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Los Dictadores en América Latina




Enviado por arianagaribay



    1. Antecedentes.
    2. Desarrollo
    3. Conclusión.
    4. Fuentes de
      información.

    INTRODUCCIÓN.

    En la antigua Roma, cuando la
    república debía enfrentarse a situaciones de
    extrema gravedad, los cónsules designaban a un dictador
    que asumía todos los poderes hasta el restablecimiento de
    la normalidad. Tras el surgimiento de las modernas democracias en
    el siglo XIX, el término de la dictadura
    volvió a ser utilizado, esta vez para designar aquellos
    regímenes políticos cuya legitimación no se
    fundamentaba en el modelo
    democrático liberal.

    Se llama dictadura o régimen autoritario a una
    forma de organización política según
    la cual el poder
    está encarnado en una persona o en un
    pequeño número de personas, que lo ejercen de forma
    absoluta. Tal sistema
    político recibe también, a veces, la
    denominación de totalitario, si bien el concepto de
    totalitarismo se ha utilizado más estrictamente para
    designar a movimientos ideológicos en que la persona y la
    sociedad se
    subordinan al estado, como
    sucedió en el fascismo
    italiano, el nacionalsocialismo alemán o el socialismo
    estalinista.

    Por lo general de un régimen dictatorial suele
    ser el resultado de un proceso de
    profunda convulsión social, provocada por una
    situación revolucionaria o por una guerra, y se
    produce normalmente por medio de un movimiento
    militar contra las estructuras
    del poder anteriormente establecido, movimiento que adopta la
    forma de golpe de estado.
    En unos casos, tal movimiento militar se produce en defensa de
    los intereses de los grupos
    minoritarios del estado; en otros, en apoyo de sectores
    más amplios.

    En ocasiones, el origen de un régimen dictatorial
    no se halla en un golpe militar, sino en un golpe de estado
    político, llevado a cabo desde las propias estructuras del
    sistema que se pretende abolir. Tal fue el caso de la dictadura
    nazi impuesta por Adolf Hitler en
    Alemania o el
    de la dictadura fascista de Benito Mussolini en Italia. La
    debilidad de las instituciones
    es aprovechada en estos casos para imponer la atribución
    explícita del poder político a un partido de
    talante no democrático, que ya a impuesto
    socialmente su prepotencia.

    Los estados dictatoriales han buscado su
    legitimación en teorías
    como la del "caudillaje", según la cual en determinadas
    épocas históricas surgen en algunas comunidades
    personas dotadas de un especial carisma o dotes providenciales y
    destinadas a conducir a la nación
    hacia determinados objetivos de
    valor
    trascendente. En otros casos, estos regímenes se han
    dotado de formas democráticas que aceptan, incluso, la
    existencia de partidos
    políticos afines, así como la
    celebración periódica de elecciones, ganadas
    invariablemente por aquellos mismos que las convocan.

    Además de las habituales medidas policiales o de
    fuerza que
    utilizan para asegurar su mantenimiento
    en el poder, las dictaduras suelen recurrir también, de
    manera sistemática, a la propaganda
    política y al culto a la
    personalidad del máximo dirigente como medio eficaz de
    asegurarse el apoyo activo de la población.

    En América
    Latina, pese a la poderosa influencia que en su origen y
    posterior configuración tuvieron las ideas de la revolución
    francesa, numerosos países latinoamericanos vivieron
    desde su nacimiento largos períodos de anormalidad
    democrática. El siglo XIX presenció el surgimiento
    de numerosos caudillos que, desde provincias o regiones
    periféricas, se rebelaron contra los débiles
    gobiernos centrales y se hicieron con el control
    político de sus respectivos países. Son ejemplos
    destacados del caudillismo
    decimonónico Juan Manuel de Rosas en la
    Argentina,
    José Gaspar Rodríguez de Francia en
    Paraguay y
    Antonio López de Santa Anna en México. Ya
    en el siglo XX, la instauración de regímenes
    dictatoriales respondió en general a situaciones
    nacionales de mayor complejidad en las que las motivaciones
    personales de quienes dirigieron los levantamientos
    desempeñaron un papel no
    exclusivo.

    ANTECEDENTES.

    Guerra de independencia:
    lucha armada, guerra civil…

    La Guerra de Independencia de los pueblos
    hispanoamericanos fue cruel, encarnizada, y puso de manifiesto
    las luchas internas de poder entre la élite criolla. La
    clase dominante se fraccionó en distintos grupos de poder:
    patriotas realistas, centralistas, federalistas, moderados,
    liberales y conservadores. Por ejemplo, en Chile, el
    Congreso Nacional estaba dividido en grupos: moderados e
    independentistas (encabezados por Bernardo O'Higgins). En
    Venezuela, el
    Congreso Nacional mostró, también, diferencias
    entre los grupos políticos, sin embargo, los grupos a
    favor de la independencia dominaron. Francisco de Miranda y
    Simón Bolívar (ambos independentistas) organizaron,
    en 1810, la Sociedad Patriótica, con el fin de lograr la
    separación. Venezuela declaró la independencia en
    1811, y redactó una constitución que adoptó la forma de
    gobierno
    republicano y federal, similar a la Constitución de
    Estados
    Unidos. Los conflictos
    internos y la movilización de las fuerzas españolas
    sofocaron y suprimieron la Primera República de Venezuela.
    Ante el fracaso venezolano, y las pocas posibilidades de lograr
    el apoyo de Nueva Granada para la recuperación de
    Venezuela, Bolívar decidió exilarse en
    Jamaica.

    En México, los sectores populares más
    afectados por las luchas entre criollos y peninsulares fueron los
    indios y los mestizos. Ante las pésimas condiciones
    sociales y económicas del campesino indígena, el
    padre Miguel Hidalgo
    se levantó en rebelión, en 1810. El Grito de
    Dolores inició la guerra de independencia de
    México. Este movimiento era esencialmente
    indígena y campesino, y careció del apoyo de los
    sectores dominantes como la iglesia y la
    elite criolla. Ante la derrota y muerte de
    Hidalgo, en 1811, José María Morelos retomó
    la lucha armada. Para 1813, éste convocó el
    Congreso de Chilpancingo, y planteó la independencia
    absoluta de México. La causa libertaria de Morelos
    quedó truncada, en 1815, al ser capturado y
    ejecutado.

    En la región de La Plata (Buenos Aires), la
    lucha entre criollos y peninsulares se vio afectada por otra
    fuerza externa que ejerció presión
    sobre la región: Inglaterra. En
    los años de 1806 y 1807, La Plata fue ocupada por
    Inglaterra. Esta ocupación provocó una crisis en
    la
    administración colonial, pero, también,
    estimuló el espíritu nacionalista de los
    porteños, y puso de relieve la
    fragilidad del imperio español.
    La única colonia en Sur América que mantuvo la
    adhesión y lealtad a España fue
    Perú. Razones de tipo social y racial contribuyeron a este
    hecho: la clase criolla peruana prefirió mantener la
    lealtad a España ante el temor de una alianza entre los
    mestizos y los indios, que eran numéricamente superiores a
    ellos, pues dicha alianza podía poner en peligro sus
    intereses económicos y sociales.

    En el Caribe, Puerto Rico y
    Cuba
    también permanecieron leales a España. Sin embargo,
    en ambas islas, comenzó a perfilarse un movimiento a favor
    de la independencia. En Puerto Rico, por ejemplo, hubo una gran
    simpatía hacia la causa libertaria, y el pueblo
    puertorriqueño se negó a participar militarmente en
    contra de los hermanos latinoamericanos. Ante la solidaridad
    manifiesta de Cuba y Puerto Rico a la guerra de independencia,
    España decidió reforzar el sistema represivo en las
    islas con el fin de evitar levantamientos revolucionarios, y
    logró retener las islas.

    Las colonias centroamericanas también se
    rebelaron contra España. De hecho, la primera provincia en
    declarar su independencia fue El Salvador. Al contrario de
    México, la rebelión centroamericana fue
    fundamentalmente elitista, y tuvo poca participación de
    los sectores populares. En 1823, el reino de Guatemala
    -compuesto por Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y
    Costa Rica
    declaró la independencia y en 1824,se organizó la
    República Federal Centroamericana. No obstante, la
    República Federal Centroamericana enfrentó serias
    dificultades que la llevaron finalmente al rompimiento que dio
    origen a las naciones que conocemos hoy. Para 1815,
    parecía que el movimiento independentista de las colonias
    españolas había fracasado. En 1816, las fuerzas
    expedicionarias de Pablo Morillo reprimieron con dureza a Nueva
    Granada y Venezuela. A pesar de la reacción
    antirevolucionaria, comenzaron a resurgir fuerzas de resistencia, como
    las guerrillas. El movimiento independentista renació con
    el gran triunfo de la batalla de Boyacá, con el cual se
    liberó Nueva Granada, y se proclamó la
    formación de la República de la Gran Colombia,
    compuesta por Venezuela, Nueva Granada y Ecuador.
    Bolívar encargó la tarea de libertar al Ecuador al
    general Antonio José de Sucre, y ésta se
    completó en 1822.

    Mientras la lucha bolivariana se recrudeció en el
    norte de Sur América, en Chile, las fuerzas realistas
    dominaban la región, y correspondió a José
    de San Martín la liberación de este país. En
    la batalla de Chacabuco, de 1817, San Martín
    derrotó a los españoles, pero fue en la batalla de
    Maipú cuando San Martín logró la
    independencia de la región. El triunfo revolucionario en
    Chile permitió el establecimiento de un gobierno
    encabezado por O'Higgins, y con su apoyo, San Martín
    preparó la campaña para conquistar Perú. En
    ese mismo año, Agustín de Iturbide, en
    México, proclamó el Plan de Iguala,
    que declaró la independencia de México. El
    encuentro de Bolívar y San Martín se produjo en
    Guayaquil. Como resultado de la entrevista,
    San Martín renunció a sus cargos, volvió a
    Chile, y emigró definitivamente a Europa,
    Bolívar recurrió a Sucre para la liberación
    del Alto Perú. La batalla de Ayacucho puso fin a las
    guerras de
    independencia, y, con la independencia del Alto Perú,
    nació Bolivia.

    Al contrario de las guerras de Independencia de las
    colonias españolas, la independencia de Brasil no fue tan
    devastadora. Brasil se convirtió en la sede del gobierno
    portugués cuando Napoleón ocupó Portugal, y esta
    presencia fue importante en el desarrollo de
    la colonia: Río de Janeiro creció y se
    fortaleció económicamente, y Portugal
    permitió reformas económicas en Brasil que
    beneficiaron a los comerciantes brasileños. En el aspecto
    político, Brasil era regido como un estado
    autónomo; no obstante, en 1820, se produjo, en Portugal,
    un levantamiento que exigió la convocación a cortes
    y el retorno del rey Joao VI. Ante el retorno del rey, las cortes
    propusieron revocar el gobierno autónomo de Brasil, y esta
    situación provocó que el heredero al trono de
    Portugal, Pedro de Braganza -radicado en Brasil- se pronunciara
    en contra del gobierno de Portugal. Este determinó
    levantarse en rebelión, declaró la independencia, y
    se convirtió en el primer emperador de Brasil.

    Efectos de la guerra

    La lucha por la independencia tuvo serias implicaciones
    en los recién independizados territorios: la independencia
    no aseguró el fin de las guerras civiles, y los conflictos
    regionales se agudizaron luego de la guerra. Las tensiones
    sociales y raciales prevalecientes durante la guerra polarizaron
    las sociedades de
    los nuevos países. El poder político de las
    naciones independizadas fue débil, y promovió el
    desarrollo del caudillismo. Aunque la guerra terminó con
    el monopolio
    español, las naciones latinoamericanas quedaron a merced
    de la influencia económica de Estados Unidos e Inglaterra,
    que dominaban el mercado
    atlántico. Esto representó un problema adicional,
    pues el fuerte desarrollo
    económico de los norteamericanos resultaba demasiado
    competitivo para los países recién independizados.
    Además, en ellos, prevalecía un clima de
    confusión, desorganización e inestabilidad. Luego
    de la independencia, las naciones latinoamericanas atravesaron
    serias dificultades de tipo político y económico
    que más bien generaron la disgresión de los
    estados. Además, las potencias extranjeras (como Estados
    Unidos) veían con gran recelo la unidad latinoamericana,
    pues podía poner en peligro sus intereses sobre la
    región.

    Después de la independencia, Guatemala
    buscó apoyo en México como aliado para poder
    mantener la oligarquía en el poder. Gabino Gaínza
    declaró su anexión a México e
    inmediatamente, Iturbide envió un ejército al mando
    del general Vicente Filísola, que fue muy bien recibido en
    la capital del
    reino. Pero se produjo una disensión: El Salvador se
    sublevó contra los mexicanos, y el ejército de
    Filísola se dirigió hacia aquella provincia, a la
    cual pudo someter. A la caída de Iturbide, Filísola
    volvió a Guatemala, donde la situación había
    cambiado, y se encontró muchos más partidarios de
    la separación de México y de una independencia
    total. Propuso convocar un congreso para decidir lo que
    había de hacerse. El congreso, reunido el 24 de junio de
    1823 en Guatemala, declaró la independencia total. El
    reino de Guatemala pasó a llamarse Provincias Unidas de
    Centroamérica, y se nombró un gobierno provisional
    de tres miembros, encabezado por el doctor Pedro Molina, con la
    misión
    de redactar una constitución.

    Cuando se redactó la constitución, de
    influencia norteamericana, en noviembre de 1824, el país
    pasó a llamarse República Federal Centroamericana.
    Esta estaba formada por cinco estados, que tenían, a su
    vez, poderes ejecutivos, legislativos y judiciales completamente
    autónomos dentro de sus límites
    territoriales. Las luchas de las oligarquías provinciales
    para mantenerse en el poder, y la de todos contra el intento
    centralizador de Guatemala, donde residía el gobierno
    nacional, llevaron a la disolución de la
    federación. El presidente, Manuel Arce, y el gobernador de
    cada provincia (en Costa Rica, Juan Mora Fernández; en
    Nicaragua, Manuel Antonio de la Cerda; en Honduras, Dionisio
    Herrera; en El Salvador, Juan Vicente Villacorta; en Guatemala,
    Juan Barrundia), todos ellos pertenecientes a la
    oligarquía terrateniente, organizaron gobiernos
    provinciales fuertes y poco a poco fueron separándose del
    gobierno central. Nicaragua, Honduras y Costa Rica se declararon
    independientes en 1838, Guatemala, en 1839, y El Salvador se
    independizó en 1841.

    Comienzo de la vida independiente

    Al concluir el siglo XIX, América Latina
    quedó dividida en 19 naciones y unos territorios
    incorporados, inmersos en un proceso de formación de
    nacionalidades que se caracterizará por la violencia que
    generará la política de los recién nacidos
    países, en torno a asuntos
    tales como la anarquía, los gobiernos dictatoriales y la
    definición de fronteras. Prácticamente todos los
    países latinoamericanos, menos Brasil, tendrán
    conflictos de esta naturaleza. La
    inexperiencia política de los criollos, junto con las
    luchas civiles y la ambición imperialista de otros
    países, propiciará la intervención continua
    de potencias extranjeras como los Estados Unidos e Inglaterra.
    Esta intervención será el precio que
    habrá que pagar por irse incorporando a la economía mundial, y
    al capitalismo
    europeo, en especial, con Inglaterra.

    Al concluir el proceso de liberación, cada una de
    las nuevas naciones se inició en el ejercicio de la vida
    independiente en circunstancias muy variadas. Por ejemplo,
    México sobresale por la complejidad y variedad de los
    problemas que
    tuvo que enfrentar, análogos a los que sufrió
    durante su vida colonial. Además, su posición
    geográfica lo coloca en una situación conflictiva,
    pues es, también, la frontera norte de América
    Latina, y el punto más propicio para la penetración
    de los países que quisieron apoderarse del control que
    había perdido España. En otros países, los
    procesos
    fueron menos intensos, más localistas, o más
    uniformes.

    México

    México inicia su vida independiente bajo el
    imperio de Iturbide, en 1821 pero, en 1824, promulgó su
    constitución, y se creó la República Federal
    de los Estados Unidos Mexicanos. Surgen dos bandos: los
    centralistas y los federalistas, quienes se debatirán el
    poder durante casi dos décadas. Durante la decada de 1830,
    ante la creciente inmigración de estadounidenses al
    territorio de Texas, el presidente Santa Anna ordena las
    fronteras texanas, por lo que surgió el conflicto de
    Texas: los texanos se declararon independientes, y Santa Anna
    atacó la región para reintegrarla a México.
    Logró su primera victoria en El Alamo pero, más
    tarde, fue derrotado. Como resultado, Estados Unidos se
    apoderó del territorio de Nuevo México y la Alta
    California. En un segundo enfrentamiento, los norteamericanos
    invadieron México. El tratado Guadalupe-Hidalgo
    devolvió la paz: México cedió el territorio
    desde el Río Grande hasta el Pacífico, y
    recibió 15 millones de dólares como
    indemnización.

    Tras años de continuas luchas por el poder, Santa
    Anna (caudillo del pueblo) respaldado por el clero y los grandes
    terratenientes regresó al gobierno, y se convirtió
    en dictador. Benito Juárez y otros líderes se
    rebelaron contra la dictadura de Santa Anna, quien fue derrotado
    y se exilió en Colombia en 1857. Surgieron nuevos ideales
    de reforma: separar la Iglesia y el Estado;
    secularizar la educación; reducir
    el poderío económico de la iglesia
    quitándole los bienes;
    impulsar la economía, y establecer un sistema de justicia
    apoyado por legislación aprobada por una asamblea
    representativa.

    Se promulgó una nueva constitución en
    1857, y Juárez asumió el poder. Dicha
    constitución prohibía la esclavitud y las
    propiedades de la Iglesia: concedía la libertad de
    prensa;
    eliminaba los monopolios y establecía un gobierno
    democrático representativo.

    Chile

    La República de Chile comenzó su vida
    independiente en medio de una gran desorganización
    administrativa. El pueblo veía el cuerpo militar como la
    única salvación. Bernardo O'Higgins fue designado
    director del país. Su administración provocó malestar
    entre el pueblo, al eliminar los títulos nobiliarios, e
    intervenir en los asuntos eclesiásticos. Fundó
    escuelas y la biblioteca
    nacional. Tras ser obligado a renunciar, el país
    atravesó una época de anarquía durante la
    cual se abolió la esclavitud. La constitución de
    1826 dividió al país en ocho provincias. Con la
    subida de Prieto al poder, comenzó una época de
    progreso y de orden. Se les concedió el voto a los varones
    mayores de veinticinco años que supieran leer y escribir,
    y, además, tuvieran propiedades. De 1841 a 1851,
    comenzó la expansión del comercio de
    las minas de cobre. Con
    Manuel Montt, el déspota ilustrado, el país
    continuó su acelerado progreso económico y
    cultural.

    Argentina

    Fuertes luchas por lograr la unificación
    territorial de las diferentes regiones argentinas entre
    federalistas y centralistas iniciaron la vida independiente de la
    república. Se convocó un congreso en Tucumán
    como último intento por salvar la unión pero no
    tuvo efecto. En 1829, se eligió gobernante a Manuel de
    Rosas, verdadero caudillo del pueblo. Rosas procuró
    equilibrar las diferentes clases
    sociales mientras dominó con mano férrea. En
    1852, se presentó una constitución que integraba en
    un país a todas las regiones del antiguo Virreino de la
    Plata, hecho que trajo como consecuencia otra guerra civil, ante
    el rechazo que el documento sufrió entre algunos sectores
    que se oponían a la integración de un gobierno central.
    Bartolomé Mitre asumió el poder, seguido por
    Domingo Faustino Sarmiento, y otra guerra civil. En 1880, Buenos
    Aires fue proclamada capital de la república. A partir de
    entonces, se terminó la guerra con los indios, se
    ocupó y colonizó el desierto, se construyeron
    líneas ferrocarrileras, se fomentó la agricultura,
    se establecieron el matrimonio civil
    y la ley de educación.

    Cuba

    Cuba continuó siendo colonia española
    hasta 1898, cuando pasó a ser posesión de los
    Estados Unidos, durante la Guerra Hispanoamericana. El
    sentimiento separatista se había hecho sentir en la isla,
    pero Cuba siguió luchando su independencia y la
    consiguió.

    Problemas fundamentales de la vida
    independiente

    Durante el siglo XIX, los gobiernos de los países
    recién independizados se vieron influidos por las fuerzas
    militares, la sucesión dinástica en el gobierno,
    las técnicas
    de gobierno no delimitadas, los golpes de estado, el exilio de
    los ciudadanos más capaces, y el constante fracaso de las
    constituciones

    En el momento de tomar las riendas de los nuevos estados
    americanos, el elemento criollo no estaba preparado para dirigir
    el país. Las guerras de independencia fueron encabezadas
    por hombres dedicados a la carrera militar, que dominaban las
    técnicas de mando pero que apenas poseían
    cualidades o principios de
    administración
    pública. Como consecuencia de sus victorias militares,
    controlaron las masas populares, y fueron convirtiéndose
    en caudillos del pueblo, como Simón Bolívar y
    José de San Martín. Hubo líderes buenos y
    malos, pertenecientes a todas las clases sociales, del pueblo o
    de la clase alta, pero todos con algo en común: su
    preocupación por la patria. La mayoría de las
    veces, empezaron luchando por causas nobles, aunque terminaran
    imponiendo su voluntad, por fuerza o por doctrina, para
    mantenerse en el poder.

    El dictador, por lo general, llegaba al poder
    después de derrocar el régimen existente. Las
    dictaduras toman auge en América Latina en las
    cercanías del siglo XIX.

    La diferencia entre ambos líderes, el caudillo y
    el dictador, estriba en la forma en que llegan al poder: el
    caudillo recibía el apoyo de las masas del pueblo, era un
    líder
    natural, y tenía grandes sectores del pueblo
    incondicionalmente a sus órdenes. Por el contrario, el
    dictador era un líder que se apoyaba en las fuerzas
    militares para ejercer el control de la región. Su
    gobierno, tiránico y totalitario, menospreciaba o ignoraba
    el poder
    legislativo. Tanto uno como el otro promovieron inestabilidad
    política durante los años posteriores a la
    independencia.

    La única excepción fue Brasil ya que, una
    vez logró su independencia de Portugal, llevó una
    vida pacífica libre de dictaduras durante todo el siglo
    XIX. Esta situación permitió al país iniciar
    una vida independiente más productiva que la de otras
    regiones. Como resultado, el desarrollo económico que
    alcanzó el país durante el siglo XIX fue más
    sólido.

    En el siglo XX

    México

    El 18 de Julio de 1872 fallece el presidente Lic. Benito
    Juárez, declarado Benemérito de las
    Américas, y, tras de ocupar la Presidencia de la
    República el Lic. Sebastián Lerdo de Tejada, se
    proclama el plan de Tuxtepec y el 28 de Noviembre de 1876 asume
    la Presidencia por primera vez el Gral. don Porfirio Díaz,
    quien, olvidándose de las viejas causas liberales por las
    cuales combatiera tan brillantemente, principia por establecer
    una dictadura patriarcal, que si bien da al país 30
    años de paz, pronto degenera y crea una casta de
    privilegiados que se confabulan con la aristocracia de caciques,
    hacendados y latifundistas que explotan y oprimen al
    pueblo.

    Por un período muy corto está en la
    presidencia Manuel González y en 1880 regresa Porfirio
    Díaz a ocuparla nuevamente. En las siguiente elecciones
    estaban, Francisco I. Madero candidato del Partido
    Antireleccionista en contra de Porfirio Díaz y Madero fue
    hecho prisionero en San Luis Potosí mientras se realizaban
    las elecciones.

    Díaz se reeligió y Madero escapó de
    la cárcel y se refugio en San Antonio, Texas donde dio a
    conocer el Plan de San Luis. En él declara nulas las
    elecciones desconocía al régimen de Díaz,
    exigía el sufragio efectivo y la no reelección y,
    señalaba el 20 de Noviembre
    de 1910 para que el pueblo se levantara en armas contra el
    tirano.

    Al llamado Plan de San Luis, se pronunciaron hombres
    como Pascual Orozco, Pancho Villa, Emiliano Zapata
    etc. La insurreción se extendió poco a poco por
    todo el País. En Mayo de 1911 cayó Ciudad
    Juárez en poder de los maderístas. Debilitado el
    gobierno de Díaz entra en negociaciones y el 25 del mismo
    mes el dictador presentó su renuncia y abandonó el
    país el 25 de mayo de 1911.

    La revolución
    Maderista del 20 de noviembre de 1910 derrotó al dictador
    Porfirio Díaz y logró sentar en la Presidencia con
    sufragios efectivos a don Francisco I. Madero. En Coahuila don
    Pablo González, el viejo magonista, y estando de acuerdo
    con don Francisco I. Madero y con Venustiano Carranza para
    lanzarse contra la Dictadura Porfirista, lo hizo
    pronunciándose al grito de "!Viva Madero!" el 22 de enero
    de 1911 en el Puerto del Carmen, del Municipio de Nadadores,
    Coahuila, al frente de muchos después connotados jefes
    como Francisco Murguía, Cesáreo Castro, Idelfonso
    V. Vázquez, Teodoro Elizondo y muchos
    más.

    Francisco I. Madero inmaculado prócer y
    mártir de la democracia a
    partir de los Tratados de
    Ciudad Juárez del 10 de mayo de 1911 y con la renuncia de
    don Porfirio Díaz, dejó como presidente interino al
    Lic. Francisco León de la Barra y al antiguo
    Ejército Federal porfirista según acuerdos en pie,
    error tremendo que criticó don Venustiano Carranza:
    "Revolución que tranza, Revolución que se
    pierde".

    Por otra parte, los Porfiristas reclamaban sus antiguos
    privilegios; los zapatistas exigían el reparto de tierras;
    la prensa lo atacaba a diario y las rebeliones de Félix
    Díaz y Bernardo Reyes, independientes entre sí,
    confluyeron en la llamada Decena Trágica para asentarle el
    golpe definitivo a Madero.

    Chile

    En 1946 ganó las elecciones Gabriel
    González Videla, líder del Partido Radical, apoyado
    por una coalición de izquierda cuyos principales
    componentes eran su propia agrupación y el Partido
    Comunista. Videla nombró a tres comunistas para ocupar
    carteras ministeriales, pero la coalición consiguió
    mantenerse apenas seis meses, ya que los ministros comunistas,
    con frecuencia enfrentados con los demás miembros del
    gabinete, fueron destituidos en abril de 1947. Hacia finales del
    mismo año, Chile rompió relaciones
    diplomáticas con la Unión Soviética. En 1948
    centenares de comunistas fueron encarcelados en virtud de la Ley
    de Defensa Permanente de la Democracia, que proscribió al
    Partido Comunista. Poco después fue sofocada una
    rebelión militar encabezada por el antiguo presidente
    Ibáñez. Durante los años siguientes fueron
    frecuentes las manifestaciones sociales y sindicales. En 1951 se
    produjeron huelgas en casi todos los sectores de la
    economía. Al año siguiente, la reacción
    popular contra los partidos tradicionales tuvo como consecuencia
    la elección del general independiente Carlos
    Ibáñez, quien restauró el orden en cierta
    medida, aunque no pudo solucionar los problemas económicos
    y sociales. En 1958 asumió la presidencia Jorge
    Alessandri, y propuso un plan de diez años que
    establecía reformas fiscales, proyectos de
    infraestructura y la reforma
    agraria. En 1964 rompió relaciones diplomáticas
    con Cuba, aunque restableció los vínculos con la
    Unión Soviética. En 1960, un maremoto y un
    terremoto sacudieron al país provocando enormes
    daños y miles de muertos, especialmente en la zona de
    Valdivia. En las elecciones presidenciales de 1964, el antiguo
    senador Eduardo Frei Montalva, candidato de la centrista
    Democracia Cristiana, derrotó a una coalición de
    izquierdas. Las importantes reformas de Frei, como la
    nacionalización parcial del sector del cobre (la
    denominada ‘chilenización del cobre’),
    provocaron la insatisfacción de algunos sectores de la
    derecha, lo que desembocó en una violenta oposición
    política. Al aproximarse las elecciones presidenciales de
    1970, la oposición de izquierda se coaligó en la
    Unidad Popular. Nombró candidato a Salvador Allende
    quién ganó las elecciones y comenzó
    rápidamente a cumplir sus promesas electorales, orientando
    al país hacia el socialismo (con su popular lema
    "vía chilena al socialismo". Se instituyó el
    control estatal de la economía, se nacionalizaron los
    recursos mineros,
    los bancos
    extranjeros y las empresas
    monopolistas, y se aceleró la reforma agraria.
    Además, Allende lanzó un plan de
    redistribución de ingresos,
    aumentó los salarios e impuso
    un control sobre los precios. La
    oposición a su programa
    político fue muy vigorosa desde el principio y hacia 1972
    se había producido una grave crisis económica y una
    fuerte polarización de la ciudadanía. La
    situación empeoró aún más en 1973,
    cuando el brutal incremento de los precios, la escasez de
    alimentos
    (provocada por el recorte de los créditos externos), las huelgas y la
    violencia llevaron al país a una gran inestabilidad
    política. Esta crisis se agravó por la injerencia
    de Estados Unidos, que colaboró activamente por desgastar
    al régimen de Allende. El 11 de septiembre de 1973 los
    militares tomaron el poder mediante un golpe de Estado,
    pereciendo Allende en la defensa del palacio presidencial. (La
    opinión generalizada es que Allende se suicidó
    durante el asalto al palacio de la Moneda).

    Argentina

    A principios del s. XX se manifestó la necesidad
    de reformar el sistema político en un sentido
    democrático. En la presidencia de Roque Sáenz
    Peña se aceptó una nueva ley electoral que desde
    1912 permitió fundamentales renovaciones. Distintos
    matices de la democracia argentina se personificaron en Juan B.
    Justo, Lisandro de la Torre e Hipólito Yrigoyen.
    Éste asumió la presidencia en 1916 como
    representante de los radicales. Lo sucedió en 1919 Marcelo
    T. de Alvear, pero en 1928 Yrigoyen volvió al poder. En
    1930 un movimiento armado derrocó el régimen
    constitucional y puso en el poder al general José
    Félix Uriburu. Varios presidentes se sucedieron en un
    período turbulento en el que se adoptaron políticas
    cada vez más conservadoras y autoritarias. Presionado por
    los Estados Unidos, el gobierno de Pedro P. Ramírez
    declaró la guerra a Alemania y Japón
    en 1944. En las elecciones presidenciales de 1946 triunfó
    el entonces coronel Juan D. Perón, que
    fue reelegido para el período 1952-1958. En septiembre de
    1955, la revolución encabezada por el general Eduardo
    Lonardi lo obligó a renunciar a su cargo. En febrero de
    1958 fue elegido presidente constitucional para el período
    1958-1964 Arturo Frondizi, quien no consiguió detener la
    crisis económica que asolaba al país desde 1950. A
    partir de 1962, cuando fue destituido Frondizi por las fuerzas
    armadas, se sucedieron diversos gobiernos militares y civiles.
    Perón volvió al poder en 1973, y tras su muerte,
    ocurrida al año siguiente, lo sucedió en la
    presidencia su esposa, María Estela Martínez.
    Continuaron aumentando los problemas económicos y los
    conflictos sociales, y en 1976 un golpe de estado dio el poder a
    una junta militar, presidida sucesivamente por Jorge Rafael
    Videla, Roberto Viola y Leopoldo F. Galtieri. El 2 de abril de
    1982 las fuerzas armadas argentinas recuperaron las islas
    Malvinas, en posesión británica. La derrota
    ante la armada británica trajo como consecuencia la
    caída del gobierno castrense. Raúl Alfonsín
    asumió la presidencia en 1983 e intentó
    infructuosamente sanear la economía nacional, agobiada por
    la falta de inversiones y
    el endeudamiento externo. En 1989 las elecciones dieron el
    triunfo al peronista Carlos Saúl Menem. Su
    objetivo
    fundamental fue recuperar la disciplina
    económica y atraer la inversión. Durante su gobierno se redujo la
    inflación y la economía se
    recuperó.

    Cuba

    Desde 1909 la vida política de Cuba se
    desenvolvió normalmente, con las alternativas de algunos
    movimientos armados. Desde 1933 se hizo sensible la
    gravitación política de Fulgencio Batista,
    triunfante en la revolución del 4 de septiembre de ese
    año y presidente de 1940 a 1944. Batista volvió a
    la presidencia en 1952, encabezando un movimiento armado,
    gobernando desde entonces tiránicamente. En 1956, Fidel
    Castro desembarcó en la isla, iniciando un movimiento
    revolucionario que en dos años derrocó a las
    autoridades constituidas. Castro entró en la Habana en
    enero de 1959. El primer presidente revolucionario, Manuel
    Urrutia Lleó, debió renunciar a corto plazo por
    oponerse a las influencias comunistas dentro de su gobierno. Bajo
    la presidencia de Osvaldo Dorticós Torrado, Fidel Castro
    proclamó en 1961 la "República Socialista". Entre
    las medidas decretadas desde entonces figuraron la reforma
    agraria, la reforma urbana, la nacionalización de la
    educación, la reorganización del poder
    ejecutivo, la supresión de las elecciones y el
    mejoramiento de la flota mercante. Durante las décadas de
    1960 y 1970, Cuba se convirtió en un país
    satélite de la Unión Soviética,
    encargándose de exportar la revolución comunista al
    Tercer Mundo. Al iniciarse los años ochenta, había
    tropas cubanas en Angola y Etiopía, y Cuba prestaba ayuda
    a gran cantidad de movimientos guerrilleros en América
    latina. Para desligarse de su imagen de mero
    seguidor de la URSS, Castro asumió un papel de liderazgo en
    el movimiento de países no alineados. La caída del
    comunismo,
    primero, y la posterior desaparición de la Unión
    Soviética (1991) supusieron el aislamiento político
    y económico de Cuba. En 1993 el presidente Castro
    anunció medidas para liberalizar la economía, la
    cual se encontraba sumida en una profunda crisis.

    DESARROLLO

    Los dictadores

    México

    Porfirio Díaz

    Porfirio Díaz, militar y político
    mexicano, presidente de la República (1876-1880;
    1884-1911), cuyo ejercicio del poder ha dado nombre a un periodo
    de la historia de
    México conocido como Porfiriato.
    Nació en Oaxaca y se alistó en el Ejército,
    participando en tres guerras: la guerra mexicano-estadounidense
    (1846-1848); la guerra civil (1858-1861) entre liberales y
    conservadores, llamada guerra de Reforma, en la que apoyó
    la causa liberal de Benito Juárez y la guerra
    patriótica (1863-1867) contra Maximiliano I, archiduque de
    Austria y emperador de México.

    Díaz no alcanzó la presidencia de
    México frente a Juárez en 1867, ni tampoco en 1871.
    Después de cada derrota encabezó sendas e
    infructuosas rebeliones militares, mediante las que
    pretendía alcanzar el poder. En 1876 protagonizó
    una prolongada serie de acciones
    militares y derrocó al presidente Sebastián Lerdo
    de Tejada, asumiendo la presidencia de la República.
    Según la Constitución mexicana, Díaz no
    podía permanecer en la presidencia durante dos mandatos
    consecutivos por lo que tuvo que renunciar en 1880 aunque
    continuó en el gobierno como secretario de Fomento. Fue
    reelegido en 1884 y consiguió la aprobación de una
    enmienda a la Constitución que permitía la
    sucesión de mandatos presidenciales, permaneciendo en el
    poder hasta 1911.

    Al frente de México, casi como delegado divino,
    Porfirio Díaz… Don Porfirio, que era, para la
    generación adulta entonces, una norma del pensamiento
    sólo comparable a las nociones del tiempo y del
    espacio, algo como una categoría kantiana. Atlas que
    sostenía la República, hasta sus antiguos
    adversarios perdonaban en él al enemigo humano, por lo
    útil que era, para la paz de todos, su
    transfiguración mitológica.

    A la cultura de la
    Revolución
    Mexicana la anteceden los treinta y tantos años de
    dominio
    avasallador del general Porfirio Díaz, décadas de
    arraigo profundo de una interpretación reverente (tanto
    activa como pasiva) del autoritarismo. Que el nombre del dictador
    bautice o sintetice el periodo se explica con facilidad y no
    sólo por razones políticas. Comparten rasgos una
    persona (Porfirio Díaz), una élite política
    e intelectual (el grupo conocido
    como los "científicos" y sus alrededores literarios) y lo
    más visible y reconocible de una época. Tienen en
    común el orden impuesto a como dé lugar; la
    estricta jerarquización del sistema político y la
    existencia cotidiana; la devoción ante el modelo europeo
    (del que adoptan los rasgos externos, el cuidado de la
    apariencia, el fetichismo de la respetabilidad); la fe en un
    progreso constituido de modo tangible con ferrocarriles y
    fábricas y empréstitos y reconocimiento de los
    demás estados; las vagas líneas divisorias entre
    decoro y decoración.

    Su régimen estuvo marcado por logros importantes,
    pero también por un gobierno severo. Durante el mandato de
    Díaz, la economía de México se
    estabilizó y el país experimentó un
    desarrollo económico sin precedentes: se invirtió
    capital extranjero (sobre todo estadounidense) en la
    explotación de los recursos mineros del país; la
    industria
    minera, la textil y otras experimentaron una gran
    expansión; se construyeron vías férreas y
    líneas telegráficas; y el comercio exterior
    aumentó aproximadamente en un 300%. Por otra parte, los
    inversores extranjeros agotaron gran parte de la riqueza del
    país, casi todos los antiguos terrenos comunales (ejidos)
    de los indígenas pasaron a manos de un pequeño
    grupo de terratenientes, y se extendió la pobreza y el
    analfabetismo.
    Las manifestaciones del descontento social fueron reprimidas por
    Díaz con mano de hierro, hasta
    que se produjo la Revolución de 1911, encabezada por
    Francisco Ignacio Madero. Díaz fue obligado a dimitir y a
    abandonar el país. Murió en el exilio, en
    París.

    Chile

    Augusto Pinochet Ugarte.

    Augusto Pinochet Ugarte, político y militar
    chileno, jefe del Estado (1973-1990). Nació en Santiago y
    estudió en la Academia Militar de Chile. Tras sucesivos y
    constantes ascensos de graduación, fue nombrado general de
    brigada durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1970).
    En la época presidencial de Salvador Allende fue
    comandante de la guarnición de Santiago y, en 1972, se le
    designó comandante en jefe del Ejército.
    Protagonizó el golpe de Estado de 1973, apoyado desde
    Estados Unidos, que culminó con el derrocamiento y
    la muerte de
    Allende. Pronto, como jefe de la Junta de Gobierno, limitó
    la actividad política y su régimen de
    represión y autoritarismo fue condenado por la
    Comisión de Derechos Humanos
    de Naciones Unidas,
    en 1977.

    En 1980, una Constitución promovida por él
    le confirmó en el poder para un periodo de ocho
    años; dicha Constitución también declaraba
    que, al final de ese lapso, se celebraría un plebiscito
    para determinar si debía continuar en el desempeño de la jefatura del Estado. El
    referéndum tuvo lugar en octubre de 1988 y le negó
    el derecho a prolongar su presidencia a partir de marzo de 1990
    (los votos fueron del 55% en contra de su prórroga
    presidencial y el 43% a favor), aunque se mantuvo en su cargo de
    comandante en jefe del Ejército. El 7 de enero de 1998, la
    Cámara de Diputados aprobó una declaración
    de rechazo a la inminente incorporación de Pinochet al
    Senado, tras su retirada de la jefatura del Ejército, la
    cual tuvo lugar, el 10 de marzo de ese año.

    Augusto Pinochet Ugarte suspendió inmediatamente
    la Constitución, disolvió el Congreso, impuso una
    estricta censura y prohibió todos los partidos
    políticos. Asimismo, lanzó una fuerte
    campaña represiva contra los elementos izquierdistas del
    país: miles de personas fueron arrestadas y centenares de
    ellas ejecutadas o torturadas; muchos chilenos se exiliaron,
    mientras que otros pasaron largos años en prisión o
    se dieron por desaparecidos.

    Durante los años siguientes, la Junta Militar
    gobernó al país con gran rigor, aunque hacia
    finales de la década pudo apreciarse una cierta apertura.
    En 1978 se levantó el estado de sitio (aunque
    siguió en vigor el estado de emergencia) e ingresaron
    más civiles en el gabinete. Sin embargo, Chile
    siguió siendo esencialmente un Estado policial. Una nueva
    Constitución, la de 1980, sometida a referéndum el
    día del séptimo aniversario del golpe militar,
    legalizó el régimen hasta 1989; Pinochet
    inició en marzo de 1981 un nuevo periodo de gobierno,
    ahora como presidente, con una duración de ocho
    años.

    En el ámbito económico, el gobierno de
    Pinochet aplicó medidas de austeridad que provocaron el
    recorte de la inflación y una mayor producción entre 1977 y 1981. No obstante,
    a partir de 1982, la recesión mundial y la caída de
    los precios del cobre provocaron un retroceso de la
    economía chilena. En 1983 se produjeron amplias protestas
    contra el gobierno, seguidas de una serie de atentados en las
    grandes ciudades. El aumento de la tensión popular y el
    progresivo deterioro de la economía llevaron a Pinochet a
    reinstaurar el estado de sitio en noviembre de 1984. A finales de
    ese mes, se firmó un tratado con Argentina, en el que se
    ratificaba la soberanía chilena sobre tres islas del
    canal de Beagle (Picton, Nueva y Lennox). En septiembre de 1986,
    tras un fallido intento de atentar contra la vida de Pinochet, se
    desarrolló por parte del gobierno una nueva campaña
    represiva.

    En agosto de 1988 se levantó finalmente el estado
    de emergencia y dos meses después se permitió a los
    chilenos organizar un plebiscito sobre si debía o no
    prorrogarse hasta 1997 el mandato de Pinochet, que terminaba en
    marzo de 1989. A pesar de que casi el 55% del electorado
    votó por el "no", el mandato de Pinochet se
    prorrogó automáticamente hasta marzo de 1990, a la
    espera de la celebración de las elecciones presidenciales
    y legislativas. En diciembre de 1989, durante los primeros
    comicios presidenciales en 19 años, los votantes eligieron
    por mayoría al candidato demócrata cristiano
    Patricio Aylwin, quien dio inicio al proceso de transición
    a la democracia, promovió una serie de reformas
    económicas y nombró una comisión para
    investigar las violaciones de los derechos humanos cometidas
    por el régimen de Pinochet. Las reformas económicas
    iniciadas por Aylwin permitieron que más de un
    millón de chilenos salieran de la pobreza. En las
    elecciones presidenciales de 1993, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, hijo
    del antiguo presidente Eduardo Frei Montalva, resultó
    triunfador.

    En 1994 Chile solicitó su entrada en el Tratado
    de Cooperación Económica Asia-Pacífico (CEAP) y en el Tratado de Libre
    Comercio Norteamericano (NAFTA). En 1996
    el gobierno de Eduardo Frei logró la integración de
    Chile en el Mercado Común del Sur (Mercosur).

    En las elecciones legislativas de diciembre de 1997, la
    Concertación de Partidos por la Democracia (integrada por
    la Democracia Cristiana, el Partido Socialista, el Partido por la
    Democracia y el Partido Radical Socialdemócrata)
    alcanzó la mayoría en el Congreso de los Diputados.
    Sin embargo, y a diferencia de las elecciones de 1993, la
    derechista Unión por Chile consiguió aumentar sus
    escaños. En el Senado se consolidó también
    el bloque de derechas, lo que impedirá llevar a cabo
    reformas democráticas en la Constitución de 1980,
    aprobada durante la dictadura.

    Un mes después, en medio de duras críticas
    y acusaciones contra Augusto Pinochet, senador vitalicio a partir
    de marzo de 1998, el presidente Eduardo Frei destituyó a
    su ministro de Defensa, Edmundo Pérez Yoma, por mantener
    una postura demasiado cercana al militarismo y al
    ex-general.

    Argentina

    Peronismo

    El peronismo es un
    movimiento político argentino de carácter
    populista surgido en 1945 y liderado por Juan Domingo
    Perón. Integrado por corrientes muy diversas, que con el
    tiempo originarían profundas contradicciones en su seno, y
    sin la cohesión de un programa ideológico definido,
    el peronismo se centró en la personalidad y
    en la obra de Perón.

    La victoria del peronismo en las elecciones del 26 de
    febrero de 1946 se apoyó fundamentalmente en el voto de
    los pequeños y medianos propietarios, en el de los
    trabajadores y en el de la burguesía industrial. Esta
    coalición política supo aprovechar los intereses de
    los nuevos sectores sociales que el proceso de
    industrialización había conformado. Apoyado
    institucionalmente en el Ejército y en los sindicatos, el
    peronismo persiguió la creación de un capitalismo
    nacional independiente. Dio un decidido impulso a la industria
    del país, se nacionalizaron importantes sectores de la
    misma, hasta entonces en manos de capital extranjero, y se
    invirtieron grandes cantidades en obras públicas. La
    política
    social, dinamizada por la fuerte personalidad de María
    Eva Duarte de Perón (Evita), reportó importantes
    avances laborales, que culminaron con la proclamación de
    los Derechos del Trabajador, y mejoras sociales como el sufragio
    femenino o la construcción de miles de escuelas y centros
    de salud.

    Uno de los objetivos principales del peronismo fue la
    disminución de las desigualdades y la búsqueda de
    una conciliación de clases que evitara los conflictos
    sociales. Hasta la década de 1950, el gobierno
    justicialista de Perón desarrolló su
    política con éxito,
    pero, a partir de estas fechas, las dificultades y la
    pérdida de apoyos debilitaron al movimiento peronista, que
    exhibió desde entonces una tendencia más acentuada
    hacia el autoritarismo. Hacia 1952, dos malas cosechas
    consecutivas provocaron la disminución de la capacidad
    exportadora, que, junto al aumento de la inflación y de la
    especulación, determinaron una crisis económica,
    agravada por la falta de reservas del Banco Central y
    por el endeudamiento exterior.

    La presión de la oligarquía; el acoso de
    la burguesía industrial, que había visto frustradas
    sus expectativas; la oposición de la Iglesia, que no
    aceptaba medidas como la ley del divorcio o la
    legalización de los matrimonios civiles; el descontento de
    algunos sectores del Ejército; la muerte de Eva Duarte,
    que privaba al peronismo de su figura más popular, y la
    ruptura del bloque de fuerzas que lo conformaba fueron, en
    conjunto, motivos que debilitaron el gobierno de Perón y
    forzaron su retirada del poder en 1955. Sin embargo, el
    peronismo, como corriente política, logró
    mantenerse y resistir durante la dictadura
    militar. Tras el triunfo del Frente Justicialista en 1973, el
    peronismo retomó el poder, convocó nuevos comicios
    y situó a su líder en la presidencia. La muerte de
    Perón (1974) agudizó los enfrentamientos
    internos.

    En 1976, un golpe de Estado militar desalojó del
    gobierno a los peronistas. La recuperación del poder por
    los peronistas se consiguió en 1989, seis años
    después de la restauración de la democracia en
    Argentina —y del triunfo del radicalismo en las elecciones
    democráticas de 1983—, de la mano de Carlos
    Saúl Menem, líder del peronismo y desde entonces
    presidente de Argentina.

    Juan Domingo Perón

    Juan Domingo Perón (1895-1974), político
    argentino, fundador del peronismo (movimiento político
    actualmente aglutinado en el Partido Justicialista), presidente
    de la República (1946-1952; 1952-1955; 1973-1974) y una de
    las figuras latinoamericanas más destacadas del siglo XX,
    que llevó a cabo importantes cambios en la política
    de Argentina.

    Nació en Lobos (provincia de Buenos Aires) el 8
    de octubre de 1895, y estudió en el Colegio Militar
    (1911-1913) y en la Escuela Superior
    de Guerra (1926-1929). En 1930 participó en un
    levantamiento militar que derrocó al presidente
    Hipólito Yrigoyen, y fue nombrado secretario privado del
    ministro de la Guerra (1930-1935). Más tarde
    impartió clases en la Escuela Superior de Guerra,
    pasó un año en Chile como agregado militar,
    publicó cinco libros sobre
    historia militar y viajó a Italia para estudiar métodos
    militares alpinos. A su regreso a Argentina en 1941,
    Perón, admirador del dictador fascista italiano Benito
    Mussolini, fundó el Grupo de Oficiales Unidos (GOU), que
    en 1943 protagonizó un golpe de Estado que depuso a
    Ramón Castillo y procedió a transformar el
    movimiento sindical, debilitando la influencia que
    ejercían sobre él los partidos de izquierdas, para
    lo que promulgó nuevas leyes,
    reformó las existentes y creó nuevos sindicatos.
    Alcanzó popularidad entre las clases obreras, pero
    según crecía su poder (fue nombrado vicepresidente
    de la República además de ministro de la Guerra)
    aumentaba la oposición entre las Fuerzas Armadas. El 9 de
    octubre de 1945 fue obligado a dimitir de sus cargos, siendo
    detenido y encarcelado. La dimisión de Perón
    provocó una crisis de gobierno que fue resuelta el 17 de
    octubre, cuando sus seguidores sindicalistas, especialmente la
    Confederación General del Trabajo (CGT), lograron su
    puesta en libertad. Cuatro días más tarde,
    Perón, que era viudo, se casó con su
    compañera, María Eva Duarte, más conocida
    por el nombre de 'Evita', quien, como primera dama de la
    Argentina, dirigió las relaciones sindicales y los
    servicios
    sociales puestos en marcha por el gobierno de su marido, hasta su
    prematura muerte en 1952. Adorada por las masas, influyó
    para que se estableciera el sufragio femenino (logrando la
    integración de la mujer en la
    vida política argentina) y fue, más que nadie, la
    responsable de la popularidad del régimen de Perón
    (quien manejaba a las masas con consumada habilidad). En octubre
    de 1946, Perón promulgó un ambicioso plan
    quinquenal para la expansión de la economía, que
    consistía principalmente en utilizar el gasto
    público como medio para reactivar el mercado luego de
    la recesión por la que había pasado.

    Tras una campaña electoral represiva y violenta,
    Perón fue elegido presidente en 1946, con el 56% de los
    votos. Creador de su propio movimiento, el peronismo,
    siguió políticas sindicalistas, nacionalistas y
    populistas, con la ayuda de su esposa, que pasó a ser un
    destacado miembro influyente, pero informal, de su gobierno. Sin
    embargo, a principios de la década de 1950 comenzaron a
    disminuir las ventajas de que gozaba la clase trabajadora de las
    ciudades. La muerte de Evita (1952), las dificultades
    económicas, la creciente agitación laboral y la
    excomunión de Perón por parte de la Iglesia
    católica debilitaron aún más su gobierno. Su
    derrocamiento a manos del Ejército, en 1955, fue reflejo
    del rechazo popular a su gobierno dictatorial. Sin embargo,
    durante sus 18 años de exilio, Perón contó
    con la adhesión de los sindicatos y su influencia en la
    política de Argentina, apoyando a sus seguidores en su
    intento por alcanzar el poder. Finalmente, se le permitió
    regresar a Argentina, una vez que los peronistas, agrupados en el
    Frente Justicialista de Liberación, vencieron en las
    elecciones presidenciales de 1973, y fue reelegido presidente,
    con su tercera esposa, María Estela Martínez de
    Perón, como vicepresidenta. Murió, en el ejercicio
    de ese cargo, el 1 de julio de 1974, sustituyéndole al
    frente de la presidencia su esposa.

    Carlos Saúl Menem

    Carlos Saúl Menem, político argentino,
    presidente de la República (1989-hasta ahora ), el
    primero que accedió al cargo, desde 1928, siguiendo los
    cauces constitucionales de sucesión del anterior jefe de
    Estado.

    Nacido el 2 de julio de 1930 en Anillaco (La Rioja),
    hijo de inmigrantes sirios, fue educado como musulmán
    suní. En su adolescencia,
    se convirtió al catolicismo e inició su actividad
    política cuando realizaba sus estudios universitarios. A
    los 25 años, se licenció en derecho por la Universidad de
    Córdoba. Miembro del Partido Justicialista (la
    organización política del peronismo), en 1955
    fundó las Juventudes Peronistas. Al año siguiente,
    fue encarcelado por su participación en el intento de
    restablecer en el poder al desterrado Juan Domingo Perón,
    y se convirtió en asesor legal de la Confederación
    General del Trabajo (CGT), el sindicato
    peronista, función
    que desempeñaría hasta 1970. En las elecciones de
    1962, se presentó candidato al cargo de gobernador adjunto
    de su provincia natal de La Rioja, pero el golpe militar que
    derrocó al presidente Arturo Frondizi malogró la
    aplicación práctica de los resultados de los
    comicios. Sin embargo, en 1963 fue elegido presidente provincial
    del Partido Justicialista.

    En 1973, tras el regreso al poder de Perón, Menem
    venció en los comicios para elegir gobernador de la
    provincia de La Rioja. Fue encarcelado en 1976, cuando la
    presidenta María Estela Martínez de Perón,
    viuda y sucesora del dictador, resultó derrocada por un
    golpe militar que supuso el acceso al poder de la Junta Militar
    presidida por Jorge Rafael Videla, y no salió en libertad
    hasta 1981.

    Reelegido gobernador de La Rioja en 1983 y 1987, al
    año siguiente recibió la nominación
    peronista para la candidatura presidencial. En mayo de 1989, fue
    elegido presidente de la República tras vencer a E. C.
    Angeloz, el candidato de la Unión Cívica Radical.
    Sustituyó, por tanto, a Raúl Alfonsín (el
    primer presidente elegido democráticamente después
    del lapso dictatorial que había transcurrido desde 1976
    hasta 1983), con lo que se confirmaba el pleno retorno a la
    democracia en Argentina, al producirse, en julio de 1989, la
    primera transición plenamente constitucional desde
    hacía 71 años. Figura hasta cierto punto
    extravagante, describió la corriente política a la
    que pertenecía desde su irrupción en la vida
    pública, el peronismo, con los calificativos de:
    nacionalista, populista, humanista, socialista y cristiana. Menem
    trabajó desde el principio de su mandato para reformar la
    estructura del
    Estado, privatizar el sector
    público industrial, alcanzar un mercado libre,
    profundizar en el perdón a los militares implicados en la
    dictadura (en diciembre de 1990, su gobierno concedió el
    indulto a los miembros de las distintas juntas militares) y
    restablecer relaciones con Gran Bretaña tras la guerra de
    las Malvinas
    (1982). En 1991, el gobierno de Menem se unió a los de
    Brasil, Paraguay y Uruguay para
    firmar el Tratado de Asunción, que confirmó la
    intención de estos países de crear el Mercado
    Común del Sur (Mercosur). En 1992, el mismo año en
    que se reanudaron las relaciones diplomáticas con Gran
    Bretaña, Menem ordenó que se hicieran
    públicos todos los expedientes secretos sobre las
    actividades nazis en Argentina posteriores a la II Guerra Mundial.
    Dos años más tarde, Argentina se adhirió al
    Tratado de Tlatelolco (cuyo acuerdo original databa de 1967) y
    entró, por tanto, a formar parte del Organismo para la
    Proscripción de Armas Nucleares de América Latina
    (OPANAL).

    En mayo de 1995, tras lograr un año antes la
    reforma constitucional que le permitía renovar mandato,
    resultó reelegido presidente de la República, y el
    Partido Justicialista obtuvo la mayoría absoluta en la
    Cámara de Diputados; su victoria se basó en la
    estabilidad económica de que gozaba el país, lo que
    beneficiaba a las clases altas, así como en el arraigo del
    peronismo en las clases populares. En febrero de 1997, Menem se
    autodescartó para presentarse a un tercer mandato, lo que
    habría provocado una nueva reforma constitucional, ya que
    la última sólo permitía dos mandatos
    consecutivos. En las elecciones de octubre de ese año,
    que, entre otros cargos, renovaban parcialmente la Cámara
    de Diputados, el peronismo fue ampliamente derrotado por la
    Alianza por el Trabajo, la
    Educación y la Justicia (formada por la Unión
    Cívica Radical y el Frepaso), con lo que el gobierno de
    Menem vio complicados sus dos últimos años en el
    poder.

    Cuba

    Fidel Castro

    Fidel Castro (1927-y aún sigue ),
    político cubano, principal dirigente de la
    República desde 1959, artífice de la Revolución
    Cubana y uno de los más destacados líderes de
    Latinoamérica durante la segunda mitad del
    siglo XX. Nacido el 13 de agosto de 1927 en Mayarí, hijo
    natural de un inmigrante español, plantador de azúcar,
    Castro se afilió al Partido del Pueblo Cubano en 1947, y
    se doctoró en leyes por la Universidad de La Habana en
    1950. Después de que Fulgencio Batista se hiciera con el
    control del gobierno cubano en 1952 y estableciera una dictadura
    en el país, Castro se convirtió en el líder
    del grupo Movimiento, una facción antigubernamental
    clandestina cuyas acciones culminaron con el asalto al cuartel de
    Moncada (en Santiago de Cuba) el día 26 de julio de 1953,
    hecho por el cual fue encarcelado. En el juicio subsiguiente se
    hizo cargo de su propia defensa, cuyo alegato se manifestó
    por medio de un discurso (la
    historia me absolverá) que, más tarde, se
    convertiría en una importante consigna política
    para los revolucionarios.

    Condenado a 15 años de prisión, fue
    amnistiado en 1955, y se exilió sucesivamente en Estados
    Unidos y México, donde fundó el Movimiento 26 de
    Julio. El 2 de diciembre de 1956, regresó a Cuba con una
    fuerza de 82 hombres, de los cuales 70 murieron en combate nada
    más desembarcar desde el barco Granma en la playa
    de las Coloradas, en el extremo suroccidental de la isla. Castro,
    su hermano Raúl y Ernesto Che Guevara se
    encontraban entre los 12 supervivientes. Con su base principal en
    sierra Maestra, donde habían conseguido internarse los
    revolucionarios dirigidos por Fidel Castro, el Movimiento 26 de
    Julio fue ganando apoyo popular, principalmente en los
    ámbitos estudiantiles (Directorio 13 de Marzo), y en
    diciembre de 1958, con respaldo del Partido Popular Socialista,
    avanzó hacia La Habana, ciudad de la cual hubo de huir
    Batista el 1 de enero de 1959 y en la que entró el propio
    Castro siete días después, acto que pondría
    colofón al definitivo triunfo de la Revolución
    Cubana. Castro se declaró a sí mismo primer
    ministro en febrero de 1959, cargo que ostentó hasta 1976,
    en que asumió la presidencia del Consejo de Estado, que
    según la nueva Constitución de diciembre de ese
    año englobaba la jefatura del Estado y del
    gobierno.

    Fracasado su intento de establecer relaciones
    diplomáticas o comerciales con Estados Unidos,
    negoció acuerdos sobre armamento, créditos y
    alimentos con la Unión de Repúblicas Socialistas
    Soviéticas (URSS), y llevó a cabo la
    depuración de sus rivales políticos.
    Nacionalizó los recursos cubanos, afrontó una
    profunda reforma agraria basada en la colectivización de
    propiedades y estableció un Estado socialista de partido
    único (el Partido Unido de la Revolución
    Socialista, que en 1965 pasaría a denominarse Partido
    Comunista Cubano y cuya secretaría general asumiría
    el propio Castro), que llevó a un gran número de
    cubanos ricos al exilio. Estados Unidos vio con disgusto
    cómo el nuevo régimen embargaba las empresas de
    titularidad estadounidense, y en 1960 anuló los acuerdos
    comerciales que mantenía, a lo que Castro respondió
    en septiembre de ese año con la Primera
    declaración de La Habana,
    reafirmando la
    soberanía cubana frente al imperialismo estadounidense. Un grupo de
    exiliados cubanos recibió el respaldo del gobierno de
    Estados Unidos, en un infructuoso intento por derrocarlo que tuvo
    lugar en abril de 1961 y pasó a ser conocido como el
    desembarco de bahía de Cochinos.

    Desde ese momento, Castro se alineó abiertamente
    con la URSS, dependiendo cada vez más de su ayuda
    económica y militar. En 1962, estuvo a punto de producirse
    una guerra nuclear, cuando la URSS situó en Cuba cabezas
    nucleares de alcance medio, ante la oposición
    estadounidense. La llamada crisis de los misiles de Cuba
    concluyó tras la celebración de negociaciones entre
    el presidente estadounidense, John Fitzgerald Kennedy, y el
    máximo dirigente soviético, Nikita
    Jruschov.

    Durante las siguientes décadas, Castro
    alcanzó gran reconocimiento entre los países
    miembros del Tercer Mundo, gracias a su liderazgo de la
    Organización de Países No-Alineados (que
    presidió desde 1979 hasta 1981). A finales de la
    década de 1980, cuando la URSS inició sus procesos
    de glasnost (en ruso, ‘apertura’) y
    perestroika (en ruso,
    ‘reestructuración’), bajo el gobierno de
    Mijaíl Gorbachov, Castro mantuvo la aplicación del
    régimen marxista-leninista que había instaurado a
    principios de la década de 1960. Sin embargo, con el
    inicio del proceso de desintegración de la URSS y del
    COMECON (Consejo de Ayuda Mutua Económica) en 1990, los
    problemas económicos de Cuba empeoraron. En 1993, en un
    intento por alcanzar una economía mixta, Castro
    aprobó reformas económicas limitadas que
    legalizaron algunas empresas privadas.

    En 1996, el Congreso de Estados Unidos aprobó la
    denominada Ley Helms-Burton, que articulaba legalmente el
    boicoteo económico a Cuba, al pretender penalizar a las
    empresas que mantuvieran relaciones comerciales con otras
    radicadas en la isla. Por su parte, la Unión Europea (UE), en clara
    oposición, presentó una serie de medidas aprobadas
    por los ministros de Asuntos Exteriores de los países
    miembros para neutralizar los efectos de la Ley
    Helms-Burton.

    Durante su intervención en el V Congreso del
    Partido Comunista Cubano (octubre de 1997), Castro
    reafirmó la idea de que Cuba no se dirigiría hacia
    el capitalismo, lamentando las aperturas que su gobierno hubo de
    consentir debido a la caída de los principales
    regímenes comunistas. En febrero de 1998, poco
    después de una visita histórica del papa Juan Pablo
    II a la isla, resultó reelegido nuevamente por la Asamblea
    Nacional del Poder Popular como presidente de la
    República, por otro mandato de cinco años. El
    socialismo y las conquistas de la revolución, cada vez
    más acosadas por las amenazas y el bloqueo
    estadounidenses, permanecieron como referencias ineludibles del
    propio Castro en su discurso de clausura de la
    constitución de la cámara que le había
    elegido, en el cual volvió a reiterar que no habría
    transición al capitalismo en Cuba. De otro lado, el
    gobierno del presidente estadounidense Bill Clinton
    decidió, a finales de marzo, suavizar su embargo sobre la
    isla.

    Conclusión.

    El arte de mentir
    les es constitutivo, sobre todo en América Latina, donde,
    con la excepción tal vez de las dictaduras de Castro y de
    Pinochet (inspiradas en una concepción ideológica
    no democrática reivindicada como fuente de legitimidad),
    todos los tiranuelos y dictadorzuelos que han estado presentes en
    América Latina, no basaban su poder en creencia,
    filosofía o idea alguna, sólo en el apetito crudo
    de llegar al poder y perpetuarse en él para aprovecharlo
    hasta el hartazgo. Es natural que en las bocas de estos hombres
    fuertes y generalísimos, padres de la patria,
    benefactores, caudillos, etc. y en el de los letrados,
    polígrafos a su
    servicio, el
    vocabulario político se prostituyera sin remedio y
    palabras como "legalidad", "libertad", "democracia", "derecho",
    "orden", "equidad", "igualdad",
    adoptaran, una personalidad que era falsa, no eran ellos sino lo
    que querían que la gente conociera de ellos y lo
    demás estaba escondido, aunque finalmente salía a
    la luz.

    Por un golpe de estado llegaron al poder Perón y
    Pinochet, Fidel Castro se nombró a él mismo en el
    cargo y Díaz derrocó al presidente Lerdo de Tejada.
    Todos hicieron algo por su país, sin embargo sus
    regímenes dejaron muchas cosas desagradables, como la
    pobreza. Ahora aún siguen en el poder tanto Fidel Castro
    en Cuba como Carlos Menem en Argentina.

    Fuentes de
    información.

    Enciclopedia Hispánica

    Ed. Britannica.

    Tomo 5.

    Enciclopedia Larousse

    Ed. Planeta

    Tomo 3.

    México Profundo, una civilización
    negada.

    Bonfil Batalla, Guillermo.

    Ed. Grijalbo.

    Hacia el México moderno: Porfirio
    Díaz.

    Roeder, Ralph.

    Fondo de Cultura Económica

    Tomo I y II.

    País de un solo hombre: El
    México de Santa Anna.

    Gonzalez Pedrero, Enrique.

    Fondo de Cultura Económica.

    Fuentes Carlos.

    Nuevo Tiempo Mexicano.

    Series Nuevo Siglo.

    Aguilar. México, 1994.

    pp. 81-93.


    http://site10.fwa.com.ar/trabajos/revoluciones/revoluciones.html


    http://site10.fwa.com.ar/trabajos/jovenesdictadura/jovenesdictadura.html


    http://site10.fwa.com.ar/trabajos/indephispa/indephispa.html

     

     

    Por

    Maria G. Chávez

     

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