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Orígen del Español




Enviado por fco.polanco



    1. Período
    Preromano

    2. Incógnita en la
    información de la lengua
    española

    3. Fenicios y griegos
    4. Ligures
    5. Celtas
    6. Los romanos
    7. El Latín
    8. Lenguas
    indoeuropeas

    9. Forma de la lengua
    latina

    10. Fin de la dominación
    romana

    11. El origen, en otras
    palabras

    12. ¿Castellano o
    Español?

    13. El español ayer y
    hoy

    14. El castellano
    medieval

    15. El castellano
    moderno

    16. El español
    contemporáneo

    1. Período
    Preromano

    2. Incógnita en
    la información de la lengua
    española

    ¿Ha reflexionado alguna vez sobre la lengua que
    habla?, Si la respuesta es positiva, seguramente las preguntas
    que se habrá hecho pueden ser las siguientes: ¿De
    dónde proviene? ¿Cómo se integró?
    ¿Que relaciones tiene con otros idiomas?
    ¿Quiénes la hablaron primero? ¿Cómo
    ha evolucionado?, Etc. Estas interrogantes que aún
    están sin respuesta, y muchas más, intentaré
    explicárselo conforme adentramos en el tema.

    Orígenes Los orígenes de nuestra lengua se
    remontan muchos siglos antes de nuestra era. Se supone que los
    primeros habitantes de lo que hoy es la península
    ibérica (España y
    Portugal), se establecieron a los lados de los Pirineos (cadena
    montañosa entre Francia y
    España). Estos grupos humanos
    hablaron una lengua que sobrevive en el idioma vasco (Se habla
    vasco en Vasconia, región de España).

    En otra región geográfica -Costa de
    Levante- se establecieron los Iberos, de cuyo nombre tomó
    el propio la península. Su cultura
    probablemente provenía de las costas africanas. Tartesios
    La civilización Tartesia – influida por comunidades
    étnicas venidas de Orientes – se estableció en lo
    que actualmente es la región sur de Portugal y la parte
    baja de Andalucía. Se sabe que tal cultura
    predominó durante muchos siglos.

    3. Fenicios y
    griegos

    Los fenicios, venidos de Cartago, fundaron en el
    año 1110 A.C. la hoy ciudad de Cádiz, al sur de la
    península, a la que llamaron Gadir, posteriormente los
    romanos la llamaron Gades y los árabes, Qádis. La
    palabra gadir es de origen púnico y quiere decir recinto
    amurallado. Otra ciudad importante nacida a merced de los
    fenicios fue Málaga (Málaka: factoría,
    fábrica). Los griegos, desterrados del sur por los
    fenicios, se establecieron en la región de Levante.
    Ahí fundaron ciudades importantes como Lucentum, hoy
    Alicante, y Emporion, Ampurias. Estas dos influencias: la fenicia
    y la griega, propiciaron el desarrollo del
    arte
    ibérico, tanto en numismática como en escultura. La
    famosa Dama de Elche ha quedado como muestra del
    aculturamiento griego por parte de los iberos.

    4.
    Ligures

    Por lo que toca a las regiones del Centro y Noroeste, no
    se puede definir con exactitud qué grupo o
    grupos humanos
    llegaron a colonizar. Existe la hipótesis de una inmigración ligur (proveniente del Norte y
    Centro de Italia de la
    región de la Provenza. Dicha suposición se ha
    sostenido debido a los toponímicos (nombres de lugares)
    encontrados en diversas partes de España. Son característicos, aunque no exclusivos del
    idioma ligur, los sufijos "-asco", "-osca" y "-usco", por
    ejemplo: "Viascón", hoy Pontevedra; "Tarascón":
    Orense, "Piasca": Santander, "Beascos": Murcia, "Orusco": Madrid,
    "Biosca": Lérida. El sufijo "-ona", también es de
    origen ligur, por ejemplo: Barcelona, Tarazona, etc.

    5. Celtas

    Los celtas invadieron Hispania en el siglo VII A.C.
    procedentes del sur de Alemania. Se
    establecieron en Galicia, sur de Portugal y en la región
    llamada Sierra Morena. Más tarde se mezclaron con los
    iberos en el centro y Bajo Aragón, y formaron una
    región llamada Celtiberia. Los toponímicos de
    origen céltico son muchos. Casi todos ellos tienen nombres
    guerreros. Entran como elementos informativos de las palabras,
    las voces: "briga", que significa fortaleza, y "sego" o "segi"
    que indican victoria, por ejemplo: "Conimbriga": Coimbra,
    "Lacobriga": Carrión, "Seguvia": Segovia. La palabra
    "dunum", es sinónimo de "briga"; aquel elemento
    también entró en la formación de toponimias.
    Dichos lugares se encuentran localizados tanto en la
    región central como en la oriental de los Pirineos, por
    ejemplo: "Navardúm": Zaragoza, "Salardú":
    Lérida.

    Carencia de unidad lingüística prerromana.
    No se puede hablar de una unidad lingüística en la
    península ibérica antes de la llegada de los
    romanos. Los alfabetos ibéricos y taresio sirvieron cada
    uno para diversas lenguas. Los grupos colonizadores conservaron y
    extendieron cada uno su propia lengua: griegos, fenicios,
    cartagineses, celtas, etc. Además de los idiomas
    mencionados hay que agregar el vascuence. La lengua vascuence El
    vascuence, lengua que hasta la fecha se ha conservado, y que no
    tiene relación lingüística con los
    demás que se hablaron y hablan en España, es un
    idioma cuyo origen es muy discutido todavía. Hay tres
    tesis:

    • El vascuence es de procedencia africana. Presenta
      coincidencias decisivas con las lenguas camíticas:
      bereber, copto, cusita y sudanés.
    • El vascuence es originario de la región del
      Cáucaso. Su estructura
      gramatical tiene mucha similitud con las lenguas
      caucásicas.
    • El vascuence es una lengua mixta. Se parece a los
      idiomas caucásicos en su estructura y
      origen. Incorporó numerosos elementos camíticos
      de las lenguas ibéricas, así como celtismos y,
      finalmente, abundantes latinismos.

    La segunda y tercera teorías
    son las que se sostienen en la actualidad (mucho se debe a
    presiones de algunos "expertos", orientadas a alejarlo lo
    más posibles de orígenes africanos). El vascuence,
    desde su origen hasta el siglo X, fue una lengua que se
    transmitió por tradición oral. Textos más o
    menos amplios aparecen hasta el siglo XVI, pero sin llegar a
    tener la calidad de lengua
    culta. En nuestros días mantiene su primaria estructura
    gramatical, pero se ha visto sometida a la influencia del
    latín y de las lenguas romances. El vascuence ha dado
    lugar a muchos dialectos. Son de origen vasco numerosos
    toponímicos localizados principalmente a lo largo de los
    Pirineos. Para la composición de muchas palabras entraron
    en función los sufijos éuscaros (vascos): "berri":
    nuevo, "gorri": rojo, "erri":quemado. Nombres de origen vasco
    son: Urquiza, Ezquerra, Iruecha, Garray, etc. El vascuence es la
    única lengua prerromana que tiene vigencia en la
    actualidad. Se habla en las provincias españolas de
    Vizcaya y Guipúzcoa.

    6. Los
    romanos

    Los romanos emprenden la conquista de Hispania en el
    año 206 A.C. Antes, en el 218 A.C., los Escipiones
    habían desembarcado en Ampurias. La pacificación
    fue completa hasta el año 19 A.C., cuando Augusto
    sometió definitivamente a los cántabros y astures.
    Así, Roma, al
    conquistar nuevas tierras, acababa con las pugnas entre tribus,
    pueblos y ciudades, imponiendo su cultura, que traía el
    concepto de la
    ley y la
    ciudadanía. Los romanos eran maestros en administración y derecho. Debemos recordar
    que el Derecho Romano
    sentó las bases de las legislaciones occidentales. Tampoco
    debemos olvidar que construyeron admirablemente calzadas,
    puertos, puentes y acueductos que aún están en pie.
    De hecho, los romanos transformaron completamente el modo de vida
    de los habitantes de Hispania, llevando a dicho pueblo no
    sólo las formas de vida latinas, sino la cultura
    griega, que ellos habían adquirido cuando conquistaron
    la región helvética. Muy pronto empezaron a
    levantar ciudades latinas en la península ibérica;
    en 206 A.C. fundaron Itálica. Se extendieron
    rápidamente por diversas regiones del país
    colonizado. Ya en el año 90 A.C., nativos de Salduia
    (Zaragoza) luchaban como hermanos al lado de los romanos en la
    guerra social
    de Italia.

    7. El
    Latín

    El latín lengua oficial de los romanos, se impuso
    rápidamente como instrumento de comunicación en todo el Imperio Romano.
    Los toponímicos indican que también hubo mezcla de
    elementos romanos con celtas y vascos. Por ejemplo "Gracchurris"
    (Alfaro) se formó del nombre de sus fundador Tiberio
    Sempronio Graco y de la palabra vasca "urris". Elementos romanos
    y celtas se combinaron para formar: Caesarbriga (Talavera) y
    Juliobriga (cerca de Reinosa) y Augustobriga (Ciudad Rodrigo). El
    latín, idioma claro y preciso, enérgico,
    práctico y ordenador, adquirió gracia cuando tuvo
    contacto con la lengua griega, Hispania fue testigo del
    florecimiento de la literatura latina que
    imitó, haciéndolos suyos, los modelos de los
    grandes maestros griegos. De esta manera, muchas palabras de
    origen griego han pasado a nuestro idioma en este periodo por
    medio de la imposición del latín. Por ejemplo:
    "philosophia" : filosofía, "poesis" : poesía,
    "mathematica" : matemática, "chorus" : coro,
    etc.

    8. Lenguas
    indoeuropeas

    El latín pertenece a las llamadas lenguas
    itálicas que se hablaron antes de Cristo en la
    península del mismo nombre. A su vez, dichas lenguas
    itálicas pertenecían al indoeuropeo, originario de
    casi todas las lenguas que se hablan en Europa.
    Además de latín son indoeuropeas: las lenguas
    célticas (que se hablaron en Hispania y hoy en
    Bretaña) y en la Gran Bretaña (irlandés,
    galés, escocés); las lenguas germánicas (el
    desaparecido gótico, los modernos alemán, inglés,
    holandés); las lenguas eslavas (ruso, polaco, checo,
    búlgaro y serbocroata), la lenguas escandinavas y
    también el griego y el albanés. Las lenguas que se
    hablan y hablaron en Europa que no
    pertenecen a la familia
    indoeuropea, son: el etrusco (desaparecido), el finlandés,
    el lapón, el estoniano, el húngaro y el vascuence,
    fuera de Europa, pertenecen al tronco indoeuropeo el grupo de
    lenguas indias y el persa. De lo que se concluye que gran parte
    del mundo actual tiene uno mismo antepasado
    lingüístico.

    9. Forma de la lengua
    latina

    Existieron dos clases de latín: el culto y el
    vulgar. El primero era usado por los escritores y gente
    preparada; el vulgar era hablado por el pueblo de Roma. Este fue el
    que se impuso en todas las colonias. Dicho latín
    presentaba diversas modalidades según la época de
    conquista del territorio, la procedencia de distintas regiones de
    la península itálica, la cercanía o
    lejanía de comunicación con la metrópoli, etc.
    De este modo, en cada territorio conquistado -no se puede usar
    todavía el concepto de
    nación– la lengua impuesta adquirió diversos
    matices de expresión. Con el devenir del tiempo, la
    evolución del latín vulgar, al lado
    de la conformación de las naciones, vino a dar lo que hoy
    llamamos lenguas romances, románicas o neolatinas:
    español, francés, italiano, provenzal,
    catalán, gallego-portugués, retrorrománico,
    rumano y sardo. En la actualidad el latín convertido en
    lenguas romances, sobrevive con diversas modalidades en
    España, Francia,
    Portugal, Italia, Bélgica, Suiza, Rumania,
    Hispanoamérica, sur de Estado Unidos,
    Filipinas y en otros muchos lugares del orbe, a donde fue llevado
    por los conquistadores españoles, portugueses y franceses,
    así como por los judíos sefardíes que fueron
    arrojados de España.

    10. Fin de la
    dominación romana

    La dominación romana terminó en el siglo V
    d.C., cuando desmembró el imperio. En nuestros días
    lo que se conserva de las lenguas prerromanas son unos cuantos
    sufijos: -arro, -orro, -urro: nuharro, machorro, baturro, -asco:
    peñasco. Se presume que los sufijos -az, -ez, -oz, que
    abundan en la toponimia peninsular española,
    también pertenecen al período estudiado. En el
    mismo caso está la "-z" terminal de los
    apellidos.

    11. El origen, en otras
    palabras

    Como dice Menéndez Pidal "la base del idioma es
    el latín vulgar, propagado en España desde fines
    del siglo III a.C., que se impuso a las lenguas ibéricas"
    y al vasco, caso de no ser una de ellas. De este substrato
    ibérico procede una serie de elementos léxicos
    autónomos conservados hasta nuestros días y que en
    algunos casos el latín asimiló, como: cervesia >
    cerveza, braca
    > braga, camisia > camisa, lancea > lanza.

    Otros autores atribuyen a la entonación
    ibérica la peculiar manera de entonar y emitir el
    latín tardío en el norte peninsular, que
    sería el origen de una serie de cambios en las fronteras
    silábicas y en la evolución peculiar del sistema
    consonántico. Otro elemento conformador del léxico
    en el español es el griego, puesto que en las costas
    mediterráneas hubo una importante colonización
    griega desde el siglo VII a.C.; como, por otro lado, esta lengua
    también influyó en el latín, voces
    helénicas han entrado en el español en diferentes
    momentos históricos.

    Por ejemplo, los términos huérfano,
    escuela, cuerda,
    gobernar, colpar y golpar (verbos antiguos origen del moderno
    golpear), púrpura (que en castellano
    antiguo fue pórpola y polba) proceden de épocas muy
    antiguas, así como los topónimos Denia, Calpe. A
    partir del Renacimiento
    siempre que se ha necesitado producir términos nuevos en
    español se ha empleado el inventario de las
    raíces griegas para crear palabras, como, por ejemplo,
    telemática, de reciente creación, o
    helicóptero. Entre los siglos III y VI entraron los
    germanismos y su grueso lo hizo a través del latín
    por su contacto con los pueblos bárbaros muy romanizados
    entre los siglos III y V.

    Forman parte de este cuerpo léxico guerra,
    heraldo, robar, ganar, guiar, guisa (compárese con la
    raíz germánica de wais y way), guarecer y burgo,
    que significaba 'castillo' y después pasó a ser
    sinónimo de 'ciudad', tan presente en los topónimos
    europeos como en las tierras de Castilla, lo que explica
    Edimburgo, Estrasburgo y Rotemburgo junto a Burgos, Burguillo,
    Burguete, o burgués y burguesía, términos
    que entraron en la lengua tardíamente. Hay además
    numerosos patronímicos y sus apellidos correspondientes de
    origen germánico: Ramiro, Ramírez,
    Rosendo, Gonzalo, Bermudo, Elvira, Alfonso. Poseían una
    declinación especial para los nombres de varón en
    -a, -anis, o -an, de donde surgen Favila, Froilán,
    Fernán, e incluso sacristán. Junto a estos
    elementos lingüísticos también hay que tener
    en cuenta al vasco, idioma cuyo origen se desconoce, aunque hay
    varias teorías
    al respecto.

    Algunos de sus hábitos articulatorios y ciertas
    particularidades gramaticales ejercieron poderosa influencia en
    la conformación del castellano por
    dos motivos: el condado de Castilla se fundó en un
    territorio de influencia vasca, entre Cantabria y el norte de
    León; junto a eso, las tierras que los castellanos iban
    ganando a los árabes se repoblaban con vascos, que,
    lógicamente, llevaron sus hábitos
    lingüísticos y, además, ocuparon puestos
    preeminentes en la corte castellana hasta el siglo XIV. Del
    substrato vasco proceden dos fenómenos fonéticos
    que serán característicos del castellano.
    La introducción del sufijo -rro, presente en los vocablos
    carro, cerro, cazurro, guijarro, pizarra, llevaba consigo un
    fonema extravagante y ajeno al latín y a todas las lenguas
    románicas, que es, sin embargo, uno de los rasgos
    definidores del sistema
    fonético español; se trata del fonema
    ápico-alveolar vibrante múltiple de la
    (r).

    La otra herencia del
    vasco consiste en que ante la imposibilidad de pronunciar una f
    en posición inicial, las palabras latinas que empezaban
    por ese fonema lo sustituyeron en épocas tempranas por una
    aspiración, representada por una h en la escritura, que
    con el tiempo se
    perdió: así del latín farina > harina en
    castellano, pero farina en catalán, italiano y provenzal,
    fariña en gallego, farinha en portugués, farine en
    francés y faina en rumano; en vasco es irin. La lengua
    árabe fue decisiva en la configuración de las
    lenguas de España, y el español es una de ellas,
    pues en la península se asienta durante ocho siglos la
    dominación de este pueblo. Durante tan larga estancia hubo
    muchos momentos de convivencia y entendimiento. Los cristianos
    comprendieron muy pronto que los conquistadores no sólo
    eran superiores desde el punto de vista militar, sino
    también en cultura y refinamiento. De su organización social y política se aceptaron
    la función y la denominación de atalayas, alcaldes,
    robdas o rondas, alguaciles, almonedas, almacenes.

    Aprendieron a contar y medir con ceros, quilates, quintales,
    fanegas y arrobas; aprendieron de sus alfayates (hoy sastres),
    alfareros, albañiles que construían zaguanes,
    alcantarillas o azoteas y cultivaron albaricoques, acelgas o
    algarrobas que cuidaban y regaban por medio de acequias, aljibes,
    albuferas, norias y azadones. Influyeron en la
    pronunciación de la s- inicial latina en j- como en
    jabón del latín 'saponem'. Añadieron el
    sufijo -í en la formación de los adjetivos y
    nombres como jabalí, marroquí, magrebí,
    alfonsí o carmesí. Se arabizaron numerosos
    topónimos como por ejemplo Zaragoza de "Caesara(u)gusta",
    o Baza de "Basti". No podría entenderse correctamente la
    evolución de la lengua y la cultura de la península
    sin conceder al árabe y su influencia el lugar que le
    corresponde. Si consideras que esta información es insuficiente o estás
    interesado en conocer más de la historia del idioma
    español, por favor envíame un correo y con gusto
    ampliaré el tema.

    12. ¿Castellano o
    Español?

    Esta lengua también se llama castellano, por ser
    el nombre de la comunidad
    lingüística que habló esta modalidad
    románica en tiempos medievales: Castilla. Existe alguna
    polémica en torno a la
    denominación del idioma; el término español
    es relativamente reciente y no es admitido por los muchos
    hablantes bilingües del Estado
    Español, pues entienden que español incluye los
    términos valenciano, gallego, catalán y vasco,
    idiomas a su vez de consideración oficial dentro del
    territorio de sus comunidades autónomas respectivas; son
    esos hablantes bilingües quienes proponen volver a la
    denominación más antigua que tuvo la lengua,
    castellano entendido como 'lengua de Castilla'.

    En los países hispanoamericanos se ha conservado
    esta denominación y no plantean dificultad especial a la
    hora de entender como sinónimos los términos
    castellano y español. En los primeros documentos tras
    la fundación de la Real Academia Española, sus
    miembros emplearon por acuerdo la denominación de lengua
    española. Quien mejor ha estudiado esta espinosa
    cuestión ha sido Amado Alonso en un libro titulado
    Castellano, español, idioma nacional. Historia espiritual de tres
    nombres (1943). Volver a llamar a este idioma castellano
    representa una vuelta a los orígenes y quién sabe
    si no sería dar satisfacción a los autores
    iberoamericanos que tanto esfuerzo y estudio le dedicaron, como
    Andrés
    Bello, J. Cuervo o la argentina Mabel
    Manacorda de Rossetti. Renunciar al término español
    plantearía la dificultad de reconocer el carácter
    oficial de una lengua que tan abierta ha sido para acoger en su
    seno influencias y tolerancias que han contribuido a su
    condición. Por otro lado, tanto derecho tienen los
    españoles a nombrar castellano a su lengua como los
    argentinos, venezolanos, mexicanos, o panameños de
    calificarla como argentina,
    venezolana, mexicana o panameña, por citar algunos
    ejemplos. Lo cual podría significar el primer paso para la
    fragmentación de un idioma, que por número de
    hablantes ocupa el tercer lugar entre las lenguas del mundo. En
    España se hablan además el catalán y el
    gallego, idiomas de tronco románico, y el vasco, de origen
    controvertido. Sergio Zamora B. Guadalajara, Jalisco, México
    1999

    13. El español ayer y
    hoy

    En la formación del español cabe
    distinguir tres grandes períodos: el medieval,
    también denominado del castellano antiguo, fechado entre
    los siglos X al XV; el español moderno, que
    evolucionó desde el sigloXVI a finales del XVII, y el
    contemporáneo, desde la fundación de la Real
    Academia Española hasta nuestros días.

    14. El castellano
    medieval

    El nombre de la lengua procede de la tierra de
    castillos que la configuró, Castilla, y antes del siglo X
    no puede hablarse de ella. Por entonces existían cuatro
    grandes dominios lingüísticos en la Península
    que pueden fijarse por el comportamiento
    de la vocal breve y tónica latina o en sílaba
    interior de palabra como la o de portam que diptongó en
    ué en el castellano, puerta, y vaciló entre ue, uo
    y ua en el leonés y aragonés (puorta) y
    mozárabe (puarta). En términos generales, se
    mantuvo la o del latín (porta) en la lengua del extremo
    occidental, el galaico-portugués -del que surgiría
    el gallego y el portugués-, y en el catalán del
    extremo oriental, que ejercería su influencia posterior
    por las tierras mediterráneas, fruto de la
    expansión política.

    El castellano fue tan innovador en la evolución
    del latín como lo fueron los habitantes de Castilla en lo
    político. A esta época pertenecen las Glosas
    Silenses y las Emilianenses, del siglo X, que son anotaciones en
    romance a los textos en latín: contienen palabras y
    construcciones que no se entendían ya. Las primeras se
    escribieron en el monasterio benedictino de Silos, donde para
    aclarar el texto de un
    penitencial puede leerse "quod: por ke", "ignorante: non
    sapiendo"; las Glosas Emilianenses se escriben en el monasterio
    de San Millán de la Cogolla o de Suso.

    En el sur, bajo dominio
    árabe, hablaban mozárabe las comunidades hispanas
    que vivían en este territorio y conservaron su lengua
    heredada de épocas anteriores. La mantuvieron sin grandes
    alteraciones, bien por afirmación cultural que marcara la
    diferencia con las comunidades judía y árabe, bien
    por falta de contacto con las evoluciones que se estaban
    desarrollando en los territorios cristianos. En esta lengua se
    escriben algunos de los primeros poemas
    líricos romances: las jarchas, composiciones escritas en
    alfabeto árabe o hebreo, pero que transcritas corresponden
    a una lengua arábigo-andaluza.

    De los cambios fonéticos que produjeron en esta
    época en el castellano, el más original
    consistió en convertir la f- inicial del latín en
    una aspiración en la lengua hablada, aunque conservada en
    la escritura. El
    primer paso para convertir el castellano en la lengua oficial del
    reino de Castilla y León lo dio en el sigloXIII AlfonsoX,
    que mandó componer en romance, y no en latín, las
    grandes obras históricas, astronómicas y
    legales.

    El castellano medieval desarrolló una serie de fonemas que
    hoy han desaparecido. Distinguía entre una -s- sonora
    intervocálica, que en la escritura se representaba por s,
    como en casa, y una s sorda, que podía estar en
    posición inicial de palabra como silla, o en
    posición interna en el grupo -ns-, como en pensar o en
    posición intervocálica que se escribía -ss-
    como en viniesse.

    Las letras ç y z equivalían a los sonidos africados
    (equivalente a ts, si era sordo, y a ds, si era sonoro), como en
    plaça y facer. La letra x respondía a un sonido palatal
    fricativo sordo, como la actual ch del francés o la s
    final del portugués y también existía
    correspondiente sonoro, que se escribía mediante j o g
    ante e, i: así dixo, coger, o hijo. Distinguía
    entre una bilabial oclusiva sonora -b-, que procedía de la
    -p- intervocálica del latín o b de la inicial
    sonora del latín (y que es la que hoy se conserva), y la
    fricativa sonora, que procedía de la v del latín,
    cuyo sonido se
    mantiene hoy en Levante y algunos países
    americanos.

    Desde el punto de vista gramatical ya habían desaparecido
    las declinaciones del latín y eran las preposiciones las
    que señalaban la función de las palabras en la
    oración. El verbo haber todavía tenía el
    significado posesivo tener, como en había dos fijos y se
    empleaba para tener y para formar las perífrasis verbales
    de obligación que originarían a partir del siglo
    XIV los tiempos compuestos; por eso, entre la forma del verbo
    haber y el infinitivo siguiente era posible interponer otro
    material léxico, hoy impensable, como en "Enrique vuestro
    hermano había vos de matar por las sus manos".

    Los adjetivos posesivos iban precedidos de artículo, como
    aún hoy ocurre en portugués; así, se
    decía los sus ojos alza. El español del siglo XII
    ya era la lengua de los documentos
    notariales y de la Biblia que mandó traducir Alfonso X;
    uno de los manuscritos del siglo XIII se conserva en la biblioteca de El
    Escorial. Gracias al Camino de Santiago entraron en la lengua los
    primeros galicismos, escasos en número, y que se
    propagaron por la acción de los trovadores, de la poesía
    cortesana y la provenzal.

    15. El castellano
    moderno

    La publicación de la primera gramática castellana de Elio Antonio de
    Nebrija en 1492, fecha del descubrimiento de
    América y de la toma de Granada por los Reyes
    Católicos, establece la fecha inicial de la segunda gran
    etapa de conformación y consolidación del idioma. A
    esta época pertenecen el cambio de las
    consonantes que altera y consolida definitivamente el sistema
    fonológico del español.

    Desaparece la aspiración de la h, cosa que testimonia la
    versificación. Se funden en un único fonema la s
    sonora y sorda, prevaleciendo el valor sordo.
    Las consonantes ç y z pasan a ser el fonema fricativo (con
    pronunciación equivalente a ts) que se escribirá
    ç durante el siglo XVI y pasará a tener el valor de la z
    (con su pronunciación actual) en el siglo siguiente, con
    lo que de esta manera se resolvió la vacilación
    ortográfica c, ç, z. Las variaciones
    fonéticas que representaban x, g, j, se solucionaron
    también en favor del sonido velar fricativo sordo que en
    el XVII pasa a tener la pronunciación y grafía
    actuales de g y de j.

    Desapareció asimismo la distinción -b-, -v- que se
    neutralizó en -b- durante el siglo XVI. En la
    morfología aparecieron los tiempos compuestos de los
    verbos, y se convierte en auxiliar el verbo haber. En la sintaxis
    el orden de los elementos de la oración se hace más
    rígido, y se anteponen los pronombres átonos a
    infinitivos y gerundios.

    Desde el punto de vista del léxico adquirió una
    gran cantidad de neologismos, pues a estos momentos
    correspondió la expansión de Castilla y, por lo
    tanto, el contacto con otras culturas. Consiguió
    consolidarse como lengua dominante frente a otros dialectos
    peninsulares al llevarse a cabo la unidad política de
    Castilla y Aragón y ser el castellano la lengua de los
    documentos legales, de la política exterior y la que
    llegó a América
    de la mano de la gran empresa realizada
    por la Corona de Castilla, ya fijada en la gramática normativa de Nebrija. A partir de
    los primeros momentos del siglo XVI se prefirió la
    denominación de española para la lengua del nuevo
    imperio, y la preocupación de los intelectuales del
    momento se refleja en la enorme tarea de sistematizarla,
    analizarla y divulgarla.

    Lo demuestran la publicación del gran Diccionario de
    Alcalá, obra de la Universidad
    Complutense creada por Cisneros; la aparición de la
    Minerva de Francisco de las Brozas, conocido por El Brocense, que
    es una gramática normativa y descriptiva más
    moderna que la realizada por el grupo francés de Port
    Royal, y, a principios del
    siglo XVII, la publicación del Tesoro de la lengua
    castellana o española (1611) de Sebastián de
    Covarrubias, primer diccionario de
    la lengua, que contiene cuanta información
    histórica y sincrónica había disponible en
    el momento de su publicación.

    En Francia, Italia e Inglaterra se
    editaban gramáticas y diccionarios
    para aprender español, que fue la lengua
    diplomática hasta la primera mitad del sigloXVIII. En esta
    etapa de la lengua se llegó al esplendor literario que
    representan los autores del siglo de oro. El léxico
    incorpora palabras originarias de tantas lenguas como contactos
    políticos tenía el imperio. Del italiano entran en
    el español desde el sigloXV al XVII los nombres de la
    métrica y preceptiva literaria como soneto, asonante,
    silva y lira, palabras relacionadas con las bellas artes como
    fachada, escorzo, medalla, piano.
    De otros campos léxicos son italianismos de la
    época centinela, alerta, escopeta, aspaviento, charlar,
    estropear y muchas más. Son galicismos paje,
    jardín, jaula, sargento, forja o reproche. Los
    americanismos, que comienzan a entrar en el sigloXVI, ofrecen una
    lista referida a las realidades que en Europa no se
    conocían y que son españolismos tomados por las
    lenguas europeas como patata, cóndor, alpaca,
    vicuña, pampa, puma, papa (denominación afincada en
    Canarias para patata), que proceden del quechua y el
    guaraní. Los términos más antiguos, como
    canoa, ya citado en el diccionario de Nebrija, proceden de los
    arawak. A este conjunto pertenecen huracán, sabana,
    maíz, cacique, colibrí, caribe, enagua y
    caníbal. De la familia de
    lenguas náhuatl habladas por los nahuas, se incorporan
    hule, chocolate, tomate, cacao, aguacate y petate.

    16. El español
    contemporáneo

    En el año 1713 se fundó la Real Academia
    Española. Su primera tarea fue la de fijar el idioma y
    sancionar los cambios que de su idioma habían hecho los
    hablantes a lo largo de los siglos, siguiendo unos criterios de
    autoridad. En
    esta época se había terminado el cambio
    fonético y morfológico y el sistema verbal de
    tiempos simples y compuestos era el mismo que ha estado vigente
    hasta la primera mitad del siglo XX.

    Los pronombres átonos ya no se combinaban con las
    formas de participio y, gracias a la variación
    morfológica, los elementos de la oración se pueden
    ordenar de formas muy diversas con una gran variedad de los
    estilos literarios, desde la mayor violación
    sintáctica que representan el barroco del
    siglo XVII, los poetas de la generación del 27 y el lenguaje
    publicitario, hasta la imitación de los cánones
    clásicos, también violentadores del orden del
    español, que incorporaron los neoclásicos o los
    primeros renacentistas.
    Coincidiendo con otro momento de esplendor literario, el primer
    tercio del siglo XX, aparecieron las nuevas modificaciones
    gramaticales que aún hoy están en proceso de
    asentamiento.

    De ellas cabe citar: la reducción del paradigma
    verbal en sus formas compuestas de indicativo y subjuntivo, la
    sustitución de los futuros por perífrasis verbales
    del tipo tengo que ir por iré, la práctica
    desaparición del subjuntivo, la reduplicación de
    los pronombres átonos en muchas estructuras
    oracionales y con verbos de significación pasiva, que
    están desarrollando una conjugación en voz media
    como en le debo dinero a
    María; la posposición casi sistemática de
    los calificativos, la reducción de los relativos,
    prácticamente limitados a que y quien en la lengua
    hablada. Junto a ello, la irrupción continua de
    neologismos, que nombran innovaciones técnicas y avances
    científicos, tiene dos momentos: los anteriores a la mitad
    del presente siglo, que contienen raíces clásicas
    como termómetro, televisión, átomo,
    neurovegetativo, psicoanálisis o morfema, y los neologismos
    apenas castellanizados, siglas y calcos del inglés
    y fruto de la difusión que de ellos hacen las revistas
    especializadas, la publicidad o la
    prensa, como
    filmar, radar, módem, casete, anticongelante, compacto,
    PC, o spot.

    Extraído de 'La Lengua Española' ()
    Contacto: Sergio Zamora,

    Autores: varios

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