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Fundamentos para la comprensión de la complejidad y el caos en la organización y la economía

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Partes: 1, 2, 3

  1. Sumario
  2. El paradigma emergente de la complejidad
  3. Reduccionismo o mecanicismo
  4. Concepto de sistema y pensamiento sistémico
  5. Orden, desorden, caos, complejidad
  6. La entropía
  7. Sistemas no-lineales
  8. Orden por fluctuaciones, punto de bifurcación, estructuras disipativas
  9. Agente autónomo y organizaciones propagativas y adyacente posible
  10. Atractor
  11. Fractal
  12. Referencias bibliográficas

SUMARIO

El propósito de este capítulo es sentar las bases para la comprensión de la complejidad y del caos en el sistema económico y en la organización. En este sentido el intento se fundamenta en el concepto de sistema puesto que privilegia el todo sobre las partes, es el paradigma en que se ha cimentado el avance científico y porque es la característica natural de los sistemas autopoiésicos.

El mecanicismo desconoció el desorden porque no lo logro encajar en su enfoque y de paso tampoco podía establecer la complementariedad entre orden y desorden. La ciencia de la complejidad y del caos ha legitimado el desorden y reconocido su potencial de autoorganización.

Para comprender la dinámica de estos fenómenos en la sociedad y de hecho en el sistema económico y en las organizaciones empresariales será necesario considerarlas como sistemas vivos, de tercer nivel, o indupoiésicos como se propone en otro título.

Los sistemas vivos están expuestos a ráfagas de entropía que revelan el grado de desorden provocado por fluctuaciones provenientes del exterior o del interior del mismo y a las cuales tiene que sobreponerse a través de los mecanismos de autoorganización, que aparecen como propiedades emergentes en el orden por fluctuaciones, las estructuras disipativas y los puntos de bifurcación. La autoorganización también es enfatizada por los agentes autónomos y las organizaciones propagativas, y la creatividad de los sistemas biológicos por lo adyacente posible.

El comportamiento de estos sistemas vistos desde una perspectiva dinámica se reconoce de manera más clara a través de los atractores y los fractales son la mejor forma de estudiar los atractores.

Palabras clave: complejidad, administración, economía, gestión, caos, orden, desorden, autopoiesis, orden por fluctuaciones, puntos de bifurcación, estructuras disipativas, agente autónomo, juegos naturales, organización propagativa, atractor, fractal.

1. EL PARADIGMA EMERGENTE DE LA COMPLEJIDAD

La ciencia ha avanzado a pasos agigantados, a zancadas, y, también ha penetrado a profundidades y espacios que hasta hace relativamente poco tiempo eran inalcanzables; lo que ayer era excluido o desconocido hoy surge con un poder inusitado; pero lo que fue admitido sin reticencias y hoy es cuestionado deja una marca indeleble, una estela de compromisos incrustados en la mente que no es posible desenraizar de un solo tajo; para cambiar, será necesario afrontar dos tensiones: primera olvidarse de lo aprendido, segundo, entender que la realidad no se revela en sus verdaderas dimensiones y tiende al hombre trampas.

Desaprender es sin lugar a dudas uno de los retos más desafiantes que enfrenta el hombre de hoy y es eso lo que resalta Edgar Morin (1997: 21): "Estoy cada vez más convencido de que nuestros principios de conocimiento ocultan lo que en adelante es vital conocer".

Los paradigmas que han hecho carrera han encontrado una aparente concordancia con la realidad, pero ahora cuando se está consciente de los múltiples rostros que asume se abren inquietudes que es preciso disuadir. La nueva ciencia se enfrenta a este tipo de fenómenos y la complejidad y el caos son una muestra elocuente, por lo que para comprenderlos habrá que hacer gala de altas dosis de recursividad, apertura de la mente y al tiempo tomar las precauciones que hace Karel Kosik (Gibert, 1999:1): "Si la apariencia fenoménica y la esencia de las cosas coincidieran totalmente, la ciencia y la filosofía serían superfluas".

La complejidad y, particularmente, el caos han sido calumniados y vilipendiados. Sobre su veleidosa humanidad ha llovido y caído rayos y centellas.

Han sido desvirtuados hasta desnaturalizarlos. Las primeras puntadas para comprenderlos se encaminan a armar el rompecabezas de la complementariedad entre orden y desorden tomando como referencia conceptualizaciones teóricas que adquirirán sentido cuando se apliquen a la Complejidad de la vida cotidiana y a Tras las huellas de la complejidad de la economía y la organización.

Desde cuando el desorden consiguió que la ciencia le expidiera licencia y lo convirtiera en algo digno de investigar la brújula comenzó a flaquear. Haberlo reconocido no significa propiamente desconocer el paradigma reduccionista pero al menos menguarle importancia. En el fondo, significa cambiar de paradigma y ese paso, mirar en otro sentido, cambiar de marco de referencia, caminar en otra dirección, no resulta fácil de asimilar por diversas razones. En primer lugar, siembra incertidumbre y confusión; luego, inseguridad porque los principios en que se apuntalaba el conocimiento quedan sin sustento. Para compartir el nuevo modelo se necesita transitar un buen trecho hasta cuando las ideas comiencen a afirmarse.

Se comprenderá que se trata de una manera distinta de comprender el mundo que no es exactamente nueva, ya Aristóteles la había anunciado. Como es natural el paradigma emergente está sujeto a toda clase de cuestionamientos y en el caso del paradigma de la complejidad con mucha más razón por cuanto que como afirma Prigogine –en la definición que más adelante se formula- "la complejidad es uno de esos conceptos cuya definición corresponde esencialmente a los problemas que genera" y tanto más cuando se trata de un tema no totalmente acabado. En este sentido los tratadistas han sido claros.

A pesar de eso los adelantos logrados brindan certezas que traen al espíritu una señal inequívoca de confianza.

Desde mi perspectiva, me amparo en una espesa capa de convicción por lo que palpo principalmente en los avatares de la vida cotidiana. Todo nace en el espacio de la experiencia, del simple hecho de mantener los sentidos abiertos. La vida normal, la corriente, no transcurre plácidamente siguiendo un desenvolvimiento lineal; sufre altibajos, saltos imprevistos, sorpresas impensadas, discontinuidades que llevan al convencimiento que ese es el camino que siguen todos los fenómenos que asedian al hombre.

El paradigma de la complejidad declara su omnipresencia particularmente en los organismos vivos, es en ellos en donde se despliegan en forma vehemente todas las propiedades que los tipifican. En este enfoque se intenta hacerlo extensivo a la organización y a la economía como si fueran de la misma naturaleza que lo biológico. Por supuesto, no es nueva la perspectiva de mirar la sociedad y el ambiente empresarial como un organismo vivo. Lo que ha llevado a pensar de esta manera es que el avance del conocimiento está permitiendo descubrir que existe una gran conformidad entre lo que ocurre en el mundo natural y lo que acontece en las relaciones organizacionales complejas.

Tal vez el aspecto más controvertido sea precisamente considerar a la sociedad y de hecho al mercado y a la gestión empresarial como organismos vivos. En sentido estricto no lo son y eso está claro. Con todo, se comportan como tales porque las pautas sociales y las estructuras institucionales desarrolladas reflejan la forma en que el ser humano ordena sus propias ideas y la experiencia de pensar, al fin y al cabo, no son otra cosa que un fiel reflejo de lo que ve en los fenómenos naturales y en su propia arquitectura. Maturana y Varela los catalogan, como se verá, como organismos vivos de tercer orden.

Siguiendo ese enfoque los denomino indupoiésicos –tema que se tratará en otro título-.

El comportamiento de la organización y del sistema económico siempre ha sido considerado como estable en el afán de encasillarlos como predecibles basados en la mecánica newtoniana inspirada en el principio de acción-reacción o causa-efecto; pero, en la práctica, se trata de sistemas inestables y por naturaleza complejos.

La complejidad se perfila como la herramienta que mejor afronta, la que más se acomoda, la que mejor interpreta, el comportamiento de los sistemas dinámicos no-lineales, porque privilegia los modelos cualitativos sobre los cuantitativos tan comprometidos con el enfoque mecanicista.

La organización empresarial y en mayor grado la economía son por naturaleza sistemas complejos. Y son complejos porque en todos los puntos de decisión convergen muchas variables que interactúan entre si y además se retroalimentan generando, a la vez, causas y efectos que no son susceptibles de predecir porque en el proceso de interacción de las variables se generan propiedades emergentes que no es posible identificar.

Las variables se influyen entre sí, y en cada punto de inflexión –la decisión- no se sabe exactamente cuántas ni cuáles son las que se entrecruzan ni los efectos inesperados que produce la interacción.

Teniendo en mente estas razones es de esperar que cuando se estimule el sistema, en el afán de conseguir respuestas determinadas, puede que responda en la dirección esperada, a veces en otra, y hasta puede permanecer indiferente. Otro factor que entra a jugar es el plazo de reacción. La clave a recordar es que, además del efecto de las variables y las propiedades emergentes, están integrados por personas y, los individuos, -las partes– no actúan aisladamente; al contrario, provocan desenlaces en la conducta de otros individuos que, a su vez, pueden causar reacciones en cualquier otro lugar del sistema y viceversa. La conducta en conjunto es demasiado compleja para sea aprehendida por una interpretación mecanicista.

Los sistemas complejos son inestables, son no-lineales, y tienen por naturaleza comportamiento caótico enmarcado en la incertidumbre.

Esta característica tan particular bloquea cualquier posibilidad de analizarlos bajo la lupa de la experiencia o el riesgo y de lleno hay que considerarlos como plagados de eventos inesperados e impredecibles que no pueden ser reconocidos por la razón.

A nivel de la organización ya lo estableció Herbert Simon, (Morgan, 1991:69) premio Nóbel de Economía en 1978. Las organizaciones funcionan impulsadas por el motor de la información, son sistemas de comunicaciones, son sistemas de adopción de decisiones. Sostuvo que las organizaciones no pueden ser completamente racionales porque los procesos de información tienen visibles limitantes. En sentido estricto quienes toman las decisiones son los hombres no las organizaciones. Las decisiones tomadas por el hombre –que consiguen eco en la organización- nunca pueden ser indiscutiblemente racionales. Y no lo son principalmente porque la información en que se basan es incompleta tanto en lo que se refiere a acciones como a consecuencias y también porque sólo es posible explorar un número restringido de alternativas.

En cuanto se refiere al sistema económico sucede otro tanto. El siglo pasado se encargó de bajar del pedestal el paradigma newtoniano que había sido instituido por Adams Smith en economía en su célebre libro, La riqueza de las naciones, publicado en 1776. La columna vertebral de la teoría clásica sostiene que en una economía de libre competencia los mercados actúan con información perfecta. Toda la información se refleja en los precios y las distorsiones tendrán una incidencia temporal e irrelevante puesto que el libre juego del mercado conllevará a la eficiencia productiva.

Es evidente que en economía la información es un elemento crucial en la adopción de decisiones; a pesar de eso en la mayoría de los casos los compradores y los productores no cuentan con la misma información sobre las variables más importantes que intervienen en la decisión dado que existen diferencias en la cantidad y la calidad, lo que implica que los precios no transmiten toda la información. Existen distorsiones que reflejan un mal funcionamiento del mercado de libre competencia.

Los Premio Nóbel de economía del año 2001, George Akerlof, Michael Spence y Joseph Stiglitz, en el tratado que ameritó la máxima distinción ponen en tela de juicio el funcionamiento de la sacrosanta "mano invisible", cuestionamiento que en concreto significa poner en entredicho que los mercados operen eficientemente y de hecho el paradigma de la competencia perfecta. Sostienen que los mercados no operan de manera eficaz porque tanto compradores como vendedores no siempre cuentan con la información requerida para adoptar decisiones óptimas.

La teoría la sustentan en la llamada Economía de la Información en la que se propone la presencia de lo que denominaron "información asimétrica". Como es de conocimiento general siempre se ha hablado de "información simétrica". Cuando se habla de "información asimétrica" se quiere decir que una de las partes que concurre a una operación de mercado tiene más información que la otra sobre la rentabilidad potencial y el riesgo de la operación. La "información asimétrica" encarna dos tipos de problema: el riesgo moral y la selección adversa.

El riesgo moral proviene de las acciones ocultas, que surgen cuando uno –o varios- de los participantes en la operación no puede observar todas las acciones relevantes de una o de las otras partes. La selección adversa deriva de la información oculta, que emerge cuando uno –o varios- de los participantes no conoce toda la información pertinente de que dispone la otra u otras partes.

De manera que visto el panorama en conjunto se llega a una conclusión palmaria: en una operación de mercado concurren por lo menos tres factores distorsionantes que colman de incertidumbre el resultado esperado de las decisiones: en primer término, saltan las limitaciones que impiden al hombre actuar racionalmente; luego, delata su presencia la información asimétrica; y, también, converge el factor que proviene del comportamiento incierto inherente a los sistemas complejos.

Están servidos sobre la mesa los elementos de juicio suficientes para entender que tanto desde la teoría de la organización como desde la teoría económica y el paradigma de la complejidad existen fundamentos sólidos para cuestionar lo que hasta ahora se ha dado por sentado: que en ambos casos se adoptan decisiones bajo certeza; más bien, lo que han contribuido a acentuar estas nuevas teorías es que tanto en las organizaciones como en el sistema económico siempre las decisiones se adoptan bajo la tutela de la incertidumbre.

En ambas teorías operará algo parecido a la "incertidumbre knightiana", (Kauffman, 2003: 290) pero en el fondo se refiere a un concepto más amplio.

Los economistas suelen distinguir entre la incertidumbre normal, la relacionada con la teoría de las probabilidades y la incertidumbre knightiana que se refiere a los casos en los que no es posible conocer en el momento actual los posibles resultados. Es diferente establecer la probabilidad que una moneda caiga cara o sello –dos eventos posibles- que establecer la probabilidad de los cursos de acción futuros derivados de una decisión cuyos resultados se desconocen.

Nada más puesto en razón que emplear una metáfora para sintetizar la diferencia entre el mecanicismo y el paradigma de la complejidad. El paradigma mecanicista concibe la realidad cósmica como una autopista recta totalmente pavimentada; el nuevo, la considera semejante a como se desplazan los reptiles –en forma sinuosa- y con tramos rectos e irregulares, no está totalmente pavimentada, tiene tramos irregulares. El paradigma reduccionista solamente distingue entre blanco y negro; un mundo reversible, domesticado y predecible. La complejidad lo ve entre claroscuros, en donde las cosas no son totalmente blancas o negras sino que también se dan franjas en donde uno y otro se combinan: un mundo irreversible, indomable y por tanto impredecible.

Como un hilo de oro atravesará toda la trama de la complejidad el convencimiento de que habrá que desembarazarse de Newton, volver a Kant y ampararse en Habermas para entender que en economía y administración las decisiones no deben adoptarse solamente refugiadas en la lógica o la racionalidad, sino más bien inspirarse en razones y motivos.

Al final de cada sección cuando se presume que la idea ha cuajado, que ha tomado forma, se irán asociando los conceptos discutidos con citas de autores connotados que reflejan la concordancia entre el comportamiento de los negocios y la economía con los organismos vivos, los ecosistemas y la sociedad, porque el propósito que se persigue es establecer los fundamentos que permiten visualizar los vínculos que faciliten la compresión de la complejidad y el caos en esas actividades.

En todo el recorrido del trabajo se prescinde de las matemáticas complejas y los interesados en penetrar ese mundo se remiten a la amplia bibliografía disponible.

2. MECANICISMO O REDUCCIONISMO

Como antesala a la complejidad y el caos resulta irrenunciable abordar el mecanicismo como paradigma que ha dominado el pensamiento científico hasta la contemporaneidad.

La visión del mundo basada en la filosofía aristotélica y en la teología cristiana que predominó durante los siglos XVI y XVII se modificó abruptamente y la concepción de un mundo orgánico, viviente y espiritual fue reemplazada por la del mundo como máquina, enfoque que se convirtió en la metáfora preferida para comprender el mundo.

El cambio fue desencadenado por los descubrimientos en física, astronomía y matemáticas y los gestores del viraje fueron Copérnico, Galileo, Descartes, Bacon y principalmente Newton.

La tradición occidental y particularmente Platón diseño y levantó los pilares sobre los cuales se construyó la arquitectura de un mundo de concepciones donde solo tenía cabida lo simple, lo elemental, lo ordenado, lo verdadero y donde la ambigüedad no tenía cabida por carecer de sentido; por no encontrar dónde encajarla en ese marco de ideas; y todo cuanto no pudiera ser explicado o tenido en cuenta a la luz de los conocimientos vigentes era -sencillamente- suprimido.

Semejante manera de entender el mundo condujo a dos planteamientos que sembraron la simiente de dos ejes del pensamiento moderno.

Descartes y su duda metódica rechazaba la verdad revelada o determinada por otros y se entregaba a su propia razón. Fue quien concibió la división entre cuerpo y alma -lo físico y lo inmaterial- y de plomada sentó las bases a dos maneras de concebir el mundo: la razón y la experiencia. A la mente se adjudicó la razón como atributo distintivo y se presuponía que no estaba expuesta a la confusión, tenía la fuerza de distinguir claramente entre alternativas; la experiencia se identificó como característica del cuerpo y los sentidos y corría la suerte de caer en la ambigüedad y de dejarse traicionar por los sentidos.

Entretanto, en el mundo físico las ideas se debatían en otro escenario. En la física newtoniana el mundo se constituía de una sola pieza donde reinaba la claridad y el orden, una sola lógica y una solitaria verdad. De hecho la idea principal descartaba la posibilidad de la ambigüedad, la confusión y el desorden, en ese dominio las alternativas eran buenas o malas, negras o blancas: o/o. Reinaba a sus anchas el maniqueísmo. El mundo estaba constituido por partes que podían armarse y desarmarse a la manera de un reloj, el enfoque predominante era eminentemente mecánico, y, a manera de una buena idea se diseminó y germinó en la mente de los más destacados pensadores de la época. Y no se ancló en esa época, también extendió sus dominios hasta invadir la de la computación y la inteligencia artificial de la contemporaneidad. La característica esencial de este punto de vista son la racionalidad, la objetividad, una realidad, la lógica y las reglas, en suma, se apropia de una concepción determinista y, por tanto, susceptible de predecir. La historia de occidente está plagada de hechos históricos, políticos, económicos y sociales que se aferraron al paradigma newtoniano.

Aun cuando unos y otros trataban de deslizarse por el camino que los condujera a la verdad, llegaron a tocar fundamentalismos que antes que conseguir que convergieran, se logro establecer dos planos casi paralelos en donde no había posibilidad de encontrar puntos de intersección, de encuentro o reconciliación. Y así se caminó un gran trecho de la historia. Con todo, no hay razón para que sorprendan los altibajos en la búsqueda del conocimiento, si reconocemos que la humanidad ha progresado dando tumbos: altos y bajos, progresos y retrocesos.

El hombre a través de la historia ha demostrado persistentemente que necesita un soporte mínimo que sujete sus pensamientos, que le sirva de eje articulador y en ese afán encuentra tropiezos infranqueables.

Las ideas mecanicistas han dominado el mundo por lo mismo no es de extrañar que los pensadores desde Thomas Hobbes en el Leviatán, John Stuart Mill y Jhon Locke se inspiraran en ellas y aparezcan reflejadas en sus escritos sobre el Estado y la sociedad. William Petty e incluso Adam Smith se inspiraron en las ideas mecanicistas y bajo esos lineamientos Smith concibió La riqueza de las naciones en la que propuso tanto su economía de mercado como la división del trabajo. Capra (1998, 224), asegura que en realidad la economía moderna fue creada por William Petty .

En su círculo de amistades figuraba Isaac Newton y en su Política Aritmética se advierte la influencia de Newton y Descartes, puesto que el método de Petty consiste en "sustituir palabras y razonamientos por números, pesos y medidas". Las ideas de Petty sirvieron de ingrediente a Adams Smith y Ricardo. Estos son indicios suficientemente reveladores de la influencia del mecanicismo en el pensamiento económico.

En la gestión empresarial pasa otro tanto. Basta recordar las primeras señales formuladas en el amanecer de la era industrial por Henri Fayol (1841-1925), el fundador de la escuela clásica de administración en el primer intento de organizar las empresas.

El proyecto consistió en dividirlas en secciones: técnicas, comerciales, financieras, administrativas, de seguridad y contable; en otros términos separar las partes. Posteriormente sucedió algo similar con Frederick Taylor (1856-1915) el padre de la organización científica del trabajo quien desde la observación práctica extrajo la idea de analizar el trabajo, descomponiéndolo en tareas simples.

Otros pensadores también cayeron abatidos por la fuerza de esas ideas: Darwin, Freud, Pareto y aún Augusto Comte (1798-1857) quien patentó la palabra "sociología" y llamó inicialmente "física social" a su nueva ciencia. Estos contados casos sirven para demostrar cómo las ideas mecanicistas newtonianas sirvieron de sustento a los axiomas y principios básicos de la vida social moderna.

La precisión de la máquina newtoniana se convirtió para unos y otros en el modelo ideal para concebir el funcionamiento del Estado como un reloj, artefacto apasionado por el cumplimiento de las leyes y que presentaba a los seres humanos como máquinas vivientes.

Ambas metáforas han superado el tiempo y aún hoy se habla de "las ruedas del gobierno" o de "la maquinaria del Estado" o de "engrasar la maquinaria de la burocracia". La máquina se erigió como mito eficiente y suficiente para materializar todas las aspiraciones humanas.

Atado al mecanicismo que se fundamenta en la cuantificación dado que alimenta la idea de que la naturaleza está escrita en lenguaje matemático, está el positivismo idea que también surgió de la mente de Augusto Comte. Al respecto afirma Hacking (1995: 23), "Medición y positivismo son estrechamente afines. Augusto Comte acuñó la palabra `positivismo´ para designar su filosofía. Su propia filosofía no alcanzó un éxito especial, pero la palabra cundió. Ciencia positiva significa ciencia numérica".

En tiempos de Galileo (1564-1642) , Kepler (1571-1630), Descartes (1596-1650) y Newton (1642-1727), el espíritu científico y la supresión del caos habían ganado la partida. Las leyes newtonianas de mecánica celeste y las coordenadas cartesianas (que permitían a los científicos encarar el universo como un vasto diagrama) crearon la impresión de que todo se podía describir en términos matemáticos o mecánicos. En la época de Napoleón, el físico francés Pierre Laplace pudo imaginar razonablemente que un día los científicos deducirían una ecuación matemática tan poderosa que lo explicara todo.

Esencialmente, el reduccionismo ve la naturaleza como la vería un relojero. Un reloj se puede desarmar y descomponer en dientes, palancas, resorte, engranajes. También se puede armar a partir de estas partes. El reduccionismo imagina que la naturaleza se puede armar y desarmar de la misma manera. Los reduccionistas creen que los sistemas más complejos están compuestos por los equivalentes atómicos y subatómicos de los dientes, palancas y resortes, los cuales la naturaleza ha combinado en un sinfín de maneras ingeniosas.

Durante cientos de años el reduccionismo –la idea de que el mundo es un ensamble de partes- se ha apoyado en poderosas técnicas matemáticas que cuantifican la realidad. Al cuantificar la realidad se pueden sumar y restar partes. Como los científicos que recurren a la matemática de la cuantificación han realizado los más importantes descubrimientos y predicciones, la fe de los científicos en el reduccionismo ha crecido. Pero, como se verá, cuando los científicos estudian sistemas complejos, la noción de partes tambalea de tal modo que la cuantificación de dichos sistemas se vuelve inmanejable. Los científicos que desean estudiar los sistemas dinámicos han recurrido a otro enfoque de la medición, la matemática cualitativa.

Los pensadores políticos de la época comparaban los átomos en colisión y sus fuerzas interactuantes con la conducta y las interacciones de los individuos en la sociedad. La física mecanicista se convirtió en el eje del pensamiento que dominó todo el enfoque del mundo, el paradigma central del mundo moderno. La extensión del paradigma mecanicista hasta nuestra percepción general de la realidad tuvo consecuencias que ahora ya son contradicciones evidentes.

Describir las principales características del mecanicismo servirá para revelar sus características más interesantes:

  1. Acentúa lo absoluto, lo incambiable y lo verdadero. No admite la ambigüedad y todo debe caber en la estructura de las coordenadas de espacio-tiempo, lo que presupone un universo prefijado, predecible y rígidamente obediente a las leyes. Subraya los valores de los roles fijados y la organización burocrática fija.
  2. Refuerza la jerarquía. Privilegia las partes aisladas, separadas e intercambiables sobre el todo y por tanto el análisis de las partes es suficiente para conocer el todo.
  3. Estimula un modelo de relación fundado en el conflicto y la confrontación entre las partes. Estimula la guerra de todos los hombres contra todos los hombres.
  4. Rinde culto a la formación de expertos, hombres aislados que conocen muchos trozos sueltos de información o de experiencia, pero que ignoran el conjunto de que son parte.
  5. El individuo -como observador- toma distancia de la situación o la comunidad en la que practica sus experiencias.
  6. El modelo de producción industrial es el más fiel reflejo de su forma de ver el mundo, que luego extendió a la comprensión de los seres humanos y la naturaleza del trabajo.
  7. Estimula el punto de vista individual y sólo hay una forma de mirar las cosas. De ahí que sólo se piense en términos de: bueno o malo; verdadero o falso; blanco o negro. No caben en este modo de pensar los variopintos, los matices, las paradojas, los predicamentos, la multiplicidad, el multiverso, la diferencia o la pluralidad.
  8. El modelo por excelencia es la máquina donde priman las leyes de interacción estrictamente deterministas. También deja entrever cómo las máquinas son insensibles al cambio y no dejan espacio para la flexibilidad.
  9. Provocó una aguda separación entre lo mental y lo físico favoreciendo la división entre el hombre y el mundo natural situando al hombre en oposición con el mundo de la naturaleza y con lo natural dentro de nosotros mismos.
  10. Sustenta el "principio de causalidad" según el cual en el mundo físico nada es fortuito, todo es previsible, todo fenómeno tiene una causa que le precede necesariamente, de manera que conociendo la causa se conoce igualmente el efecto, nada se pierde, nada se crea, la causa es conservada en el efecto.

A pesar de contar con el aval de las mentes más lúcidas el modelo newtoniano, comenzó a tambalear siendo estremecido por los matices que denunciaba la experiencia y el multicolor mundo que reclamaba la intuición, las diferentes formas de ver el mundo y la diversidad. La propia experiencia en concordato con la realidad se encargaron de desmentirlo.

La lógica, la verdad, la realidad y la razón a que tanto se apegó Newton en su tiempo, son hoy verdades a medias, para darles alguna denominación. La lectura que la ciencia actual hace del mundo y la realidad es completamente opuesta. La versión que acoge la complejidad frente a la realidad afecta a toda la naturaleza y la conducta humana. Zohar y Marshall (1994: 179) sostienen que la diferencia está en que, "Mientras Newton plantea una metafísica de la actualidad, plantea el aquí y ahora, lo tangible, y las realidades que existen en un mundo o/o, la metafísica cuántica, como la aristotélica anterior, es metafísica de lo potencial". Siguiendo con Zohar y Marshall (16): "La física de Isaac Newton se conoce ahora como una limitada aproximación válida sólo dentro de una estrecha extensión de nuestra experiencia. Fue básicamente superada por la física cuántica y, aún más recientemente, por la excitante nueva física del caos y la teoría de la complejidad".

Con todo, hay que reconocer que el mecanicismo sigue tan vigente como entonces. Será necesario esperar nuevas pronunciamientos de la ciencia para probablemente llegar a un método que unifique todas las intenciones de los científicos. Capra (Op. cit.: 109) piensa así:

Sin embargo, la nueva concepción del universo surgida de la física moderna no significa que la física newtoniana esté equivocada o que la teoría de la relatividad y la cuántica sean correctas. La ciencia moderna se ha percatado de que todas las teorías científicas son meras aproximaciones a la verdadera naturaleza de la realidad y ha descubierto que cada teoría es válida para una descripción satisfactoria de la naturaleza y se ve obligada a encontrar nuevas teorías para reemplazar la antigua o, más bien, ampliarla, mejorando la aproximación.

El mundo de los negocios y la economía fueron corderos dóciles y aún permanecen bajo el yugo del mecanicismo. A pesar de eso ahora se perfila una manera diferente de concebirlos.

El testimonio de Ormerod (1995, 55) es un espejo de la visión mecanicista de la economía: "Los economistas ven el mundo como una máquina. Una máquina muy complicada tal vez, pero una máquina pese a todo, cuyo funcionamiento puede comprenderse ensamblando cuidadosa y meticulosamente sus piezas. La conducta del sistema como un todo puede deducirse de una simple suma de sus partes. Bajar una palanca en una parte de una máquina con determinada fuerza tendrá predecibles y regulares efectos en alguna otra parte del mecanismo".

La concepción mecanicista también la resalta Gareth Morgan (1991: 12):

Normalmente a las organizaciones que han sido diseñadas y operan como máquinas se las denomina actualmente como burocracias. Pero muchas organizaciones se burocratizan en algún modo por el modo mecanicista del pensamiento que conforma nuestro concepto básico de lo relativo a una organización. Por ejemplo, cuando hablamos de una organización tenemos generalmente en el pensamiento un conjunto de relaciones ordenadas entre las partes diferentes. Aunque la imagen no es muy explícita, estamos hablando sobre un conjunto de relaciones mecanicistas. Hablamos de las organizaciones como si fueran máquinas y por tanto tendemos a esperar que trabajen como máquinas de una forma rutinaria, eficiente, exacta y predecible.

Rowan Gibson (1997: 7) da señales de una nueva actitud: "Estos autores comentan que nuestra visión del mundo ha sido formada durante siglos por una percepción newtoniana de la realidad en la cual el cambio aparece como algo lineal, continuo y en cierto modo predecible. Donde A lleva a B, que lleva a C y lleva a D. La teoría del caos nos dice que lo contrario es cierto".

Contribuye a afianzar esta tendencia James Moore (Boyett y Boyett, 1998: 270) cuando propone: "En lugar de ver a su compañía como una máquina que puede ser diseñada, revisada técnicamente, calibrada y ajustada, piense en ella como en un organismo en evolución, impredecible".

3. CONCEPTO DE SISTEMA Y PENSAMIENTO SISTÉMICO

Desde los albores de la humanidad el desorden fue desconocido y en el mejor de los casos se condeno al olvido forzoso; el punto de vista del hombre sobre la comprensión del universo giró alrededor de un eje central inmanente: el orden, enmarcado en dos visiones, el todo o las partes.

El énfasis sobre las partes se denominó mecanicista o reduccionista, el del todo: holístico, organicista o ecológico. Kant distinguió que las partes sólo existen unas para otras, mientras que en un organismo las partes existen además por medio de otras, en el sentido de producirse entre sí. Los organismos en contraste con las máquinas son autorreproductores y autoorganizadores. Los vitalistas atestiguaron que existe una unidad no física, alguna fuerza o campo, que debe sumarse a las leyes de la física y de la química para la comprensión del todo y particularmente de la vida; por su parte, los organicistas proponen que el ingrediente adicional es la comprensión de las "relaciones organizadoras".

Los biólogos organicistas en oposición al mecanismo y al vitalismo concibieron y desarrollaron una gama de conceptos hasta llegar a lo que hoy se denomina pensamiento sistémico. El salto se produjo cuando abandonaron la noción de función que es de estirpe mecanicista y adoptaron el de organización. El bioquímico Lawrence Henderson (Capra, 1999: 47) fue el primero que utilizó el concepto de sistema para referirse a los organismos vivos y sistemas sociales; desde entonces, sistema, ha venido a definir un todo integrado cuyas propiedades esenciales surgen de las relaciones entre las partes; en tanto que "pensamiento sistémico" tiene que ver con la comprensión de un fenómeno en el contexto de un todo superior; porque toda manifestación de vida tiene la tendencia a constituir estructuras multinivel de sistemas dentro de sistemas.

Así, las células se combinan para formar tejidos, éstos para formar órganos y éstos a su vez para formar organismos. A nivel social los individuos forman grupos, los grupos comunidades, éstas conforman un barrio y los barrios la ciudad.

El pensamiento sistémico insinúa visiblemente la conectividad, las relaciones y el contexto, por lo mismo, es el espacio para reconocer que las propiedades de las partes sólo se pueden comprender desde la organización del conjunto. Visto desde otro perfil se entenderá que el pensamiento sistémico es contextual en contraste con el mecanicista que es analítico. Las características que surgen sólo cuando el sistema está en pleno funcionamiento, las patentó C. D. Broad como "propiedades emergentes" (48). Consecuentes con la visión sistémica las propiedades esenciales de un organismo o sistema viviente, son propiedades del todo que ninguna de las partes posee y emergen de las interacciones y relaciones entre las partes, por lo mismo desaparecen cuando el sistema es diseccionado.

Ahora conviene enumerar algunos conceptos que están asociados al de sistema. El primero que salta a la mente es Gestalt, que se utiliza en alemán para denotar la forma orgánica y los psicólogos de esta escuela sustentaban que los organismos vivos perciben en términos de patrones integrados y no de elementos aislados. Es evidente que la noción de patrón estuvo desde el principio presente en sus propuestas. Posteriormente el biólogo alemán Ernesto Haeckel (Capra, Ibid, 52) definió el concepto de ecología como "la ciencia de las relaciones entre el organismo y el mundo exterior que le rodea" y la palabra "entorno" fue utilizada por primera vez por Jacob von Uexkûll-

La nueva ciencia de la ecología enriqueció al emergente pensamiento sistémico introduciendo dos nuevos conceptos: comunidad ecológica y red. Capra, (53) anota que, "La comunidad ecológica está compuesta por un conjunto de organismos ligados en un todo funcional por sus mutuas relaciones". Kevin Kelly, (Gibson: 303) entrega una idea bastante clara de red: "Una red es un organismo descentralizado que no tiene fronteras muy definidas, que no tiene un centro.

No existe una cabeza visible. Nadie está esencialmente a cargo de ella. Y las causas de las cosas no son lineales, porque es muy difícil saber qué causa qué". A medida que los pensadores sistémicos fueron descubriendo las propiedades de la red las fueron aplicando a todos los niveles sistémicos. Capra (175) atestigua. "No todas las redes son sistemas vivos. Según Maturana y Varela, la característica fundamental de una red viviente es que se está produciendo a sí misma continuamente. Por tanto, «el ser y el hacer de los sistemas vivos son inseparables y éste es su modo específico de organización»".

La visión de los sistemas vivos como redes proporciona una nueva perspectiva sobre las llamadas jerarquías de la naturaleza. Un sistema se puede representar esquemáticamente como una red con nodos que se dispersan en varias direcciones. Cada nodo representa un organismo y ampliado aparecerá como otra red, de esa manera la red se extiende hasta tocar límites imprevistos. Estas relaciones han convertido el pensamiento sistémico en "pensamiento en redes".

Capra (53) distingue tres tipos de organismos vivos: "organismos, partes de organismos y comunidades de organismos; todos ellos totalidades integradas cuyas propiedades esenciales surgen de las interacciones e interdependencia de sus partes".

Una característica típica de los sistemas es la homeostasis y los faculta para mantener una variable en el nivel deseado a través de un mecanismo autorregulador. El termostato es una máquina para mantener la temperatura entre límites deseados. Un homeostato es una extensión de ésta clase de máquina; un dispositivo de control para mantener alguna variable (no necesariamente la temperatura) entre los límites deseados. El ejemplo biológico clásico es la homeostasis de la temperatura del cuerpo que, como advierte la experiencia, varía muy poco a pesar de que el osado ciclista pase precipitadamente de la cálida llanura al páramo entumecedor.

El concepto de homeostasis y el trabajo experimental que se había realizado sobre metabolismo, ejercieron influencia sobre Ludwig von Bertalanffy, llevándolo a la formulación de la teoría de los "sistemas abiertos"; por lo cual frecuentemente se vincula su nombre con la primera enunciación de un nuevo marco de comprensión para describir los principios de organización de los sistemas vivos; lo curioso es que veinte o treinta años atrás Alexander Bogdanov desarrolló una teoría de sistemas -la Tektología- de igual o mayor complejidad que no fue suficientemente conocida.

Durante la década de los sesenta y setenta el enfoque sistémico trascendió las fronteras de las aplicaciones militares y acampó en el mundo empresarial en donde una década después Hans Ulrico patentó la visión de la organización de los negocios como un sistema social vivo, idea a la cual se han adherido posteriormente otras provenientes de la biología, las ciencias cognitivas, la ecología y la teoría de la evolución.

Bertalanffy trataba de sustituir la ascendencia mecanicista en la ciencia por la visión holística y sostenía que, "La teoría general de sistemas es una ciencia general de ‘totalidad´", concepto que aún hoy es considerado vago y confuso. Como la idea giraba en torno a establecer una teoría general de sistemas sobre una base biológica, se oponía a la posición dominante de la física en la ciencia y resaltaba la diferencia abismal que separaba los sistemas físicos de los biológicos.

Mientras la mecánica newtoniana era una ciencia de fuerzas y trayectorias, la novedosa teoría del pensamiento evolucionista -referida al cambio, el crecimiento y el desarrollo- requería una nueva ciencia que explicara el comportamiento complejo de los sistemas. Cabe señalar que se utiliza comportamiento complejo, porque Nicolis y Prigogine (1987: 21) sugieren que es más realista, o por lo menos no tan impreciso, hablar de comportamiento complejo en lugar de referirse a sistemas complejos.

Si bien Lawrence Henderson (Capra, Op. cit.: 47) hizo extensivo el concepto de sistema de los organismos vivos a los sistemas sociales, en este aspecto se pretende ser más específico, razón por la cual se apela a la concepción de Maturana y Varela (1996: 76) cuando define el sistema social: "Cada vez que los miembros de un conjunto de seres vivos constituyen con su conducta una red de interacciones que opera para ellos como un medio en el que ellos se realizan como seres vivos y en el que ellos, por lo tanto, conservan su organización y adaptación y existen en una coderiva contingente a su participación en dicha red de interacciones, tenemos un sistema social".

A los sistemas sociales Niklas Luhmann (1998: 27) los visualiza desde tres niveles: en el primer nivel están los sistemas; en el segundo, están las máquinas, organismos, sistemas sociales y sistemas psíquicos; y en el tercer nivel aparecen derivados de los sistemas sociales las interacciones, las organizaciones y las sociedades.

Lo esencial a considerar ahora es cómo logra constituirse ese sistema social. Es naturalmente entendido que el sistema social está integrado por personas, pero para efectos de poder coordinar las acciones deben valerse del lenguaje. Maturana y Varela elevan al lenguaje como elemento integrador propuesta que se acata, más se tiene también en cuenta a Luhmann (140) cuando propone que un sistema social no está constituido por personas sino por acciones. Tomando como referencia la estructura de las organizaciones sociales aquí se entiende que lo que realmente la dinamiza es la comunicación y bajo este perfil se construirá el modelo de interpretación.

El pensamiento sistémico ya ha hecho carrera en el mundo de la economía, los negocios y la sociedad. Es una tendencia generalizada.

Con todo ahora, particularmente con la preeminencia de internet ha adquirido un matiz distinto. Alrededor de esto Peter Senge (1999 : 157) piensa que: "Debemos desarrollar un sentido de conexión, un sentido de trabajar juntos como parte de un sistema, donde cada parte del sistema afecte a las demás y sea afectada por ellas, y donde el conjunto sea mayor que la suma de sus partes".

Desde otra perspectiva, Moore (Boyett y Boyett, Op. cit.: 249) explica, la interpretación que tiene el concepto biológoco de ecosistema a nivel de la comunidad y a nivel empresarial:

Una comunidad de organismos, que se relacionan ente sí, más el entorno en que viven y con el cual también se relacionan; por ejemplo, un lago, un bosque, una tundra. En el mundo empresarial un ecosistema es: una comunidad económica respaldada por una serie de organizaciones e individuos que se relacionan entre sí: los organismos del mundo empresarial ... Un ecosistema empresarial está formado por clientes, intermediarios del mercado, proveedores, entidades gubernamentales y las reguladoras, y asociaciones y grupos determinados que representan a clientes y proveedores.

Kevin Kelly (1997: 300) aporta dos ideas de la mayor importancia. En primer término sostiene que : "Lo que esto nos dice es que, en vez de entender los negocios utilizando algún tipo de modelo industrial –como líneas de producción pequeñas, o entidades independientes que tienen una operación de tipo mecánico- tendremos que empezar a entenderlas más como una ecología de organismos".

En la otra (308) deja saber que:

Estamos hablando de conectar todas las cosas del mundo entre sí. Eso significará que cada artefacto que hagamos tendrá algún tipo de circuito, algún pequeño destello de inteligencia, quizá algo como la inteligencia de una abeja o de una hormiga. Pero todas esas piezas, algunas de ellas en movimiento y otras inmóviles, estarán conectadas, convergerán y se encontrarán en un futuro cercano, y todo lo que hagamos estará conectado con todo lo demás. Y eso conformará la Red, en el sentido más amplio.

4. ORDEN, DESORDEN, COMPLEJIDAD Y CAOS

Conviene interrumpir la descripción –abrir un paréntesis- para introducir el significado de otros conceptos que facilitarán la comprensión de lo que más adelante se tratará.A esta altura danzan sobre la arena los eslabones entretejidos de una extensa cadena de términos que son de uso común con significados que -al igual que el agua- se escapan entre las manos sin manera de poder acomodarlos coherentemente: ¿Qué se entiende por orden, desorden, complejidad y caos,? Frente a semejantes desafíos como otros que aparecerán más tarde la idea es presentarlos usando términos comunes con significaciones usuales. Sujetando el primer eslabón surgen dos interpretaciones que penetran las entrañas del tema. El principal escollo para la aplicación de estas nociones se genera desde dos fuentes: primero, el sentido con que se usan en la cotidianidad y, también, por las mismas definiciones que presenta el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española).Para ser organizados se descorre el velo del orden. Morin (1996: 125) explica: "Es todo aquello que es repetición, constancia, invariabilidad, todo aquello que puede ser puesto bajo la égida de una relación altamente probable, encuadrado bajo la dependencia de una ley". En la interpretación que aquí se da el orden debe ser entendido como sinónimo de determinismo y previsión; se cataloga como orden todo aquello que puede ser sujeto de predicción, de control, de exactitud. Por tanto, se refiere a todo aquello cuyas consecuencias pueden ser previstas, pronosticadas y sobre las cuales no se cierne ninguna posibilidad de incertidumbre o vulnerabilidad de afectos, circunstancias, pasiones y conflictos y por consiguiente lo que no admite la presencia de sucesos fortuitos. En términos llanos la versión tradicional de determinismo expresa la idea de que todo lo que ocurre está decidido de antemano y es producto de procesos mecánicos –mecánico, entendido como el énfasis en las partes-; en la interpretación más auténtica supone que la evolución de los fenómenos naturales está completamente determinada por las condiciones iniciales.¿Desorden? "Es todo aquello que es irregularidad, desviación con respecto a una estructura dada, elemento aleatorio, imprevisibilidad", (126). En la arquitectura de la complejidad es congruente deducir que por desorden se entiende todo aquello que se vincula estrechamente a lo contingente, inestable, azaroso y no controlable, lo que no está determinado y, por lo mismo, no puede ser previsto ni pronosticado porque está envuelto por la incertidumbre. Generalmente, el concepto de orden se asocia a los sistemas simples y el de desorden a los complejos. La complejidad es muda y elocuente. Muda porque no confiesa sus andanzas y elocuente porque sus manifestaciones no es posible describirlas con el lenguaje al alcance de la mano. Incursionar en esta órbita significa navegar en otra dimensión, en otro mundo, en el que se entra en contacto con otras zonas de lo real, como ocurre en esos cuentos de Cortázar donde la fantasía sucede de repente en medio de la cotidianidad más trivial.Las complejidad exhibe aristas que enredan hasta turbar la paciencia; por lo mismo para manejarla hay que escuchar el consejo que José Saramago (2000: 32) le da a Cipriano Algor después de hacerlo derramar una lágrima por el rabillo del ojo: " ... sabríamos mucho más de las complejidades de la vida si nos aplicásemos a estudiar con ahínco sus contradicciones en vez de perder tanto tiempo con las identidades y las coherencias, que ésas tienen la obligación de explicarse por sí mismas". La complejidad es un concepto espinoso al punto que ya se ha erigido en un paradigma. Habrá que distinguir entre lo que en lenguaje cotidiano se designa como complejidad y el significado con que aquí se tratará. En el discurrir cotidiano todo aquello que no somos capaces de catalogar, definir o explicar se matricula como complejo. Complejos son los seres vivos. Compleja es la sociedad y también las relaciones con los otros. Las relaciones matrimoniales normalmente se tildan de complejas. Compleja es la gestión empresarial. ¡Y, qué decir, de la economía! En fin, todo cuanto exige un esfuerzo para describirlo, que dificulta, que no cuadra con la lógica, se manda a la gaveta de lo complejo. Hasta podría considerarse como artificio para evadir emitir un concepto respecto a algo. Al lado del paradigma de la complejidad esta el de la simplicidad que ve el orden, lo predecible y no admite el desorden; que ve lo uno y lo múltiple pero no concibe que lo uno puede ser al mismo tiempo múltiple; no consiente al multiverso como entidad dividida en una especie de universos paralelos. Clasifica las cosas como buenas o malas, negro o blanco; pero no concibe la dialógica. No se está hablando de equilibrar, que significa situarse en el medio, partir la diferencia. Lo que se persigue es ser ambas cosas a la vez. El principio de la simplicidad acude a dos alternativas ineludibles; o bien se escuda en la disyunción separando lo que está ligado o a la reducción –reduccionismo- unificando lo que es heterogéneo.Es evidente que la complejidad se perfila como un concepto enmarañado. Morin (Op. cit.: 21) opina: "El término complejidad no puede más que expresar nuestra turbación, nuestra confusión, nuestra incapacidad para definir de manera simple, para nombrar de manera clara, para poner orden en nuestras ideas. ... Es complejo aquello que no puede resumirse en una palabra maestra, aquello que no puede retrotraerse a una ley, aquello que no puede reducirse a una idea simple". Tener una visión compleja implica admitir la diversidad, la multidimensionalidad y conectarse con otras dimensiones. ¿Implica esta perspectiva, que se persigue llegar a la verdad última? Esta particularidad puede conducir equívocamente a creer que la complejidad aspira a contar con el conocimiento completo. En primera instancia, ese sería el ideal; más, en la práctica se entiende que no se podrá esquivar la incertidumbre implícita en los sistemas dinámicos y que jamás se podrá llegar a tener un conocimiento total del comportamiento de esos sistemas.Tampoco se puede confundir la complejidad con la complicación. La complicación será entendida como la interactuación de un gran número de elementos –no es posible identificar los elementos que intervienen ni cuántos son- y, por lo mismo, no se pueden anticipar las consecuencias del comportamiento del sistema. Morin (Op. cit.:105) sugiere tres principios que contribuyen a concebir la complejidad: el dialógico, el de recursividad y el hologramático. El dialógico, da por sentada la cohabitación entre el orden y el desorden. El orden y el desorden pueden ser entendidos como opuestos, como contradictorios el uno del otro; orden y desorden se desconocen pero, al mismo tiempo, en ciertos casos se complementan y producen la organización y la complejidad. El principio de recursividad establece que los productos y los efectos son, al mismo tiempo, causas y productores de aquello que los produce. Un ejemplo claro de este principio es la sociedad: es producida por la interacción entre individuos, pero la sociedad una vez constituida produce a los individuos. El principio hologramático pregona que la parte más pequeña de la imagen contiene la imagen completa; es decir, no solamente la parte está en el todo sino que el todo está en la parte. Así, en el mundo biológico, la célula contiene toda la información genética de ese organismo. Lo que persiguen estos principios es fundamentalmente trascender el reduccionismo.Se han traído a escena las interpretaciones más comunes del concepto de complejidad y las que podrían ser sinónimos. Ahora se ponen sobre el mantel las que en este trabajo se admiten como reales conceptos de complejidad.Nicolis y Prigogine (Op. cit.: 59) después de reconocer que todavía se está lejos de entregar una definición de complejidad explican:

La complejidad es uno de esos conceptos cuya definición corresponde esencialmente a los problemas que ella genera. Lo que sabemos entretanto tanto, es que una de las propiedades esenciales del comportamiento complejo consiste en la capacidad de llevar a cabo transiciones entre diversas formas de comportamiento. Expresado de otra forma, en el caso de la complejidad se trata de sistemas en los que la evolución, y por ello también la historia, juegan (o han jugado) un papel esencial en cuanto al comportamiento observado.

En el afán de conseguir despejar el concepto Roger Lewin (2002: 23) pregunta a Chris Langton, ¿qué es complejidad? "La complejidad y el caos dan vueltas persiguiéndose intentando averiguar si son lo mismo o cosas diferentes. Completamente ordenado aquí ... Completamente aleatorio aquí" dijo dibujando grandes trazos. "La complejidad se produce en algún lugar intermedio". El concepto de complejidad que más llama la atención es el formulado por Philip Anderson, (Krugman, 1997: 7) el premio Nobel de Física que merecería ser considerado el padre de este campo, "la complejidad es la ciencia de lo `emergente´. En otras palabras, trata de cómo grandes conjuntos en interacción –integrados ya sea por moléculas de agua, neuronas, bipolos magnéticos o consumidores- manifiestan comportamientos colectivos muy distintos de los que cabría haber esperado de la simple agregación de comportamientos de los entes individuales".Las definiciones propuestas permiten entresacar dos conclusiones concretas: la primera, la complejidad se encontraría a medio camino entre el orden y el caos; segunda, la complejidad se yergue en medio de las transiciones que se generan entre diversas formas de comportamiento. Durante estas transiciones es donde surgen las propiedades emergentes. Queda entonces pendiente dilucidar las propiedades emergentes, que Steven Johnson (2003: 19) denota como emergencia: "La evolución de reglas simples a complejas es lo que llamamos `emergencia´". Emergencia es lo que ocurre cuando un sistema de elementos relativamente simples se organiza espontáneamente y sin leyes explícitas hasta dar lugar a un comportamiento inteligente. Sistemas tan dispares como las colonias de hormigas, los cerebros humanos o las ciudades siguen las reglas de la emergencia. Consolidando las propuestas se cierra la idea de complejidad señalando que es un fenómeno que se debe al surgimiento de propiedades emergentes en donde los sistemas adoptan por comportamientos "inteligentes". En los organismos vivos las propiedades que surgen en el sistema operando en conjunto son: la no-linealidad, el orden por fluctuaciones, los puntos de bifurcación, la autoorganización, la aleatoriedad, temporalidad e irreversibilidad. Los sistemas que llenen estos requisitos son los que en adelante se denominarán sistemas de comportamiento complejo o, alternativamente, sistemas complejos. El caos, como siempre, se manejará con cautela; por lo mismo, se tratará aparte. El significado del DRAE insiste en considerarlo como sinónimo de confusión y desorden; sin duda, el caos fue inicialmente desconocido, después calumniado y más recientemente desacreditado. Ian Steward (1991: 22) lo define como comportamiento aleatorio que ocurre en un sistema determinístico, o lo que es lo mismo, "comportamiento sin ley gobernado completamente por la ley", luego, en el caos subyacen tendencias que responden a ciertas pautas, a determinados modelos -patrones- de comportamiento; por tanto, se somete al determinismo expresado en modelos pautados. La diferencia entre complicación, caos y complejidad reside en que en ésta las transiciones de que hablan Nicolis y Prigogine provocan el surgimiento de "propiedades emergentes" que surgen en el sistema operando en conjunto. El caos se puede considerar como un desorden regido por leyes deterministas; por otra parte, la complicación no contempla la presencia de propiedades emergentes.En concreto, el caos en conjunto es más comprensible que la complejidad y menos que la aleatoriedad, no sin razón, ahora el caos no es tan satanizado como antes, y alcanza a asomarse en muchos escenarios de la cotidianidad sin sentirse acosado. Hasta en el mundo empresarial metió las narices; Dee Hock, mencionado por Peter Senge, (Op. cit.: 160) habla de organizaciones caórdicas –contracción de caos y orden- como aquellas que son capaces de extraer orden del caos y viceversa.La oportunidad es propicia para declarar que en un universo de orden puro no habría innovación, creación ni evolución. Sería incómodo vivir en un ambiente saturado de orden, de la misma manera que no sería factible un universo de permanente desorden donde no habría bases que permitieran configurar una organización perdurable, luego, es ahora comprensible que las organizaciones solo son factibles mientras en su enrevesada dinámica consigan que congenien el orden y el desorden. Es a esta dualidad a la que, Morin (1996: 106) la designa como dialógica, un nombre seductor que invita ineludiblemente al entendimiento y al diálogo entre antagónicos. En la termodinámica clásica donde la física es la fuente de inspiración, se asocia el orden con equilibrio, mientras que el desorden se identifica con situaciones de no-equilibrio. La nueva ciencia de la complejidad enseña que el no-equilibrio es fuente de orden: el caos es fuente de orden. De manera general el orden puede degenerar en desorden y el desorden puede ser origen del orden. Es la dialéctica del universo, la dialógica. De cuanto se ha comentado se desprende que desorden y entropía –concepto que se discutirá enseguida- se desplazan en el mismo sentido, la propagación del desorden corre simultáneamente con la progresión de la entropía; por supuesto que, en términos prácticos, puede interpretarse que acrecentamiento de la entropía y desorden son sinónimos.De complejidad y contradicciones está repleto el mundo empresarial, es el pan de cada día. Y en comprenderlas puede estar la distancia que separa el éxito del fracaso. Algunos ejemplos bastan para resaltarlas.El concepto de complejidad lo grafica muy bien Gareth Morgan (Op. cit.: 241) porque especialmente destaca cómo se genera:

Las relaciones siempre están fluyendo y la estabilidad siempre está en el medio del flujo. Los sistemas complejos, como el río descrito por Heráclito, siempre están fluyendo y deben entenderse como procesos. La lógica de tales sistemas se fundamenta en las redes de relaciones que definen y sustentan los modelos causalidad. Aunque es posible señalar un hecho inicial –o patadón- que dispare el sistema en una dirección en particular, es imposible señalar que tales hechos iniciales no son realmente la causa del resultado final; simplemente son los disparadores de las transformaciones engranadas en la lógica del sistema.

El caso es que como ha observado Anthony Wilden (Morgan: 242) en los sistemas complejos hay "causas que causan causas". Charles Handy (1997: 23) delinea la complejidad atestada de contradicciones:

Yo sostengo que las organizaciones tienen que ser centralizadas y descentralizadas al mismo tiempo. Deben ser globales y locales al mismo tiempo. Diferenciadas e integradas. Muy ajustadas y sueltas. Tienen que hacer planes a largo plazo y, sin embargo, seguir siendo flexibles. Sus trabajadores deben ser más autónomos pero, por otra parte, estar integrados en un equipo. Pero el hecho es que no podemos dejar que esto confunda a la gente. Debemos encontrar la manera de vivir con este tipo de contradicciones para reconciliar los opuestos en vez de vernos obligados a elegir entre ellos.

¿Acaso no refleja esta declaración la realidad empresarial?Collins y Porras (1995: 52) hablan de la "tiranía de la disyuntiva" para referirse a "el punto de vista racional que no acepta la paradoja, que no puede vivir con dos fuerzas o ideas aparentemente contradictorias al mismo tiempo. La tiranía de la disyuntiva lo lleva a uno a pensar que una cosa es A o es B, pero no ambas a la vez".La complejidad abruma el mundo de los negocios. Peter Senge (Op. cit.: 157) describe la forma como tradicionalmente se ha abordado: "La forma en que solíamos hacer frente a la complejidad era dividiendo las cosas en trozos más pequeños, más manejables. Pero esto da por sentado que la suma de las partes es igual al todo. Y así es como tradicionalmente intentábamos resolver los problemas en el mundo de los negocios, y eso ya no es válido en la clase de mundo en que estamos entrando".

5. ENTROPÍA

No se exagera si se expresa que fijar la atención en la entropía significa ni más ni menos que situarnos en un punto neurálgico puesto que se trata de un concepto clave de la complejidad. Ayuda a enfocar el concepto comenzar recordando a Bertalanffy a quien ya se hizo alusión, su idea giraba alrededor de articular la teoría general de sistemas con los principios de organización sobre bases biológicas enfatizando la diferencia fundamental que hay entre los sistemas físicos y los biológicos; el talón de Aquiles era la idea de evolución. Mientras la mecánica newtoniana era una ciencia de fuerzas y trayectorias, el pensamiento evolucionista centrado en términos de cambio, crecimiento y desarrollo, clamaba por una nueva ciencia de la complejidad. La nueva ciencia cristalizó su incursión con la termodinámica y su clásica segunda ley que fue, sin duda, el inicio de una nueva concepción del mundo y, particularmente, un nuevo enfoque para la comprensión y visualización general del cambio.El concepto de tiempo como el de azar y el de complejidad fueron desconocidos por el mecanicismo. Acudiendo a una idealización tenaz el tiempo fue sometido hasta convertirlo en un factor irrelevante. La propuesta era terminante: dadas las condiciones iniciales es posible reconstruir toda la historia lo mismo que predecir el futuro. Escrutando el presente -la información actual- es posible desplazarse sin salvedades tanto hacia el pasado como al futuro. El tiempo no existe ni deja huellas; el conocimiento es completo y no hay lugar para el azar. No queda duda de que para el mecanicismo el tiempo es reversible y el poder de predicción estaba totalmente asegurado. Esta concepción de reversibilidad estuvo vigente mientras predominó el reduccionismo; más, a finales del siglo XIX el edificio en que se sustentaba comenzó a tambalearse y el azar y el tiempo como ave Fénix renacieron de sus propias cenizas. La ciencia en la encrucijada no tuvo más remedio que transar con el azar y desde entonces se incorporó el concepto de probabilidad.Las líneas precedentes apuntan a dos problemas esenciales: el de la irreversibilidad y la presencia de variables ocultas que generan el azar.La naturaleza está colmada de ejemplos que explican elocuentemente la irreversibilidad. ¿Acaso, una cerilla después de encendida, se puede desencender y volver al estado original? Siguiendo en esta misma dirección, ¿un cigarro después de consumido es posible que retorne al estado inicial? Y qué decir de los sistemas vivos; ¿un hombre luego de llegar a la vejez puede regresar a los años mozos? Estos fenómenos encontraron explicación en el segundo principio de la termodinámica en el que se definía la irreversibilidad del tiempo y, por supuesto, una dirección para la evolución.La experiencia predica que los fenómenos de la naturaleza, y particularmente los físicos, despliegan comportamientos que desconciertan al hombre y se revelan de diferentes maneras. En todos se presuponía reinaba el orden como paradigma que dominaba la ciencia de ese entonces. A pesar de eso, desde el siglo XVII los científicos advirtieron que no era posible construir un artefacto de movimiento perpetuo porque habían constatado que cuando ponían en funcionamiento una máquina, parte de la energía que le suministraban terminaba en forma que no podía ser recuperada ni utilizada de nuevo. Habían captado un desliz que fruncía el desempeño de los sistemas, detalle que a la postre se convirtió en un indicio de desarreglo puesto que la energía se disipaba y se volvía desorganizada y caótica, muestra inequívoca de quebrantamiento del orden.Fue necesario esperar hasta el siglo XIX cuando este concepto fue patentado como entropía por el físico y matemático Rudolf Clausius. La entropía es, pues, una medida de la disipación de la energía en forma de calor y fricción. Según la segunda ley de la termodinámica la entropía aumenta a medida que progresa el comportamiento de los fenómenos térmicos, la energía disipada no puede ser recuperada y es en esta dirección hacia una creciente entropía la que define el vector tiempo. Según esa ley hay en los fenómenos físicos una tendencia del orden al desorden, hacia una creciente entropía.La segunda ley en la versión original detalla la evolución de un sistema aislado –que no intercambia materia ni energía con el entorno- y reconoce la presencia de la entropía. Según esa ley la entropía se acrecienta durante el desarrollo de cualquier transformación de energía, de manera que como apunta Wagensberg (1994: 29), "transcurrido un tiempo suficientemente largo, alcanza un valor máximo que identifica el estado final de equilibrio termodinámico, estado en el que ya no es posible ningún proceso que altere el valor de la entropía". No cabe duda, para despejar el panorama es pertinente presentar el concepto de equilibrio. Nicolis y Prigogine (Op. cit.: 83) hablan de equilibrio mecánico y termodinámico: "En la mecánica el equilibrio es un estado especial en el que tanto las velocidades como las aceleraciones de todas las masas puntuales son iguales a cero. El equilibrio termodinámico se refiere a propiedades colectivas que describen el sistema como un todo, propiedades como la temperatura, la presión o la concentración de un compañero de reacción química". "Decimos que el sistema se encuentra en equilibrio termodinámico cuando coincide completamente con el entorno, en lo que respecta a las propiedades mencionadas más arriba" (84).La segunda ley definió un criterio de evolución hacia el futuro y logró mayor predominio con la interpretación estadística de Ludwig Boltzmann. La nueva explicación sostiene que la entropía es una medida del desorden molecular. O, desde otra óptica, el orden se acrecienta a medida que decrece la entropía. En este sentido, la segunda ley se entroniza como una ley de la desorganización progresiva y los sistemas que la obedecen (en contraste con los mecánicos) se olvidan de sus condiciones iniciales. Morin (1997: 52) sentencia: "Por consiguiente, la entropía es una noción que significa a la vez: degradación de la energía, degradación del orden, degradación de la organización".Está claro que la evolución de los sistemas aislados y de equilibrio se desplaza de un estado a otro cada vez más desordenado. Aquí surge una inquietante pregunta, entonces, ¿Qué destino tienen los sistemas vivos que son termodinámicamente abiertos? Antes que todo se aporta la idea de Morin, (Ibid,:160) sobre sistema abierto. "Los sistemas abiertos efectúan intercambios materiales, energéticos y/o informacionales, con el exterior a diferencia de los cerrados que no efectúan intercambios con el exterior". Es evidente que no se puede dar a los sistemas vivos el mismo tratamiento que a los aislados. Si la termodinámica del equilibrio fue hija del siglo XIX la del no-equilibrio lo es del siglo XX e Ilya Prigogine es quien dirige la vanguardia de esta nueva forma de concebir a los sistemas vivos.Los seres vivos son los más complejos y organizados y se instauran como prototipos porque constituyen estructuras históricas dado que pueden guardar memoria de formas y funcionamiento. Nicolis y Prigogine (Op. cit.: 52) los describe de esta manera: "Los seres vivos funcionan con seguridad en condiciones muy alejadas del equilibrio. Un organismo experimenta un flujo constante de energía (por ejemplo, la energía irradiada por el sol y que las plantas emplean para llevar a cabo la fotosíntesis) y materia (en forma de alimentos), que transforma en forma de productos de desecho muy diversos y que entrega a su entorno". Los sistemas "abiertos" –un organismo- por el hecho de importar del entorno más energía de la que consumen, pueden almacenar energía y adquirir entropía negativa. Si el estado de equilibrio es el natural para los sistemas cerrados se necesitaría una termodinámica de no equilibrio para los sistemas no aislados, porque basta con mirar de reojo el universo para percatarse que el equilibrio antes que una regla no es más que una excepción y todo proceso natural exhibe algún grado de irreversibilidad. Desde la órbita de la termodinámica clásica, en el devenir los sistemas cerrados tienden a acentuar la entropía -a "decaer" a "desordenarse"-, en contravía, los sistemas abiertos son negentrópicos, tienden a disminuir la entropía y a elevar su estructura. Estos sistemas eluden las situaciones de equilibrio y al menos procuran situarse en un estado estacionario en el que se produce cierta entropía. La persistencia de un sistema en un estado estacionario –estable- equivale entonces a la conservación de una estructura o grado de organización. Esta tendencia de los sistemas abiertos puede ser explicada de una manera lógica más explícita. La notación matemática que enseguida se plantea no implica ningún grado de complicación. Tomando como referencia la segunda ley la variación de la entropía en el curso del tiempo se puede escribir como dS>0, donde S es la entropía. ¿Qué sucede con los sistemas que no están aislados y que intercambian energía y materia con el entorno? La idea central de Prigogine (1997: 67) sobre entropía la proyecta sobre dos ejes y se aprecia en diversos escenarios. En un eje se proyecta el aporte externo de entropía, la transferencia de entropía a través de las fronteras del sistema -perturbaciones- y puede ser positivo o negativo según la naturaleza del intercambio; naturalmente, este eje se refiere a la entropía que proviene de los intercambios entre el sistema y el exterior y se simboliza por deS. En el otro eje registra la producción de entropía -fluctuaciones- debida a fenómenos irreversibles y se denota por diS, este término será siempre positivo. La resultante neta de entropía será la suma algebraica de lo que se produce más lo que se intercambia; por lo tanto la variación total será dS= deS + diS. Es por eso que Schrödinger considera el metabolismo del organismo viviente en términos de producción y flujo de entropía. Cuando un organismo se encuentra en estado estacionario, la entropía permanece constante a lo largo del tiempo y en tal caso la entropía diS debe ser compensada por el flujo de entropía deS, por lo tanto se puede escribir: dS= 0 = deS + diS o deS = -diS < 0De la última ecuación Erwin Schrödinger concluye que "la vida se nutre de un ‘flujo entrópico negativo’, pero también se puede decir –y para mí era lo más importante- que la vida está asociada a la producción de entropía y por lo tanto a los procesos irreversibles", (Prigogine,1996: 69). De la interpretación de Schodinger se entresaca que el ser vivo no se alimenta exclusivamente de energía, sino también de entropía negativa, más precisamente, de organización compleja y de información. La ley de evolución hacia los estados estacionarios fue enunciada y demostrada por Ilya Prigogine (1994: 176) en el célebre principio de la mínima producción de entropía: "El teorema de mínima producción de entropía demuestra de hecho que el sistema evoluciona hacia un estado estacionario caracterizado por un mínimo de producción de entropía compatible con las ligaduras impuestas al sistema. Estas ligaduras vienen determinadas por las condiciones del entorno". En concreto se trata de una ley que habla de cómo puede un sistema adaptase a su entorno. Uno de los logros más trascendentales de Prigogine fue protocolizar la diferencia entre el comportamiento de un sistema aislado y uno abierto puesto que de hecho estaba resolviendo la paradoja de las dos visiones contradictorias de la evolución en física y en biología. Más puntualmente, Prigogine (1997: 69) destaca: "Cuando un organismo se encuentra en estado estacionario, la entropía permanece constante a lo largo del tiempo. En tal caso, la producción de entropía diS debe ser compensada por el flujo de entropía". Considero inevitable precisar el concepto de estado estacionario. En el equilibrio la producción de entropía es 0, en contraste, en el estacionario se sitúa más allá del equilibrio y se caracteriza porque produce la mínima cantidad de entropía –diS-; en todo caso para que la entropía se mantenga constante debe estar vigente también cierto flujo de entropía negativa –deS-.

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