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Hugo Chavez y la guerra de resistencia (página 2)




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Chávez prepara un ejército de civiles

Los opositores han acusado al gobierno de tratar de consolidar el poder al estilo cubano.

Por Fabiola Sánchez
Prensa Asociada
4/22/2006

CARACAS · El presidente Hugo Chávez constantemente advierte a los venezolanos que una invasión de Estados Unidos es inminente.
En atención a esa eventual amenaza, Chávez ordenó una reestructuración de la fuerza armada y la ampliación de las milicias civiles, que son entrenadas para resistir a un potencial enemigo que sería superior en cantidad y equipamientos.
Numerosos seguidores de Chávez, un ex teniente coronel del Ejército, se han alistado en la reserva atendiendo el llamado del mandatario izquierdista, lo que ha permitido llevar esa unidad a unas 150,000 personas, cifra que está muy por encima de las fuerzas regulares calculadas en unos 100,000 hombres.
Simultáneamente, Chávez ordenó la formación de una milicia denominada Guardia Territorial y ha anunciado que espera llevar la reserva a un millón de hombres y mujeres.
Algunos opositores sostienen que la idea del gobernante suramericano de incorporar masivamente a los civiles en la defensa nacional responde a un plan para crear una fuerza interna que pueda enfrentar a opositores y defender a Chávez a cualquier costo.
"Vamos a ser un pueblo soldado", dijo Roberto Salazar, un desempleado de 49 años, después de arrastrarse por debajo de un alambrado de púas, recorrer una trinchera llena de fango, y evadir un grupo de llantas incendiadas junto con otros voluntarios durante un entrenamiento de la Guardia Territorial.

La mayoría de los soldados civiles venezolanos provienen de las barriadas pobres donde Chávez tiene un fuerte respaldo.
El entrenamiento, que se imparte en buena parte los fines de semana, incluye el manejo de fusiles de asalto, el acondicionamiento físico, y las carreras con obstáculos en medio de una nube de gas lacrimógeno.
Miles de los voluntarios que se entrenan son amas de casa, estudiantes y obreros de construcción que devengan un salario de 16,000 bolívares (unos $7.44 ) por cada sesión a la que acuden.
"Es necesario que los venezolanos tengan conocimiento de ser militar para defender la patria y nuestro presidente Hugo Chávez", añadió Salazar.
Chávez insiste en que el golpe del 2002, que lo sacó del gobierno por dos días, fue promovido por Washington. Estados Unidos reconoció rápidamente al gobernante interino que asumió el poder durante la intentona. Algunos documentos desclasificados de los servicios de inteligencia estadounidense indican que la CIA conoció con antelación las conspiraciones de militares disidentes.
Los oficiales rebeldes fueron expulsados de la fuerza armada, y algunos de ellos huyeron del país. El gobierno ha ofrecido recompensas para capturarlos, que han incluido espléndidos incrementos de sueldos para los militares.
El mandatario asegura que todos los venezolanos deben estar preparados para la "guerra de resistencia".
Chávez ha señalado que las tropas estadounidenses podrían "morder el polvo" si tratan de invadir el país para apoderarse de las vastas reservas petroleras.
La reserva venezolana que contaba para el 2004 con unas 30,000 personas, tiene hoy unos 150,000 miembros, declaró el general Alberto Muller Rojas, integrante del estado mayor del presidente Chávez.
Esa unidad tiene ahora su propio comandante y un presupuesto independiente de las fuerzas regulares.
Los reservistas asumirán algunos de los viejos fusiles de asalto belgas que este año se retirarán de la fuerza armada luego que Venezuela reciba los 100,000 fusiles rusos Kalashnikov que serán la nueva arma reglamentaria de los militares venezolanos.
Chávez ha dicho que se requerirán más armas para el millón de soldados civiles. A la Guardia Territorial no se le proporcionarán armas, pero sus comandantes sostienen que el armamento podría ser habilitado y designado en el caso de una emergencia.
En algunas secciones de la nueva orientación de la fuerza armada venezolana, difundida por Internet, se habla de una nueva alianza "civiles-militares".
En el documento se refiere además que el país debe prepararse para una guerra "asimétrica", que implica el uso de medios no convencionales para combatir la fuerza tradicional, aunque no se explica en detalle cuáles tácticas podrían usarse.
Los opositores han acusado a Chávez de tratar de consolidar el poder, al estilo cubano, al asignar a los militares tareas en las comunidades como guardias peatonales y prestadores de atención médica.
"La lealtad militar a Chávez es una de las dos claves de la supervivencia de Chávez. La otra es la devoción de los pobres", expresó Larry Birns, director de organización del Consejo de Asuntos Hemisféricos (Council on Hemispheric Affairs), con sede en Washington.
"Esto es un acto de desesperación para formar una milicia civil armada", indicó Birns. "El puede haber llegado al tal punto de creer que una facción de los militares es poco confiable", añadió.
Indicó que en vez de una invasión, sería más probable que Washington trate de debilitar a Chávez estableciendo contactos con posibles rivales dentro de la fuerza armada.
Algunos oficiales estadounidenses han conjeturado que Chávez podría tratar de exportar su revolución a otros países. El mandatario califica tales versiones como una completa invención.

19 de Abril de 1810: Primer Referendo Revocatorio del mandato de Autoridad

(Prof. (M.sc.) Arnaldo Perdomo

El 19 de Abril de 1810 representa el inicio de un proceso que se cerrará transcurrida mucho más de una década después. Ese proceso es el de la independencia Política de Venezuela, el cual represento la ruptura del nexo Colonial con España, pero a costa del sacrificio de venezolanos que en términos generales; unos tomaron posición a favor de la patria, mientras que otros defendieron la Monarquía Española.
Los acontecimientos ocurridos ese 19 de Abril de 1810 en Venezuela forman
parte de un proceso generalizado que se vive en el mundo occidental surgidas como consecuencia de la revolución Francesa (1789) la independencia norteamericana, en 1776; El movimiento de los comuneros del Socorro, en la Nueva Granada en 1781, la independencia de Haití promovida por los negros en 1804 y la invasión de Napoleón Bonaparte a España en 1808, por supuesto, todo esto es alimentado por el pensamiento de la ilustración y determinado por la decadencia del Orden Aristocrático y colonialista.
Europa se estremecía por los avances del ejercito Imperial Francés, deslumbraba la audacia con la que se extendía el dominio Napoleónico a otras tierras, luego de traspasar los Pirineos y los Alpes. Ya no existían monarquías opuestas, al menos en territorio Galo. Ahora es Napoleón el emperador, el mismo que pacto la Paz de Amiens.
Según los historiadores la invasión de Napoleón Bonaparte a España representa la maniobra politicomilitar que le permitió someter al Rey Carlos IV y al heredero al Trono, Fernando VII e imponer como monarca a su hermano José Bonaparte. Iniciándose entonces en la Península Ibérica una guerra de resistencia contra el invasor Francés coyuntura que obliga a la junta suprema de Sevilla ( creada para organizar la resistencia) a declarar que las colonias tendrán los mismos derechos y privilegios que las Provincias Españolas.
Pero el avance de las Tropas Francesas obliga a esta junta a disolverse y crear el llamado Consejo de Regencia que tiene limitaciones respecto al control de colonias. La América Hispánica, en consecuencia de pronto tiene que enfrentar dos gobiernos metropolitanos simultáneos: El de José Bonaparte y el del consejo de Regencia, situación que aprovecharon todos los que aspiraron cargos o funciones de gobierno sobre la base de su poder económico, para rechazar y cuestionar a los enviados de ambos bandos y empezar a crear las instancias gubernamentales que le facilitaran los caminos a la independencia política o al menos a la construcción de un Gobierno Autónomo, este es el caso sucedido en Venezuela.
En la Capitanía General de Venezuela, desde hacia años un grupo de jóvenes
vinculados Con el sector de los Blancos Criollos venia cuestionando el dominio Español sobre estas tierras. Sin embargo, el sector conservador, partidarios de la Monarquía, así como los Funcionarios Coloniales, habían prevenido de atenuar las inquietudes y agitaciones de esos jóvenes y de perseguir y castigar las demostraciones de rebeldía frente al Poder Monárquico.
Sin embargo, transcurrieron algunos meses y especialmente en Caracas, la actividad Política en la que incursionaban estos jóvenes se hacia mas evidente en la medida en que se hacían mas obvias la impericia de España para controlar sus Colonias en virtud de la guerra interna que vivia la Metrópoli. Por su lado, los grupos Conservadores, los mismos que en años anteriores habían apoyado las respuestas Coloniales contra el Zambo Andrés López del Rosario; Andresote, Juan Francisco de León. En Panaquire; José Leonardo Chirino; en la Sierra de Coro, Gual y España. En la Guaira, y Francisco de Miranda, entendían ahora, la necesidad de que el control político de la Capitanía General de Venezuela debían asumirla los Criollos.
De allí que, aquel Jueves Santo de 1810, Caracas conmovida por las agitaciones de los jóvenes mantuanos, se levanto inquieta; estos continuaban impulsando el proceso por los caminos de la rebeldía pero una vez más los conservadores instalados en sus curules, obtenidas no por voluntad soberana, sino heredada de generación en generación, en el Cabildo habían convocado de manera ilegal a una Sesión.
Esta invitación a Cabildo era producto de las presiones que pretendían
Imponer los sectores más radicales. Este Cabildo ilegitimo, obligo a Vicente Emparan a incorporarse a la sesión desde las 7:00 de la mañana habían instalado el Ayuntamiento. Participaban los hombres de la Oligarquía Caraqueña, aquellos que poseían apellidos ilustres, enormes fortunas y el control económico, pero solo existía para ellos un obstáculo relevante; se trataba del Poder Político, que en aquel entonces solo podían ejercer los Blancos Peninsulares designados por el Rey. En adelante se producirá con la renuncia del Capitán General, el primer Referendo Revocatorio del mandato de autoridad que presencio la historia de Venezuela, evidencia que se vislumbra cuando Emparan, en el marco de la sesión del Cabildo Caraqueño, se dirige a la multitud para consultar al pueblo si querían o no que siguiera gobernando.
Este hecho constituyo un gesto democrático por parte de Emparan, que lo adelanto casi 200 años a lo establecido en la Constitución Bolivariana (Art.70) cuando se le permitió consultar a la población congregada sobre la aceptación o rechazo de un gobernante en ejercicio.
" Pues, si ustedes no quieren mi gobierno ... Entonces yo tampoco quiero mando", renunció Emparan a su rol de Capitán General y dejo el gobierno en manos de la Junta Suprema Conservadora de los derechos de Fernando VII. Instancia creada como un acuerdo que satisfacía a los conservadores de la provincia de Caracas entre tanto los sectores revolucionarios, reunidos en torno a la Sociedad Patriótica se dedicaban a desarrollar una estrategia orientada a crear las bases para la declaración de independencia la Junta Suprema gobernó desde el 19 de abril de 1810, hasta el 12 de Marzo de 1811, fecha en la que se instala el primer congreso Constituyente y se dinamiza un activismo político que durara hasta después del 5 de Julio de 1811, fecha en la que se inician los acontecimientos que darán al traste con la Independencia.
Pero algo muy cierto es que ese Jueves Santo "los Amos del Valle" sin derramar una gota de sangre removieron a la Máxima Autoridad Española Vicente Emparan y dieron pie a una cruenta guerra que se abre con énfasis en 1812 y no pasara hasta 1821 y dará paso a la independencia para definitivamente romper con el orden colonial que imponía España en Tierra Americana.

Chávez expulsó del país en febrero a un agregado naval estadounidense, acusado de actividades de espionaje. Estados Unidos en represalia ordenó el retiro de una diplomática venezolana.

Algunos oficiales estadounidenses han conjeturado que Chávez podría tratar de exportar su revolución a otros países. El mandatario califica tales versiones como una completa invención.

La fuerza armada venezolana no parece estar edificando ninguna fortificación especial para resistir a un ataque de las tropas estadounidenses. No obstante, el país se cuida muy bien de revelar los detalles de sus planes de defensa.

Unos reporteros del Canal 4 de Gran Bretaña fueron detenidos recientemente durante 30 horas por filmar a unos reservistas después de un desfile. Los periodistas dijeron haber sido encarcelados durante la noche por sospecha de espionaje, y después fueron liberados.

En una reciente entrevista el embajador estadounidense en Caracas, William Brownfield, se abstuvo de hacer juicios sobre el crecimiento de la reserva en Venezuela.

Brownfield sólo manifestó que corresponde al gobierno y al pueblo venezolano decidir qué "tan grande quieren la reserva, qué sistema de mando creen que la reserva debe tener, y si esta reserva debe tener una presencia en cada cuadra, o pueblo, o aldea en todo el país".

Chávez ha señalado que Estados Unidos no ha titubeado en invadir países y derrocar a los regímenes que considera hostiles. Como ejemplo de ello citó las invasiones de Granada en 1983 y de Panamá en 1989, argumentando que lo mismo podría sucederle a Venezuela. En ambos casos, las fuerzas de resistencia rápidamente se desmoronaron.

El caso de la derrota de la invasión de Bahia de Cochinos, que promovió la CIA en 1961, es un modelo que Chávez quiere que se siga en su país.

En el sur de Venezuela la Guardia Nacional ha alistado a unos 500 indígenas para la defensa nacional que de ser necesario lanzarían flechas con dardos venenosos, comentó Chávez recientemente. "Si a algún invasor hubiera que meterle un flechazo del bueno, en 30 segundos usted está listo, querido gringo", agregó el gobernante.

Mientras el presidente de Venezuela ordena entrenar a civiles para enfrentar un supuesto ataque noteamericano, el Comando Nacional de la Resistencia tomó ayer juramento a un grupo de voluntarios que saldrá a las calles para informar de las ''deficiencias'' del gobierno ''autoritario'' de Hugo Chávez, dijeron fuentes de la oposición.

El activista opositor Oscar Pérez recalcó que unos ''7,000 voluntarios'' prestaron juramento en Caracas con el fin de conformar ''comandos'' que lucharán ''por las exigencias electorales'' y trabajarán ''con los sectores populares'', donde se encuentran los mayores afectos al oficialismo, según sondeos de opinión locales.

Pérez, dirigente del Comando Nacional de la Resistencia, agregó que estos ''comandos'' servirán también para ''controlar al gobierno y mostrar sus deficiencias'' y evitar que ''la ineficacia'' oficialista ``siga hundiendo a este país''.

La dividida y debilitada oposición venezolana ha puesto diez condiciones para participar en los comicios presidenciales de diciembre próximo, entre ellas el retorno al antiguo sistema manual de votación, la renovación del Poder Electoral y la depuración del padrón electoral,

La oposición venezolana quedó sin representación parlamentaria luego de que decidiera retirarse de las elecciones legislativas del pasado diciembre, argumentando ''desconfianza'' en el Poder Electoral y en el sistema automático de votación.

Chávez ya lanzó su candidatura para la reelección presidencial y todas las encuestas divulgadas en el país lo dan como favorito.

Pérez insistió en que la ''misión'' de los ''comandos'' de voluntarios es hacer ``repensar el país, recuperar la democracia entre todos y salir a trabajar con los sectores populares para acabar con la pobreza, el desempleo, la inseguridad, para encontrarnos con la gente de los barrios''.

El Comando Nacional de la Resistencia, calificado de ''opositor radical'' por el Gobierno, es por ahora el único grupo que organiza acciones de calle para rechazar el ''autoritarismo'' del presidente izquierdista venezolano.

Por su parte, el mandatario ha ordenado preparar al país a lo que él llama una ''guerra de resistencia'' ante ''amenazas'' de invasión por parte de EEUU El programa militar para los civiles consta de veinte sábados consecutivos de entrenamiento hasta junio los convertirán en luchadores de la resistencia, informó AP.

GUERRA ASIMÉTRICA

La guerra asimétrica es un conflicto violento donde existe una gran desproporción entre las fuerzas tanto militares como políticas de los bandos implicados, y que por lo tanto obliga a las partes a utilizar medios fuera de la tradición militar común. Entre estos medios se cuenta la Guerra de guerrillas, la Resistencia, toda clase de terrorismo, la contrainsurgencia, el terrorismo de Estado o la desobediencia civil.

En la guerra asimétrica no existe un frente determinado, ni acciones militares convencionales. Por el contrario, se basa en golpes de mano, combinación de acciones políticas y militares, implicación de la población civil y otras operaciones similares.

Recientemente, y dada la gran diferencia de poderío militar entre las grandes potencias y el resto de países del mundo, en éstos han empezado a surgir teorías de la guerra asimétrica más extensas. El libro Guerra Sin Restricciones elaborado por los coroneles chinos Qiao Liang y Wang Xiangsui a raíz de la invasión de Irak de 2003 es la primera obra teórica de profundo calado sobre las guerras asimétricas futuras a gran escala. De manera muy resumida, sus autores postulan la utilización de cualquier clase de lucha -sin tener en cuenta ninguna objeción ética- ante una potencia abrumadoramente superior en fuerza, tecnología o influencia diplomática.

Guerra asimétrica

El primero en topárselos fue Napoleón, que en sus intentos frustrados por conquistar España se enfrentó con pequeños grupos o núcleos de guerreros. Eran flexibles, rápidos, casi invisibles: daban su golpe y se desvanecían.

De ahí el origen de la palabra guerrilla: minorías versátiles, enfocadas bajo el esquema de hit and run. Un ejército formal, jerárquico, y de gran tamaño, no tiene por diseño, lo que se requiere para lidiar con guerrilleros.
El acto de horrorismo, más que de terrorismo en Nueva York, aparte de trágico, triste y doloroso, no deja de llamar la atención por la eficacia con la que se ejecutó el plan.
1.- La primera regla de guerra es el factor sorpresa, y esto es lo que psicológicamente pesa más. Acostumbrado EUA a ataques fuera de su territorio, el golpe tomó desprevenidos a todos. La sorpresa representa por lo menos el 60% de la victoria y de ahí la presunción de que el agresor se quedará quieto ante la alerta roja puesta en marcha por los norteamericanos.
2.- Nadie se atrevería a retar de manera frontal la fuerza militar de EUA (280 billones de dlls al año) y por eso se utilizaron métodos no convencionales de guerra, montándose sobre recursos "del enemigo" disponiendo de aviones comerciales de United y American Airlines. Se espera y se desea que no; pero de haber más ataques tendrán que ser con los mismos métodos no convencionales que incluyen ataques químicos, ciber-ataques, la desarticulación de los esquemas de comunicación, el ataque indiscriminado a blancos civiles (de ahí que Disney cerrara temporalmente sus parques de diversión).
3.- Una minoría activa enfocada puede hacer más daño que un ejército tradicional y de gran tamaño. Entre más pequeño el grupo, mayor su movilidad y la secrecía.
4.- El peor enemigo generalmente está en casa: puede ser el mayordomo, el socio, el amigo, el hermano, la empleada doméstica, el contador. En este caso, conforme se presentan los hechos, se manifiesta la complicidad dentro del territorio norteamericano.
5.- Aunque militarmente el poderío de EUA quedó inalterado, moralmente el golpe fue duro. Las miles de muertes civiles, la simbología de las Torres Gemelas colapsadas (World Trade Center) y el Pentágono en llamas, trastocaron fibras emocionales.
6.- La contundencia y la sincronía. Al estilo Blitzkreig, no es lo mismo cuatro ataques repartidos en un año, que cuatro ataques en la misma hora.
7.- El Gobierno de Bush estaba un tanto debilitado en sus relaciones externas con otros países (con su plan de construir un escudo nacional de misiles, y por no apoyar el Plan de Kyoto), además de que apenas se está sentando en la Presidencia enfrentando la inevitable curva de aprendizaje.
8.- La confusión es parte de la guerra psicológica. ¿Quién fue? ¿Para qué? ¿Hasta dónde se pretende llegar?
Condolezza Rice, asesora en Seguridad Nacional, ya había advertido posibles ataques de países que a su juicio promovían el terrorismo, entre ellos Corea del Norte, Cuba, Libia, Irán, Iraq, Sudán y Siria.
Aunque las sospechas se centran sobre el millonario Osama Bin Laden, no pueden descartarse subgrupos, incluso hasta a los propios radicales norteamericanos (ahí está el bombazo de Oklahoma).
Abundan los sospechosos, agregándole confusión a la situación, y hay por lo menos doce grupo guerrilleros que están en la mira, muchos de ellos palestinos (que siguen defendiendo la idea de que fueron invadidos por los judíos en un principio), o simpatizantes de ellos, que están en contra de la cantada alianza entre EUA e Israel; y para el caso hasta los globalíficos han entrado en la conversación de la justificada paranoia.
Un funcionario de gobierno de alto nivel, no hace más de dos semanas antes del ataque, se lamentaba en televisión abierta de la vulnerabilidad de EUA por no tener un sistema actualizado de inteligencia.
Argumentaba que la infraestructura de comunicaciones para funcionar como receptáculo de inteligencia había quedado obsoleta en el contexto de las nuevas tecnologías satelitales, celulares, digitales, inalámbricas, de encriptación, Internet, etc.
El escenario, las reglas, los medios y si acaso los fines, son otros y no se puede seguir haciendo lo mismo.
Según el Ché Guevara, la característica fundamental de una guerrilla debe ser la movilidad; y un ejército grande, poderoso, jerárquico, burocrático y protocolario, difícilmente podrá contra una guerrilla enfocada y dispuesta a todo.
La Guerra Asimétrica obliga a reconsiderar la forma de defensa-ataque y quizás se requiera formar otra "guerrilla"-del lado estadounidense- que sea igual de flexible, sofisticada, global, ágil, equipada, y con licencia.
Difícilmente se podrá matar a una liebre, o a un cucaracho, con un poderoso tanque de guerra.
La guerra fría -la carrera en su tiempo de EUA contra lo que fue la Unión Soviética- parece renacer con la modalidad de guerrilla y se tendrán que reforzar los grupos de inteligencia táctica, infiltrados, espías, contraespías, células anónimas, etc.
En casi 3,000 años de civilización la humanidad ha disfrutado de sólo 150 años de plena paz (el 5%). Parece mentira que para tener la paz se tenga que pensar, organizar y actuar, como si siempre se estuviera en guerra.

Guerra Asimétrica: El socialismo de Chávez contra el capitalismo
Alexander Guerrero E.
  Lunes, 7 de marzo de 2005
Una especie de guerra asimétrica ha emprendido el Presidente Chávez contra el capitalismo, fenómeno político-ideológico que devela la amplia influencia que sobre nuestro Presidente tiene Fidel Castro, quien junto a Kim Il Sung son los únicos proponentes del socialismo en el mundo.

Hablamos en este caso de guerra asimétrica, porque al fin y al cabo el capitalismo, régimen económico global, por definición, ha mostrado no solo su capacidad de crear riqueza en volúmenes incomparables a otro esquema socioeconómico en la historia de la humanidad, sino porque como organización social y económica atiende directamente las libertades y deseos del hombre por un mejoramiento continuo de su calidad de vida.

Allí viene el lobo…..llegó el lobo!

El Presidente Chávez mantuvo su agenda socialista en el discurso político encapuchado durante este periodo "prerrevolucionario". Probablemente el gran público, el de a pie, y hasta las elites políticas, económicas y culturales, para agruparlas de alguna manera, nunca creyeron o le dieron la seriedad respectiva al hecho evidente por demás en el caldo de cultivo ideológico del "proceso" que la agenda de la "revolución bolivariana" contenía como objetivo la utopía socialista. No era fácil, para los lideres de la revolución vender la idea del socialismo después del estruendoso e histórico fracaso del socialismo, particularmente porque este régimen socioeconómico solo subsiste en la medida en que los pueblos puedan ser sometidos a una agenda de empobrecimiento continuo y sistemático. Venezuela en estos anos inicia ese recorrido, las políticas públicas de corte socialista han iniciado el proceso de igualar por abajo.

Aunque los socialistas, de todas las cosechas en el mundo se habían colocado en retirada, no es fácil, como en las batallas de tipo religioso aceptar la derrota, después de todo las verdades de fe, son solo eso, fe y nada mas que fe.

Algo similar ocurría con los socialistas latinoamericanos a quienes les era, y les sigue siendo difícil vender una alternativa socioeconómica basada en la propiedad colectiva y del Estado que significa la demolición de las libertades individuales, derechos económicos, y de ellos los derechos de propiedad, en un mundo donde el progreso se funda sobre las oportunidades de la gente de acceder a la propiedad, y donde al Estado, léase políticos no les queda otra alternativa que construir marcos jurídicos diseñados a la protección de esos derechos.

Sin embargo, es posible construir una propuesta anticapitalista, Venezuela muestra una buena evidencia que el objetivo de fondo se puede cubrir con la retórica revolucionaria –en nuestro caso bajo el signo abstracto del bolivarianismo- anticapitalista sin necesidad de nombrar la soga en casa del ahorcado.

El socialismo a la vuelta de la esquina: nueva versión del comunismo de Estado.

La flojera intelectual de las elites políticas, económicas, y culturales y de una vasta porción de la inteligentzia venezolana constituyo un severa restricción a la inteligencia que impidió divisar anticipadamente que la propuesta socioeconómica de la llamada revolución bolivariana era la del nuevo hombre del socialismo real.

Muy probablemente este curioso fenómeno sea producto de las vivencias del rentismo petrolero tipo bucólico, que ha sido promovido por las elites políticas, económicas y militares y de una porción importante de la "corporación cultural" venezolana durante más de cinco décadas.

Sin embargo, no se requería d e una fuerza intelectual sobre-natural, un análisis y estudio sesudo de la propuesta de constitución que fue posteriormente aprobada, seria suficiente para conocer que la constitución toda, constituía un marco jurídico para el debilitamiento de los derechos de propiedad. La constitución recoge un contrato social de normas y restricciones a las libertades de los individuos, a cambio de poderes crecientes al Estado, poderes que se constituirían con el tiempo en privilegios de quienes puedan capturar las instituciones del Estado.

Es importante acotar sectores importantes de la inteligentzia venezolana acuerdan con este tipo de constitución, bautizando con ello la voluntad rentista de corporaciones de intereses, políticas, económicas, militares y eclesiásticas, en ocasión de los procesos de captura de las instituciones del Estado en periodos electorales.

Socialistas criollos de ayer: padres putativos del socialismo real de hoy.

Pero las vertientes socialistas venezolanas, socialdemócrata y socialcristiana del periodo prerrevolución bolivariana, nunca abandonaron su propuesta socialista, esa utopía en cierto modo alumbraba las transformaciones socioeconómicas del capitalismo criollo, donde la acción del estado con los anos tendía a debilitar. Solo a partir de 1989, con el Gran Viraje se produjo un rompimiento con la vena socialista que gobernaba Venezuela desde los tiempos de Rómulo Betancourt.

Ese nuevo marco jurídico requería de la agitación politica política que hemos visto en estos anos de revolución y de un proceso de ingeniería de leyes que fuese separando el incentivo individual del venezolano de los activos económicos más rentables del país. La constitución, y posteriormente un centenar de leyes coarta y restringe del proceso económico la iniciativa individual, llegándose en ocasiones a la sanción politica e institucional por el ejercicio de los derechos de propiedad.

Las políticas publicas a aplicar en la transición hacia el socialismo se centrarían entonces en los controles de precios, en las restricciones a las ganancias que hoy imponen leyes en la economía y en las finanzas, en el crecimiento desorbitado de la deuda publica, en financiamiento inflacionario del déficit fiscal, en la opacidad y escasa transparencia y ninguna controlabilidad con que se gestiona el gasto del estado, con el incremento de la presión tributaria, en la reducción del mercado como mecanismo de distribución de la renta; todos esos fenómenos componentes de un entorno de debilitamiento de los derechos de propiedad. Las "elites" locales no pudieron anticipar esos fenómenos, por un lado porque la utopía socialista, mas allá de los métodos y formas de alcanzarla esta en la superestructura cultural de una buena porción de esas elites políticas, empresariales, militares y eclesiásticas.

Que es el capitalismo ¿ En el capitalismo la acción humana en lo económico y en lo social se organiza sobre dos pilares: propiedad privada y mercado; la integración eficiente se realiza en base a la garantía de democracia política; es decir, libre ejercicio de los derechos políticos y de propiedad necesarios para optimizar las preferencias de la gente y para garantizar la estructura de incentivos que asegure un progreso sostenido.

La organización básica para ese objetivo lo constituye la empresa; la relación entre los en la empresa se robustece mediante el respeto de reglas de juego, generalmente en forma de contratos que garantizan derechos de propiedad. La empresa se constituye como la organización fundamental entre los hombres para reducir los costos de transacción que impone el poder creciente del Estado en la economía.

El proceso económico y la prosperidad depende entonces de esas garantías y arbitrio por parte del Estado de los intereses puestos en el contrato, haciendo que empresas e individuos se interrelacionen eficientemente minimizando costos de transacción, generados estos por la intervención del Estado mas allá de su condición de arbitro que pone el peligro el proceso de creación de riqueza.

La fuente fundamental de esos costos, el Estado, institución que puede ser capturada por corporaciones políticas, económicas, militares y otros grupos de interés perturba el proceso de optimización que define en el capitalismo la actividad económica de la gente. La democracia se comporta entonces como un entorno utilitario que permite el proceso de captura de las instituciones del Estado y la supresión de las reglas del mercado en la distribución de los esfuerzos de los individuos.

El capitalismo de estado, el socialismo como ideología y la sociedad de capturadores de renta Las cosas van de mal en peor si el Estado, capturado por corporaciones políticas con intereses ideológicos como en nuestro caso, conduce su propia guerra asimétrica para destruir al capitalismo, lo que por definición traerá consigo perdida de los derechos individuales necesarios para la vida en democracia.

La historia es difícil devolverla, el socialismo, régimen solicitado por el Presidente Chávez representa lo contrario a las libertades individuales y derechos económicos de la gente que son confiscadas por el Estado, la relación entre gobierno y ciudadanos, distintos a la nomenclatura que rige el Estado, se convierte en totalitaria, con sacrificio de los derechos individuales.

La castración de esos derechos civiles y económicos, de propiedad, inhibe la creación de riqueza creando condiciones para empobrecimiento y deterioro de la calidad de vida. Ejemplos sobran en el mundo, Corea, Cuba y Zimbabwe, únicos paradigmas socialistas muestran en grado superlativo de empobrecimiento de sus pueblos, combinado con odiosos privilegios ganados por los grupos políticos que conducen el Estado, especie de nueva clase, cuya presencia histórica es solo posible bajo el pillaje y el despojo de los derechos de la gente.

¿Por qué se arma Venezuela?
La guerra asimétrica busca aprovechar debilidades de la adversarios
Analista Alberto Garrido considera que la guerra convencional está superada

22/03/2005. ABN

Caracas // El ataque del 11 de septiembre 2001 a las Torres Gemelas de Nueva York demostró que ninguna nación es invulnerable a ataques adversarios. Ese evento trajo al tapete la discusión sobre el concepto de guerra asimétrica, la cual consiste en reconocer los flancos débiles del enemigo para atacarlo en ellos.
Según el analista de asuntos militares, Alberto Garrido, esta idea de guerra va mucho más allá: los pueblos menos poderosos comprobaron que es posible atacar a una superpotencia, causar estragos, generar pánico y estremecimiento político, sin tener a disposición tecnología avanzada ni desarrollo nuclear como el de los países desarrollados.
Últimamente, es más difícil ver una guerra convencional; ahora los enfrentamientos son inusuales, estratégicos , señala Garrido.
Ya en Estados Unidos (EEUU) se venía estudiando la evolución del concepto de guerra y el primer gran corte histórico se produjo en 1989, con un trabajo hecho por la Marina estadounidense y avalado por el Pentágono denominado Visión Conjunta 20 .
Los militares norteamericanos se preguntaron qué ocurriría si otros pueblos que no tienen el desarrollo tecnológico (se referían a los pueblos árabes) tomaran conciencia y decidieran confrontar a la primera potencia del mundo desde sus propias posibilidades.
El documento referido por Garrido no es más que la visión planetaria sobre el concepto de una perspectiva de poder, esboza los nuevos elementos de guerra basados técnicamente en la superioridad que es definida en el texto como la Asimetría Estratégica Positiva, y que la vulnerabilidad es reconocida como la Asimetría Estratégica Negativa.
Esta naturaleza busca los elementos culturales e ideológicos y deja entrever la nueva estrategia militar basada en la guerra asimétrica.
Para este experto, oriundo de Argentina y con profundo conocimiento de la fuerza militar venezolana, la Revolución Bolivariana ha impedido imponer el Área de Libre Comercio para las Américas (Alca), el desarrollo en pleno del Plan Colombia y se ha opuesto al bloqueo a Cuba, tres objetivos de vital importancia para la política de Estados Unidos en la región.
Sin embargo, aún queda un hilo que une las relaciones entre Venezuela y EEUU y es el vínculo petrolero, pero la alarma se prendió cuando el gobierno de Hugo Chávez comienza a buscar la diversificación para la distribución de sus hidrocarburos. La contención se empieza a agotar y aparecen los posibles escenarios de guerra , manifiesta Garrido.
En la región el punto conflictivo es la frontera colombo-venezolana, y allí podría presentarse una guerra de mediana intensidad de internaciones, con influencia del eje Bogotá - Washington que está fortalecido en busca de intereses similares , señaló Garrido.
Para este año, de acuerdo con el especialista, está previsto que el Plan Patriota se desplace al sur de Colombia planificando operaciones sobre la frontera con Venezuela. Eso explica la renovación y compra de armamentos por parte de este país petrolero.
Por su parte, el Comando Sur intenta unidad operativa con ejércitos vecinos como Ecuador y Bolivia, incluso con Brasil, lo cual resulta difícil que pueda concretarse; esta sería una estrategia de unión no en contra de Venezuela, sino en contra de la guerrilla colombiana, para luego crear elementos vinculatorios entre ambos y seguir alimentando una matriz de discusión sobre lo democracia en Venezuela.

La guerra asimétrica desde la perspectiva de la acción y el derecho humanitarios

Los fatídicos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 han evidenciado una situación que confronta el CICR en la labor que realizada en numerosas zonas de conflicto: la guerra asimétrica. Los beligerantes son desiguales, tienen objetivos distintos y emplean métodos diferentes para ejecutar sus tácticas y sus estrategias.

Resumen
Los medios de los beligerantes son cada vez más desiguales, y el principio de la igualdad de las armas deja de ser aplicable. Esta asimetría en la guerra tiene muchas ramificaciones. La parte más débil desde el punto de vista militar siente la tentación de recurrir a métodos de guerra ilícitos para vencer la fuerza de sus adversarios. A menudo, la expectativa de la reciprocidad, como motivación esencial para respetar la ley, se torna ilusoria y es reemplazada por la perfidia; las operaciones encubiertas sustituyen a las batallas abiertas, y se crean "reglas especiales" para "situaciones especiales". La lucha contra el terrorismo internacional parece constituir el epítome de este tipo de guerra. No obstante, las "consideraciones elementales de humanidad", consagradas en el artículo 3 común a los cuatro Convenios de Ginebra de 1949, constituyen normas universalmente vinculantes para todas las partes en situaciones de violencia armada, incluso para las desiguales y asimétricas. Además, los ataques perpetrados contra las organizaciones humanitarias han demostrado que la ayuda humanitaria puede ser contraria a los intereses de los beligerantes, o, lo que es peor, que los ataques contra los trabajadores humanitarios pueden formar parte de sus objetivos. Los actores humanitarios deben ser conscientes de estos factores y adaptar sus métodos de trabajo para poder seguir prestando su ayuda en forma imparcial, basándose únicamente en las necesidades de las víctimas de la violencia armada.
Los ataques perpetrados contra el World Trade Center, en Nueva York, y el Pentágono, en Washington, modificaron drásticamente la configuración geopolítica. También representaron un desafío para el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y, en muchos sentidos, han afectado la naturaleza misma de su ámbito de actividad en el mundo.
Los fatídicos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 son el ejemplo perfecto de una situación que el CICR suele enfrentar durante su trabajo en muchas zonas de conflicto del mundo: la guerra asimétrica. Unos pocos hombres armados con navajas de bolsillo humillaron a la única gran potencia mundial, con todo su armamento sofisticado. Frente a las cámaras y en vivo, mataron a miles de personas en cuestión de minutos y demostraron a las claras la vulnerabilidad de Estados Unidos y de todo el mundo occidental.
Los atentados terroristas que se desencadenaron en Rusia en la segunda mitad de 2004 fueron una experiencia tan traumática para los rusos como los ataques del 11 de septiembre lo fueron para los estadounidenses. La toma de rehenes y la posterior masacre en la ciudad de Beslán, en Osetia del Norte, perpetradas por atacantes suicidas chechenos, demostraron que los oponentes más débiles desde el punto de vista militar desean influir en las confrontaciones; en esa ocasión, seleccionaron, con diabólica precisión, un blanco situado en una zona de guerra marginal, con el riesgo de arrastrar a otras zonas a una espiral de violencia.
Este artículo aborda el fenómeno de la guerra asimétrica. En las guerras asimétricas, las partes son desiguales y el principio de la igualdad de las armas pierde validez. Los beligerantes tienen propósitos diferentes y emplean medios y métodos distintos para perseguir sus tácticas y estrategias.
Los atentados terroristas mencionados son sólo una variante de este tipo de guerra: por su carácter excepcional y extremadamente brutal, han marcado un momento crucial en la historia. Los actos violentos de terrorismo, destinados a lograr fines políticos esparciendo el horror, no son novedosos. En todas las guerras hubo atentados suicidas con bombas. Tanto órganos del Estado como individuos han perpetrado actos terroristas y, a menudo, han desencadenado guerras, o han dejado su marca en un país incluso en tiempo de paz.
¿Un fenómeno nuevo?
El Viejo Testamento [1] narra cómo el ejército del rey Saúl, temeroso de enfrentarse con las colosales y aparentemente invencibles fuerzas de los filisteos con sus gigantes tremebundos, había sido incapaz de derrotarlas. Como ningún soldado estaba dispuesto a afrontar al gigante Goliat, el campeón de los filisteos, el joven pastor David aceptó el desafío. Con su honda, arrojó una piedra que dio en la frente del gigante, y éste se desplomó boca abajo en la tierra. David corrió hasta él, sacó la espada de Goliat de su vaina, lo hirió con ella y después le cortó la cabeza. Presas del pánico, los soldados filisteos huyeron.
Esta historia bíblica demuestra que la guerra asimétrica no es nada novedoso. Se cuestionó la igualdad de los combatientes; un civil (un jovenzuelo) se trabó en combate, y el espantoso acto de decapitar al adversario hizo cundir el pánico y permitió ganar la batalla. La guerra asimétrica favorece ciertos comportamientos, pero a diferencia de la historia de David y Goliat, el guerrero que parece ser el más débil no necesariamente gana la batalla, y mucho menos la guerra.
Hoy en día, el factor verdaderamente novedoso y esencialmente diferente es que los actos terroristas forman parte integrante de la guerra asimétrica [2]. En casos extremos, como el de Al Qaeda, este tipo de acción se transforma en la principal estrategia de guerra. Esa estrategia tiene tres características principales: en primer lugar, los métodos de combate tradicionales aceptados por la normativa militar y jurídica son deliberadamente rechazados, prefiriéndose, por ejemplo, secuestrar aviones y utilizarlos, con perfidia, contra objetivos y personas civiles. En segundo lugar, el probable objetivo futuro de esta estrategia sea causar pérdidas de vidas humanas incluso mayores e infligir daños no militares y, sobre todo, económicos, posiblemente mediante la utilización de dispositivos prohibidos, esto es, armas biológicas y químicas [3]. En tercer lugar, la estrategia ya no se limita a un territorio determinado, dado que los actos terroristas pueden cometerse en cualquier lugar y momento.
El propósito fundamental de la guerra asimétrica es encontrar la forma de superar la fuerza militar del adversario, descubriendo y explotando al máximo sus debilidades. Las partes más débiles se han dado cuenta de que los ataques contra "objetivos blandos" son los que causan los mayores daños, sobre todo en las sociedades modernas. Consecuentemente, los objetivos militares son frecuentemente reemplazados por objetivos civiles.
Las Naciones Unidas y las organizaciones humanitarias tampoco han salido ilesas: el bombardeo intencional, en Bagdad, de la sede de las Naciones Unidas en agosto de 2003, y de las oficinas del CICR a fines de octubre del mismo año, demostraron que esos organismos también eran parte del "vientre blando", parafraseando la expresión de Churchill [4].
Estos ataques inéditos obligan a examinar el entorno en que se realizaron. En el presente análisis, intentaré reseñar algunos de los efectos de la guerra asimétrica en el derecho internacional humanitario y en las actividades del CICR.
La guerra asimétrica
En cierto sentido, todas las guerras son asimétricas, porque nunca hay beligerantes que sean idénticos. La guerra asimétrica puede combatirse en diferentes niveles y tomar formas distintas. Hay un nivel operacional (que comprende los ardides, las operaciones encubiertas, la perfidia, el terrorismo, etc.), un nivel estratégico militar (guerra de guerrillas, represalias masivas, Blitzkrieg, etc.), y un nivel estratégico político (guerra moral o religiosa, choque de culturas) [5]. Las diferentes formas incluyen la asimetría de la fuerza, los medios, los métodos, la organización, los valores y el tiempo [6].
La expresión "guerra simétrica" se entiende, por lo general, como un conflicto armado clásico entre Estados cuyas fuerzas militares son aproximadamente iguales [7]. Se ha dicho a veces que las guerras de los siglos XVIII y XIX, es decir, posteriores a la Paz de Westfalia, en las que tropas gubernamentales de capacidades parejas se confrontaban y combatían en batallas abiertas, son cosa del pasado, porque en el siglo XX las guerras se han tornado más complejas y desiguales. Además, hoy en día, la mayoría de las guerras son internas, aunque, en muchos casos, tienen ramificaciones internacionales. Son tan diversas como numerosas, y la forma en que esas guerras se conducen varía según el tipo de conflicto.
Guerras internacionales
Las guerras simétricas entre Estados son riesgosas, porque es imposible prever cuál de las partes saldrá victoriosa y además, porque los costos por lo general son mayores que los beneficios esperados. Hoy en día, son raros los conflictos que se aproximan a ese modelo; algunos ejemplos son la guerra entre Argentina y Gran Bretaña por las Islas Malvinas/Falkland, la guerra entre Irak e Irán en el decenio de 1980, o el conflicto entre Eritrea y Etiopía al finalizar el siglo XX. Los escenarios amenazantes, como los protagonizados por dos potencias nucleares como India y Pakistán, nos recuerdan que todavía existe, en el plano estratégico, una simetría potencialmente destructiva. Pero incluso en este caso, deben invertirse cuantiosos recursos en la creación de una asimetría que, en caso necesario, permita pelear una guerra y, si es posible, ganarla.
Incluso los conflictos armados internacionales suelen ser asimétricos. Cuando una gran potencia militar (hoy, esta expresión se aplica sobre todo a Estados Unidos) entra en guerra, la asimetría es prácticamente inevitable, porque el adversario de la potencia militar más fuerte no está tan bien armado como ésta [8]. La Guerra del Golfo, librada a principios del decenio de 1990, fue un ejemplo de este caso. Como Irak no evitó la confrontación abierta, sufrió una derrota aplastante a manos de la coalición encabezada por Estados Unidos.
En la nueva guerra de Irak, muchos aspectos de las hostilidades ilustran cabalmente la asimetría. En tanto que la parte con mayor fuerza militar procura alcanzar una victoria rápida y decisiva en el campo de batalla mediante el uso masivo de la fuerza, la parte más débil, reconociendo la superioridad militar de su oponente, evita la confrontación abierta que indudablemente conduciría al aniquilamiento de sus tropas y a la derrota; más bien, tiende a compensar las deficiencias de su arsenal utilizando medios y métodos no convencionales y prolongando el conflicto mediante una guerra clandestina de desgaste contra su enemigo bien equipado [9].
El recurso frecuente a los actos de terrorismo tiene por objeto pelear la guerra en las pantallas de televisión y en los hogares del Estado más poderoso, en lugar de hacerlo en el campo de batalla. Las armas de la parte más débil, esto es, los atentados y actos terroristas espectaculares que se consideran traicioneros y se califican de "golpes bajos", permiten al oponente más débil librar una guerra ofensiva, atacando el "vientre blando" del Estado con mayor fuerza militar.
El ataque contra el CICR demostró que no habría piedad ni siquiera para las organizaciones de ayuda de carácter neutral. La finalidad de esa agresión probablemente no haya sido tanto obstaculizar las operaciones de ayuda como causar, deliberadamente, una conmoción y librar una guerra salvaje sin concesión alguna a la neutralidad. Los ataques al azar perpetrados contra zonas pobladas por civiles también demostraron que, a diferencia de la guerra de guerrillas, los responsables de esos bombardeos no necesitaban la aprobación de la población para continuar luchando.
Del mismo modo, para compensar las desventajas comparativas causadas por su voluminoso aparato militar, el adversario más fuerte se siente tentado a utilizar tácticas asimétricas y medios y métodos no convencionales.
En las guerras asimétricas de este tipo, la línea divisoria entre los combatientes y los civiles se difumina, y a veces, se borra intencionalmente. Durante la última guerra en Irak, el ejército iraquí retrocedía cada vez que podía, ante la abrumadora fuerza del enemigo. Incluso en la etapa más temprana de la guerra, el ejército iraquí, comprensiblemente, no deseaba exponerse al bombardeo. Por esta razón, sus miembros adoptaron un comportamiento inadmisible: se mezclaron con la población civil y, por último, se quitaron los uniformes. De este modo, se puso en tela de juicio el principio más importante del derecho de la guerra: la obligación de distinguir entre combatientes y civiles.
Guerras internas
Los conflictos armados internos suelen presentar asimetrías, porque en la mayoría de los casos, los Gobiernos luchan contra un grupo armado no gubernamental. En este tipo de conflictos, presentes en casi todas las zonas donde el CICR despliega su acción, la desigualdad entre los beligerantes y sus armas es la norma más que la excepción. Los conflictos en Chechenia [10] (Federación de Rusia), Aceh (Indonesia), Darfur (Sudán) y muchas otras regiones africanas, entran en esta categoría.
El contexto de los conflictos se ha modificado, sobre todo desde el fin de la guerra fría y de las "guerras por representación", en las que los adversarios eran apoyados, simétricamente, por Estados Unidos y la ex Unión Soviética. La parte estatal suele estar bastante bien organizada y tiene más poder de fuego a su disposición que los movimientos rebeldes, aunque puede que sea incapaz de conservar el control de todo el país y neutralizar los grupos armados de la oposición. En esta situación, los movimientos rebeldes tienden a recurrir a los mismos medios que los empleados en las guerras asimétricas internacionales ya descritas, y, en particular, a las tácticas de guerrilla, creando situaciones en las que los combatientes se confunden con la población civil y los rebeldes revelan su identidad como combatientes sólo por el hecho de participar en operaciones ofensivas.
Paradójicamente, en las guerras internas, donde las reglas de la guerra son menos respetadas, puede haber un cierto grado de simetría. Las guerras entre grupos armados organizados están ocurriendo, con creciente frecuencia, en países donde se ha producido un colapso total o parcial de la ley y el orden y de las estructuras de gobierno. Ejemplo de ello es Somalia, un Estado sin gobierno donde las hostilidades que tuvieron lugar a principios del decenio de 1990 en algunas ocasiones caían en la anarquía, y en otras se adherían a estrictas normas impuestas por los clanes.
La privatización de la guerra ha aumentado perceptiblemente en muchas partes de África, como Sierra Leona y Liberia, pero el mismo fenómeno se observa también en Afganistán, Chechenia, Myanmar y Colombia. El motor de esas guerras no es tanto la política como la economía [11]. Los beligerantes se transforman en empresas de guerra. Los motivos de la guerra son económicos y las vinculaciones con el crimen organizado, el comercio ilícito y el tráfico de drogas hacen que las guerras sean aún más lucrativas. Además, muchos de estos conflictos trascienden las fronteras nacionales.
Guerras transnacionales y terrorismo internacional
A menudo, las guerras privadas se superponen a nuevas formas de violencia transnacional y de terrorismo internacional, cuyo objeto no es necesariamente alcanzar la victoria militar, sino sobre todo debilitar el poder político del enemigo o derrotarlo, destruyendo el capital, creando condiciones que hacen peligrosa la explotación de los recursos o forzando a los actores económicos a retirarse de zonas que se tornan cada vez más inseguras.
Esas guerras tienen características especiales. Son asimétricas porque un grupo de personas armadas, con diferentes grados de relación mutua y que comparten ideas vagamente similares, se enfrentan con estructuras militares poderosas. Los medios y los métodos de la parte estatal y de los grupos armados no estatales difieren ampliamente. Raras veces estallan batallas armadas abiertas, porque obviamente, a la parte no estatal no le conviene que la situación llegue a tal extremo, ya que sería derrotada. En cambio, las hostilidades continuas son reemplazadas por actos individuales espectaculares, atroces y pérfidos, a los que muchas veces se responde con operaciones encubiertas, sumadas a medidas represivas. El teatro de las operaciones cambia constantemente, porque pueden producirse ataques en cualquier momento y país. No hay un campo de batalla geográficamente circunscrito. Las guerras de esta clase trascienden las fronteras de los Estados, aunque no sean guerras entre Estados. La red mundial de los partidarios de las organizaciones terroristas es secreta y está rodeada de misterio.
A diferencia de los movimientos guerrilleros clásicos, esas organizaciones terroristas ni siquiera dependen tácticamente del apoyo tácito o expreso de la población, porque muchos de sus actos se llevan a cabo en el máximo secreto, dentro del territorio del adversario. Por esta razón, la lucha contra esos grupos se parece más a la represión del crimen organizado que a una guerra clásica.
Tras los primeros asesinatos sanguinarios perpetrados por organizaciones como Al Qaeda, nadie pensó de inmediato en una "guerra" y no se estableció una relación entre los ataques realizados en diferentes países [12]. Desde el punto de vista geopolítico y estratégico (aunque no necesariamente desde el jurídico), puede argumentarse que existe un estado de guerra desde el momento en que organizaciones que operan en el plano mundial pueden amenazar y destruir los cimientos del orden mundial por la inédita magnitud y los efectos de sus actos de violencia. El posible uso de armas de destrucción masiva que podrían causar miles o centenares de miles de víctimas es, además de un crimen, una estrategia [13]. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas también consideró los sucesos del 11 de septiembre de 2001 como ataques armados que amenazaban la paz mundial, lo que implicaba la existencia de una situación similar a una guerra [14].
Además, tanto los atacantes del World Trade Center y del Pentágono como Estados Unidos, la parte atacada, hablaban de una guerra y la percibían como tal. Cada parte exhibe un animus belligerendi, la intención de crear un estado de guerra entre ella y sus oponentes. La Comisión nacional sobre los ataques terroristas contra Estados Unidos afirmó que había una guerra que debía ser tratada como tal, y que no se trataba básicamente de una conspiración para delinquir [15].
¿De Al Qaeda al "Al Qaedismo"?
Uno de los rasgos característicos de las guerras transnacionales y del terrorismo internacional es que son impredecibles y que, por lo general, es difícil discernir el comienzo y el fin de estas hostilidades. Los actos de violencia separados pueden considerarse conflictos armados sólo cuando forman parte de una serie de ataques masivos atribuibles a una organización bien estructurada [16]. Al menos antes de los atentados efectuados en Estados Unidos, en Nueva York y en Washington, Al Qaeda era una organización bien estructurada. Según la descripción de la Comisión sobre el 11 de septiembre, de Estados Unidos, Al Qaeda era "un grupo jerárquico de estructura vertical y con cargos, tareas y salarios definidos" [17]. Sin duda, la organización de Al Qaeda se ha visto afectada por las medidas antiterroristas adoptadas después del 11 de septiembre, aunque es probable que no haya sido derrotada, sino sólo dispersada y forzada a ocultarse.

Tras los conflictos armados en Afganistán e Irak, y en el marco de las medidas antiterroristas, las bases operacionales de Al Qaeda son más difíciles de mantener. Muchos protagonistas de Al Qaeda han sido arrestados o se han restringido sus movimientos, bloqueado sus transacciones financieras y supervisado sus comunicaciones.
La estructura de Al Qaeda no sólo era una organización centralizada; también alentaba las iniciativas planteadas por los niveles inferiores a los superiores y la descentralización. La organización ha promovido una "jihad" global, alentando a los individuos y a las células o grupos existentes en todo el mundo a unírsele en su "guerra justa" y definir su "jihad" local como parte de una lucha universal. Grupos como el "Groupe salafiste pour la prédication et le combat", de Argelia, afirman públicamente que forman parte de la organización. Las células que operan en secreto en países musulmanes y no musulmanes, que luchan por el advenimiento del califato, eran patrocinadas por Al Qaeda y/o actuaban al amparo de Al Qaeda cuando lanzaron ataques terroristas espectaculares en todos los rincones del mundo, en Estados Unidos, Indonesia, Kenya, Túnez, Pakistán, Turquía, España, Arabia Saudita y Rusia, para nombrar sólo los casos más conocidos. Irak se ha convertido en un punto de cristalización del terrorismo islámico. Hasta hay combatientes individuales que dicen estar operando bajo el liderazgo de Osama bin Laden y su organización [18].

La forma en que Al Qaeda se estableció en Afganistán fue una excepción, que dotó a la organización de un contexto territorial. Hoy, sus partidarios están dispersos por todo el mundo e intentan ocultarse en las multitudes para golpear al oponente, cuya fuerza militar es superior, mediante acciones con objetivos cuidadosamente seleccionados.
No obstante, la mayor parte de los grupos militantes islámicos tenían, y todavía tienen, un enfoque territorial, sobre todo porque apuntan a reemplazar un régimen secular en su país por un Estado basado en los preceptos islámicos. En efecto, la mayor parte de los conflictos actuales del mundo, incluidos los que se desarrollan en los países árabes y musulmanes, tienen raíces propias muy anteriores a la denominada "guerra global contra el terrorismo". Sin embargo, muchos de esos conflictos presentan ahora una dimensión global que complementa, sin reemplazarla, su dimensión local e histórica. Los atentados suicidas realizados por palestinos contra civiles israelíes, así como la toma de rehenes en Beslán, en Rusia, terminaron en tragedias influenciadas por el nuevo paradigma inaugurado por Al Qaeda: operaciones protagonizadas por mártires, que procuran causar víctimas civiles masivas.

A la inversa, los Estados a menudo describen las insurrecciones como parte de las actividades terroristas, etiquetando en seguida a todos los oponentes como terroristas. Además, la expresión "guerra global contra el terrorismo" insinúa que la comunidad internacional en su conjunto está empeñada en una situación que se asemeja a la guerra. Desde este punto de vista, tiene lugar una confrontación mundial entre, por un lado, la comunidad internacional de los Estados y, por el otro, una red de organizaciones transnacionales y locales que recurren al terror. Los grupos opositores armados nacionalistas son percibidos o descritos como parte de una red más amplia, lo que da la impresión de una amenaza potencial mayor y permite una represión aún más dura de sus actividades.

La combinación de diferentes tipos de guerra y violencia

En la mayoría de las guerras más recientes, las combinaciones y amalgamas de oponentes, en evolución permanente, interactuaron formando un desconcertante mosaico de todos los tipos de guerra. La fase actual de las hostilidades en Irak ilustra claramente la formación de redes internacionales, que se desarrollan a medida que los activistas locales se unen a grupos que persiguen intereses absolutamente diferentes.

Según las investigaciones realizadas por la policía iraquí, parece probable que, en muchos atentados con coches bomba efectuados contra objetivos estadounidenses, partidarios de Sadam Hussein escogieron el objetivo; después, grupos relacionados con Al Qaeda planificaron la operación meticulosamente gracias a su experiencia en atentados suicidas en África y Arabia Saudita, miembros del partido Baath se encargaron de los aspectos financieros y logísticos y obtuvieron los vehículos, las armas y los explosivos, y por último, mercenarios o "jihadis" árabes dispuestos a cometer suicidio se encargaron de la ejecución [19]. La creciente participación de grupos chiítas en la guerra de Irak también sugiere que la ya compleja espiral de violencia puede tomar un nuevo giro.

La guerra asimétrica y el derecho internacional humanitario

Las guerras asimétricas no encajan en el concepto de Clausewitz sobre la guerra entre partes básicamente iguales ni en la noción tradicional del derecho internacional humanitario. Es discutible que sea posible encarar los retos de la guerra asimétrica con el actual derecho de la guerra. Si es verdad que las guerras entre Estados están tocando a su fin, quizá los principios de derecho internacional que se elaboraron para ellas también estén envejeciendo. Una pregunta incluso más importante, que podría plantearse en vista de la creciente privatización de las guerras de hoy, es si el modelo basado en el Estado, consagrado en la Paz de Westfalia y destinado a poner fin a la privatización de las guerras en el siglo XVII, está perdiendo su pertinencia. En un plano más modesto, intentaré comparar ciertos principios básicos del derecho internacional humanitario, a los que hoy se aplica, con creciente frecuencia, el término militar de "derecho de la guerra", con las tendencias actuales de la conducción de la guerra.

La asimetría en la licitud de la guerra

Básicamente, el derecho internacional postula la distinción entre las razones para librar una guerra y la guerra en sí. Esta distinción se trazó a fines de la Edad Media y los dos ámbitos del derecho se denominaron jus ad bellum, el derecho a hacer la guerra, y jus in bello, el derecho que rige la conducción de la guerra. Incluso hoy, esta distinción es un factor crítico y decisivo, sin el cual no sería posible garantizar el respeto del derecho internacional humanitario [20].
La Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional consuetudinario [21] establecen las normas relativas a la primera serie de cuestiones. Todavía recordamos claramente los debates actuales sobre la legitimidad de la defensa propia en el caso de Afganistán (2001) y la falta de legitimación por parte del Consejo de Seguridad de la ONU para el uso de la fuerza contra Irak (2003) [22].
En términos estrictamente fácticos, cuanto mayor es la desigualdad de las partes beligerantes, tanto más asimétrica se torna la licitud de recurrir a la fuerza armada. Cuando más sólida sea la situación jurídica de una parte, tanto más podrá alegar fundamentos jurídicos para justificar el uso de la fuerza. Para determinar la licitud del recurso a las armas, un país que es miembro permanente del Consejo de Seguridad tiene más peso que un Estado común.

En un conflicto armado interno, los Estados suelen negar que los grupos nacionales tengan derecho a empeñarse en una lucha armada y afirman que sólo las estructuras del Estado tienen el monopolio del uso de la fuerza contra los individuos. Por lo tanto, normalmente se reconoce el derecho al uso de la fuerza de la parte que dispone de la mayor fuerza militar.

Al mismo tiempo, se impone nuevamente el concepto de una "guerra justa" sin limitaciones, sostenido por argumentos morales [23]. La parte más débil busca una legitimación externa a la esfera jurídica y proclama que tiene motivos morales o religiosos para librar la guerra, y apela también al discurso de la "guerra justa". Resulta sintomático que se utilicen, cada vez más, los conceptos de "cruzada" y "jihad".
Sin embargo, las reglas de la guerra de los conflictos armados deberían aplicarse a cualquier conflicto armado, independientemente de que sea legítimo o no [24]. El propósito de esta distinción tajante entre las razones de la guerra y los principios que la rigen es evitar que se permita a las partes beligerantes desconocer, por razones jurídicas, morales o religiosas, los principios humanitarios mínimos y emprender una guerra sin cuartel para alcanzar lo que considera un objetivo elevado.

Legitimidad asimétrica de los beligerantes

Hasta ahora, la doctrina Rousseau-Portalis regía el derecho de la guerra. Su conclusión, imbuida del espíritu de la obra de Rousseau El Contrato Social, sostiene que "(...) la guerra no es (...) una relación de hombre a hombre, sino de estado a estado." [25].

La idea de que la prerrogativa de librar una guerra corresponde al soberano todavía se encuentra difundida en todos los tratados internacionales relativos a la guerra. La relación entre los Estados descansa, básicamente, sobre la igualdad entre ellos. En principio, los oponentes reconocen su similitud, y ese reconocimiento es la base del actual derecho internacional de la guerra, elaborado y adoptado por los posibles adversarios.

En tanto que, en las guerras entre Estados, se considera que el oponente posee licitud y legitimidad, en los conflictos internos, sobre todo en la "guerra" contra el terrorismo, se dice que las partes no estatales carecen de estos atributos. Sea como fuere, las normas del derecho internacional humanitario relativo a los conflictos armados no internacionales señalan que la aplicación de esas disposiciones no surtirá efectos sobre el estatuto jurídico de las partes en conflicto [26].

Sin embargo, el deseo de la parte no estatal de adquirir legitimidad política e incluso jurídica es una de las motivaciones que subyacen a la promoción del respeto del derecho internacional humanitario, promoción que, con frecuencia, no es más que aparente. Las principales partes no estatales en las guerras internas, como el CNA en Sudáfrica, el PKK en Turquía, UNITA en Angola, los mujaidines en Afganistán o los maoístas en Nepal, han adoptado el compromiso unilateral de observar el derecho internacional humanitario, y las partes en las guerras de ex Yugoslavia hicieron lo propio en acuerdos multilaterales. Las innumerables promesas de cumplir la ley, formuladas por los beligerantes incluso en conflictos como el que tuvo lugar en Liberia en 2003, a menudo contrastan fuertemente con la práctica y, en muchos casos, su única finalidad es la de adquirir "respetabilidad".

No obstante, el CICR debe aprovechar estas oportunidades para mejorar la situación de las víctimas de la guerra y esforzarse por lograr que las promesas no queden en meras palabras. Sobre todo cuando una guerra toca a su fin y las partes van camino a agotarse, esas promesas pueden allanar el camino hacia las negociaciones de paz y la legitimación de la parte no estatal.
Cuanto más desiguales los beligerantes, tanto menos estarán dispuestos a tratar al adversario como legítimo. Probablemente se niegue toda legitimidad a los grupos clasificados como "terroristas" y se los considere criminales. El adversario no es considerado un igual: los epítetos "incivilizado", "criminal" o "terrorista" indican que debe negársele la igualdad a toda costa. Sus miembros son tratados como delincuentes y se los persigue implacablemente, si es necesario por medios no convencionales o ilegales.

Es fácil que el hecho de extender los principios del derecho internacional humanitario consagrado en el artículo 3 común a los cuatro Convenios de Ginebra, relativo a los conflictos armados no internacionales, a las partes no estatales en una guerra, se interprete erróneamente como un intento por legitimarlas. Empero, las disposiciones de ese artículo son de índole puramente humanitaria. Dispone que todas las partes en un conflicto armado han de distinguir entre las personas que están empeñadas en las hostilidades y las que no lo están o que han dejado de participar en ellas. Estas últimas recibirán un trato humano y, en particular, no han de ser maltratadas, tomadas como rehenes ni ser objeto de sentencias o ejecuciones sumarias. Los enfermos y los heridos deben ser asistidos.

Intereses asimétricos en la aplicación del derecho internacional humanitario

El derecho internacional humanitario descansa sobre el equilibrio entre los intereses humanitarios y los militares [27]. A fin de impedir que las partes terminen por empeñarse en una guerra sin cuartel que finalizaría con la destrucción total del enemigo, se les imponen restricciones con respecto a la elección de los medios y métodos de guerra. En particular, las personas que no participan o que han dejado de participar en las hostilidades, como los civiles o los soldados heridos o capturados, deben ser respetadas.

Los intereses humanitarios y los intereses militares no son necesariamente incompatibles. No cabe duda de que beneficia a un ejército tratar bien a los prisioneros de guerra y esperar que el enemigo haga lo propio. Del mismo modo, puede ser aconsejable abstenerse de bombardear ciudades, para no exponer a la población propia al mismo destino. Al igual que la mayoría de las disposiciones jurídicas, ambos preceptos se originaron en las costumbres y en el convencimiento de que esta práctica debe tener validez jurídica. Así pues, muchas normas del derecho internacional humanitario tienen por objeto, básicamente, proteger los intereses de los propios beligerantes, por cuya razón éstos realmente deberían estar dispuestos a observarlas. Al mismo tiempo, se espera que el adversario tenga los mismos intereses básicos. El derecho consuetudinario, así como todo el cuerpo de derecho de los tratados contenido en los Convenios de Ginebra que protege a las víctimas de la guerra se han desarrollado a partir de la convergencia de esos intereses.

En términos políticos, la reciprocidad reviste gran importancia, e incluso la mayor parte del derecho internacional humanitario se basa en la expectativa del trato recíproco [28]. En los conflictos armados internacionales, este aspecto se refleja, por ejemplo, en la definición tradicional de las fuerzas armadas y en la exigencia de que sus miembros respeten las leyes y las costumbres de la guerra durante las hostilidades [29]. En consecuencia, se presume que el enemigo, es decir, los miembros de las fuerzas armadas del enemigo, se comportará de modo igual o, por lo menos, parecido. Según Lauterpacht, "es imposible imaginar una conducción de hostilidades en la que una parte esté obligada por las normas de la guerra sin beneficiarse de ellas y la otra se beneficie de las normas sin estar obligada por ellas" [30].
La semejanza con un duelo o torneo clásico, en el que ambas partes tienen la misma oportunidad de ganar o de sobrevivir, no es casual. En efecto, muchas disposiciones del derecho internacional humanitario todavía exigen una caballerosidad concomitante.

En las guerras asimétricas, la expectativa de reciprocidad por lo general se ve defraudada y, a menudo, la perfidia reemplaza al espíritu caballeresco [31].
La confrontación abierta entre las fuerzas armadas se evita, y normalmente no tiene lugar. Civiles falsos, que usan ilegalmente emblemas y uniformes protegidos, abusan de la confianza de la otra parte. Por definición, los atacantes suicidas no esperan reciprocidad alguna. En el caso extremo del terrorismo internacional, Al Qaeda nunca prometió adherirse al derecho de la guerra; por el contrario, lo rechaza. En su "Carta a Estados Unidos", publicada en 2002, Osama bin Laden declara que el pueblo estadounidense es culpable de no haber aprovechado la oportunidad de incorporar un cambio de política por medios democráticos, y de pagar impuestos para financiar políticas represivas en Palestina y la ocupación de países árabes en el Golfo. "El ejercito estadounidense es parte del pueblo estadounidense (...) el pueblo estadounidense es quien emplea a sus hombres y mujeres en las fuerzas estadounidenses que nos atacan. Por esta razón, el pueblo estadounidense no puede ser inocente de todos los crímenes cometidos por los estadounidenses y los judíos contra nosotros. Alá, el Todopoderoso, legisló el permiso y la opción de tomar venganza. (...) Y si alguien mata a nuestros civiles, entonces nosotros tenemos el derecho de matar a los suyos" [32]. No sólo no se traza la distinción fundamental entre combatientes y civiles, sino que se utiliza, en forma sistemática, precisamente para poner en desventaja al adversario.

En esos casos, la otra parte empieza a pensar que podría convenirle más no considerarse obligada por el derecho de la guerra. En los conflictos armados internacionales, esta actitud se traduce ante todo, y principalmente, en la denegación del estatuto de prisionero de guerra que, en principio, brinda a los miembros de las fuerzas armadas la inmunidad contra el enjuiciamiento por su participación en las hostilidades.

Esta cuestión es de vital importancia para todas las personas internadas en Guantánamo, a quienes se niega ese estatuto, aunque todavía no se ha llevado a cabo un examen detallado para determinar, por ejemplo, el estatuto de los miembros de las fuerzas armadas talibanes. Sólo después de la decisión recientemente adoptada por la Corte Suprema de Estados Unidos en el caso Hamdi [33], el Departamento de Defensa expidió una "Orden que establece el tribunal de revisión del estatuto de combatiente" [34]. Sin embargo, un juez federal declaró que los juicios especiales no son compatibles con los Convenios de Ginebra, y que son ilícitos [35].

No sólo se pone en tela de juicio el estatuto de los cautivos, sino que se alega que se ponen indebidamente trabas a los miembros de las fuerzas gubernamentales, en una guerra contra oponentes que no cumplen o no se consideran obligados por ningún precepto jurídico [36]. Para emparejar las condiciones en el campo de batalla, la parte con mayor fuerza militar se siente tentada a recurrir también a la guerra no convencional y a las operaciones encubiertas [37].

En efecto, la asimetría puede poner en desventaja a un beligerante si éste, a diferencia de la otra parte, observa los principios del derecho de la guerra. En tal caso, ese beligerante podría llegar, por lo menos, a contemplar la posibilidad de que, con la tortura, podría obtener información sobre el adversario y sus intenciones; que sería más rápido y fácil sacar de circulación a un presunto civil terrorista matándolo deliberadamente antes que enjuiciándolo; y que un golpe militar contundente que también se abatiera sobre la población civil en forma indiscriminada, y que aniquilase no sólo a los combatientes sino también a sus familias y a otros posibles simpatizantes, podría socavar la moral de un movimiento [38].

Pero, a pesar de su origen y su evolución, casi todas las reglas del derecho internacional humanitario se han transformado en disposiciones jurídicas que, a causa de su naturaleza fundamentalmente humanitaria, son vinculantes para todas las partes en un conflicto armado. Uno de los grandes avances de la civilización que se produjo en el siglo XIX, fue que las disposiciones jurídicas cuya índole era, anteriormente, tan sólo utilitaria, evolucionaran para establecer la exigencia de un nivel mínimo de humanidad, independientemente de la reciprocidad.

La prohibición de la reciprocidad en el derecho internacional humanitario, codificado en la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados [39], está enraizada en esta forma de pensar. En nuestro contexto, esto significa, en la práctica, que la respuesta a la tortura no puede ser la tortura y ataques sanguinarios contra la población civil, o que los atentados terroristas no pueden pagarse con la misma moneda. Sin embargo, en el derecho humanitario de hoy todavía quedan rastros de reciprocidad, reflejada en el hecho de que la prohibición de las represalias contra civiles o contra la población civil todavía no ha sido plenamente aceptada en el derecho consuetudinario.

Normas universalmente válidas para las partes asimétricas en un conflicto

La Corte Internacional de Justicia resaltó la tendencia jurídica a apartarse de la reciprocidad cuando, en la conocida decisión sobre Nicaragua [40], calificó a los preceptos contenidos en el artículo 3 común a los cuatro Convenios de Ginebra, que se aplican a los conflictos internos, como un "miniconvenio" aplicable en todas las situaciones de violencia armada; además, describió a los principios del derecho internacional humanitario como "consideraciones elementales de humanidad". En general, se considera que las normas detalladas aplicables a los conflictos internacionales constituyen ius cogens y que son vinculantes para todas las partes en un conflicto.

Para el CICR, estas normas y principios humanitarios vinculantes son de primordial importancia cuando se enfrenta con una guerra asimétrica, ya que ofrecen una alternativa a los argumentos basados en la reciprocidad que, en esas circunstancias, a menudo empeoran la situación en vez de mejorarla, ya que las partes finalmente dejan de sentirse obligadas a cumplir las reglas.

El derecho humanitario ya ha incorporado barreras contra esos sucesos, porque los Convenios suponen un equilibrio entre los intereses humanitarios, militares y de seguridad, y proporcionan un marco para librar las guerras. En particular, no pueden utilizarse las amenazas contra la seguridad del Estado como una oportunidad para quebrantar las normas creadas precisamente para enfrentar un caso así.

Sobre todo en las guerras entre Estados, las reglas de la guerra y la protección de las víctimas todavía constituyen, por lo general, una respuesta adecuada a los sucesos contemporáneos en los teatros de la guerra, incluso en conflictos en los que no hay una igualdad de armamentos. Sin embargo, la superposición, en el mismo teatro, de los tipos de guerra mencionados más arriba, dificulta la tarea de los expertos jurídicos cuando procuran encontrar soluciones sencillas. En las guerras internacionales más recientes, las de Afganistán e Irak, a menudo se han producido, simultáneamente, confrontaciones armadas internacionales, internas, privadas y transnacionales. A pesar de ello, en todas se han observado normas jurídicas diferentes.

Restricción del ámbito de aplicabilidad

En el ámbito de los conflictos armados internos, hemos de iniciar nuestra búsqueda de soluciones esforzándonos por identificar el ámbito fundamental de aplicación del derecho internacional humanitario. Éste se aplica únicamente cuando se produce un conflicto entre "partes armadas". Esto presupone un cierto grado de organización jerárquica [41]. Si el ámbito de aplicabilidad se interpreta en una forma relativamente restrictiva, y si las partes son más o menos iguales o simétricas, el derecho de la guerra ofrece soluciones objetivas. A la inversa, si cada acto violento concebible se considera sujeto al derecho sobre los conflictos armados, las normas de esas convenciones resultarán ficticias y casi ninguna será respetada.

En particular, el derecho de la guerra no puede aplicarse si una parte es absolutamente incapaz de observar sus principios básicos o si se opone a hacerlo. En el primer caso, probablemente no se encuentren reunidas las condiciones necesarias para la aplicabilidad (debe tratarse de un grupo armado organizado, capaz de hacer cumplir las normas). En el segundo caso, el objetivo verdadero del grupo es infringir sistemáticamente las normas del derecho internacional humanitario y eliminar la distinción esencial entre combatientes y civiles. Por analogía con el derecho de los tratados, podría argüirse que una parte no puede adherirse a un tratado si no está de acuerdo con su objeto o propósito básico.

El ámbito de aplicación del derecho internacional humanitario no debe sobrepasar ciertos límites. Incluso si, desde el punto de vista de la estrategia y la geopolítica, ciertos actos han de ser tratados como actos de guerra por su magnitud y su índole, no constituyen necesariamente un "conflicto armado" en el sentido del derecho de los conflictos armados [42]. Así sucede, en especial, con el terrorismo internacional: sus comienzos imprecisos, su final imprevisible y su contexto territorial mundial, sumados a la controversia que rodea a la atribución de la responsabilidad de determinados actos a una de las partes, pueden provocar una situación en la que el mundo entero se halle en pie de guerra, en cualquier momento y por tiempo indefinido. "Hablar de una guerra contra el terrorismo en términos del jus in bello es distorsionar todo el significado y el propósito de las leyes de la guerra, intentando aplicarlas a una situación para la cual no fueron creadas" [43].

El contenido del derecho internacional de los conflictos armados ofrece algunas respuestas de lo que sucede en las guerras más notablemente asimétricas. Pero se trata de respuestas tan sólo parciales, y es posible que, en conjunto, la reacción sea errónea. Y las respuestas parciales invitan al abuso mediante la aplicación de tácticas selectivas, sobre todo cuando no se aborda la cuestión como un todo [44].
En consecuencia, el derecho internacional humanitario debe moverse con extrema prudencia entre el uso excesivo, el uso indebido o la improcedencia, sea porque no es aplicable a muchas de las confrontaciones asimétricas actuales, o porque no es compatible con los intereses percibidos de las partes en el conflicto. En particular, los actos terroristas que se perpetran fuera de situaciones de conflicto armado, en diferentes partes del mundo, son actos criminales que, entre otras medidas, habría que abordar mediante la aplicación del derecho interno y el derecho internacional de los derechos humanos [45]. En la práctica, ése es el principal marco jurídico al que se recurre. Por otro lado, el derecho internacional humanitario sigue ofreciendo respuestas adecuadas para la mayoría de los conflictos armados internacionales e internos, que, hoy en día, todavía constituyen la mayoría de las guerras [46].

La acción humanitaria en una guerra asimétrica

En tiempo de guerra, el CICR no sólo se ocupa de supervisar el cumplimiento del derecho internacional humanitario; también, y ante todo, se esfuerza por proteger y asistir a las víctimas de esas situaciones [47]. Como está presente durante las hostilidades, debe echar una mirada crítica a las diferentes finalidades y las diversas formas de la guerra, para obtener acceso a las víctimas y realizar sus actividades humanitarias con la mayor eficacia posible.

La diversidad de las guerras asimétricas es tal, que resulta imposible abordar todas las cuestiones vinculadas con las formas específicas de la guerra. Sin embargo, siguen siendo válidas las consideraciones similares a las relacionadas con el derecho internacional humanitario, que está estrechamente relacionado con las actividades operacionales del CICR. El hecho de que ciertas manifestaciones nuevas de situaciones asimilables a la guerra apenas estén cubiertas por el derecho internacional humanitario no significa que la Institución deba contentarse con un papel de espectadora.

El cometido del CICR es ayudar y proteger a las víctimas de la guerra y de actos de violencia similares, en la medida de lo posible. En particular, la Institución aborda las principales consecuencias humanitarias de la guerra asimétrica, concretamente la suerte de los civiles afectados por ataques indiscriminados o incluso intencionales, y la amenaza contra la dignidad y la integridad de las personas detenidas en esos contextos. Tanto las "consideraciones elementales de humanidad" como las normas jurídicas se deben respetar incluso en las peores circunstancias.

Para que la Institución pueda planificar sus actividades, es fundamental que determine si, en las guerras asimétricas, podrá desplegarlas de conformidad con los principios básicos que rigen la ayuda humanitaria, esto es, ofreciendo sus buenos oficios en forma imparcial y sin discriminación a todas las víctimas de las hostilidades. Las tendencias mundiales de la conducción de la guerra inciden en la acción humanitaria. Esa incidencia se refleja en que tanto el manejo de los riesgos y los posibles peligros como la gestión de las comunicaciones se realizan de modo tal de preservar el espacio humanitario en beneficio de las víctimas. El análisis de la situación local debe realizarse en paralelo con un análisis más amplio de nivel regional y mundial. Se trata, entonces, de "pensar en el plano global y actuar en el local" [48].

 


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