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El proceso de socialización en el desarrollo de la Personalidad




Enviado por anai.guerra



    1. Resumen
    2. Lactante
    3. Edad
      Temprana
    4. Edad
      preescolar
    5. Edad
      Escolar
    6. Adolescencia
    7. Juventud
    8. Madurez
    9. Adultez
      Mayor
    10. Bibliografía
    11. Conclusiones

    "Cada ser humano lleva en sí mismo un
    hombre
    ideal, lo mismo que cada trozo de mármol contiene en
    bruto una estatua…"

    José Martí.

    Resumen

    Los agentes socializadores ejercen influencia en el
    desarrollo de la
    personalidad a lo largo de los diferentes períodos
    evolutivos, por lo que se hace necesario, un análisis que permita la comprensión
    de cada una de las etapas por las que atraviesa el individuo en
    su desarrollo, a través de la descripción del papel que juegan los
    agentes de socialización en la Lactancia, la
    Edad Temprana, la Edad Preescolar, la
    Edad Escolar, la Adolescencia,
    la Juventud y la
    Adultez Mayor.

    Palabras claves: desarrollo, personalidad,
    socialización, agentes socializadores.

    Introducción

    La formación y el desarrollo de la personalidad
    ocurre durante toda la vida humana, las características y
    regularidades que distinguen al ser humano en cada período
    de su vida están determinadas por las circunstancias
    socioculturales e históricas concretas en las que
    transcurre la existencia de cada persona. Desde la
    perspectiva histórico-cultural se destaca, el medio social
    como fuente del desarrollo y la interacción e interrelación social
    como fundamentalmente determinante del desarrollo psíquico
    humano (Febles y Canfux, 2003), lo que demuestra que no solo el
    medio social da lugar a cambios en el desarrollo; la
    relación única, particular e irrepetible entre de
    cada sujeto y su entorno, promueve y potencia el
    desarrollo psíquico y de la personalidad.

    Es por ello la importancia crucial de la educación para el
    crecimiento y el desarrollo
    humano en el estudio del desarrollo psíquico, cada
    período es sensible para recibir la influencia de la
    educación
    y el papel de la riqueza estimulante del entorno.

    El desarrollo no es algo privativo de niños y
    jóvenes, sino que se produce a lo largo de la vida del ser
    humano, desde que nace hasta la vejez. En el
    estudio del origen y desarrollo de la personalidad, se pueden
    verificar logros esenciales en cada una de las etapas, ellos
    tienen que ver con la influencia social, toda la historia que antecede al
    individuo, la cultura de la
    sociedad en la
    que vive y los grupos en los
    cuales se inserta o con los que de alguna manera se
    relaciona.

    El desarrollo es un proceso movido por contradicciones
    internas, (y en este sentido es espontáneo), las cuales se
    originan en el propio proceso de interacción e
    interrelación del niño con su medio. En el proceso
    de desarrollo se produce la conjugación de factores
    externos e internos.

    El desarrollo psíquico ocurre como
    un proceso espontáneo, continuo, de automovimiento, de
    saltos hacia escalones superiores, que implica el paso a nuevas
    formas de pensar, sentir y actuar. Es un proceso de cambio que
    conduce a que en cada período evolutivo nazca lo nuevo y a
    la vez lo viejo se reestructure sobre una nueva base. El
    desarrollo se produce en la relación con los otros, estos
    vínculos permiten explotar las capacidades y llegar a
    niveles de comprensión de la realidad y de sí
    mismos que solos es imposible de alcanzar. Estos solo son
    posibles, en la
    comunicación con los otros y en el marco del desempeño o la ejecución de
    determinadas actividades.

    Estos sistemas de
    actividad y de comunicación vienen a constituir las
    condiciones externas del desarrollo, las que unidas y en especial
    combinación con las propias particularidades
    psicológicas del individuo, describen la dinámica de cada una de las etapas del
    desarrollo y permiten el salto a una etapa superior. Esto es lo
    que se conoce como, Situación Social del Desarrollo y que
    se entiende como la "combinación o relación
    única e irrepetible entre las condiciones internas y las
    condiciones externas que caracterizan al sujeto en cada etapa
    evolutiva, lo que determina el surgimiento y el desarrollo de
    nuevas actividades, formas de relación, de
    comunicación y por tanto, el surgimiento de nuevas
    acciones
    psicológicas y nuevas formaciones"
    (Bozhovich, 1976,
    p.36).

    El ser humano nace y es en la interacción social
    que desarrolla las particularidades que lo distinguen como tal,
    "La naturaleza del
    desarrollo cambia de lo biológico a lo sociocultural…",
    (Vigotsky,
    1998, p.28). Es así como el hombre vive
    relacionándose con diversos grupos que ejercen determinada
    influencia sobre él, esta es mediatizada por las propias
    características psicológicas que caracterizan a
    dicho individuo.

    El proceso de Socialización consiste en la
    apropiación por parte del individuo de toda la experiencia
    social, lo cual le proporciona la posibilidad de integrarse a la
    vida en sociedad.

    Este proceso se da precisamente como resultado de las
    interacciones que se producen entre los seres humanos e influye
    en el desarrollo de su personalidad.

    El proceso de socialización transcurre a lo largo
    de toda la vida y se caracteriza por ser de carácter bidireccional, es decir, por un
    lado se encuentra toda la influencia que ejercen los grupos y por
    otro, la recepción activa que realiza el
    individuo.

    Esta afirmación remite al papel activo de la
    personalidad como principal filtro que media la relación
    de los sujetos con su entorno. La socialización, entonces
    se da mediante diferentes agentes socializadores como la familia, la
    escuela, el
    grupo informal
    o grupo de amigos, el centro laboral, la
    comunidad que
    son los más tradicionales.

    Sin embargo; el desarrollo no siempre implica
    estabilidad, se plantean crisis en el
    desarrollo, existen momentos en que el equilibrio en
    la constante interrelación que se establece con el entorno
    puede romperse, es decir, las demandas del medio no pueden ser
    satisfechas con las posibilidades actuales del individuo y es
    aquí cuando aparece la crisis.

    Estas, que desde el sentido común pueden
    entenderse como negativas, juegan un papel importante en el
    desarrollo de la Personalidad, permiten el surgimiento de
    características psicológicas superiores que hablan
    de una mayor madurez de la personalidad y de la entrada a una
    nueva etapa del desarrollo.

    Ninguna persona es la misma a lo largo de la vida y esas
    peculiaridades que se distinguen en determinados momentos, son
    precisamente las características de cada una de las etapas
    por las que atraviesa el desarrollo de la
    personalidad.

    Se analizará entonces el desarrollo de la
    personalidad a lo largo de los diferentes períodos
    evolutivos y la influencia que ejercen los agentes socializadores
    en este proceso para la comprensión de cada una de las
    etapas por las que atraviesa el individuo en su desarrollo. Se
    describe el papel que juegan los agentes de socialización
    en la Lactancia, la Edad Temprana, la Edad Preescolar, la Edad
    Escolar, la Adolescencia, la Juventud y la Adultez
    Mayor.

    Para describir las principales características
    que son propias de cada etapa del desarrollo. Se tiene en cuenta
    los sistemas de actividad y comunicación, lo logros
    alcanzados por los sujetos y la crisis que se observa en los
    individuos. En este análisis se hace referencia al papel
    que juega el otro en el proceso de socialización del
    sujeto en cada una de las etapas del
    desarrollo.


    Desarrollo

    Lactancia (0 a doce
    meses):

    En el momento del nacimiento el niño puede
    ejecutar movimientos involuntarios, impulsivos,
    espontáneos; estirarse al despertar, pataleo, gritos;
    generalmente suelen aparecer ante estímulos sensoriales.
    Estos movimientos se caracterizan por ser reacciones totales y se
    producen involuntariamente; todas las reacciones del
    recién nacido se producen de una manera refleja e
    incondicionada de ahí que una de las
    características fundamentales de esta etapa sean los
    reflejos incondicionados. Se define como reflejos incondicionados
    a las reacciones congénitas que se producen en un
    organismo inmaduro, dichos reflejos son los que
    garantizarán la supervivencia del niño ante las
    nuevas exigencias del medio. Un caso que permite ejemplificar
    esto es el del reflejo de succión: cuando se le tocan los
    labios al niño hace movimiento de
    succión, el que le permite alimentarse.

    En los primeros momentos el recién nacido
    succiona indiscriminadamente lo mismo si se le acerca a la boca
    el seno materno, un dedo, o un biberón; en la medida que
    el niño va reconociendo los estímulos del medio va
    diferenciando las acciones que debe cometer ante cada uno de
    ellos. Así reflejos que denotan inmadurez van
    desapareciendo poco a poco a partir de los tres meses, los que
    evidencian progreso y madurez en la aparición de otras
    funciones.

    El adulto juega un papel importante en los primeros
    meses de vida, inicialmente el niño depende completamente
    de sus padres para satisfacer sus necesidades
    fisiológicas. Estas necesidades se expresan primeramente a
    través de reflejos incondicionados, los cuales el adulto
    tiene que interpretar a partir de la situación en que se
    encuentre el recién nacido; por ejemplo, el llanto del
    niño no siempre está provocado por la misma
    necesidad básica, el niño puede llorar por hambre,
    por sueño, por incomodidad, etc. El papel del adulto en
    este caso está en diferenciar el significado de cada uno
    de estos "llantos".

    Esta interacción comienza a hacerse más
    compleja tomando un significado social, un ejemplo es cuando el
    recién nacido llora por que tiene hambre, está
    buscando satisfacer una necesidad básica de alimentación, la
    madre al darle el pecho le proporciona además caricias,
    miradas, conversa con él; en esta relación no solo
    se estimulan los órganos de los sentidos,
    comienza además un proceso de trasmisión de
    sentimientos. Tanto es así que a partir de este contacto,
    el llanto del niño se va transformando y va cambiando el
    objetivo que
    persigue: pasa de ser una simple manifestación de una
    necesidad básica como alimentarse, a expresar necesidades
    sociales y afectivas cada vez más complejas, como recibir
    el cariño y la atención de sus padres.

    Claro esto no ocurre de golpe, es resultado de esta
    compleja interacción entre el adulto y el niño que
    se da en el marco del proceso de socialización de manera
    lenta y progresiva. Se podrá analizar entonces, que la
    actividad fundamental del lactante, es la relación con la
    madre. Gracias a la estimulación del adulto,
    fundamentalmente la madre, el recién nacido,
    desarrollará adecuadamente los órganos de los
    sentidos (tacto, olfato, vista y oído).

    En el vínculo emocional con el adulto el
    niño comienza a manifestar sus reacciones emocionales
    positivas, en las que expresa la necesidad de
    comunicación. Así, cuando el niño mira o
    escucha atentamente al adulto se produce una reacción
    motora: puede agitarse, comenzar a mover brazos y pies, o
    quedarse tranquilo por un breve tiempo,
    generalmente acompañado de una expresión de
    sonrisa; estas manifestaciones se conocen como el complejo de
    animación.

    A partir de esta etapa, el adulto busca constantemente
    respuestas del niño, en este intercambio le exige cada vez
    más al niño, que primero responderá con
    balbuceos, gorjeos y algunas palabras. Después comienza a
    desarrollar la comprensión del lenguaje,
    donde comprende más palabras que las que puede emitir; por
    ejemplo, se le pide que traiga un objeto o se le pregunta donde
    esta el mismo, el niño lo trae o lo señala pero no
    sabe pronunciar el nombre de dicho objeto.

    En el intento por agarrar los objetos, el niño
    comienza a desarrollar la coordinación manual, si se le
    enseña un sonajero a un bebé, este lo
    seguirá con la mirada, solo hasta después de los
    tres meses y después de muchos intentos logrará
    agarrarlo, después podrá sujetarlo y finalmente
    será capaz de agitarlo y golpear con él.

    Ya en los últimos meses de esta etapa, el
    niño ha perfeccionado la coordinación, puede
    incluso agarrar objetos pequeños con el dedo índice
    y pulgar en forma de pinza, es cuando los niños pueden
    agarrar pequeños granos. En esos intentos por apoderarse
    de los objetos, el lactante realiza movimientos con todo el
    cuerpo que lo ayudan a fortalecerse.

    En esta etapa el niño logra desde el control de la
    cabeza, el tronco, se sienta, gatea y finalmente logra permanecer
    de pie, primero con apoyo y luego sin este.

    En esta etapa, la madre y los adultos que se relacionan
    con el niño, no solo van a satisfacer sus necesidades, en
    el fuerte vínculo emocional que se establece en esta
    etapa, ellos además lo enseñarán a
    relacionarse con la realidad que lo rodea.

    Es frecuente que al caminar con el niño cargado
    por la casa, se le llame la atención hacia objetos y
    personas nuevas, todas estas acciones buscan una respuesta por
    parte del pequeño.

    Es precisamente en la relación entre la madre y
    el niño, que como resultado de las exigencias de la madre,
    aparece en el niño la necesidad de incrementar la
    comunicación con el adulto, lo que entra en
    contracción con sus posibilidades reales para realizarla
    (Cruz, 2003), se genera entonces la crisis del primer año,
    que será resuelta en la siguiente etapa con el desarrollo
    del lenguaje y la marcha.

    Teniendo en cuenta lo analizado se concluye que al
    finalizar el primer año de vida, el niño ha logrado
    el desarrollo de los órganos de los sentidos. Ha
    desarrollado las bases para el desarrollo del lenguaje. Es capaz
    de manipular intencionalmente los objetos con un
    perfeccionamiento de la acción
    prensil y puede mantenerse parado sin apoyo. Todos estos logros
    gracias al fuerte vínculo emocional con la madre que
    realizará la estimulación temprana, favoreciendo el
    desarrollo.

    • Edad tempana
      (aproximadamente desde finales del primer año hasta los
      tres años):

    Los logros del lactante le permiten al niño
    desempeñar un papel mucho más activo en su
    relación con el ambiente: se
    desplaza libremente, siente gran curiosidad por el mundo que lo
    rodea y lo explora con entusiasmo, busca ser cada vez más
    independiente.

    El adulto, a partir de este momento, pasa a asumir un
    rol de colaborador. Esto no quiere decir que se le reste
    importancia al papel que juegan los padres en la educación
    del niño, estos además de satisfacer necesidades
    básicas, son mediadores que permiten que sus hijos
    conozcan la función
    que históricamente se les ha brindado a los objetos por
    parte de la sociedad, esta etapa se caracteriza por
    ¿Qué es esto?, el niño sólo va a
    saber cómo usar una cuchara o un lápiz y la
    función de estos (ya la cuchara no la utiliza para
    golpear, o el vaso para colocar los objetos dentro de el, el
    niño es capaz de llevárselo a la boca para comer o
    beber), en la interacción con el adulto al manipular estos
    objetos.

    La manipulación de los objetos pasa ahora a
    convertirse en la actividad fundamental de esta etapa. A partir
    de este momento los intereses del niño estarán
    encaminados al dominio de nuevas
    acciones con los objetos. Aquí el adulto asume un papel de
    educador ayudante, que al enseñarle la función
    social de los objeto, contribuirá que asimile
    además normas de
    conducta en la
    sociedad.

    En el accionar con los objetos, el niño comienza
    a separar los objetos de su función social para comenzar a
    utilizarlo simbólicamente, utiliza un lápiz como un
    carrito, una cajita como una cocinita. Aquí él
    conoce la designación social del objeto pero lo utiliza
    para sustituir a otro, que no tiene a su alcance en la
    situación del juego o esta
    socialmente prohibido para su edad.

    El lenguaje en los primeros momentos esta
    básicamente ligado a las acciones con los objetos y
    depende de la interacción con los adultos en esta etapa el
    niño escucha con mucho interés
    las conversaciones y estas poco a poco comienzan a regular su
    comportamiento. En esta etapa el lenguaje se
    enriquece, la comprensión de las palabras y las
    órdenes verbales sencillas, pueden regular la conducta del
    niño. El lenguaje activo también se
    incrementa.

    En el desarrollo de la personalidad comienza aparecer
    formas elementales de reconocimiento de sí mismo como un
    ser independiente, cuando el niño primero se reconoce en
    su aspecto externo y después pasa al mundo interior, es
    cuando el niño se identifica a sí mismo en una
    foto, aparece entonces la autoconciencia. En el lenguaje comienza
    a utilizar los pronombres personales, "mío",
    "yo".

    Reconocerse a sí mismo, independizarse del adulto
    y a la vez querer ser como ellos, unido a las protestas por la
    atención constante por parte del adulto; genera
    contradicción entre las crecientes posibilidades del
    niño, las formas elementales de actividad con los objetos
    y las relaciones con los adultos. La necesidad de
    satisfacción independiente se convierte en motivo de
    perretas, negativismo y reacciones de rebeldía, lo que
    caracterizará la crisis del desarrollo en esta
    etapa.

    El manejo de los padres de esta situación es
    trascendental para el posterior desarrollo de la personalidad del
    individuo, ante dicha crisis se debe procurar mayor independencia
    en el niño, si se deja que realice aquellas actividades
    para las cuales está preparado (bañarse y comer
    solo, elegir la ropa que se va a poner y/o comprar).

    Es necesario distraer la atención de aquellas
    actividades que no puede realizar por su seguridad, o por
    no estar preparado para ellas (cocinar, fregar, mecánica de carros, operar a un paciente,
    etc.), hacia el juego de roles donde simule la actividad del
    adulto y se prepare para la próxima etapa. Siempre
    conversando y explicando al niño, por qué puede o
    no puede hacer, para lograr cierta autonomía en el
    niño que favorezca su desarrollo.

    Si el adulto se convierte en un obstáculo y no le
    permite la autonomía que necesita, puede prolongar la
    crisis y podría influir negativamente apareciendo inseguridad,
    dependencia, etc.

    ¿Cuáles son entonces los aspectos
    más importantes del niño de edad
    temprana?

    La actividad con los objetos mediadas por el adulto, del
    que aprenderá la función social de los objetos,
    posibilitándole la función simbólica de la
    conciencia,
    además, asimila elementales reglas y normas sociales. El
    dominio de la marcha erecta, el desarrollo del lenguaje y la
    aparición de la autoconciencia, son otros de los logros de
    la etapa.

    El adecuado manejo de la crisis por el adulto,
    sentará las bases para un eficaz desarrollo de la
    personalidad futura. Según Mujina, Cherkes – Zide, y
    Rechtnikok (1981) las transformaciones cualitativas en los tres
    primeros años de vida son tan considerables que se pudiera
    decir que el niño se encuentra en el punto medio de
    desarrollo del hombre.

    • Preescolar
      (aproximadamente desde los 4 hasta los 6
      años).

    En el caso de esta etapa, el niño adquiere
    facilidad para manejar el lenguaje y las ideas le permiten formar
    su propia visión del mundo, a menudo sorprendiendo a los
    que lo rodean. El lenguaje egocéntrico, es cuando el
    niño al jugar sólo o acompañado planea en
    voz alta las acciones que él mismo va a realizar (-"ahora
    voy a mover el carro de aquí para
    allá").

    Esta situación es motivo frecuente de
    preocupación de los padres pues piensan que el niño
    está hablando sólo. Este no aparece por mucho
    tiempo para acompañar las acciones del niño, poco a
    poco comienza a convertirse en un instrumento del pensamiento en
    la búsqueda de solución de problemas que
    se le presentan en la situación de juego, desarrolla su
    capacidad para utilizar símbolos en pensamientos y acciones, y
    comienza a manejar nociones como edad, tiempo, espacio. Esta es
    la etapa del pensamiento preoperacional, es decir, la etapa en la
    cual se empiezan a utilizar los símbolos y el pensamiento
    se hace más flexible.

    La función simbólica (capacidad para
    representarse mentalmente imágenes
    visuales, auditivas o cinestésicas que tienen alguna
    semejanza con el objeto representativo, por ejemplo, puede
    utilizar una cuchara como un martillo en un momento determinado
    aunque sabe que esa no es la verdadera función de ese
    objeto) se manifiesta a través del lenguaje, la
    imitación diferida y el juego simbólico. La
    capacidad para expresar sus necesidades y pensamientos a
    través del lenguaje les ayuda a ser más
    "independientes".

    Despunta el aprendizaje
    del mundo de las relaciones y del lugar que se ocupa en
    éstas y en el mundo en general, a partir de la
    asimilación de reglas que son trasmitidas por la familia como
    agente de socialización. Esta asimilación de reglas
    se lleva a cabo a través de la actividad fundamental de
    esta etapa: el juego de roles. Este consiste en la simulación
    por parte del niño de las actividades que realiza el
    adulto en su vida cotidiana. Es cuando juega a la casita y asume
    el papel de mamá o papá.

    Si bien, a finales de la etapa comienzan a establecer
    relaciones de amistad, las
    relaciones fundamentales son con sus padres, aunque ya se va
    viendo cómo se va ampliando progresivamente el marco de
    las relaciones sociales que promueven la socialización del
    individuo.

    Si en etapas anteriores la familia era la que
    esencialmente se ocupaba de trasmitir normas y valores, ahora
    se le incorporan los coetáneos, es decir, los niños
    de su misma edad que comparten el juego. Su interés por el
    mundo de los adultos, se canaliza a través del juego de
    roles. Es en la imitación de los adultos, donde se
    enriquece la imaginación y se desarrollan la
    atención y la memoria
    voluntaria, en función de mantener los argumentos del
    juego.

    Aquí ocurre un enriquecimiento del lenguaje y
    aparece el lenguaje explicativo, el cual posibilita relatar un
    grupo de acciones sin necesidad de ejecutarlas durante el
    juego.

    Los niños absorben valores y actitudes de
    la cultura en la que los educan. Van viviendo un proceso de
    identificación con otras personas; es un aprendizaje
    emocional y profundo que va más allá de la observación y la imitación de un
    modelo.

    En esta etapa se destaca que el papel de los adultos en
    la preparación para el ingreso a la escuela, es
    fundamental. La inserción en un mundo desconocido, con
    nuevas exigencias, puede generar crisis de adaptación en
    los niños preescolares.

    • Edad escolar
      (comprende aproximadamente de los seis a los once
      años).

    El período escolar tiene como evento central el
    ingreso a la escuela. A esta edad el niño debe cambiar su
    ambiente cotidiano, donde quedan fuera aquellas personas que
    forman su familia y su mundo hasta ese momento. Con el ingreso a
    la escuela el niño se inserta a la actividad de estudio,
    que a partir de ese momento va a establecerse como actividad
    fundamental de la etapa.

    Este hecho amplía aún más el
    contacto del niño con la sociedad a la que pertenece, la
    cual impone exigencias que requieren del desarrollo de nuevas
    habilidades y destrezas para su superación
    exitosa.

    El niño se enfrenta y adecua a un ambiente nuevo
    en el cual deberá lidiar con demandas desconocidas hasta
    ese momento para él, aprender las expectativas de la
    escuela y de sus profesores y lograr la aceptación de su
    grupo. Es en la escuela donde se le van a entregar las herramientas
    necesarias para desenvolverse en el mundo adulto.

    El desempeño del escolar se puede ver afectado en
    función de si se ha logrado o no las tareas del desarrollo
    de las etapas anteriores, ya que este período puede hacer
    evidente algunos problemas que son el resultado de dificultades
    en los métodos
    educativos de la familia. Ese niño, que en las etapas
    anteriores no le brindaron la posibilidad de desarrollar su
    autonomía, utilizándose métodos
    sobreprotectores, autoritarios o permisivos, pudiera presentar
    dificultades para adaptarse a la escuela.

    Además de la actividad de estudio, en esta etapa
    es esencial el juego. El papel del juego consiste en dar
    oportunidades de aprendizaje. En él, el niño tiene
    la posibilidad de ir ganando confianza en sus capacidades, entrar
    en contacto con el grupo de pares y relacionarse con ellos,
    aprendiendo a aceptar y respetar normas. El juego brinda modos
    socialmente aceptables de competir, canalizar energía y
    actuar en forma agresiva.

    En esta etapa el juego de roles se complejiza y permite
    la aparición del juego de reglas (damas, parchis,
    escondidos), el cual implica respeto a la
    cooperación social y a las normas, existiendo
    sanción cuando ellas se transgreden. Este juego es el que
    va a persistir en la adultez.

    En esta etapa la relación con los padres cambia,
    continuándose el proceso gradual de independencia y
    autonomía, que ya se venía desarrollando desde
    etapas anteriores. Los padres siguen siendo figuras muy
    importantes; los niños se dirigen a ellos buscando afecto,
    guía, vínculos confiables y duraderos,
    afirmación de su competencia y
    valor como
    personas.

    Progresivamente, va teniendo lugar una
    corregulación de la conducta entre el niño y sus
    padres. Éstos realizan una supervisión general en el control, y el
    hijo realiza un control constante. La eficiencia de
    esta regulación está determinada por la claridad de
    la comunicación entre padres e hijos, las reglas claras,
    sistemáticas y consistentes.

    El maestro en este período comienza a tener una
    mayor importancia, como figura sagrada, que inmediatamente se
    convierte en el modelo a imitar. Los maestros imparten valores y
    transmiten las expectativas sociales al niño y a
    través de su actitud hacia
    él colaboran en el desarrollo de su autoestima. Se
    ha demostrado que aquellos profesores que muestran confianza en
    la capacidad del niño, incentivan el trabajo y
    el desarrollo de potencialidades, a la vez que favorecen un
    autoconcepto y una autoestima positivos. Esto se produce de esta
    forma, porque en esta etapa la figura del maestro constituye un
    modelo para el escolar, y este se esforzará constantemente
    para lograr el reconocimiento del maestro.

    El escolar llega a esta etapa ávido de
    conocimientos y de interpretar las relaciones entre los
    diferentes objetos y eventos de la
    realidad. Es precisamente el maestro el portador de estos
    conocimientos, por lo que se convierte en alguien muy importante
    para el alumno, el cual tratará de imitarlo. Queda
    demostrado el importante papel que juega el maestro en la
    transmisión de normas y valores al niño.

    Además, aparece el grupo escolar como un
    referente importante y que se va a constituir en uno de los ejes
    centrales del desarrollo del niño en esta
    etapa.

    El grupo, en los escolares, comienza a tener una
    importancia cada vez mayor para el niño, ya que es en la
    interacción con ellos donde descubren sus aptitudes y es
    con ellos con quienes va a medir sus cualidades y su valor como
    persona, lo que va a permitir el desarrollo de su autoconcepto
    (es el sentido de sí mismo, se basa en el
    conocimiento de lo que hemos sido y lo que hemos hecho y
    tiene por objetivo guiarnos a decidir lo que seremos y haremos) y
    de su autoestima (es la imagen y el valor
    que se da el niño a sí mismo). Las opiniones de sus
    compañeros acerca de sí mismo, van a tener peso en
    su imagen personal.

    El intercambio con los compañeros permite al
    niño poder
    confrontar sus opiniones, sentimientos y actitudes,
    ayudándole a examinar críticamente los valores que
    ha aceptado previamente como incuestionables de sus padres, y
    así ir decidiendo cuáles conservará y cuales
    descartará.

    Por otro lado, este mayor contacto con otros
    niños les da la oportunidad de aprender cómo
    ajustar sus necesidades y deseos a los de otras personas,
    cuándo ceder y cuándo permanecer firme.

    En este ámbito vale destacar como aspecto
    negativo que los niños de esta edad son muy susceptibles a
    las presiones para actuar de acuerdo con los pares. Esto
    principalmente afecta a los niños de baja autoestima y
    habilidades sociales poco desarrolladas.

    En términos generales, la relación con lo
    pares, contrapesa la influencia de los padres, abriendo nuevas
    perspectivas y liberando a los niños para que puedan hacer
    juicios independientes.

    A partir de los seis años, el niño
    comienza a operar a través de conceptos
    científicos, por lo que tendrá iniciar el conocimiento
    de la esencia y diferencia de objetos y fenómenos de la
    realidad. Para llegar a la esencia es necesario partir de
    situaciones concretas.

    Esto quiere decir que puede resolver problemas,
    utilizando la representación mental del hecho sin
    necesidad de operar sobre la realidad para resolverlo. Sin
    embargo las operaciones
    concretas están estructuradas y organizadas en
    función de fenómenos concretos, sucesos que suelen
    darse en el presente inmediato.

    Si al niño se le pone en una situación
    problemática, el puede resolverla sin necesidad de mover
    objetos para hallar la solución, sólo
    representándose la solución en su
    imaginación, siempre y cuando los objetos para resolver el
    problema estén presentes en el espacio físico en el
    que se encuentra el escolar en ese momento.

    Por otro lado, hay un perfeccionamiento de la memoria, tanto
    por que aumenta la capacidad de ella, como porque mejora la
    calidad del
    almacenamiento y
    la
    organización del material. Se enriquece el
    vocabulario, hay un desarrollo de la atención y la
    persistencia de ella, en la tarea.

    El lenguaje se vuelve más socializado y reemplaza
    a la acción. Ya el niño no tiene que realizar una
    acción en un juego, sino por medio del lenguaje puede dar
    esta por hecha. Todos estos procesos
    cognitivos se vuelven más voluntarios en esta etapa. Esto
    es lo que posibilita este perfeccionamiento en ello.

    Por último, esta etapa se caracteriza
    además por presentar una mayor estabilidad en sus
    intereses. La satisfacción de sus necesidades
    psicológicas, están relacionadas con la actividad
    de estudio y el conocimiento
    científico de los objetos.

    Se desarrollan sentimientos sociales y cualidades
    morales, apareciendo la moral
    vinculada a la consideración del bienestar del otro, lo
    que puede ocurrir debido al desarrollo cognitivo que se produce
    en esta edad y que permite que el niño considere puntos de
    vista diferentes a los suyos. Esto implica que el niño
    puede imaginar como piensa y siente otra persona.

    A modo de resumen es necesario destacar el surgimiento
    del pensamiento conceptual, como una importante
    adquisición de la personalidad en esta etapa, que permite
    incrementar el carácter consciente y voluntario de los
    procesos psíquicos. Los intereses en esta etapa
    están estrechamente vinculados con el estudio como
    actividad fundamental. El interés por el conocimiento
    científico de los objetos, se da fundamentalmente en las
    relaciones escolares con el maestro y sus compañeros, sin
    que la familia deje de jugar su importante e insustituible papel
    como agente de socialización.

    • Adolescencia
      (abarca aproximadamente entre los 11 y 20
      años).

    Una vez que el escolar llega a los 11 años,
    comienza a transitar por una etapa en la que vivencia profundos y
    significativos cambios internos y externos, en la cual tiene
    lugar uno de los momentos más críticos del
    desarrollo de su personalidad.

    En este período ocurren algunos cambios
    físicos que contribuyen a una imagen personal cambiante e
    inestable Todos estos cambios son percibidos por el (la)
    adolescente, quien va experimentando sentimientos en
    relación a ellos, los que se manifiestan en el área
    afectiva, social y en la cognitiva.

    El adolescente es capaz de fundamentar juicios y exponer
    ideas emitiendo criterios críticos. Esto gracias al
    desarrollo de reflexiones basadas en conceptos científicos
    obtenidos en etapas anteriores y enriquecidas con la actitud
    activa de los adolescentes,
    hacia el conocimiento de la realidad.

    Dentro de las características distintivas de esta
    etapa, sobresale la inestabilidad emocional, que se expresa en
    constantes dificultades en la interrelación con los
    adultos, irritabilidad, hipersensibilidad y bipolaridad entre
    introversión y extroversión; todo esto ha
    contribuido a la visión comúnmente difundida de
    esta etapa como crítica
    o caótica, contrastando con la etapa anterior (edad
    escolar) en que la personalidad del niño y su
    configuración física son muy
    estables y predecibles.

    Uno de los sentimientos que caracterizan al adolescente
    es el de ser incomprendido, lo cual se relaciona con una percepción
    de no ser niño ni joven, que viene dada porque el
    adolescente comparte algunas características de los
    adultos(como puede ser la capacidad de procrear, y de
    desempeñarse en alguna profesión), pero socialmente
    no se les permite expresarla como tal. Esto provoca un conflicto
    entre lo que potencialmente el adolescente puede hacer y lo que
    socialmente le es permitido.

    Esto produce un quiebre en las relaciones
    interpersonales en las diferentes áreas (familia,
    amistades). Comienza a enfatizarse el afán de
    independencia que marca conflictos en
    las relaciones con los padres, ya que esto también oscila
    entre arranques de independencia y actuaciones infantiles que
    requieren protección y dependencia.

    Esta posición intermedia, en la que el
    adolescente no es ni niño, ni adulto, sus necesidades de
    independencia (aunque depende de los padres), y la
    búsqueda constante de identidad, son
    elementos fundamentales que caracterizan la crisis en este
    período.

    En esta etapa ya el grupo de amigos redimensiona su
    significación, volviéndose de vital importancia
    para el adolescente. Es a partir de la posición que ocupa
    en el grupo de amigos, y de cómo lo valoran los
    integrantes de dicho grupo, que va a conformarse la
    autovaloración del adolescente.

    Dicho de otro modo, el adolescente se va a percibir a
    sí mismo en función de la percepción que
    tiene su grupo de él. Si en el grupo es reconocido y lo
    perciben positivamente esto influirá en la manera en que
    él exprese su comportamiento. De lo contrario puede tender
    a la búsqueda constante de aceptación por parte del
    grupo.

    Esta es una de las características fundamentales
    del los grupos informales, ya que la mayoría de los
    intereses del adolescente están dirigidos hacia la
    actividad que realizan estos grupos, los cuales definen los
    intereses que van surgiendo en los adolescentes. Además el
    grupo de amigos deviene en una fuente muy importante de
    satisfacción de necesidades que el individuo no satisface
    ni en la familia ni en la escuela.

    Igualmente las posiciones morales que adopta el
    adolescente dependen de las exigencias vigentes en el grupo. A
    pesar que el adolescente tiene sus propias ideas y juicios
    morales, estos sólo se expresan en función de lo
    que el grupo acepta o no. Así, el adolescente no
    sólo se apropia de valores y normas, sino de patrones de
    conducta, modas, ideales, estereotipos, etc.

    Es por ello que ratificamos la importancia del grupo de
    amigos como agente socializador en esta etapa, ya que moviliza el
    comportamiento de sus integrantes.

    Claro que en esto también interviene un agente de
    socialización que con su labor puede influir en los grupos
    informales. Nos referimos a la comunidad. En una comunidad se
    puede encontrar cómo confluyen numerosos grupos
    informales, así como interactúan numerosas familias
    y además puede estar presente la escuela. La comunidad es
    un agente socializador muy complejo, en el cual se integran
    varios agentes de socialización.

    Las características de la comunidad en la que se
    inserta el individuo, ejercen una influencia sobre los grupos
    informales y la familia, y por transitividad, ejercerá una
    influencia en el adolescente. Esta debe ser la encargada de
    transmitir las normas de control social, que serán
    establecidas en función de los criterios de los miembros
    de la comunidad.

    O sea, una comunidad en la cual existan constantes
    peleas entre sus habitantes, altos índices de delincuencia,
    drogadicción, violencia
    familiar, etc., transmite valores negativos y distorsionados
    a los adolescentes que la integran. Por tanto, esta se ve
    limitada en su función de control social, y los grupos
    informales que se forman en esa comunidad reflejan
    características de esta y organizarán sus
    actividades en función de estas conductas
    antisociales.

    Se reafirma la importancia de un adecuado clima y de una
    integración de todos los factores en la
    comunidad para la adecuada función educativa que esta
    desempeña para el desarrollo de la personalidad del
    adolescente.

    La sociedad debe entonces a orientar y promover la
    integración entre la familia, la escuela y la comunidad,
    para que la comunicación fluya adecuadamente y todos estos
    agentes participen conjuntamente en el proceso de
    socialización del adolescente. Esto adquiere vital
    importancia puesto que si cada uno trabaja por su lado se pierde
    la posibilidad de ejercer una única influencia positiva en
    el adolescente que permita una resolución constructiva de
    la crisis que se da en esta etapa.

    Se consideran logros de la adolescencia, la actitud
    activa en la búsqueda de conocimiento, el desarrollo de
    formaciones superiores como la autovaloración, los ideales
    y la
    motivación profesional, que se dan fundamentalmente en
    las relaciones con sus amigos, pero siempre como resultado de la
    influencia de la familia y los maestros en etapas anteriores y
    del manejo adecuado de las situaciones críticas que
    generan los cambios de esta etapa. De ahí la importancia
    de dirigir concientemente las influencias educativas de todos los
    agentes socializadores.

    • Juventud (etapa
      que comprende aproximadamente de los 20 hasta los 35
      años de edad).

    La resolución de la crisis del adolescente,
    permite el paso a una etapa en donde el individuo se vuelve
    más independiente y toma más responsabilidad en sus actos. En la juventud el
    individuo comienza a desprenderse de los grupos, dejando de ser
    estos, el regulador externo de su conducta. Aparece entonces, una
    autodeterminación consciente, que posibilitará la
    regulación interna del comportamiento.

    Aquí su autovaloración depende más
    de la imagen que el tiene de sí mismo, que de las
    opiniones de los grupos a los cuales pertenece. Sus relaciones
    sociales, en este período, se dirigen fundamentalmente a
    la búsqueda de pareja, con el fin de formar una familia
    estable.

    En la etapa juvenil, la preocupación constante
    por la superación profesional, se convierte en la
    actividad fundamental del desarrollo de la personalidad.
    Comienzan a aparecer intereses hacia diversas áreas
    profesionales, que se venían gestando desde la
    adolescencia, pero que aquí se consolidan.

    A partir de este momento se toman decisiones acerca de
    la profesión o trabajo que
    realizará el resto de su vida, que estarán
    estrechamente relacionadas con el contenido de los ideales en
    esta etapa. El joven se convierte en el centro de su propio
    ideal, se incluyen además modelos de
    figuras familiares con fuerte vínculo afectivo,
    compañeros y personalidades históricas.

    Otro logro importante es la posición valorativa
    que el joven tiene acerca de la realidad que lo rodea. Aparece
    entonces una concepción del mundo más estructurada
    que permite al joven comprender y emitir juicios sobre diversas
    situaciones, relacionados a componentes morales, vistos como
    sistemas de normas y valores. Esta concepción del mundo es
    la posición que se asume ante la situación
    determinada y que permite llegar a emitir juicios de valor y una
    actuación en correspondencia con estos juicios.

    El joven desarrollará a plenitud todas sus
    capacidades en cualquiera de las actividades en las que se
    desenvuelva, ya sea en el estudio o en el trabajo. Su
    desempeño se caracteriza por un alto grado de
    expresión en su actividad creadora.

    En el ambiente escolar, sus vínculos afectivos
    son más activos y
    comunicativos. Las relaciones con sus compañeros y
    profesores se estructuran teniendo en cuenta su
    preparación. En el marco laboral, el grupo comienza a
    jugar un valioso rol. Los compañeros de trabajo, a partir
    de este momento, le transmitirán nuevas experiencias y
    pautas de comportamiento.

    En este período, la familia de origen ya no ocupa
    el lugar fundamental que tenia en las etapas anteriores. El joven
    es más independiente, y el papel que juega la familia es
    de consejero y orientador. Ya el joven está en capacidad
    de tomar sus propias decisiones y responsabilizarse con su propia
    vida. El incremento de la madurez y el autocontrol en esta etapa,
    se expresa en relaciones más activas y
    afectivas.

    La comunidad, al igual que en el adolescente,
    contribuirá a garantizar la transmisión de reglas y
    normas que posibiliten el ajuste a las exigencias del medio. De
    esta manera, la comunidad continúa ganando importancia en
    la influencia que ejerce en sus miembros como agente
    socializador.

    En la juventud se profundiza la formación de la
    personalidad. Los motivos dirigidos a la superación
    profesional, posibilitan una regulación interna de la
    personalidad basada en la autodeterminación conciente; que
    garantiza la madurez y responsabilidad necesaria en la
    proyección futura (Fernández, 2003).

    • Madurez o
      Adulto Medio (aproximadamente a partir de los 35 años
      hasta comienzos de los 60)

    Las personas se comprometen con metas de largo alcance y
    problemas prácticos de la vida real, que posiblemente se
    asocien a las responsabilidades frente a los demás. En
    esta etapa el desarrollo intelectual está en
    relación con el reconocimiento que las personas hacen de
    lo que es importante y significativo para sus vidas.

    En la edad adulta media, el individuo, se dedica a
    ejercer sus responsabilidades, lo mismo pueden ser sociales o
    familiares. Tienen los propósitos de lo que hacen y se
    preocupan menos por tareas que no tienen ningún
    significado para ellos.

    Aquí la personalidad alcanza su máxima
    expresión de integración y complejidad, o sea,
    queremos decir que la personalidad para esta etapa ya se ha
    estructurado completamente y ha alcanzado la madurez. En esta
    edad, se concentran en sus obligaciones
    ante sus familias y la sociedad, y desarrollan aquellos aspectos
    de la personalidad que fomentan estas metas.

    El desarrollo moral depende
    del desarrollo cognoscitivo, el desarrollo moral es en esencia
    una función de la experiencia, por lo que sus relaciones
    se establecen sobre la base del prestigio y la autoridad.
    Ellos se caracterizan por un desarrollo pleno de sus capacidades
    intelectuales
    y de las habilidades sociales.

    La influencia de los agentes socializadores en esta
    etapa es menos directa, aunque continúan contribuyendo al
    desarrollo de la personalidad. Así la familia, el grupo de
    amigos y la comunidad se comportan de forma similar a como
    incidían en la etapa juvenil, pero exigiéndole una
    mayor responsabilidad
    social. En el caso de la familia, el adulto además de
    recibir las influencias de la familia de origen, es el encargado
    de cumplir funciones educativas y de sostén
    económico de su pareja y su descendencia.

    El centro laboral, es importante para el desarrollo de
    la personalidad, porque, en función de la
    satisfacción con la realización de la actividad y
    la valoración social de sus resultados, el individuo se
    empeñará en la constante autosuperación. La
    decisión de permanecer o no en el trabajo puede depender
    del crecimiento intelectual y personal que éste aporte. Es
    aquí donde el adulto medio establece las relaciones
    sociales más sólidas.

    • Adultez
      Mayor.

    Las relaciones sociales mantienen su importancia en la
    etapa siguiente para los ancianos (conocida también como
    vejez o tercera edad que comprende a partir de los 60
    años hasta la muerte),
    como para las personas de todas las edades, lo que su
    énfasis radica en la familia y las relaciones que
    establece con otros individuos de la tercera edad ya que en esta
    etapa el individuo se jubila.

    Al avanzar la edad, ocurren varios cambios
    físicos, incluyendo alguna pérdida del color, textura y
    elasticidad de la
    piel;
    adelgazamiento y encanecimiento del cabello; disminución
    de la talla corporal; adelgazamiento de los huesos;
    pérdida de la agudeza visual necesitando anteojos para
    leer; se produce una disminución de la capacidad auditiva,
    en especial los sonidos de frecuencia más alta; disminuyen
    de modo gradual la fuerza y la
    coordinación motora. La "práctica constante" de
    algunas habilidades resiste los efectos de la edad. Las personas
    de edad avanzada experimentan un debilitamiento general de las
    respuestas y del procesamiento de información.

    Estos cambios no son sinónimo de desempeño
    deficiente, a pesar de ellos, existen otros aspectos
    característicos de este período que igual
    posibilitan su desempeño social, entre los que se destaca,
    la experiencia acumulada, o habilidades que durante años
    permanecieron estancadas o desplazadas por la necesidad de asumir
    otras responsabilidades sociales (habilidades manuales,
    artísticas, etc.). Es frecuente encontrarse adultos
    mayores que se dediquen a participar activamente en actividades
    comunitarias.

    En esta etapa la familia y la comunidad son los
    máximos responsables de mantener al adulto mayor activo
    socialmente. La familia es aún la fuente primaria de apoyo
    emocional. En ella el adulto satisface una necesidad muy
    importante que aparece por primera vez en esta etapa y que es la
    necesidad de autotrascendencia.

    Esta necesidad viene dada porque el anciano hace
    conciente la cercanía de la muerte y por
    lo tanto busca quedar en los otros, sentir que su vida no ha sido
    en vano y que ha hecho cosas importantes y por lo cual
    será reconocido.

    La familia juega un papel fundamental, porque es dentro
    del hogar donde el adulto va a desarrollar sus actividades. Es
    necesario crearle un ambiente que favorezca el crecimiento
    personal. Esto se puede lograr dando oportunidades para que
    continúe manteniendo una activa participación en
    las decisiones familiares, se puedan sentir útiles y para
    que continúen fortaleciéndose los vínculos
    afectivos.

    Por su parte la comunidad también garantiza la
    satisfacción de esta necesidad de autotrascendencia,
    permite la posibilidad de sentirse útiles y reconocidos
    socialmente. Esto se puede lograr mediante la
    participación de los adultos mayores en tarea y
    actividades de su comunidad.

    Conclusiones

    Queda demostrado que el grupo es el mediador principal
    en la relación del hombre con la sociedad y dentro de
    él se dan procesos que lo hacen un espacio social
    único e irrepetible y que participan en la
    modificación o aparición de nuevas concepciones,
    valoraciones y actitudes.

    Los agentes de socialización, tienen gran
    relevancia en el desarrollo de la personalidad, están
    presentes a lo largo de toda la vida del sujeto, pero no todos
    influyen de la misma manera en todos los momentos por los que
    atraviesa el desarrollo de la Personalidad.

    Cada etapa evolutiva se caracteriza por regularidades y
    logros que sientan las bases a nuevos periodos, la
    situación social de desarrollo definirá en
    última instancia la influencia de los agentes
    socializadores en el desarrollo de personalidad.

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    Lic. Anai Guerra
    Labrada

    Estudios realizados: Licenciada en Psicología
    (1994). Universidad de
    Central de las Villas. Villa Clara, Cuba.
    Diplomado en Psicoterapia
    Concreta de Aptitudes (2002). Instituto Superior de Ciencias
    Médicas "Carlos J. Finlay", Camagüey. 280 horas.
    Diplomado en Formación de Trabajadores Sociales (2003),
    Universidad de La Habana. Ciudad de La Habana. 264
    horas.

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