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Apuntes biográficos sobre Fritz Haber



    1. Resumen
    2. Aclaración antes de
      empezar
    3. Infancia y
      juventud
    4. El ascenso
      (1892-1906)
    5. Clara
      Immerwahr
    6. La obtención de
      amoniaco a partir de sus elementos
      constitutivos
    7. El Instituto de
      Química-Física
    8. Haber y
      Einstein
    9. La Primera Guerra
      Mundial
    10. Criminal de guerra y Premio
      Nobel
    11. La República de
      Weimar
    12. El
      destierro

    Resumen:

    A partir de unos pocos textos disponibles se han
    elaborado unas notas biográficas sobre el químico
    alemán Fritz Haber,
    quien sentó las bases para la obtención
    industrial de amoniaco a partir de sus elementos constitutivos
    (hidrógeno y nitrógeno). La
    biografía está dividida en los
    siguientes apartados: Infancia y
    juventud; El
    ascenso (1892-1906); Clara Immerwahr; El Instituto de QuímicaFísica; La
    obtención de amoniaco a partir de sus elementos
    constitutivos; El Instituto de Química-Física;
    Haber y Einstein; La Primera Guerra
    Mundial; Criminal de guerra y
    premio Nobel; La república de Weimar; El destierro;
    Bibliografía.

    Aclaración
    antes de empezar

    En estos apuntes biográficos sobre Fritz Haber he
    optado por utilizar un estilo de letra normal para las
    transcripciones literales de las fuentes
    utilizadas y un estilo de letra cursivo para mis escritos de
    enlace de información o para aportar
    información de las fuentes citadas de forma no
    literal.
    En ocasiones la trascripción de un texto ha
    requerido cortar parte del mismo para adaptarlo al contexto en el
    que va ubicado; en este caso he recurrido al paréntesis
    con puntos suspensivos (…) que indica precisamente esta
    circunstancia.

    Las referencias a los textos utilizados aparecen
    mencionadas en las notas al final del documento pero, sin
    recurrir a anotar la referencia completa. Así, por
    ejemplo: "Stern, F. (2003), p. 84" se refiere a la página
    84 de un texto de Fritz Stern publicado en 2003, cuya referencia
    completa se encuentra en la bibliografía como "Stern, F.
    (2003). El mundo alemán de Einstein. La promesa de una
    cultura.

    Barcelona: Paidós".

    Infancia y
    juventud

    Fritz Haber nació en Breslau, Silesia
    (actualmente Wroclaw, Polonia), el 9 de diciembre de 1868
    .
    La familia de
    Haber, de origen judío, era una de las más antiguas
    de la ciudad. Su padre Siegfried Haber era un
    próspero
    fabricante de tintes y pinturas de Breslau, era un estimado
    concejal, (…), una presencia en la vida civil y empresarial de
    la ciudad. La madre de Haber, Paula, falleció a las
    pocas semanas de nacer él (…) y nueve años
    después, su padre contrajo matrimonio con
    una mujer mucho
    más joven. Durante su viudedad trató al joven Fritz
    con una severidad espartana. (…). Con el tiempo, la
    segunda señora Haber trajo al mundo tres hijas y Fritz
    fue, como mucho, el
    solícito hermano mayor.

    Siegfried Haber (…) llamó a su hijo Fritz por
    «der alte Fritz» e incorporó un nombre
    bíblico en medio: Jacob. Siguiendo una costumbre alemana,
    Fritz nunca empleó el segundo nombre, excepto en unos
    pocos documentos
    oficiales. (…) La ambición paterna y las costumbres
    imperantes forjaron los primeros años escolares de
    Fritz.

    Los estudios de Haber en Breslau se realizaron en la
    escuela de St.
    Elizabeth donde realizó sus primeros experimentos
    químicos.
    Fue un buen estudiante, aunque no
    destacó; en la escuela, adquirió una amplia cultura
    literaria que enriqueció el conjunto de su vida y se vio
    reflejada en el placer que siempre le procuró la
    versificación.

    A los diecisiete años de edad , Fritz
    aprobó el "Abitur", después de esto y contra su
    voluntad, se puso a trabajar en un negocio de Hamburgo. Sin
    embargo, abandonó el puesto unos pocos meses
    después y en el otoño de 1886, se matriculó
    en la Universidad de
    Berlín para estudiar física y química.
    Sus estudios universitarios tuvieron lugar entre 1886 y 1891.
    Estudió en las universidades de Heidelberg y de
    Berlín y en la Escuela Técnica de Charlottenburg.
    Su formación fue primero con Bunsen en Heidelberg, con A.
    W. Hoffmann en Berlín y con Liebermann en
    Charlottenburg.
    Entre tanto, cumplió el servicio
    militar en el ejército, en un regimiento de
    artillería de campaña destacado en
    Breslau.


    El ascenso
    (1892-1906)

    Una vez finalizados sus estudios universitarios,
    trabajó voluntariamente en el negocio de su padre, sin
    embargo falló en el intento y se dio cuenta de que
    prefería la química
    . Siegfried deseaba que
    continuara con la tradición familiar, tal vez porque
    necesitaba la seguridad en uno
    mismo que aporta el hecho de que un hijo siga los pasos de su
    padre. Pero Fritz tenía su propia inclinación
    (la ciencia) y
    su propia distracción: la literatura. Así,
    con respecto a su inclinación, por entonces trabajó
    temporalmente en el Instituto de Tecnología en Zurich
    bajo la tutela de Georg
    Lunge. Finalmente, se decidió por una carrera
    científica y trabajó durante un año y medio
    con Ludwig Knorr en Jena, publicando con él un trabajo sobre
    el ester del ácido succínico.

    Cuando se encontraba en Jena se decidió por su
    conversión al cristianismo
    pues
    en 1892, con veinticuatro años de edad, Haber fue
    bautizado en la Iglesia
    Evangélica de San Miguel, en Jena, para
    consternación de su padre. Las razones de esta
    conversión nos la da Fritz Stern en "El mundo
    alemán de Einstein":

    No he encontrado pruebas de
    que la conversión de Haber marcara un gran momento
    espiritual o intelectual. Sabía que la conversión
    traía aparejadas recompensas prácticas en forma
    de una mayor aceptación social. (…) igual que otros
    conversos, conservó la conciencia
    del distanciamiento histórico de los judíos, su orgullo afligido por el
    sufrimiento colectivo y los logros. La mayoría de sus
    amigos fueron judíos o de ascendencia
    judía.

    La conversión de Haber agudizó el
    conflicto
    con su padre que, aunque era un hombre
    práctico, no había dado este paso; su propio
    hermano sí. Tampoco lo había dado el mejor amigo
    de Haber en años posteriores, Willstätter, criado
    en circunstancias similares; de hecho, tenía una
    opinión muy distinta de la conversión
    (…).

    Un joven ambicioso, de veinticuatro años de
    edad, que se había propuesto seguir una carrera
    académica debía de conocer las ventajas
    prácticas de la conversión (los judíos
    tenían acceso a los cargos académicos inferiores,
    pero casi ninguno al nivel de catedrático; los
    cristianos de origen judío –y casi nunca se
    olvidaba el origen– lo tenían un poco más
    fácil; lo mismo se aplicaba a otros puestos).

    En estos primeros años de la década de
    1890 no tenía todavía seguro si
    dedicarse a la química o a la física. En 1894 le
    vemos trabajando como asistente del Profesor de
    Tecnología Química en Karlsruhe, Hans Bunte.
    En
    1896 se habilitó para Privatdozent de química
    técnica en Karlsruhe donde fue nombrado profesor
    supernumerario. La tesis que
    permitió dicha habilitación versaba sobre estudios
    experimentales de la descomposición y combustión de hidrocarburos.
    En otra fuente podemos leer que también fue profesor de
    química orgánica en Karlsruhe.

    En 1898, Haber pronunció una conferencia en la
    Sociedad
    Electroquímica alemana –la
    predecesora de la sociedad Bunsen– que, por la intensidad y
    amplitud, impresionó a unos y exasperó a otros; fue
    todo menos un debut corriente ante sus iguales.

    La reunión estaba presidida por el célebre
    Friedrich Wilhelm Ostwald (…). Más tarde, durante ese
    mismo año, Haber se incorporó al Karlsruhe
    Polytechnikum, o Instituto Politécnico, como profesor
    asociado. También en 1898 Haber publicó un texto
    sobre electroquímica:
    "Grundiss der technischen
    Elektrochemie anf theoretischer Grundlage" (Munich,
    1898).

    Está basado en las conferencias que
    impartió en Karlsruhe. En su prólogo ya
    manifestó su intención de relacionar la investigación química con los
    procesos
    industriales. En este mismo año explicó el proceso de
    reducción del nitrobenceno en el cátodo,
    explicación que se convirtió en el modelo para
    otros procesos similares de reducción. Los estudios
    electroquímicos continuaron durante los siguientes diez
    años, destacando, entre otros, su trabajo sobre la
    electrólisis de las sales sólidas;
    el establecimiento del equilibro quinona-hidroquinona en el
    cátodo, que supuso el fundamento del electrodo de Biilmann
    para la determinación de la acidez de un líquido;
    también inventó, en colaboración con Cremer,
    un electrodo de vidrio; por
    último mencionar que también realizó las
    primeras investigaciones
    experimentales de la diferencias de potencial que hay entre los
    electrólitos sólidos y sus soluciones
    acuosas.

    Pero sus estudios químicos hasta alrededor de
    1910 no se limitaron a la electroquímica. Así,
    también estudió la pérdida de energía
    en los motores de vapor,
    las turbinas y los motores de combustión. También
    estudió las llamas, realizando estudios fundamentales de
    la llama del mechero Bunsen que permitieron establecer un
    método
    químico para la determinación de las temperaturas
    en la llama25. Asimismo, estudió la

    influencia que ejercen las corrientes de los tranvías en
    las tuberías de hierro del
    suelo.

    Y también, muy a principios de
    1900, Haber investigó la posibilidad de combinar
    nitrógeno e hidrógeno sometiéndolos a
    presión
    para formar amoniaco, usando hierro como catalizador. El amoniaco
    podía convertirse entonces fácilmente en
    fertilizante o explosivo.

    Estos estudios de las reacciones gaseosas a alta
    presión y alta temperatura
    fueron los que le dieron mas fama. Se prolongaron durante 13
    años y desembocaron, como veremos más adelante, en
    el procedimiento de
    Haber-Bosch para la síntesis
    del amoniaco.

    En septiembre de 1902 viajó a Estados Unidos.
    En este viaje
    la Sociedad Alemana de Electroquímica le
    nombró delegado en una convención celebrada en
    Estados Unidos y le encargó evaluar el estado de
    la formación en química en Norteamérica.
    Dotado con una beca de la sociedad y una subvención
    personal de
    dos mil marcos que le otorgó el célebre Jacobus
    van’t Hoff.

    A su regreso de Estados Unidos, Haber se enfrentó
    a nuevas frustraciones por su lento ascenso. El siguiente paso
    era una cátedra a tiempo completo; sus esperanzas de
    obtenerla en Viena se truncaron cuando informó a su
    principal valedor de que era un «judío
    bautizado». A un colega en Frankfurt le escribió:
    «Me resulta muy difícil obtener una plaza en
    algún sitio. La religión y
    –aunque no resulte modesto decirlo– los éxitos
    me obstaculizan el camino por igual. No quieren a judíos o
    judíos bautizados en puestos
    importantes».

    En 1905 publicó una obra importante sobre
    gases

    ("Thermodynamik technischer Gasreaktionen"). El año
    1906 también fue importante, publicó

    "Experimentaluntersachungen ubre Zersetzung und Verbrennug von
    Kohlenwarsertoffen" (Munich, 1906) y fue nombrado
    catedrático a tiempo completo en Karlsruhe, de modo que
    consiguió esta meta académica a los treinta y ocho
    años de edad. Además, ese mismo año
    también fue nombrado
    director del Instituto de
    Química, Física y Electroquímica de la
    Escuela Superior Técnica. En este Instituto, siendo
    profesor de Electroquímica (…), junto a Robert le
    Rossignol, logró sintetizar amoniaco en 1908.

    Clara
    Immerwahr

    El matrimonio de Haber tuvo lugar en 1901. Se
    casó con Clara Immerwahr,
    la primera mujer que
    consiguió un doctorado en química de la Universidad
    de Breslau. Clara era dos años más joven que
    Haber,
    una mujer de gran talento, también de Breslau,
    y también de ascendencia judía, que se había
    convertido en 1897. Procedía de una próspera
    familia laica
    y Haber la había conocido de estudiante, cuando ella
    obtuvo el doctorado en química magna cum laude en
    Breslau (…). Tras un embarazo
    excepcionalmente difícil, dio a luz a un hijo,
    Hermann, el 1 de junio de 1902. Tres meses después, Haber
    dejó a su familia y se marchó a un viaje
    profesional de cinco meses a Estados Unidos, una inusual
    desaparición del seno familiar.

    La obra que publicó en 1905,
    "Thermodynamik technischer Gasreaktionen" se la dedicó a
    su esposa por su «silenciosa cooperación».
    Habían trabajado juntos en casa, cada uno en su mesa;
    Clara calculando y comprobando esmeradamente los datos de Haber.
    Sin embargo, el matrimonio de Haber no marchaba bien. Tras
    ocho años de matrimonio, en 1909, ya se encuentran
    dificultades en el mismo. En la correspondencia de Clara con su
    antiguo maestro y amigo de su esposo, Richard Abegg
    encontramos:

    Lo que Fritz ganó en esos ocho años, eso
    –y mucho más– he perdido yo, y todo lo que
    queda de mí me llena de la más absoluta
    insatisfacción […] y si debo culpar a una parte de
    mí de […] la insatisfacción por un rasgo
    particular de mi carácter, el peso principal debe recaer,
    sin lugar a dudas, en la asfixiante seguridad en sí
    mismo que muestra Fritz
    en el hogar y en el matrimonio, y cualquier ser humano que no
    fuera aún más desconsiderado que él […]
    se rompería en pedazos. Todas las demás
    cualidades humanas de Fritz, excepto ésta [la voluntad
    de trabajar], están a punto de reducirse y es, por
    así decirlo, un viejo prematuro. (Clara Haber a Richard
    Abegg, 25 de abril de 1909).

    El trágico final del matrimonio tuvo lugar al
    comienzo de la primera guerra mundial No
    ofrecen, sin embargo, los textos consultados una
    información precisa sobre este asunto y en algunos
    aspectos parece contradictoria. Una de las principales fuentes de
    esta biografía es el historiador alemán Fritz Stern
    que al respecto nos cuenta:

    Otto Sackur había sido un viejo amigo del
    matrimonio Haber. Clara Haber lo conocía desde su
    época de estudiante en Breslau, hacía unos quince
    años. Su muerte
    supuso un gran golpe para ella y fue la prueba inmediata,
    espeluznante, del horror de la guerra y de la terrible
    participación de su esposo, que había estado junto
    a Sackur momentos antes de la explosión. Le horrorizaron
    las pérdidas humanas, le horrorizó quizás
    el compromiso total de su esposo, de su persona y su
    conocimiento
    científico, con los objetivos de
    la guerra. Pero también hay indicios de problemas
    más íntimos en el matrimonio. Haber
    regresó a Berlín tras presenciar el primer uso
    del gas
    tóxico por parte del ejército alemán el 22
    de abril y, durante la noche del 1 al 2 de mayo [de
    1915]
    , tras una violenta discusión, Clara se
    suicidó disparándose con la pistola del
    ejército propiedad de
    Haber. No ha llegado hasta nuestros días ninguna
    explicación suya, ni del hijo que encontró a su
    madre agonizando, ni de su marido.

    Podemos encontrar más información al
    respecto en el libro de R.
    Highfield y P. Carter "Las vidas privadas de Einstein" cuando el
    autor nos informa de las posibles razones de la
    intervención de Haber en el largo proceso (1914-1919) de
    separación y divorcio entre
    Einstein y su primera esposa:

    Una persona que no tenía nada que ver [en el
    divorcio de Einstein]
    y que se vio envuelta en el proceso
    de divorcio fue el colega berlinés de Einstein llamado
    Fritz Haber. Haber tenía todas las razones para sentirse
    conmovido por el asunto: su propio desastroso primer matrimonio
    era muy similar al de Einstein. Al igual que Mileva, su novia
    había sido una científica: Clara Immerwahr,
    (…). Al igual que Mileva, era callada y modesta, con un ceceo
    que acentuaba su timidez natural. Y, además, era una
    mujer de ideas. (…)

    Sin embargo, pronto todo se estropeó. Haber era
    un marido tan poco considerado como Einstein: era capaz de
    marcharse solo en un tren olvidándose de que
    había dejado a Clara junto a la taquilla. El gran
    esfuerzo por cuidar a su hijo (…) también pasó
    factura. En
    palabras del biógrafo de Haber, Clara tenía menos
    ánimos y era, tal vez, menos brillante. La depresión se apoderó de ella y se
    permitió –como Mileva- volverse gordita,
    desaliñada y poco atractiva. «Donde antaño
    la
    educación y los intereses habían creado
    profundos vínculos, surgió una tolerancia
    letárgica, y el matrimonio poco a poco empezó a
    desintegrarse.» El final fue repentino y trágico.
    Clara Haber se sentía asqueada por el trabajo
    de su marido, que perfeccionaba gases venenosos para las
    fuerzas alemanas. Cuando él se fue al frente oriental
    para supervisar personalmente las operaciones,
    ella se suicidó.

    Según Stern, la afirmación, tantas
    veces repetida, de que Haber reaccionó con frialdad o
    indiferencia ante la muerte de
    su esposa es errónea. Hizo lo que su carácter y las
    condiciones parecían dictar a un hombre como él: se
    lanzó de nuevo al trabajo "in extremis". De hecho, a la
    mañana siguiente se marchó a desempeñar su
    cometido en el frente oriental.

    Como vemos, hay discrepancias en las dos fuentes ya
    que mientras que Stern afirma que Haber se encontraba en la casa
    cuando Clara se suicidó, Highfield y Carter afirman que se
    el suicidio
    ocurrió cuando Haber ya se encontraba en el frente
    oriental.

    Dos años y seis meses después, en
    octubre de 1917, Haber contrajo matrimonio con Charlotte Nathan
    en una ceremonia eclesiástica celebrada en la
    Kaiser-Wilhelm Gedächtniskirche Berlín, tras insistir
    en que Charlotte, una mujer laica y emancipada de ascendencia
    judía, se convirtiera a la fe
    evangélica43.

    La
    obtención de amoniaco a partir de sus elementos
    constitutivos

    Obtener amoniaco a partir de la combinación
    directa del nitrógeno y el hidrógeno

    había recibido atención mucho antes de la Primera Guerra
    Mundial. En 1840 el francés H. V. Regnault había
    estudiado la reacción, pero sólo cuando se la
    examinó desde el punto de vista de los principios de la
    termodinámica se vio que podría
    llegar a ser explotable comercialmente.

    Henry Le Chatelier (1850-1936), (….) define
    teóricamente las condiciones de temperatura y de
    presión que serían necesarias para efectuar esta
    síntesis en presencia de un catalizador: si se opera a 500
    o 600 ºC la combinación de hidrógeno y
    nitrógeno sigue siendo incompleta, pero como la
    reacción va acompañada con una disminución
    del volumen, puede
    incrementarse el rendimiento con altas presiones. Le Chatelier
    registra una patente en 1903, pero abandona su aplicación
    industrial después de una explosión. Así
    pues, el problema que se ha de resolver mediante la
    síntesis del amoniaco es doble: no sólo hay que
    dominar la ciencia de los
    equilibrios químicos, sino también las técnicas a
    altas presiones.

    En Alemania y en
    este campo, en 1903,
    Haber demostró que el amoniaco se
    podría sintetizar a la razonable temperatura de 1000
    ºC utilizando un catalizador de hierro. Sin embargo, el
    rendimiento era infinitesimal y carecía de relevancia
    comercial. Para desconcierto de Haber, Nernst le replicó
    públicamente y señaló que Haber no
    había prestado suficiente atención a la
    presión como factor de desplazamiento del equilibrio.
    Y es que basándose en unos nuevos cálculos
    termodinámicos, Nernst había llegado a obtener unas
    cifras sobre la producción de amoniaco derivadas de
    mezclar nitrógeno e hidrógeno a altas temperaturas
    y bajo presión. Haber (…) dirigió experimentos
    que arrojaron un resultado ligeramente superior, pero en una
    reunión de la Sociedad Bunsen, celebrada en 1907, Nernst
    atacó sus resultados tachándolos de
    «profundamente inexactos».

    Espoleado por los ataques públicos de Nernst,
    Haber trabajó con furia. Con la ayuda de Le Rossignol y
    combinando el
    conocimiento teórico con la experimentación
    ingeniosa, Haber estuvo en disposición de divulgar los
    primeros resultados positivos en menos de un año. A
    continuación, combinó un aparato de alta
    presión con un nuevo catalizador, descubierto de manera
    fortuita, el osmio (que más tarde sustituyó por
    uranio), y, con una presión y una temperatura elevadas,
    produjo cien centilitros de amoniaco líquido por
    hora.

    En febrero de 1908, un colega de Haber en Karlsruhe,
    Carl Engler, que mantenía estrecha relaciones con BASF,
    instó a la compañía a alcanzar un acuerdo
    con Haber para impedir que lo captara cualquier otra empresa:

    Desde un punto de vista personal, no tengo
    ningún interés
    en que BASF se haga con los
    servicios
    del profesor Haber. El señor Haber es un hombre muy
    ocupado y exigente, de cuyos talentos y energía
    aún espero importantes éxitos; se trata de un
    experto totalmente capacitado en la resolución de conflictos en el campo de
    la electroquímica y posee un agudo e inteligente
    dominio
    dialéctico. Como no le ha pasado inadvertida su propia
    valía y, de acuerdo con el estilo de Ostwald,
    también le gustaría ganar algo de dinero, no
    sale precisamente barato48.

    A pesar del escepticismo inicial sobre Haber por parte
    de BASF y su trabajo aún embrionario, las dos partes
    entablaron negociaciones de inmediato48.
    Finalmente, en marzo de 1908, se firmó un contrato formal
    de cinco años. BASF financiaría todas las
    necesidades especiales de equipamiento para el laboratorio y
    concedería a Haber 6.000 marcos anuales (su sueldo como
    docente ascendía a 4.000 marcos más un complemento
    para vivienda de 1.200 marcos).

    A cambio, Haber
    «defendería los intereses de BASF en la media que lo
    permitiera su trabajo como funcionario y
    científico», y pondría a disposición
    de esta empresa los resultados de las investigaciones; el trabajo
    seguiría siendo propiedad literaria de Haber, pero sus
    usos comerciales se convertirían en «propiedad
    ilimitada y exclusiva» de BASF. Le correspondía a
    la empresa
    decidir si un proceso determinado se patentaba o se elaboraba en
    secreto (…) y, en cualquiera de los dos casos, Haber
    recibiría un diez por ciento de los beneficios
    netos.

    El 2 de julio de 1909 se realizó una
    demostración del proceso a Carl Bosch y A. Mittasch de la
    Badische Anilin-und-Soda-Fabrik (BASF), en la que obtuvieron unos
    cientos de gramos de amoniaco líquido (unas setenta gotas
    de amoniaco por minuto). Bosch y Mittasch eran dos ingenieros
    experimentados nombrados por Heinrich von Brunk, director de
    BASF, como ayudantes de Haber
    : Carl Bosch (1874-1941),
    metalúrgico encargado de encontrar materiales
    resistentes a las presiones y a la corrosión, y Aldwin Mittasch, especialista
    en catálisis. Fritz Stern se refiere en su texto "El
    mundo alemán de Einstein" a que
    la primera visita de
    los directores de BASF al laboratorio de Haber, en julio de 1909,
    empezó con contratiempos y se saldó con un
    cómico fracaso. A continuación, no trata
    más este asunto por lo que no he podido averiguar si se
    trata de la misma reunión mencionada en la que
    participaron Bosch y Mittasch.

    Dieciocho meses después de la firma del
    contrato entre Haber y BASF, el primero pidió una
    renegociación del contrato. El motivo: Haber
    recibió ofertas de la competencia.
    Sobre este asunto Fritz Stern escribe:

    En octubre de 1909, antes de poder
    encarar con garantías (el proceso de
    producción de amoniaco)
    , Haber comunicó a
    BASF una oferta que
    había recibido de la competencia: el presidente de la
    junta directiva de la Deutsche Gasglühlicht,
    también conocida como Auer, le había pedido que
    renunciara a su cátedra, se convirtiera en director de
    la compañía, montara un laboratorio
    científico-industrial, con carta blanca en
    cuanto a equipamiento y colaboradores, y un capital
    prácticamente ilimitado.

    La nueva compañía podría igualar
    con facilidad los treinta millones de marcos que BASF
    consideró necesarios para la producción de
    amoniaco. Sus ingresos
    anuales, acordes con la responsabilidad como director de un laboratorio
    de tanta envergadura, serían «un número de
    seis cifras». Para esos días de nuestra historia, se trababa de
    una cantidad increíble, aproximadamente ocho veces sus
    ingresos anuales en aquel momento. (…)

    Una vez más, Carl Engler utilizó sus
    buenos oficios para facilitar un acuerdo entre BASF y Haber,
    aunque la compañía empleó diez
    páginas mecanografiadas para explicar a Engler lo que
    estaban dispuestos a hacer, por qué les molestaban
    ciertas «sospechas» que Haber había
    expresado acerca de los acuerdos sobre los derechos de
    autor y que, «en el futuro, querríamos fijar
    ciertos límites
    a las algo desmedidas ideas del señor
    Haber».

    Para el 15 de noviembre, se había firmado otro
    nuevo contrato: Haber recibiría 23.000 marcos anuales,
    de los cuales 8.000 estaban destinados a cubrir sus gastos de
    instrumental y ayudantes; le permitían asesorar a Auer
    en su empresa sobre la lámpara de gas, pero debía
    ofrecer primero a BASF el resto de las investigaciones. El
    nuevo contrato reiteraba que Haber accedería a
    revisiones previas a la publicación y no
    entablaría ninguna nueva relación comercial sin
    notificarlo primero a BASF. El contrato iba a tener una
    vigencia de cinco años y quedaría renovado de
    forma automática sin ninguna de las partes comunicaba su
    intención de darlo por terminado.

    En 1913, después de que Haber hubiese
    vendido el proceso a la compañía (BASF),
    Bosch lograba superar todos los obstáculos que fueron
    surgiendo para convertir un procedimiento que era esencialmente
    académico en uno con el que pudiese producir amoniaco en
    cantidades industriales. Este proceso, denominado de Haber-Bosch,
    tenía lugar a una presión de 200 atmósferas y
    utilizaba como materias primas aire y agua.

    El Instituto
    de Química-Física

    Mientras que las publicaciones continuaban,
    realizó otra obra en colaboración con A. Moser:

    "Die elektrolitischen Prozesse der organischen Chemie" (Halle,
    1910), Haber estaba a punto de abandonar Karlsruhe. En
    1911
    se le encargó la dirección del Instituto de Química
    Física de la Káiser Wilhelm-Gesellschaft para el
    fomento de las ciencias en
    Berlín61.

    Parece que las inauguraciones oficiales tuvieron
    lugar más tarde ya que el
    primer Instituto
    Káiser Wilhelm inaugurado (el 23 de octubre de 1912) fue
    el de Química, siendo el director el químico
    analítico Ernst Beckmann, que se ocupó
    también de la sección de química
    inorgánica (…).

    Prácticamente al mismo tiempo abrió sus
    puertas un Instituto de Química-Física y
    Electroquímica, dirigido por Fritz Haber. Ambos centros se
    construyeron en terrenos cedidos por el gobierno
    prusiano, en Dahlem, cerca de Berlín.

    La institución estaba financiada por L. Koppel,
    un respetable banquero judío. Koppel era un hombre
    hecho a sí mismo, nacido en 1854 en Dresden, de
    ascendencia judía y fe evangélica. Hacia finales de
    siglo, Koppel se había convertido en un importante
    banquero de Berlín, inversor y filántropo. (…). A
    Koppel se le calculaba oficialmente una fortuna del orden de
    veinte millones de marcos. Era enormemente rico (…). Él
    y Haber se hicieron amigos íntimos, tanto que en la
    financiación
    aportó la segunda suma más
    importante, al prometer 700.000 marcos, siempre y cuando Haber
    fuera el director del nuevo instituto
    físico-químico (…). A petición de Haber,
    Koppel añadió otros 300.000 marcos y accedió
    a aportar 35.000 marcos para sufragar los gastos anuales de
    mantenimiento,
    siempre y cuando el estado contribuyera con los 15.000 marcos del
    sueldo del director más un complemento para vivienda de
    5.000 marcos y 35.000 más para gastos (y, por supuesto, el
    terreno donde iba a construirse el instituto y la casa del
    director).

    Otras condiciones impuestas por Haber para hacerse
    cargo de la dirección del Instituto de
    Química-Física y Electroquímica: ser
    nombrado catedrático de la Universidad de Berlín y
    miembro de la Academia de Ciencias de Prusia
    . Y
    efectivamente,
    el estado asumió el sueldo del
    director, aceptando con ello conceder la categoría de
    funcionario a Haber, como éste había exigido.
    Además, para cuando se inauguró oficialmente el
    instituto, en 1912,
    Haber había sido nombrado
    Honorarprofessor en la Universidad de Berlín; el
    Káiser le había concedido el título de
    Geheimrat, o consejero imperial. Pocos años
    después, entró en la Academia Prusiana de las
    Ciencias. (…) Es más, contribuyó a crear el
    Instituto Káiser Guillermo de Química y fue
    responsable, más que nadie, del nombramiento de Richard
    Willstätter, químico orgánico y por entonces
    profesor en Zurich. Los institutos se construyeron en edificios
    contiguos, y Willstätter se convirtió en el amigo
    más íntimo de Haber68.

    Haber y
    Einstein

    Haber y Einstein se conocieron en 1911 en un congreso
    científico celebrado en Karlsruhe
    donde Haber
    pronunciaba la conferencia principal. Debieron permanecer en
    contacto desde entonces pues a principios de 1914 Albert
    Einstein se trasladó a Berlín procedente de
    Zurich gracias a la invitación de Haber para trabajar en
    dicha ciudad.

    En una carta de Einstein a Michele Besso de
    principios de marzo de 1914 podemos leer:
    «Nos
    marcharemos de Zurich el 20 de este mes (…). Iré a vivir
    a Dahlem y tendré una habitación en el instituto de
    Haber». Mientras se preparaba dicho traslado,
    después de la Navidad de
    1913, la esposa de Einstein por entonces, Mileva,
    se
    alojó con Fritz Haber (…). Haber era un hombre
    pequeño y gallardo con una gran calva y unos enormes
    quevedos. Era extremadamente corto de vista, (…), y una vez
    provocó una escena muy divertida en una visita a Einstein
    al servirse el té en el azucarero y casi
    bebérselo.

    Haber era judío y, al contrario que Einstein, se
    esforzó por acatar los convencionalismos de la sociedad
    alemana. Combinaba una arrogancia exterior con un tierno corazón
    bastante menos visible, y fue uno de los que ayudaría a
    Einstein durante su divorcio, tal como hemos mencionado
    anteriormente y ampliaremos a continuación. Durante el
    traslado
    echó una mano a Mileva para encontrar un piso
    apropiado y le cogió mucho
    cariño71.

    Según hemos leído, la llegada de
    Einstein a Berlín fue gracias a la invitación de
    Haber. No es esto lo que se puede leer en otras fuentes ya que
    parece ser que fue
    atraído a Berlín por Max
    Planck y Walter Nernst. Sin embargo, Haber intervino
    activamente en este hecho, así,
    Haber había
    empleado todos los medios a su
    alcance para promover el nombramiento de Einstein; en enero de
    1913, había escrito a un colega del Ministerio de Educación prusiano
    afirmando que supondría una inmensa ventaja para la
    química teórica de Berlín que Einstein
    estuviera allí, aunque ya había sondeado el terreno
    antes: «Es una coincidencia muy poco frecuente no
    sólo que este hombre esté disponible, sino que su
    edad (34 años) y las circunstancias personales propicien
    el traslado, y su carácter y demás rasgos me hacen
    tener plena confianza de que la relación resultará
    beneficiosa»72.

    Haber ejerció de director principal en el debut
    de Einstein en Berlín. Sólo él sabía
    que Einstein tenía razones personales para el traslado
    ya que la amistad entre
    Einstein y Haber contribuyó a que éste interviniera
    en el proceso de separación del matrimonio de Einstein y
    Mileva ocurrido en 1914. Sobre este asunto Fritz Stern
    escribe:

    En la primavera de 1914, la esposa de Einstein, Mileva
    Einstein-Mariae, y sus dos hijos llegaron a Berlín y,
    durante un tiempo, estuvieron viviendo con Fritz y Clara Haber
    (…). Entre tanto, Einstein estaba invitado en el instituto de
    Haber, cuyas habitaciones se encontraban muy cerca. Haber
    sabía que el matrimonio de Einstein, aquejado de
    problemas desde hacía mucho tiempo, estaba tocando a su
    fin; y a pesar de todo, Einstein dudaba y, tal vez de forma
    impetuosa, redactó un memorando de condiciones para
    quedarse con Mileva: este asombroso documento exigía la
    completa subyugación de ésta a su monumental
    voluntad. Mileva dijo a Haber que aceptaría las
    condiciones y Einstein escribió a aquélla
    diciéndole que debía entender que la
    "única" razón para quedarse con ella era su
    cariño hacia los chicos, que "una relación
    amistosa" con ella resultaba totalmente imposible; sería
    una "relación de negocios".
    Se comportaría de forma correcta, "igual que
    haría ante una desconocida".

    Es posible que este comportamiento brutal estuviera planeado para
    forzar a Mileva a la ruptura final, ya que Einstein
    quería estar libre para su trabajo y para su nuevo
    amor. Hacia
    julio, se separaron y Haber redactó el acuerdo por el
    que Einstein iba a pagar a Mileva 5.600 marcos en concepto de
    manutención anual. El 29 de julio, Mileva y los niños
    abandonaron Berlín; Einstein les despidió en la
    estación de tren, llorando por la pérdida de los
    chicos, con Haber a su lado. «Sin él, no hubiera
    sido capaz de hacerlo», dijo más tarde; deshecho,
    pasó la noche con su amigo. Tres días
    después, estalló la Gran Guerra.

    Haber hizo enérgicos esfuerzos para
    reconciliar a la pareja, pero más tarde claudicó. A
    partir de entonces, como le dijo Hans Albert a Ronald Clark, hizo
    lo que pudo para conseguir para Mileva «el mejor acuerdo
    posible».

    En 1914, con la Primera Guerra Mundial empezada,
    Haber y Einstein se movieron en direcciones diferentes, tanto en
    sus opiniones como en sus actos.
    Sin embargo, los estrechos
    lazos personales no se rompieron: durante los primeros meses de
    1915, Einstein dio «clases de matemáticas» a Haber (…) porque
    había estado «bastante enfermo y no había
    podido ir a la escuela» (sic). Otra muestra de esta
    amistad, 14 años más tarde con motivo del cincuenta
    cumpleaños de Einstein, Fritz Haber le
    escribió:

    De todas las grandes cosas que he vivido en el mundo,
    la solidez de tu vida y logros me conmueve profundamente.
    Dentro de unos pocos siglos, el hombre de
    la calle conocerá nuestra época como el
    período de la Guerra Mundial, pero el hombre culto
    asociará el primer cuarto de siglo a tu nombre
    […].

    En cuanto a los demás, lo único que
    quede será cualquier relación que exista entre
    nosotros y los grandes acontecimientos de nuestro tiempo y en
    tu biografía […]. No pasará inadvertido que fui
    tu compañero en comentarios más o menos mordaces
    sobre el asunto de la Academia [prusiana], con el café
    más o menos malo que siguió a las reuniones. Por
    consiguiente, redunda en beneficio de mi propia fama futura y
    mi presencia en la historia el rogarte cariñosamente,
    por tu cincuenta cumpleaños, que te cuides para que no
    pierdas la salud y para que pueda
    seguir burlándome de la gente, tomándome un
    café contigo y permitiéndome una sosegada
    vanidad, porque puedo contarme entre los miembros del
    círculo que, en un sentido más cercano e
    íntimo, vive contigo. (F. Haber a A. Einstein, 14 de
    marzo de 1929).

    La Primera Guerra
    Mundial

    En 1913 Haber vende el proceso de fabricación
    de amoniaco a la compañía BASF,
    consigue un
    título nobiliario y se hace rico ya que recibe un
    céntimo por kilogramo de amoniaco. Su procedimiento
    proporcionará el 45 por ciento del ácido
    nítrico necesario para la fabricación de los
    explosivos empleados en la guerra que se avecina. Como veremos,
    no fue la única contribución importante a su
    país durante la guerra.

    En el primer momento, cuando empezó la
    guerra
    quiso enrolarse en el ejército en el que
    había servido en su juventud, pero fue declarado
    inútil a causa de su edad. Con 46 años, sus
    contribuciones al esfuerzo bélico de Alemania tuvieron
    más que ver con cualidades científicas. Pronto los
    militares alemanes recurrieron a científicos como Carl
    Duisberg y Nernst y el propio Haber y
    les pidieron que
    desarrollaran métodos
    químicos para utilizar contra las líneas enemigas
    en el campo de batalla.

    En octubre y noviembre de 1914, mientras Haber llevaba a
    cabo distintos intentos sin éxito,
    Duisberg y Nernst prepararon, utilizando las instalaciones de la
    Bayer, varios tipos de granadas y bombas
    incendiarias, y comenzaron a estudiar gases no letales, que, por
    lo visto, consideraban utilizables sin violar los acuerdos de las
    Convenciones Internacionales de La Haya de 1899 y 1907. (…) En
    el otoño e invierno de 1914 utilizaron semejante arma,
    pero con escaso éxito militar.

    Haber puso su instituto en pie de guerra (…) al
    reclutar a ciento cincuenta «colaboradores
    científicos» y una cantidad más elevada de
    personal de distinta índole. El instituto organizó
    el uso a gran escala del
    proceso Bosch-Haber de fijación de nitrógeno para
    conseguir que la producción de ácido nítrico
    para explosivos y fertilizantes se adecuara a una demanda cada
    vez mayor. Pero también se puso manos a la obra en el
    desarrollo de
    armas
    químicas.

    Sobre este asunto J. M. Sánchez Ron
    escribe
    :

    Haber (…) encontraba una solución en
    principio simple e ingeniosa: un gas venenoso de cloro, que se
    lanzaría desde las propias líneas alemanas
    utilizando contenedores apropiados y aprovechando vientos
    adecuados. Haber explotó la posibilidad de licuar el
    cloro a la temperatura ambiente,
    utilizando presiones moderadas. Comprimido en contenedores
    cilíndricos, podía ser luego expulsado igual que
    la gaseosa de un sifón.

    No todo el mundo estuvo de acuerdo con que la
    solución de Haber era conveniente. Además de
    objeciones morales, estaba el sentido de los vientos
    predominantes en el frente Oeste, que era el contrario al que
    se necesitaba. Tras preguntar cuánto tiempo
    podrían tardar franceses y británicos en
    desarrollar armas similares, y respondérseles que cerca
    de seis meses, el Ejército consideró que la
    posible ventaja inicial que tendría justificaba los
    riesgos.

    Los vientos retrasaron, efectivamente, durante semanas
    el comienzo de los ataques, lo que llevó al general
    Falkenhayn a trasladar parte de sus tropas al frente del Este
    el 17 de abril de 1915. Muy poco después, el día
    22, comenzaba la guerra química. Aquel día una
    nube de cloro de unos 6 kilómetros de longitud y entre
    600 y 900 metros de profundidad, se dirigió desde
    cilindros de acero hacia
    las posiciones francesas en el saliente de Ypres. El
    éxito inicial fue muy superior al previsto, pero al no
    haber utilizado una gran cantidad de gas y al no disponer de
    fuerzas suficientes, el Ejército alemán no pudo
    desencadenar una ofensiva a gran escala. Se perdió de
    esta manera una ocasión única; nunca más
    se contaría con una ventaja psicológica y
    táctica similar.

    (…) Entre los alemanes, el éxito inicial no
    hizo, naturalmente, sino estimular la investigación en
    este campo. En 1916, y a iniciativa de Haber, se fundó
    una Kaiser-Wilhelm-Stitung für Kriegstechnische
    Wissenschafen (Fundación Kaiser Guillermo para las
    Ciencias Técnicas y Militares), que en 1917 pasó
    a depender del Ministerio de la Guerra. Esta organización no tenía
    instalaciones de investigación propias; su
    propósito era promover y coordinar trabajos relacionados
    con la guerra realizados en instituciones universitarias o en laboratorios
    de los Institutos Kaiser Guillermo. Emil Fischer, el gran
    químico orgánico y líder
    científico de la Kaiser-Wilhelm-Gesellschaft, se
    encargó de dirigir, junto a Haber, la nueva
    organización (…).

    En cuanto a los trabajos de Haber en Dahlem, tenemos
    que en 1917 manejaba un presupuesto 50
    veces superior al que había dispuesto antes de la guerra
    en su instituto, dirigiendo todo un batallón de
    trabajadores que se ocupaban del tema: 1.500 personas, de las
    que 150 eran científicos (…).

    Se desarrollaron nuevos compuestos y gases. Se
    abandonó el método de dirigir los gases
    químicos contra el enemigo utilizando el viento como
    fuerza
    motriz, optándose por proyectiles lanzados desde piezas
    de artillería (…).

    Sobre estas contribuciones de Haber a la guerra
    química podemos ampliar algunos datos. Así, el gas
    sofocante utilizado en Ypres se denominaría después
    "iperita". El propio Haber participó en la
    aplicación de cloro en el frente de combate.
    Al
    experimentar con varios tipos de gases, él mismo
    escapó por muy poco de una nube de gas altamente
    tóxica. Después de la experiencia de Ypres y con
    Haber en el frente oriental, informó a Rudolf von Valenini
    sobre los resultados:
    «El pánico
    que provocó en el enemigo el primer ataque en Ypres
    sólo causó el mismo efecto en los rusos del Este
    tras reiterados ataques en el mismo lugar, y después
    regularmente»92.

    En diciembre de 1914 se produjo una explosión
    en el instituto de Haber.
    En una larga carta manuscrita de
    enero de 1915, dirigida a Arnold Sommerfeld, que vivía en
    Munich, Haber explicaba su nueva vida durante la guerra.
    Agradecía a Sommerfeld las palabras de consuelo por la
    muerte de Otto Sackur (…), un joven médico muy brillante
    que falleció a consecuencia de una explosión en el
    instituto (…) mientras experimentaba en una nueva carcasa de
    proyectiles para el ejército: «Murió como un
    soldado en el campo de batalla, intentando mejorar los medios
    técnicos de la guerra con la ayuda de nuestra disciplina. Mi
    propio trabajo científico se encuentra detenido. Paso los
    días como asesor del departamento de guerra, cuando no
    estoy viajando para fotografiar campos de tiro y
    fábricas».

    Durante casi toda la guerra Haber tenía unas
    fuertes creencias en la victoria de Alemania. Sobre este asunto
    Fritz Stern escribe:

    Por «temperamento», Haber se consideraba
    «pesimista», pero como seguía albergando
    esperanzas de una victoria alemana, era contrario a cualquier
    tipo de paz de compromiso. A principios de 1916,
    escribió a Valentini: «Espero que llegue la paz
    [en los próximos meses], aunque no querría una
    paz que permitiera a Francia y
    Bélgica seguir siendo enemigas con capacidad militar,
    porque, aparte de todas las consideraciones éticas y
    políticas, una paz que nos obligara a
    armarnos para hacer frente a un enemigo formidable en
    Occidente, como tuvimos que hacer con tanto esmero en el
    pasado, nos impondría unas cargas materiales que, al
    parecer, hoy aún no admitimos».

    A continuación, esboza los peligros de otra
    guerra, dominada, como creía que iba a estarlo, por los
    aviones. Pero ¿acaso una paz que no fuera cartaginense
    habría otorgado a Alemania preponderancia continental? A
    principios de 1917, Haber seguía creyendo que la guerra
    ilimitada mediante submarinos obligaría a Gran
    Bretaña a finalizar la contienda. Un año
    después, fue perdiendo la fe en una victoria decisiva
    alemana. (…) La petición efectuada por Ludendorff, en
    septiembre de 1918, de que un nuevo gobierno solicitara un
    armisticio sin demora supuso un golpe inimaginable, incluso
    para los alemanes muy cercanos al gobierno, incluido
    Haber.

    Criminal de
    guerra y Premio Nobel

    Al finalizar la guerra Haber fue
    «desmovilizado» y tuvo que volver a encontrar su
    camino en la vida civil; él también padeció
    la humillación que el Tratado de Versalles imponía
    a todos los alemanes. (…) Cuando su nombre apareció en
    la lista de criminales de guerra para extraditarlo y procesarlo,
    su seguridad se vio amenazada; durante un breve periodo de
    tiempo, buscó asilo en Suiza.

    En aquellos días, ni siquiera una carta del
    ministro de Guerra, Heinrich Scheüch, donde admitía
    la dimisión de Haber, le otorgó
    consuelo:

    Durante el largo transcurso de la guerra, pusiste sin
    descanso tu amplio conocimiento
    y tu energía al servicio de la patria. Gracias a la alta
    estima de tus colegas, fuiste capaz de movilizar al mundo de la
    química alemana. Alemania no estaba predestinada a salir
    victoriosa de esta guerra. Que no sucumbiera ya durante los
    primeros meses ante la superioridad de los enemigos por
    escasez de
    municiones, dinamita y otros compuestos químicos de
    nitrógeno lo debemos, en primer lugar, a ti […]. Tus
    brillantes éxitos vivirán para siempre en la
    historia y seguirán siendo […] inolvidables. (Heinrich
    Scheüch a Haber, 27 de noviembre de 1918).

    La derrota alemana afectó duramente a Haber,
    quien pasó algunos meses con problemas de nervios.
    Además, su destacado papel en el desarrollo de la guerra
    química hizo que durante algunos años numerosos
    colegas de otros países intentaran evitarle, más
    aún en tanto que no renegó de las actividades que
    había desempeñado en defensa de su
    patria.

    El 7 de febrero de 1920, los aliados presentaban una
    lista de "criminales de guerra", 194 páginas con 895
    nombres. La lista incluía, entre príncipes,
    líderes del Ejército, como Hindenburg y Ludendorff
    y comandantes de submarinos, al capitán y Consejero
    Privado del Estado, profesor Fritz Haber.

    A pesar de esto, en 1918 Haber recibió el
    premio Nobel de Química por su contribución a la
    síntesis del amoniaco. La Academia Sueca de Ciencias
    calificó
    la síntesis del amoniaco, "un medio
    extraordinariamente importante para el desarrollo de la agricultura y
    el bienestar de la humanidad", y felicitaba al profesor
    alemán por este "triunfo en el servicio de su país
    y de la humanidad"98.

    La entrega del premio Nobel se realizó dos
    años después del correspondiente al premio, es
    decir, en 1920. Las dificultades en Europa, que
    acababa de salir de una gran guerra, debieron ser el motivo de
    tal retraso ya que si se observan las fechas de lectura de los
    discursos de
    aceptación de esos años vemos que para el premio
    Nobel de química de 1915, concedido a Richard
    Willstätter, el discurso de
    aceptación fue leído el 3 de junio de
    1920.

    En los años 1916 y 1917 el premio de
    química no fue concedido. El discurso de aceptación
    del premio Nobel de 1918 fue leído por Haber el 2 de junio
    de 1920, mientras que en 1919 no se concedió el premio
    Nobel de química. En 1920 el premio Nobel fue concedido a
    Walther Nernst, pero su discurso de aceptación fue
    leído a finales de 1921. El retraso en la lectura de
    aceptación del premio continuó hasta 1922,
    año en que se leyeron los discursos correspondientes a
    1921 y 1922.

    Como podemos ver los premiados de esos años
    eran alemanes, amigos o colegas de Haber. Acaso el hecho de que
    sean alemanes, participantes activos en la
    guerra (al menos Haber y Nernst) fuera también motivo del
    retraso en la lectura del discurso de aceptación del
    Nobel.

    Por su parte, en su discurso de aceptación del
    premio Nobel, Haber pronunció las siguientes
    palabras:

    Un interés
    profesional particular en la obtención del amoniaco a
    partir de sus elementos, buscaba el logro de un resultado
    simple por medio de un equipo especial. Un interés
    más amplio se debía a que, si se realizara la
    síntesis del amoniaco a partir de sus elementos, en gran
    escala, tendríamos una forma útil de satisfacer
    importantes necesidades económicas. Tales aplicaciones
    prácticas no fueron el propósito principal de mis
    investigaciones.

    Por otra parte, difícilmente me hubiese
    concentrado tanto en este problema, si no hubiese estado
    convencido de la necesidad económica del avance
    químico en este campo, y si no hubiese compartido
    plenamente la convicción de Fichte que, mientras que el
    objetivo
    inmediato de la ciencia es su propio desarrollo, su fin
    último debe estar ligado a la influencia moldeadora que
    ejerce, en el momento oportuno, sobre la vida en general y
    sobre toda organización humana de las cosas que nos
    rodean.

    La
    República de Weimar

    En noviembre de 1918 tuvo lugar en Alemania una
    revolución
    que acabó con el imperio y estableció una
    república. Este periodo ha pasado a llamarse la
    República de Weimar.
    La República fue
    proclamada el 9 de noviembre de 1918 (razón ésta
    por la que se podría considerar que la República de
    Weimar comenzó su existencia en dicho año),
    después de que los trabajadores y las tropas del II
    Imperio Alemán se sublevaran contra el gobierno a
    comienzos de ese año por negarse éste a entablar
    conversaciones que pusieran fin a la I Guerra Mundial.

    El emperador Guillermo II huyó del país y
    se formó un Gobierno Provisional del Consejo de los
    comisarios del Pueblo, integrado por una coalición formada
    por miembros del Partido Socialdemócrata Alemán,
    liderados por Friedrich Ebert, y del Partido
    Social-demócrata Alemán Independiente
    (escisión radical del anterior), que contó con el
    apoyo del partido católico del Centro (Zentrumspartei).
    (…)

    La nueva Asamblea Nacional Constituyente se
    reunió en Weimar (Turingia) en febrero de 1919 y
    redactó una Constitución según la cual Alemania
    pasaba a ser una república federal democrática con
    dos cámaras parlamentarias, el Reichstag (cámara
    baja legislativa) y el Reichsrat (cámara de
    representación federal). Haber aceptó el nuevo
    régimen, aunque muchas veces con recelo, y trató de
    trabajar con él para salvar lo que pudiera
    salvarse.

    Los años 20 fueron difíciles para
    Alemania con numerosos problemas
    sociales, económicos y políticos. La penuria de
    aquellos años también afectó a los
    profesores y científicos. En esta situación
    surgieron iniciativas para apoyar la ciencia. Entre ellas,
    a
    comienzos de 1920, Haber presentó a la Asamblea Nacional,
    a través de la Academia de Berlín y en nombre de
    todos los académicos germanos, una solicitud de 3 millones
    de marcos.

    En parte por motivos formales, la solicitud fue
    rechazada. No se desanimó, sin embargo, el célebre
    químico, que en abril comenzó a defender la idea de
    una organización en la que participasen como miembros
    todas las agrupaciones alemanas relacionadas con la ciencia
    (…). Al Reich, representado por el Ministerio del Interior, le
    agradó la idea. (…)

    El 30 de octubre de 1920, 40 miembros distinguidos del
    mundo académico germano, reunidos en la biblioteca del
    Estado Prusiano, constituían formalmente la
    Notgemeinschaft der deutschen Wissenschaft (NGW). Tres semanas
    más tarde, la nueva organización fue presentada en
    el Reichstag. (…) La política seguida por
    la Notgemeinschaft (…) fue la de apoyar a la investigación científica a
    través de investigadores individuales (preferentemente
    jóvenes), no a instituciones educativas. (…) de la
    comisión de Electrofísica dentro de la
    Notgemeinschaft formaban parte Planck, Haber, von Laue, Nernst y
    Franck.

    La labor científica de Haber también
    estuvo centrada en la reconstrucción del país,

    continuando sus investigaciones (secretas) sobre armas
    químicas e investigando la viabilidad de extraer todo el
    oro de los
    océanos. Pensó que esta posibilidad
    permitiría a Alemania afrontar la deuda impuesta
    después de la guerra: treinta y tres mil millones de
    dólares.

    El programa
    fracasó ya que finalmente se demostró que el agua de mar
    contiene mucho menos oro que el suficiente para hacer viable un
    proceso a escala industrial. Deprimido por el fracaso del
    proyecto, se
    centró en la reorganización de su Instituto para lo
    cual estableció directores de sección con libertad
    completa en su trabajo. Entre estos estaba James Franck, Herbert
    Freundlich, Michael Polanyi y Rudolf Ladenburg. Los estudios del
    instituto, entre otros, fueron importantes en el campo de la
    química de coloides y en física atómica.
    Durante estos años sus investigaciones se centraban en las
    reacciones en cadena, en mecanismos de oxidación y en la
    catálisis del peróxido de
    hidrógeno.

    También hizo grandes esfuerzos en el intento
    de reestablecer las relaciones científicas de Alemania con
    otros países, realizando coloquios quincenales que
    ayudaron a reestablecer la reputación internacional de su
    Instituto107. En 1926 la posición de Haber
    sobre la ciencia alemana la podemos encontrar en una carta de
    éste a H. R. Kruyt
    :

    Sabemos perfectamente que hemos perdido la guerra y
    que política al igual que económicamente ya no
    estamos en el consejo de directores del mundo. Pero creemos que
    científicamente todavía podemos contarnos entre
    aquellos pueblos que tienen derecho a ser reconocidos entre las
    naciones principales. (F. Haber a H. R. Kruyt, 7 de julio de
    1926).

    El
    destierro

    Con la llegada de Adolf Hitler al
    poder (el 30 de enero de 1933) el antisemitismo
    se oficializa. El 7 de abril
    se promulgaba la famosa
    "Ley de
    restauración de la carrera del funcionario" (…), con la
    que de hecho se pretendía purgar todas las escalas de
    funcionarios, profesores universitarios incluidos, por supuesto.
    El parágrafo número 3 (popularmente conocido como
    "Arierparagraph") era el que se refería a los
    no-arios:

    (1) Serán apartados de sus puestos todos los
    funcionarios que no sean de origen ario. En lo que se refiere a
    los funcionarios honorarios, serán apartados de todo
    tipo de funciones
    oficiales.

    (2) El parágrafo (1) no se aplicará a
    aquellos funcionarios que lo fuesen el 1 de agosto de 1914, o
    que luchasen en el frente defendiendo al Imperio Alemán
    o a sus aliados durante la Guerra, o cuyos padres o hijos
    cayesen en la Guerra.

    Obviamente, Haber constituía una de las
    excepciones previstas por la ley del 7 de abril; sin embargo,
    él no quiso utilizar tal posibilidad y el 20 de abril
    dirigía la siguiente carta al ministro para la Ciencia,
    arte y
    educación:

    Honorable señor:

    Por la presente le solicito respetuosamente mi
    jubilación, con fecha del 1 de octubre de 1933, de mi
    puesto en Prusia de director de uno de los Institutos Kaiser
    Guillermo, así como de mi, secundario, puesto de
    catedrático en la Universidad de Berlín. De
    acuerdo con las previsiones de la Ley para Empleados
    Gubernamentales del 7 de abril de 1933, que se ordenó
    fuese aplicada a los Institutos de la Sociedad Kaiser
    Guillermo, tengo derecho a conservar mi puesto a pesar de ser
    descendiente de abuelos y padres judíos.

    Sin embargo, no deseo aprovecharme de este permiso
    más allá de lo que sea necesario para abandonar
    de manera ordenada los deberes científicos y
    administrativos de mis puestos.

    Mi solicitud es similar en su contenido a la que han
    dirigido al presidente de la Sociedad Kaiser Guillermo los
    profesores H. Freundlich y M. Polanyi, miembros
    científicos y directores de división del
    Instituto Kaiser Guillermo de Química Física y
    Electroquímica. Recomendé que se aceptasen estas
    solicitudes.

    Mi decisión de pedir la jubilación ha
    surgido del contraste entre la tradición investigadora
    en la que he vivido hasta ahora y los puntos de vista
    diferentes que usted, Sr. Ministro, y su Ministerio defienden
    como protagonistas del actual gran movimiento
    nacional.

    En mi puesto científico, mi tradición
    exige que al escoger mis colaboradores tenga en cuenta
    solamente las cualificaciones profesionales de los
    solicitantes, independientemente de sus ascendientes raciales.
    No esperará usted que de un hombre de 65 años el
    que altere la forma de pensar que le ha guiado durante los
    últimos 39 años de su vida universitaria, y
    comprenderá que el orgullo con el que ha servido toda su
    vida a su patria alemana le dicta ahora esta solicitud de
    jubilación.

    Respetuosamente

    F. Haber

    Un día después de recibir la carta, el
    ministro Bernhard Rust tuvo la siguiente reacción en un
    acto público:

    ¡Estudiantes y profesores alemanes!

    No culpo en absoluto a los caballeros que no son de
    origen ario por intentar, siguiendo el instinto de su sangre, emplear
    a aquellos instructores y ayudantes que les son más
    cercanos por sangre. Pero yo no lo puedo permitir. Y cuando un
    muy conocido profesor del Instituto Kaiser Guillermo me escribe
    ayer diciéndome que él no va a someterse en modo
    alguno a que se le dicte la composición del grupo de
    investigación que él ha creado, yo debo declarar
    que no estoy autorizado a no llevar a la práctica
    leyes que el
    pueblo alemán se ha dado a sí mismo a
    través del Gobierno del Reich.

    En el futuro, la generación que surja en las
    universidades debe ser aria o todo habrá sido
    inútil. Personalmente simpatizo profundamente con la
    tragedia de la gente que en lo profundo de sí mismos
    quieren considerarse miembros de la comunidad de
    personas alemanas, y que han aportado su trabajo a
    ella.

    No hay nada más duro para mí que tener
    que firmar con mi nombre la jubilación de hombres que
    como individuos a menudo no me han dado motivo para hacer tal
    cosa. Pero se debe mantener el principio en beneficio del
    futuro. Cuando hayamos establecido una vez más… entre
    los dirigentes y los dirigidos en las Universidades alemanas la
    misma relación que existe en el pueblo alemán
    entre no arios y arios, entonces, señores, no
    habrá más guerra racial en Alemania.
    Entiéndanme correctamente: detendremos la guerra de esa
    manera, porque habremos reestablecido la relación
    adecuada.

    Planck, uno de los pocos colegas de Haber preocupado por
    el apuro que estaba pasando, le escribió en agosto de 1933
    diciéndole que no podría imaginarse los
    sentimientos más íntimos de Haber: «Porque el
    mero intento suscita una rebelión de mi
    corazón.

    En este profundo abatimiento, mi único consuelo
    es que estamos viviendo una época de catástrofe
    como las que aguardan a cualquier revolución y que debemos
    soportar gran parte de lo que está sucediendo como un
    fenómeno de la naturaleza,
    sin rompernos demasiado la cabeza preguntándonos si las
    cosas podrían haber sido de otro modo». (…)
    Planck, como presidente de la Sociedad Káiser Guillermo
    solicitó una entrevista con
    Hitler (…).
    Planck quiso proteger a Haber y a otros judíos "valiosos",
    pero tuvo que conformarse con esperar que el régimen fuera
    generoso con la Sociedad Káiser Guillermo en otros
    ámbitos.

    Mientras tanto, durante esos días aciagos para
    él, Haber visitó España. En
    "Cincel, martillo y piedra" de J. M. Sánchez Ron podemos
    encontrar información al respecto:

    Como preparación del Congreso, del 9 al 20 de
    agosto de 1933 se celebró una Reunión
    Internacional de Ciencias Químicas en la Universidad de
    Verano de Santander, (…). En esta Reunión participaron
    destacados especialistas españoles y extranjeros; entre
    los primeros cabe citar a Ángel del Campo, Obdulio
    Fernández, Antonio Madinaveitia y Moles
    [Enrique]; y entre los segundos a los premios Nobel de
    Química Fritz Haber y Richard Willstätter, y a H.
    Von Euler y George Barger. Es interesante reproducir algunos
    fragmentos de las memorias de
    Willstätter (1965) en los que comentaba sus vivencias en
    Santander. (…):

    Comíamos [desgraciadamente] y nos
    alojábamos en el que había sido palacio real…
    Un sendero real descendía a una bahía, con una
    playa muy pequeña pero convenientemente cercana. El
    baño era habitualmente exquisito. Una procesión
    de torpederos patrullaban la entrada de la
    bahía…

    Algunos de nosotros, como H. Von Euler y G. Barger,
    dimos series de conferencias que fueron impresas en español. Otros habían sido
    invitados solamente para discutir el programa de la
    reunión de Química de Madrid y
    se limitaron a dar una sola conferencia como
    compensación por sus gastos de viaje. Fue costoso para
    el Gobierno, ¡pero mucho más barato que incluso
    un solo cañón! Las audiencias eran muy
    pequeñas, ya que ninguno de nosotros sabíamos
    hablar el español.

    Como resultado de comer alimentos
    prohibidos en mi dieta sufrí un severo ataque de gota
    durante mi curso…

    Ésta fue una de las últimas veces que
    vi a Fritz Haber… La vida de Haber pendía de un
    delgado hilo. Se tomó su conferencia muy seriamente y
    trabajó con ella conmigo hasta tarde en la noche, a
    pesar de que la audiencia no era otra que un pequeño
    grupo de colegas cuya cortesía les obligaba a ir a una
    pequeña y calurosa sala de conferencias, ya que la
    mayoría de ellos no hablaban alemán.

    Uno de los pocos oyentes que hablaba alemán
    solía ponerse a dormir siempre que no le tocaba hablar
    a él. Mi pobre amigo tomó medicamentos antes de
    la hora a la que le tocaba dar la conferencia, pero incluso
    así no pudo librarse de uno de sus espasmos al
    corazón; se derrumbó, tomó la
    nitroglicerina que tenía siempre preparada y, jadeando
    y temblando, terminó como pudo su
    conferencia.

    La solicitud de Haber (su dimisión) le fue
    concedida en octubre114. Tras abandonar sus puestos en
    Alemania, Fritz Haber se trasladó a Inglaterra,
    invitado por la Universidad de Cambridge. Aparentemente, ni el
    ambiente ni el clima ayudaron a
    levantar su estado anímico y energías. Se fue a
    Suiza para estar más cerca de Alemania y allí se
    murió algunos meses más tarde completamente
    desesperado. Fritz Haber murió el 29 de enero de 1934,
    a la edad de 65 años, cuando se dirigía a Basilea
    en busca de reposo.

    Haber vivió para la ciencia, por su propia
    causa y por la influencia que tiene en moldear la vida, la
    cultura y la civilización humana. Poseyó un
    conocimiento asombroso de la política, historia,
    economía, ciencia e industria y
    pudo haber tenido éxito en cualquiera de estos campos.
    Dio la bienvenida a sus responsabilidades administrativas
    además de realizar sus trabajos de
    investigación.

    Siempre accesible y cortesano, estaba interesado en
    todo tipo de problemas. Una característica valiosa en
    los coloquios que llevó a cabo en su Instituto era su
    capacidad de clarificar, en algunas oraciones, las oscuridades
    de una discusión científica. Su talento
    organizador le hizo director modelo de una gran
    institución, en la cual permitió completa
    libertad para sus colaboradores subordinados manteniendo, sin
    embargo, un control
    notable sobre las actividades del Instituto en su totalidad.
    Hombre de personalidad
    poderosa, dejó una duradera impresión en las
    mentes de todos sus asociados.

    Aparte del premio Nobel, Haber recibió
    muchos honores durante su vida. Por instigación de Max
    von Laue, el Instituto de Física y Electroquímica
    de Berlín-Dahlem fue renombrado como el Instituto Fritz
    Haber después de su muerte.

    Además, sobre las acciones de
    Max von Laue después de la muerte de Haber tenemos
    más información en el texto de Fritz
    Stern:

    A instancias de Max von Laue, decidió organizar
    un acto en memoria de
    Fritz Haber un año después de su muerte en el
    exilio, en enero de 1934. El gobierno y el Partido Nazi
    quisieron impedir una ceremonia pública de tales
    características y, en todo caso, prohibieron la
    asistencia a los funcionarios. (…) A pesar de todo, (…) el
    acto se celebró con gran solemnidad en la Casa Harnack.
    La sala estaba llena y asistieron muchas mujeres representando
    a sus maridos, que tenían prohibido acudir o
    sentían miedo. Otto Hahn pronunció el discurso
    principal y también leyó un texto del
    químico Karl Friedrich Bonhoeffer, el leal alumno de
    Haber que, en tanto funcionario académico, tenía
    prohibida la participación.

    Al final de la conmovedora ceremonia, Planck
    declaró: «Haber mantuvo su lealtad hacia nosotros;
    nosotros debemos mantener nuestra lealtad hacia
    él» (18 de enero de 1934).

    Bibliografía

    Aparecen aquí todos los textos manejados, aunque
    algunos de ellos no están en las referencias. Esto se debe
    a que en el momento de consultarlos su aportación no fue
    novedosa respecto de lo ya conseguido y, en cualquier caso,
    confirmaron los datos obtenidos.

    Andrés, D. M., Antón, J. L., Barrio, J., de la Cruz, M.
    C., González, F. (1997). Química. 2º
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    Madrid: Editex.

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    (Vol 3). Madrid: Alianza
    Editorial.

    Asimov, I. (1988). Breve Historia de la
    Química
    (9ª reimpresión). Madrid:
    Alianza Editorial.

    Bensaude-Vincent, B. y Stengers, I. (1997).
    Historia de la Química.
    Addison-Wesley/Universidad Autónoma de
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    Brook, W. H. (1998). Historia de la
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    Madrid: Alianza Editorial.

    Clarke, J. S. (1985). Química. Madrid:
    Ediciones Pirámide S.A.

    Espasa Calpe (Ed.). (1924). Enciclopedia Universal
    Ilustrada Europeo Americana
    (Vol 27). Madrid: Espasa Calpe
    S.A.

    Espasa Calpe (Ed.). (1932). Enciclopedia Universal
    Ilustrada Europeo Americana
    (Apéndice, Vol V).
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    Haber, F. (1920). The Synthesis of Ammonia from Its
    Elements.
    Extraído de Nobel Lectures, Chemistry
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    , Elsevier Publishing Company, Amsterdam, 1966,
    tal como se recoge en el Official Web Site of The
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    http://nobelprize.org/chemistry/laureates/1918/haber-lecture.html

    Highfield, R. y Carter, P. (1996). Las vidas
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    Quílez, J., Lorente, S., Sendra, F., Chorro, F.
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    Perutz, Max F. El gabinete del doctor Fritz
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    Stern, F. (2003). El mundo alemán de
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    Barcelona:
    Paidós.

     

    Felipe Moreno Romero

    http://es.geocities.com/apuntes_ensayos/index.htm

    Puede encontrar una versión de este
    artículo con fotografías en


    http://es.geocities.com/apuntes_ensayos/Haber/inicio.htm

    OCTUBRE, 2005

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