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Nicolás Copérnico y la Astronomía




Enviado por crispi2002



    1. Hipótesis acerca del
      movimiento de la Tierra alrededor del sol
    2. Postulados
    3. Los movimientos aparentes del
      Sol
    4. La Cosmología a
      principios del siglo XVI
    5. El sistema de Copérnico
      y su influencia
    6. ¿La aspiración de
      la ciencia al elaborar sus teorías es describir
      fielmente la realidad o elaborar un modelo que nos permita
      predecir los fenómenos?
    7. Defensores de las
      teorías de Copérnico
    8. Aristarco de Samos, El autor
      de la teoría heliocéntrica
    9. Revolución
      astronómica
    10. Bibliografía

    Introducción

    Copérnico nació en 1473 en Thorn (hoy
    Toru), un pequeño puerto polaco sobre el río
    Vístula, cerca del mar Báltico. (Su nombre era
    Mikolaj Kopernik, que él latinizó como Nicolaus
    Copernicus.) Cuando tenía diez años, su padre (de
    profesión comerciante) falleció y su educación
    quedó a cargo de su tío materno, un importante
    obispo de Polonia.

    Guiado por su tío, recibió una esmerada
    formación en importantes universidades. En 1491
    ingresó en la Universidad de
    Cracovia. Allí Alberto Brudzewski, afamado
    matemático y astrónomo, despertó en el joven
    Nicolás el gusto por estas ciencias. Si
    bien por consejo de su tío se licenció en Medicina,
    Nicolás adquirió en Cracovia una sólida
    formación matemática
    y descubrió las contradicciones del modelo
    astronómico ptolemaico. Probablemente haya aprendido
    también allí el
    conocimiento del arte de la
    observación de las estrellas.

    Abandonó Cracovia en 1795 e ingresó en la
    célebre Universidad de Bolonia (Italia), para
    estudiar Derecho Canónico. Allí permaneció
    hasta el año 1500, cultivando, junto al Derecho, su
    pasión por la Astronomía con el Profesor
    Domenico María Novara (crítico de la geografía de
    Ptolomeo), en cuya casa se alojaba. En Bolonia Copérnico
    aprendió griego, lo que le permitiría luego leer
    los textos originales sobre Astronomía en esa lengua. El 9
    de marzo de 1497 realizó una observación que le
    permitió concluir que la distancia de la Luna a la Tierra no
    varía en los cuartos y en la fase llena. Esto
    contradecía lo previsto por Ptolomeo y mostraba el camino
    de su superación: la asociación del razonamiento y
    observación.

    En 1500 se doctoró en Astronomía en
    Roma y fue
    nombrado allí Profesor de la Universidad. Pero sus dudas
    sobre el modelo de Ptolomeo, que se enseñaban por entonces
    a los alumnos, lo llevaron a renunciar a la
    cátedra.

    Ingresó, por entonces a la famosa Escuela de
    Medicina de la Universidad de Padua. En esta ciudad
    profundizó sus conocimientos de la lengua griega y de la
    literatura
    clásica. Copérnico se encontraba inquieto en la
    búsqueda de una solución a las anomalías
    mostradas por los modelos
    ptolemaicos, que ponían en crisis el
    Postulado de Homogeneidad y Armonía del Cosmos.

    En 1503 se licenció en derecho canónico en
    la Universidad de Ferrara, para luego regresar a Polonia.
    Habiéndose ordenado sacerdote, vivió hasta 1510 con
    su tío, ejerciendo la Medicina y colaborando en la
    administración de la diócesis.

    Entre los años 1507 y 1515 fue redactando su
    primera obra sobre Astronomía, conocida como el
    Commentariolus. La misma circuló en un principio a
    través de unas pocas copias manuscritas y fue publicada
    recién en el siglo XIX. En ella expone ya su
    concepción heliocéntrica. Sin apelar a
    demostraciones matemáticas, describe el sistema solar
    señalando la ubicación de los planetas
    según su distancia respecto del Sol.

    El segundo de sus tres escritos astronómicos es
    del año 1524 y es una crítica
    al tratado Del movimiento de
    la octava esfera
    de Juan Werner de Nüremberg. Si bien
    lleva por título De octava sphaera, se lo conoce
    como "Carta a
    Wapowski". En esta obra Copérnico se abstiene de presentar
    su propio modelo heliocéntrico, ateniéndose a
    señalar los errores de método y
    contenido de la obra criticada.

    En 1515 participó del quinto Concilio Laterano
    encargado de reformar el calendario. Entre ese año y 1530
    redactó su obra principal, Sobre las revoluciones de
    los cuerpos celestes
    , pero no la publicó. De todos
    modos, las noticias sobre
    sus investigaciones y
    su teoría
    se fueron filtrando poco a poco. Fue así que, en 1533, la
    corte papal sometió a discusión sus
    descubrimientos. En 1536 el cardenal Nicolás Schonberg
    (procurador general de los dominicos) le propuso que publicara
    sus descubrimientos. Finalmente Copérnico publicó
    su obra en 1543, pocos días antes de su muerte,
    ocurrida el 24 de mayo en Frauenburg (Polonia).

    Copérnico no fue el primero en señalar la
    centralidad del Sol. A este respecto, basta nombrar a Aristarco
    de Samos, quien ya en la antigua Grecia
    enseñaba que la Tierra y todos
    los demás planetas giraban alrededor del Sol. De todos
    modos, el modelo que imperaba en su tiempo era el
    de Claudio Ptolomeo, que afirmaba que la tierra se hallaba
    estática y que tanto el Sol como los
    planetas giraban a su alrededor. Al realizar sus observaciones
    astronómicas, Copérnico descubrió
    anomalías en el sistema
    ptolemaico y comenzó a dudar de sus postulados
    básicos. En su obra principal dice:  […]
    cuando un barco navega sin sacudidas, los viajeros ven
    moverse, a imagen de su
    movimiento, todas las cosas que les son externas y, a la inversa,
    creen estar inmóviles con todo lo que está con
    ellos. Ahora, en lo referente al movimiento de la Tierra, de
    manera totalmente similar, se cree que es todo el Universo
    íntegro el que se mueve alrededor de ella

    […]" Copérnico llegó a la
    conclusión de que la Tierra se movía, girando sobre
    sí misma (un giro completo equivalía a un
    día) y alrededor del sol (un giro completo
    equivalía a un año). También sostenía
    que el eje de la Tierra se hallaba inclinado. A su vez,
    mantenía la concepción tradicional de una esfera
    exterior donde se encontraban inmóviles las
    estrellas.

    Se debe tener en cuenta que Copérnico realizaba
    sus observaciones sin contar con el aporte invalorable del
    telescopio, que por entonces no había sido aún
    inventado. Para observar los cuerpos celestes, pasaba las noches
    en la torre de su casa de las montañas. Complementaba
    estas observaciones con la lectura de
    las obras antiguas y clásicas y con sus propias
    anotaciones y cálculos. Si bien éstos
    últimos no eran del todo precisos, todas sus observaciones
    respondían a necesidades de orden teórico y se
    realizaban según un plan
    preestablecido.

    Copérnico sentó las bases de la
    Astronomía Moderna, que sería desarrollada luego
    por Galileo,
    Brahe,
    Kepler
    y Newton,
    entre otros

    En su propio siglo contó con pocos seguidores.
    Era muy criticado ―especialmente por miembros
    de la Iglesia
    por afirmar que la Tierra no se hallaba en el centro del Universo. El
    heliocentrismo demorσ en imponerse. En el juicio de 1633,
    Galileo fue condenado por sostener la tesis
    copernicana, que quedσ prohibida. Sin embargo,
    algunos jesuitas la
    estudiaban y enseñaban en secreto. La teoría
    recibió un nuevo impulso con la formulación de la
    Ley de
    Gravedad por parte de Newton, en el
    siglo XVII, en especial en el norte de Europa. Los
    pensadores católicos del sur de Europa tardaron un siglo
    más en reconocer al heliocentrismo su validez. Cabe
    recordar que, en el siglo XV, el propio Marín Lutero
    había acusado a Copérnico de ser un necio que
    quería «poner completamente del revés el Arte
    de la Astronomía.

    Hipótesis Acerca Del Movimiento De La Tierra
    Alrededor Del Sol

    Nuestros ancestros, según advierto,
    suponían la existencia de gran número de esferas
    celestes, principalmente con la intención de explicar el
    movimiento aparente de los planetas en virtud del principio de
    regularidad. Porque tenían por cosa totalmente absurda el
    que un cuerpo celeste que es esfera perfecta, no tuviera siempre
    movimiento uniforme. Vieron como uniendo y combinando de varios
    modos movimientos regulares, podían lograr que, al
    parecer, todo cuerpo se moviese hasta una posición
    cualquiera.

    Calipo y Eudoxo, quienes se propusieron resolver el
    problema recurriendo a las esferas concéntricas, no
    pudieron explicar todos los movimientos planetarios. No
    sólo tenían que dar razón de los giros
    aparentes de los planetas, sino también de por qué
    dichos cuerpos a veces nos parecen remontarse por los cielos y
    otras bajar; y esto no concuerda con el principio de la
    concentricidad. Por eso se tuvo por mejor recurrir a
    excéntricas y epiciclos, sistema que acabaron pro aceptar
    los más doctos.

    No obstante, las teorías
    planetarias de Ptolomeo y la mayoría de los otros
    astrónomos, aunque concordaban con los datos
    numéricos, a veces parecían presentar dificultades
    no pequeñas. Porque las tales teorías no
    satisfacían por completo, a menos de admitirse
    también ciertos ecuantes. Resultaba entonces que el
    planeta no se movía con velocidad
    uniforme ni en su deferente ni en torno del centro
    de su epiciclo. Por lo tanto, los sistemas de esta
    clase no
    parecían ni bastante absolutos ni bastante gratos para el
    entendimiento.

    Grabado con el sistema solar de Copérnico.
    De revolutionibus orbium coelestium libri vi, 2nd ed.
    (1566). The Adler Planetarium and Astronomy Museum, Chicago,
    Illinois

    Habiéndome dado cuenta de tales defectos,
    medité a menudo, si no podría hallarse por ventura
    una combinación más razonable de círculos de
    la cual se infiriesen todas las anomalías aparentes y
    según la cual todo se moviese uniformemente en torno de su
    propio centro, conforme lo exige la norma del movimiento
    absoluto. Después de proponerse este problema
    dificilísimo y casi imposible de solventar, al fin se me
    ocurrió una idea de como podría resolverse mediante
    construcciones menos numerosas y mucho más sencillas que
    las antes usadas, con tal que se me concediesen algunos
    postulados (que se llaman axiomas) y que se exponen en este
    orden.

    Postulados

    1. No existe ningún centro de gravedad de todos
      los círculos o esferas celestes
    2. El centro de la tierra no es el centro del universo,
      sino tan sólo de gravedad y de la esfera
      lunar.
    3. Todas las esferas giran alrededor del sol como de su
      punto medio y, por lo tanto, el sol es el centro del
      universo.
    4. La razón entre la distancia de la tierra al
      sol y la altura del firmamento es a tal punto menor que la
      razón entre el radio de la
      tierra y la distancia de ésta al sol, que la distancia
      de la tierra al sol es imperceptible, si se le compara con la
      altura del firmamento.
    5. Todo movimiento aparente que se percibe en los cielos
      proviene del movimiento de la tierra, y no de algún
      movimiento del firmamento, cualquiera que fuere.
    6. Lo que nos parece movimiento del sol no proviene del
      movimiento de éste, sino del movimiento de la tierra y
      de nuestra esfera, junto con la cual giramos en derredor del
      sol, lo mismo que cualquier otro planeta.
    7. El movimiento aparentemente directo y
      retrógrado de los planetas no proviene del movimiento
      suyo, sino del de la tierra. Por consiguiente, el movimiento de
      la tierra por sí solo para explicar las aparentes
      anomalías de los cielos.

    Concedidos estos postulados, trataré de hacer
    notar brevemente cómo un proceso
    sistemático puede eliminar la uniformidad de los
    movimientos. Sin embargo, he tenido por conveniente el omitir en
    este esquema, en gracia de la brevedad, todas las demostraciones
    matemáticas, las cuales reservo para mi obra más
    amplia. Pero, al explicar los círculos, daré
    aquí las longitudes de los radios; y, por ellas, pronto
    verá el lector versado en matemática cuán
    cabalmente concuerda esta combinación de círculos
    con las observaciones y datos numéricos.

    Las esferas celestes están dispuestas en el orden
    siguiente: La suprema es la esfera inmóvil de las
    estrellas fijas, la cual contiene todas las cosas y les da su
    posición. Debajo de ellas está Saturno,
    detrás del que viene Júpiter y después
    Marte. Bajo de Marte está la esfera en que giramos
    nosotros, luego, Venus; y por último, Mercurio. La esfera
    gira en torno del centro de la tierra, y se mueve junto con la
    tierra, a modo de epiciclo. También según el mismo
    orden un planeta aventaja a otro en velocidad de
    traslación según se describa círculos
    menores a mayores. Así, Saturno dura treinta años
    en una revolución
    completa; Júpiter, doce; Marte, dos y medio, y la Tierra,
    uno; Venus, nueve meses y Mercurio, tres.

    Los Movimientos
    Aparentes del Sol.

    La tierra tiene tres movimientos: el primero describe
    anualmente un gran círculos en torno del sol, siguiendo el
    orden de los signos y
    recorriendo siempre arcos iguales en tiempos iguales; la
    distancia del centro del círculo al sol es igual a la
    vigésima quinta parte del radio del círculo. Se
    supone que el radio tiene una longitud imperceptible, comparada
    con la altura del firmamento; de ahí que con este
    movimiento parezca moverse el sol, como si la tierra ocupase el
    centro del universo. Sin embargo, la apariencia de este
    movimiento no tiene por causa el movimiento del sol, sino el de
    la tierra, de manera que, cuando, por ejemplo, la tierra
    está en el signo de Capricornio, el sol se ve el de
    Cáncer, diametralmente opuesto; y así por el
    estilo. Por razón de la distancia, citada arriba, del sol
    al centro del círculo, este movimiento aparente del sol no
    es uniforme, siendo su irregularidad máxima de dos grados
    y un sexto.

    La línea trazada desde el sol a través del
    centro del círculo se dirige invariablemente hacia un
    punto del firmamento situado a unos diez grados al oeste de la
    más brillante de las dos estrellas de la cabeza de los
    Gemelos; por consiguiente, cuando la tierra se halla enfrente de
    este punto, y el centro del círculo se halla entre ellos,
    se ve al sol a su distancia máxima de la tierra. En este
    círculo gira la tierra, junto con cuento queda
    encerrado dentro de la esfera lunar.

    El segundo Movimiento propio de la tierra es la
    rotación diurna en torno de los polos, siguiendo el orden
    de los signos, o sea de oeste a este. A causa de esta
    rotación, el universo entero parece girar con velocidad
    enorme. De este modo gira la tierra, junto con las aguas que la
    rodea y la atmósfera que la
    circunda.

    El tercer movimiento es el de declinación; porque
    el eje de la rotación diurna no es paralelo al eje del
    círculo máximo, sino que tiene con relación
    a él una inclinación que forma un ángulo que
    intercepta una porción de la circunferencia igual a unos
    veintitrés grados y medio, en el tiempo nuestro. Por lo
    tanto, permaneciendo siempre el centro de la tierra en el plano
    de la eclíptica, o sea, en la circunferencia el
    círculo máximo, giran los polos de la tierra,
    describiendo ambos unos círculos pequeños en torno
    de centros equidistantes del eje del círculo
    máximo. La duración de este movimiento no es de un
    año cabal, sino aproximadamente igual a la
    revolución anual en el círculo máximo. En
    cambio, el eje
    de este círculo máximo se orienta invariablemente
    hacia los puntos del firmamento que se llaman polos de la
    eclíptica. De modo semejante, el movimiento de
    declinación combinado con el movimiento anual, actuando
    juntos con los polos de la rotulación diurna,
    harían que estos polos se mantuviesen fijos en los mismos
    puntos del cielo, sé ser exactamente iguales los
    período de ambos movimientos. Pero, en un largo lapso de
    tiempo, ha quedado de manifiesto que cambia esta
    inclinación que tiene la tierra con respecto al
    firmamento. De ahí proviene la opinión
    común, según la cual el firmamento posee
    movimientos varios, de acuerdo con una ley no bien entendida
    aún. En cambio, el movimiento de la tierra puede explicar
    todas estas mudanzas, de modo menos sorprendente.

    El movimiento igual no debiera medirse por los
    equinoccios, sino por las estrellas fijas.

    Puesto que los equinoccios y los demás puntos
    cardinales del universo cambian bastante, necesariamente
    errará quien se empeñare en deducir de ellos la
    igualdad de
    longitud de la traslación anual. En diversas épocas
    se hicieron diferentes determinaciones de esta longitud, basadas
    en muchas observaciones. Hiparco la calculó en 365
    ¼ días; y Albategonio, caldeo, en 365 días,
    5 horas y 46 minutos, o sea, en 13 3/5 minutos o 131/3 minutos
    menos que Ptolomeo, El Sevillano (Hispalensis)
    aumentó el cómputo de Albategonio en un
    vigésimo de hora, puesto que calculó el año
    trópico en 365 días, 5 horas y 49
    minutos.

    A menos que se juzgase que tales discrepancias tuvieron
    su causa en errores de observación, permítaseme
    decir que; si uno estudia con atención los detalles, hallará que
    la discrepancia ha correspondido siempre al movimiento de los
    equinoccios. Porque cuando los puntos cardinales recorrían
    un grado por siglo, como se comprobó que se movían
    en la época de Ptolomeo, la longitud del año era la
    que afirmó ser Ptolomeo. Pero cuando en los siglos
    siguientes, se movían con más rapidez, al
    contraponerlos a movimientos menores, el año se
    acortó; y esta disminución corresponde al aumento
    de la precesión. Porque el movimiento anual se lleva a
    cabo en menos tiempo, a causa de la repetición más
    rápida de los equinoccios. Por lo tanto, es más
    exacto el inferir de las estrellas fijas la igualdad de longitud
    del año. Yo me valí de la Espiga de la Virgen
    (Spica Virginis), y hallé que el año ha sido
    siempre de 365 días, 6 horas y como 10 minutos, el cual es
    también el cómputo de los antiguos egipcios. El
    mismo método ha de utilizarse también en los
    movimientos de los demás planetas, como lo demuestran sus
    ábsides, las leyes fijas de su
    movimiento en los cielos y el cielo mismo, con testimonio
    infalible.

    La cosmología
    a principios del
    siglo XVI

    La cosmología anterior a la teoría de
    Copérnico postulaba un universo geocéntrico en el
    que la Tierra se encontraba estática en el centro del
    mismo, rodeada de esferas que giraban a su alrededor. Dentro de
    estas esferas se encontraban (ordenados de dentro hacia afuera):
    la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter, Saturno
    y, finalmente, la esfera exterior en la que estaban las llamadas
    estrellas fijas. Se pensaba que esta esfera exterior fluctuaba
    lentamente y producía el efecto de los equinoccios
    (véase Eclíptica).

    En la antigüedad era difícil de explicar por
    cosmólogos y filósofos el movimiento aparentemente
    retrógrado de Marte, Júpiter y Saturno. En
    ocasiones, el movimiento de estos planetas en el cielo
    parecía detenerse, comenzando a moverse después en
    sentido contrario. Para poder explicar
    este fenómeno, los cosmólogos medievales pensaron
    que los planetas giraban en un círculo que llamaban
    epiciclo, y el centro de cada epiciclo giraba alrededor de la
    Tierra, trazando lo que denominaban una trayectoria deferente
    (véase Sistema de Tolomeo).

    El sistema de
    Copérnico y su influencia

    La teoría de Copérnico establecía
    que la Tierra giraba sobre sí misma una vez al día,
    y que una vez al año daba una vuelta completa alrededor
    del Sol. Además afirmaba que la Tierra, en su movimiento
    rotatorio, se inclinaba sobre su eje (como un trompo). Sin
    embargo, aún mantenía algunos principios de la
    antigua cosmología, como la idea de las esferas dentro de
    las cuales se encontraban los planetas y la esfera exterior donde
    estaban inmóviles las estrellas. Por otra parte, esta
    teoría heliocéntrica tenía la ventaja de
    poder explicar los cambios diarios y anuales del Sol y las
    estrellas, así como el aparente movimiento
    retrógrado de Marte, Júpiter y Saturno, y la
    razón por la que Venus y Mercurio nunca se alejaban
    más allá de una distancia determinada del Sol. Esta
    teoría también sostenía que la esfera
    exterior de las estrellas fijas era estacionaria.

    Una de las aportaciones del sistema de Copérnico
    era el nuevo orden de alineación de los planetas
    según sus periodos de rotación. A diferencia de la
    teoría de Tolomeo, Copérnico vio que cuanto mayor
    era el radio de la órbita de un planeta, más tiempo
    tardaba en dar una vuelta completa alrededor del Sol. Pero en el
    siglo XVI, la idea de que la Tierra se movía no era
    fácil de aceptar y, aunque parte de su teoría fue
    admitida, la base principal fue rechazada.

    Entre 1543 y 1600 Copérnico contó con muy
    pocos seguidores. Fue objeto de numerosas críticas, en
    especial de la Iglesia, por negar que la Tierra fuera el centro
    del Universo. La mayoría de sus seguidores servían
    a la corte de reyes, príncipes y emperadores. Los
    más importantes fueron Galileo y el astrónomo
    alemán Johannes Kepler, que a menudo discutían
    sobre sus respectivas interpretaciones de la teoría de
    Copérnico. El astrónomo danés Tycho Brahe
    llegó, en 1588, a una posición intermedia,
    según la cual la Tierra permanecía estática
    y el resto de los planetas giraban alrededor del Sol, que a su
    vez giraba también alrededor de la Tierra.

    Con posterioridad a la supresión de la
    teoría de Copérnico, tras el juicio
    eclesiástico a Galileo en 1633, que lo condenó por
    corroborar su teoría, algunos filósofos jesuitas la
    siguieron en secreto. Otros adoptaron el modelo
    geocéntrico y heliocéntrico de Brahe. En el siglo
    XVII, con el auge de las teorías de Isaac Newton
    sobre la fuerza de la
    gravedad, la mayoría de los pensadores en Gran
    Bretaña, Francia,
    Países Bajos y Dinamarca aceptaron a Copérnico. Los
    filósofos puros de otros países de Europa
    mantuvieron duras posturas contra él durante otro siglo
    más.

    ¿La
    aspiración de la ciencia al
    elaborar sus teorías es describir fielmente la realidad o
    elaborar un modelo que nos permita predecir los
    fenómenos?

    La cuestión no está, ni mucho menos,
    resuelta por los científicos, y todos, de manera
    consciente o no, tienen una posición al respecto. Aquellos
    que optan por intentar desentrañar los secretos de la
    naturaleza,
    reciben el nombre de realistas; por el contrario, los que
    se conforman con que sus teorías "funcionen"
    razonablemente bien, mientras no existan otras mejores, suelen
    conocerse como positivistas. Estos últimos
    sólo pretenden salvar las apariencias, atenerse
    simplemente al dato positivo, sin entrar en más
    consideraciones.

    Para acercarnos al debate entre
    estas dos concepciones sobre lo que debe ser la ciencia,
    repasemos lo acontecido con la publicación de la tesis de
    Copérnico y la consiguiente controversia que se
    originó por la reacción de las autoridades
    religiosas de la época. Cuando se estudia el impresionante
    avance que supuso la teoría copernicana, con demasiada
    frecuencia suele simplificarse lo sucedido, reduciendo todo sin
    más a la difusión de la teoría
    heliocéntrica y a la rotunda e inflexible oposición
    de la Iglesia. El "pero se mueve" pronunciado, según la
    tradición, por Galileo durante el juicio en el que la
    Inquisición le obligó a retractarse so pena de ser
    torturado, representaría muy bien esa interpretación de los hechos. Sin embargo,
    aunque la famosa obra del astrónomo polaco fue incluida en
    el Índice de obras prohibidas en 1616 y Galileo fue
    condenado, tal reducción de los hechos tiende a ignorar
    una apasionante discusión sobre la validez de las
    teorías científicas. Acerquémonos a los
    hechos…

    Nicolás Copérnico fue un
    eclesiástico que durante toda su vida fue fiel a la
    doctrina católica. Un tío suyo era obispo y se
    ocupó de que su sobrino tuviera una formación
    adecuada, que comprendió, además de los estudios en
    astronomía y medicina, la licenciatura en derecho
    canónico. Desde que comenzó a esbozar la
    teoría heliocéntrica (1507) hasta que se
    publicó (1543) pasaron muchos años. Posiblemente,
    influyó en esta demora el temor a una probable condena,
    pero no faltaron voces de la Iglesia, como la del Cardenal de
    Capua, que animaron insistentemente a Copérnico a divulgar
    sus teorías. Asimismo, resulta sumamente sorprendente el
    que una obra que con el tiempo fue proscrita por la Iglesia,
    fuera dedicada por el propio Copérnico "al
    santísimo señor Pablo III", obispo de Roma en aquel
    tiempo. ¿Una temeridad, una desfachatez de
    Copérnico? Ni mucho menos.

    La Iglesia no tenía ningún inconveniente
    en aceptar otros modelos distintos del geocéntrico para
    salvar las apariencias. De hecho, como un conjunto de meras
    hipótesis, la teoría
    heliocéntrica fue utilizada para la reforma del calendario
    realizada por Gregorio XIII (1582). El problema no estaba pues en
    la propia teoría, sino en el carácter que se le pretendiera dar. Si se
    presentaba como un conjunto de cálculos coincidentes con
    las observaciones, entendidos más como un artificio
    matemático que como un reflejo de la realidad, la Iglesia
    no ponía ningún obstáculo, más bien
    lo contrario, ya que el modelo copernicano presentaba mayores
    ventajas que el ptolemaico, entre ellas la sencillez de los
    cálculos. Precisamente, ésta fue la posición
    que adoptó Andreas Osiander, editor de la revolucionaria
    obra de Copérnico y autor de la cita recogida al principio
    de este artículo. Quizá tratando de evitar una
    condena de la obra, Osiander quiso presentarla como un simple
    supuesto, más fácil de comprender y explicar que
    otros, pero que en ningún caso tenía por qué
    ser cierto. La cuestión de la verdad es dejada por el
    editor para los filósofos, los cuales a su juicio tampoco
    podrán descubrirla pues está reservada a la
    divinidad. Se renuncia expresamente a conocer el verdadero
    movimiento de los planetas y del Sol. El hombre debe
    conformarse con poder predecir lo que sucede, sin pretender con
    ello describir fielmente la realidad.

    Ni qué decir tiene que ésta no era la
    pretensión de Copérnico. Para él, el
    movimiento de la Tierra alrededor del Sol era un hecho
    físico, real, y no un artificio matemático.
    Mucho más lejos llegó Galileo que ni siquiera quiso
    admitir el carácter hipotético de la teoría:
    simple y llanamente se trataba de la verdad.

    Hoy, muchos científicos y profesores de ciencias
    tienden a exponer sus conocimientos como meros modelos
    explicativos, sin más pretensiones. Renuncian
    expresamente, al menos eso dicen, a saber lo que sucede en
    realidad. Cuanto más eficaz sea el modelo en sus
    predicciones, mejor es. No sabemos si realmente los hechos
    acontecen como son representados, pero el modelo funciona
    y eso es lo importante, al menos hasta que se encuentre otro
    mejor. Tal posición genera, como no podría ser de
    otro modo, una actitud
    relativista entre los jóvenes estudiantes de ciencias
    cuando no una actitud decididamente escéptica. Al fin y al
    cabo, lo que se expone es una explicación posible y como
    tal puede ser verdadera… o falsa. Con ello, la ciencia
    parecería estar invadida por la creencia: el modelo
    funciona, por tanto es innecesario y discrecional el creerlo como
    ajustado a la realidad -verdadero- o no.

    Con todo, es difícil no pensar que los
    científicos en su fuero interno, y pese a lo que
    públicamente sostengan, no pretendan realmente desvelar
    las causas ocultas de los fenómenos, explicar lo que
    verdaderamente sucede, elaborar no la última
    teoría, sino "la teoría" que explique de manera
    definitiva un determinado fenómeno natural. Ésa fue
    la pretensión de Copérnico y de Galileo.
    Quizá también por ello, en octubre de 1992 la
    Iglesia Católica reconoció oficialmente su
    error.

    Defensores de
    las teorías de Copérnico

    La mayoría de astrónomos y
    filósofos de la época se negaron a creer las
    investigaciones de Copérnico hasta mitad del siglo XVII.
    Sin embargo, contó con notables defensores como

    Kepler
    y
    Galileo
    . Hoy en día se
    señala a Copérnico como iniciador de la tesis
    heliocéntrica, a Galileo Galilei
    como su mejor propagandista, así como a Kepler y Newton
    como sus culminadores.

    Galileo Galilei

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    Galileo nació en Pisa (Italia) en 1564. Su padre,
    Vincenzo Galilei, quien era un compositor de música aficionado a
    las Matemáticas. Galileo estudió Medicina en las
    universidades de Florencia, Pisa y Padua. Recibió una
    sólida formación matemática y se
    interesó por los problemas
    físicos, llegando a formular la "Ley del Péndulo".
    El prestigio ganado por sus descubrimientos le valió el
    nombramiento como Profesor de Matemática.

    Galileo cuestionó la concepción que la
    física
    aristotélica tenía acerca del movimiento de
    caída
    libre. Según Galileo, la aceleración de la
    gravedad es idéntica para todos los cuerpos. Y
    respaldó sus afirmaciones con experimentos.
    Conocía la Teoría Heliocéntrica de

    Copérnico
    y la compartía, pero no
    la defendía públicamente pues sabía que las
    autoridades eclesiásticas y científicas
    sostenían la Teoría Geocéntrica
    (ptolemaica).

    Viviendo en Venecia, contrajo matrimonio con
    Marina Gamba, en 1599, con quien tuvo tres hijos.

    Cuando tomó conocimiento,
    en 1609, de la invención de lentes ópticas por
    parte de científicos holandeses, concibió el
    proyecto de
    aplicar esta tecnología para
    optimizar la observación de las estrellas y él
    mismo lo llevó a la práctica construyendo un
    telescopio. Al respecto dice el propio Galileo:
    "Primero que todo, vi la Luna tan
    cerca como si estuviese apenas a una distancia de dos
    semidiámetros de la Tierra. Después de la Luna,
    observé frecuentemente otros
    cuerpos celestes, tanto estrellas fijas como planetas, con
    increíble deleite."
    Gracias a la utilización del telescopio pudo
    descubrir que la superficie de la Luna no era lisa y uniforme,
    como se creía, sino despareja, con cráteres y
    montañas: seguro de que la
    superficie de la Luna no es perfectamente lisa, libre de
    desigualdades y exactamente esférica […], sino que
    está llena de desigualdades, huecos y protuberancias,
    así como la superficie de la Tierra, la
    cual está alterada por todas partes
    con elevadas montañas y profundos
    valles." Descubrió,
    además, que Júpiter tenía satélites
    que giraban a su alrededor; que el Sol tenía manchas
    móviles oscuras y que la Vía Láctea estaba
    formada por un inmenso número de estrellas.

    Galileo expuso estos descubrimientos en su obra
    Sidereus Nuncios ("Mensajero Sideral", 1610). Los nuevos
    datos aportados por sus observaciones tenían consecuencias
    revolucionarias. La rugosidad lunar y las manchas solares
    demostraban que los cuerpos celestes no diferían tanto de
    la Tierra como se creía entonces. Entraba en crisis la
    división aristotélica entre un mundo celeste
    (incorruptible y perfecto) y un mundo sub-lunar (en el que
    regía la corrupción
    y la muerte). Al
    mismo tiempo, el descubrimiento de los satélites de
    Júpiter reforzaba la idea de que las mismas leyes
    regían a todo el Universo, ya que el sistema de
    Júpiter y sus satélites se parecía en mucho
    al sistema solar tal como lo concebía Copérnico.
    Siguiendo esta línea de investigación, Galileo intentó
    demostrar que las leyes que rigen el movimiento de los cuerpos
    celestes son las mismas que rigen el movimiento de los objetos en
    la Tierra, tarea que sería completada luego por
    Newton.
    Dedujo además, a partir del movimiento de las manchas
    solares, que el Sol giraba sobre su eje; y, por otro lado, que la
    Luna no era por sí misma luminosa sino sólo en
    cuanto reflejaba la luz del
    Sol.

    Respaldado por sus observaciones, Galileo comenzó
    a defender públicamente el heliocentrismo de
    Copérnico. En 1611 presentó su telescopio ante la
    corte papal, causando gran impresión. De todos modos, los
    más acérrimos defensores de la física
    aristotélica y de la cosmología de Ptolomeo se
    opusieron fuertemente a sus afirmaciones. Por su parte, algunos
    teólogos denunciaron la incompatibilidad entre las
    teorías de Galileo y las Sagradas Escrituras.
    Galileo salió al cruce de estas últimas
    críticas a través de una carta dirigida a la
    duquesa de Toscana, Cristina de Lorena, en 1615. En la misma,
    hacía una clara distinción entre Ciencia y Religión, declarando
    a la Física y a la Astronomía como
    teológicamente neutras y sosteniendo que "el libro de la
    Naturaleza" debía ser leído en lenguaje
    matemático.

    En 1616 publicó un tratado sobre el flujo y el
    reflujo del mar, en apoyo de la teoría copernicana.
    Denunciado ante el tribunal de la Inquisición,
    debió defenderse frente al cardenal Roberto Bellarmino,
    quien prohibió enseñar o sostener la Teoría
    Heliocéntrica por considerarla falsa y errónea.
    Tras el juicio (1516), Galileo se vio ante la imposibilidad de
    continuar con su labor. En lo sucesivo, se dedicó a pulir
    el nuevo método experimental para la investigación científica.

    Un decreto de 1620 autorizó la enseñanza del heliocentrismo, siempre y
    cuando se lo presentara como mera hipótesis.
    Además, en 1623 fue elegido Papa el cardenal Barberini
    (Urbano VIII), un amigo personal suyo.
    Estos dos hechos lo animaron a reemprender la defensa de la
    cosmología copernicana.

    En 1632, Galileo publicó en la ciudad de
    Florencia, sin cumplir con todos los pasos exigidos para la
    obtención del imprimatur, su Diálogo
    sobre los dos máximos sistemas del mundo, el ptolemaico y
    el copernicano
    . En esta obra defendía el
    heliocentrismo no ya como hipótesis sino como realidad,
    dejando casi en el ridículo a la física
    aristotélica, al sistema ptolemaico y al lenguaje
    escolástico. Pero como las cosas no habían cambiado
    tanto como él creía, volvió a ser citado en
    Roma para dar cuenta de sus afirmaciones. Corría el
    año 1633. La Congregación del Santo Oficio lo
    encontró culpable por haber puesto el imprimatur a
    su obra sin permiso y de contradecir el geocentrismo sostenido
    por las Sagradas Escrituras y la Filosofía.
    Ante la presión,
    Galileo se vio obligado a renegar de su heliocentrismo y a
    declararse partidario de la cosmología clásica.
    Algunos cuentan que, al retirarse del recinto en el que
    abjuró de sus teorías, dijo, en referencia a la
    Tierra: «Pero se mueve.» Fue condenado a
    prisión, pero por su avanzada edad y su debilitada
    salud se le
    permitió residir bajo arresto domiciliario en Arcetri,
    cerca de Florencia.>

    Ya muy anciano, continuó con sus observaciones
    hasta 1637, año en el que quedó ciego. A pesar de
    ello, y con la colaboración de sus discípulos
    Viviani y Torricelli, concluyó y publicó sus
    trabajos de mecánica (1638) que incluían una
    formulación restringida del Principio de Inercia, la ley
    de la caída de los cuerpos, el Principio de Relatividad y
    el Principio de Composición de Velocidades, el
    péndulo y el isocronismo. Murió en Arcetri, en
    1642.

    Se ha considerado a Galileo como el "Padre de la
    Física Moderna". Él elaboró y probó
    toda una metodología nueva para esta ciencia, basada
    en el enunciado de principios generales, formulados
    matemáticamente, a partir de una rápida inducción, de los cuales deducía
    consecuencias que comprobaba experimentalmente. Esta
    combinación de método hipotético-deductivo y
    experiencia actuó como paradigma para
    quienes cultivaron esta ciencia después de
    él.

    Fue uno de los artífices de la
    matematización de la Naturaleza:
    "La Filosofía
    está escrita en ese gran libro del Universo, que
    está continuamente abierto ante nosotros para que lo
    observemos. Pero el libro no puede comprenderse sin que antes
    aprendamos el lenguaje y
    el alfabeto en que está compuesto. Está escrito en
    el lenguaje de las Matemáticas y sus caracteres son
    triángulos, círculos y otras figuras
    geométricas, sin las cuales es humanamente imposible
    entender una sola de sus palabras. Sin ese lenguaje, navegamos en
    un oscuro laberinto."

    Johannes Kepler

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    Johannes Kepler nació en 1571 en el ducado
    alemán de Wurttemberg. De niño padeció
    diversas enfermedades
    (miopía, dolores de cabeza, afecciones estomacales,
    viruela, etc.). En 1584 ingresó al seminario
    protestante de Adelberg. A partir de 1589 estudió
    Teología en la Universidad de Tübingen.
    Allí tuvo como Profesor de Matemáticas a Maestlin,
    que conocía y compartía la Teoría
    Heliocéntrica de
    Copérnico
    . Él, que era un
    pitagórico y veía en Dios al supremo
    geómetra creador de un universo armónico, vio en la
    simplicidad de esta teoría un rasgo del plan creador de
    Dios.

    En 1594 marchó de Tübingen a Graz, en
    Austria, donde ejerció la docencia en la
    Universidad como Profesor de Aritmética, Geometría y Retórica, dedicando sus
    tiempos libres a la Astronomía. Allí, durante 1597,
    contrajo matrimonio con Barbara Müller, y ese mismo
    año publicó Mysterium Cosmographicum,
    dejando constancia de las ventajas que desde el punto de vista
    geométrico ofrecía la Teoría
    Heliocéntrica.  Por ese entonces aún
    consideraba que las órbitas planetarias eran
    circulares.

    En 1600 los protestantes de Austria fueron obligados a
    convertirse al catolicismo o exilarse. Pasó entonces
    a Praga
    (hoy capital de la
    República Checa), invitado por el famoso astrónomo
    Tycho Brahe, quien se puso en contacto con él luego de
    leer su libro. El maestro murió al año siguiente y
    Kepler lo reemplazó como matemático y
    astrónomo de la corte del emperador.

    Tycho Brahe mantenía un sistema combinado,
    heliocéntrico y geocéntrico. Kepler redujo sus
    descripciones geocéntricas al heliocentrismo. A pesar de
    ello, seguía encontrando graves desacoples entre el
    desplazamiento que, según sus cálculos, los cuerpos
    celestes debían realizar y el que efectivamente
    realizaban. Esta situación lo llevó a pensar que,
    siendo el Sol el agente que ejerce la fuerza que hace girar a los
    planetas a su alrededor, al aumentar la distancia entre un
    planeta y el Sol, la velocidad de su desplazamiento debía
    disminuir. Para afirmar esto tuvo que rechazar la milenaria
    concepción de las órbitas circulares.

    En 1609 publicó su obra Astronomía
    Nova
    , dedicada a exponer sus cálculos sobre la
    órbita de Marte. En ella expone dos de sus tres famosas
    "leyes del movimiento de los planetas", hoy llamadas
    "leyes
    de Kepler
    ": los planetas giran en órbitas
    elípticas con el Sol en un de sus focos y lo hacen con
    mayor velocidad cuanto más cerca del Sol se encuentran
    (recorren áreas iguales en tiempos
    iguales). 

    En 1610 publicó Dissertatio cum Nuncio
    Sidereo
    , sobre las observaciones de Galileo
    y, al año siguiente, realizó sus propias
    observaciones de los satélites descriptos por el italiano
    con la ayuda de un telescopio, publicando los resultados de
    dichas observaciones en su obra Narratio de Observatis Quatuor
    Jovis Satellitibus
    .

    En 1612 falleció su esposa. El segundo de sus
    tres hijos había fallecido el año anterior. Ese
    mismo año fue nombrado matemático de los estados de
    la Alta Austria (distrito de Linz). A pesar de sus
    descubrimientos, Kepler no estaba satisfecho. Convencido de que
    la armonía y la simplicidad gobiernan el Universo,
    pretendía encontrar una relación simple entre los
    tiempos de revolución de los planetas (períodos
    orbitales) y su distancia al Sol. Más de nueve años
    le tomó encontrar esta relación y formular
    su tercera
    ley del movimiento de los planetas
    : el
    período es proporcional al semieje mayor de la elipse
    elevado a 3/2.

    En 1615 su madre fue acusada de brujería ante la
    Inquisición y Kepler asumió su defensa. Le
    tomó seis años conseguir su
    liberación.

    En 1619 publicó Harmonice mundi, obra en
    la que hizo pública su tercera ley: la relación
    lineal entre el cubo de la distancia promedio de un planeta al
    Sol y el cuadrado de su período de revolución. Dice
    Kepler, en el libro V de esta obra: "[…] he demostrado que la órbita de un
    planeta es elíptica, y que el Sol, la fuente del
    movimiento, está en uno de los focos de esta elipse.
    Resulta así que cuando el planeta ha completado un cuarto
    de su circuito total, comenzando en el afelio, está a una
    distancia del Sol exactamente igual al promedio entre la
    distancia máxima en el afelio y la distancia mínima
    en el perihelio. […] los períodos de
    revolución de dos planetas cualesquiera son entre
    sí como los cubos de las raíces cuadradas de sus
    distancias medias. Se debe tener en cuenta, sin embargo, que el
    promedio aritmético entre los dos diámetros de la
    órbita elíptica es un poco menor que el
    diámetro mayor. Así, si se toma la raíz
    cúbica del período, por ejemplo, de la Tierra, que
    es un año, y del período de Saturno, de treinta
    años, y se eleva al cuadrado el cociente, se obtiene la
    razón exacta de las distancias medias del Sol a la Tierra
    y a Saturno."

    En Linz contrajo segundas nupcias con Susana Reuttinger.
    Publicó un trabajo sobre
    la fecha del nacimiento de Jesús con el título
    De Vero Anno quo Aeternus Dei Filius Humanam Naturam in Utero
    Benedictae Virginis Mariae Assumpsit
    (en 1613 en
    alemán y en 1614 en latín), demostrando que el
    calendario estaba errado y que Jesús había nacido
    en el año 4 a.C.

    En 1621 publicó Epitome astronomiae
    copernicanae
    , reuniendo todos sus descubrimientos, obra que
    ayudó a difundir el heliocentrismo copernicano durante la
    primera mitad el siglo XVII. En 1625 publicó las
    "Tablas Rudolfinas", tablas del movimiento planetario basadas en
    los datos de Brahe que reducían notablemente los errores
    de las tablas anteriores respecto de la posición de los
    planetas.

    Kepler se destacó también por sus aportes
    a la óptica:
    formuló la Ley Fundamental de la Fotometría,
    descubrió la reflexión total, formuló la
    primera Teoría de la Visión moderna, afirmando que
    los rayos forman sobre la retina una imagen
    pequeñísima e invertida. Además,
    desarrolló un Sistema Infinitesimal, antecesor del
    Cálculo
    Infinitesimal de Leibnitz
    y Newton.

    Murió en 1630 en Ratisbona, mientras viajaba con
    su familia de
    Linz a Sagan. En su lápida fue grabado el siguiente
    epitafio, compuesto por él mismo: "Medí los
    cielos, y ahora las sombras mido. En el cielo brilló el
    espíritu. En la tierra descansa el cuerpo."

    Recién a partir del siglo XIX Kepler
    comenzó a recibir el reconocimiento que merecía por
    sus aportes al desarrollo de
    la Astronomía. Antes de ello, y basándose en sus
    teorías sobre el movimiento de los planetas, Newton
    formuló la Ley de la Gravitación
    Universal.

    Isaac Newton

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    Nacido en Woolsthorpe (Inglaterra) en
    1642, se formó en Cambridge, donde ejercerá su
    magisterio. Desde 1696 reside en Londres, donde dos años
    más tarde es director de la Casa de la Moneda; en 1703 se
    le elige presidente de la Royal Society, siendo desde 1694
    parlamentario. En pago a sus méritos, la reina Ana le
    concede un título nobiliario. Newton realizó
    importantes experimentos en el campo de la óptica,
    formulando la teoría según la cual la luz la
    componen pequeños cuerpos de tamaño diferente, cuya
    combinación causa los colores visibles
    al ojo humano. Detecta la propagación en línea
    recta de la luz y el fenómeno de la reflexión,
    observaciones que hoy dan la lugar a la teoría
    cuántica. Sus descubrimientos los recoge en
    "Óptica" (1704). Sus formulaciones matemáticas las
    recoge en "Aritmética Universal" (1707) y "Tratado sobre
    la cuadratura de las curvas". Su mayor aportación la hace
    en astronomía,
    donde realiza importantes aportaciones al conocimiento de la
    mecánica celeste, como los principios de
    inercia, la teoría de la atracción universal, el
    principio de acción
    y reacción, etc. Sus teorías aparecen recogidas en
    su libro "Principios matemáticos de Filosofía
    natural", de 1787. Falleció en Londres en 1727.

    Aristarco de Samos, El autor de la teoría
    heliocéntrica

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    Aristarco nació Samos -Grecia- en
    el año 310 a.C. y murió en el 220 a.C. Fue
    discípulo de Estratón de Lampsacos jefe de la
    escuela peripatética fundada por Aristóteles. Años después
    Aristarco sucedería a Teofrasto como jefe de esta
    institución entre años 288 y 287 a.C.

    Fue un hábil geómetra pero es poco lo que
    se conoce de su vida, sus hipótesis sobre el universo se
    han extraído a partir de las referencias hechas por otros
    autores después de su muerte.

    Ptolomeo
    en el Almagesto lo nombra como un concienzudo observador de
    los solsticios y equinoccios. Parece haber interpretado estas
    observaciones correctamente, atribuyendo estos fenómenos
    al movimiento de la Tierra alrededor del Sol. Dedujo por esto que
    era necesario que la órbita terrestre estuviera inclinada
    para explicar los cambios de estación.

    Arquímedes en el Arenario -El contador de Arena-
    se refiere a Aristarco y su teoría así:

    "Aristarco de Samos
    publicó un libro basado en ciertas hipótesis y en
    el que parece ……. que el universo es muchas veces mayor que
    el que ahora recibe ese nombre. Sus hipótesis son que las
    estrellas fijas y el Sol permanecen inmóviles, que la
    tierra gira alrededor del Sol siguiendo la circunferencia de un
    círculo con el Sol en medio de la órbita, y que la
    esfera de las estrellas fijas también con el Sol como
    centro, es tan grande que el circulo en el que supone que la
    tierra gira guarda la misma proporción a la distancia de
    las estrellas fijas que el centro de la esfera a su
    superficie."

    Plutarco también hace referencia a Aristarco
    resumiendo su idea geocéntrica en que el cielo es
    inmóvil y la Tierra se mueve sobre una órbita
    inclinada rotando al mismo tiempo sobre su propio eje. En el
    mismo texto,
    Plutarco relata que Cleantes (alrededor de 260 a.C.)
    denunció a Aristarco por impío, basándose en
    que desplazó la Tierra del centro del universo.

    De la literatura doxográfica se deduce que
    Aristarco consideraba al Sol como una estrella y probablemente
    que las estrellas eran soles.

    De lo que se conoce de los pensamientos de sus sobre el
    cosmos se puede resumir que:

    1. Fue uno de los primeros en promulgar la teoría
      Heliocéntrica
    2. Comenzó a medir la distancia y comparar los
      tamaños relativos en la cosmología utilizando la
      trigonometría.
    3. Explicó los movimientos de rotación y
      traslación terrestres
    4. Dedujo que la orbita de la tierra se encuentra
      inclinada
    5. Amplio el tamaño del universo conocido –
      aunque con un gran margan de error ya que calculó que el
      Sol era 19 veces mas grande que la Luna y se encontraba 19
      veces mas lejos, actualmente se sabe que es 400 veces mas
      grande y esta 400 veces mas lejos-.
    6. Pudo asumir que el Sol era una estrella mas de las
      que se observan en el cielo

    Desafortunadamente solo una de las obras de Aristarco
    nos ha llegado a los tiempos modernos – Sobre las magnitudes y
    las distancias del Sol y de la Luna – y aunque la mayoría
    de sus ideas se conocen a través de terceros se puede
    decir de este personaje fue uno de los que se ha presentado mas
    avanzado a su época. Es probable que de no ser por
    ausencia de sus escritos y por los ataques que se empezaron a
    sentir por grupos guiados
    por las creencias y la Fe religiosa es probable que la historia de la
    cosmología hubiera sido diferente y que Aristarco "El
    geómetra" tuviera el reconocimiento que se
    merece.

    Revolución
    astronómica

    El siglo XVII fue una época de extraordinaria
    renovación de la astronomía, la edad de oro de los
    observadores del cielo, en la que serán confirmadas y
    completadas las concepciones que Copérnico había
    defendido durante el siglo XVI. Las supervivencias
    escolásticas serán eliminadas poco a poco. Por otra
    parte, se descubrirán instrumentos de observación
    nuevos. La geografía, el arte de la navegación, la
    geodesia, la física se beneficiarán de los
    progresos de la astronomía y de sus novedades
    instrumentales. La figuras que abren el umbral de la
    revolución astronómica del siglo XVII fueron Kepler
    y Galileo. Johannes
    Kepler
    (1571-1630) estudió
    astronomía en Tubinga donde entró en contacto con
    el copernicanismo, que sería en adelante la idea rectora
    de toda su obra. Precisamente, en su "Prodromus dissertationum
    cosmographicarum" (1596), explicó las razones para
    rechazar el sistema de Ptolomeo,
    aunque lo más importante de esta obra es la
    formulación de su primer descubrimiento: los planos de las
    órbitas de los planetas, próximos entre sí,
    pero sin confundirse, pasan por el Sol, cuyo papel en los
    movimientos planetarios es fundamental. En 1601 sucedió
    como astrónomo imperial a Tycho Brahe, y en 1604
    publicó su "Optica", en la que definió el rayo
    luminoso, explicó la reflexión de la luz y
    mostró que la refracción atmosférica
    desvía la luz de todos los astros indistintamente hasta el
    cenit. Pocos años más tarde publicó su
    "Dioptrice" (1611), que presenta una teoría de las lentes
    y las ideas fundamentales del telescopio astronómico. Pero
    lo más importante de la investigación de Kepler fue
    el enunciado de sus tres leyes experimentales del movimiento de
    los planetas alrededor del Sol, que desempeñaron un papel
    decisivo en la elaboración de la síntesis
    de Newton. La primera establece que cada planeta describe en
    sentido directo una órbita elíptica, uno de cuyos
    focos está ocupado por el Sol. La segunda dice que las
    áreas descritas por el radio vector que une el centro del
    planeta con el centro del Sol son proporcionales a los tiempos
    empleados en barrerlas. Y la tercera, formulada en su
    "Harmonices, Mundi, Libri" (1619), propone que los cuadrados de
    los tiempos de las revoluciones siderales de los planetas son
    proporcionales a los cubos de los semiejes mayores de sus
    órbitas. Como Kepler, Galileo
    estaba convencido de la exactitud del sistema de
    Copérnico.
    Su fama como astrónomo data de sus observaciones de la
    "Nova" de 1604, que había aparecido en la
    constelación de Ofiuco. Lejos de ser una mera
    observación, Galileo dedujo que si la "Nova" era un
    fenómeno celeste, un astro lejano, la opinión
    de Aristóteles
    sobre la inmutabilidad del cielo era falsa. En 1609
    construyó una lente de aproximación y
    observó con ella el cielo. Los descubrimientos que hace
    gracias a ella y que publicó en su "Siderus nuncius magna"
    (1610) son enormes: describe el relieve de la
    Luna, halla la confirmación de que la Tierra brilla como
    los demás planetas, descubre estrellas desconocidas en la
    constelación de Orión y en las Pléyades. La
    Vía Láctea se le presentó como un compacto
    conjunto de estrellas y no como una nebulosidad que reflejara el
    brillo del Sol o de la Luna, ni como un meteoro, de tal manera
    que corregía con ello las ideas del propio
    Aristóteles. Igualmente, anunció en el "Siderus" el
    descubrimiento de los satélites de Júpiter y
    concluyó, observándolos, que no eran astros fijos
    sino errantes en revolución alrededor de aquel planeta.
    También calculó las fases de Venus y de Marte y
    descubrió en sus observaciones el anillo de Saturno y las
    manchas solares. Tales descubrimientos aportaban pruebas
    incontestables en favor del sistema de Copérnico.
    Él mismo escribía que "estas novedades serán
    el funeral o más bien el final y el juicio último
    de la seudofilosofía; han aparecido ya signos en la Luna y
    el Sol. Y espero oír sobre este punto grandes cosas
    proclamadas por los peripatéticos para mantener la
    inmutabilidad de los cielos; no sé ya cómo
    podrán salvarla y mantenerla". (1612). El fin de los
    anticopernicanos que anunciaba el propio Galileo era inmediato,
    pero las resistencias,
    aunque durarían poco, se volvieron contra él mismo.
    En 1616 la Inquisición declaró absurda, falsa,
    impía y herética la opinión que coloca al
    Sol en el centro del mundo,… puesto "que es contraria al
    testimonio de la. Sagrada Escritura. Es
    también absurdo y falso decir que la Tierra no está
    inmóvil en el centro del mundo…". Galileo
    contestó en su "Il Saggiatore" (1623) y en el "Diálogo"
    (1632) explicando su oposición a Aristóteles.
    Precisamente, tras la publicación de esta obra fue juzgado
    y encarcelado y obligado a firmar la fórmula de
    abjuración. La culminación de la revolución
    astronómica del siglo XVII estuvo representada por los
    trabajos de Newton.
    La originalidad del pensamiento
    newtoniano reside en que desarrolló plenamente el
    cálculo de las fuerzas centrífugas, dedujo del
    movimiento de los planetas la intensidad de las fuerzas
    centrípetas, que contrapesan las centrífugas para
    que los astros se mantengan permanentemente en su órbita.
    De ese modo, halló que el Sol atrae a los planetas en
    razón inversa del cuadrado de la distancia de los mismos
    respecto a aquél y, finalmente, aportó a la
    astronomía un nuevo instrumento de observación: el
    telescopio de reflexión.

    BIBLIOGRAFIA

     

    Realizado por:

    Cristian Fernandez

    2° Año del Polimodal I.S.J.B

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