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Valor y unidad de las funciones del dinero




Enviado por fedeast



    1. Reformulación de la
      consigna
    2. El valor, punto de partida para
      llegar al dinero
    3. Relación entre valor y
      dinero: la medida del valor
    4. Dinero como medio de
      circulación
    5. Unidad del dinero como medida
      del valor y como medio de
      circulación
    6. El dinero como
      dinero
    7. Por qué el dinero como
      dinero es una condición necesaria para su
      transformación en capital

    Reformulación
    de la consigna.

    Lo primero que debemos hacer para encaminar este estudio
    es definir claramente hacia adónde nos dirigimos.
    Sólo después de saber nuestro punto de llegada
    podremos encontrar el camino que nos conduzca hacia
    él.

    En mi opinión, para esclarecer la consigna,
    debemos establecer qué entendemos por "unidad de las
    funciones". Podemos definir "función"
    como el papel que cumple un cierto ente dentro de un sistema. Por lo
    tanto, nuestra consigna consistiría en analizar los
    distintos papeles que cumple el dinero
    dentro del sistema capitalista que describe Marx.
    Evidentemente, en el capitalismo
    hay dinero.
    Entonces, la consigna nos llevaría a plantearnos ciertas
    preguntas que se derivan de nuestra definición de
    "función": ¿Por qué hay dinero? ¿Por
    qué no podemos concebir un capitalismo en que no hubiera
    dinero? ¿Qué lugar ocupa el dinero dentro del
    sistema?

    Sin embargo, la consigna no se limita a estudiar
    exclusivamente la función del dinero dentro del sistema
    sino que sugiere que existiría una unidad dentro de sus
    funciones. Entonces, ahora debemos preguntarnos qué
    entendemos por "unidad".

    Una de las definiciones del diccionario
    para este término sostiene que es una "unión o
    conformidad entre distintas partes". Ésta será la
    definición que utilizaremos en el presente estudio. Por lo
    tanto, al preguntarnos sobre la unidad de las funciones del
    dinero nos estaremos preguntando si existe una armonía
    entre los papeles que cumple el dinero dentro del sistema
    capitalista. Ahora podremos plantear una serie de
    problemáticas que se derivan de nuestra
    reformulación de la consigna: ¿Todas las funciones
    del dinero convergen armoniosamente? ¿Existe alguna
    contradicción entre ellas?

    Puesto de esta manera, estas preguntas aún
    podrían parecer algo abstractas. En efecto, quizás
    no se entienda con total claridad qué significa
    "armonía" y "contradicción". Por lo tanto,
    aún debemos reformular nuevamente la consigna para
    resolver este problema. Nuestra nueva reformulación
    utilizará el concepto de
    "valor" al que
    aún no nos hemos referido.

    Sabemos que el valor es una propiedad de
    la mercancía. Veremos a lo largo del estudio que el dinero
    surge como un paso necesario dentro del desarrollo de
    la mercancía. Por lo tanto, sus distintas funciones
    deberían permitir que la ésta cumpla con su
    objetivo
    dentro del sistema capitalista: intercambiarse y circular para
    que los productores satisfagan sus necesidades.

    Ahora sí podemos plantear más
    concretamente nuestra problemática. Si todas las funciones
    del dinero sirven para que la mercancía cumpla con su
    causa final, diremos que existe una unidad entre ellas. Si al
    menos una de las funciones del dinero no lo permite, diremos que
    tal unidad no existe.

    Probablemente existan otras maneras de plantear el
    problema y resolverlo. Sin embargo, en este estudio nos guiaremos
    por las premisas que hemos definido. Por lo tanto, en base a lo
    que hemos dicho, plantearemos una serie de preguntas que nos
    guiarán a lo largo de este trabajo.
    ¿Qué relación existe entre valor y dinero?
    ¿Por qué es necesaria la existencia del dinero?
    ¿Cuáles son las funciones del dinero?
    ¿Existe una unidad entre sus funciones? Como podrá
    apreciarse, el trabajo
    estará centrado fundamentalmente en la cuestión del
    dinero. El problema del valor lo abordaremos de una manera mucho
    más escueta pues ha sido ya el objeto de un estudio
    anterior. Tampoco nos detendremos demasiado a estudiar la
    teoría
    anti-cuantitativa del dinero.

    Ahora que ya hemos definido claramente nuestra
    problemática y nuestros objetivos,
    presentaremos la estrategia
    expositiva. La tesis que
    intentaremos probar es que no hay unidad entre las funciones del
    dinero y justamente esta ausencia de unidad será una
    condición necesaria del capitalismo pues es lo que, en
    definitiva, permitirá la transformación del dinero
    en capital.

    El esquema que seguiremos en este estudio será el
    siguiente. Comenzaremos por el análisis de la mercancía y
    presentaremos el concepto de valor. Luego, veremos por qué
    el valor se manifiesta necesariamente en el dinero. En ese punto,
    ya habremos encontrado la primera de las funciones del dinero: la
    medida de valor. Aquí veremos que el dinero es una
    consecuencia necesaria del desarrollo de la mercancía. En
    un tercer momento, presentaremos sus otras dos funciones y nos
    preguntaremos qué unidad podemos encontrar entre todas
    ellas. En mi opinión, la unidad se encuentra tan
    sólo entre las primeras dos funciones. La función
    de dinero como dinero es, desde mi punto de vista, la
    negación de las primeras dos pero al mismo tiempo es
    necesaria para comprender por qué el dinero se transforma
    en capital. De este modo, nuestro análisis no
    quedará contenido exclusivamente dentro de la
    teoría de la mercancía sino que nos
    permitirá abrir las puertas de la teoría del
    capital.

    El valor, punto de
    partida para llegar al dinero.

    Este trabajo no podría comenzar por otro lugar
    que no fuera el concepto de valor, fundamento del dinero y de la
    economía
    marxista. Por lo tanto, debemos comenzar por formularnos la
    pregunta: ¿Qué es el valor?

    Mirando a nuestro alrededor veremos cosas que de una
    manera u otra nos son útiles pues satisfacen necesidades.
    También veremos que pocas de esas cosas (si es que alguna)
    las hemos producido con nuestras propias manos. Pero aún
    así, allí se encuentran y son nuestras. Estas cosas
    tienen las más diversas características
    físicas y son frutos de distintas clases de trabajo. Es
    decir que hay distintas formas en la que el hombre
    puede gastar su fuerza de
    trabajo (haciendo sillas, televisores etc.). A esta capacidad que
    tiene el trabajo de producir valores de uso
    la llamaremos trabajo concreto puesto que se materializa
    sensiblemente en un objeto. Por lo tanto, el producto
    "silla" es fruto de un trabajo concreto
    determinado que es el del carpintero.

    ¿Cómo es posible que toda una serie de
    productos
    útiles estén a nuestra disposición sin que
    nosotros los hayamos fabricado? Obviamente, estas cosas fueron
    producidas por otras personas y nosotros, de algún modo,
    nos hemos apropiado de ellas, nos hemos apropiado del fruto de
    diversos trabajos concretos. Ahora bien, lo que nos interesa
    saber es cómo hemos logrado esta
    apropiación.

    En nuestra sociedad no
    hay esclavos que produzcan valores de uso y los cedan a sus
    propietarios sin pedir nada a cambio.
    Entonces, la única forma de obtener los productos es a
    través del intercambio. Si la única forma de
    obtener las cosas útiles para la vida es a través
    del intercambio, debemos preguntarnos qué es lo que hace
    que las cosas sean cambiables: ¿Por qué hay
    intercambio? El intercambio de mercancías podría
    perfectamente no existir pues no siempre ha existido ni existe en
    todas las sociedades.
    Podrían existir otras formas de asegurar la
    satisfacción de las necesidades de los hombres. La
    respuesta a esta pregunta del por qué del intercambio
    será la que nos introduzca en la cuestión del
    valor.

    En efecto, como ya hemos dicho, cada productor no
    fabrica todo lo que necesita para satisfacer sus necesidades sino
    que tiende a especializarse en cierto producto. Por lo tanto este
    modo de organizar la producción se basa en una división
    social del trabajo entre distintos productores. Entre la
    multiplicidad de mercancías que produce esta
    división social, podemos hallar una unidad, un hilo
    imperceptible que conecta a todos estos valores de uso tan
    diferentes en apariencia. La unidad consiste en que todas las
    mercancías son productos del trabajo humano abstracto.
    Abstrayendo todas las características específicas
    de las mercancías (peso, color, ancho,
    largo) abstraemos también las características
    específicas de los trabajos que las producen (los
    martillazos del carpintero y las cuchilladas del carnicero) y nos
    quedamos con una amorfa gelatina de trabajo o trabajo humano y
    social abstracto
    .

    Tomemos un producto cualquiera en nuestra mano. Lo
    primero que vemos es su materialidad corpórea, fruto del
    trabajo concreto. Es precisamente esta materialidad la que hace
    de esa mercancía un objeto útil, un valor de uso.
    Pero al mismo tiempo, ese producto es también fruto del
    trabajo abstracto y es, por lo tanto, un valor. Su magnitud de
    valor estará determinada por la cantidad de trabajo humano
    abstracto que la mercancía requiera para su reproducción. La conclusión que
    podemos extraer en este punto del análisis es que la
    mercancía es una objetivación de valor. Entonces,
    al ser un valor producido por un productor independiente, la
    mercancía es cambiable necesariamente pues se produce para
    ser cambiada.

    Ahora bien, ya sabemos lo que es el valor. Ahora se nos
    presenta otro problema: no podemos conocerlo en su propia
    substancia puesto que es intangible. No podemos saber, de manera
    directa, qué cantidad de trabajo humano abstracto ha
    insumido la producción de alguna mercancía. Si no
    lográramos superar este obstáculo, el valor
    quedaría reducido a una pura metafísica
    sin relación con la vida práctica. Por lo tanto,
    debemos responder a una pregunta que acabará por
    desembocar en la génesis del dinero: ¿Cómo
    se manifiesta el valor?

    Relación entre
    valor y dinero: la medida del valor.

    Sabemos que el valor es una substancia social, producida
    por el trabajo humano abstracto que se materializa en cualquier
    tipo de mercancía. Por otro lado, sabemos que éste
    no puede expresarse en su propia substancia. Omitiremos
    aquí el desarrollo de la forma simple y desplegada de
    valor pues su exposición
    sería una muy larga digresión y no es central para
    el tema de este trabajo.

    Tan sólo diremos que el valor se manifiesta bajo
    la forma de valor en el cuerpo de otras mercancías. Sin
    embargo, el valor no se expresa en el cuerpo de una
    mercancía cualquiera sino en aquél de una
    mercancía aceptada universalmente como equivalente: el
    oro. De este
    modo, como equivalente general, el oro se transforma en
    mercancía dineraria. Ésta es, según Marx, la
    génesis del dinero. El dinero nace de una necesidad de
    expresar el valor y la magnitud de valor de distintas
    mercancías en un polo común.

    Al convertirse en dinero, el oro adquiere ciertas
    características particulares. La que interesa destacar en
    este momento del análisis es que el oro puede ahora
    enfrentarse a todas las demás mercancías bajo su
    forma relativa. Es decir que todas las demás
    mercancías son equivalentes particulares para el
    áureo metal. De aquí podremos desprender una
    primera característica importante del dinero: no
    sólo el dinero es una mercancía sino que es la
    mercancía general directamente cambiable por cualquier
    otra. El dinero posee una enajenabilidad absoluta pues ninguna
    mercancía se resiste a cambiarse por ella.

    Por lo tanto, ésta es la primera función
    del dinero: la medida del valor. Las distintas mercancías
    expresan no sólo su valor sino también su magnitud
    del valor en el cuerpo del oro. Por este motivo, podemos afirmar
    que el precio de una
    mercancía es la expresión en dinero de la magnitud
    de valor que ésta contiene. Es decir que la primera
    función del dinero consiste en actuar como la medida ideal
    del valor de las mercancías. ¿Por qué
    llamamos "ideal" a esa medida?

    La razón es que aún no hemos ingresado en
    la esfera del intercambio. Supongamos una mercancía que es
    producto de una hora de trabajo humano abstracto. El valor de
    esta mercancía se expresa en una determinada cantidad de
    oro que también sea producto de una hora de trabajo humano
    abstracto. Por lo tanto, aquí vemos que el desarrollo de
    la forma de valor se encuentra en la base de la primera
    función del dinero. No hay necesidad alguna de que esta
    mercancía se cambie por el oro. Lo único que
    sabemos es que esa mercancía tiene la potencia de
    cambiarse por oro en una cierta proporción puesto que
    ambos son valores.

    Dinero como medio de
    circulación.

    En este punto puede realizarse la transición del
    dinero como medida ideal del valor al dinero como medio de
    circulación. ¿Bajo qué condición
    puede darse esta transformación de una mercancía
    particular en un equivalente general? Obviamente, el dinero debe
    tener una existencia real efectiva.

    Supongamos que miles de productores fueran al mercado a ofrecer
    sus bienes pero
    que no hubiera dinero. Sin duda, los precios
    seguirían existiendo y el carpintero seguiría
    exclamando: "vendo esta silla por una onza de oro". El dinero
    como equivalente general e ideal aún seguiría
    cumpliendo su función de medir el valor. Sin embargo, no
    podría concretarse ni una sola transacción pues las
    mercancías concretas desean convertirse en dinero, no en
    otra mercancía concreta. Por lo tanto, no podría
    llevarse a cabo el proceso de
    metabolismo
    social en que el dinero funciona como mediador. En este caso,
    existe una enorme cantidad de mercancías, de
    objetivaciones de tiempo de trabajo abstracto que no pueden
    relacionarse entre ellas porque no pueden convertirse realmente
    en dinero.

    Por lo tanto, aquí vemos que el dinero juega un
    papel fundamental en el proceso de metabolismo social.
    Sólo cuando se produce efectivamente la
    metamorfosis de la mercancía particular en la forma
    dineraria, el productor sabe que su trabajo concreto forma parte
    del trabajo social,
    del cúmulo de valor generado por la división social
    del trabajo. En otras palabras, gracias a la existencia del
    dinero, el productor sabe que el fruto de su trabajo es
    valor.

    Entonces, cuando el dinero aparece en su forma real como
    medio de circulación puede llevarse a cabo el metabolismo
    social que es el intercambio. En nuestra reformulación de
    la consigna nos planteábamos en qué sentido el
    dinero sirve para cumplir con los fines de la mercancía.
    Ahora vemos que es absolutamente fundamental. Si el dinero no
    funcionara como medio de circulación, la mercancía
    no podría realizar lo que le es propio: cambiarse (al
    menos ésta es la conclusión a la que podemos llegar
    en este punto del análisis).

    El oro que recibe el zapatero es utilizado para
    comprarle al carpintero quien lo usa para comprar vino etc. Por
    lo tanto, aquí vemos que lo propio del dinero como medio
    de circulación es precisamente circular. El dinero existe
    para circular y hacer circular a las mercancías.
    También vemos aquí la importancia del concepto de
    "valor" en la realización efectiva de este
    metabolismo.

    El zapatero tiene entre sus manos un producto que
    representa una hora de trabajo humano abstracto. Lo cambia por
    una onza de oro (que también representa una hora de
    trabajo). Luego, con esta onza de oro, compra una silla que
    también es producto del mismo tiempo de trabajo abstracto.
    De este modo, vemos que el dinero tiene por función el
    permitir la circulación de distintos valores de uso de
    iguales magnitudes de valor (en el momento presente del
    análisis, aún no nos preocupa si existen
    discrepancias entre precios y valores). Gracias a la existencia
    del dinero como medio de intercambio, puede realizarse el
    objetivo de la división social del trabajo: la
    satisfacción de necesidades específicas a
    través de distintos trabajos específicos pero que
    adquieren, como valores, un carácter social.

    Unidad del dinero
    como medida del valor y como medio de
    circulación.

    Ahora que hemos presentado las dos primeras funciones
    del dinero, veremos que existe una unidad entre ambas.

    La función de medida de valor hace que las
    mercancías expresen su magnitud de valor idealmente en una
    determinada cantidad de dinero. La función de medio de
    circulación hace que se realice efectivamente el
    intercambio. El problema se presenta de la siguiente manera: en
    un primer momento, hay un cúmulo de mercancías
    donde cada una tiene un precio fijado idealmente. Ahora bien, ya
    hemos mencionado que el intercambio sólo puede realizarse
    (en este punto del análisis) utilizando al dinero real
    como medio de circulación.

    Marx sostiene que, en el marco de la circulación
    pura, no quedan mercancías sin vender. Por lo tanto, todo
    el dinero ideal se transforma en dinero real pues sólo de
    este modo se cumple que todas las mercancías encuentran
    comprador. Es decir que si hay mercancías cuya suma de
    precios (expresión de valor en dinero ideal) es de 20
    onzas de oro, debe haber una cantidad tal de oro que permita que
    todas las ventas se
    realicen a esos precios. Esto no significa necesariamente que la
    magnitud de valor de la masa de oro en circulación deba
    coincidir con la magnitud de valor de las mercancías pues
    también debe considerarse la velocidad de
    circulación. Si la velocidad de circulación del
    dinero es más elevada, una menor cantidad de dinero puede
    permitir la circulación de la misma cantidad de
    mercancías.

    De todos modos, en líneas generales, el dinero en
    circulación se adaptará a la suma de los precios
    que deban realizarse. ¿Por qué debe adaptarse
    necesariamente? Evidentemente, en este punto, consideramos al
    dinero sólo como un medio de circulación que
    permite que las mercancías se cambien. Recordemos que
    habíamos establecido que existe unidad de las funciones
    cuando éstas sirven para el objetivo de la
    mercancía. Esto es precisamente lo que ocurre aquí.
    La función del dinero como medida del valor permite que
    las mercancías tengan un precio. La función del
    dinero como medio de circulación permite que el precio se
    realice. Por lo tanto, estas dos funciones constituyen una
    unidad. Una mercancía siempre tiene un precio y este
    precio siempre se realiza en el marco de la circulación
    pura.

    Podríamos agregar también que estas dos
    primeras funciones son interdependientes. Por un lado, la
    función del dinero como medida del valor es anterior a la
    función de medio de circulación. La primera
    condición que debe cumplirse para que haya intercambio es
    que las mercancías expresen su valor en el cuerpo del oro.
    Esta es una conclusión a la que Marx llega aún
    antes de ingresar en la esfera del intercambio (recordemos que lo
    presenta al final del capítulo I, antes de describir el
    proceso de intercambio).

    Pero al mismo tiempo, hay una razón que explica
    por qué las mercancías expresan su valor en el oro
    y no en otro cuerpo. El motivo es un proceso social que
    así lo determinó puesto que el oro cumplía
    con ciertas características deseables (posibilidad de
    fraccionarse, de fundirse etc). En efecto, el capitalismo no
    puede funcionar con una economía de trueque. De ahí
    nace la necesidad práctica de contar con un medio de
    circulación aceptado universalmente por todos los
    productores. Por lo tanto, en este sentido, el uso
    histórico del oro como medio de circulación
    antecede a la expresión del valor. Si no fuera el oro el
    medio de circulación socialmente aceptado, ninguna
    mercancía expresaría en él su
    valor.

    Entonces, vemos que hay una unidad entre el dinero como
    medida de valor y como medio de circulación.

    El dinero como
    dinero.

    Ahora bien, hasta aquí estamos describiendo una
    sociedad donde el oro circula constantemente permitiendo
    así un constante movimiento de
    las mercancías. El dinero funciona como un medio que
    permite realizar un fin que se desprende de la razón misma
    de ser de las mercancías: el metabolismo social que
    requiere que las mercancías se cambien. Por lo tanto,
    hasta aquí estamos describiendo una sociedad que no
    atribuye al dinero más que su función de permitir
    el intercambio. Una vez que el vendedor se desprende de su
    mercancía, vuelve al mercado para adquirir otro valor de
    uso. Es decir que el fin último del vendedor es hacerse de
    otro valor de uso para satisfacer sus necesidades.

    Sin embargo, no es esto lo que ocurre en la sociedad
    capitalista. En mi opinión, esto se aplica mejor a una
    economía intersticial donde los productores son lo
    suficientemente pobres como para tener que gastar todo su ingreso
    en la satisfacción inmediata de sus necesidades. Por lo
    tanto, no debe extrañarnos que en esta clase de
    organización de la producción el
    dinero cumpla, en los hechos, con la sola función de ser
    un medio de circulación.

    Sin embargo, a medida que se desarrolla el capitalismo,
    se desarrolla también la acumulación. El sistema
    capitalista introduce cambios en las mentalidades de los hombres
    y estos cambios van a introducir una nueva función del
    dinero.

    Supongamos que realizáramos una encuesta
    callejera preguntando a la gente: "¿Qué entiende
    por "ser rico"?". Probablemente, la respuesta que
    obtendríamos en la mayoría de los casos
    sería "ser rico es tener mucho dinero". Ésta es
    precisamente la mentalidad que guía al atesorador quien
    busca acumular la mayor cantidad posible de dinero. Sin embargo,
    este dinero ya no volverá a la circulación, no
    volverá a salir del tesoro. Su carácter de valor se
    ha desdibujado y sólo cuenta como valor de uso. El
    atesorador desea acumular dinero porque tiene un valor de uso
    para él y no por su absoluta enajenabilidad que le
    permitiría comprar cualquier otra
    mercancía.

    Aquí encontramos una contradicción entre
    esta función del dinero y las anteriores: si el dinero no
    va al mercado a relacionarse con las demás
    mercancías, a reconocerlas como equivalentes particulares,
    ha perdido una de sus funciones: la de oficiar como un medio de
    circulación. Es decir, que el dinero se ha independizado
    de tal forma que ya se ha transformado en un fin en sí
    mismo, ha dejado de cumplir con la función para la que fue
    creado originariamente. Recordemos que Marx nos dice, en el
    capítulo II, que el dinero surgía de la necesidad
    social de facilitar el intercambio. El oro se transformaba
    así en una mercancía universalmente aceptada como
    medio de compra. Así surgía la función del
    dinero como medio de circulación.

    Sin embargo, con el atesoramiento, el dinero se niega a
    sí mismo en su función de permitir la
    circulación de las mercancías y entra así en
    flagrante contradicción con su razón de ser
    originaria. En un principio, el dinero surgía como un paso
    necesario dentro del desarrollo de la mercancía: no
    podía realizarse el intercambio mercantil sin la presencia
    del dinero. Y precisamente, la necesidad de intercambiar
    mercancías surge del tipo de organización de la
    producción que caracteriza al capitalismo: la
    división social del trabajo con productores privados e
    independientes.

    En el dinero como medio de pago o como dinero mundial no
    hay diferencias fundamentales (en este aspecto) con el rol del
    atesorador. El deudor también busca al dinero para pagar
    deudas y no para adquirir otros valores de uso, para hacer
    circular mercancías. El dinero como medio de pago
    también pierde la función de ser un medio de
    circulación de las mercancías. En efecto, vemos que
    éstas se mueven aún en ausencia del dinero. Por lo
    tanto, en este caso se tergiversa el ciclo M – D – M puesto que
    ya no es necesario el cambio de manos del dinero en el momento
    mismo en que la mercancía cambia de manos. En rigor, ya ni
    siquiera es absolutamente necesario el dinero para realizar
    transacciones porque cuando se desarrolla el dinero crediticio,
    las compensaciones entre bancos hacen que
    el dinero ni siquiera entre en circulación (se cancelan
    las deudas mediante un clearing bancario). Hasta podríamos
    imaginar una situación extrema en que las
    mercancías circularan sin necesidad de dinero. Supongamos
    que hubiera dos productores (A y B) que producen distintas
    mercancías. Las mercancías que ambos producen
    tienen un precio de una onza de oro. Suponemos que A le compra a
    B y B le compra a A. Entonces, el productor A le firma a B un
    cheque y B le
    firma otro a A por el mismo valor. El día en que se
    realice el clearing, los bancos compensarán las cuentas y no
    habrá necesidad de un movimiento de dinero para cancelar
    las transacciones. Las mercancías han circulado pero no
    así el dinero.

    Por lo tanto, aquí vemos que el dinero se ha
    desligado de su función de medio de circulación.
    Sin embargo, su necesidad como medida de valor sigue tan presente
    como al principio. Las mercancías que se compran y se
    venden aún tienen un precio expresado idealmente. Si una
    manzana vale una onza de oro, ése será su valor de
    cambio sin importar el momento en que sea pagada la
    transacción. Sin embargo, la segunda función del
    dinero ya no aparece como necesaria. Así llegamos a una
    conclusión curiosa: el dinero ha dejado de cumplir la
    función para la que fuera creado: permitir la
    circulación de las mercancías. Ahora vemos que ya
    no es necesaria la presencia efectiva del dinero en el proceso de
    intercambio.

    Recapitulación.

    Recapitularemos brevemente nuestro recorrido antes de
    extraer las conclusiones pertinentes.

    En un primer momento, hemos presentado el concepto de
    valor. Luego, hemos visto que el valor necesita inexorablemente
    una forma de expresión sin la cual no sería de gran
    utilidad pues
    no podría ser conocido. A partir de ese punto hemos
    desembocado, por necesidad, en el dinero como forma general de
    expresión de valor y así hemos definido la primera
    de sus funciones: la medida del valor.

    Sin embargo, hemos visto que la función de medir
    el valor era insuficiente puesto que la existencia de dinero real
    es necesaria para el correcto funcionamiento del proceso de
    metabolismo social. Así hemos llegado a la segunda
    función del dinero: el medio de circulación.
    Gracias a esta segunda función, la expresión del
    valor contenido en la mercancía puede realizarse
    efectivamente utilizando al dinero real como equivalente general
    y permitiendo así el intercambio. Hemos visto que la
    función del dinero como medio de circulación,
    permitía que los frutos de los trabajos concretos de las
    distintas ramas de la división del trabajo se
    intercambiaran pues, en cuanto valores, se cambian por un mismo
    equivalente. Por lo tanto, así funciona el dinero para
    permitir un intercambio entre poseedores de distintos valores de
    uso y pueden satisfacerse las necesidades de los
    individuos.

    De la función del dinero como medio de
    circulación se desprende que no es absolutamente necesaria
    la presencia efectiva del dinero sino que éste puede ser
    reemplazado por la moneda. Dado que el dinero circula
    constantemente permitiendo el movimiento de las
    mercancías, no es necesario que lo haga "en persona". El
    papel moneda puede reemplazarlo pues cumple con la misma
    función: permite que se realice el proceso de intercambio.
    Por último, hemos presentado la función de dinero
    como dinero y hemos mostrado por qué es la negación
    de las funciones anteriores.

    Hemos visto también que la unidad de funciones
    del dinero existe tan sólo entre sus primeras dos
    funciones puesto que éstas son interdependientes. En
    efecto, el dinero como medio de circulación aparece para
    realizar los valores
    que se expresaban en dinero por su función de medida de
    valor. El zapatero pone un precio a sus zapatos. En el marco de
    la circulación directa, este precio se realiza.

    Justamente por este motivo el dinero ocupa el lugar
    central en el proceso de circulación de las
    mercancías: M – D – M. Hay una magnitud de valor contenida
    en diversas mercancías. Las mercancías se cambian
    por una cantidad de dinero que contiene la misma magnitud de
    valor. Luego, el dinero (por su carácter de absoluta
    enajenabilidad) se cambiará nuevamente por
    mercancías de una misma magnitud de valor que las primeras
    (al menos en este momento del análisis podemos suponer que
    las magnitudes de valor son iguales). El objetivo de esta
    división social del trabajo es asignar los esfuerzos
    productivos de modo que puedan satisfacerse las necesidades de
    los distintos productores a través del intercambio de
    mercancías.

    Por lo tanto, desde mi punto de vista, la unidad entre
    las tres funciones del dinero sólo puede existir siempre y
    cuando el dinero aparezca como subordinado a las
    mercancías, como algo que permite que éstas cumplan
    con su objetivo. En mi opinión, en las dos primeras
    funciones, el dinero cumple con esta condición al tener el
    papel de "medio". Es un medio de expresión del valor
    (puesto que lo necesitamos para conocer cuál es el valor
    de las mercancías) y es también un medio que
    permite la circulación.

    Es justamente esta relación de
    subordinación que va a destruir la función del
    dinero como dinero y es por esto que sostengo que no hay unidad
    entre sus funciones. En efecto, ya hemos visto cómo el
    dinero se independiza, cómo deja de ser un medio para
    permitir la circulación de mercancías. En su
    tercera función, el dinero se transforma en un fin en
    sí mismo: el atesorador lo quiere para acumularlo y el
    deudor para pagar. Ya no se lo necesita para circular. La
    función de medio de circulación es cumplida por el
    papel moneda, no por el dinero. Por lo tanto, vemos que la
    función del dinero como dinero, introduce una
    contradicción en sus funciones.

    Por qué el dinero
    como dinero es una condición necesaria para su
    transformación en capital.

    Ahora bien, con el desarrollo del capitalismo la
    función de dinero como dinero adquiere cada vez una mayor
    relevancia. El dinero deja de ocupar el lugar central en la
    circulación para ubicarse en los extremos. Esto es lo que
    Marx describirá como la transformación del dinero
    en capital caracterizada por el esquema D – M – D’. Lo que
    importa destacar aquí es que no existiría esta
    transformación del dinero en capital si el dinero no se
    independizara de la mercancía, si la tercera
    función del dinero no apareciera como la antítesis de la función como medio
    de circulación.

    En efecto, hasta podríamos decir que el nombre
    "capitalismo" proviene de esta función del dinero como
    dinero. Es justamente esta tercera función la que
    modifica, desde mi punto de vista, el objetivo del metabolismo
    social: la voluntad de los individuos (gobernada por las
    mercancías) ya no consiste en cambiar mercancías
    por otras para satisfacer distintos valores de uso.

    La voluntad de los individuos es acumular dinero. Por lo
    tanto, en ambos extremos del ciclo nos encontramos con algo
    cualitativamente idéntico: dinero, expresión del
    valor social. Esto es algo que sólo ocurre con la
    mercancía dineraria y nunca con las demás. En
    efecto, el zapatero no va al mercado para cambiar un par de
    zapatos por otro par de zapatos. Ni siquiera iría a
    cambiar un par de zapatos por dos pares de zapatos. Él no
    necesita más de su misma mercancía pues tiene otras
    necesidades que satisfacer. Pero curiosamente, sí va al
    mercado con la voluntad de cambiar una onza de oro por dos onzas
    de oro. Aquí vemos claramente que el dinero no es una
    mercancía como las demás.

    No es objetivo de este trabajo el estudiar cómo
    es que se produce la acumulación del capital. Sin embargo,
    en este momento del análisis, ya podemos señalar
    una condición sine qua non de la acumulación
    capitalista: la consideración del dinero como un fin y ya
    no como un medio. Por lo tanto, vemos aquí que el modo
    mismo de producción capitalista en que vivimos reposa, en
    su base, sobre esta contradicción entre las funciones del
    dinero. Sólo si consideramos al dinero como el objetivo de
    todos los poseedores de mercancías podremos comprender por
    qué este se transforma en capital.

     

    Federico Ast

    Estudiante de Economía y Filosofía de la
    Universidad de
    Buenos
    Aires.

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