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Cáncer: etiología, métodos de detección y avances en su cura




Enviado por leticiabeq



    1. Resumen
    2. Desarrollo del
      cáncer
    3. Genes involucrados en la
      aparición del cáncer
    4. Métodos para la
      detección de alteraciones en oncogenes y genes
      supresores
    5. Avances en la terapia contra el
      cáncer
    6. Bibliografía

    Resumen:

    En el siguiente Trabajo se
    exponen los aspectos más relevantes acerca de los genes
    supresores de tumores y de los oncogenes, y el papel que estos
    juegan en la aparición y desarrollo del
    cáncer. Para abordar este novedoso tema, se realizó
    una amplia revisión bibliográfica con el objetivo de
    conocer los diferentes tipos de antioncogenes y de oncogenes,
    así como, la asociación de los mismos con
    diferentes patologías malignas. Se hizo énfasis en
    el modo de acción
    de algunos de ellos, por considerar que son de gran importancia
    dentro de las células,
    en el control de los
    procesos de
    proliferación y diferenciación.

    Palabras claves: Genes supresores
    de tumores, oncogenes, cáncer.

    Introducción:

    Hace solo veinte años, los oncólogos se
    encogían de hombros cuando se les preguntaba acerca de
    como se originaba un cáncer. Los investigadores ignoraban
    los trastornos celulares que provocan que una célula
    sana pierda el control y empiece a dividirse desordenadamente.
    Tampoco acertaban a explicar los mecanismos por los que ese
    grupo de
    células amotinadas establecen un particular sistema de vasos
    sanguíneos que las ayudan a degenerar en un tejido
    canceroso que, con el tiempo, invade
    otras partes del organismo y amenaza de muerte al
    individuo.

    Hoy, sin embargo, el desarrollo de los tumores ha dejado
    de ser un misterio. A lo largo de las dos ultimas décadas
    se ha llevado a cabo un esfuerzo titánico para
    desentrañar las diferencias que existen entre una
    célula normal y una cancerosa. También se han
    producido progresos trascendentales en el esclarecimiento de los
    mecanismos moleculares que ponen en marcha el desarrollo de una
    neoplasia o tumor.

    Numerosos factores etiológicos para esta
    enfermedad han sido descritos desde épocas remotas. Los
    más comunes son el tabaco, productos
    químicos, y radiación
    solar, así como factores biológicos y
    genéticos. Estos dos últimos, han sido los
    más estudiados de un tiempo a esta parte en busca de
    nuevos horizontes para hallar la cura definitiva.

    El reciente hallazgo de dos familias de genes mutantes
    (los oncogenes y los antioncogenes), que participan de forma
    activa en la aparición de tumores, ha brindado información sobre la biología del
    cáncer.

    Los primeros indicios sobre la existencia de estos genes
    salieron a la luz en 1911
    cuando Peyton Rous demostró que un virus, denominado
    posteriormente virus del sarcoma de Rous, era el agente
    infeccioso que causaba sarcomas en pollos; pero su trabajo cayo
    en el olvido hasta la década de los 60, época en
    que R. Dulbecco y cols. transformaron en el laboratorio
    células normales en tumorales al infectar células
    del tejido conjuntivo (fibroblastos) de hámster con virus
    del polioma. Más tarde en 1970, varios equipos
    científicos corroboraron que estos virus
    transmitían un gen que transformaba las células
    normales en cancerosas. Un lustro después Michael Bishop,
    Harold Varmus y sus colegas de la Universidad de
    San Francisco en California comprobaron que el oncogen
    transmitido por el virus del sarcoma de Rous se encuentra
    también de forma natural en células sanas. Estos
    estudios permitieron llegar a la conclusión de que el
    enigma del cáncer se halla oculto en genes sanos que de
    algún modo pierden el control y se transforman en
    oncogenes, conociéndose en la actualidad alrededor de un
    centenar de genes implicados directamente en la aparición
    del cáncer (3).

    Desde comienzos de este siglo se venían
    exponiendo numerosas hipótesis sobre la biología
    molecular del cáncer, sin embargo, las limitaciones
    tecnológicas existentes no permitían a los
    investigadores ponerlas a prueba. Los progresos hechos en la
    ingeniería
    genética y en las técnicas
    de ADN recombinante
    en los años 70 permitieron identificar y caracterizar
    componentes del material genético que están
    implicados en los procesos tumorales.

    Avery, Mc Leod y Mc Carty consiguieron introducir ADN
    biológicamente activo en bacterias en
    1944; tuvieron que pasar 30 años para poder hacer lo
    mismo en células animales, con las
    denominadas técnicas de Transfección, gracias a las
    cuales se extraen genes de una célula y se introducen en
    otra. Como resultado de estos experimentos se
    ha identificado un gran numero de oncogenes. El
    conocimiento sobre otras técnicas de
    Transfección, además de la basada en precipitados
    de fosfato cálcico (utilizada por Avery y cols.) ha
    posibilitado un mayor rendimiento de este método. La
    microinyección de ADN, ya sea en el citoplasma o en el
    núcleo de la célula;
    el electrochoque y el uso de vectores
    víricos en los que se implanta el gen deseado, son algunas
    de las más empleadas (4).

    Mediante el uso de la técnica denominada análisis de transferencia de Southern se
    detectan e identifican genes individuales de entre los mas de 50
    mil que componen el genoma de un mamífero. Tras la
    identificación, la
    clonación molecular posibilitó el aislamiento
    de los fragmentos de ADN que contienen los oncogenes. Utilizando
    estos como sondas en el estudio de ADNs de organismos inferiores
    se ha logrado detectar la presencia de genes homólogos en
    los mismos.

    El uso combinado de endonucleasas de restricción
    y ligación constituye la base de toda la moderna tecnología del ADN
    recombinante que nos permite aislar genes individuales y trabajar
    con ellos en el tubo de ensayo. Para
    determinar el orden de los nucleótidos una vez aislados
    los oncogenes se lleva a cabo una secuenciación. Con este
    propósito se han empleado dos técnicas descritas en
    1977, la de Maxam y Gilbert y la técnica de Sanger
    ("dideoxi"). El primer método se basa en el uso de
    reacciones
    químicas que rompen el ADN específicamente por
    cada una de las diferentes bases. El segundo se fundamenta en la
    síntesis in vitro de una molécula
    complementaria al ADN problema. Con ambos métodos, el
    resultado final es una escalera de bandas electroforéticas
    cuyos peldaños corresponden a cada una de las bases del
    oncogen.

    Las técnicas de análisis
    cromosómicos de los años 70 permitieron llegar a
    detectar defectos cromosómicos asociados con tipos
    específicos de tumores humanos, pero las limitaciones
    inherentes a las mismas impidieron extender estos análisis
    a todos los tipos de tumores y determinar exactamente la
    frecuencia de estos defectos cromosómicos. A partir de
    1980, el cultivo de células procedentes de tumores
    malignos y el desarrollo de técnicas de bandeo
    cromosómico de alta resolución han permitido
    constatar que la inmensa mayoría de las neoplasias humanas
    llevan asociadas defectos cromosómicos. El notable avance
    de las técnicas de cartografía cromosómica
    (también llamada mapeo) ha sido de gran ayuda en este
    empeño.

    La producción de anticuerpos monoclonales
    desarrollada por Kohler y Milstein en 1975 es en la actualidad
    uno de los métodos básicos para el estudio de los
    oncogenes. Se producen anticuerpos específicos y dirigidos
    contra regiones únicas de cualquier proteína como
    pueden ser proteínas
    oncogénicas o antígenos tumorales que resultan
    indicativos de las etapas iniciales en las cuales las
    proteínas oncogénicas entorpecen los complejos
    procesos de regulación celular y producen el fenotipo
    canceroso como efecto final (4).

    El uso de la computación ha prestado una valiosa ayuda
    en la realización de estas tareas, introduciendo las
    secuencias en bancos de
    datos, lo que
    facilita enormemente la comparación molecular entre
    diversos oncogenes, así como el estudio de la evolución molecular de genes conservados en
    la escala
    evolutiva.

    Desarrollo del
    cáncer:

    El crecimiento celular es un proceso
    extremadamente regulado que responde a las necesidades
    específicas del organismo. En individuos jóvenes la
    multiplicación celular predomina sobre la muerte
    celular, de manera que, en el adulto estos procesos se encuentran
    en equilibrio.

    En ocasiones, y debido tanto a causas tanto
    exógenas como endógenas, los controles que regulan
    la multiplicación celular no funcionan adecuadamente y una
    célula empieza a crecer sin fin determinado. Cuando los
    descendientes de esta heredan la tendencia a crecer sin responder
    a regulación alguna, el resultado es un clon celular
    (teoría
    del origen clonal) capaz de expandirse ilimitadamente. Finalmente
    este clon de células no deseadas puede formar una masa
    llamada tumor (5).

    Etapas de la
    carcinogénesis:

    La carcinogénesis es un proceso que ocurre en
    múltiples etapas e incluye numerosos eventos
    genéticos y epigenéticos. De manera general
    diversos autores (5,6) plantean tres pasos: Primero la
    iniciación, donde el ADN de una célula cualquiera
    es dañado por la acción de carcinógenos;
    segundo la promoción, en la que ocurre
    proliferación a partir de la célula dañada
    y; en tercer y último lugar la progresión, estadio
    en el que la célula sufre cambios particulares que
    caracterizan esta patología.

    Realizando un análisis más detallado de
    todo el proceso se conoce que hay cinco fases en las que se
    encuentran involucrados cuatro o más genes cuya
    acción es fundamental para la aparición de una
    neoplasia (7).

    • Células genéticamente afectadas: El
      desarrollo del tumor comienza cuando alguna célula
      dentro de una población normal sufre una
      mutación genética que aumenta su propensión
      a proliferar cuando debería estar normalmente en
      reposo.
    • Hiperplasia: La célula alterada y sus
      descendientes continúan con apariencia normal pero se
      reproducen demasiado (hiperplasia). Después de
      años una en un millón de estas células
      sufre otra mutación que posteriormente pierde el control
      en el crecimiento celular.
    • Displasia: Además de proliferar excesivamente,
      la apariencia de estas células es anormal en forma y
      presentación, se dice entonces que en el tejido hay una
      displasia. Una vez más después de un tiempo
      ocurre una rara mutación que altera la conducta
      celular.
    • Cáncer in situ: Las células afectadas
      se hacen más anormales en el crecimiento y apariencia.
      Si el tumor todavía no ha brotado a través de las
      uniones entre los tejidos es
      llamado cáncer in situ. Este tumor puede permanecer en
      esa situación indefinidamente, sin embargo,
      eventualmente algunas células pueden adquirir mutaciones
      adicionales.
    • Cáncer invasivo: Si los cambios
      genéticos permiten que el tumor comience a invadir
      tejidos subyacentes y vierta células a la sangre o linfa
      se considera que la masa se ha malignizado. Las células
      que escapan probablemente establezcan nuevos tumores
      (metástasis) a través del cuerpo, estas pueden
      hacerse letales si afectan órganos vitales.

    Clasificación
    de las neoplasias:

    Las neoplasias de manera general pueden clasificarse
    como benignas y malignas. Lo que diferencia una neoplasia benigna
    de una maligna o cáncer, es el hecho de que en la primera,
    la formación tumoral está delimitada por una pared
    o cápsula que la separa del tejido circundante, y
    así permanece casi siempre indefinidamente. En cambio, la
    neoplasia se maligniza y se habla de cáncer cuando las
    células tumorales no están formando una estructura
    bien circunscrita y local, sino que por el contrario, pueden
    migrar, atravesar la membrana basal del tejido original y
    trasladarse mediante el torrente sanguíneo o
    linfático a órganos remotos que pueden colonizar o
    invadir.

    Por su origen histológico, los cánceres se
    clasifican en carcinomas (los más frecuentes) si derivan
    de malignización de epitelios, sarcomas si lo son de
    células de tejido conectivo o de sostén, y
    leucemias o linfomas si son malignizaciones de células
    hematopoyéticas (2).

    Clasificación histogenética de tumores
    benignos.

    Tejido normal

    Tumor benigno asociado

    Epitelio glandular

    Adenoma

    Superficie epitelial

    Papiloma

    Fibroblastos

    Fibroma

    Cartílago

    Condroma

    Músculo estriado

    Rabdomioma

    Músculo liso

    Leiomioma

    Vasos sanguíneos

    Hemangioma

    Grasa

    Lipoma

    Hueso

    Osteoma

    Hígado

    Hepatoma

    Clasificación histogenética de tumores
    malignos.

    Tejido normal

    Tumor maligno asociado

    Epitelio

    Carcinoma

    Tejido conectivo

    Sarcoma

    Médula ósea

    Leucemia

     

     

    Más específicamente

    Epitelio glandular

    Adenocarcinoma

    Epitelio escamoso

    Carcinoma escamoso

    Fibroblastos

    Fibrosarcoma

    Cartílago

    Condrosarcoma

    Músculo estriado

    Rabdomiosarcoma

    Músculo liso

    Leiomiosarcoma

    Endotelio

    Angiosarcoma

    Lípidos

    Liposarcoma

    Hueso

    Osteosarcoma

    Hígado

    Carcinoma hepatocelular

     

     

    Algunos tumores malignos con
    nombres atípicos

    Piel-melanocitos

    Melanoma maligno

    Fibroblastos/histiocitos

    Histocitioma fibroso maligno

    Stem cells mieloides

    Leucemia mieloide

    Células plasmáticas

    Mieloma múltiple

    Tejido linfoide

    Linfoma / Enfermedad de Hodgkin

    Neuronas simpáticas
    (neuroblastos)

    Neuroblastoma

    Endotelio

    Sarcoma de Kaposi

    Riñón embrionario

    Nefroblastoma

    Retina embrionario

    Retinoblastoma

    Gónada (femenina)

    Seminoma

    Gónada (masculina)

    Disgerminoma

    Células germinales

    Teratoma maligno

    Etiología
    del cáncer:

    Se habla mucho sobre las causas del cáncer sin
    poder aún establecer cuales son estas. No existe una sola
    y única causa sino un grupo de factores cuyos efectos
    actúan sinérgicamente y predisponen al
    cáncer en el
    hombre.

    Se plantean de forma muy general dos grandes causas
    fundamentales: las exógenas, responsables del 80-90 % de
    todas las neoplasias, y las endógenas responsables del
    10-20 % restantes. Estas últimas, a diferencia de las
    primeras, ocurren en el organismo independientes a cualquier
    incidencia externa. Pueden ser mutaciones espontáneas
    debidas a fallas en procesos biológicos endógenos
    naturales que ocurren en la célula como es el caso de la
    reparación del ADN que realizan enzimas
    correctoras específicas o; por herencia, es
    decir, transmisión de mutaciones en genes recesivos
    llamados supresores que se trasmiten de generación en
    generación en las llamadas familias con síndrome de
    cáncer (2).

    El hombre como
    ser biosicosocial se mantiene en estrecha relación con el
    ambiente que
    lo rodea y este influye de varias formas en su salud. Los
    carcinógenos (cualquier agente capaz de incrementar la
    incidencia de la malignidad neoplásica) son los factores
    principales de las causas exógenas o ambientales. Estos
    pueden ser químicos, físicos, biológicos e
    incluso sociales (5, 6).

    • Compuestos químicos: El uso cotidiano de
      medicamentos variados, aditivos alimenticios,
      cosméticos, pesticidas, productos industriales y del
      hogar; el tabaquismo
      activo o pasivo, la ingestión de bebidas
      alcohólicas, de estimulantes, la variada exposición ocupacional y los tipos de
      alimentos
      que ingerimos o dejamos de ingerir en la dieta, son algunos de
      los factores a que voluntaria o involuntariamente, nos vemos a
      diario expuestos. Estos carcinógenos químicos
      pueden ser genotóxicos, cuando causan un daño
      directo en el ADN, y no genotóxicos cuando inducen
      proliferación siendo el daño indirecto (2, 5,
      6).
    • Carcinógenos físicos: Los
      cánceres causados por agentes físicos son en su
      mayoría debidos a radiaciones genotóxicas tanto
      ionizantes como no ionizantes. Las últimas están
      representadas básicamente por las radiaciones
      ultravioletas que como presentan bajo contenido
      energético no pueden atravesar la materia
      viviente ni generar radicales libres, pero en cambio
      interactúa con el ADN induciendo formación de
      dímeros entre dos bases timinas vecinas e interfiriendo
      así con el proceso normal de replicación. Las
      ionizantes (radiación gamma, X, neutrones y
      partículas cargadas) poseen en cambio un elevado poder
      energético y logran atravesar la materia viva ionizando
      a su paso átomos y generando radicales libres, en
      extremo nocivos para la célula. En cuanto a las
      radiaciones no genotóxicas, correspondientes al espectro
      electromagnético con longitudes de onda correspondientes
      al infrarrojo, visible, entre otros; se conoce poco aunque se
      ha relacionado con la aparición de leucemias y linfomas
      (2, 6).
    • Agentes biológicos: Hace más de cien
      años atrás los investigadores comenzaron a
      considerar la posibilidad de que los tumores fueran causados
      por virus u otros agentes infecciosos. Hoy en día ya se
      sabe que los patógenos más comunes causantes de
      cáncer son los virus de ADN los cuales se propagan por
      invasión a la célula de un hospedero usando la
      síntesis celular y la maquinaria de producción
      proteica para producir copias virales (8). El virus más
      estudiado de todos los cancerígenos es el Papiloma virus humano
      (PVH), un pequeño virus que causa tumores epiteliales.
      Hasta el momento se han descubierto más de 75 PVH la
      mayoría asociados a lesiones benignas aunque algunas a
      cánceres, en particular a cervicales, estos son los
      tipos 16 y 18 (9). Otro virus, también trasmitido
      sexualmente, es el de la hepatitis B, el
      cual se considera un factor etiológico para el
      cáncer de hígado (alrededor del 80 % de todas
      las neoplasias de hígado en el ámbito mundial).
      El virus de Epstein- Barr que produce mononucleosis es
      responsable también de 50 % de los cánceres de
      faringe, 30 % de enfermedades Hodgkin y 10
      % de linfomas no Hodgkin, además de algunos
      cánceres gástricos. El virus de la
      inmunodeficiencia adquirida, causante del SIDA, puede
      producir sarcoma de Kaposi y algunos linfomas relacionados con
      la proliferación de linfocitos (8).

    Otra clase de
    virus, los retrovirus, también están muy
    relacionados con el desarrollo del cáncer. En 1911
    Peyton Rous demostró que el retrovirus del sarcoma de
    Rous provoca la formación de sarcomas en pollos. De esta
    forma un estudio que comenzó con el análisis de
    retrovirus de vertebrados acabó permitiendo el
    descubrimiento de genes virales que poseen sus homólogos
    en células humanas y que participan en la inducción de tumores. En algún
    momento de su historia infecciosa el
    genoma de estos virus debe haberse recombinado con una
    secuencia celular, que puede ser reintroducida en el genoma
    celular formando parte de un provirus. Normalmente la
    estructura del oncogen viral (v-oncogen) está modificada
    respecto a su contraparte celular (c-oncogen) (10). Otros
    retrovirus importantes, son el de sarcoma de simios, sarcoma
    felino, sarcoma murino de Harvey, sarcoma murino de Kirsten,
    entre otros (11). En cuanto a los cánceres causados por
    bacterias solo se conoce el cáncer estomacal producido
    por la Helicobacter pilori, que además de provocar esta
    enfermedad produce úlcera gástrica. Eventos
    secundarios a la infección de cualquiera de estos
    patógenos, como la acción del sistema inmune hace
    que no en todos los infestados aparezcan neoplasias
    (8).

    • Estrés: El ser humano en la época
      actual vive cargado de estrés,
      de tensión nerviosa, de ansiedad, de depresión, con temores, angustias y
      preocupaciones constantes. Todas las cargas emocionales
      negativas pueden contribuir a la aparición de un
      cáncer. Se ha observado que años después
      de grandes problemas
      familiares, depresiones profundas, pérdidas o
      separaciones de seres queridos muchas personas han
      contraído cáncer sin otras causas aparentes. Se
      desconocen los verdaderos mecanismos por los que ocurre esto
      pero se sospecha el papel que desempeña la
      inmunodepresión característica de las fases
      depresivas, importante protección del organismo frente
      al surgimiento de células malignas en el organismo
      (2).

    La acción conjunta de la mayoría de estos
    factores etiológicos del cáncer sobre el ADN
    provoca mutaciones, si estos ocurren en genes implicados en la
    proliferación y crecimiento celular se ponen de manifiesto
    una serie de manifestaciones que traen como resultado el
    desarrollo de una neoplasia.

    Genes involucrados
    en la aparición del cáncer:

    Los genes que mayor relación presentan con la
    malignización celular son los genes supresores de tumores
    y los oncogenes ya que están directamente vinculados al
    crecimiento y proliferación celular. Los primeros forman
    parte directa del control del ciclo celular siendo los encargados
    de detener el mismo cuando ha ocurrido daño en el ADN. Los
    oncogenes, por su parte, definen los diferentes niveles de
    señalización celular, es decir, tienen un papel
    fundamental en la transmisión de señales
    desde el exterior celular hasta el núcleo donde se
    ejecutan las ordenes (12).

    Mutaciones en cualquiera de estos genes rompen la celosa
    vigilancia que la célula tiene sobre el control de su
    crecimiento y proliferación destruyéndose
    así el balance homeostático existente entre ambos.
    El paradigma
    oncogen-antioncogen postula que, a pesar de los mecanismos de
    seguridad que la
    evolución ha proporcionado al organismo para poder
    soportar la ocurrencia de una o varias mutaciones, eventualmente
    el equilibrio entre estos dos genes se rompe y la neoplasia
    emerge (13).

    Entre las mutaciones más comunes que se han
    identificado en estos tipos de genes en genomas tumorales
    están las mutaciones puntuales, deleciones,
    amplificaciones, aberraciones cromosomales como translocaciones e
    inversiones
    además de pérdidas cromosomales entre otros. Cada
    gen, ya sea supresor de tumor u oncogen, posee un tipo de
    alteración característica que lo activa. En varios
    casos sucede que un mismo gen puede ser activado por más
    de una alteración y esta se asocia a una patología
    específica (14).

    Algunos aspectos sobre
    el Ciclo celular:

    Una propiedad
    inherente a la célula es su habilidad para producir copias
    exactas de si misma con una alta fidelidad. La maquinaria
    responsable del control del ciclo celular es altamente organizada
    y relativamente bien conservada a través de la
    evolución.

    La carencia de fidelidad en este proceso crea una
    situación de inestabilidad genética, lo cual parece
    ser un factor contribuyente al desarrollo de células
    malignas, por lo que el cáncer es una enfermedad
    caracterizada por una regulación anormal del crecimiento
    celular.

    El ciclo presenta dos fases funcionales (S y M) y dos
    fases preparativas (G1 y G2). En S ocurre
    la replicación precisa y fiel del DNA, en M la
    segregación del sistema de cromosomas entre
    las células hijas y la división mitótica. En
    G1 procede la preparación bioquímica
    para la fase S y en G2 para la mitósis
    (15).

    Como es natural este ciclo tiene mecanismos
    específicos que controlan la transición de una fase
    a otra del ciclo. Hay dos moléculas (proteínas) muy
    importantes en este proceso:

    • Quinasas dependientes de ciclinas (cdk) cuya función
      enzimática es fosforilar.
    • Ciclinas (deben su nombre a que se sintetizan y
      degradan de forma cíclica).

    En cada transición del ciclo celular ocurre la
    activación de cdk las que están asociadas con
    ciclinas específicas de la fase actual del ciclo y que son
    necesarias para progresar a la próxima etapa. Estas cdk
    solo están activas en los momentos precisos en que la
    célula las necesita.

    Existen seis niveles de regulación de la
    actividad de estas quinasas dependientes de ciclinas
    (cdk):

    Cada cadena es sintetizada en una etapa determinada del
    ciclo celular.

    • Ciclinas D y E en G1.
    • Ciclina A en S y G2.
    • Ciclina B en G2 y M.
    • Degradación regulada de la ciclina
      .

    Cuando están presentes pueden asociarse con una
    cdk y activarla.

    Las cdk cuando están con las ciclinas pueden ser
    activadas cAK (cdk activaty kinasa).

    Las cdk pueden inactivarse por fosforilación (thr
    14 y tyr 15) y reactivarse por la acción de fosfatasas
    (16,17).

    Existen proteínas inhibidoras de quinasas
    dependientes de ciclinas que actúan:

    a) Evitando que se unan a la ciclina.

    b) Evitando que se activen en el complejo.

    De G1 a S sucede que el complejo ciclina /cdk
    fosforila al pRb que es el producto de un
    gen supresor de tumores (Retinoblastoma), este normalmente
    está asociado a factores de la transcripción de
    manera que cuando se fosforila libera los factores que participan
    en la transcripción de genes cuyos productos son
    necesarios en la síntesis de DNA (ejemplo :DHFR, DNA
    poli a ,
    timidina quinasa).

    En S la célula comienza a replicar el DNA y no
    finaliza hasta que está completamente replicado. La
    fidelidad del proceso se logra por la actividad correctora (3'-5'
    exonucleasa) de la enzima DNA polimerasa (enzima que fabrica DNA
    a partir de nucleótidos libres). Con esta
    reparación se reduce hasta mil veces el error.
    También las telomerasas juegan su papel formando los
    telómeros en los cromosomas contrarrestando la
    replicación incompleta evitando la pérdida de
    secuencias importantes de DNA (16).

    En la transición de G2 a M se conoce
    que participa un factor promotor de mitósis (MPF) o
    ciclina B que actúa en blancos aún desconocidos
    para que la célula entre en mitósis .

    De la etapa de mitósis como tal (M) a la de
    G1 se sabe que una vez que MPF (ciclina B / cdc 2)
    realizó su función se degrada. La célula
    entra en anafase con sus respectivos procesos necesarios para la
    citocinesis .

    Para que la célula se replique con verdadera
    fidelidad cada secuencia debe replicarse un sola vez . Esto lo
    garantiza un factor citosólico que es necesario en el
    núcleo para la replicación y se destruye cuando
    este terminó de replicarse . Como en G2 ese
    factor no existe en el núcleo no puede ocurrir
    replicación; sin embargo como está presente en el
    citosol , cuando la membrana nuclear se desensambla durante la
    mitósis este factor entra en el núcleo y la
    célula en el próximo período puede replicar
    su DNA (17).

    Genes
    supresores de tumores:

    Como vimos en el anterior resumen del ciclo celular, la
    célula cuenta con moléculas importantes que vigilan
    la secuencia normal de acontecimientos genéticos que
    permiten su proliferación. Estos son los genes supresores
    de tumores o antioncogenes. Cuando los productos de los mismos no
    son funcionales o están ausentes, la célula pierde
    la protección que le brindan normalmente lo cual conduce a
    la aparición y desarrollo de tumores malignos
    (17).

    Los genes supresores de tumores tienen como
    característica que para perder el controlde la
    proliferación celular deben tener ambas copias de los
    genes mutados (genotipo recesivo). Autores como (18) plantean la
    existencia de una teoría denominada "De los dos eventos".
    Según esta teoría, la aparición de la
    enfermedad sería el reflejo de dos lesiones
    genéticas independientes. Una de ellas se hereda como
    carácter autosómico recesivo y por consiguiente se
    presenta constitucionalmente en todas las células
    somáticas. Confirmando esto en algunos pacientes se
    identificaron alteraciones cromosómicas que
    consistían frecuentemente en deleciones en regiones
    cromosómicas concretas. El segundo impacto elimina la
    copia funcional del gen implicado por lo que en la enfermedad se
    pierde la heterocigocidad.

    Los productos de los antioncogenes tienen diversas
    localizaciones en la célula, lo mismo son proteínas
    citoplasmáticas que nucleares. No obstante su
    ubicación sus funciones son
    básicamente iguales, proteger la célula de una
    posible malignización.

    De todos los genes supresores de tumores los más
    conocidos y estudiados son el retinoblastoma (Rb) y el gen P53
    por su estrecha relación con cánceres humanos
    (7).

    Genes para proteínas
    citoplasmáticas

    APC

    Está involucrado en cánceres de
    colon y estómago.

    DCP4

    Codifica para una molécula en una ruta de
    señalización que inhibe la división
    celular. Involucrado en cáncer
    pancreático.

    NF-1

    Codifica para una proteína que inhibe una
    proteína (Ras) estimulatoria. Involucrado en
    neurofibroma y pheochromocytoma (cánceres del
    sistema
    nervioso periférico) y leucemia
    mieloide.

    NF-2

    Involucrado en meningioma y ependimoma
    (cánceres de cerebro) y schwannoma (afecta la vaina que
    envuelve los nervios periféricos).

    Genes para proteínas
    nucleares

    MTS1

    Codifica para la proteína p16, un
    componente del reloj del ciclo celular. Involucrada en un
    amplio rango de cánceres .

    RB

    Codifica para la proteína pRB, uno de los
    principales controles del ciclo celular. Involucrado en
    retinoblastoma y cánceres de hueso, vejiga,
    células pequeñas de pulmón y
    cáncer de mama.

    P53

    Codifica para la proteína p53, la cual
    puede detener la división celular e inducir a las
    células anormales a matarse ellas mismas.
    Involucrada en una gran cantidad de
    cánceres.

    WT1

    Involucrado en el tumor de Wilm de
    riñón.

    Genes para proteínas cuyas
    localizaciones celulares no están claras
    aún

    BRCA1

    Involucrado en cánceres de mama y
    ovario.

    BCRA2

    Involucrado en cáncer de mama.

    VHL

    Involucrado en cáncer de células
    renales.

    Retinoblastoma:

    El retinoblastoma (tumor de retina) es el cáncer
    ocular infantil más común en humanos. Puede ocurrir
    por herencia o por mutagénesis (9,19). El locus
    genético de este gen supresor de tumores es la banda q14
    del cromosoma 13 en humanos (6,9,20).

    Los niños
    que heredan una única copia defectiva del gen Rb por
    término medio padeceran tres tumores de retinoblastoma
    cada uno de los cuales deriva de una sola célula
    transformada. Ya que la retina en desarrollo contiene
    aproximadamente 4 x 106 células, solamente una
    célula de cada 106 se vuelve tumoral. Este
    hecho sugiere que, a pesar de su alta heredabilidad, el gen Rb
    actúa de manera recesiva a nivel celular y que es
    necesario un segundo acontecimiento para que se produzca el estado
    transformante (5).

    Normalmente un individuo común puede ser tanto
    homocigótico dominante como heterocigótico para el
    gen Rb. Si ocurre la pérdida de un alelo ya sea en una
    célula somática o germinal el homocigótico
    puede convertirse en heterocigótico. Cuando en esta
    situación se pierde además el segundo alelo en una
    célula somática se desarrolla el tumor ocular, pero
    si esto ocurre en una célula germinal se trasmite la
    predisposición al tumor en la descendencia que entonces se
    considera hereditario (9).

    La alteración genética que propicia la
    pérdida del alelo es la deleción y se encuentra
    asociada principalmente al retinoblastoma aunque también
    se ha encontrado inactivo el Rb en osteosarcomas y algunos
    carcinomas de mama, pulmón y vejiga (6,11,14).

    El producto del gen supresor de tumores Rb es una
    fosfoproteína nuclear cuya influencia es fundamental para
    el ciclo celular. Se encuentra asociado normalmente a factores de
    la transcripción tales como DHFR, ADN poli
    a , Timidina quinasa
    además del E2F, el más importante. La
    liberación de estos factores está dada por la
    fosforilación de la proteína RB por el complejo
    ciclina / cdk en el final de la fase G1 y luego es desfosforilada
    lista para unirse nuevamente a los factores de la
    transcripción durante la mitósis. La unión
    de E2F a la proteína Rb hace que disminuya la habilidad de
    este factor para estimular la transcripción de manera que
    si ocurre algún daño en el ADN la proteína
    Rb mantien secuestrado al factor de transcripción y por
    tanto arrestado el ciclo celular en la fase G1 evitando que se
    replique un ADN incorrecto (9,17).

    La función normal de la proteína Rb puede
    ser afectada también por la unión con las
    oncoproteínas E7 de PVH (5,21). Estudios realizados con
    proteínas quiméricas, cuya habilidad para romper
    fisicamente el complejo pRb/E2F está afectada, sugieren
    que hay moléculas determinantes en el extremo C-terminal
    de la proteína E7 para esta actividad (22).

    p53:

    El término de proteína p53 es designado a
    una familia de
    proteínas celulares que varian en talla desde 48 Kd a 55Kd
    en diferentes especies. En diversos estudios se han encontrado
    grandes cantidades de esta molécula en células
    transformadas por el virus SV40 y en células en plena
    actividad de división, lo que indica que está muy
    relacionada con el ciclo celular y especificamente con su control
    (23).

    Este gen supresor de tumores está localizado en
    el brazo corto del cromosoma 17 en humanos, más
    especificamente en la banda 13 y presenta alrededor de 20 Kb. El
    ARN transcrito (2.8 Kb) codifica para una fosfoproteína
    nuclear de 53 Kd que contiene 393 aminoácidos. El
    análisis de nucleótidos y de secuencias
    aminoacídicas ha revelado la existencia de cinco dominios
    evolutivamente conservados que parecen ser esenciales para la
    función normal del producto protéico. Entre las
    propiedades del gen P53 se incluyen dos dominios de ligamiento al
    ADN, dos sitios de unión al antígeno tumoral de
    SV40, una señal de localización nuclear, un
    dominio
    oligomerizado y múltiples sitios de fosforilación
    (9).

    En caso de daño en el ADN celular en el momento
    de la división la proteína p53 puede provocar dos
    respuestas celulares diferentes pero con un mismo fin, eliminar
    el daño y así el paso de errores genéticos a
    la descendencia. La primera respuesta consiste en el paro del ciclo
    celular seguido de la reparación. Bajos niveles de ADN
    afectado inducen un paro prolongado del ciclo celular en la fase
    G1 hasta tanto la maquinaria de reparación sea capaz de
    corregir la estructura del ADN. Estudios realizados en
    fibroblastos humanos han revelado que esta detención del
    proceso está estrechamente vinculada con la p53 así
    como también se ha encontrado asociada a una
    proteína denominada p21. Mutaciones inactivantes en P53
    eliminan la inducción de p21 lo cual podría
    bloquear normalmente la fosforilación de otro gen supresor
    de tumores llamado Rb mediada por ciclina / cdk y la
    progresión hacia la fase S (9,24,25).

    A diferencia de esta primera respuesta cuyo fin es que
    la célula pueda replicarse sin errores tras desbloquearse
    la división, la segunda mucho más drástica,
    induce la muerte de la célula si el daño es tal que
    no pueda ser reparado o si la célula está muy cerca
    de la división (9,24). Hasta el momento se han descrito
    dos mecanismos distintos por los cuales la p53 puede activar la
    apoptósis o suicido celular programado. Uno requiere la
    activación de la transcripción de secuencias
    especificas (sst) y el otro es independiente de esto. Ambos
    pueden dispararse simultaneamente y esta cooperación tiene
    como resultado los máximos efectos apoptóticos. El
    mecanismo que implica activación de genes determinados
    puede ser inhibido por la proteína codificada por el
    oncogen Mdm2 que forma un complejo con la p53 (26).

    Otra oncoproteína, la bcl-2, puede proteger la
    célula contra la apoptosis inducida por daño en el
    DNA mientras que el producto del c-myc (oncogen) puede aumentar
    la respuesta apoptótica bajo estímulos como el de
    privación del factor de crecimiento. Al resultado final de
    este suicidio celular
    es el colapso de la célula en una masa pequeña y la
    fragmentación del DNA nuclear evitándose de esta
    forma que nuevas células hijas presenten su DNA
    dañado y por tanto sean proclives a una
    malignización neoplásica(9).

    En más de la mitad de los cánceres se han
    identifcado alteraciones específicas en la estructura de
    gen de la p53. En todos se presenta el mismo fenotipo aunque
    puede ser producido tanto por mutaciones puntuales como por
    deleciones. En caso de que en un individuo heterocigótico
    se produzca la pérdida de un alelo funcional por
    deleción o que este se dañe como consecuencia de
    alguna mutación puntual la proteína p53 en esa
    célula se ausentará o funcionará de forma
    defectuosa de manera que, si en esa misma célula ocurre
    algún otro daño genético se dividirá
    sin que sea reparado, o peor aún si el ADN está muy
    afectado no es posible que la célula se destruya por
    apoptosis (14,27). Algunos autores como (9,28) han encontrado
    asociación entre mutaciones en el gen de la p53 y el
    síndrome de Li-Fraumeni, una rara forma de cáncer
    hereditario que afecta a individuos
    heterocigóticos.

    Otra vía de inactivación de la
    proteína p53 se debe a la unión de la
    oncoproteína E6 de los PVH 16 y 18 con dos sitios
    diferentes en la estructura de la misma. Uno de estos sitios es
    dentro de la estructura nuclear de la proteína p53.
    Análisis realizados por deleción nuestran que el
    punto de unión está en el residuo 135 resultando la
    p53 marcada para una degradación dependiente de
    ubicuitina. El otro sitio de unión de la proteína
    supresora de tumores con la oncoproteína viral E6 es el
    extremo C-terminal, pero en este caso no se induce
    degradación (29,30).

    En numerosos carcinomas han sido reportadas alteraciones
    de p53 en el DNA tumoral, entre los más comunes
    están los carcinomas de hígado, mama, colon y
    pulmón, así como el osteosarcoma (6).

    Oncogenes:

    Los protooncoges son genes de una célula normal
    cuyos productos están involucrados directamente en los
    mecanismos de transducción de señales y su
    función es desencadenar procesos de proliferación y
    diferenciación en la célula. Al mutar , estos genes
    se convierten en oncogenes, los cuales dan lugar a productos
    alterados que predisponen la célula a una
    transformación neoplásica (6,12,14,24).

    De los cerca de 100 oncogenes hasta el momento
    conocidos, 32 han sido identificados en genomas retrovirales
    distinguiéndose estos por el prefijo v seguido del nombre
    del oncogen (v-oncogen) a diferencia de sus homólogos
    celulares que se identifican como c-oncogen (9).

    Los oncogenes pueden activarse de dos formas
    fundamentales a manera general, puede ser por daños que
    alteren la secuencia genómica normal del gen como es el
    caso de las mutaciones puntuales, o por eventos que cambien su
    expresión pero que mantienen la secuencia codificante
    inalterada como ocurre en inserciones, translocaciones y
    amplificaciones. Puede suceder que un oncogen se active por
    más de una vía a la misma vez, o que una
    alteración determinada se asocie a un tipo de tumor
    específico (9,14,24).

    Mecanismo de
    transducción de señales:

    Las células eucariotas, a diferencia de las
    procariotas, han desarrollado un alto nivel de
    compartimentación celular y nuclear dado por membranas que
    separan tanto en ADN del material celular como el interior de la
    célula del ambiente externo. De esta manera queda
    protegido el material genético de agentes externos
    (nucleasas, mutágenos, entre otros) que pueden
    dañarlo. A la par de ese avance evolutivo ha tenido que
    ocurrir otro, el desarrollo de un mecanismo o sistema
    bioquímico de comunicación que provee al núcleo
    aislado por membranas de información del exterior celular
    a la que tiene que responder (31).

    Señales ambientales tales como citoquinas,
    hormonas de
    bajo peso molecular, factores de crecimiento otras
    proteínas se impregnan a la porción externa de la
    membrana plasmática y ahí pueden ocurrir dos
    mecanismos diferentes (31).

    1- Una vez unido el ligando al receptor se transmite la
    señal a través de la membrana plasmática
    desde el dominio unido al ligando hasta el dominio interno
    localizado en la cara interna de la misma. La consecuencia
    bioquímica de esta transducción de señales
    es generalmente la activación de una enzima (por ejemplo:
    proteínas quinasas) o una alteración en un
    nucleótido determinado que se une por afinidad (por
    ejemplo: GTP-unión guanosina trifosfato) estimulado por el
    dominio intracelular del interruptor proteico.

    2- Este otro mecanismo está dado por la
    acción de algunos agentes externos con
    características liposolubles que pueden atravesar la
    membrana plasmática y unirse directamente con su receptor
    citoplasmático.

    Ambos mecanismos producen cascadas de eventos
    bioquímicos que involucran activación de secuencias
    de proteínas quinasas o cambios en el contenido de
    fosfolípidos de la célula que conllevan a la
    activación de fosfolipasa C o fosfoinositol 3 quinasa. La
    fosfolipasa C degrada el fosfatidil inositol difosfato en diacil
    glicerol e inositol 3 fosfato. El primero de estos productos de
    la degradación es el segundo mensajero que activa una
    proteína específica serina treonina quinasa C. El
    inositol 3 fosfato por su parte libera calcio de almacenes
    internos resultando la activación de calcio / calmodulina
    quinasas además de otros efectos. El fosfoinositol 3
    quinasa fosforila el fosfatidil inositol en la posición 3
    del anillo de inositol (14).

    Estos procesos de transducción de señales
    están directamente involucrados en el control de la
    proliferación y diferenciación celular. Cualquier
    error en el desarrollo normal de estas vías puede
    desencadenar una transformación neoplásica en la
    célula (6,14,24,31|).

    Clasificación de lo productos de los
    oncogenes:

    Una de las tantas formas de clasificar los oncogenes es
    de acuerdo a la función de sus productos. Si bien la
    vía detallada por la que estos actúan no es
    conocida para ninguno de ellos, su vinculación con el
    control del crecimiento sugiere que las proteínas
    oncogénicas interaccionan con los sistemas de
    control del crecimiento de las células. Aunque este
    proceso solo se conoce a grandes rasgos se pueden diferenciar
    cuatro tipos de proteínas fundamentales involucradas en el
    mismo: los factores de crecimiento, los receptores de los
    factores de crecimiento, los transductores intracelulares de
    señales y los factores de transcripción nuclear
    (5).

    • Factores de crecimiento:

    Los factores de crecimiento son proteínas
    secretadas por una célula que desempeñan su
    función biológica en otra (9). Estos, junto a las
    hormonas, facilitan el crecimiento celular actuando como agentes
    transmisores de señales. De alguna manera los factores de
    crecimiento dirigen la célula para que lleve a
    término los pasos necesarios para crecimiento. Los
    factores y las hormonas por si mismos ni proporcionan valor
    nutritivo a la célula ni juegan un papel conocido en rutas
    metabólicas. Solo su capacidad para unirse a receptores
    específicos de la superficie celular le permite controlar
    sucesos e inducir muchos tipos de respuestas en la célula
    tales como movilización de reservas de energía y
    diferenciación así como la entrada al ciclo de
    crecimiento (5).

    Entre lo factores de crecimiento más conocidos se
    encuentran el factor de crecimiento epidérmico (EGF, del
    inglés
    epidermical), el factor de crecimiento derivado de plaquetas
    (PDGF, del inglés platelet derivated) y el factor de
    crecimiento transformante (TGF, del inglés transforming
    growing factors); todos iniciadores de cascadas de
    señalización cuyo fin es la proliferación
    celular (5,32).

    c-sis:

    Este oncogen es el único descubierto hasta el
    momento que proviene de genes que codifican para factores de
    crecimiento (5). El producto es una proteína secretada que
    constituye la cadena l
    del factor de crecimiento plaquetario (PDGF) (9,33) que
    puede transformar las células que expresen el receptor
    PDGF de manera natural (5).

    El gen sis, que en humanos se encuentra en el cromosoma
    22, fue descubierto en retrovirus de Sarcoma de simios y se
    encuentra asociado a un tipo de Leucemia crónica
    denominada mielocítica que se piensa sea consecuencia de
    una translocación que activa el protooncogen
    (9).

    El PDGF, cuyas fuentes son
    las plaquetas, endotelio, músculo liso, vascular y
    células tumorales; actúa en células
    específicas entre las que se encuentran los fibroblastos
    entre otras. Su actividad biológica y, por tanto, su
    potencial oncogénico radica en que es un agente
    quimiotáctico, es decir, mantiene el crecimiento de
    diferentes células mesenquimatosas (32).

    La unión del PDGF con su receptor conduce a una
    dimerización del mismo así como a la
    fosforilación de residuos claves de tirosina iniciando de
    esta forma la activación de sustratos de quinasas que
    constituyen el aparato de señales (12).

    • Receptores de factores de crecimiento:

    Los receptores de factores de crecimiento: se
    caracterizan por poseer una porción intracelular, una
    transmembrana y una extracelular (32). Cuando la región
    extracelular se une a un factor específico, el receptor se
    activa y envía por medio de una cascada de eventos la
    señal para que la célula se divida. En muchos casos
    los receptores de superficie celular tienen proteínas
    tirosinas quinasas integradas en su dominio
    citoplasmático, estos trasmiten señales mediante la
    fosforilación de residuos de tirosina en una o varias
    proteínas dianas, iniciandose de este modo una cascada de
    acontecimientos que requiere la participación de muchos
    oncogenes con funciones diferentes (5). Otros receptores se
    asocian a proteínas G (12), consideradas
    históricamente como interruptores para receptores
    hormonales (31).

    La oncogenicidad de los receptores para los factores de
    crecimiento resulta de la activación constitutiva
    (independiente del ligando) de la actividad tirosina quinasa, es
    decir cuando un gen que codifica para un receptor es alterado
    este estará activo incluso sin estar unido a su ligando
    (5,9).

    De todos los oncogenes que codifican para receptores
    hasta el momento conocidos hay una familia muy importante que da
    lugar a toda una gama de receptores para factores de crecimiento
    epidérmico (EGF-R), son los genes erbB, erbB-2, erbB-3 y
    erbB-4 (9,34).

    erbB (EGF-R):

    El gen c-erbB codifica para el receptor quinasa del
    factor de crecimiento epidérmico (9). Este EGF, entre
    cuyas fuentes se consideran las glándulas submaxilares,
    las de Brunner, las células parietales e incluso la orina
    humana; actúa en células específicas tales
    como epidérmicas, epiteliales y fibroblastos. Su actividad
    biológica fundamental radica en que es un mitógeno
    promotor de la queratinización y en segundo lugar inhibe
    la secreción de ácido gástrico
    (32).

    El receptor de EGF EGF-R,del inglés epidermical
    growing factor receptor) es una proteína que presenta un
    extremo N-terminal extracelular, una simple región
    transmembrana y un extremo C-terminal intracelular responsable de
    la actividad tirosina quinasa. La dimerización del extremo
    extracelular activa la actividad tirosina quinasa. La
    oncoproteína, es decir la proteína codificada por
    el oncogen c-erbB, mantiene la tirosina quinasa y el dominio
    transmembrana pero pierde el N-terminal (región que se une
    al EGF) y el extremo C-terminal. Ambas deleciones son necesarias
    para la oncogenicidad, el cambio en el dominio extracelular
    permite que la proteína se dimerice espontáneamente
    y la pérdida del C-terminal aparta un dominio
    citosólico que inhibe la actividad transformante. La
    combinación de ambas mutaciones hace que se active el
    receptor constitutivamente (9).

    Además del oncogen erbB, que fue inicialmente
    hallado en el retrovirus animal de la Eritoblastosis aviar (5),
    existen otros de la misma familia que también poseen
    potencial oncogénico. De estos el más conocido es
    el erbB-2 (ó neu) que codifica para una
    glicoproteína transmembrana (gp185neu) que con
    actividad tirosina quinasa también relacionada con
    receptores para factores de crecimiento. La
    sobre-expresión de este oncogen se ha encontrado asociada
    a cánceres de mama y ovario (6,34) aunque otros autores
    (5) lo reportan en neuroblastomas. Además del erbB y el
    erbB-2 hay otros miembros de la superfamilia tales como erbB-3 y
    erbB-4 cuyas características y funciones son muy
    parecidas.

    • Transductores Intracelulares:

    La clase más amplia de oncogenes deriva de los
    genes que codifican proteínas que actúan a modo de
    transductores intracelulares, proteínas que trasmiten
    señales desde el receptor hasta su diana celular
    (5).

    Los transductores cuya función es más
    conocida son las proteínas G, una de las cuales, la Gs
    controla la síntesis de AMPc. Esta percibe si un ligando
    está ocupando un receptor de la superficie celular, se une
    al GTP y activa la enzima adenilato ciclasa que forma el AMPc,
    entonces hidroliza el GTP y vuelve a su estado
    inactivo (5,12). Una mutación en el gen elimina la
    actividad GTPasa y estimula constantemente la síntesis de
    AMPc que puede causar una proliferación no regulada de las
    células de la pituitaria y por consiguiente la
    formación de tumores en dicha glándula
    (5).

    Otro grupo de transductores intracelulares codifican
    proteínas tirosina quinasas. Estas difieren de los
    receptores de superficie celular en que son proteínas
    nucleares o intracitoplasmáticas que carecen de dominio
    transmembrana o extracelular. Muhas de estas proteínas
    tirosina quinasas tienen miristato, una larga cadena de
    ácido graso unida a la glicina de extremo N-terminal. Esto
    hace que estén parcialmente unidas a la membrana
    citoplasmática, de manera que su dominio quinasa se
    encuentra en la misma región periplasmática que las
    quinasa de los receptires. El modo de acción de las
    proteínas es fosforilar residuos de tirosina y de este
    modo trasmitir la señal hasta la proteína diana
    correspondiente (5).

    Dentro de este gran grupo conformado por los
    transductores intracelulares de señales se tienen, como
    vimos anteriormente, dos divisiones fundamentales con sus
    oncoproteínas características. Entre los oncogenes
    que codifican proteínas similares a la proteína G
    está el oncogen ras que posee extrema importancia como se
    verá posteriormente. En cuanto a los que codifican
    proteínas con actividad tirosina quinasa el más
    estudiado es el c-src (9).

    ras:

    Es una superfamilia de proteínas
    monoméricas de 20 a 25 Kd, conocidas colectivamente como
    p21ras , que juegan un papel fundamental en el proceso
    de transducciòn de señales en la célula. La
    superfamilia la integran seis genes diferentes relacionados con
    funciones celulares tales como:

    • señales mitogénicas :ras
    • organización del citoesqueleto : rho y
      rac
    • funciones nucleares : rab
    • y un sexto miembro R-ras/TC21 que no se halla
      asociado a cánceres humanos (31).

    De todos los integrantes de la superfamilia los
    más estudiados e importantes son los de su mismo nombre.
    El oncogen ras está vinculado al mecanismo de
    señales cuyo fin es el crecimiento y diferenciación
    celular. La ruta es iniciada cuando un ligando (EGF ó
    PDGF) se une al receptor tirosina quinasa (EGF-R ó PDGF-R)
    el cual se autofosforila y se activa a su vez este es capaz de
    activar quinasas citosólicas (Ser/Thr quinasas) las cuales
    pueden fosforilar otras quinasa creando una cascada de eventos de
    fosforilación que culmina con la activación de
    factores de la transcripción que deparan cambios en el
    fenotipo celular, el cual varia de crecimiento a
    diferenciación. También el eslabón final de
    la cadena pueden constituirlo ciertas proteínas del
    citoesqueleto que podrían influir directamente en la
    estructura de la célula (6,31).

    Se han encontrado genes ras en especies muy distantes
    evolutivamente tales como Drosphila , Dictyostelium y levadura
    (sacaromyces). Esta estabilidad evolutiva, solo superada por los
    genes de las histonas, sugiere la función esencial de
    estos genes para la célula eucariota (13).

    La localización celular de los miembros de la
    superfamilia ras es amplia, incluye miembros plasmáticos,
    fracción microsomal y envoltura nuclear y depende de las
    modificaciones post-traducionales que puedan ocurrir. Esas
    modificaciones pueden ser clivajes proteolíticos,
    reaciones de metilesterificación y reaciones de
    lipidación. De todas estas variaciones la más
    estudiada por su real importancia es la farnesilación. Se
    plantea que la interacción de la proteína ras con
    la membrana plasmática requiere una modificación en
    su región carboxi terminal. Esta región es una
    secuencia conocida como CAAX box que presentan todas las
    p21ras y que está formada por una cisteina (C)
    conservada , dos aminoácidos (AA) y el residuo carboxi
    terminal. Estudios genéticos han demostrado que el oncogen
    ras requiere intacta la secuencia CAAX box y por tanto las
    propiedades para inducir una transformación maligna. La
    naturaleza
    bioquímica de la modificación ha sido investigada
    por lo que se sabe que primero ocurre la farnesilación del
    residuo de cisteina conservado (cis 186 en p21ras de
    mamíferos ). Probablemente el donante del
    grupo isoprenilo sea el farnesil pirofosfato, un metabolito
    intermediario de la ruta del mevalonato. Luego de la
    farnesilación ocurre un clivaje del carboxi terminal
    farnesil cisteina (36).

    De manera general Ras es considerada como un interruptor
    molecular ya que posee una actividad GTPásica
    intrínseca que la convierte de su forma activa (unida a
    GTP) en su forma inactiva (unida a GDP) conectando o
    desconectando así la cascada bioquímica
    (17,31,36,37,38,39).

    La proteína p21ras por si misma posee
    una baja actividad GTPásica intrínseca por lo que
    la interconversión de GTP a GDP es catalizada por una
    proteína activadora de GTPasa denominada GAPs ( del
    inglés GTPasa activating protein) la cual estimula la
    habilidad de la p21ras para hidrolizar GTP. Estas
    GAPs, que incluyen p120 GAP y neurofibromina, poseen un dominio
    catalítico común pero incluye diversos elementos
    reguladores que deben emparejar signos
    externos diferentes para el control del gen ras (40). Otra
    proteína también relacionada con la actividad de
    Ras es la proteína GNRF (SOS) que estimula el
    reemplazamiento de GDP por GTP reactivando la proteína
    (31).

    Autores como Thimothy M (41) plantean que por su
    localización en la cara interna de la membrana y por la
    modulación que ejerce sobre el metabolismo de
    fosfolípidos, p21ras puede hacer las veces de
    proteína G, en interacción directa o indirecta con
    determinados receptores. No obstante no se han encontrado
    evidencias de
    que p21ras active fosfolipasa C o fosfolipasa
    A2.

    Hasta el momento, del gen ras se han se han descrito 3
    alelos, de ellos H-ras y N-ras son los más frecuentes en
    humanos siendo el menos frecuente el K-ras (31). Los tipos H-ras
    y K-ras fueron aislados y caracterizados inicialmente de dos
    cepas de retrovirus agudos de ratas designadas como Harvey y
    Kristen responsables de la capacidad transformante del virus y el
    N-ras fue detectado por primera vez en el tumor humano
    Neuroblastoma (37). El gen H-ras, primer al que se le
    estudió la estructura tridimensional de su proteína
    por difracción de rayos x, se
    localiza en el brazo corto del cromosoma 11 y su tamaño es
    5 Kb, K-ras y N-ras presentan básicamente la misma
    ubicación que H-ras pero en los cromosomas 12 y 1
    respectivamente. En relación al tamaño el tipo
    K-ras posee 45 Kb mientras que N-ras presenta 12 Kb
    mostrándose gran diferencia entre los tres alelos
    (13).

    El producto activado del oncogen ras se ha encontrado en
    más de un 15% de las formas más comunes de
    cáncer humano (18).

    La activación maligna de este protooncogen
    está dada por mutaciones puntuales cuya alteración
    estructural en la proteína es la sustitución de un
    solo aminoácido resultando un aumento de su forma
    activada, la unida al GTP. De esta manera la inducción del
    potencial oncogénico del producto proteico puede tener
    lugar mediante varias formas. Pueden ocurrir mutaciones en los
    codones 12, 13 y 61 cuyo efecto bioquímicos la
    inhibición de la actividad GTPásica de la
    proteína o mutaciones en los codones 116 y 119 que
    producen un incremento en el intercambio de GTP por
    GDP.

    Otra vía, ajena a los genes ras, que puede
    afectarla actividad normal de estos es una deleción que
    produce una inactivación de los genes GAPs cuyo resultado
    es una disminución en la actividad de los mismos
    (36).

    También se han encontrado mutaciones, aunque
    menos frecuentes en los codones 13, 59, 63 y 146 (37).

    En estudios realizados se ha encontrado que existe una
    fuerte correspondencia entre el tipo de tejido afectado y el
    alelo activado siendo el H-ras el que predomina en tumores de
    origen epitelial como piel,
    hígado y mama. Los tumores mesenquimatosos (fibrosarcomas,
    linfomas y de mesénquima renal) presentan activados
    fundamentalmente los genes K-ras y N-ras (42).

    También se han encontrado genes H-ras en tumores
    benignos de piel (queratoacantomas) con una frecuencia mayor
    (80%) que en carcinomas (40%) (43).

    En la siguiente tabla se muestra la
    incidencia del tipo de ras con el tumor asociado por lo que
    podemos deducir que para el alelo K-ras los tumores relacionados
    más comunes son el carcinoma de páncreas y los
    adenomas y adenacarcinomas de colon así como los de
    pulmón mientras que para N-ras son más frecuentes
    los melanomas y carcinomas tiroideos. Los tumores asociados a
    H-ras son principalmente los carcinomas de células
    escamosas y los de vejiga (36).

    Tipo de tumor

    Incidencia (%)

    Tipo de ras

    Carcinoma de páncreas

    90

    K-ras

    Adenoma de colon

    50

    K-ras

    Adenocarcinoma de colon

    50

    K-ras

    Seminoma

    40

    K-ras y N-ras

    Adenocarcinoma de pulmón

    30

    K-ras

    Carcinoma de tiroide

    25

    N-ras

    Melanoma

    20

    N-ras

    Carcinoma de células escamosas

    12

    H-ras

    Carcinoma de vejiga

    60

    H-ras

    c-src:

    El virus del Sarcoma aviar, descubierto en 1911 por
    Peyton Rous, fue el primer virus oncógeno conocido.
    Presenta solo tres genes codificadores de proteínas: env
    (proteína de la envoltura), gag (proteína de
    estructuras
    internas) y pol (enzima transcriptasa inversa). En los extremos
    del genoma están las secuencias LTR (representaciones
    terminales largas) donde se localizan: promotor, estimulador de
    la transcripción de los genes virales y las señales
    para la integración del virus en el huésped.
    Luego de estudios realizados mediante mutaciones y deleciones se
    concluyó que la oncogenicidad del virus se debe a una
    secuencia génica, llamada v-src, que se encuentra situada
    en el extremo de su ARN codificador y que no es necesaria para la
    integración del virus en el huésped. Secuencias
    homólogas a esta v-src han sido observadas en todos los
    vertebrados, incluso en el hombre donde se denominan c-src. (11)
    Otros autores como (5) plantean que existe este gen en
    células de invertebrados.

    El oncogen c-src, que se localiza en el cromosoma 20
    (11), codifica para una proteína de 60 Kd de peso
    molecular nombrada p60c-src. Esta posee actividad
    tirosina quinasa y es capaz de autofosforilarse así como
    de catalizar la incorporación de fosfato a otras
    proteínas celulares. Una vez sintetizada en los
    polirribosomas libres, la p60c-src pierde su meteonina
    N-terminal y la glicina que pasa a ocupar esa posición
    recibe un residuo de ácido mirístico
    asociándose a la membrana citoplasmática (44). La
    regulación de la proteína está dada por los
    múltiples sitios de fosforilación que presenta. La
    fosforilación de un residuo de tirosina en la
    posición 527, a 6 aminoácidos del extremo
    C-terminal, causa una gran reducción de su actividad
    quinasa. Puede ser activado también mediante cambios en la
    región N-terminal (que no forma parte del dominio quinasa)
    (5,45), así como por la unión a la proteína
    T-intermedia del Polyoma que se clasifica como un activador
    constitutivo de la p60c-src tirosina quinasa
    (5,46).

    Las alteraciones génicas más comunes
    observadas en c-src son la translocación y la
    amplificación asociándose ambas a Leucemias
    crónicas (11).

    • Factores de transcripción nuclear:

    Los factores de transcripción son
    proteínas nucleares codificadas por conjunto de oncogenes
    que se caracterizan porque sus productos ejercen efectos directos
    sobre las funciones nucleares, fundamentalmente sobre la
    transcripción. Estos factores de transcripción
    pueden acelerar o retardar la tasa de iniciación de
    transcritos por la RNA polimerasa II en dependencia del modo en
    que actúen. Pueden unirse a dos tipos diferentes de
    secuencias de DNA, a promotores que se localizan en el inicio de
    la transcripción o enhancers que se hallan alejados del
    sitio de iniciación y actúan a largas distancias.
    De ambas formas esas oncoproteínas alteran el curso normal
    de la transcripción induciendo una transformación
    maligna en la célula (5).

    Esta clase de oncogenes presenta gran variedad aunque se
    distingue por su importancia el c-myc, los demás son el
    c-jun, c-fos, c-erbA, c-myb entre otros.

    c-Myc:

    El oncogen c-myc está localizado en el cromosoma
    8 de humanos . Fue descubierto por primera vez en el retrovirus
    de la Mielocimatocis aviar , aunque se han encontrado secuencias
    homólogas a c-myc en especies tan distantes como
    Drosophila y Maíz (11).
    Además de c-myc hay dos oncogenes más que integran
    esta familia : el N-myc y el L-myc, que aunque menos importantes
    también se relacionan con lesiones cancerosas
    (14,18).

    La proteína codificada por c-myc es una
    proteína nuclear denominada HLH (Helix-Loop-Helix). El gen
    presenta tres exones , el primero representa una cadena líder
    (no trascribible) y los otros los códigos para el producto
    proteico (9).

    El proto-oncogen c-myc exhibe tres formas fundamentales
    de activación : inserción retroviral ,
    translocación cromosomal y amplificación
    génica (9). La primera vía consiste en la introducción del genoma vírico en
    las cercanías del gen y en muchos casos dentro del mismo,
    pero esto puede suceder en varias posiciones y por tanto activar
    el gen de diferentes formas. El DNA vírico , con sus
    regiones LTR en cada extremo , puede insertarse en el extremo
    5’ del trascrito del c-myc en orientación correcta u
    opuesta a la dirección transcripcional. En el caso de
    que la orientación sea la correcta , el LTR vírico
    de la derecha actúa como un promotor para la
    transcripción viral y la del oncogen ; y en el otro en que
    la dirección trascripcional es contraria , el LTR se
    comporta como un enhancer activando la transcripción a
    distancia. En los dos mecanismos anteriores el retrovirus se
    incluye en el exón 1, a diferencia de la tercera forma en
    la que se inserta en la región 3’ actuando
    nuevamente los LTR vírales en las secuencias promotoras
    del c-myc a manera de enhancer. En todas las formas de
    activación retroviral se codifica el producto normal del
    oncogen solo que aparentemente porque hay elevados niveles de
    Rana producto del efecto carcinógeno del virus
    (5,9,47).

    La translocación del c-myc es otro mecanismo por
    el cual es activado el oncogen. Este normalmente se encuentra en
    el cromosoma 8 y la translocación consiste por tanto en el
    cambio a una nueva localización cromosomal. La
    expresión de c-myc tiene que ser apagada para que los
    linfocitos B y T inmaduros puedan diferenciarse tanto en
    células B como T inmaduros , Al translocarse el gen al
    locus Ig en células B o al locus TCR en las células
    T, los cuales se expresan activamente, su nivel de
    expresión aumenta desde 2 hasta 10 veces manteniendo las
    células en un estado diferenciado. Es de esta forma que,
    cuando ocurre translocación, c-myc expresa su potencial
    oncogénico (9).

    El tercer y último mecanismo, de los hasta ahora
    conocidos , que puede activar al proto-oncogen c-myc es la
    amplificación. Esta puede ocurrir de dos formas; en una
    región del cromosoma dando origen a las regiones
    homogéneamente teñidas o creando pequeñas
    estructuras independientes denominadas cromosomas double-minute.
    En ambos casos ocurre una sobre expresión de c-myc dando
    lugar al producto en exceso (9).

    Cada una de estas alteraciones génicas
    está asociada a tumores específicas , por ejemplo
    la translocación de c-myc se ve en el Linfoma de Burkitt y
    la amplificación en carcinomas de mama , pulmón y
    colon. El N-myc es característico de Neuroblastoma aunque
    también se ha hallado activo junto a L-myc en carcinoma de
    células pequeñas de pulmón. En estos dos
    miembros de la familia myc
    la alteración más observada ha sido la
    amplificación (11,14,18).

    c-fos y c-jun:

    Ambos oncogenes pertenecen al grupo de los que codifican
    factores de transcripción (9). De los dos el más
    estudiado es el c-fos cuyo producto tiene alrededor de 380
    aminoácidos, el resto de la familia la componen las
    proteínas FosB, Fra1 y Fra2 con 338, 276 y 327
    aminoácidos respectivamente (48).

    El producto de c-fos (nucleoproteína de 59 Kd) en
    asociación con el de c-jun funciona como un regulador
    transcripcional jugando un papel fundamental en funciones
    celulares tales como proliferación y
    diferenciación. La unión de ambos forma un complejo
    llamado AP-1que regula la actividad transcripcional de diversos
    genes a través de secuencias específicas (41, 49,
    50).

    El factor AP-1 consiste en un dímero de dos
    subunidades codificadas por los genes c-fos y c-jun, el cual
    activa genes determinados por el sitio de unión a
    promotores y enhancer con AP-1. Este de transcripción
    reconoce una pequeña secuencia (TGACTCA) originalmente
    identificada en enhancer de SV40, pero encontrada luego en
    promotores y enhancer celulares (9).

    La participación de c-fos en el control del
    crecimiento se ha corroborado con experimentos realizados en
    células quiescentes que han sido estimuladas con PDGF
    observándose un aumento transiente (en 50 veces) del
    producto del oncogen, luego desaparece. Después de la
    inducción se asegura la pérdida debido a la
    inestabilidad de la proteína como del ARN que la
    codifica(5).

    Existe un factor activador de plaquetas(PAF) que
    incrementa la expresión de c-fos en células con
    ciclo celular activo. Este PAF es un
    glícerofosfolípido que es sintetizado por
    neutrófilos, plaquetas, monocitos y células
    endoteliales. Está relacionada con trombosis, inflamación, asma y shock
    anafiláctico, y actúa directamente con receptores
    específicos de membranas de algunas células,
    incluso de linfocitos B. La inducción transiente de c-fos
    es modulada por diferentes mecanismos entre los que se encuentran
    el aumento de la concentración de iones calcio y el
    potencial transmembrana. El receptor PAF presenta 324
    aminoácidos y características de proteínas G
    (49).

    Métodos
    para la detección de alteraciones en oncogenes y genes
    supresores de tumores:

    La reciente revolución
    en la biología molecular y nuestra comprensión de
    la genética del cáncer han contribuido al
    desarrollo de una serie de pruebas
    promisorias para evaluar el riesgo de una
    persona de
    padecer cáncer y para descubrir los tumores mientras son
    lo suficientemente pequeños como para que la
    cirugía sea efectiva. Así mismo se puede determinar
    la mejor forma de quimioterapia para un paciente dado, o la
    posibilidad de que la enfermedad recidive después de la
    cirugía. En lugar de estudios invasivos estas pruebas
    pueden ser realizadas con pequeñas muestras de orina,
    sangre, tejidos entre otros que no afectan la integridad del
    paciente. Los exámenes citológicos existentes son
    insuficientes para determinar un pequeño número de
    anormalidades celulares solamente en tamaño y forma, sin
    embargo el análisis de ADN puede detectar
    minúsculos grupos de
    células cancerosas que son vertidas de un órgano
    recientemente malignizado hacia los líquidos corporales,
    ya sean orina , esputo o líquido excretado por los pezones
    (51).

    El hallazgo de alteraciones específicas en
    oncogenes y genes supresores de tumores es fundamental para el
    desarrollo de terapias, ya sean profilácticas o
    terapéuticas, para el cáncer. En estudios
    realizados en ADN tumorales las alteraciones más comunes
    encontradas han sido mutaciones puntuales, deleciones largas y
    pequeñas, amplificaciones, aberraciones cromosomales tales
    como translocaciones e inversiones así como
    pérdidas cromosomales (14). Numerosos métodos para
    detectar los diferentes tipos de alteraciones han sido descritos.
    Algunos sirven para más de una alteración, otros,
    sin embargo, son específicos.

    Las técnicas de hibridación molecular son
    las más utilizadas como referencia, incluso cuando en la
    actualidad la Reacción en Cadena de la Polimerasa (RCP)
    brinda un sinnúmero de ventajas como que es capaz de
    amplificar de 10-100 copias de una secuencia presentando una
    altísima sensibilidad. Otros métodos, no menos
    importantes, son los relacionados con las corridas
    electroforéticas que separan el ADN de acuerdo a su peso
    molecular (51).

    1-Métodos basados en la hibridación
    molecular:

    La técnica conocida como hibridación de
    ácidos
    nucleicos es una poderosa aplicación de la especificidad
    con que las moléculas de ADN y ARN forman estructuras
    dúplex estables. Este método de apareamiento de
    bases se usa para identificar y determinar la localización
    de secuencias de ácidos nucleicos específicas
    dentro de grandes secuencias como puede ser un genoma o mezclas de
    moléculas de ARN.

    Las condiciones físicas la hibridación
    pueden modificarse con el fin de utilizar una de las hebras de
    ácido nucleico como sonda (secuencia del gen que se quiere
    determinar) para detectar su cadena complementaria (secuencia
    blanco). En condiciones rigurosas (altas temperaturas y baja
    concentración de sales) una sonda solo es hibridada por su
    complemento perfecto. Esta misma hibridación pero bajo
    condiciones menos rigurosas es útil para detectar
    secuencias deseadas que son parcialmente semejantes pero no
    idénticas.

    Este método permite detectar alteraciones en
    genes como los que ocupan nuestro estudio, los oncogenes y los
    genes supresores de tumores, en ADN extraídos de
    pacientes, utilizando como sondas los genes mutados.

    Aunque la técnica de la RPC es mucho más
    sensible estos métodos continúan siendo las
    técnicas de referencia (52).

    • Dot blot (hibridación en mancha):

    Consiste en la inmovilización de ADN
    desnaturalizado en un filtro de nitrocelulosa o nylon. Este
    último es preferible ya que brinda la posibilidad de ser
    deshibridado y vuelto a hibridar con nuevas sondas sin afectar su
    integridad.

    Una vez inmovilizado el ADN en la membrana esta se pone
    en contacto con la sonda, que puede ser marcada tanto con
    radioactividad como con fluoresceína o biotina, y de
    existir complementariedad entre la sonda y la muestra el marcaje
    persiste luego de una serie de lavados en el filtro
    revelándose mediante una
    autorradiografía.

    Este método presenta una alta sensibilidad pues
    es capaz de detectar pequeñas cantidades de ADN aunque
    presenta probablemente problemas con la especificidad apareciendo
    con frecuencia falsos positivos (53).

    • Hibridación por Southern blot:

    En este tipo de hibridación en vez de emplear
    extractos crudos de la muestra clínica como punto de
    partida se utiliza el ADN celular previamente purificado con
    fenol: cloroformo y digerido con enzimas de restricción.
    Los fragmentos de ADN son separados mediante electroforesis y
    luego de someterlos a una desnaturalización son
    transferidos a un filtro de nitrocelulosa o nylon donde es
    hibridado a diferentes rigurosidades con sondas que pueden ser
    radioactivas o no. La detección de los oncogenes y genes
    supresores de tumores es entonces concluida con el revelado
    mediante una autorradiografía.

    El límite de detección de esta
    técnica es bajo por lo que fácilmente pueden
    obtenerse falsos negativos. Para evitar esto debe garantizarse
    que la cantidad de ADN esté por encima del límite
    de detección siendo necesarios entonces entre
    5-10m g de ADN
    (52).

    • Hibridación in situ:

    En este método las células o secciones de
    tejido son hibridadas directamente en el portaobjetos usando
    sondas de ADN o ARN tanto radioactivas como no radioactivas.
    El ensayo es
    capaz de detectar de 20-25 copias de genes o de sus respectivos
    transcritos. Este límite de detección puede
    reducirse tanto como hasta una copia por célula usando
    procedimientos
    especiales como es el caso de RCP in situ (52, 54).

    • Hibridación in situ en filtros:

    Esta fue la primera técnica diseñada para
    estudios epidemiológicos siendo bastante empleada en
    muchas investigaciones.
    En este ensayo las células son ubicadas en un filtro y
    lisadas, no se requiere la extracción previa ni la
    purificación del ácido nucleico, el filtro es
    hibridado con sondas radiomarcadas y autorradiomarcadas (52,
    54).

    2-Métodos basados en la Reacción en
    Cadena de la Polimerasa:

    Los métodos que se basan en la reacción en
    cadena de la polimerasa son en la actualidad los más
    comúnmente usados en las investigaciones de la
    biología molecular pues gozan de una gran popularidad
    debido a su alta sensibilidad analítica. Esta
    técnica es capaz de detectar cantidades tan
    pequeñas como entre 10-100 copias de un gen determinado en
    la porción testada de las muestras clínicas
    según (54). Otra de las grandes ventajas que ofrece el
    método es la pequeña cantidad de muestra que
    requiere, así como el escaso procesamiento de las mismas
    antes de la amplificación.

    Estos métodos presentan diferentes variantes, los
    que usan cebadores específicos son muy eficientes para el
    gen seleccionado. Esto se logra cumpliendo con extremos cuidados
    los requisitos de lo parámetros de la reacción y
    las condiciones de amplificación. Además, se deben
    tomar precauciones contra las contaminaciones en la RCP que,
    debido a la alta sensibilidad que presenta la técnica
    constituyen un serio problema (53).

    3-Métodos basados en corridas
    electroforéticas:

    Las moléculas de ácidos nucleicos, como la
    mayoría de las macromoléculas biológicas,
    poseen carga que les confiere la propiedad de migrar en un
    campo
    eléctrico según la orientación del mismo
    y la magnitud de la carga. Cada molécula de ADN o ARN
    contiene un grupo fosfato cargado negativamente que une una
    molécula con la siguiente en una cadena. Al someter un
    fragmento de ADN a un campo eléctrico establecido de
    negativo a positivo las cargas negativas de los grupos fosfato
    obligan al resto de la molécula a migrar. De esta manera
    el fragmento de ADN se desplazará más o menos en
    dependencia de la cantidad de cargas negativas que presente, es
    decir, de su peso molecular (55).

    La electroforesis en geles de agarosa es el
    método estándar más usado para separar,
    identificar y purificar fragmentos de ADN. La técnica es
    simple, rápida y capaz de distinguir ADNs mezclados que no
    pueden ser separados por otros procedimientos como la
    centrifugación en gradientes de densidad. La
    distribución del ADN en el gel puede ser
    determinada directamente ya que a la mezcla de ADNs se le
    añade Bromuro de etidio. Un poderoso agente intercalante
    que fluorece a la luz ultravioleta. Por esta vía es
    posible detectar con gran sensibilidad hasta 1ng de ADN en el
    gel.

    Existe una relación lineal entre el logaritmo
    (Log10) de la movilidad electroforética del ADN
    y la concentración de agarosa en el gel. Esto nos da la
    idea de que utilizando geles de diversas concentraciones se
    pueden separar fragmentos de ADN de distintos rangos en cuanto a
    sus pesos moleculares. Las tres conformaciones del ADN (circular
    cerrado, circular relajado y lineal) presentan diferentes
    movilidades en el gel. En algunas condiciones la primera forma
    migra más rápido que la última, en otras
    esto ocurre a la inversa. Se conoce que a bajos voltajes la
    migración del ADN lineal es proporcional al
    voltaje aplicado, sin embargo, el rango de separación del
    ADN decrece con el incremento del voltaje.

    Los geles de poliacrilamida son usados en el
    análisis y preparación de fragmentos de ADN menores
    a 1Kb. En dependencia de la talla del fragmento como tal
    será el rango de concentración del gel (de 3,5% a
    20%) (56).

    Algunos ejemplos de experimentos que utilizan estas
    técnicas:

    De forma experimental todas las técnicas
    señaladas anteriormente se pueden vincular y ser
    utilizadas de manera combinada para experimentos más
    específicos como los que mencionamos a
    continuación.

    • Screening de pérdida de
      heterocigocidad:

    Todos los organismos diploides tienen dos copias de cada
    cromosoma pero la secuencia de ADN de estas no es exactamente la
    misma. Cuando el individuo heredó el mismo alelo del padre
    y de la madre se considera homocigótico, sin embargo, si
    el individuo tiene dos alelos diferentes es denominado
    heterocigótico. La diferencia entre individuos
    heterocigóticos y homocigóticos se puede detectar
    por Southern blot basándose en el principio de que un
    alelo contiene un sitio de restricción para una
    endonucleasa específica y el otro no. Esto resulta en dos
    bandas diferentes en el autorradiograma para dos fragmentos de
    ADN de tallas distintas. Si se utiliza una secuencia de ADN
    específica (marcador de ADN) en el tumor de estos
    individuos la pérdida de heterocigocidad podría
    resultar un dato importante y decisivo en el estudio.

    La pérdida del material genético
    está determinada por comparación de los genotipos
    constitucional y del tumor. La pérdida de heterocigocidad
    ha sido estudiada primero por análisis de Southern blot
    usando marcadores de polimorfismo de grandes fragmentos de
    restricción, los cuales más tarde fueron mejorados
    por el uso de numerosas sondas polimórficas: marcadores
    multialélicos de ADN con número variable de
    repeticiones en tandems. El reciente uso de los marcadores
    microsatélites ha mejorado el screening, ya que son
    altamente polimórficos (57).

    • Screening de mutaciones:

    Los métodos de screening testan una muestra para
    cualquier desviación de la secuencia estándar. Para
    este propósito puede usarse la secuenciación
    directa, pero el trabajo es
    duro y caro si son muchas muestras a examinar. Los métodos
    más empleados para el screening de mutaciones son el
    análisis de Polimorfismo de Simple Cadena y la
    electroforesis en geles de gradientes desnaturalizantes. Ambos
    métodos detectan mutaciones puntuales y pequeñas
    deleciones, inserciones o mutaciones regulatorias las cuales
    afectan la transcripción o la traducción de la proteína. El ensayo
    denominado de truncación de la proteína puede
    detectar mutaciones por deleciones o inserciones. Para determinar
    la naturaleza de la alteración luego de ser detectada por
    cualquier método es necesario secuenciar (57).

    – Polimorfismo Conformacional de Simple Cadena: El ADN
    de simple cadena tiende a plegarse y formar estructuras complejas
    estabilizadas por enlaces intramoleculares (puentes de hidrógeno) entre los pares de bases. La
    movilidad electroforética de estas estructuras en los
    geles no desnaturalizantes dependerá no solamente de la
    longitud de sus cadenas sino también de sus
    conformaciones, las cuales están determinadas pos su
    secuencia de ADN. Para este método las muestras de ADN
    amplificadas son desnaturalizadas y corridas en un gel de
    poliacrilamida no desnaturalizante. Los cebadores pueden ser
    marcados con radioactividad o los productos no marcados pueden
    ser detectados con cualquier tipo de tinción. Esta
    análisis es ineficiente para fragmentos mayores de 200
    pares de bases y el patrón de bandas observado es muy
    dependiente de las condiciones (57).

    – Electroforesis en geles de gradientes
    desnaturalizantes: En este método, el ADN dúplex
    esforzado a migrar a través de un gel donde las cadenas se
    funden y se separan, después de lo cual el ADN
    desnaturalizado no migra mucho más. La diferencia entre un
    simple par de bases entre el ADN dúplex normal y mutante
    es suficiente para que los fragmentos amplificados por la RCP
    migren a diferentes posiciones en el gel. En una variante de este
    método, la electroforesis en gel constante
    desnaturalizante, se calcula la concentración
    específica de desnaturalizante a la cual el ADN de doble
    cadena normal y el mutante migran diferentemente. Entonces el gel
    de poliacrilamida es hecho en esa concentración de
    gradiente desnaturalizante. Esta variante mejora la
    resolución ya que la separación entre el ADN normal
    y el mutado incrementa con el tiempo de corrida de electroforesis
    (57).

    – Ensayo de truncación de la proteína:
    Este test es
    específico para las mutaciones de marco de lectura o sin
    sentido que truncan un producto proteico. El procedimiento
    consiste en hacer un ADN celular mediante la RCP, usando un
    cebador específico que leva en el extremo 5´ un
    promotor T7 seguido de una secuencia iniciadora
    eucariótica. A partir de ese ADN se realiza una
    transcripción-traducción acoplada in vitro, la cual
    usa el promotor T7 para hacer un ARNm y el iniciador de la
    traducción para traducirlo. Al correr este producto
    proteico se detectan las mutaciones que provocan el truncamiento
    ya que resultan en productos cortos, cuyas tallas revelan la
    posición de las mismas. Este método presenta como
    limitación que solo detecta ciertos tipos de
    mutación y no mutaciones que no cambien el sentido (si la
    mutación cambia un aminoácido pero no afecta el
    resto de la traducción de la proteína)
    (57).

    – Secuenciación del ADN: Para la
    secuenciación, los fragmentos de ADN y un primer marcado
    (radiomarcado o marcado con fluoresceína) son calentados
    para desnaturalizar el ADN de doble cadena y permitir la
    hibridación de los cebadores. Alternativamente, el ADN de
    simple cadena es aislado por el uso de cebadores de la RCP
    bipotinilados los cuales son incorporados en los fragmentos de
    ADN resultantes de la reacciones de la RCP. Seguidamente se la
    adiciona una mezcla de ADN polimerasa y los deoxinucleotidos de
    las cuatro bases (dGTP, dCTP, dATP, dTTP). Los híbridos
    ADN-cebadores y esta mezcla son divididos en cuatro tubos que
    contienen los cuatro dideoxinucleótidos (ddGTP, ddCTP,
    ddATP, ddTTP) que actúan como terminadores de cadena. Como
    estos son incorporados aleatoriamente, todos los productos de
    todos los tamaños posibles están representados
    entre las cadenas de ADN recién sintetizadas. Ellos son
    sometidos a una electroforesis en un gel de poliacrilamida y
    expuesto a un filtro autorradiográfico. Ya en esta forma
    se procede a secuenciar de manera manual o
    fluorescente automatizada (57).

    • Detección de mutaciones
      específicas:

    Los métodos de detección de mutaciones
    testan una muestra de ADN para la presencia o ausencia de una
    mutación específica. Esto es muy útil para
    la detección de mutaciones que aparecen frecuentemente en
    la población para enfermedades donde los individuos
    más afectados tienen solamente una mutación
    específica y para el diagnóstico dentro de una familia. Cuando
    la mutación crea o abole un sitio de restricción
    natural el test de restricción de los fragmentos de ADN
    puede ser mejorado. Las muestras de ADN pueden ser amplificadas
    por RCP y los productos digeridos con las enzimas de
    restricción apropiadas. Las diferencias entre el ADN
    normal y el mutante pueden ser detectadas por las diferentes
    tallas en los fragmentos de restricción. Este
    método es adecuado particularmente para pronósticos ya que es simple y
    rápido permitiendo procesar muchas muestras.

    Para detectar deleciones o inserciones los cebadores
    deben ser diseñados y localizados en un lado de la posible
    mutación luego de la amplificación por RCP los
    fragmentos de ADN son corridos en geles de poliacrilamida y los
    fragmentos normales y mutados son comparados de acuerdo a sus
    tallas moleculares. Este método brinda más
    resolución para deleciones e inserciones de más de
    un par de bases (57).

    Avances en la
    terapia contra el cáncer:

    Con los conocimientos actuales es necesario buscar
    terapias específicas que nos sirvan de ayuda para
    controlar, ya sea profiláctica o asistencialmente, el
    cáncer. Múltiples intentos se llevan a cabo
    día a día con este fin, pero las particularidades
    de cada gen implicado en la aparición de la neoplasia son
    definitorias, por lo que esta búsqueda se hace muy
    difícil.

    Una de las estrategias
    seguidas es bloquear la actividad de las proteínas ras
    inhibiendo la enzima farnesil transferasa que cataliza la
    farnesilación del extremo CAAX box. De esta manera se
    bloquea la maduración de la proteína y se revierte
    la transformación maligna dependiente de ras. Estas
    drogas no
    afectan células normales y en estudios realizados en
    animales no son tóxicas.

    Otra forma de terapia es la que utiliza la capacidad
    viral de infectar células y sintetizar en las mismas
    proteínas virales. Esto se ha aplicado con Adenovirus,
    virus que contienen ADN, a los que se le ha insertado genes
    determinados como el de p53. Cuando el virus atenuado infecta la
    célula cancerosa o precancerosa y se sintetizan las
    proteínas virales, quedará libre también en
    la célula el producto del gen p53 para actuar en lugar del
    que se encuentra desactivado o funcionando incorrectamente. De
    esta manera queda solucionada la pérdida de
    heterocigocidad en estas células (58).

    Una variante importante a seguir en la lucha contra el
    cáncer es la utilización de vacunas que
    logren que el sistema inmune reconozca y ataque las
    células cancerosas. Numerosas estrategias son seguidas con
    este propósito. Entre las más interesantes
    está la que utiliza ácidos nucleicos. Este tipo de
    vacuna contiene copias de ARN que dirigen la síntesis de
    determinados antígenos presentes en las células
    tumorales que alertan al sistema inmune de la presencia de un
    tumor. Otra opción de vacuna la brindan las mismas
    células cancerosas que tras ser desactivadas o convertidas
    en extractos son capaces de activar la inmunidad. Esta respuesta
    se puede aumentar manipulando genéticamente las
    células, de forma que secreten interleucinas y otras
    citocinas que disparen la producción de anticuerpos contra
    el cáncer. La utilización de péptidos
    tumorales (fragmentos de proteínas extraídas del
    tumor e inyectados al paciente) es otra de las vías para
    levantar la respuesta inmune a la enfermedad. Además de
    todas las posibilidades anteriores se estudia la
    producción de vacunas con vectores víricos y
    bacterianos. La vacuna como tal consistiría en inyectar en
    virus y bacterias atenuadas los genes que fabrican los
    antígenos tumorales. El paciente produce defensas contra
    esos microbios así como contra los antígenos
    tumorales que sintetiza (59).

    En investigaciones realizadas por Allen Oleff y cols.
    sobre el comportamiento
    de las proteínas de los principales oncogenes y genes
    supresores de tumores en células de mamíferos
    asociados con cánceres humanos se estudian las posibles
    terapias para eliminar las alteraciones que provocan la
    malignización celular (58).

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    Leticia Cristina Bequer Mendoza

    Licenciada en Biología

    Isis Noelia Muñiz Bernal

    Licenciada en Biología

    Laboratorio Biología Molecular

    ISCM VC – Cuba

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