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El pensamiento latinoamericanista y panamericanista: Una dicotomía irreconciliable




  1. La doctrina Monroe: América para los americanos
  2. Pensamiento latinoamericanista de bolívar y Marti
  3. Conclusiones
  4. Referencias bibliográficas

INTRODUCCIÓN

La fundación de los Estados Unidos en 1776 creó una ambigüedad por su nombre, que desde entonces podía referirse a un país o a todo el continente. La solución que encontraron los países angloparlantes fue obvia: considerar que había dos Américas. En español, muchos intelectuales y políticos prefirieron hablar de "Los Estados Unidos de Norteamérica", y continuaron utilizando el sentido original de la palabra América para designar el continente completo.

La elección misma de su nombre es un indicio del proyecto expansivo de Estados Unidos y su "destino manifiesto" de ser líder de todo el continente, lo que ha sido motivo de fricciones políticas hasta el día de hoy.

La idea de la unidad latinoamericana es anterior a la propia independencia de América Latina. Ya en 1797 el patriota venezolano Francisco de Miranda concibió un proyecto para la creación de una "Gran Unión Americana" sobre la base de los estados que surgieran producto de la liberación de España.

Al extinguirse los imperios coloniales de España y Portugal en América, se dió una agitada actividad diplomática por parte de las grandes potencias de aquella época. Aspiraban a apoderarse de territorios y nuevos mercados y trataban de supeditar a su control a los jóvenes Estados Independientes. Entre estas potencias, Estados Unidos manifestaba especial atención.

Este país estaba involucrado en los conflictos entre los estados europeos y gozaba de la ventaja de su situación geográfica. Al conquistar la independencia casi medio siglo antes que sus vecinos de América Latina, Estados Unidos, ya a principios del siglo XIX, emprendió el camino de desarrollo capitalista acelerado. La revolución industrial se inició en el nordeste del país. Simultáneamente en el sur adquirieron amplia expansión las plantaciones basadas en el trabajo de los negros esclavos, pero orientadas directamente hacia el mercado. Luego de consolidar su economía, surgieron en el mundo político estadounidense, ideas expansionistas. Estas ideas fueron desarrolladas por la nueva generación de estadistas norteamericanos de las primeras décadas del siglo XIX. El secretario de Estado J. Adams fue uno de los primeros en argumentar la idea de la "predeterminación del destino". Este planteaba la creación de un sistema, cuyo centro era Estados Unidos y en él estaría toda América del Sur (Cfr. Glinkin, 1984:21 ).

En los últimos cien años, el Panamericanismo ha evolucionado mucho, se ha perfeccionado y adaptado a las exigencias de la situación política internacional del momento, tanto sus teorías como sus postulados ideológicos.

DESARROLLO

LA DOCTRINA MONROE: AMÉRICA PARA LOS AMERICANOS

Cuando los países de América Latina acceden a la independencia, la antigua metrópoli, España y sus aliados europeos comienzan a desarrollar planes con miras a reconquistar los frágiles nuevos estados. Es así, que en esa primera etapa, Estados Unidos perfila su doctrina Monroe, con el objeto primordial de defender la libertad americana. Cuando estos países logran consolidarse como estados soberanos a mediados del siglo XIX, el país norteño propuso el llamado "Panamericanismo", como mecanismo para lograr la confraternidad latinoamericana, en torno al liderazgo de Estados Unidos.

Así, la Doctrina Monroe y el Panamericanismo buscaron, bajo diversas vías, llevar a la práctica el propósito estadounidense de hacer de Latinoamérica un subcontinente que respondiera a sus propósitos e intereses, lo cual fue demostrado por el devenir histórico y las acciones concretas que el país norteño llevó a cabo en estas dos centurias.

El 2 de diciembre de 1823, en su mensaje anual al Congreso, el presidente James Monroe formuló una serie de principios de la política exterior de Estados Unidos, que recibieron el nombre de Doctrina Monroe. En esta importante declaración se proclamaba que: "el continente americano no puede ser en adelante objeto de colonización por parte de las potencias europeas...absteniéndose de intervenir en los asuntos de Europa, Estados Unidos, considerará como acciones hostiles cualesquiera intentos de los estados europeos de injerencia política o de otra índole en los asuntos de los países del continente americano".(Jaich, 1950:440).

Así, la Doctrina Monroe se convirtió en bandera de la política de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental por muchos decenios.

Aguilar, plantea que la acción del Presidente de Estados Unidos James Monroe estaba dictada por los intereses de largo alcance de lograr una posición dominante en el Hemisferio Occidental: "lo que Estados Unidos buscaba no era fortalecer la independencia de América Latina, ni menos mezclarse en la guerra contra España: el móvil real de la política de Monroe era establecer las bases de la hegemonía de Estados Unidos en el continente". De hecho, Monroe declaró a todo el Hemisferio Occidental "zona de los intereses vitales y la seguridad de Estados Unidos". Por ello, su doctrina no tenía carácter defensivo, sino que estaba dirigida en esencia contra los países de América Latina, así como contra Gran Bretaña y otras potencias europeas como rivales de Estados Unidos en la lucha por las esferas de influencia en esta región del mundo.

Un factor importante que influyó sobre la decisión del presidente Monroe de hacer público su mensaje a finales de 1823 fue el próximo Congreso de Panamá. La posible creación en este congreso, de una sólida unión de los jóvenes Estados Independientes de América del Sur, hubiera constituído un insuperable obstáculo para los planes de dominio

norteamericano en la región. De ahí que Estados Unidos estuviese profundamente interesado en mantener el aislamiento de los países vecinos y en el fracaso del Congreso de Panamá.

La proclamación de la doctrina Monroe en el momento en que marchaba rápidamente la preparación práctica del Congreso de Panamá perseguía el objetivo de [debilitar] la unidad latinoamericana. Las garantías de independencia de los países latinoamericanos que se declaraban en ella parecían privar de sentido la futura unión de los Estados de América Latina. Con su mensaje, el presidente Monroe quería también afianzar las posiciones de aquellos dirigentes latinoamericanos que como el vicepresidente de Colombia, Santander, preferían orientarse a Estados Unidos y en virtud de unas u otras causas se mostraban reservados e incluso, contrarios a los planes de Bolívar.

Es significativo, que a pesar de haber recibido invitación, Estados Unidos, no participó en el Congreso de Panamá. Como se ha mencionado, en vista de su actitud hostil hacia la causa de la independencia de América Latina, Bolívar no pensaba invitar al vecino del Norte a participar en el Congreso de Panamá. En una de sus cartas a Santander, Bolívar subrayaba: "no creo que los (norte) americanos deban entrar en el congreso del Istmo..." Sin embargo, Santander, en nombre del Gobierno de Colombia y a continuación México y Centroamérica, enviaron invitaciones a Estados Unidos, instándole a enviar sus delegados a Panamá.Una de las razones al respecto era poder lograr de los Estados Unidos compromisos concretos de apoyo en lugar de las difusas promesas contenidas en la Doctrina Monroe.

Los países del subcontinente comprendieron, con el tiempo, las verdaderas motivaciones del país norteño, por lo cual, frente a las intenciones norteamericanas, jamás reconocieron la declaración del presidente Monroe como "norma de derecho internacional" y menos como "inteligencia regional".

En la Conferencia Latinoamericana por la Soberanía Nacional, la Emancipación Económica y la Paz, alguien se expresó así:"Rechazamos la doctrina de Monroe y la política de pretendida solidaridad y defensa hemisférica que menoscaba nuestra soberanía.

El eslogan popular de la doctrina Monroe, "América para los americanos", adquirió entonces un sentido de ironía: ¿cuál de las Américas para cuáles de los americanos?

Lázaro Cárdenas, como presidente de México declaró en Enero de 1930: "La doctrina Monroe nunca fue reconocida ni pudo serlo por México ni por las demás naciones de la América Hispana; mientras fue sólo la expresión de una política unilateral que los Estados Unidos impusieron, con el doble propósito de excluir de este continente a los países de Europa y de defender sus propios intereses en América. Tal doctrina mal interpretada y aplicada más allá de su original extensión, llegó a convertirse algunas veces en pretexto de intervención". (Dallanegra, 2002).

Estos hechos, ocurridos este siglo, revelan el recelo de muchos países latinoamericanos ante la doctrina y su verdadera esencia política.

Asi pues, podemos decir que el Panamericanismo cuenta con una declaración pública, oficial y solemne en la doctrina de Monroe.

El término "Panamericanismo" fue utilizado por primera vez en el periódico norteamericano New York Evening Post, el 7 de septiembre de 1889 y después adquirió amplia difusión. Los apologistas de la doctrina del Panamericanismo tratan de darle otra connotación a la verdadera esencia y el carácter agresivo de la política que ha practicado Estados Unidos, bajo la bandera del mismo.

Con este fin el Panamericanismo se presenta como "obra común" de los países latinoamericanos y de Estados Unidos. Bemis, (1950:285-286), plantea que el Panamericanismo representa la "tendencia, expresada más o menos claramente, de las repúblicas del Nuevo Mundo a colaborar como buenos vecinos para fomentar la compresión mutua de los intereses comunes, así como para la realización de éstos".

Asimismo, como ya se ha señalado, el Panamericanismo es presentado como heredero de las ideas de la solidaridad latinoamericana de Bolívar o bien se maneja la idea de que en su desarrollo el panamericanismo pasó por dos etapas: la latinoamericana (hasta finales delsiglo XIX) y la norteamericana (desde fines del siglo XIX hasta el presente). En realidad, la práctica ha demostrado que el Panamericanismo no es sino el desarrollo ulterior de la doctrina Monroe y de las ideas de la República norteamericana sobre el papel dirigente de Estados Unidos en los asuntos del Hemisferio Occidental adaptado a las condiciones de la época del imperialismo.

Su principal exponente fue el Secretario de Estado de Estados Unidos James Blaine, uno de los líderes del Partido Republicano, quien a principios de los años 80 del siglo XIX propuso convocar en Washington una conferencia internacional de todas las repúblicas americanas. Como base de la doctrina del Panamericanismo fue adoptada la tesis sobre la "solidaridad continental" y la supuestamente existente "comunidad" de intereses de Estados Unidos, y los países latinoamericanos, condicionada por los factores geográficos,

el carácter complementario de sus estructuras económicas, la existencia de "hermandad espiritual" y de una comunidad cultural única en oposición a las culturas europeas, oriental y eslava. Además, a Estados Unidos, como "líder" se le asigna el papel dirigente en los asuntos interamericanos. La posición de Estados Unidos como la primera potencia del Nuevo Mundo, concede a su gobierno el derecho a hablar en tono autoritario al objeto de eliminar las divergencias entre sus vecinos con los cuales mantienen las relaciones más amistosas. Cfr. (Gallardo, Ob. Cit:46)

Es preciso recordar que el Panamericanismo, como "doctrina" fue propulsado por la diplomacia norteamericana y el objeto principal de la misma consistió en fortalecer, una vez creada, la organización interamericana y ampliar sus facultades. Como resultado de la reorganización llevada a cabo, la Oficina Comercial, convertida en Oficina Internacional de Repúblicas Americanas, incorporó a su esfera de actividad cuestiones culturales y sociales y comenzó a desempeñar funciones administrativas y de organización. Su trabajo era dirigido por el Consejo Directivo, integrado por los representantes diplomáticos de los países de la región en Washington y encabezado por el secretario de Estado de Estados Unidos.

Posteriormente la Oficina fue denominada Unión Panamericana y convertida en secretariado permanente de la organización interamericana. Ya en el comienzo del Panamericanismo se revelaban las contradicciones que dividían a las Dos Américas. En las celebraciones de las Conferencias Panamericanas se habló una sola palabra sobre los grandes problemas americanos de aquella época; la guerra hispanoamericana, la ocupación militar de Cuba, la incorporación de Puerto Rico... y la retención mano militati de una parte de [Cuba]. No hubo una frase de condenación para el despojo sufrido por Colombia con el istmo de Panamá". (Brito, 1969:54). No obstante, en estas conferencias, gracias a los esfuerzos de las diplomacias de una serie de países de América Latina, fueron aprobadas varias disposiciones que protegían sus intereses. Pero el Gobierno de Estados Unidos y los monopolios norteamericanos desestimaban demostrativamente las resoluciones que no les convenían.

Blas Piñar, afirma: El panamericanismo es,"...rechazable, ya que implica una desviación del sentido histórico que desconoce y ahoga la personalidad cultural y política de Hispanoamérica. Oponemos al panamericanismo opresor un latinoamericanismo que libere nuestras fuerzas productivas, amplíe nuestras posibilidades de desarrollo, fortalezca la solidaridad y la cooperación entre nuestros pueblos y contribuya eficazmente a la paz en el hemisferio y en el mundo".

No se trata, de líneas de ocasión ni de palabras en el aire. Allí está toda la experiencia del proceso revolucionario y el contradictorio desenvolvimiento histórico de un continente en la compendiosa voz de nuestros contemporáneos máximos. En el específico contenido de esta cita, Lázaro Cárdenas se liga sustancialmente con las cimas de la tradición libertaria de este hemisferio y, de particular modo, con Simón Bolívar y José Martí.

La Independencia que liderizan ambas personalidades es un movimiento dirigido contra el dominio del imperio colonial hispánico. Por consecuencia, el golpe principal tiene a España como destinataria específica y todos los esfuerzos son orientados a destruir su dominio sobre las colonias respectivas.

PENSAMIENTO LATINOAMERICANISTA DE BOLÍVAR Y MARTI

Fué Simón Bolívar el primero de nuestros proceres en comprender la importancia de la unidad americana frente a la amenaza de Estados Unidos y en el lejano 1814 propugnó la unión de toda la América Meridional bajo un cuerpo de naciones.

En 1818 decía: "una sola debe ser la patria de todos los americanos, ya que todos hemos tenido una perfecta unidad".

Bolivar trabajó con denuedo por la integración del continente; mas, sus aspiraciones no cuajaron. El Congreso de Panamá, en 1826, fué su mayor realización; aunque no pocos autores han tratado de magnificarlo, el propio Bolívar se encargó de hacer su sereno y objetivo balance, expresando con desencanto y pesimismo: "El Congreso de Panamá, institución que debiera ser admirable si tuviera mas eficacia, no es otra cosa que aquel loco griego que pretendía dirigir desde una roca los buques que navegaban. Su poder será una sombra y sus decretos meros consejos(...)Veo al congreso del istmo como una representación teatral".

No corrían tiempos favorables para la unidad latinoamericana. La situación de los países del sur del Rio Bravo no se presentaba propicia para los proyectos bolivarianos. Las nuevas repúblicas habian nacido penosamente de la independencia.

Los propósitos de unidad e integración latinoamericana fracasaron a causa de diversos factores. Las condiciones que impidieron el éxito del Congreso de Panamá se agudizaron tras el efimero período liberal, dejando un continente sometido a estructuras económicas y políticas arcaicas que servían de freno a su desarrollo. Asimismo la penetración capitalista inglesa, primero y la norteamericana, despues, junto a la política de fomentar la división entre las repúblicas latinoamericanas practicada por Inglaterrra y los estados Unidos, fueron factores de considerable peso en el aislamiento de los países de América Latina.

A pesar de todo, los esfuerzos unitarios tuvieron gran importancia política porque mantuvieron vivo el ideal de unidad latinoamericana, fiel a las aspiraciones de Bolívar y Marti –quien, en su tiempo, continuó y desarrolló el ideario bolivariano, imprimiendole un acabado contenido antimperialista- y en contraposición a otras formas de asociación hemisférica preconizadas por los Estados Unidos.

Bolívar, en el centro de la tormenta, no podía hacer cosa distinta a la de descalificar rotundamente el dominio hispánico, tanto desde el punto de vista de la realidad histórica como en la perspectiva de la lucha. Por eso es explicable la frecuente adjetivación combativa: en la Carta de Jamaica habla de España como "desnaturalizada madrastra", "vieja serpiente", "nación avarienta", afirmaciones todas ellas respaldadas en decidores cuadros analíticos (S. Bolívar: Obras Completas, 1, 160, 162 y 165). Es interesante advertir la distinción que hacía Bolívar, incluso en los momentos más tensos de la contienda, entre los españoles monárquicos e imperiales y aquellos de una actitud no contraria o favorable a la Independencia.

Como confirmaciones de esa posición, compúlsese el llamamiento a los españoles europeos de los castillos de Guayana, donde se les insta a la fraternidad y a adoptar nuestra patria (S.B., O.C., III, 643). En igual sentido habla el decreto de amnistía dirigido a los habitantes de la República y a los que todavía seguían al partido español (1818)(S.B.,O.C., III, 661). Aunque parezca paradójico, incluso el famoso Decreto de la Guerra a Muerte contiene mucho de ese humanístico espíritu. Bolívar prestó muy vigilante atención a las conexiones internacionales. En la Carta de Jamaica, ya antes mencionada, se refiere a Europa en general y le reclama su indiferencia y endurecimiento, su divorcio de la libertad y la justicia y, al mismo tiempo, señala que el viejo continente debía haber colaborado con la independencia por claras causas de equilibrio mundial e intercambio mercantil (S.B., O.C., I, 162).

Diez años después, la negativa reiteración de experiencias le hace decir, en carta a Santander, "lo cierto es que los europeos están empleando todo género de intrigas contra nosotros", para luego afirmar más directamente, "toda la Europa está contra nosotros" .

En cuanto a Bolívar y Europa, vale decir que el gran venezolano seguía cuidadosamente los acontecimientos de ese continente y manejó de modo bien certero la red de correlaciones entre unos y otros países. Es conocido por ejemplo, el tanto empeño que puso en ganarse la alianza británica, pero sin descuidar nunca, segun carta de 1825, que "los ingleses y los norteamericanos son unos aliados eventuales, y muy egoístas" o, como alertaba en otra misiva del mismo año, "los españoles, para nosotros, ya no son peligrosos, en tanto que los ingleses lo son mucho, porque son omnipotentes; y, por lo mismo, terribles" . Todavía en relación a Europa, es sobresaliente la vigilancia incansable que Bolívar asumió frente a la Santa Alianza.

Una de las más groseras falsificaciones de la historia propalada por la propaganda imperialista de Estados Unidos consiste en transformar a Bolívar en precursor y agente de la "unidad" hemisférica. Franklin Roosevelt lo presenta como "anunciador" de ésta y Carter nos cuenta sobre "el sueño de Bolívar de unificar nuestro hemisferio". La verificación de esta tesis plantea la divisoria y deslinde de los dos componentes básicos que ella implica: América Latina y Estados Unidos.

Empecemos, pues, por examinar la posición de Bolívar al respecto. Una de sus magnas excelencias intelectuales y políticas radica en haber iniciado válidos enfoques sobre la identidad de la América Hispánica. Ya en la Carta de Jamaica sostenía una postura clave: "nosotros somos un pequeño género humano; poseemos un mundo aparte" (S.B.; O.C., I, 164), lo cual reafirmó con oportunidad del Congreso de Angostura (S.B., O.C., III, 676-677). De igual modo abundan en la obra de Bolívar caracterizaciones económicas, sociales, políticas, demográficas, geográficas y culturales que constituyen toda una individualización de las naciones antes colonias españolas. Tal aspecto de la identidad de América Latina unifica a Bolívar y Martí. Este, en "los Códigos Nuevos", por ejemplo, nos conceptúa como "un pueblo extraño, no español... no indígena,… un pueblo mestizo

en la forma" (J.M., O.C., VII 98). Tal identidad es muy importante porque lógicamente conduce a un requerimiento e indica: "Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse" (S.B., O.C., I, 172). Allí mismo se anuncia lo que será después el Congreso de Panamá y se postula claramente una unidad sin inclusión norteamericana. De otra manera expone Bolívar su idea: "la opresión está reunida en masa bajo un solo estandarte, y si la libertad se dispersa no puede haber combate" . Es decir; unidad para el combate y la construcción de las nuevas repúblicas. Esa concepción unitaria de nuestros países fue permanente y sistemáticamente sostenida. Ya en el discurso ante la Sociedad Patriótica de Caracas, el 4 de julio de 1811, Bolívar va mucho más allá de las fronteras de su patria:

"pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana: vacilar es perdernos" (S.B., O.C., III, 535). Lo mismo ocurre con el documento relativo a la conducta de Monteverde, del 2 de noviembre de 1812, que tiene como destinatarios "a los americanos" (Ib., 536). Nuevamente, al dirigirse al Congreso de Nueva Granada, dos años después, señala: "la identidad de la causa de Venezuela con la que defiende toda América" (Ib., 540). Y así hasta el final.

Esa unidad es también una de las grandes inquietudes y aspiraciones de Martí. Lo dice expresivamente: "'Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado como la plata en las raíces de los Andes" (J.M., O.C., VI, 15).

Es suficiente la sola lectura de El Presidio Político en Cuba y La República Española ante la Revolución Cubana para darse cuenta del parentesco histórico de los planteamientos martianos y aquellos enfoques bolivarianos. En la última obra nombrada, Martí presenta a Cuba como un "pueblo vejado, agarrotado, oprimido, esquilmado" por España (J.M., O.C., I, 90). También el héroe cubano supo distinguir sabiamente entre los españoles. En el Manifiesto de Montecristi expresa: " guerra no es contra el español que, en el seguro de sus hijos y en el acatamiento a la patria que se ganen podrá gozar respetado y aún amado, de la libertad que sólo arrollará a los que le salgan, imprevisores, al camino" (J.M., O.C., IV, 94).

Otros aspectos de los dos grandes hombres conllevan a la unidad latinoamericana: el enérgico rechazo de la desigualdad social, la condena decidida contra la esclavitud, el enfoque del papel religioso en la Independencia, la lucha contra el aislamiento de nuestros países.

Pero tanto la identidad como la unidad latinoamericanas constituyen un imperativo de aprehensiones intelectuales y culturales propias. De trascendencia singular y de dimensiones libertadoras son las ideas bolivarianas y martianas en esta esfera. Bolívar mantiene un constante llamado a profundizar en el conocimiento de lo nuestro latinoamericano. En carta al General Daniel O’Leary, refiriéndose al destino de determinadas medidas legislativas, remite al estudio de variables propias como la extensión, la población,, la psicología nacional, la opinión pública, la ubicación continental, sin excluir los nexos con otros Estados y hasta las tendencias anárquicas (S.B. O.C., III, 314-315).

Cuando denuncia el establecimiento de "repúblicas aéreas" (Ib, 541), es indudable que subyace un reclamo de adaptación a la realidad por medio de estudios concretos.

Cuando responde a quienes plantean importar maneras de Grecia, Italia, Suiza, Holanda y Estados Unidos, les recuerda: "la inmensa diferencia que hay entre los pueblos, los tiempos, y las costumbres de aquellas repúblicas y las nuestras" (Ib., 542)

Con elegante lenguaje lo expresa Martí: "Conocer es resolver. Conocer el país y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías. La universidad europea ha de ceder a la universidad americana" (J.M., O.C., VI, 18). En el héroe cubano ese conocer se asocia a la necesidad del conocimiento recíproco entre los países latinoamericanos y a la inacabada lucha emancipadora: "Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos" (Ib., 15). En lo que se refiere a Bolívar todas estas ideas se sintetizan en la aspiración de formar, con las naciones antes españolas, "la más grande nación del mundo", tal como lo dice en la Carta de Jamaica (S.B. O.C., I, 169), tal como lo define emocionalmente al fin del Discurso de Angostura, tal como lo intenta en el Congreso de Panamá. En Martí se expresa en el reclamo de la Segunda Independencia para Nuestra América (J.M., O.C., VI 46).

Bolívar, en el Discurso de Angostura, indica la inconveniencia de aplicar sus instituciones a realidades como las nuestras, pues, según dice, no son asimilables "la situación y naturaleza de los Estados tan distintos como el Inglés Americano y Americano Español". Al señalar la necesidad de partir de nuestras propias características, recomienda: "He aquí el Código que debíamos consultar, y no el de Washington!." (S.B., O.C., III, 680).

El haber logrado sintetizar tan brillantemente, ya en 1819, la existencia y el concepto de las dos Américas y la profundidad de sus diferencias, es una muestra de notable penetración intelectual en su realidad contemporánea y en las perspectivas del porvenir continental. Pero no se crea que es sólo la obra de la inteligencia. Se trata también del reflejo de la práctica histórica vivida.

El pensamiento de Martí es rico en cuanto a las diferencias con Estados Unidos. Con motivo del Congreso Internacional de Washington, de 1889, que inicia los congresos panamericanos, el cubano universal nos habla de "las dos nacionalidades de América" (J.M., O.C., VI 48-49). Más adelante se refiere a "las dos Américas" y a la del Norte en comparación con la nuestra, como "un pueblo de intereses distintos, composición híbrida y problemas pavorosos..., un pueblo agresivo, de otra composición y fin", (Ib., 53) lo cual reitera luego cuando alude al "continente ocupado" por dos pueblos de naturaleza y objetos distintos", en cuyo seno se distingue "un pueblo criado en la esperanza de la dominación continental" (Ib., 63). Una sustancial comunidad liberadora se manifiesta en esta solidaria comprensión de América por parte de Bolívar y Martí.

Bolívar vivió en la época del capitalismo de libre cambio. No obstante ello, pudo anticipar, con certeza admirable rasgos distintivos de la conducta imperialista; Martí vivió en la época del imperialismo y lo conoció directamente. Una de las más firmes muestras de su genio político consiste en haber captado con especial profundidad la naturaleza del fenómeno.

Calificó a Estados Unidos como "el peligro mayor de nuestra América" (S.B., O.C., VI, 22). En otra parte nos advierte sobre: "leyes tan precisas como esta otra: los pueblos de América son más libres y prósperos a medida que más se apartan de los Estados Unidos" (Ib., 26-27). La serie de crónicas que Martí escribe en oportunidad de la Conferencia Internacional Americana (1889) figura en la antología mundial de los más conceptuales y combativos escritos antimperialistas. Con singular maestría analítica, amplísima y pertinente información e inmenso dominio de las perspectivas continentales, Martí va desmontando las piezas imperiales de la tramposería panamericana de los Estados Unidos. Con carga de punzantes dardos arroja sobre la Conferencia la denominación de "el convite". Con gracia sarcástica presenta los "zalameos de la Casa Blanca" y la transformación de la conferencia en una especie de gran vitrina para la comercialización de las mercaderías norteamericanas.

Al referirse a una minoría de los delegados latinoamericanos que pudieran esperar algo positivo de la Conferencia, les dispara una flecha de sabiduría política: "creen que los Estados Unidos son un gigante de azúcar". Podría decirse que con motivo de esta conferencia, Martí ofreció a los pueblos del continente una impugnación magistral contra el imperialismo norteamericano. Lo llamó "águila ladrona" de "apetitos gigantescos". En otra parte habla de "los Estados Unidos, pletóricos y desdeñosos" y de un "pueblo rapaz de raíz creado en la esperanza y certidumbre de la posesión del continente"

Las crónicas de Martí sobre esta primera Conferencia Panamericana contienen definiciones de una expresa y absoluta precisión sobre las contradicciones y nexos conflictivos entre las dos Américas.

Nuestro héroe nacional cuenta con numerosos escritos que podrían ilustar su pensamiento latinoamericanista: Nuestra América, como ensayo- resumen de la teoría sociofilósofica de Martí, en torno a la identidad latinoamericana, constituye un programa rector del quehacer, de nuestros pueblos, y al mismo tiempo instrumento desmistificador de conciencia y conceptos y prejuicios obsoletos.

De modo elocuente muestra la necesidad de partir de nuestra realidad, de conocerla y asumirla como creación nuestra y base del porvenir, pues "ni el libro europeo, ni el libro yanki, daban la clave del enigma hispanoamericano... Los jóvenes de América entienden que se imita demasiado y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación".

En Martí, crear, cultivar "la semilla de la América nueva deviene imperativo ineludible del espíritu americano, pues "el tigre espera detrás de cada árbol, acurrucado en cada esquina". Es hora ya porque el tiempo apremia, y no es posible dejar de ser, que "lo que queda de aldea en América despierte..." Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada.... las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra".

El propio ensayo "Nuestra América", resulta trincheras de ideas en tanto síntesis teórica que fundamenta el lugar de Hispanoamérica en el continente. Es una teoría crítica, que recorriendo la historia y afincada en nuestra cultura presenta un proyecto de afirmación y rescate de la identidad de nuestros pueblos. Proyecto que nace de toda una experiencia rica vivida por Martí en América Latina y en los Estados Unidos.

En este sentido, el artículo Nuestra América, compendia y sintetiza una historia, una cultura, una política, que insertadas en una teoría filosófica social de la revelación de nuestro ser esencial, expresa también un momento cumbre de radicalización del teórico-ideólogo que le dio realización concreta. En "Nuestra América", latinoamericanismo, antirracismo y antimperialismo se funden indisolublemente y dan coherencia y organicidad conceptual a la teoría sociofilosófica más avanzada de su tiempo latinoamericano. Su trascendencia y contemporaneidad dimana de su propia función: ser autoconciencia del ser esencial de los pueblos de nuestra América, en tanto lógica dimanante de su realidad concreta en sus múltiples mediaciones, determinaciones y condicionamientos.

Bien conocida es su carta a Manuel Mercado, escrita poco antes de morir. Allí confiesa: "Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mí país y por mi deber de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso" (J.M., O.C., IV, 167). En la misma carta habla expresa y textualmente contra "los imperialistas" (Ib., 168).

CONCLUSIONES

Paralelamente a la adecuación general de la política exterior de los Estados Unidos, ha evolucionado tambien el panamericanismo.

El panamericanismo, como instrumento al fin, ha reflejado y encauzado las distintas variantes adoptadas por la política norteamericana hacia la región: de Mc Kinley a Truman; de Teodoro Roosevelt a Eisenhower; de Wilson a Reagan; de Hoover a Clinton hasta Bush. Su esencia ha sido y es la misma de la Doctrina Monroe: América para los norteamericanos.

A la luz de este cúmulo de actitudes e ideas, resulta más que evidente el rotundo rechazo de Bolívar y Martí a toda tesis panamericana.

Así mismo, la historia posterior a sus vidas físicas confirma plenamente las previsiones que formularon sobre el comportamiento expansionistas y opresor de los Estados Unidos hacia las naciones de América Latina.

Podría pensarse que el analizado latinoamericanismo de nuestros dos grandes hombres se agota en las fronteras latinas del Hemisferio Occidental. Pero la verdad es que el internacionalismo de ambos libertadores tienen dimensiones planetarias y se identifica con la batalla de todos los pueblos contra la opresión mundial. No es sino ese el sentido de la tesis sobre "el equilibrio del universo", que tanto el uno como el otro esgrimieron en sus luchas libertadoras y en sus previsiones de futuros combates.

En los momentos actuales, cuando el escepticismo histórico cunde y pulula en la arena internacional, cuando no faltan los intentos de negar la historia, los valores, la cultura, la tradición, la razón, los proyectos de emancipación social y el progreso, la racionalidad se impone como necesidad de preservar no sólo la identidad nacional, sino también la identidad latinoamericana. En tales condiciones, el paradigma martiano y bolivariano adquieren más que nunca contemporaneidad y vigencia social.

Cuba, en su incansable bregar por las sendas independentistas, ha hecho del pensamiento bolivariano parte inseparable de sus luchas. Bolivarianas han sido las mas lúcidas y trascendentes figuras de nuestra historia, bolivarianas nuestras más revolucionarias doctrinas, nuestras más encarnizadas batallas y nuestro, el más grande bolivariano de todos los que ha conocido nuestra América: José Martí.

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______________Obras Completas. La Habana Ed. Lex, 1950, II, 999 p.Página 10

 

 

 

 

Autor:

Ing. Idalmys Cruz Domínguez

Categoría: Historia

Pinar del Río, Cuba, Febrero 2006


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