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El texto expositivo




Enviado por GISELA MANCUSO



Partes: 1, 2

Monografía destacada

    1. Características
    2. Análisis
      práctico
    3. Texto
      expositivo a partir de ciertos datos
      históricos
    4. Bibliografía

    Texto expositivo.

    1. Investigar las propiedades de los textos
      expositivos.
    2. ¿Qué características,
      procedimientos y recursos de los
      textos expositivos presentan en común estos
      textos?
    3. El texto de
      Jarry parodia el texto
      expositivo. ¿Por qué? ¿Por qué
      no es un texto expositivo?
    4. Con los siguientes datos, escribir
      un texto expositivo. Reflexionar acerca de: las
      características del emisor y del receptor, competencias
      necesarias, objetivos
      del texto, etc.

    · Los españoles
    aparecieron por primera vez en el Río de La Plata en
    1516.

    · No buscaban
    tierras.

    · Buscaban un paso que
    comunicara el océano Atlántico con el
    Pacífico.

    · Juan Díaz de
    Solís descendió en las costas
    orientales.

    · Los
    querandíes lo mataron a poco de desembarcar.

    · Alejo García
    oyó hablar de las tierras del Rey Blanco.

    · Nace la
    obsesión de los conquistadores.

    · El "Mar Dulce"
    comenzaría a llamarse "Río de la Plata".

    Las costumbres de los ahogados

    Hemos tenido la ocasión de
    establecer

    algunas relaciones bastantes íntimas con esos
    interesantes borrachos perdidos del acuatismo. Según
    nuestras observaciones, un ahogado no es un hombre muerto
    por sumersión, pese a que así tiende a acreditarlo
    la opinión común: es un ser aparte, con
    hábitos especiales y que se adaptaría, creemos, de
    maravilla en su medio si se quisiese dejarlo habitar allí
    un tiempo
    conveniente. Es notable que se conserven mejor en el agua que al
    aire libre. Sus
    costumbres son extravagantes y

    ?aunque les guste juguetear en el mismo elemento que
    los peces?
    diametralmente opuestas, si osamos decirlo así, a las de
    éstos; en efecto, mientras que los peces, como se sabe,
    viajan sólo remontando la corriente, es decir, en el
    sentido que ejercita mejor a su energía, las
    víctimas de la funesta pasión del acuatismo se
    abandonan a la corriente del agua como
    habiendo perdido todo empuje, en una perezosa indolencia. No
    revelan su actividad más que por movimientos de cabeza,
    reverencias, zalemas, semivolteretas y otros gestos corteses a
    los que tiene afición cuando salen a recibir a hombres
    terrenos. Estas demostraciones no tienen, a nuestro parecer,
    ningún alcance sociológico; no hay más que
    ver en ellas el hipo inconsciente del borracho o el juego de un
    animal.

    El ahogado señala su presencia como la
    anguila, por la aparición de burbujas en la superficie del
    agua. Se los captura, lo mismo que a las anguilas, con el
    arpón; es menos ventajoso tender con esa intención
    líneas de fondo.

    Se puede ser inducido al error, en cuanto a las
    burbujas, por la gesticulación incon-siderada de un simple
    ser humano que no está todavía sino en el estado de
    pasantía a ahogado. El ser humano, en ese caso, es
    extremadamente peligroso y absolutamente comparable, como lo
    hemos anunciado más arriba, a un borracho perdido. La
    filantropía y la prudencia obligan entonces a distinguir
    dos fases en su salvataje: 1) exhortación a la calma; 2)
    el salvataje propiamente dicho. La primera operación,
    indispensable, se efectúa muy bien mediante un arma de
    fuego; pero hay que estar familiarizado con las leyes de
    refracción; un golpe de remo basta en la mayoría de
    los caso. No queda más ?segunda fase? que capturar al
    sujeto con el mismo método que
    a un ahogado ordinario.

    Es raro que los ahogados viajen en cardúmenes,
    a la manera de los peces. Se puede inferir que su ciencia social
    es todavía embrionaria, a menos que se juzgue más
    simplemente qué es su combatividad y su valor guerrero
    los que son inferiores a los de los peces. Es por eso que
    éstos se comen a aquéllos.

    Estamos en condiciones de probar que hay un
    único punto en común entre los ahogados y otros
    animales
    acuáticos: desovan, como los peces, aun cuando sus
    órganos reproductores sean, para el observador
    superficial, conformes a los de los hombres; desovan, pese a esta
    grave objeción: ninguna resolución prefectorial
    protege su reproducción por veda momentánea de
    su pesca.

    Un ahogado se vende corrientemente a razón de
    ochenta y cinco francos en el mercado de la
    mayoría de las provincias. He allí una fuente de
    rentas decentes y fructíferas para la simpática
    población fluvial. Sería
    patriótico, entonces, fomentar su reproducción,
    mientras que, a falta de esta medida, la tentación es
    siempre grande, en el cuidado ribereño y pobre, de
    fabricarlos artificialmente, pero iguales en cuanto a prima,
    mediante el maquillaje por vía húmeda de otros
    ciudadanos vivientes.

    El ahogado varón, en la estación del
    desove, la cual dura casi todo el año, se pasea en el
    lugar del desove, descendiendo, según su costumbre,
    siguiendo la corriente, la cabeza adelante, los riñones
    elevados, las manos, los órganos de desove y los pies
    colgando sobre el lecho del río. Permanece voluntariamente
    durante horas balanceándose en las hierbas. Su hembra
    desciende así mismo siguiendo la corriente, la cabeza y
    las piernas dadas vueltas hacia atrás, el vientre al
    aire.

    Así es la vida.

     

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