    La inestabilidad política en el mundo
    romano condujo a que en el año 395 se produjera su
    división en una región occidental y otra oriental.
    Este proceso de desintegración se corona casi un siglo
    más tarde con la ascensión al poder de Odoacro
    (476), bárbaro romanizado, que disuelve el imperio
    occidental dando paso al imperio medieval de los Papas y
    Patriarcas cristianos.

    La influencia del cristianismo
    sobre el lento desarrollo del conocimiento
    científico en todo este período se explica
    atendiendo a los nuevosesquemas de pensamiento que esta
    religión portaba y a los intereses que defendía la
    nueva estructura del poder eclesiástico. Las principales
    preguntas y cuestionamientos que se hicieron los pensadores
    anteriores quedarían encadenadas por un dogma: sólo
    hay conocimiento en Dios y genuina vida en la fe. Se
    pretendió que el hombre cristiano se preocupara más
    por su alma eterna que por sus relaciones con los
    fenómenos naturales y la posible penetración en la
    esencia de los mismos mediante el estudio y el razonamiento.
    Agustín (354 – 430) es uno de los principales
    exponentes de esta corriente filosófica.

    Hasta el cierre definitivo de la Academia en el siglo VI
    por el emperador Justiniano la pálida producción
    del conocimiento filosófico de la época se asocia a
    la traducción de clásicos y al replanteamiento de
    las ideas contenidas en los sistemas de
    Platón y Aristóteles.

    Boecio (47? – 525) aborda un problema con el cual
    se cierra un estadio en el desarrollo del pensamiento occidental
    que se reabriría al debate con
    el renacimiento
    de la cultura: se trata de examinar el grado de realidad o
    significación atribuible a "los géneros y las
    especies", a los conceptos más generales. Tal
    cuestionamiento apunta hacia la prefiguración de dos
    corrientes epistemológicas: el realismo y el
    nominalismo.

    De cualquier modo, paralela a la noche medieval europea,
    resplandeció la cultura árabe, y en el Oriente
    tuvieron lugar desarrollos notables. En el propio contexto
    europeo tuvieron lugar determinados avances y en la segunda etapa
    de este período, Europa occidental
    comenzó a recuperar el liderazgo
    científico.

    A la altura del siglo VII, los ejércitos
    árabes conquistaron extensos territorios del oeste de Asia
    y norte de África.

    La cultura árabe pudo nutrirse en Persia y Egipto
    con restos de la herencia cultural
    griega. Se afirma que obtuvieron de la secta de los nestorianos
    refugiados en Persia numerosas obras de los griegos, incluyendo
    bibliografía sobre la
    khemeia. En árabe la khemia adoptó el nombre de
    al-Kimia y así el  desarrollo de la alquimia
    greco-egipcia estuvo en manos y mentes árabes durante
    cinco siglos.

    Sus contactos con el Asia, le impusieron de los avances
    en el conocimiento chino de diferentes ramas. En particular de
    los desarrollos que lograban con el propósito de obtener
    el oro para elaborar un elíxir de "larga vida". Vuelve a
    ser el oro fuente impulsora del conocimiento prequímico
    pero ahora en una otra dirección: la búsqueda de un
    elíxir de la eterna juventud.
    También los árabes conocieron del descubrimiento
    chino de los materiales pirotécnicos y la pólvora,
    razón por la cual llamaron a las luces de bengala "flechas
    chinas". 

    Lo cierto es que de la asimilación multilateral
    que logran integrar los árabes, florece en Arabia a partir
    del 750 y hasta mediados del siglo XIII una Escuela de
    Farmacia. 

    El primer trabajo de este período, universalmente
    reconocido como un resumen de los conocimientos alquímicos
    acopiados en la época, es la obra de Abu Musa Jabir
    al-Sufi, llamado Geber en Occidente (760 – 815). A
    través de él conocemos que los alquimistas
    árabes trabajaron fundamentalmente con los metales oro y
    mercurio, con los elementos no metálicos arsénico y
    azufre, y con los compuestos formados por sales y ácidos.
    Ellos concebían los metales y en general la diversidad de
    la sustancias como el resultado de la combinación de dos
    principios
    representados por el azufre (sólido, combustible y
    amarillo) y el mercurio (líquido, metálico, y
    volátil). Confiaban en la transmutación de las
    sustancias y aunque sus hipótesis de partida fueran falsas
    iban desarrollando procedimientos
    experimentales para el tratamiento de las sustancias y
    descubrían nuevos productos,
    entre los que cabe mencionar el cloruro de amonio y el carbonato
    de plomo así como la destilación del vinagre para obtener el
    ácido acético concentrado, el ácido
    más empleado a partir de entonces en las recetas y
    digestiones alquimistas.

    Abu Bakr Muhammed Ibn Zakariya Al-Rhazi (Rhazes, 850
    – 925) escribió una verdadera enciclopedia
    médica. Es el primero que inicia las aplicaciones de las
    sustancias químicas en la medicina
    despojado de todo sentido místico al emplear el yeso, de
    acuerdo con sus propiedades, en la inmovilización de los
    huesos
    fracturados. Se le atribuye además el descubrimiento del
    antimonio metálico.

    Abu Ali Al-Hussaín Ibn Sena (Avicena, 979 –
    1037), es considerado por muchos como el médico más
    importante en el período que media entre el Imperio Romano y
    los orígenes de la ciencia moderna. En su famosa obra
    Kitab ash-Shifa (El libro de las
    Curaciones) proclama como el principal objetivo de la alquimia la
    preparación de sustancias para combatir las enfermedades y declara
    estéril el estudio de la transmutación de los
    metales en oro.

    Después de Avicena vendría el ocaso del
    mundo árabe, como resultado de las invasiones de turcos y
    mongoles.

    A finales del siglo VIII el emperador Carlo Magno (742
    – 814), ordena la creación de escuelas destinadas a
    enseñar rudimentos de lectura,
    aritmética y gramática. Se abren escuelas anexas a las
    catedrales e iglesias de las poblaciones más importantes,
    gestándose para la época una verdadera revolución
    educativa. Si embargo hasta bien entrado el siglo XI no
    existía una educación que pudiera
    salir de un nivel elemental.

    En el siglo XII comenzó un reencuentro con el
    saber antiguo. Se advierte una reactivación de los
    viajes y el
    florecimiento de relaciones comerciales estrechas entre el
    occidente y el oriente.

    La naturaleza de los contactos con el Oriente tienen
    otra expresión en las Cruzadas que se iniciaran con la
    proclama lanzada por el papa Urbano II en 1095 y en la
    reconquista que llevan a cabo los cristianos españoles de
    los territorios perdidos ante el Islam.

    Gerardo de Cremona (1114 – 87), instalado en
    Toledo durante buena parte de su vida, contribuyó con su
    obra a la traducción de más de noventa tratados
    árabes.  

    Es en este marco histórico que se fundan las
    primeras universidades europeas con el propósito de servir
    de instrumento para la expansión de los nuevos
    conocimientos y transmitir la herencia cultural a las nuevas
    generaciones.  En el trividium de  teología,
    derecho y medicina que dominara el currículo universitario, la medicina se
    erigía como la disciplina que
    demandaba el desarrollo de estudios experimentales. Pronto,
    célebres Doctores serían los impulsores de la
    alquimia europea.

    Alberto Magno (1200 – 1280) es considerado el
    primer alquimista europeo. A sus trabajos se debe el
    descubrimiento del arsénico en forma casi pura y algunos
    le atribuyen, de forma compartida, los estudios sobre la mezcla
    explosiva de nitrato de potasio, carbón vegetal y azufre
    (pólvora).

    Se le reconoce a Alberto Magno, ser uno de los
    artífices de la doctrina de "la doble verdad". La
    solución al debate entre la razón y la fe
    debió pasar por el filtro ideológico que admitiera
    al hombre la posibilidad y capacidad de estudiar el escenario
    natural creado por Dios, abriendo un espacio a la
    "filosofía de la naturaleza". De cualquier manera, no
    cesaría la censura del poder eclesiástico que
    obstaculizó el desarrollo y en ocasiones condujo a
    sanciones de prisión y horrendos
    crímenes.

    Roger Bacon (1212 – 1294), fue como Alberto sacerdote, y
    como a él se le atribuyó también resultados
    con mezclas
    explosivas del tipo de la pólvora. Poco después,
    apenas iniciado el siglo XIV otro monje, Berthold Schwarz,
    describió el método de utilizar la pólvora
    para impulsar un proyectil con lo cual se inicia su negra
    aplicación en la guerra.

    Pero Bacon no corrió igual suerte que su
    contemporáneo. En 1278 el que fuera más tarde Papa
    Nicolás IV prohibió la lectura de
    sus libros y
    ordenó su encarcelamiento que se extendió durante
    10 años. Su obra mayor Opus Malus se editó y
    publicó en el siglo XVIII.    

    El más importante de los alquimistas europeos que
    firmaba sus documentos como
    Geber (el famoso alquimista árabe que viviera dos siglos
    antes) fue el primero en describir, hacia el año 1300, la
    forma de preparar dos ácidos
    fuertes minerales: el ácido sulfúrico y el
    ácido nítrico. Poco tiempo después de Geber
    el estudio de la alquimia, por segunda vez en la historia,
    sería prohibido. En esta ocasión corresponde al
    Papa Juan XXII (Papa de 1316 al 1334) declararlo anatema.
    Sobrevendrían largos años de silencio o acaso de
    clandestinidad de la alquimia que de tal suerte no pudiera llegar
    hasta nosotros.

    Los tres procesos más importantes de los siglos
    XV y XVI fueron:

    • El Renacimiento
      que representó un redescubrimiento del saber griego y
      alentó un espíritu de confrontación con
      las viejas ideas.
    • El descubrimiento de nuevas rutas marítimas
      que lograron la expansión de un comercio
      creciente condicionado por el surgimiento de la economía
      capitalista,  y la conquista de "un nuevo
      mundo". 
    • El desarrollo de los intereses nacionales que diera
      origen al nacimiento de los estados. Estos intereses
      económicos se reflejaron en el movimiento
      de las reformas religiosas (siglo XVI) que condujo a una
      flexibilización del control de
      la Iglesia
      sobre el proceso de construcción del
      conocimiento.

    Además, fueron acontecimientos
    importantes:

    • La toma de Constantinopla por los turcos (1453) que
      significa la caída del último reducto de la
      herencia cultural grecorromana y el éxodo de los
      eruditos que trasladan consigo hacia Europa numerosas fuentes del
      antiguo saber griego.    
    • La inauguración de la primera imprenta
      práctica por Johan Gutenberg (1397 – 1468) con lo
      cual se alcanza una reproducción y difusión  del
      conocimiento escrito no imaginado en épocas
      anteriores.

    En este telón de fondo social, corresponde al
    siglo XVI la consolidación como campo de acción de
    la alquimia la búsqueda de sustancias para fines
    medicinales.

    Los médicos continuaron siendo en esta
    época los aliados del desarrollo de la alquimia. Los
    más sobresalientes representantes de este nuevo movimiento
    europeo, que tiene sus antecedentes en la Farmacia árabe,
    fueron el alemán, G. Bauer (conocido como Georgius
    Agrícola, 1494 – 1555) y el suizo, T. Bombastus
    (Paracelso, 1493 – 1541)  .

    Agrícola escribió un tratado, "De Re
    Metallica" que recoge los principales aportes de los alquimistas
    en el estudio de las transformaciones de los minerales y
    constituye un compendio de la alquimia aplicada en el campo de la
    mineralogía. Supo lidiar el trabajo investigativo con la
    política y al morir era alcalde de su ciudad,
    Chemnitz.

    Paracelso, funda una escuela que pretende estudiar los
    métodos de
    preparación de minerales con fines medicinales y niega la
    posibilidad de la transmutación de los metales. La piedra
    filosofal es reconceptualizada como el elíxir de la vida.
    Utilizó el azufre y el mercurio en la elaboración
    de preparados para combatir la sífilis y
    el bocio. Una aportación concreta de Paracelso al
    desarrollo de la alquimia viene dado por su descubrimiento del
    zinc metálico.

    Andreas Libavius (1540? – 1616) cierra el siglo
    XVI con la publicación de su libro "Alchemia" que resume
    los logros de la alquimia medieval en un lenguaje claro
    y limpio de todo misticismo. Fue el primero en describir la forma
    de preparar el tercer ácido fuerte mineral, el
    ácido clorhídrico y la mezcla que atacaría
    al oro y recibiría el nombre de agua regia. Libavius
    compartía el criterio de Paracelso sobre la función
    principal de la alquimia, pero reconocía la posibilidad de
    la transmutación de los metales.

    Mientras la alquimia agoniza para dar paso a una ciencia
    experimental,  la física había profundizado en
    la modelación del movimiento mecánico de los
    cuerpos y se preparaba el camino para cristalizar la obra de
    Newton en el
    siglo XVII  "Philosophiae Naturalis Principia Mathematica".
    Toda la Ciencia posterior iba a recibir su impacto…

    Aristóteles, el más influyente de los
    filósofos griegos, legó una doctrina
    que sirvió de aliento durante siglos al movimiento
    alquimista. La tendencia a la perfección debería
    permitir que, en el laboratorio de los alquimistas, los metales
    comunes se transformaran en el metal que simboliza la
    perfección: el oro.

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    La creación de una escuela en torno a la cual
    se agrupara una comunidad de
    "sabios" con sus discípulos para alimentar el debate y
    propiciar la transmisión y enriquecimiento de
    los conocimientos, nació en Atenas con
    instituciones
    como la Academia que sobrevive durante siglos hasta la primera
    etapa del Medioevo, cuando el emperador Justiniano ordena en el
    siglo VI su definitivo cierre.

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    Hypatia, filósofa de Alejandría en el
    período de  decadencia del Imperio
    romano,   fue víctima de un horrible crimen
    de extremistas cristianos un siglo después que los paganos
    asesinaran a  Catalina, una erudita alejandrina
    cristiana.  La intolerancia religiosa de uno y otro
    bando ha perseguido el camino del hombre y cobrado
    víctimas sin reconocer privilegio de género. 

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    M.Sc. Rolando Delgado
    Castillo.
    Profesor de la Universidad
    de Cienfuegos. Cuba.

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