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Fantasmas. Crónicas de un viaje al interior (página 2)

Enviado por onatoba



Partes: 1, 2

 

El sol comienza a esconderse tras los cerros, la temperatura baja y la niebla va cubriendo la escuela. Maestros y alumnos se preparan para un momento muy importante dentro del día. Todos se forman, el silencio comienza a llenar los oídos, algún "reto" de último momento mantiene la disciplina, cuatro niños se dirigen al mástil y uno a la campana. Solo las toses de los enfermos se sienten en el lugar. Un toque de campana y comienza a arriarse la bandera, lentamente como si fuera el ritual más sagrado la celeste y blanca va bajando.

Todos la contemplan. La niebla es tan densa que solo se distinguen las formas, parecen fantasmas, como dijo el autor "sombras errantes" en busca de luz. Fantasmas olvidados de los grandes poderes, buscando una salida digna de la indiferencia de la sociedad. Otro toque de campana marca el final del momento, que se repite día a día, de mañana y tarde. Las maestras despiden a sus alumnos hasta el día siguiente, ellos responden respetuosamente. Las aulas se encuentran a 50 mts. del comedor-hogar, es hora de la merienda, los alumnos dejan de ser alumnos para transformarse en niños, los maestros y profesores dejan de ser tales, para ser madres y padres, que se preocupan por su salud y que hagan la tarea escolar.

Noto que algunos parten para estar con sus padres el fin de semana, que los vienen a buscar a pie o a caballo, haciendo el recorrido de dos, tres horas o más, para llegar a su hogar. El comedor esta lleno, la disciplina debe ser mantenida. Los más pequeños en edad son cuidados por uno más grande, es el encargado de la mesa por ese día. Nuevamente el mate cocido y el pan casero, dan el alimento. La maestra Esmeralda, esta atenta a todo, desde el pan hasta si alguno de los niños grandes vino de "bermudas" a la mesa. Los gritos no se escuchan, los retos son fuertes pero marcados por un tono de voz monocorde, que implica seriedad.

Comienza la otra tarea, cada uno tiene la suya, los alumnos más grandes son derivados a las tareas de ayuda y limpieza. Los más pequeños a hacer los "deberes". Cada uno tiene su función y es realizada sin una sola queja. Un enano de medio metro, Damián, esta en "penitencia" sentado solo en la mesa, pero las ardillas que lleva dentro son más fuertes y comienzan sus travesuras nuevamente. Alguno de los alumnos que entran descuidadamente al comedor son atrapados por los maestros para tomarle la evaluación debida, sin poder escapar a ningún escondrijo, solo deben sentarse y comenzar a darla. Todo es tan distinto, todo es tan abismalmente distinto a la ciudad que los problemas que nos agobian en la sociedad pasan a ser meros recuerdos tontos y preocupaciones vanas de un submundo innecesario. En estos lugares y los hay en todos lados, más grandes, más chicos, más pobres o con menos alumnos, todo pasa por dar algo al futuro, aunque sea esa palabra tan desprestigiada como es "esperanza".

La hora de la oración ha pasado y debo partir. Ya no me molesta recorrer los 38 km en dos horas y media, sólo me molesta el no poder hacer algo más, toda ayuda parece poca. Si el recibimiento es hermoso, el que todos salgan a despedirte y en sus ojos veas la necesidad de que vuelvas, aunque sea sólo a visitarlos, se hace duro. No piden más, sólo que no los olvides. El simple hecho de alejarse a 10 km por hora, se transforma en la necesidad de pensar en volver, para así sentir todo ese afecto que se nos brinda a los visitantes. Las luces de la F-100 se humedecen, enfrentando la nube y la pampa se vuelve fría, pero el corazón esta lleno de la calidez y ternura encontrada, en un lugar apartado, en un lugar en donde los fantasmas buscan luz. Sólo pienso en como formar grupos de ayuda, los amigos de distintas épocas son buscados para ello, todos aportan su grano de arena.

Profesionales que quieren hacer algo, gente que sólo quiere ir, tal vez para darse cuenta, tal vez para entender que el shopping es sólo una parte, una pequeñísima parte que no nos da más que la ilusión del "primer mundo" descrito hace tiempo. Pero la verdad se encuentra a la vuelta de la esquina, en los hogares escuela de las ciudades o del campo, sea en la montaña o en el llano. ¿Cuánto vale el esfuerzo de atender el futuro? ¿De las largas horas en "El Cóndor" esperando el ómnibus que los traerá a casa?. Pensar en dejar a los niños para continuar una vida "normal", puede ser angustiante. La vida de esos maestros también es de esfuerzo, cobrando un magro sueldo. Son como inmigrantes en su propio país, cuando están en la ciudad extrañan la escuela y cuando están en la escuela extrañan sus otros afectos.

2

Nuevamente en las dos puertas, lugar por donde se accede al, llamándolo de alguna forma, camino que une la ruta con la escuela. Un sol a pleno, permite ver a la escuela "Martín Fierro", desde muy lejos, sus techos naranjas me permiten determinar la dirección a seguir, para buscar e intentar ver lo imposible, los rojos techos de las aulas nuevas del "Ceferino Namuncurá", pero la distancia y los cerros impiden la vista. Nuevamente la vieja F-100 comienza a recorrer los metros, los miles de metros que nos separan del destino final. Esta ves me acompañan hombres de montaña, hombres que han subido al Lanin o al Aconcagua y hoy sólo piensan en si se olvidaron el martillo o la pinza para servir de carpinteros o electricistas. Entre risas y directivas de por donde pasar, transcurren las dos horas y media de marcha. Por fin la capilla y la escuela. Día sábado los niños están en descanso, las manitos comienzan a levantarse, un saludo cariñoso, nos muestra que llegamos al sitio en donde la sola presencia marca el afecto. Pero aun estando en descanso, la actividad esta centrada en la Navidad. Esta se conmemora dos o tres días antes del tradicional 25 de diciembre, para permitir que todos estén con sus familias ese día tan importante. Se planean pesebres vivientes y cantos, todo debe salir bien, hasta el último detalle se cuida, ya que en tres días mas comienza el anhelado descanso de 7 días, luego de 21 días de ardua tarea escolar y hogareña, que se notan en los rostros cansados de los maestros.

Los montañeses comienzan con su tarea, yo me dirijo a la dirección. ¿Retado?, tal ves, aquí no se salva nadie. Mi camioneta esta mal estacionada. Pero no solo para eso se me llama, también hay agradecimiento por parte de Esmeralda, lo poco que se lleva, sirve para mucho. Libros donados, ropa usada, alguna caja de leche. Los que donaron algo, desearían ver por un segundo los ojitos que ríen vergonzosamente detrás del vidrio. La noche llega y con ellas las nubes, el fresco aire del sur sopla logrando que las camperas comiencen a salir de los bolsos y mochilas. Las palabras de bienvenida, antes de la cena vigorizan nuestro pobre esfuerzo. Un gobierno inoperante dicta las últimas directivas desde un televisor, al cual, todos los mayores estamos atentos. Nadie entiende nada, pero los pequeños deben ir a lavarse los dientes y a dormir, en la cocina los más grandes ayudan con la higiene, la cual es mantenida a rajatabla. Se nos ceden algunas camas y todos a tomar el descanso, mañana domingo, otro día de descanso, la actividad será mucha.

Las nubes cubren las cimas, el domingo se transforma en un encierro dentro del edificio, afuera la lluvia y el frío dan un marco distinto al paisaje. Por momentos se ve a kilómetros y por momentos 10 metros en derredor, es todo lo que abarca nuestra vista. La Dire Esmeralda ordena que se corten las verduras que los mismos niños sembraron en el invernadero, verduras frescas que se transformaran en el almuerzo, orgulloso agasajo para los visitantes, que nos vemos conmovidos a cada momento por las muestras de amor de los chicos, sean grandes o pequeños. Risitas culpables suenan detrás de las cortinas, la travesura inocente, las provoca.

Juegos en la galería, lectura, una guitarra suena y un pequeño grupo observa sorprendido al compañero de 14 años que hace salir sonidos armoniosos del trozo de madera.

Marcos, uno de los más chicos me llama, mañana tiene prueba de lenguaje, verbos, sustantivos y adjetivos, suenan en su boca, pero lo importante es mostrarme sus últimas notas, 8, 9 son mostrados con orgullosa inocencia, el corazón comienza a rebotar dentro de un pecho que siente el orgullo de poder compartir ese momento en el que un niño de unos 10 años, me entrega toda su ternura. Damián, que tal ves tenga 4 o 5, me muestra su frente, su gordo dedito marca un chichón, hermosa medalla del "no lloré, cuando me caí de la cama". ¿Dormido?, le pregunto. Su cabecita se mueve en afirmación. Guadalupe (6), me muestra sus dientitos de arroz, en una sonrisa impagable; la dulzura de sus ojos derrite los hielos eternos del alma. Ubaldo (13 o 14), me da su aprobación con el pulgar levantado. Dan ganas de "comérselos" a todos.

Luego del almuerzo, se deben realizar las tareas o "deberes" escolares, para de esa forma tener la tarde libre. La Dire dio ordenes de ver una película de aventuras en la tele. Mientras algunos se bañan por turnos, otros miran boquiabiertos como un bebe oso polar, tiene aventuras con dos niños canadienses, por paisajes que los de la "Ceferino", no verán jamás. Miedo, sorpresa, risas, brotan de todos los presentes. La aventura es demasiada, como para perder un segundo de concentración. La tensión solo se relaja al llegar la tanda publicitaria. Hace 20 segundos el silencio reinaba en la Pampa de Achala, ahora los maestros tratan de bajar los decibeles de los comentarios que provocaron los 15 minutos anteriores.

Afuera el cielo no se ha despejado, la niebla o las nubes bajas siguen instalando al frío como amo y señor de la montaña. Mirando por la ventana, me parece ver una sombra. ¿Fantasma con sotana y sombrero de ala!!?. Mi imaginación vuela mostrándome a un curita que aún deambula por los valles y quebradas. Pienso que aún él intercede, para que estas escuelas subsistan, para que esta zona no sea olvidada del poder central. Me parece ver a Brochero entre la niebla, con su "malacara" preferida, seguido por su ayudante y sus mulitas, cargadas con una ollita "la negra de tres patas", un tarrito con grasa de vaca, que junto a algunas cebollitas de verdeo donadas por algún feligrés, algún ají "putapario" juntado en el camino, un puñado de harina y la carne "charqueada", daban forma el "charquicán" o "sanco", comida que ayudaba a continuar su peregrinaje, llevando alivio espiritual o del que fuera a los mas alejados. O dirigiéndose a la capital, para pedir ayuda para todo el oeste cordobés, desde su parroquia del Transito, Toralta, para los comechingones, (la tierra de Toral), hoy V. Cura Brochero. Un curita gaucho que no tenía pelos en la lengua para pelear por lo justo, pero tampoco le faltaban caricias para los niños. Pienso que aún hoy este curita gaucho, apoya su mano en la cabeza de todos estos niños y en las maestras o maestros de las escuelas de la Pampa de Achala.

Llega el momento culminante, en la tele todos están por morir, en el salón todos quieren y hacen fuerza para ayudar a la familia que pende del barranco, el nudo de la soga esta por desprenderse, el filo de la piedra esta más y más peligroso, pero aparece el bebe oso y los salva, todos exclaman todos se alegran. Detrás de mí, uno de los niños, escondido tras la cortina, demorando su baño 5 minutos para ver el final, como ratoncito corre toalla en mano, para no ser descubierto. La actividad vuelve poco a poco a la escuela, todo vuelve a la normalidad, es hora de comenzar a preparar la cena.

La mañana nos recibe con niebla, pero tenemos que volver a la "civilización" (¿civilización?). Las dos horas hasta la ruta se transforman en tres, dos de los montañeses van adelante de la Ford, mostrando por donde seguir. Gracias a Dios los arroyos no han crecido. Cruzándome con Raúl, que se dirige a la escuela, siento envidia de su dirección. Mi mente solo piensa en el regreso al mundo de los niños. Cuanto me están enseñado, mostrándome la simpleza de la vida, la dignidad de ser humildemente, seres humanos. El paisaje es irreal, esta semioculto por el manto intangible y sólo nos permite ver en nuestro interior.

Ya en el bajo, como en cada viaje que he realizado a las alturas, un cóndor saluda, trazando un circulo perfecto con su vuelo, luciendo orgulloso su collar blanco.

Recuerdo que en las culturas aborígenes era tenido como la unión entre el hombre y lo espiritual. Pero no sólo esos recuerdos me invaden. También se agolpan las gentes de San Antonio de los Cobres, las de Purmamarca en Jujuy o los niños de Cuzco en Perú.

Pobres, humildes, con sus necesidades básicas no cubiertas, pero dignos en su forma, orgullosos aún sin saberlo, que por sus venas corre la sangre de las tribus que habitaron las distintas regiones. Comechingones, Sanavirones, Aymaras, Quechuas, fantasmas olvidados, culturas enterradas, son representados en estos niños, enseñándonos a estar en armonía con la naturaleza y al fin y al cabo, en armonía con nosotros mismos. El nombre de la escuelita rememora a un Mapuche, hijo de un cacique Manuel Namuncurá y de una cautiva Rosario Burgos, heredero de Calfulcurá. Nacido en la localidad de Chimpay (Valle Medio del Río Negro) el 26 de Agosto de 1886, que llego a Roma y fue recibido por Pío X. Este indio santo muere antes de cumplir los 19 años (11/05/1905), luchando desde sus estudios para sacerdote por la igualdad aborigen. Ceferino Namuncurá un patrono digno de tanto esfuerzo, de creer en el futuro de los niños de la Pampa de Achala.

Al llegar a la ciudad, todo comienza a ser insólito, la presencia de tantos vehículos, la gran cantidad de gente. Las preocupaciones, están a la orden del día, nuestros buenos gobernantes han tomado por asalto nuevamente, a la buena voluntad de millones de argentinos que sólo quieren vivir una vida sosegada, merito del esfuerzo personal. Como siempre, los poderosos salen airosos del mencionado ataque. Alto, a 2400 metros de altura, los poderosos llegan sólo a pedir, llegan sólo a mendigar su soberbia. Los humildes entregan su corazón.

Comienzo a entender el porque los que dedican su vida en los lugares apartados a intentar dar luz a los niños, se transforman ellos también en fantasmas, que encuentran sólo allí, su lugar en este mundo. Allí, con fuertes vientos, lluvias o nevadas que cortan los caminos, montes impenetrables, desiertos abrasadores, tierras increíblemente áridas, se nos entrega algo que ya no encontramos, la inocencia de la ternura. La profundidad de esas pequeñas-enormes almas, llenan de calor nuestro espíritu, un calorcito tan diáfano que provoca el extrañarlos al recorrer sólo pocos metros de ellos. Comienzo a entender, el porque produce tanta alegría el verlos y tanta tristeza el volver al submundo. Pienso en mi nuevo encuentro con la vida. Si el cóndor en las culturas indias fue una unión entre dos mundos, una pregunta nace en mi mente. ¿Cómo unir estas circunstancias que Dios o la vida ponen en mi camino?

Hace tiempo en una charla de un gran pensador, Deepak Chopra, le escuche decir que los recuerdos no se guardan en el cerebro, sino en el alma. Y estos niños están dentro de mi alma.

3

Se acerca la Navidad, mis expectativas están creciendo, pidiendo que al llegar el día fijado, el camino este en buen estado, para poder llegar sano y salvo con los obsequios que la gente de la ciudad envía. Pero lo importante es que siempre, al volver a Córdoba, la pregunta es directa, ¿ cómo están los niños?, ¿están cuidados?, ¿cuánto tiempo se quedan en la escuela?, ¿qué hace falta?. De una u otra forma, el clima que genera la posibilidad de ayudar es constante. Mucho, poco, no importa. Prácticamente nadie escapa a por lo menos preguntar sobre las condiciones en que se desarrolla la actividad, en los lugares apartados. También es bueno que reconozca, el apoyo recibido por mi familia, ninguno de ellos negaron el apoyo, sólo entregaron lo que pudieron entregar, sin esperar nada a cambio, sólo por servir. El apoyo de ellos sumado a la sonrisa de los niños, me da el ánimo necesario para seguir adelante.

El día 20 de diciembre vuelvo al mundo, un mundo de una hectárea, en donde la paz interna llega sin llamarla. Me parece increíble que uno de los sueños, una de las ideas tenida hace tiempo, este tomando forma, este realizándose. La idea de ayudar a los niños, las ganas de generar algo positivo, entre tanta desolación humana. Nadie, nadie ha dejado de preocuparse cuando cuento lo que he visto. Niños abandonados, otros con familias destruidas o simplemente familias que no pueden atenderlos debidamente, por la humildad en que viven.

Está claro que esta situación, no se da solamente en los lugares apartados, también en las ciudades, en los pueblos, pero el verlo de frente y poder hacer algo es la diferencia, aunque mas no sea ir y demostrarles que no son olvidados por todos los paseantes que transitan el lugar. Que aun hay gente, que aunque sin poder ir a verlos, los tienen en su recuerdo, a los fantasmas del mundo. Pero justo ahora me doy cuenta que entre tantos fantasmas vistos y oídos, en mi mente o e la vida real, los verdaderos fantasmas, mejor dicho espectros, son los que se golpean el pecho pidiendo perdón por lo que nunca se animaron a hacer. Verse en el espejo y dar gracias por poder guardar en un rinconcito del alma la sonrisa de unos ojos, que sólo nos dan las gracias. Esto lo he visto a cada paso y en todo lugar. El traerles a los que si pueden, un pequeño mensaje de los niños y ver como sus rostros se iluminan, también es buen pago por cumplir los propios sueños. Como siempre las cosas más lindas, son gratis.

Gracias a Dios, en los pocos viajes realizados, he aprendido o mejor dicho, me están enseñando los niños de todas partes, su inocencia, sus ganas de entregar todo un universo de ternura, me están enseñando a "crecer y no a sentar cabeza" como dijo el autor, dando todo lo que pueden ofrecer, sólo a cambio de una cosa, tan simple y tan grande como es el recordarlos, en guardar sus sonrisas y llantos en un lugar de nuestro corazón. No nos piden más, sólo que no nos olvidemos de ellos. Las preguntas salen solas. ¿Cómo olvidarse?. ¿Cómo no recordar al niño que me vendió una piedrita en San Antonio de los Cobres?. ¿Cómo olvidar al que en Qosqo, me pidio un caramelito de miel, con sus piecitos descalzos y su carita sucia?. ¿Cómo hacerlo con el niño que en Purmamarca me vendió una velita, al entrar a la iglesia?. ¿Cómo olvidar al que en Córdoba quiere limpiar mi parabrisas, aunque no lo alcance?. ¿Cómo puedo agradecer, el privilegio de darme cuenta?. El niño que hay dentro de mí, desea no crecer, desea mantener la inocencia y creer en el Niño Dios y en los Reyes Magos.

4

Gabriel anuncia a Maria, que en su interior estaba gestándose un ser diferente. Ella, confía a su futuro esposo José, tan increíble secreto. Maria es llevada a Belén a lomo de burro y en un humilde pesebre, nace el niño. Los pastores comienzan a bajar de la montaña, de todas partes llegan a confirmar lo que en su interior sienten. El dulce nacimiento se ha producido. La buena estrella guía a los Reyes con sus ofrendas, "arrope, miel y un poncho blanco", para agasajar al niño. El ensayo es perfecto, no se descuida ningún detalle, mientras algunos acomodan las luces otros cosen las ropas y disfraces. Los niños, los 81 niños de la Ceferino tienen su Navidad, con su pesebre viviente, con sus caritas llenas de amor escenifican lo ocurrido hace más de dos milenios. El nacimiento que dividió los tiempos del mundo. El nacimiento del hombre que murió por ser bueno. La escuela esta conmocionada, todos tienen participación, hasta los 2400 metros de altura dan un marco único.

Los recuerdos de las primeras navidades comienzan a llegar. Como no recordar la excitación que tenia al saber que llegaba la fecha, con toda su magia, con un Niño Dios que traía un regalito, con todos los grandes ocupados en los preparativos y las actuaciones que siempre se realizaron en casa, en donde la fecha era y es demasiado importante como para pensar en tristezas. Sólo se pensaba en que hacer o que número actuar, ya que es la fiesta de la familia. En donde eran invitados todos los que querían ir, de distintas religiones y clases, donde todo se compartía y aun se hace. Ya no con la cantidad de gente de otros tiempos, la vida nos separa, cada uno toma su rumbo. Mi imaginación estaba totalmente despierta, intentando entender el misterio de tan importante día en el mundo. Claro que era muy difícil a los 6 o 7 años, lograr ese entendimiento. Sólo así logro entender algo de lo que puede ocurrir en la mente de los mas chicos, que es lo que pasa dentro de cada uno de ellos al representar un momento tan importante, tan mágico y espiritual.

Los profesores preparan los obsequios, también los adornos se realizan en la escuela, todos colaboran incluidos los visitantes y ex_alumnos. Todos quieren y queremos devolver algo de lo que se nos entrega, nada es exigido pero se da de buena gana. El nerviosismo va creciendo, los turnos de merienda y baño son estrictamente marcados. La "dire" Esmeralda va como un vendaval de uno a otro lado, dando ordenes, reto acá y beso allá, saludando a los que llegan, estando en diez lugares a la vez. Aniceto preparate, Damián quedate quieto, Daniela te queda hermoso el vestido de Virgen. Impresionante su energia. Todos nos contagiamos. La "seño" Gaby junto a la "seño" Hilda cosen los disfraces; la "seño" Vivi corre por todos lados con los papeles; el "maestro" Claudio, anda colgado de los techos, colocando y probando luces y cables; el "maestro" Luis lee atentamente el relato, para no olvidar nada; el "tío" Juan (yo) corre termo y mate en mano dando un respirito al trabajo. La cocina bulle en preparativos, la "tía" Teresa llama a Roquecito, para que la ayude, que automáticamente deja la gran olla con verduras, para socorrerla. Don Inocencio, prepara el asado. Marcelo corre desde el deposito a la cocina, llevando lo necesario. Patricia limpia aquí y allá. Raúl conecta el sonido. La fiesta es inminente, pero la lluvia se enseñorea en el patio y tal vez todo se tenga que realizar en el comedor, lo que trae preocupación por lo reducido del espacio. Los padres de los alumnos, como en cualquier escuela, quieren ver a sus hijos actuar. Alguien llega corriendo, "la lluvia a pasado". Todo comienza nuevamente a gestarse afuera, el marco ideal para ver lo que se nos va a mostrar, por más que el frío nos obligue a abrigarnos, como en pleno invierno.

Los chicos suben el cerro ocupando sus respectivos lugares, parecen cabritos, la agilidad demostrada seria la envidia de cualquier andinista, pero en ellos es totalmente natural. Todos están estratégicamente escondidos esperando la palabra o la música que manda su ingreso al gran escenario. Esta vez ningún maestro actúa, solo los alumnos.

Comienza la música, las escenas se suceden ante la mirada atenta de los presentes, de cerca las caritas de los niños muestran su nerviosismo, quieren que todo salga bien, las luces siguen a los actores de turno, la música hace eco en las piedras, la narración nos explica lo que ocurre, aunque ya todos sepamos la historia. Esmeralda se me acerca, un nudo en la garganta me impide comentar lo que veo, no debo ser el único.

En la oscuridad, los maestros dan las ultimas indicaciones, pero realmente no hacen falta, los niños saben perfectamente que hacer. Llega Maria con José a lomo de burro al pesebre, bajan los pastores, los Reyes a caballo se aproximan al lugar en donde Jesús nació. El coro comienza a entonar sus villancicos. Todo ha salido perfecto, me doy cuenta que no sólo yo no puedo hablar, varios de los profesores sólo gesticulan, Esmeralda tiene sus ojos en un charco de lágrimas. Todos aplauden, todos están contentos, la Ceferino es un solo festejo, luego vendrá la cena, pero por ahora sólo importa festejar, sólo importa agradecer a los chicos lo que nos dieron, un enorme océano de ternura.

Que extraño, algo llama a mi mente. ¿Tal vez otro fantasma ronda en el aire?. Los niños, hasta los que no la conocieron la tienen muy en cuenta, parece verla entre los niños vestidos de pastores que bajan la montaña, trayéndolos de la mano, cuidándolos. Su rostro cobrizo me permite reconocer su ascendencia, su bondad aun inunda el aire frío. Una fotografía vista de la abuela Ignacia; me hace recordar a mi bisabuela, rostros similares, ojos profundos, siento que mi mamita Juana también está presente. Están observando, nos están acompañando en este día tan especial que gracias a Dios me tocó vivir y sentir. Cada vez es más difícil el agradecer estar en el lugar justo, en el momento oportuno.

La abuela Ignacia, esposa de Abel Merlo uno de los matrimonios precursores de este emprendimiento, que en 1967 nombra a su primera directora Juana Benedicta del Angel García. Ella tras seis horas de viaje a lomo de mula sube desde Las Calles, en caravana acompañada por los vecinos de Los Cerros a tomar posesión del cargo, en un aula de 3x4 facilitada por la familia Merlo y que era la cocina de su casa. Quince niños entre cajones y tablas tuvieron su primera educación. En 1970 Don Abel Merlo dona el terreno en donde se construye un aula de 4x5 que servirá exclusivamente de escuela. 1985 muere Don Abel. En l973 asume como directora Esmeralda Rodríguez, la "seño Esmeralda" y se bautiza a la escuelita como "Ceferino Namuncurá". Una epopeya, que se amasó como el pan, en una cocina a 2400 mts de altura. Tal ves en una fría y húmeda tarde, de invierno, frente a un fogón, achicando los ojos para ver más lejos. Mate dulce en mano. Un mate cebado por la Abuela Ignacia en plena Pampa de Achala.

5

Por enésima vez vuelvo al mundo, dejo apresuradamente el submundo. La ciudad se convierte en un cúmulo de fantasmas golpeados por la desesperanza. El caos gana esta batalla, los `poderosos ríen mientras los ciudadanos claman justicia. Observo al planeta que se debate en una guerra entre el bien y el mal. La búsqueda del poder, que genera esta guerra, solo provoca daño en los pobres hasta el punto que los enfrenta, pobres contra pobres. Lamentablemente el signo pesos domina. Intento llegar a otra dimensión, a la dimensión de la libertad.

Llegar a la paz, se torna cada vez más difícil, el camino ya no existe, fue destruido por las tormentas. Un refrán modificado, por un amigo de Villa Dolores, me muestra la realidad "el que persevera, insiste". ¿Gracioso?, hasta cierto punto. Llego a la escuela, el ex_camino es solo un recuerdo, una foto amarilla. En este lugar tan alejado, los poderosos también cortaron las esperanzas, pero no pueden con la imaginación, todo lo imaginable se pone en marcha para continuar. Ante todo, lo único importante es la educación de los chicos en todo sentido.

El comedor me recibe con un coro de dulces voces, que con sus ojitos llenos de alegría, gritan un ¡HOLAAAAAAAAAA!!!, el sacrificio de llegar pasa a ser, la alegría de llegar. Una llamada en el pizarron, "La educación, un camino hacia los pueblos libres", cuan cierto, lamentablemente los poderosos saben mucho de esto y lo entienden perfectamente. A lo lejos veo la tormenta que se avecina, el viento frío la trae, sólo pido que esta vez no provoque tanto daño.

Los niños siguen su rutina, para ellos el mal no existe. Un juego tras otro lleva al aprendizaje. Una sola sonrisa sin dientes basta y sobra para descubrir que seguiré intentando ayudar de cualquier forma, para que esa sonrisa no se corte. Sea donde sea.

El trueno ruge, en la montaña los animales buscan refugio, ni el cóndor ni el águila mora vuelan, el zorro colorado que caminaba displicentemente esta en su madriguera, todo se detiene en la naturaleza. Pero no en la escuela. Un grupo de misioneras piden a Dios que la tormenta se detenga, para poder realizar el fogón prometido a los alumnos, el que debe ser realizado en el comedor. Estos juegan y estudian esperando las dos horas de clase que tendrán a la tarde, nada los incomoda, su inocencia no lo permite. Voces de "evaluación" suenan en el aire, lenguas, tecnología; estudié, pero no me acuerdo, me dice una alumna. Solo los maestros entiende lo grave, hace 15 días están sin teléfono, una emergencia ya se produjo.

Gracias a Dios, Darío es evacuado por helicóptero a un hospital de Córdoba, salvando así su vida. ¿Hasta que punto llega el olvido?. La comida es donada por gentes de buena voluntad que llegan aun en las peores condiciones, aunque los chicos no sepan, aunque ellos sólo sepan que sus cuatro comidas son importantes y que a las 18 hrs esta sin falta en la mesa, "la leche caliente y el pan casero". No sólo la "Cefe" es ayudada, también la "Martín Fierro", la "Padre Liqueño", la "Florentino Ameguino" y estas en la Pampa de Achala. ¿Cuantas hay?. ¿Cuantas escuelas y hogares existen?. En mi mente aun suena lo escuchado hace pocos días lo dicho por un hombre común en un reportaje al amor no lo podrán acorralar, al amor sólo lo cercan pero él salta cualquier barrera por alta que sea, para llegar a los niños, únicos destinatarios de todo el esfuerzo.

"Cinco siglos igual" escribió León Gieco, cinco siglos de promesas no cumplidas. La de Pizarro a Atahualpa ¿sería la primera?. Cinco siglos de mentiras y miserias humanas. Cinco siglos en los cuales se llega a estos lugares a prometer promesas de mentiras. Cinco siglos en los que por uno u otro motivo, se estafa la buena fe.

¿Cómo dicen los versos?

Viviana, Aniceto, Diego, Guadalupe, Darío, Alan, Carolina, Melisa, Daniela, Jesús, German, Dardo, Julio, Marta, Sebastián, Damián, Gabi, Natalia, Ubaldo y así nombrar a los hoy 81 alumnos de la escuelita que comenzó con 15. Los inocentes 81 que con luz propia alegran y movilizan a los fantasmas que llegamos a los distintos lugares donde ellos intentan tener un futuro.

Antonio, en una pequeña charla, me cuenta intimidades de su vida en casa. Vive a 4 horas de la escuela, los cuales transita a pie varias veces al mes, a 2600 mts de altura en una pequeña casa mitad con techo de cemento mitad de paja. Sus pisos son de cemento, sin luz eléctrica, el agua llega desde un arroyo cercano.

En tiempos de invierno, donde la temperatura llega a 16 grados bajo cero. Cuando el ciclo lectivo esta en receso, él vive con su familia, padre, madre, hermano y hermana. La actividad de la cría de cabras y ovejas les permite una vida humilde, ya que con la venta de los subproductos (leche, lana, cuero, etc.), logran la compra de otros productos indispensables para solamente subsistir. Estos productos son transportados a lomo de mula o caballo hasta los centros poblados cercanos, que distan a 5 o 6 horas de su hogar. Así se "rebuscan" para conseguir el combustible para sus lámparas, sal, aceite, harina, etc.

La poca leña que se extrae con la poda de los mimbres que sus abuelos sembraron, sirve para cocinar y hornear el pan que cada día amasa su madre. Tan humilde es que siente vergüenza de una vida, que muchos quisieran tener. Su sueño es ser mecánico de autos, para así progresar en la vida. ¡Dios, que orgulloso estoy de él!. Al escuchar las distintas historias, la garganta se cierra y una sensación de orgullo-vergüenza sube desde el estomago. Y esto se repite en todo el territorio nacional, una y otra vez. Con distintos actores, pero la historia es la misma. Es como destapar una gaseosa y leer "siga participando".

La tormenta se aleja, cuatro días en los que no pude bajar a la ruta. El sol, Inti Tayta pega a pleno en la Pacha Mama, permitiendo el transito por lo que queda del camino. Me despido de los maestros rurales, solo me despido de unos pocos alumnos. Natalia, Ubaldo son los que reciben el saludo en nombre de todos, realmente no podría hacerlo de todos, no tengo tanta fuerza interior como para soportar este alejamiento. Mientras más tiempo paso con ellos, más difícil es dejarlos. Termino de entender la lágrima interna de los maestros al alejarse. Por esas cosas de la vida, mi vieja F100 quedo "colgada" de una zanja a unos 3 km de la escuela y me alejo mochila al hombro, igual que la primera vez, a su encuentro. La grandiosidad que admiro, sólo la siento en la montaña. No hay otro lugar que me haga sentir libre en cuerpo y alma. La pampa se llena de pájaros que me despiden con su canto, nuevamente me cruzo con el zorro colorado visto al subir, un cóndor pasa a mi lado despidiéndome con los dedos de sus alas. Él va en dirección a la "Cefe", tal ves a llevar un mensaje divino a la inocencia, llevando un hálito de esperanza al futuro.

Me doy cuenta de que vuelvo a la guerra, una guerra declarada, con golpe de estado incluida, en donde un pueblo cacerola en mano, lucha para no llegar a una cruel guerra civil, producto de las mentiras. Gracias a Dios la "Cefe" queda en otra dimensión.

Al cruzar el arroyo "Paso de las Piedras", un grupo de trabajadores del parque nacional, entre risas, me dicen que tenga cuidado con el león, con el puma. Cuan cierto, vuelvo a la civilización y un león de dos patas esta agazapado para dar su zarpazo. El de cuatro patas es honesto, solo mata lo que va a comer.

Siento que me advierten, !Cuidado, abajo está el español!!.

6

No caben dudas, el mensaje es totalmente cierto. El invasor ha provocado nuevos desmanes en la creencia de libertad de los nativos. Lo malo es que la invasión esta siendo ordenada por otros "nativos", pero estos sin los sentimientos propios de la castigada Sudamérica. Estos "nativos" sólo tienen un dios, tal como los antiguos invasores, sólo buscan el oro. En la escuela reina la armonía, la que los aborígenes tenían en un principio. ¿Guerreros?, por supuesto, atacaban y se defendían. ¿Cazadores?, obviamente, pero respetaban al animal que cazaban y le pedían perdón por matarlo para comer. Conocían perfectamente el lugar en donde se asentaban y disfrutaban de su entorno, buscaban la armonía y al alcanzarla la cuidaban. Grandes conocedores del cielo de la actual Córdoba, ya que hicieron mapas de las distintas constelaciones. Los Comechingones (palabra sanavirona que proviene de camichingon que significa "hombre o habitante de las cuevas") habitaban estas alturas eran llamados Comechingones Serranos o Barbados Serranos. Ellos se llamaban a sí mismos Indamá. Hablaban el Camaire o comechingon propiamente dicho, lástima que en 1780, la corona española prohíbe todos los idiomas y dialectos, imponiendo el castellano. Grandes religiosos y magos. Amantes de su familia y de los que formaban su Ayllu (palabra quechua, utilizada por los comechingones que significa tribu o grupo familiar). Son los fantasmas de la Sierra de Charava, como ellos les decían a Las Sierras Grandes. Es extraño estar relacionándolos. Me los imagino recorriendo la pampa en sus cacerías o cuidando sus rebaños.

Haciendo sus pictografías, que mostraban la naturaleza, mostrando su hábitat. Haciendo sus ceremonias. La imaginación vuela y pienso en su "nave" (cacique en camaire) dirigiendo a su ayllu. Me los imagino guiando a estos niños en su aprendizaje natural, en reconocer su zona, en saber del peligro antes de que se transforme en tal. En reconocer a los animales y a los elementos. Los niños de todos lados buscan en su mundo una armonía, y en las escuelitas rurales, esa armonía llega del entorno. Llega de lo inmenso del paisaje, de la calma del ambiente, del aprendizaje que día a día les llega a través de sus sentidos. Vista, tacto, oído, olfato, gusto son usados constantemente. Cada uno de ellos van aprendiendo poco a poco lo necesario para sobrevivir.

Los elementos son, por momentos, inmisericordes pero ellos no se desaniman siguen en su lucha individual, aunque no se den cuenta de lo importante que es esa lucha. Ni siquiera se dan cuenta que están en lucha. Para ellos sólo es un juego. Allí están Damián y Gabi persiguiendo una lagartija que busca esconderse. O Jesús y Antonio llevando la chancha, que reniega de ser encerrada en el corral. O Diego que a lomo de caballo y montando en "pelo", recorre la pampita que esta al lado de la escuela. Aniceto mostrándome la tormenta.

Corren libremente por lugares que los habitantes de la ciudad verían como zonas de gran riesgo. Conocen senderos y arroyos como la palma de su mano. Tal vez Voltán, uno de los más antiguos y más reverenciados caciques comechingones, los dirige o será Achala, nombre del cacique que da nombre a estas sierras. Se están preparando para luchar, se están preparando para el trabajo duro de la gente de las sierras.

Muchos de ellos se quedaran en la zona, trabajaran en los campos existentes, tal vez alguno en el parque nacional, pocos iran al bajo a buscar su futuro y muchos menos lograrán continuar con sus estudios. La gran mayoría aun no pueden darse cuenta del peligro que se cierne sobre estas escuelas, el que es aplacado por el trabajo sin descanso de los maestros y de sus ayudantes. Sólo aplacado, pues el esfuerzo es cada ves mayor; pero no porque las necesidades sean mayores, sino porque los recursos que llegan son menores pues son utilizados para cubrir algún "privilegio" inentendible en estas épocas. Educación en todo sentido y amor en todo momento.

Aquí están Esmeralda, Hilda, Viviana, Virginia, Claudio brindando su esfuerzo, como así también Marcelo, Inocencio, Teresa, Roque, Patricia y alguno mas que sin estar, ayudan a que la cultura no se corte, algunos suben a caballo, como lo hizo la primer maestra; inclusive aprenden a montar "in situ", para llegar a la "Cefe". Ahí está también Raúl, que llega con su viejo "unimog", trayendo los alimentos, tocando una vieja guitarra, en torno de la cual se juntan los niños. Cuanto esfuerzo digno de medallas y bustos. Pero para ellos la sonrisa de un niño, es más que cualquier bronce.

La historia de la humanidad me muestra que siempre fue más fácil gobernar a un pueblo que tuviera poca educación, embrutecerlos para así poder ser ellos los poderosos, manteniendo un poder tan abstracto que sólo les sirve para recaudar oro. Pero esa actitud solo los lleva al olvido para con sus gobernados.

En una película vista hace ya tiempo vi como en un monasterio se encerraba el conocimiento de los libros bajo escondrijos secretos, para guardar la sabiduría. Eso le daba poder al que tenia las llaves. Debían resguardar el miedo que provoca la ignorancia, como el miedo a un dios maligno. Hoy se nos miente y esconde la verdad, tratándonos como bebés desprotegidos, tratándonos de sonsos. Cuan distinto es en la naturaleza, en donde todo está a la vista y el conocimiento llega sobre la base de la prueba y error.

Los niños de la "Cefe" prueban y cometen errores todos los días, pero eso no les aplaca su necesidad de aprender. Buscan conectarse con el mundo, buscan información de todo tipo y forma. Para ellos, que un pequeño grupo de maestros pongan un esfuerzo superlativo, es necesario. Así como los aborígenes iniciaban a sus hijos en los distintos conocimientos de la cosmovisión de sus tiempos, así los niños de las escuelas rurales buscan ser iniciados en el moderno conocimiento.

7

La entrada en las "Dos Puertas", me recibe con un sol a pleno, hace calor en la Pampa de Achala, con una temperatura inusual para esta época del año. El otoño a vestido el verde de los pastizales, con tono amarillento, aunque aún se ven verdes intensos, demostrándome que el verano quiere quedarse un ratito más. Como en cada viaje y siguiendo una costumbre india, pido permiso a la montaña, para poder subir en paz.

Los arroyos bajos, permiten que el Jeep Lada, los vadee todavía sin rezongar, lo que hará unos kilómetros más adelante, pues según sé, el camino prácticamente a dejado de existir. Parece que murió de una enfermedad muy conocida en la zona, "olvidititis aguda". A los pocos kilómetros, comienzan a hacerse realidad mis informes, la huella se vuelve casi intransitable. Por momentos bajo del jeep, para elegir o mejor dicho discernir, por donde continuar. Zanjas profundas, piedras sueltas, desmoronamientos, etc, etc, van complicando el transito.

Poco a poco, en una doble tracción exigida, me acerco a la "Cefe". La oración va llegando y distintos tonos de naranja tiñen un cielo totalmente límpido, hasta donde la vista alcanza o por lo menos hasta donde los cerros me dejan ver. Un águila mora, está como suspendida en el aire y compagina una imagen totalmente bella. Es tan mágico el momento, que me detengo a observarlo, a admirarlo.

Al estar el camino en tan mal estado, debo atravesar la cancha de fútbol, para bajar a los edificios, desde lo alto veo a los niños jugar en el patio. Es sábado a la tarde y la escuela está en descanso. Al ver el nuevo vehículo, observan cautelosamente. Al reconocerme Guadalupe salta a mis brazos, al igual que Gaby y Daniela. Impagable.

Me llena de emoción el recibimiento, teniendo en cuenta que hace dos meses que no llego al mundo de los niños y hace dos meses que pienso en ellos. Los más grandes se van arrimando tímidamente, pero los abrazo con tanto gusto que sólo me devuelven sus honestas risas. El edificio me recibe en penumbras, hay poco combustible para el generador y hay que ahorrar. Me dirijo a la dirección, allí están reunidos los maestros. Causa sorpresa mi llegada y entre abrazos y besos, me siento acogido nuevamente en un privilegiado mundo alejado de la civilización. ¿Estoy entendiendo al revés el título de un libro de D. Sarmiento, "Civilización y Barbarie"?. ¿Cuál es la barbarie ahora?. Y ¿cuál la civilización?. No tengo dudas al respecto, ni siquiera un gramo de duda.

Cortas charlas con los maestros y con Esmeralda, me ponen al tanto de todo lo ocurrido durante este tiempo. Darío, el niño internado en Córdoba y retirado de la escuela en helicóptero, ya está en su casa, recuperándose. Hilda, Viviana y Gabriela siguen firmes en sus puestos. Luis, uno de los maestros, está enfermo, Julieta es su reemplazante y extraña terriblemente su hogar. Pero me muestra inconscientemente, con el brillo de sus negros ojos, la ternura que guarda para los más pequeños al verlos hacer sus diabluras, intentando ponerse seria.

Faltan dos meses para que terminen las clases, el 25 de Mayo es el día "D" y allí esta el vendaval, Esmeralda surge de entre las sombras dando sus acostumbradas ordenes "vamos, vamos, movilizarse, a estudiar para mañana, vamos, vamos, activen". Ella misma me dice "cada día estoy más loca".

Previo a la cena, como siempre antes de cada una de las comidas del día, se agradece el alimento que se va a recibir y luego todos a dormir. Salgo al patio para ver las estrellas, un manto impresionante de ellas cubren la Pampa. Dirijo mi vista hacia el lugar desde donde sopla el viento y en el sur veo los relámpagos de la tormenta que posiblemente, golpee a la "Ceferino".

8,30 horas, del domingo, todo el mundo arriba, aún faltan dos meses para las vacaciones y hay mucha tarea que realizar. Por mi parte, luego del desayuno, comienzo a reparar algunas cosas que por el uso se han deteriorado, pero tengo un ayudante de campo, Damián (6) que mira incrédulo como se desarma una simple canilla.

Mi plan es salir a la hora de la siesta, pero ya la tormenta está sobre nosotros. Fuerte, muy fuerte, agua, viento, granizo. El cerro que se encuentra detrás de la escuela, se transforma en una catarata y el granizo va cubriendo el patio como una nevada. Cuarenta y cinco minutos de aguacero y luego una pequeña llovizna, significan que el viaje debe ser postergado al menos un día, las bromas hacia mi persona surgen instantáneamente, "el Juanca no se va, el Juanca no se va", entre mate y mate. Pero me preocupa que Virginia, la "profe" de lenguas, viene trepando la sierra a caballo, acompañada de un baqueano. Espero que estén bien. Está comenzando a oscurecer y junto a Leandro, uno de los alumnos más grandes, intentamos encender el generador, ya que los paneles solares no dieron carga al no estar Inti Tayta brillando. Imposible, las baterías están totalmente agotadas. Trato de ayudarlas con la batería del jeep, pero el motor insiste en no arrancar y la llovizna continúa cayendo. Por las ventanas veo como comienzan a encenderse las velas, dando una tenue y cálida luz al comedor de piedras. Mi imaginación corre rápidamente hacia el pasado, llegando a los primeros días de la escuela, cuando todo era a farol o pura vela, cuando la señorita Juana corregía las pruebas de sus alumnos en la cocina de la abuela Ignacia.

Durante la cena, llega Virginia, totalmente empapada y aterida de frío. Con una sonrisa en el rostro, agradeciendo estar bajo techo, donde le esperaba una cena caliente y la calidez de los niños. En una pequeña charla con los maestros me entero que faltan alumnos en la escuela. Tendrán que comenzar a preguntar los motivos, pero les extraña la situación, realmente sería una pena que perdieran el año, faltando tan poco. Son las 23 horas y comienzo a introducirme en mi bolsa de dormir.

La mañana del lunes nos recibe, nuevamente con fuertes lluvias. Tras el desayuno, los niños se dirigen a la escuela, la bandera hoy se izará más tarde, cuando el clima lo permita, pero la actividad escolar no debe ser detenida.

En mi loca cabeza algo comienza a formarse o a faltar, aparte de la cantidad de tuercas y tornillos inexistentes hace tiempo. Existe un fantasma al que no he prestado atención o por lo menos hasta ahora, tal ves porque no dejo de verlo constantemente. Al que hasta le pido permiso y luego olvido, me rodea en todo momento y lugar en el que estoy. Me contiene, me da ánimo y soy parte de él. Me informa a cada paso, dándome pequeños mensajes, a los que hay que prestarle atención. Me reta fuerte si no le hago caso.

Los quechuas llaman a los señores de la montaña "Apus", yo no sé si su nombre será ese o "El Señor Paisaje" o simplemente "paisaje", o "vista", o "panorama". Lo que si sé es que el sólo verlo me retrae a un interior tan cálido, que sólo yo mismo puedo entenderlo. Un rayo de sol comienza a pelear fuertemente por romper el cerco de nubes bajas que nos rodea y el paisaje, ese fantasma sin dueño, comienza a cambiar instantáneamente. A lo lejos, escucho el rugir del pequeño arroyo, hoy crecido, acompañado del canto de los pájaros.

Las oscuras nubes dan paso a los enormes copos de merengue que se encuentran sobre y bajo nuestro. Nubes blancas se esconden en las quebradas y otras más grandes surcan el cielo, movidas por una tenue brisa. Cada tanto alguna neblina oscura cubre los cerros aledaños, como si estos quisieran jugar a las escondidas. El oxígeno está tan limpio, que al llegar a los pulmones, embriaga como el mejor y más añejo de los vinos.

En las piedras, el agua acumulada en sus rajas, brilla al ser tocadas por un rayo de sol, asemejándose a listones de plata. Los pastos toman un color más fuerte y alguna penca suelta una flor amarilla, como agradeciendo el placer del baño, que le ha quitado el polvo que sobre ella depositaron los vientos. A lo lejos un criollo de a caballo, llevando sus tres o cuatro vacas, aparece "redepente" de entre las piedras, para perderse 20 metros más allá y descubro que hasta donde la vista llega, todo es inmensidad, todo es "paisaje".

Algunos sectores con sol, otros con sombra, la calma es total, es como si el universo se hubiera detenido un instante y sin hacer tanta "alharaca" de su poder, me da ese momento de absoluta armonía. Siento que mi cuerpo no existe y que soy una partícula en la inmensidad de la creación. La mente, la "loca de la casa", como le decía una señora muy importante, la Madre Teresa de Calcuta, se transforma en algo totalmente pasivo. La vista se relaja y el horizonte se acerca.

Los niños están en clase, los maestros y el personal en sus labores. Se inicia la semana y faltan ocho para que la "Cefe" deje de recibir las risas y juegos, las diabluras y retos, las alegrías y angustias, el esfuerzo de los habitantes de esta escuela orgullosa de su nombre "Ceferino Namuncurá".

El almuerzo está listo, se procede a izar la bandera antes de entrar al comedor.

Son las 15 horas, ya con mi mochila lista y cargada en el jeep, comienzo a despedirme, se me entrega una carta de los niños a mi madre, que ha enviado víveres a los fantasmas de Las Sierras de Achala. Todos me despiden, Esmeralda me da un fuerte abrazo sin palabras, son los mejores. Comienzo a alejarme despacito como no queriendo irme. Nuevamente pido permiso para bajar en paz la montaña, pedidos que siempre han sido otorgados con benevolencia.

8

Llega el final de clases, soy invitado a presenciar el acto de fin de curso. El día 30 de mayo a las 8 horas, comienzo a transitar los kilómetros que separan la ruta de la escuela. Un viento helado cruza la pampa. El hielo se a instalado en los pastos y alambradas, solo queda demarcada la senda por la que transito, lo demás es hielo. Muchos vehículos se dirigen a la "Cefe", autos oficiales, helicópteros, van a politiquear un poco. Si lo viera con sus ojos diría "que fácil es trabajar en semejante belleza". Pero sé, sin ninguna duda, que el esfuerzo en estos lugares es de 24 horas al día.

Los alumnos están formados en el patio principal, cada sección tiene su uniforme. A la cabeza del desfile van los pequeñitos, llevando un paso marcial que es marcado por alguna marcha. Veo a los maestros nerviosos y a Esmeralda que quiere salirse de su cuerpo y dividirse, para estar en todos lados. La emoción comienza a tomar cuerpo en una garganta seca que quiere tragar, aunque sea, un poco de aire. La bandera flamea más orgullosa que nunca, sus hijos más humildes, le están rindiendo tributo. El viento frío, que hasta recién calaba los huesos, es olvidado al ver tanto corazón puesto en la ceremonia.

La escuelita rural a quedado vacía. Los colchones se apilan y las colchas se guardan hasta septiembre. Las aulas se cierran. Es como si el edificio entrara en letargo, como los osos del norte. En el comedor aún resuenan las risas y gritos de los chicos. Las vacaciones llegaron y estoy seguro que los fantasmas de la pampa, esperarán ansiosos, que dentro de tres meses los inocentes 81, vuelvan.

A medida que trascurrían mis llegadas a este apartado mundo, fui descubriendo cualidades y defectos, de cada uno de estas personas. Pero quien soy yo como para ver defectos. Sólo puedo hasta envidiarles la tarea en donde han sido colocados. Según sé, Dios nos instala en los lugares en donde tenemos que estar y donde cumpliremos la mejor función.

Yo sólo quiero agradecer, el haber estado minúsculamente ayudando y también agradecer la forma en que fui recibido y aceptado, llegar a la "Cefe" me da paz, es como llegar a mi hogar. Ellos me aceptaron como uno más, como al "tío Juan".

Esmeralda, Viviana, Hilda, Gaby, Virginia, Claudio, Luis, Julieta, Marcelo, Inocencio, Teresa, Patricia, Raúl, Roque, personas tan especiales que merecen ser recordados. Los sentimientos se van mezclando. Se comienza a sentir verdadero amor por este grupo de personas que luchan fuertemente en una labor, que por momentos parece de otro tiempo. Todo se mezcla, desde el primer día que pisé la escuela hasta hoy. Si al principio solo quería ayudar hoy entiendo que eso no basta, no basta sólo el llevar cosas materiales.

Creo que también es importante el llevarles la seguridad de que mucha gente los apoya, aunque eso se demuestre con un paquete de azúcar. Pero también es importante hacer ver a la gente de la ciudad, que existen lugares, en donde el amor, la ternura y el agradecimiento se demuestran con algo tan simple como un abrazo y una sonrisa. Con un nudo en la garganta o una lágrima que no quiere salir del todo. Con un abrazo sin palabras y un... hasta luego.-

9

"Caminante no hay camino, se hace camino al andar", escribió el poeta. Es tan increíble esta frase que me lleva a analizar, a analizarme a mí mismo, tratando de comprender, de que forma ayudaron a mi pobre evolución espiritual. Todos los caminos llevan hacia algún lugar. Esos caminos me llevan hacia un interior, tan ávido de aprendizaje, tan necesitado de información sobre él mismo, que hasta parece una esponja que absorbe todo, para luego eliminar lo malo, al menos para mi propio ser.

El "Camino Inca" hacia Machu Pichu, mochila al hombro, sintiendo el camino a cada paso, con senderos interminables, descubriendo que la lenta perseverancia da más resultado que el arrebatamiento de querer ganarle a la montaña. Descubriendo que los caminos siempre me dirigen hacia donde decidí ir, aun cuando no sepa el motivo. Con una senda bien marcada, pero realizando un viaje en donde para ver el paisaje hay que detenerse, para no caer en los barrancos, ver donde estoy, observar y observarme en ese lugar, luego sí continuar, para llegar a Aguas Calientes, y sus benévolas aguas termales y reposar, para continuar en la búsqueda.

Las sendas de Jujuy, mostrándome que existen lugares a los cuales se llega por un solo camino, el cual es destruido por crecientes y aludes, pero aún así se insiste en llegar. Otros a los que solo se llega a pie o en mula. Pueblitos en donde el ritmo de las grandes ciudades, no llega. En donde la paz interna comienza a mostrarse en su verdadera extensión y su real riqueza. Mostrándome que aun en el desierto todo puede florecer. Diciéndome que al encontrar mi lugar, interno y por lo tanto externo, ya no puedo dejarlo, ya que si lo hago comprometo mi ser, mi "ser humano". Perder mi identidad, como ser único, como cada uno de nosotros lo es.

Los cerros de Ongamira (tierra del cacique Onga), que me mostraron que no podemos olvidar la historia, ya que ella se repetirá constantemente si lo hacemos. Lugar en donde se me mostró el salvajismo del invasor, contra la buena fe de los nativos. Extraño pues eso ocurrió hace algunos cientos de años y aun persiste. Lugar en donde la magia convoca, sólo si estamos dispuestos a oír nuestro interior, para conocer los secretos ancestrales.

La Pampa de Achala, con sus escuelas y más precisamente la "Ceferino", dándome a entender que para encontrar el lugar al que pertenecemos, debemos transitar por una senda llena de obstáculos, a los cuales debemos sortear con perseverancia y sin olvidarnos de quienes somos, intentando no destruir nuestros medios, pero si enfrentarlos. Teniendo bien en claro, que los sueños verdaderos perduran aún con las mayores dificultades, aún con las mayores piedras que encontremos en el camino. "Resistir", como escuche una canción en esta Navidad, ante las ganas de renunciar, los deseos de abandonar ante la lucha que realmente es "cruel y mucha".

Tal vez y sólo tal vez me lleven a cumplir con lo que me propuse hace ya tiempo. De todos modos, lo que es totalmente cierto es que, lo importante no es llegar a destino, sino como transitamos el camino para llegar a él. Y como siempre al llegar comienza lo nuevo, comienza la nueva senda, será en tren, será en vehículo, a mula o caballo, o tal ves a pie, pero seguir adelante es el sino de todo hombre o mujer que se atreva a buscar su destino. Que acepte el desafió de exponerse a los elementos. Como aquel que sube la montaña, cruza ríos y mares, desiertos o selvas, sólo porque están allí. Cambiando un sitio de relativa seguridad para enfrascarse en una nueva lucha, por el simple echo de que sus fantasmas internos sean tenidos en cuenta, no sean olvidados y así colaboren con la nueva idea, con el nuevo pensamiento.

¿Qué tan peligroso es pensar?. ¿Por qué los poderosos de todo el mundo, en todo ámbito, intentan que el hombre común, no piense?. Todos sabemos que un pensamiento da lugar a una idea, y esta idea crea la revolución interna que provoca la revolución de vida, de una nueva vida. Dios me dé la fuerza necesaria para resistir, sin olvidar mis afectos y lo que soy. Pero siempre teniendo en cuenta que los niños son los que producirán el verdadero cambio, sólo deseo tener la claridad mental de ayudarlos a que piensen. A que sepan que cada uno de nosotros es importante y que ellos tienen la fuerza que hará germinar la semilla del futuro. Como ya dije, la historia marca que la información siempre fue ocultada, sea la que fuere, para que de esa forma el pensamiento no divague. Y por lo tanto no se pierda el temor al poder. Es el momento en cual debemos buscar esa información y darla a otros, que no quede oculta, que no se pierda y solo sea usada por los poderosos de siempre. Hace algún tiempo, escuche algo que me conmocionó: "La falta de información lleva al miedo, el miedo a la ira, la ira al odio y el odio al sufrimiento".

Todo es información, el fabuloso vuelo del cóndor que hace silbar el aire al cortarlo con sus alas; el andar cansino de una llama que con sus almohadillas resguarda a la Pacha Mama que le da su alimento; el canto del arroyo al cruzar las piedras brindando la frescura necesaria a la seca tierra; el sonido del viento dispersando la semilla de los verdes pastos de primavera; el golpeteo de la lluvia al caer que penetrando en la Pacha Mama lleva el alimento necesario a la semilla; los distintos animales que con su ir y venir y hasta con su muerte sirven al nuevo ciclo de la vida; y la sonrisa de los niños, agradeciendo de esa forma que solo los tengamos en cuenta, que no los olvidemos. Ofreciéndoles lo mejor de nosotros, ya los maestros todos ellos, les entregan su vida. Ofreciéndoles información y no mera junta de datos.-

Todos los días que te lleve

saber como esto fue

te servirán para ser en

otro tiempo algo más libre.

Son las únicas palabras

que te pido escuchar

si no me muero de

vergüenza hoy acá.

A todos por igual

alguien nos espera

y de cualquier manera

llorarás.

Que dignidad tan grande

la de creer siempre en la

vida con solo ver una flor

brotando entre las ruinas.

(Mensajes del Alma – León

Gieco)

Juan Carlos Kufner

27/04/02


Partes: 1, 2


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